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¡Qué bien! Hoy por fin termina la Navidad y mañana todo vuelve a la normalidad (a la normalidad vuelve el resto del mundo, puesto que, al menos para mí, estos días son normales, como otro cualquiera), hoy se acaba todo con el famoso día de los “Reyes Magos”.

Como no tengo hijos, estoy totalmente al margen de lo que “se cuece” este día y de toda esa historia de los regalos y de engañar y hacer creer a los niños más pequeños que unos seres fabulosos llamados “Reyes Magos” (o, cada vez más, “Papa Noel” o “Santa Claus”) son quienes se los han traído, pero, aunque los tuviera, también lo estaría.

Detesto toda esta parafernalia navideña, detesto los centros comerciales, detesto la masificación de gente alterada de un lado para otro mirando escaparates y comprando regalos, detesto el consumismo (en una próxima entrada puede que os de algunos consejos para huir del consumismo), detesto a las hordas de niños ajenos dando gritos (los niños españoles en eso son los primeros, a los españoles desde pequeñitos ya les encanta gritar y ser ruidosos… pero yo pienso que a los niños ajenos que los aguanten sus papaítos, no yo), y detesto el nivel al que ponen la calefacción para que la gente esté más alterada compre rápido y sin pensar y se larguen. Como tampoco hago regalos, ni los espero, pues estoy bastante al margen.

También detesto a quienes no tienen  donde caerse muertos y, sin embargo, estos días echan el resto por aparentar lo que no son, de modo que siempre evito a la gente zafia, cutre y gritona y las turbas maleducadas que atestan los centros comerciales en estas fechas y no soy mucho de ir de compras. Y, actualmente, qué le vamos a hacer: dentro del proceso de envilecimiento y vulgarización generalizada que ha gangrenado a toda la sociedad, ello a quienes más ha afectado es a las capas de gente más pobre. No es que los más pudientes en muchos casos anden muy bien pero todavía los hay que por lo menos intentan guardar las formas, pero muchísimos dentro de las capas más bajas es que han perdido totalmente el norte (sin patria, sin Dios, sin ningún valor, sin nada que les merezca la pena conservar). Por tanto, evitar a ese tipo de gente implica que a casi todos los que intentes evitar sea a gente pobre. Ni más ni menos, y no creo que haya que ser una lumbrera mental para entender eso.

A ver, que nadie me malinterprete: soy cristiano y sé que no soy superior a nadie, ante Dios soy igual de sucio y pecador que cualquiera, y, aparte, tengo amigos de todo tipo, desde algunos que son ricos hasta otros que las están pasando canutas, toda clase de gente. Yo, a priori, no discrimino a nadie por la clase social de la que provenga. Lo que ocurre es que, hace décadas, había mucha gente pobre que tenía una dignidad y unos valores que merecían la pena (confiaban en Dios, en el trabajo, la seriedad, la austeridad, en no gastar lo que no se tiene, en educar cristianamente a sus hijos…). Seguramente, antes me interesaría una conversación con gente como esa, sobre sus inquietudes y sus problemas, que con uno de los actuales nuevos ricos horteras y cutres. Pero es que, hoy día, eso generalmente no es así.

También detesto eso de que, por narices, porque es “la costumbre”, estos días te tienes que reunir a comer forzosamente con “la familia”, y por huevos tener que poner buena carita aunque aquel con quien te reúnas no te caiga nada bien, y si no, es que eres un “asocial”. Como a mí eso de “la tradición” o la “costumbre social” o que es algo “muy español”, me la trae al pairo, dicho mal y pronto, comparto plenamente lo dicho por don Alfredo hace unos días sobre este tipo de encuentros familiares forzosos:

“La segunda causa del estrés son las reuniones familiares. A pesar de que muchos pensarán que las reuniones con la familia son buenas, lo cierto es que muchas familias son disfuncionales y los encuentros solo sirven para abrir viejas heridas. Esto es peor en el caso de las familias españolas, italianas, latinoamericanas, porque tienen el bagaje cultural latino que inculca el sentido de culpabilidad y manipulación católica. En el mundo católico-latino, no querer estar con la familia es señal de “mala” persona, de frialdad y casi ningún español reconocerá que es mejor evitar a la familia en algunos casos”.

AMÉN.

Pero la razón fundamental por la cual rechazo un festejo como el de los Reyes Magos (o Santa Claus también) es, como en el de la Navidad, porque es una fiesta pagana y una forma de introducir en nuestros hogares (los de familias cristianas) una cosmovisión humanista secular por medio de una costumbre que aparenta ser muy inocente, tierna y arraigada.

¿Por qué?

Bueno, a partir de aquí, esto es una cuestión exclusivamente privada de familias cristianas. No pretendo meterme a condenar a quienes sí les guste que sus hijos pequeños tengan una bonita ilusión, solo lo que se puede opinar bíblicamente de la creación de dichas ilusiones. Nada en la Biblia avala crear en los niños falsas ilusiones de que son seres fantásticos o de fábula de quienes vienen lo que tienen.

El primer mandamiento de la Ley dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). ¿Son “dioses” los Reyes Magos? Desde el momento en que hacemos creer a los niños que hay unos seres omniscientes que son capaces de saber si se han portado “bien o mal” y, en función de ello, les traerán regalos o no, los podemos llamar como queramos pero estamos creando dioses. En la cosmovisión bíblica, solo Dios tiene este atributo. Proberbios 15:3 dice que son los ojos de Dios los que “están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”. El “premio” por portarse bien nos lleva a la visión mundana de que los niños serán retribuidos por “sus buenas obras”. Sin embargo, para todo tipo de hombres y de todas las edades, la Biblia declara que Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). El regalo de Dios por medio de Cristo a Su pueblo es totalmente gratuito e inmerecido.

Esto es algo que muestra que no debemos maravillarnos ni extrañarnos cuando en el Antiguo Testamento los israelitas asentados en Canaán caían en la idolatría de mezclar el culto a Dios con distintos cultos cananeos como el de Baal. Ni pensar “Buaaah, a nosotros eso no nos pasaría”. No, es que no. No cambia el corazón humano. Somos iguales que ellos y la cultura secular que nos rodea nos influencia exactamente igual, lo que cambia es la forma externa en que esto se manifiesta. Es una cuestión de cosmovisiones, y en la de los cananeos había otras deidades que compartían atributos con Dios.

Los cristianos debemos educar a nuestros hijos en nuestros hogares, desde las más tiernas edades, en que todo lo que tenemos lo debemos a Dios: “toda buena dádiva, y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Y, en cualquier caso, el mayor regalo de Dios no son bienes terrenales, sino entregar a Su Hijo, Jesucristo, para morir por nuestros pecados y regalarnos la salvación y la vida eterna (Romanos 6:23). “Tradiciones” y “costumbres” como la de los regalos navideños y los Reyes Magos parten de una idea humanista y consumista de que el amor solo se puede mostrar mediante la entrega de bienes materiales.

Da igual la edad que tenga el niño.

“Pero, ¡por favor! ¿Qué más da? Son muy pequeñitos, ya les hablaremos de las cosas de Dios cuando sean mayores y entiendan eso. No pasa nada porque crean en los Reyes Magos ahora?”.

NO:                                           

“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza” (Salmos 8:2), o “Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro? Vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró” (Éxodo 12:26,27).

No hay ninguna indicación en la Biblia de que los padres no deban hablar de Dios a los niños porque sean muy pequeñitos, más bien, de todo lo contrario.

De lo que, eso seguro, no hay ningún mandato es de que engañen a sus hijos con reyes magos o santa clauses y, cuando lleguen a cierta edad, les digan: “Ah, mira hijo, te engañé con esos personajes. Quienes te dejaban los regalos éramos mamá y yo. Pero, eso sí, cree en Cristo Jesús y serás salvo. Créeme, que en eso de verdad que no te engaño”.

Algo más podemos añadir: se trata de mentir y el padre de la mentira es Satanás (Juan 8:44).

“¡Qué exagerado!¡Fanático!¡Puritano!¡Pero si son mentirijillas piadosas que no hacen daño a nadie y, al contrario, es una ilusión muy bonita para los niños!”.

Aparte de que, bíblicamente, salvo ciertas circunstancias justificadas, mentir siempre es un pecado (y eso de pecados “mortales” y “veniales” se lo dejo a los católicos), hay que recordar que “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

He mencionado antes las cosmovisiones. Depende de en cuál de las dos estés. En la mundana, es algo inocente y sin importancia. En la bíblica, es una forma de infiltrar paganismo y engaño en nuestros hogares. Tú decides en cuál de las dos estás, si obedeces a Dios o si obedeces al padre de la mentira, es tu libertad.

Jesucristo es el Señor, no tres fantoches que se hacen llamar “Reyes Magos” y que, encima, parecen una especie de chamanes o brujos.

El pasado día 31 de diciembre fue el último día del año… y el último de Michael R. Bloomberg como alcalde de una de mis ciudades favoritas en el globo terráqueo, la de Nueva York.

Y creo sinceramente que es muy positiva y muy de agradecer para esta ciudad la labor que Bloomberg ha venido desarrollando desde el año 2001. Ha sido un GRAN ALCALDE, totalmente liberal en cuestiones de muchísima importancia como las relacionadas con la seguridad y las financieras. Las dos están interrelacionadas, pues hacer de Nueva York una ciudad mucho más segura ha creado un sitio mucho más propicio para los negocios financieros.

