Posteado por: Javier | junio 5, 2011

La fe sin obras es fe muerta (Estudio bíblico)

Hoy voy a tratar de explicar porqué la Epístola Universal del Apóstol Santiago no solo no refuta la salvación solo por fe, sino que, es más, confirma que la doctrina de la seguridad en la salvación no equivale a una “fe descuidada”.

Leemos en Santiago 2:14-26:

“Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fué justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta”.

¿Quiere decir el apóstol que la justificación y la salvación son una combinación de fe + obras? En modo alguno. La Carta de Santiago es Escritura inspirada por Dios y, por tanto, no puede ser incoherente con el resto de la Biblia. No puede contradecir lo escrito por el apóstol Pablo en relación a la justificación solo por la fe.

Dice el apóstol que “también los demonios creen”. Pues, en efecto, muchos demonios afirman creer en Dios. No hay más que recordar como el bueno de Juan Calvino, junto con todos los achaques físicos que le acompañaron desde joven, se las tuvo tiesas en Ginebra, en los últimos años de su vida, con el conocido como “partido de los Libertinos”, quienes se vanagloriaban públicamente de su vida totalmente pecaminosa y viciosa (jugadores, borrachos, puteros, etc.), pero al mismo tiempo pretendían participar de la Cena del Señor, algo que Calvino nunca permitió. En cierta ocasión, un miembro de este partido, Philibert Berthelier, fue excomulgado por adultero y, por lo tanto, se le prohibió participar de la Cena. El Concilio de la Ciudad de Ginebra revocó la decisión, de modo que Berthelier se apareció en la iglesia con hombres armados con espada y dispuestos a pelear. Calvino descendió del púlpito, se interpuso entre la turba y la mesa de la Comunión, y les dijo: “Pueden quebrar estas manos, pueden cortar estos brazos, pueden tomar mi vida, mi sangre es vuestra, pueden derramarla; pero nunca me forzarán a dar las cosas santas al profano y deshonrar esta mesa de mi Dios”. Los libertinos no tuvieron más remedio que salir de la iglesia.

No pocos han pensado que solo con creer ya se estaba libre de toda regla moral de las contenidas en la Ley de Moisés. A mí me gusta Lutero, sin embargo, no se pueden dejar pasar algunos de sus fallos y no hay que olvidar que la Carta de Santiago le creó numerosos problemas a la hora de interpretarla conjuntamente con las de Pablo, hasta el punto de que llegó a detestarla, llamándola “la epístola de paja” y defendiendo su supresión de la Biblia, al no considerarla escritura inspirada por Dios. Lutero no acertó a ver que las enseñanzas de Santiago sobre las obras como autenticación de la fe no contradecían las enseñanzas de Pablo sobre la fe como único medio de salvación. Calvino resolvería este asunto al definir que la salvación se produce “no por obras” pero “no sin obras”, pero mientras que las enseñanzas de Pablo se centran en nuestra justificación con Dios, las enseñanzas de Santiago se concentran en las obras que dan testimonio interno y externo de esa justificación.

Santiago escribió su carta aproximadamente a mediados del siglo I, e iba destinada a los judíos que estaban convirtiéndose al cristianismo, quienes pasaban directamente de las obras de la ley y de los legalismos de la religión judaica a la fe en la salvación por el único mérito de la obra de Cristo en la cruz. Santiago les exhortaba a que esa fe que decían profesar debía manifestarse en las buenas obras, puesto que estas siempre fluirán de forma natural, por la acción del Espíritu Santo, aunque no se esté libre en esta vida de poder volver a cometer pecados. Y es que eso mismo dice Pablo, en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

Aparte de esto, lo que se cuestiona Santiago, al decir “¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”, es si alguien puede o no puede tener una fe salvadora, si el fruto del espíritu no puede apreciarse en él, si realmente es cristiano quien dice serlo (“si alguno dice que tiene fe”) no da fe de ello a través de sus obras (“no tiene obras”).

