A estas horas desconozco, pues no encuentro noticias de cuál habrá sido el destino de Youcef Nadarkhani, el pastor evangélico condenado a muerte en Irán, el pasado año, por convertirse al cristianismo a la edad de 19 años (ahora tiene 34), apostatando del Islam, después del ultimátum de la Corte Suprema iraní, la cual le ha dicho que si renuncia a su fe en Jesús será perdonado. Hasta ahora, el joven pastor se ha negado a renunciar a Cristo. Los magistrados que le juzgaban le exigieron “arrepentirse”, a lo que contestó: “arrepentirse significa retornar. ¿A qué debería retornar? ¿A la blasfemia que tenía antes de mi fe en Cristo?”. Los jueces replicaron: “a la religión de tus ancestros, el Islam”. Youcet entonces respondió: “no puedo”.

Antes de su arresto en octubre de 2009, Nadarkhani, pastoreó una congregación cerca de 400 cristianos en Rasht. Esta congregación de evangélicos denunció que muchos de sus miembros han sido detenidos y procesados desde el año 2009. El 23 de agosto de 2010, sentenciaron al pastor Nadarkhani de apostasía. Nadarkhani, actualmente está encarcelado en la prisión de Rasht.

Por lo que se sabe, sin previo aviso se llevará a cabo la pena de muerte, se le pedirá que se retracte, y si no lo hace, entonces será ejecutado. La propuesta sigue en pie, para que el pastor iraní renuncie a su fe. La Corte Suprema dictaminó que si Nadarkhani, era un musulmán y después de la edad de la madurez (15 años) se convirtió al cristianismo entonces el tribunal de primera instancia debía encontrarlo culpable de apostasía y emitir una sentencia de muerte. Si Nadarkhani, no era un musulmán después de alcanzar la edad de la madurez, entonces tiene la opción de arrepentirse y renunciar a su fe cristiana. Si se arrepiente, entonces no será ejecutado y puesto en libertad al parecer. Sin embargo, si no se arrepiente, será condenado a muerte. La Corte Suprema emitió el fallo el 12 de junio de 2011.

El caso me parecería igual de terrible fuera protestante, como es, que católico, judío, budista,… parece ser que en estos casos la pena de muerte no causa tanto escándalo como cuando se aplica a cualquier criminal en EEUU, puesto que es algo que está pasando bastante desapercibido en España.

No sé hasta qué punto vale la pena arrastrarse ante la dictadura satánica islámica iraní pidiendo clemencia, como ha sido la iniciativa de algunas organizaciones. Lo cierto es que este régimen, como vengo diciendo desde hace tiempo, debió haber sido derrocado hace ya años por el peligro que supone para la estabilidad de la zona, para Israel y para Occidente por su programa nuclear.

Habrá que rogar a Dios que Nadarkhani se mantenga firme en la fe. La vida en este mundo son dos días y a él le espera una eternidad en el cielo, mientras, a los clérigos islámicos iraníes, un tormento eterno en las llamas de infierno es lo que aguarda, dentro de 10, 20 o 30 años. Así como algún día esa dictadura diabólica será barrida por la espada de la boca de Cristo, de la que se habla en Apocalipsis, cuando llegue su momento y Dios quiera.

Desde luego, también es algo que da para reflexionar. Sé que muchas veces no es fácil confesar a Cristo, puede dar un poco hasta de pudor a algunos, pero, en nuestras circunstancias, todavía en España tenemos mucha más facilidad y libertad que otros cristianos en otras partes del mundo. AQUÍ NO TENEMOS EXCUSA. No andemos quejándonos tanto día y noche. “Cristiano radical” no es quien escucha y va a conciertos de música “gospel” o se pone camisetas como esa que pone “I belong to Jesus”, sino quien confiesa a Jesucristo pase lo que pase.

No olvidemos que los temerosos no heredarán el Reino de los Cielos, sino que “su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).

Unas veces será más cómodo, unas en libertad, otras veces será en tiempos de persecución, otras en tiempos de bonanza económica y otras de penurias, pero la verdad de Dios será siempre inmutable. No debemos tratar de “adaptar” ni “personalizar”el mensaje de Dios porque creamos que va a gustar más a quien nos escuche. El mensaje de Dios es el de las Escrituras y haremos mal en tratar de adaptarlo a los tiempos y a los hombres, como está tan en boga en algunas iglesias, que buscan la personalización del mismo, en lugar de la Verdad.

En nuestro país, aún tenemos, pese a las imposiciones humanistas y anticristianas, una cierta libertad (quizás porque, ahora mismo, el cristianismo es algo muy minoritario, puede que no llegue al 4 o al 5% de la población total) y, de momento, no tenemos excusa, más aún cuando en algunos países hay cristianos que sufren una persecución nunca vista desde los tiempos de Nerón, Domiciano o Diocleciano y, aún así, siguen defendiendo la Verdad.

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