En esta entrada de junio del año pasado ya expliqué por qué me caía bien:

http://lavozliberal.wordpress.com/2013/06/19/michael-bloomberg-me-cae-bien/

En una de sus últimas apariciones públicas como alcalde, en un centro comunitario en Jamaica Avenue, en Queens, Bloomberg recordó que, bajo su mandato, se redujo el crimen en Nueva York, así como que el número de presos bajó un 36% desde 2001, mientras en el resto de EEUU se incrementó en un 3%. La tasa de homicidios en toda la ciudad bajó más del 20%, a 333 casos, en 2013, un mínimo récord, según las estadísticas del Departamento de Policía de Nueva York. Los asesinatos se han reducido en casi la mitad desde que Bloomberg asumió el cargo. En comparación con 2002 (el primer año de Bloomberg como alcalde), la delincuencia bajó un 30% en 2012. Incluso hubo un descenso del 25% en el otrora violento South Bronx. Manhattan se ha convertido con Bloomberg en uno de los sitios más seguros del mundo, andas por la calle y hay casi más policías que transeúntes (es una manera de hablar, no es que sea literal, pero sí, se palpa esa seguridad en el ambiente).

Bloomberg destacó que “No hace mucho, estas buenas cifras de seguridad pública habrían sido inimaginables, pero se han vuelto realidad y eso es simplemente extraordinario”.

Pero esto no solo se ha conseguido incrementando los efectivos policiales en las calles, sino planteando alternativas a la cárcel en el caso de pequeños delitos cometidos por jóvenes procedentes de barrios marginales.

Y es que hay alternativas a las políticas represivas sin más (como lamentablemente ocurre en España, donde se va a endurecer el Código Penal aún más, de forma totalmente populista), yendo a la raíz del problemas. De ahí medidas como el programa NEON (la creación de los Neighborhood Opportunity Center). Los centros NEON ofrecen, principalmente a los jóvenes negros e hispanos, la posibilidad de contar con todas las ayudas que precisan en un solo lugar próximo a su vecindario: desde los oficiales de probatoria a consejeros  y servicios de educación. La alternativa de Bloomberg a las cárceles es crear más empleo, riqueza y educación en los barrios donde se encuentran la mayoría de jóvenes conflictivos. No escandalizarse y hacer aspavientos por situaciones de pequeña delincuencia o drogas, sino buscar soluciones erradicando las situaciones que llevan a ello. La prisión no solo empeora a muchos más jóvenes que son reformables, sino también sale mucho más cara a las arcas públicas. También hay programas de educación para jóvenes reclusos de entre 16 y 21 años que les permite obtener el diploma de educación secundaria, o GED, dando la posibilidad a muchos de enderezar su rumbo y aprender de los errores que les llevaron a prisión.

En el video que pongo abajo aparece también Dora B. Schriro, la comisionada del Departamento de Instituciones Penitenciarias (DOC), que resaltó la labor preventiva de su departamento a través de los programas Inmate Correction Achievement Network (I-CAN) y el Adolescent Behavioral Learning Experience (ABLE). El objetivo de ambos es que los reclusos nunca vuelvan a la cárcel una vez que salgan. I-CAN está dirigido a los presos con alto riesgo de reincidencia, comenzando desde el primer día de su detención con una serie de evaluaciones y referencias a proveedores comunitarios, como la Fortune Society y la Osborne Association. ABLE es un programa después de la escuela para los presos adolescentes.

También es verdad que hay que reconocer que no solo por eso Nueva York se ha convertido en la gran metrópolis occidental más segura. Bajo el mandato primero de Giuliani y luego de Bloomberg, Nueva York (aunque más bien Manhattan sobre todo) ha pasado a ser una ciudad excelente para la gente del sector financiero, pero bastante inaccesible y cara para gente de clase media y baja. La mayor seguridad ha tenido eso como contrapartida. Hay quienes tienen dos (o hasta tres empleos) para pagarse un alquiler y el caso es que muchos de ellos prefiere una ciudad más asequible, aunque sea más insegura. En las elecciones no solo vota Manhattan, también el Bronx, Brooklyn y Queens, los blancos de alto poder adquisitivo son una minoría en Nueva York, y ello se ha notado en la victoria del demócrata Bill de Blasio (aunque Bloomberg ya no se presentaba, pero, de haber ganado las elecciones, el republicano Joe Lotha hubiera sido una continuidad).

Así son las cosas y hay que aceptarlo pues son las reglas democráticas, lo que hay que esperar y pedir a de Blasio es que no desmantele los logros positivos de los últimos años. Por lo menos, en octubre, antes de las elecciones, de Blasio declaró en Wall Street ser “socialmente progresista y fiscalmente conservador”. Y es que cualquiera con un poco de inteligencia sabe (de Blasio lo sabe, otra cosa son sus votantes) que Nueva York depende por casi completo de la riqueza que se cree en Wall Street. En Nueva York casi la mitad de la población no paga el impuesto sobre la renta local y la mayoría de empleos se crean en el sector servicios, con lo que, en consecuencia, la ciudad depende de las ganancias de Wall Street y de los impuestos que paguen quienes trabajen allí.

Volviendo a Bloomberg, ¿hay cosas en las que se ha excedido un poco? Pues sí. Ha estado bien que se haya preocupado por la salud pública puesto que la obesidad es todo un problema en la ciudad, de ahí sus normativas obligando a los restaurantes de comida rápida a publicar el número de calorías de cada uno de sus alimentos para informar al público, pero quizás era un poco exagerada la medida de prohibir la venta de envases de dos litros de bebidas azucaradas. También una de sus últimas leyes: la prohibición de usar cigarrillos electrónicos en los sitios donde se prohíbe fumar cigarrillos convencionales.

Pero en general, para quienes nos apasiona casi todo lo relacionado con Nueva York, Bloomberg no ha podido ser mejor alcalde.

¡Gracias Bloomberg!

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OFF TOPIC:

Esto no tiene nada que ver con la entrada, pero… PÍO MOA TERMINA DE RETRATARSE:

Vaya una foto interesante, al hilo de lo dicho en la última entrada sobre el frentismo que ha caracterizado al movimiento “liberal” español en la última década. El cobijo que un extremista como Pío Moa recibía en los medios de comunicación “liberaloides” respondía a ese frentismo. Se le ponían los micrófonos por delante y se le daba difusión a sus artículos solamente porque, después de su pasado ultra-izquierdista, se había convertido desde hace unos 20 años en uno de los enemigos públicos de la izquierda en España.

Pues resulta que desde su despido de Libertad Digital, el “liberal” Pío Moa ha ido escorándose cada vez más hacia el neo-franquismo. La foto corresponde a un acto de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) del 6 de abril del año pasado. Los organizadores pidieron a los asistentes que no sacasen fotos de Moa, por “las consecuencias que pudiera tener”, pero el caso es que la imagen ya ha salido publicada en Internet (AQUÍ).

Desde luego que ver a Moa en un acto de la FNFF a mí no me sorprende lo más mínimo, lo que debería es dar vergüenza a quienes han defendido durante años que a este individuo debía dársele una consideración como si de un “liberal” se tratara, así como que debía apoyársele y tenerlo como un “aliado”.

 .
Yo ya no sé, sinceramente, qué más necesitan los “liberales” en España para que se desmarquen definitivamente de él.

¿Qué tiene más que hacer Moa? ¿Salir cantando el Cara al Sol?:

Buenas noches.

Siendo hoy el último día del año 2013, he querido hacer un repaso de cada uno de sus meses, de enero a diciembre, a través de la entrada que, a mi entender, ha quedado mejor, o ha sido la más trabajada o la más completa de ese mes concreto, no necesariamente la que objetivamente sea mejor.

Hay un poco de todo, pues he intentado hacer una selección temática variada:

Enero. No, no tienen derecho a dejar a sus empleados sin cobertura médica (I)

Febrero. Privatizar el matrimonio: la salida

Marzo. Los cristianos y la Guerra de Irak

Abril. El adiós a Thatcher

Mayo. Atentados y tumultos islámicos: tranquilidad y que se cumpla la ley

Junio. Cuidado con Hans-Hermann Hoppe: NO es un “aliado” para la derecha liberal

Julio. Rajoy, aún más deplorable que Zapatero

Agosto. De derechas y capitalista liberal

Septiembre. Pobreza neoyorkina y demagogos profesionales

Octubre. ¿Qué es ser “exitoso” en esta vida?

Noviembre. Obama y Oriente Medio: dudas y encrucijadas peligrosas para Occidente

Diciembre. El aborto y el castigo del pecado en un orden liberal

Aprovecho para desear un feliz 2014 a mis amigos y lectores habituales (tengo algunos que no me los merezco).

Nos espera un año muy duro en España, con una democracia que cada vez es más una farsa y con una profundísima crisis económica y social que venimos arrastrando desde hace tiempo.

Nos va a tener que tocar tomar decisiones puede que muy duras, dejar atrás dogmas y seguir profundizando en la reconstrucción de un proyecto liberal clásico y democrático que resulte de verdad justo y atractivo para los ciudadanos españoles, dejando atrás todas las aberraciones filo-fascistoides, anarquistas y frentistas que se han defendido en nombre del “liberalismo”. Un “liberalismo” prostituto, fraudulento y corrupto en el que lo único que ha contado ha sido constituir un frente “anti-izquierdista”, y, a partir de ahí, todo vale. Sin importar que para ello hubiese que formar alianzas con elementos venenosos que defendiesen el franquismo y el nacional-catolicismo, la legalización de la prostitución infantil o de la trata de seres humanos, el “derecho”al suicidio, el canibalismo y el tráfico de carne humana, el contrabando o la evasión de impuestos,  Somalia como “paraíso liberal” , el tráfico de órganos, la esclavitud voluntaria por deudas o del “derecho” de dos adultos a batirse en duelo a muerte, todas esas aberraciones en nombre del “liberalismo”.