Algo fundamental es tener claro qué es la fe. Muy a menudo se interpreta que el protestantismo bíblico defiende que la salvación solo por fe significa que solo con creer en Dios es suficiente para la salvación. En modo alguno. En el texto el apóstol dice: “¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios”. La fe de Abraham consistió en creer lo que Dios dijo, tener fe en Su Palabra, saber que Dios era confiable y tener su confianza puesta solamente en Dios. No es lo fundamental la cantidad de fe que se tenga, sino en quién se tenga. Abraham la que tenía la tenía totalmente depositada en Dios. La fe bíblica no es únicamente aceptar mentalmente la verdad. Un ejemplo muy tontorrón pero válido: si yo me siento en una silla es porque tengo la total tranquilidad de que esa silla no va a ceder ante mi peso y no me voy a caer. Tengo confianza en ello. Pero si empiezo a vacilar y tengo dudas es que no confío en ello, y lo más normal es que no me siente en esa silla. La “fe” o la “falta de fe” en la confiabilidad de esa silla me ha hecho actuar de una forma u otra.

Pues de igual forma actuó Abraham. Él no solo creía intelectualmente en la verdad de Dios, sino que expuso su vida y su reputación, viajo desde Mesopotamia a una tierra extraña, ofreció sacrificios, e incluso obedeció las instrucciones de Dios de colocar a su hijo Isaac en un altar, es decir, el actuó así a partir de su fe depositada en Dios. Abraham no pretendía “demostrarle” a Dios que tenía fe en Él, pues eso es algo que Dios sabía perfectamente. Es muy prepotente pensar que podemos demostrar algo a quien nos conoce desde el vientre materno. Las obras, en consecuencia, NO son la forma de intentar demostrar a Dios que tenemos fe en Él y que somos “dignos” de Él, sino el resultado natural de esa fe.

Al decir “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”, Santiago lanza un reto a un imaginario interlocutor al que le dice que pruebe la realidad de su fe sin obras. Evidentemente, la fe es una facultad intelectual que el hombre no puede percibir con sus sentidos, solo Dios sabe donde Él mismo ha obrado fe, pues la fe es don Suyo y, además, Dios mira el corazón. La forma en que la fe se muestra de forma en que otros puedan percibirla es en los efectos que produce en aquel que la posee. Lógicamente, una profesión de fe carente de buenas obras no solo no puede justificarse ante otros, sino que da evidencia clara de que no existe fe salvadora en aquella persona. Tal persona se engaña a sí misma y pretende engañar al resto, aunque nunca podrá engañar a Dios, como es lógico, y el propio apóstol dice en el Capítulo 1, versículo 22: “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”.

La fe sin obras es una fe totalmente “muerta”, en el sentido de que NO EXISTE, como concluye Santiago. Esa fe no justifica en absoluto pues, para empezar, es una fe falsa. Puedo decir que creo en Dios. Bien, Satanás también cree en Dios y el destino que le espera algún día es el Lago de Fuego para toda la eternidad. La fe salvadora no es solamente creer en la verdad de que Dios existe, sino también actuar conforme a Su voluntad porque se tiene puesta la confianza en Él. ¿Entendemos ahora mejor esto: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”?

Por supuesto, esto es totalmente distinto a que las obras sean la razón de esa justificación. Primero, si pretendemos “salvarnos” a través de obras, nuestras obras para Dios, si no hay fe, el valor que tienen es poco mayor que el del estiércol. Como dice Isaías 64:6: “pues todos nosotros somos como cosa impura, todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Todos nosotros caímos como las hojas y nuestras maldades nos llevaron como el viento”.

Segundo, a la fe y la salvación en Cristo la acompañan las obras, pero no son estas obras las que salvan, sino esa fe.

Si pretendemos “salvarnos” a través de las obras, lo que estamos intentando es glorificarnos a nosotros mismos, no a Dios, que es a quien debemos servir y glorificar.