Sin embargo, hay esperanza. Como dije en la última entrada, el viernes cayó La Gaceta y no sería raro que otros medios que han intoxicado el debate de derechas en España y confundido a la gente, de forma que muchos asocien “liberalismo” con fascismo y extremismo hooligan, también desaparezcan de la circulación. Pío Moa y otros personajes poco recomendables como Jiménez Losantos están cayendo cada vez más en el olvido. Los peones de lo que ha sido el “libbegalismo” español en los últimos 10 años están cayendo uno por uno. Y eso a pesar de todo el apoyo financiero y, a veces, institucional con que han contado para sostener sus proyectos. No hay más que mirar el estado paupérrimo en que está “Red Liberal”, el agregador ultra-católico y anarquista patrocinado por toda esa órbita mediática que rodea a Libertad Digital. Casi todos los blogs muertos o parados, y muy pocos con verdadera actualidad, siempre son los mismos los que aparecen en las actualizaciones. Cada vez languideciendo más.

En cambio, humildes proyectos y bitácoras como esta, o como la del caballero Alfredo, con apoyo CERO y medios limitadísimos, tan solo un PC, pero con excelentísimos ártículos y comentaristas y en las que, a diferencia de otros sitios “liberales”, jamás se ha tapado la boca ni censurado a nadie, cada vez están contribuyendo más a que mucha gente conozca en España las verdaderas ideas liberales y borren muchos de sus prejuicios. Desde 2010, pese a lo que han dicho algunos trolls, el número de visitas sigue subiendo sin parar, como la espuma. Tras empezar con 29.501 lectores, este último día del año seguramente se superarán los 75.500. Para mi, uno solo que se interese por leerme ya sería un premio, muchísimo más un número cercano a 80.000, como digo, conseguido sin ningún apoyo y promoción, así como unos humildes medios.

Este año que se avecina habrá novedades importantes e interesantes, de las que se irá hablando, así que estad atentos.

Que tengáis una buena noche.

Pues ayer viernes, día de mi cumpleaños, se produjo la coincidencia del fin de la salida a la calle del diario La Gaceta, algo que ya venía siendo una noticia cantada.

Lo siento por los trabajadores de ese periódico que se van a la calle, y está claro que a alguien liberal no debería gustarle que desaparezcan medios de comunicación privados, pero un año y diez meses después de que en Intereconomía descorcharan el champán por el cierre de la versión en papel del diario hiper-progre Público, ahora se ven ellos teniendo que retirar La Gaceta. El Público no era más que un panfleto para progres de manual y su desaparición fue un bien para salud mental de muchos, pero, ¿qué decir de La Gaceta? Tanto que os reíais con el cierre de Público, pues… ¿Qué? ¿ahora qué?

Es lo que suele ocurrir con medios tan sectarios, sobre todo en una época en que los periódicos en papel cada vez están más en desuso frente a los digitales. Cuando van dirigidos a unos lectores que, gracias a Dios, socialmente son grupos cada vez más marginales (fundamentalmente, vejestorios franquistas ya totalmente cebolletas y ultra-católicos cutres), lo normal es que terminen por no poder sostener los gastos que supone sacar a la calle el periódico cada día.

Tan solo han tardado cuatro años los gestores del Grupo Intereconomía en cargarse una trayectoria de dos décadas del que fue un importante diario económico y de finanzas como La Gaceta de los Negocios, fundado en 1989. Hasta 2009 perteneció al Grupo Negocios, cuando fue adquirido por Intereconomía con la idea de convertirlo en un periódico generalista. Bajo la dirección de Carlos Dávila, Eduardo García Serrano y José Javier Esparza, tres de los elementos más sectarios del “periodismo” (por llamarlo de alguna forma) derechista español, la trayectoria de estos años ha sido de una decadencia sin freno hasta la desaparición definitiva, en medio de deudas, impagos a trabajadores, cada vez menos lectores (dada la media de edad, posiblemente por defunción de muchos de ellos) y un ERE tras otro.

Este es, entre otros, uno de los beneficios del libre mercado, la libertad de elección de los consumidores y el capitalismo: que, al final, coloca a cada uno en el sitio que le corresponde.

Y tampoco es que sea excusa el que La Gaceta fuera dirigida a un público muy concreto. Si se hacen las cosas bien, se puede vivir de un nicho de mercado específico. La propia Gaceta de los Negocios iba dirigida a un público solo perteneciente o interesado en temas financieros y aguantó dos décadas. El problema es cuando conviertes un periódico en un tebeo nada serio, con portadas más propias de un tabloide amarillo.

Como la hipocresía es un pecado, no voy a ser hipócrita: ME ALEGRO MUCHÍSIMO DE QUE HAYÁIS TENIDO QUE CERRAR. Solo os van a echar de menos cuatro frikis incultos y paranoides que ven conspiraciones, manos negras y “enemigos” por todas partes. El hecho de que no os lea ni el Tato muestra que la sociedad española es cada vez más tolerante y no traga a elementos venenosos que lo único que buscan es acabar con la convivencia. Nadie es que se haya vuelto “progre” por aquí ni nada por el estilo, sencillamente es que esta derecha española es absolutamente infumable y no se la puede apoyar nunca, ni aquí ni en Pekín, solo con el argumento simplón de algunos de que “¡Uy! Es que si no, gana la izquierda”, como si acaso la derecha en España fuera mejor que la izquierda.

También muestra otra cosa a celebrar: que España es cada vez menos católica. Afortunadamente, la mayoría de católicos en España son no practicantes, es normalmente gente que es solo de boda, bautizo o comunión y que hace eso por inercia, porque no han conocido otra cosa, no suponen ningún peligro y en muchos casos no son muy distintos de ateos o agnósticos. Además, incluso la mayoría de ellos son majos. Ultra-católicos, sí, hay un grupito cada vez más marginal que hace mucho ruido pero ya está (aunque después de la desaparición de La Gaceta tienen un canal menos por el que hacer ruido). Mejor así, porque algunos tienen pinta de estar tan alienados y tarados y con el cerebro tan lavado como el de un testigo de Jehová o un miembro de cualquier otra secta. Alguien sometido y enredado en los hilos del sistema papal difícilmente puede ser un hombre libre. No puede haber libertad cuando alguien está profundamente convencido de que su salvación depende en buena medida de la institución religiosa del papado. ¿Quién sabe? A lo mejor esta progresiva des-papistización de España puede ser señal de que pueda desaparecer esta derecha cutre, anclada en prejuicios trasnochados regurgitados del franquismo, y surgir un movimiento o proyecto liberal clásico y democrático de verdad.

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¿De verdad que alguien serio puede comprar panfletos que se anuncien así?

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Toca hoy hablar del último esperpento del Ministro de Justicia del Reino de España, Ruiz Gallardón, su proyecto reforma de la ley del aborto y lo voy a hacer desde una óptica liberal y cristiana bíblica (aportando además un artículo de hace unos años de mi amigo Alfredo sobre el castigo de los pecados en un orden liberal), pues noto que hay demasiadas confusiones a veces con lo que los cristianos opinan que se puede esperar de un Estado anticristiano como es el español.

Aunque la mayoría estará al tanto, en resumen, la nueva ley sustituirá a la actual, que permite el aborto hasta la semana 14 (y hasta la semana 22, sólo si se apreciaban malformaciones fetales o si hay riesgo para la salud de la madre). Una ley que era bastante asimilable a las de otros países europeos, y que ahora pasa a ser de las más restrictivas (hasta el punto de que solo ha recibido el apoyo del ultra-derechista Le Pen en Francia, aunque hay algunos izquierdistas bananeros sudamericanos, tipo Evo Morales, que tienen una opinión similar): con la nueva ley, la mujer sólo podrá abortar cuando exista grave peligro para su salud física y psíquica y cuando el embarazo sea consecuencia de una violación. De este modo, se elimina el supuesto de malformación para abortar.

¿Qué pienso de esta nueva ley gallardonita? Me aterra pensar en ella y en el sufrimiento que va a causar.

¿Habrá menos abortos? “Oficialmente” sí. Y digo oficialmente, pues, evidentemente, para el gusto de extremistas repugnantes como los de Hazte Oír y otros grupos, solo se contabilizarán los que se practiquen legalmente bajo los dos supuestos, con lo que estadísticamente bajará el número de abortos. Otra cosa será la cantidad de abortos que se realicen al margen de la ley, en la clandestinidad y en pésimas condiciones sanitarias e higiénicas para las mujeres (las que no tengan recursos), o mediante el “turismo abortista” (las que sí los tengan).

AQUÍ NADIE ES “PRO-ABORTO”. Ya sé que, entre ciertos ultras y gente que vive en una realidad paralela, mi opinión es muy polémica, pero sigo pensando lo mismo. Como el aborto me parece moralmente malo y muchas veces un drama, lo que me gustaría es que cada vez hubiera menos. Lo que está demostrado que no se consigue con leyes más represivas. Por eso, es evidente que lo único que consigue reducir los índices de abortos es, precisamente, evitar al máximo los embarazos no deseados, mediante la educación sexual y sobre anticonceptivos, junto con una ley que permita el aborto en unos plazos seguros y científicamente razonables.

Curiosamente, los países más prohibicionistas suelen ser lugares tercermundistas donde se dan las mayores tasas de aborto del mundo y mayores casos de muertes de mujeres por abortar clandestinamente. Por ejemplo, en África y América Latina, donde el aborto o es ilegal o está muy restringido, las tasas de interrupciones voluntarias del embarazo son de 29 y 32%, respectivamente. En cambio, en Europa Occidental, donde con leyes en general muy permisivas, la tasa se reduce a 12 abortos por cada 1.000 mujeres (solo del 1,2%, por tanto). La clandestinidad provoca que el aborto lo realicen personas no cualificadas que usan métodos muy dudosamente efectivos, que ponen en riesgo la salud y la vida de la mujer. Las complicaciones en este tipo de intervenciones representaron ese año un 13% del total de muertes maternas en todo el mundo. Es interesante el caso de Sudáfrica, donde tras liberalizar el aborto en 1997, el número anual de muertes relacionadas con las interrupciones voluntarias del embarazo disminuyó de forma radical. Entre 1994 y 2001, el descenso fue del 91%.

Estas cifras espeluznantes en países subdesarrollados se deben no solo a la pobreza, sino a la falta de educación. En España, siendo las cifras homologables a las de otros países desarrollados (no el “holocausto” casi nazi del que hablan algunos ignorantes). El perfil de la demandante de aborto española es una chica joven que en un alto porcentaje jamás ha abortado. Según los datos del Ministerio de Sanidad y el INE, vemos que la mayoría de abortos, aunque por poco, es de mujeres nacionales. Casi el 40% de las mujeres que aborta son extranjeras. Por la evolución de los números vemos que el grupo que más ha demandado aborto son chicas que recientemente se han quedado en el paro. En este segmento, y desde el año 2007 (cuando empezó la crisis), el número de demandantes ha doblado. Curiosamente, entre las asalariadas, la demanda ha bajado un 14%. ¿Vemos entonces cuál es el problema de origen? No deja de ser irónico que el Gobierno al que pertenece Gallardón considere que la solución al aborto es la restricción de los supuestos en los que se puede abortar, cuando sus nefastas políticas económicas están empobreciendo y destrozando la vida de tantos españoles: una de las causas detrás de las cuales está habitualmente el decidir no tener un hijo.

Un buen ejemplo de lo que digo es Holanda, que tiene una de las leyes más permisivas de Europa (las mujeres pueden abortar desde los 16 años hasta prácticamente la semana 24 de gestación) y, a la vez, una de las tasas de aborto más bajas del mundo  (en EEUU ocurre algo similar en los estados donde hay leyes más permisivas). Claro, a la vez, en Holanda se ha incluido la planificación familiar en el sistema público nacional de seguros médicos y se proporcionan anticonceptivos de manera gratuita. Pero, en fin, tanto Gallardón como la cuadrilla de Hazte Oír (o “Hazme-reír”, gentileza mía) parece que prefieren colocarnos más cerca de África que de Holanda. Lo que nunca dirán es que en España hace casi cuarenta años, en 1974, la memoria de la Fiscalía del Tribunal Supremo estimaba que en España se practicaban 300.000 abortos cada año que dejaban una espeluznante cifra de 3.000 mujeres muertas por infecciones y complicaciones derivadas de aquellos métodos tan inseguros. O sea, que el idílico mundo que pintan quienes defienden la ilegalización total no es tal, cuando este número se ha reducido muchísimo en años posteriores con leyes más permisivas y más educación sexual y promoción del uso de anticonceptivos (parece que incluso que desde 2009 con la nueva ley siguió bajando también).

En realidad, pienso que ninguna ley es perfecta, lo cierto es que, guste o no (y tampoco pienso en absoluto que el aborto sea un “derecho”), abortos va a seguir habiendo, lo que hay que hacer es dejar el histerismo y buscar que se llegue a tener que practicar cuantos menos mejor (de ahí la importancia de la educación que he mencionado) y que los que se hagan lo sean en buenas condiciones de seguridad para las mujeres. Volver a lo de antes, además, lo que fomenta es la desigualdad precisamente porque esta seguridad va a depender de los medios económicos de esta mujer.

Ahora bien, en lo que nos concierne a los que seamos cristianos: una ley permisiva con el aborto puede ser útil, pero ¿es moralmente aceptable? Si el aborto prácticamente siempre es un pecado, ¿podemos quedarnos conformes con que la ley del país en que nos ha tocado nacer y vivir legalice un pecado? ¿Debería luchar la ley contra ese pecado?

Cabría preguntarse en este punto qué lucha contra el pecado se puede pedir a un Estado y un Gobierno como el español, los cuales actualmente SON PECADOS EN SÍ MISMOS. ¿Luchar contra el pecado gente como Rajoy o Gallardón, quienes son algunos de los principales agentes de la iniquidad satánica en la España actual (como lo eran los del anterior Gobierno de la PSOE que se citan en el artículo que reproduzco, la verdad es que me da exactamente igual: PP y PSOE son diabólicos y enemigos de la libertad)? ¡Por favor!

El Estado español no reconoce la Ley de Dios. Sin embargo, muchas veces nos dedicamos a pedir que este Estado apóstata y anticristiano se encargue de luchar contra el pecado, cuando en esa supuesta “lucha” lo único que hará será desplegar leyes represivas y liberticidas como esta última de Gallardón. La nueva ley del aborto no es más que una norma humanista, así que sirve a fines humanistas. En este caso está claro que captar el voto fiel de los sectores más reaccionarios de la población (pero en absoluto cristianos).

¿Es más “anticristiano” un Gobierno que permite el aborto en más supuestos y plazos que otro, como el español, en el cual el partido que lo apoya está lleno de casos de la corrupción política e institucional más vergonzosa, o que aplica medidas que no han sido votadas por los españoles?

El Estado está sometido a la Ley de Dios. Obviamente, ningún Estado actual sobre la tierra reconoce que exista esa autoridad supraterrenal sobre él mismo, con que lo que nos toca es evitar que ese Estado expanda demasiado su poder, destruyendo la libertad. El Estado actual permite muchas conductas y comportamientos que bíblicamente son pecados. ¿De qué esa obsesión con el aborto (o, más bien, con las leyes que lo legalizan, puesto que, hasta donde se sabe, estas leyes no obligan a abortar a nadie)? El aborto es solo una más de ellas (por eso es un error la obsesión que a veces existe solo con temas como el aborto o la homosexualidad). ¿Qué criterio sigue para tolerarlas o permitirlas? Que no afecten a la seguridad nacional y ciudadana o al orden público y, en definitiva, motivos utilitarios, de acuerdo con la percepción social de cada comportamiento en cada momento (por ej.: hace 20 o 30 años estaba permitido fumar casi cualquier sitio y estaba bien visto, y ahora no). Y el aborto no afecta ni a la seguridad ni al orden público, no es como una ley que permitiera matar a cualquiera a tiros por la calle (aunque, bueno, en el sur agro-anárquico de EEUU las leyes sobre el aborto son muy restrictivas, pero, en cambio, se puede balear a alguien solo con que “temas” que iba a matarte) ni es un supuesto asimilable a un asesinato o a un ataque terrorista, se pongan como se pongan algunos.

El Estado actual es un reflejo fiel de la sociedad sobre la que gobierna. Una sociedad que mayoritariamente acepta el aborto en ciertos plazos como algo normal. En una hipotética sociedad cristiana (y por “cristiana” me refiero a una cuyos individuos hubieran sido regenerados por el Espíritu Santo) el aborto sería algo casi anecdótico, así como los embarazos no deseados y extramatrimoniales, pues habría un libre sometimiento a la ley divina.

En un Estado y una sociedad secular, la pretensión de que se va acabar con todos los abortos a través de leyes humanistas no solo fracasará absolutamente, sino que a lo que dará lugar es a leyes totalitarias, tiránicas y que fulminen la libertad.

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COMBATIENDO EL PECADO EN UN ORDEN LIBERAL

Ayer, domingo por la tarde/noche de frío crudo, estuve repasando los acontecimientos que rodearon los eventos que dieron lugar a la identificación de brujas en el Salem de la colonia puritana. En esta exposición histórica-jurídica, pretendo empezar a desarrollar mi “teoría” sobre el papel jurídico de la iglesia cristiana y su relación con el Estado. Insisto, “pretendo desarrollar” porque no es muy definitivo y es solo una de las teorías con las que “juego” habitualmente en mis tiempos de reflexión.

El Estado, en virtud del ministerio de justicia otorgado a el por Dios, ocupa un lugar especial en el Reino, y tiene una relación especial con la iglesia. El Estado es soberano, significando que ninguna autoridad terrenal existe por encima de el; si existiese tal autoridad terrenal el Estado ya no podría llevar adelante su misión que es administrar justicia final, contra la cual no hay recurso. Pero el Estado no lleva adelante su ministerio en aislamiento. Debe someterse a la ley de Dios o ser tiránico; por lo tanto ha de rendirse a la enseñanza de la iglesia en tanto que esta enseñanza tenga repercusiones en su ministerio; la administración de justicia. Y no tengan duda: justicia es el primer interés de la Ley de Dios, y de hecho, la justicia aparte de la Ley de Dios es una imposibilidad. El Estado no puede cumplir su llamado sin la Ley de Dios; esa ley es extendida a él, lo mismo que a cualquier otra institución terrenal, por el ministerio de la iglesia. Así que la iglesia tiene un papel constitucional que jugar en la vida de las naciones. El estado es soberano; sin embargo, la iglesia tiene la tarea de supervisar el ministerio del Estado de manera que este no exceda sus límites.