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Responses

  1. y tu crees todas las tonterias que escribes?

  2. CORRECTO ….EN ULTIMAS….LAS OBRAS SON EL COMPLEMENTO IDEAL DE LA FE, Y SIN ELLAS , SABIENDO QUE TENGO A MI PROJIMO NECESITADO Y NO LO ATIENDO …ESTARIA PROMULGANDO UNA FE SIN SENTIDO,, UNA FE MUERTA

  3. Muy Buen Estudio Biblico, pareciera un comentario biblico del capitulo 2 de Santiago!!! me sirvio mucho poder leerlo, plasmarloo en palabras y decir como de que manera no va en contra del libro de Hebreos (pues muchas veces se cae en ese pensar) que habla de la justificacion por la fe. Muchas gracias y que El Senor te siga bendiciendo!!

  4. Los estudios bíblicos nos ayudan a ver pasajes de la biblia de diferentes ángulos, son muy útil.
    bendiciones a toda la familia de la fe.

  5. No, lo que Santiago quiere decir, es que una fe salvadora se evidencia por buenas obras.

  6. Que buena explicacion amigo, es exactamente lo que se debe creer de ese pasaje biblico.. a muchos “nos” cuesta (digo “nos” cuesta, porque no soy sabio, ni pretendo serlo, y me incluyo.) entender algunos versiculos, y terminamos en el grave error de verlo y creerlo tal cual como lo crean otros, cuando deberiamos ser nosotros mismos quien lo veamos claro en nuestro corazon. me considero Cristiano, por querer y tratar de hacer la voluntad de Dios, mediante la fe en Cristo.. pero no me considero Catolico, Evangelico, Judio, Testigo de Jehova, etc.. pues me parece que todo eso es politica, el Sr. Nuestro Dios Todopoderoso no quiere division, ni creencias en doctrinas del hombre. quiere que creas y tengas fe solo en él y que hagas su voluntad con buenas obras, odiar el mal y amar el bien.
    ¿Por qué existe tanta pelea entre naciones, comunidades, pueblos, (casas religiosas)?, Todos se preocupan por herirse los unos con los otros, con armas (la lengua), solo por defender una creencia hecha por el hombre, por defender una creencia dicha por algun sacerdote, pastor, anciano (ciego en su corazon); ¿como puede un ciego guiar a otro?, ambos caerán al mismo hueco.
    Ayudemos al mundo a pensar con su corazon, por medio de la fe en Cristo Jesus.
    ayudemos a que el mundo le abra las puertas de su corazon a Cristo, para poder recibir al Dios Verdadero y Eterno, rechazando toda mal obra, arrepintiendose y no volviendo a pecar, (tomando en cuenta las leyes del Dios del Cielo). Toda Casa mala será destruida por Dios, con todos los que habiten en ella.

    Amemos a Dios con todo nuestro corazon, sin falsedad, y defendamos su voluntad haciendola porque lo queramos hacer, no hablandola, ni haciendola solo porque una secta religiosa te lo indique. “Los hechos son mas que palabras” y demuestran claramente lo que piensas, y por ende, lo que eres.

    Cree en la Palabra Salvadora del Dios Todopoderoso, haz su voluntad, y tendras vida eterna.

  7. No solo es creer en Dios.. sino aceptarlo como nuestro señor y salvador ,apartándonos de todo pecado y de todas las cosas que el aborrece que es abominación a nte sus ojos .. Bendiciones :)

  8. Excelente!!

  9. Yo no veo en donde está la duda o el mal entendimiento. Jesús nos vino a hablar del amor; prácticamente el amor es el centro de su enseñanza. ¿Será suficiente solo tener Fe? ¿No será mejor tener Fe y además amar al prójimo? ¿Cómo amamos al prójimo? pues simplemente con las obras de misericordia. No puedo entenderlo de otra forma. Gracias.


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