Dicho esto, muchos se estarán preguntando acerca de las “cazas de brujas” o apostatas. Bien: de ninguna manera pretendo ni he pretendido justificar ciertos acontecimientos en Salem, Massachussetts. Al final, casi todos los magistrados confesaron su error y, como Dios siempre es justo, destrozó aquella colonia de los puritanos por sus excesos y por ciertos abusos inaceptables contra quienes consideraban brujas. Pero esa no es la cuestión. La cuestión que sigue vigente es esta:

Dentro de un orden liberal, ¿qué podría y debe hacer la iglesia contra quienes se declaran enemigos de Dios? Cuando digo “enemigos”, estoy hablando de aquellos individuos que rechazan, conscientemente, deseosamente y gustosamente, la Ley de Dios. Me viene a la mente los adúlteros, los homosexuales, los pederastas, los ateos, los que practican brujería (wicca/santería), etcétera. En definitiva, cualquier persona que viole uno de los diez mandamientos (aunque hay otras leyes).

Un par de cosas:

1. La iglesia tiene una autoridad bíblica y constitucional para pronunciar juicios en términos de la ley de Dios. Es decir: el poder de atar y desatar. El atar y desatar se refieren en este pasaje a la predicación del evangelio. Pedro proclamo el evangelio cuando contesto la pregunta de Jesús, “¿quién decís que soy yo?” al decir “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Este evangelio ata y desata al traer a los hombres al punto de decisión en pro o en contra de Cristo. Jesús también discutió el poder de atar y desatar en Mateo 18:15-20. Allí se refiere al poder de admitir a alguien en, o de excluir a alguien de, el compañerismo de la iglesia, en términos de su obediencia a los mandamientos de Dios. Por lo tanto denota una autoridad judicial, una autoridad para pronunciar juicio en términos de la ley de Dios.

2. El atar y el desatar son términos de dos tipos: predicación y disciplina. Estas dos juntas conforman el poder de las llaves. La gente llega a estar bajo el juicio de Dios, o son liberados de él. La iglesia tiene el poder de hacer esto: puede atar a los pecadores al poder del pecado, entregándolos a Satanás (I Corintios 5:5; I Timoteo 2:20) o los puede liberar del poder del pecado.

Por ejemplo, en I Corintios tenemos el caso del incestuoso. Dice así la Palabra de Dios:

“Por todas partes se oye hablar de una inmoralidad tal entre vosotros, que no se da ni entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre.” (I Corintios 5:1)

Aquí, el apóstol Pablo habla sobre las penas y persecuciones que encuentra en su apostolado y el modo como Dios le concede superarlas.

Continua Pablo (v.2-5):

“Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya: que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro, sea entregado ese individuo a Satanás, para mortificar su sensualidad.

Hablamos del incestuoso. La pregunta ahora es esta:

¿Debe el Estado castigar el incesto? No voy a entrar en eso ya que mi exposición no se trata de los poderes estatales en un orden liberal sino de la Iglesia cristiana y sus poderes correspondientes. Atención, por favor, a las siguientes palabras de Pablo. Estas declaraciones nos dejan bastante claro que el “rol” primordial de la iglesia es castigar lo que normalmente no castiga el Estado. Así pues, no tenemos por que preocuparnos sobre temas como si el Estado debe castigar la sodomía o el incesto ya que esa no es la preocupación de un cristiano. Dice Pablo:

“Al escribiros en mi carta que no os relacionareis con los impuros, no me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idolatras. De ser así, tendríais que salir del mundo. ¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idolatra, difamador, borracho o ladrón. Con esos ¡ni comer! Pues ¿me toca a mí juzgar a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis? A los de fuera Dios los juzgará.

¡Arrojad de entre vosotros al malvado!”  (I Corintios 5:9-13)

A los cristianos no nos corresponde legislar contra los pecados sino disciplinar y, si procede, excomulgar a los pecadores entre nosotros, que contaminan el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

La jurisdicción eclesiástica se extiende solamente a aquellos que se someten a su autoridad. Para aquellos que no se someten a su autoridad permanece la maldición de Adán.

La Iglesia es la que ha recibido la ley de Dios, y esta llamada a predicar esa ley, a discipular a las naciones en términos de esa ley hasta que la obediencia sea completa.

Esto me lleva a mi tercer punto: las familias.

3. La iglesia tiene, antes del Estado, autoridad sobre las familias; sobre el hogar especialmente. Es decir: la Iglesia administra la ley de Dios en lo que atañe a la finalidad eterna del hombre. Ella NO legisla cada detalle de la vida; ella simplemente supervisa la actividad cultural para asegurarse que se conforma a los mandamientos de Dios, la cual es principalmente ética en contenido.

Creo que con esto he dejado bien claro que la Ley de Dios es para la Iglesia y no necesariamente el Estado: la postura liberal y cristiana es que el Estado en última instancia también hereda estas leyes, pero únicamente cuando las naciones se someten a Dios de forma voluntaria. Por ese mismo principio, podemos entender mejor por qué, en la colonia de Salem, existían leyes contra muchos pecados como la sodomía: los puritanos, de forma voluntaria, se sometieron a la Ley de Dios. Obviamente, vivimos en un país que no se ha sometido voluntariamente a la Ley de Dios y está en plena rebeldía impía contra Sus mandamientos.

Eso no significa, no obstante, que la Ley no tiene ninguna función. Pablo nos habla sobre esa función. Termino esta breve exposición citando a Pablo seguido de un comentario mío.

La función verdadera de la Ley.

I Timoteo 1: 8-10

“Sí, ya sabemos que la Ley es buena, con tal que se la tome como ley, teniendo en cuenta que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreligiosos y profanadores, para los parricidas y matricidas, para los asesinos, adúlteros, homosexuales, traficantes de esclavos, mentirosos, perjuros y para todo lo que se opone a la sana doctrina.”

La Ley aquí, señores, no va destinada a dar a conocer el pecado, sino a corregir a los pecadores.

Conclusiones

El Estado español, que continuamente viola a sabiendas la Ley de Dios, obviamente hace lo contrario: legaliza el adulterio, legaliza la homosexualidad y el matrimonio entre homosexuales, permite y consiente el trafico de mujeres esclavas(prostitución), miente a diario, y premia a los asesinos como De Juana Chaos y a otros terroristas asquerosos que merecen la pena capital. Celebra la impiedad cada vez que destina dinero público para financiar obras que blasfeman contra Dios, y los cargos del Estado están repletos de profanadores de profesión como Pepiño Blanco, feministas radicales como Maria Teresa de la Vega y Bibiana Aído, sodomitas agresivos como Pedro Zerolo, holgazanes y mentirosos de nacimiento como Zapatero, asesinos que no se arrepienten de su iniquidad como Santiago Carrillo, desgraciados como Alfredo Pérez Rubalcaba, y mal nacidos como los Bardem. Con este historial, es surrealista pedir que el Estado español sea vengador de la justicia de Dios cuando lo que se merece (y recibirá) es la venganza de Dios. Un Estado, como el español, que sea tan abiertamente hostil hacia las leyes cristianas solo merece la destrucción total y no me cabe la menor duda de que eso ocurrirá tarde o temprano y de alguna forma u otra. La maldición que padece la nación española tiene mucho que ver con el Estado, que no es otra cosa que un reflejo de la sociedad que nos rodea. La esperanza moral la encontramos en la iglesia. En su relación con la nación, la Iglesia ha de seguir con el Evangelio y aplicar la Ley de Dios dentro de nuestros propios ámbitos. No podemos pedir que un Estado prohíba el pecado cuando ese mismo Estado es un pecado, un reflejo de que la nación ha elegido vivir bajo las leyes del hombre en vez de las leyes de Dios. No debemos exigir que se acabe con el feminismo, que es una doctrina anticristiana, cuando el Estado promulga leyes feministas que son contrarias a la naturaleza de las cosas y máxime cuando muchas iglesias ni siquiera condenan el estado actual de las cosas. No pensemos que podemos ilegalizar conductas pecaminosas cuando no castigamos a los pecadores dentro de nuestra propia Iglesia como Dios manda.

Primero, la iglesia tiene que castigar y expulsar a los pecadores desde dentro del ámbito eclesiástico. ¿Cómo es posible que la Iglesia Católica se queje del matrimonio entre homosexuales cuando se niega a investigar a sus pederastas y a excomulgarlos del cuerpo de Cristo para que sean entregados a Satanás? De la misma forma, no es licito condenar la abominación de la homosexualidad cuando, por otro lado, permitimos que algunos hermanos en la fe cometan el pecado de la fornicación y cuando algunos se ríen, constantemente, casi como si lo celebrasen, cuando algunos compran revistas pornográficas o se bajan este tipo de imágenes para el móvil.

Con el auge de las distintas confesiones en España, los cristianos que defendemos la libertad tenemos una gran oportunidad para empezar a ser justicieros en nuestra propia casa. La libertad confesional nos da potestad para ejercer el derecho a excomulgar a quienes no se sometan a las Leyes de Dios tal y como los adúlteros, los homosexuales, los que van de tolerantes y niegan la Santísima Trinidad, los profetas falsos, los desobedientes, etc. No hay ninguna ley que prohíba, de momento, ejercer esta autoridad desde dentro. No se preocupen en demasía por los Zerolos del mundo, como cité antes, ya Dios se encargará de esos. No se angustien en demasía cuando el Estado prohíba los castigos corporales contra los niños que desobedezcan a sus padres, pues el orden natural y divino de las cosas impide que el Estado sepa a ciencia cierta si un padre le da un bofetón a su hijo o si le golpea con un cinturón cuando falta al respeto y desobedece. Y yo les aseguro de que Bibiana Aido, reina del infierno donde las haya, no puede saber si una madre ha decidido quedarse en casa por su propia voluntad (y la de su marido) para ser ama de casa y buena madre de sus hijos. En definitiva, de momento no está prohibido que la mujer sepa llevar bien una falda y que el marido sea el que lleve los pantalones en el hogar aunque el Código Civil español mantiene un principio de “equidad” antinatural en lo que se refiere a la relación conyugal.

Y hay mucho más que podemos hacer:

1. Si usted tiene la desgracia de tener que mandar a su hijo a un colegio publico donde se imparte la asignatura de Educación Para La Ciudadanía, hágale saber que es doctrina falsa y anímelo a cuestionar y criticar todo lo que diga el profesor. Es una estrategia que han utilizado los ateos y embajadores del laicismo para abortar las enseñanzas cristianas y la proporcionalidad a la hora de defenderse nunca es pecado.

2. Si hay alguien desde dentro de la iglesia justificando la promiscuidad, el adulterio, la inmigración ilegal (como hace la de los católicos), y otros pecados, hay que reprocharlo, condenarlo y si no cesa, excomulgarlo.

3. Hay que conocer, de fondo, a los parroquianos para poder saber el estado de sus hogares, el estilo de vida que llevan, y si sus actuaciones corresponden con los mandamientos.

4. En el mundo, debemos persistir en nuestra condenación contra el pecado y dejar de ser tan optimistas a la hora de exigir que el Estado imponga una moral cristiana, pues no es un Estado cristiano sino un Estado anticristiano y socialista. Me da igual que gobierne el PSOE o el PP: ambos partidos no son defensores de las libertades ni del liberalismo de ningún tipo.

En definitiva, lo liberal es exigir, constantemente, el Estado limitado, la propiedad privada, recortes en el gasto publico y una política monetaria austera, sin impuestos “progresivos” como el IRPF o el IBI. Lo liberal incluye todo esto y también nos da derecho a denegarle la entrada a aquellos grupos cuyo único objetivo es desestabilizar la libertad confesional y la propiedad privada. Por eso, cada vez que se acerque un enemigo de estos principios a la iglesia, nuestro deber es condenarlo, demostrarlo, y pedir su arrepentimiento. Si persisten, entonces le castigamos con las herramientas que nos ha dado Dios. Por eso, digo con toda serenidad, que si Zerolo & co llegan a acercarse a nuestra iglesia e intenten penetrar en ella, lo condenaremos y exigiremos un arrepentimiento so pena de tener que enfrentarse a una declaración oficial de “persona non grata.” Hace falta recuperar el sentido y el concepto del “escándalo” antes de evangelizar lo demás en un orden liberal. Será que soy raro, pero yo todavía me escandalizo cuando veo como se celebra, abiertamente, la iniquidad y la tiranía.

Llega de nuevo la conocida como “Nochebuena” y, como cada año, dado el sincretismo que existe en el mundo que nos rodea de festejos paganos y seculares mezclados con supuesto “cristianismo”, así como el desconocimiento general, hay que volver a aclarar algo: LA NAVIDAD NO ES UNA FIESTA CRISTIANA.

Que haya iglesias que la celebren, eso es otra historia, también hay otras iglesias que siguen y han seguido tradiciones y doctrinas de hombres, la cuestión es que no es un festejo aprobado por Dios.

A las iglesias modernas la Navidad da una oportunidad más de celebrar un festejo entretenido para el personal que beneficie al nefasto “marketing eclesiástico” actual, donde lo importante parece ser que es atraer cuanta más gente, mejor, sobre todo si son jóvenes; no el predicarles el Evangelio y salvar sus almas. Por eso, en lugar de confrontarlos con su pecado, lo que se hace es ofrecerles divertidos espectáculos de variedades musicales, teatrales y circenses. Nada de lo que extrañarse. En el siglo XIX, el gran Charles H. Spurgeon ya dijo que en las iglesias llegaría un día en que “en lugar de haber pastores alimentando a las ovejas, habrá payasos entreteniendo a las cabras”, así que todo se está cumpliendo.

Aunque el nacimiento de Cristo es un hecho fundamental, sin embargo, no hay mandato alguno en la Biblia de celebrarlo. No existe tal mandato de celebración de ese hecho, sino una declaración sobre el mismo:Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vaso de alfarero los desmenuzarás. Y ahora, reyes, entended: Admitid corrección, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino, cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados todos los que en Él confían” (Salmo 2:7-12). El nacimiento de Cristo es la declaración y el cumplimiento de la promesa de nuestra redención espiritual, para ser adoptados hijos de Dios, y de su reino universal y eterno sobre todas las naciones, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús es Señor para la gloria de Dios Padre. No una invitación a poner arbolitos de Navidad, guirnaldas, belenes y sucedáneos en nuestras casas.

Evidentemente, aunque los cristianos reformados no celebramos la Navidad como “fiesta cristiana”, eso no quiere decir que, si hay familiares o amigos que nos invitan a comer con ellos, no vayamos. En primer lugar, porque disfrutar de ello es una bendición y, en segundo, porque no podemos poner barreras absurdas entre los incrédulos y nosotros, puesto que comer y beber algo o dejar de hacerlo no es la salvación, la salvación es SOLO CRISTO. En Colosenses 2:16 y 17, el apóstol Pablo dijo: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”. Eso es. Los apóstoles, cuando comían con gentiles, no permitían que los alimentos fuesen como una pared de separación con ellos. Pablo reprendió al propio Pedro, cara a cara, cuando éste se alejó de los gentiles, con quienes había estado comiendo, debido a que temió la crítica de parte de algunos “judaizantes” (Gálatas 2:9-15), quienes pretendían enseñar la ley del Antiguo Testamento como medio necesario para salvación. Ello también es aplicable si nos invitan, por ejemplo, a un bautizo, boda o entierro católico. En cualquier caso, sea con la Navidad o el festejo que sea al que nos inviten, lo que debemos hacer es, como dijo Pedro, dar razón de nuestra fe con mansedumbre y respeto y en buena conciencia”.

A propósito, sé que en España es algo muy chocante, pero tampoco celebramos los “Reyes Magos”. Es mentir a los niños (pecado) y, encima, mentirles haciéndoles creer que las cosas que tenemos y de las que disfrutamos viénen de parte de seres “mágicos”, “fabulosos” y ficticios, no que son una bendición de Dios.

Les voy a dejar con este magnífico artículo sobre los orígenes paganos (posteriormente “cristianizados”) de las fiestas navideñas:

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La Navidad: Paganismo en el Hogar

De nuevo nos ha llagado el revoltillo navideño. De nuevo es obligado hacer algunas consideraciones sobre la Navidad, consideraciones que están presididas por los siguientes postulados:

1) La Navidad es un sucedáneo de festividades paganas que no tiene crédito bíblico en absoluto

2) Dios jamás aprueba o bendice aquello que esta fuera de su Palabra.

Una mirada a la historia nos demuestra que el emerger de la Navidad y sus tradiciones anejas nada tiene que ver con la Escritura y si, por el contrario, con aquellos que han puesto su propia imaginación y fantasía por delante de la Palabra de Dios.

El 25 de diciembre como conmemoración del nacimiento de Jesús se celebró por primera vez en Roma. Un calendario para uso de los cristianos, del año 354, incluye una martirología en la cual el 25 de Diciembre aparece con esta reseña: ”Cristo Jesús nació en Belén de Judá”. En esta misma cronología puede apreciarse que la Navidad ya se celebra en Roma en el año 336.

En la parte oriental del Imperio se celebraba el día 6 de enero juntamente el nacimiento y el bautismo para significar la Epifanía (epiphaneia = manifestación) de Dios a los hombres. En Jerusalén, no obstante, solo se conmemoraba el nacimiento. Los herejes gnósticos de Egipto celebraban en el día 6 de enero (algunos decían que el 10) el bautismo del Señor, según nos dice Clemente de Alejandría (año 200) y no hay referencia hasta dos siglos más tarde de que los cristianos hicieran la misma celebración en contraposición a la secta gnóstica. Será en el transcurso del siglo IV cuando también en la Iglesia de Oriente el nacimiento de Cristo se celebre el 25 de Diciembre, mientas que el 5 de enero conservó su conexión con el bautismo. En Occidente la Epifanía (6 de enero) emparejó con la Navidad, celebrándose en esa fecha la visita de los Magos, con lo que el bautismo quedó prácticamente relegado.

Hasta aquí hemos visto sucintamente el nacimiento de la festividad que nos ocupa, pero lo realmente importante es comprobar que, tanto la Navidad como la Epifanía, son transformaciones de festividades paganas que se celebraban durante el solsticio de invierno en honor del sol y diversos dioses.

Quizás, la transformación más expresiva corresponda a la recepción de la fecha en que se celebraba la festividad del Sol Invencible (25 de Diciembre) para celebrar en ella el nacimiento de Cristo. El emperado Aurelio, en el año 274, eligió el 25 de Diciembre para conmemorar el nacimiento del sol invencible (natalis solis invicti), el cual en el solsticio de invierno por esa fecha comienza a presentar otra vez un incremento de luz. Posteriormente, sobre el año 336, la iglesia de Roma eligió esa fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús.

No sólo la festividad en sí, también las tradicionales costumbres conectadas con la Navidad son reflejo de otras tantas costumbres paganas. Por ejemplo:

Del 17 al 24 de Diciembre el mundo romano celebraba su fiesta mayor: la ”Saturnalia”, en honor, como indica su nombre, de Saturno. Los negocios paraban, a los esclavos se les daba cierta libertad, las normas morales se relajaban extraordinariamente, había intercambio de regalos (especialmente velas de cera y muñecos de arcilla) y la felicitación propia de la festividad corría de boca en boca: ¡io saturnalia!.

Cuando las tribus teutónicas penetraron en la Galia, Bretaña y Centroeuropa, las costumbres germano-celtas vinieron a incrementar el ya saturado panorama. El acebo principalmente y otras plantas usadas con propósitos decorativos en la Navidad nos trasladan a la Saturnalia o a la costumbre teutónica de llenar el interior de las casas con hojas verdes durante el invierno para que en ellas encontraran refugio los dioses del campo y así librarse de las inclemencias del tiempo.

El famoso abeto lleno de luces, posiblemente se identificará con la Navidad por vez primera en el siglo VIII, cuando San Bonifacio completó la ”cristificación” de Germania dedicando el abeto al Santo Niño para reemplazar así al roble sagrado de Odín.

Otro engendro conectado con la Navidad es San Nicolás (siglo IV ó V?), cuya existencia real no tiene apoyo histórico válido. Su festividad es el 6 de Diciembre. De él se cuentan infinidad de fábulas; desde librar de la prostitución a tres jóvenes, hasta devolver la vida a niños que previamente habían sido muertos y cortados a trozos y luego puesta su carne en un saladero por un carnicero. Los colonos holandeses en Nueva York reemplazaron a San Nicolás (Sinter Claes en holandés) por una especie de benébolo mago llamado Santa Claus. En Alemania también se transformó pasando a ser el ‘‘Padre Enero” y su festividad el 25 de Diciembre o el Año Nuevo. En Italia la contrapartida femenina de Santa Claus es ‘‘Befana”. Cuenta la tradición que se encontraba muy ocupada para detenerse a ver pasar los Magos de Oriente cuando iban camino de Belén y pensó que ya los vería a su regreso, pero como lo hicieron por otro camino, no pudo verlos y quedó castigada a tener que buscarlos durante toda su vida. Su tradicional canto es la befanaza.

Con estas referencias es suficiente (los belenes de figuras, villancicos, etc. también tienen el mismo cariz) para comprobar que las conmemoraciones y festejos navideños son una fusión de supersticiones paganas.

En el siglo XVIII los Puritanos eliminaron estas aberraciones, tanto en Inglaterra como luego en Nueva Inglaterra, pero a partir de mediados del siglo XIX tuvieron un gran incremento comercializándose totalmente.

Las celebraciones de Navidad, Semana Santa, Día de la Madre, etc. a las que tanta importancia se les concede, tanto en la iglesia de Roma como Evangélica, no merecería ni un minuto de nuestro tiempo para esclarecerlas si no fuera porque son una de tantas demostraciones de la apostasía en que ha caído el cristianismo. Cuando no se aprecia la que Dios ha instituido se buscan mil sucedáneos para entretener a la parroquia. La Navidad, sin duda, es uno de los más idóneos. Las iglesias evangélicas se llenan de una actividad febril: hay que repasar obritas de teatro, hay que acondicionar el decorado; en fin, hay que prepararlo todo para la gran función donde se pueda alimentar una vanidad de grandes y pequeños (y el pastor puede tener un momento de respiro con los problemas internos, pues todos estarán pensando en otra cosa).- Hay quien transforma la casa del Señor en cueva de ladrones, hay quien la transforma en sinagoga de Satanás y hay quien la ha transformado en un teatro –

Agrava la situación la ignorancia que sobre estos temas existe entre los creyentes. Muchos, en este sentido, lo único que hacen es seguir la corriente de la sociedad; desconociendo, por ejemplo, que el adorno compuesto por velas, hojas verdes y bolitas de colores que ha introducido en su hogar o está impreso en su tarjeta de felicitación tiene una clara conexión pagana. Por lo que tenemos que referirnos, una vez más, a los dirigentes de las iglesias que son los primeros responsables de tal ignorancia.

Cristo no ha mandado celebrar ninguna fiesta excepto santificar su día santo. Cuando la Iglesia se reúne en asambleas para adorar a su Dios, en el culto se rememora todo el plan de salvación sin necesidad de emplear días especiales para celebrar ninguna faceta del mismo.

 …. envía tu luz y tu verdad, ellas me guiarán.

Emilio Monjo Bellido

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Buena adquisición la que he hecho este sábado en el supermercado de El Corte Inglés, se trata de un producto que venía buscando desde hacía tiempo: los copos de avena de la marca QUAKER OATS (espero que agradezcan la publicidad gratuita ;)). Un bote de medio kilo cuesta tan solo 2,40 euros.

quaker

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Aparte de ser unos cereales muy buenos, ideales para tener un desayuno lo más parecido a algo totalmente “WASP” (Blanco, Anglo-Sajón, Protestante) me gusta el dibujito del señor del sombrero, un cuáquero de los de toda la vida.

No soy cuáquero, ni siquiera estoy de acuerdo con muchísimas de sus creencias (son una de las denominaciones protestantes más anárquicas), pero sí, el dibujo es inspirador de todos los valores protestantes de seriedad, honestidad, sencillez, austeridad y honradez.

Los cuáqueros fueron una comunidad fundada en el siglo XVII en Inglaterra por George Fox. Rechazan todos los sacramentos, se visten y hablan con sencillez, y todos ellos, incluidas las mujeres, participan en la predicación. Más que en la Biblia, se basan en lo que llaman “conocer interiormente a Dios”, con lo que se puede decir que fueron precursores de lo que sería posteriormente la experiencia religiosa del pentecostalismo. Según ellos, se guiaban por el Espíritu Santo, los profetas bíblicos, los apóstoles de Cristo y una “luz”, o “voz”, interior que les revelaba la verdad espiritual. Durante sus reuniones permanecían casi todo el tiempo en silencio, buscando la guía de Dios individualmente. Cualquiera que recibiera un mensaje divino podía manifestarlo en voz alta. Aunque ellos mismos se llamaron “Sociedad de Amigos”, el pueblo los llamó “quakers” o “tembladores”, tal vez en alusión a la instrucción dada por George Fox a sus seguidores de “temblar en el nombre del Señor”, así como a la experiencia de quienes eran “movidos” por el Espíritu. Los cuáqueros fueron perseguidos por no quitarse sus sombreros en la corte, negarse a jurar ante la corte, trabajar en el día de reposo, andar como vagabundos, blasfemia, y juntarse a adorar mientras que no seguían la liturgia y la forma de adoración episcopal. Durante la época de Cromwell se había perseguido severamente a los cuáqueros por no diezmar ni jurar. El rey Carlos II regresó al trono, y poco después prohibió cualquier servicio religioso excepto el servicio de la Iglesia de Inglaterra, imponiendo altas multas, la confiscación de propiedades, el encarcelamiento, y finalmente el destierro a las colonias caribeñas de Jamaica y Barbados. Para escapar de la persecución en Inglaterra, los cuáqueros se trasladaron a Norteamérica, donde uno de sus líderes, William Penn, estableció la colonia de Pensilvania. Sin embargo, en otras partes de América no les fueron mejor las cosas. Por ejemplo, entre 1659 y 1661, se ahorcó en Boston a los misioneros William Leddra, Mary Dyer, William Robinson y Marmaduke Stephenson. A otros los encadenaron con grilletes, los marcaron con hierro candente, los azotaron o les cortaron las orejas. Un hombre llamado William Brend recibió 117 latigazos en la espalda desnuda con una soga recubierta de brea.

Desde luego que no me voy a dedicar a justificar a los puritanos por actuar así, por más que las creencias de los cuáqueros pudieran ser una amenaza para el orden público, pero hay que considerar las circunstancias de aquella época. Los padres de Nueva Inglaterra sufrieron increíbles dificultades para proveerse de un hogar en el desierto, tras huir también de la persecución en Inglaterra, y para protegerse en el goce de los derechos que habían adquirido a tan enorme precio adoptaron a veces medidas que, si se juzgan por las perspectivas de nuestro tiempo presente, se deben considerar como totalmente injustificables. Pero lo cierto es que actuaron en base a unos principios que entonces eran comunes a toda la cristiandad, en unos tiempos en que cada gobierno que existía entonces se arrogaba el derecho de legislar acerca de cuestiones religiosas y de reprimir la herejía mediante leyes penales. Este derecho era reclamado por los gobernantes, admitido por los súbditos, y está sancionado por los nombres de Lord Bacon y de Montesquieu, y por muchos otros que son igualmente alabados por sus talentos y erudición. Desde luego, es injusto endosar solo a un pequeño grupo, como fue el de los puritanos, un pecado que cometió en aquel siglo toda la cristiandad. El pecado de los padres peregrinos fue el pecado de su tiempo, y aunque no puede ser justificado, desde luego explica su conducta. Al mismo tiempo, sería injusto no decir que, por imperfectas que fueran sus perspectivas en cuanto a la tolerancia religiosa, estaban, sin embargo, muy por delante de lo que era habitual en la edad que les tocó vivir, así como que es más con ellos que con ninguna otra clase de hombres sobre la tierra con quienes está el mundo más en deuda por las perspectivas más racionales que existen actualmente acerca de la cuestión de la libertad civil y religiosa.

Volviendo a los cereales, mejor probarlos con agua caliente con un poco de sal. Era como se comían los copos de avena por los habitantes anglosajones de Nueva Inglaterra hace algo más de dos siglos (y es que, de hecho, la costumbre actual de comerlos con leche fue introducida por emigrantes italianos a lo largo del siglo XIX, allí eso era algo desconocido hasta entonces).

Que tengáis un buen domingo.

¡Anda! Por fin algo bien hecho por parte del Gobierno español: decir no a las condiciones draconianas que el magnate Sheldon Adelson puso sobre la mesa para la construcción del macrocomplejo de “Eurovegas” en Madrid.

Queda de manifiesto el inmenso ridículo del Gobierno “aguirrista” de la Comunidad de Madrid. Vendieron que un gran inversor extranjero traía un enorme proyecto que iba a crear varias decenas de miles de puestos de trabajo y se dedicaron a hacer leyes adaptadas a él para asegurarle unas ventajas fiscales y un monopolio del sector que no iba a tener ni por asomo ninguna otra empresa. Toda una adaptación del marco legislativo sobre el juego en la Comunidad de Madrid a los intereses de Adelson y su proyecto. Este es el “liberalismo aguirrista”, liberalismo del que cagó el moro.

Pero la puntilla y lo que ha superado todos los límites fue, después de que JP Morgan comenzase a animar a Adelson a desistirse del proyecto allá por el mes de octubre, una nueva exigencia ante los problemas de financiación con los que iba a encontrarse: ser indemnizado en el montante de la inversión realizada más las pérdidas caso de que hubiera un cambio legislativo si algún gobierno cambiase alguna ley en perjuicio de Eurovegas. Es decir, lo que Adelson pretendía es convertir a España en la “entidad aseguradora” particular de su proyecto (aquí se ve la razón que tenía cuando apunté hace algo más de un año y medio que el neo-liberalismo cutre-aguirrista quería convertir a España en un puticlub).

La exigencia de Adelson era un privilegio absolutamente inaceptable a una empresa concreta en base a que iba a crear unos hipotéticos puestos de trabajo (eso sí, puestos de trabajo de una calidad rozando lo asiático o africano, hemos de suponer), que estaría por ver, puesto que España no anda bien, pero hasta el punto de aceptar alegre y masivamente empleos basura en Eurovegas no llega la moral de esclavos de los españoles, más bien los ocupados habrían sido en su mayoría inmigrantes con sueldos de risa. Además, consistía en comprometer al país a indemnizar una inversión cuyo coste aún es incierto, siendo previsible que se disparase mucho más allá de lo proyectado inicialmente. ¿Por qué indemnizar solo a una empresa privilegiada y no a todas las que sufran algún perjuicio por un cambio legislativo?

En los medios “liberaloides” (que no liberales), tipo Libertad Digital y otras webs extremistas, andan de luto (AQUÍ y AQUÍ, por cierto, especialmente sinvergüenza es el segundo artículo, donde compara la situación con Eurovegas con la fantasía orwelliana) porque finalmente Adelson no va a instalar en un rincón de Madrid un emporio con construcciones de ciencia-ficción y condiciones laborales más propias de Bangladesh. ¿Seguridad jurídica en España? No es que haya mucha, pero eso no se resuelve creando una legislación “ad hoc” para una empresa y luego poniendo a esas leyes una cláusula de seguridad por la cual, caso de que sean modificadas en el futuro, se obliga a todo un país a indemnizar al dueño de esa empresa en el monto de todo lo invertido más las pérdidas que alegue haber sufrido.

Este es el “liberalismo” de los liberto-digitalianos y demás hierbas:

“Tú tienes que aceptar condiciones laborales casi de esclavo que yo nunca aceptaría, y si no, es que eres un vago que quiere vivir del subsidio”.

“El Estado es “muy malo”, menos para subvencionarme por escribir artículos que no comprarían ni en un mercadillo de mala muerte”.

“Si me llevas la contraria, es que eres un socialista y estatista liberticida”.

“ Si una gran multinacional viene a España: libertad económica total para ella, pero socialismo para los contribuyentes españoles, que deben pagar con sus impuestos los perjuicios que sufra si se cambian las leyes que se han dictado a medida para beneficiarla. Ah, y si se niegan, es que son unos tiranos casi comunistas”.

Dicen estos pollos que la “inseguridad jurídica” en España ha “espantado a Adelson” y nos ha dejado sin Eurovegas. ¿Pero qué coño de “seguridad jurídica” y de “libertad económica” habría en España si se privilegiase a unas empresas sí y a otras no, dependiendo de sus tratos y relaciones con el poder político, estúpidos? ¿Eso sería “libertad económica”? Vaya, pues a mí me suena más bien a corrupción latinoamericana.

Adiós, Sheldon Adelson. Estarás bien invirtiendo y construyendo casinos en el sudeste asiático, en estados fallidos y bananeros, con leyes que benefician a los negreros como tú. Esperamos no verte nunca más por España. Ah, y si no te importa, llévate contigo a tus adoradores “liberales” españoles. Estarán a gusto poniendo el culo en pompa ante ti día a día.

El sistema religioso católico romano casi conquistó la cristiandad una vez. El que no ve que es capaz de conquistar de nuevo, está ciego a las reglas más simples de pensamiento.

Uno puede preguntarse: “¿No se conservan en la religión católica varias de las doctrinas cardinales del Evangelio, como son el monoteísmo, la trinidad, la unión hipostática, el sacrificio de Cristo, los sacramentos, la resurrección, el juicio, la inmortalidad?” Sí, formalmente sí, y esto lo mantiene a causa de su astucia suprema. Son retenidos, pero para arrancarles y robarles su poder santificador. El gran arquitecto fue muy astuto al diseñar este sistema, más que en sus ensayos anteriores: el ateísmo, el mero fetichismo, el mero politeísmo, o la mera idolatría pagana, porque en estas formas de la trampa sólo cayeron los de pensamiento más grueso y naturaleza más ignorante. Ahora se ha perfeccionado y es un cebo para todos los tipos de hombres, desde el más refinado al más bruto.

Ahora, como en siglos pasados, Roma se propone a sí misma como la defensora estable de la obediencia, el orden y la autoridad permanente. Ella muestra su poder práctico de gobernar a los hombres a través de su conciencia (la verdad, diría también que a través de sus supersticiones). ¿Podemos maravillarnos o extrañarnos de que los buenos ciudadanos, horrorizados por la confusión moral y la ruina actuales, miren a su alrededor en busca de algún sistema moral y religioso capaz de sostener un orden social firme? ¿Debemos sorprendernos cuando Roma da un paso adelante, diciendo: “Yo he sido, a través de los siglos, el defensor de la orden”, y los hombres racionales se inclinen para darle la mano?

La Reforma  Protestante, en el siglo XVI, había sido una afirmación de la libertad de pensamiento. Afirmó para toda la humanidad, y aseguró para las naciones protestantes, el derecho de cada hombre a pensar y decidir por sí mismo sobre su credo religioso y su deber para con su Dios, en el temor de Dios y la verdad, sin ser obstaculizado por el poder humano, político o eclesiástico. Sin embargo, en el siglo XIX, el “protestantismo” racionalista y escéptico comenzó a afirmar, en lugar de la libertad, la licencia y la protección para cada capricho o cada filosofía falsa, como “libertad religiosa”, sin ningún tipo de responsabilidad. El resultado ha sido una gran diversidad y confusión de los credos y las teologías entre los protestantes nominales, lo que deja perplejos y asusta a sinceras, pero tímidas, mentes. Están fatigados y alarmados, ven infinidad de incertidumbres (posiblemente algún día escriba sobre las masivas conversiones de protestantes al catolicismo, pero en este sentido iría la explicación y las razones de ese fenómeno). Miran a su alrededor buscando ansiosamente algún fundamento seguro y fijo de credibilidad. Roma se adelanta y les dice: “¿Ves, entonces, que esta libertad de pensamiento protestante es una licencia fatal?”. La “Santa Madre Iglesia” ofrece el fundamento de su infalibilidad, garantizado por la morada del Espíritu Santo. Ella muestra que la fe debe fundarse en la sumisión implícita, y no en la investigación humana. Ella se compromete a sí misma por la seguridad de tu alma, si simplemente vas con tu alma cansada y aceptas su invitación de “tener confianza y estar en reposo”. Y ésto no sólo a los débiles y cobardes, también a veces a los brillantes, como a todo un cardenal John Henry Newman, el famoso anglicano convertido al catolicismo a finales del siglo XIX. Pero este es el resultado de un protestantismo pervertido. Si todos los protestantes nominales fueran tan honestos en su ejercicio de la libertad de pensamiento, debería haber temor de Dios y fidelidad a la verdad. Si fueran tan humildes y honestos al interpretar y obedecer la palabra de Dios en la Biblia, como los papistas profesan someterse a la autoridad de la Santa Madre Iglesia, nunca se dejarían engañar por la insinuación de que las palabras de un Papa podrían proporcionar una base más cómoda para la fe que la Palabra de Dios.

En los EEUU, a lo largo del siglo XIX, comenzó a expandirse este intento de infiltración del poder eclesiástico dentro del civil. Empezó a producirse la tendencia de algunos demagogos estadounidenses a comprar votos por medio de la influencia del papado. En 1838, William H. Seward comenzó este juego peligroso y deshonesto. Él quería ser gobernador de Nueva York y y llegó a un acuerdo con el Arzobispo Hughes, entonces la cabeza de la jerarquía papal en ese estado, para darle el voto irlandés (pese a no ser muchos a principios del siglo XIX ya comenzaban a llegar oleadas de inmigrantes católicos irlandeses y más tarde italianos), a cambio de ciertas ventajas sectarias en el desembolso de los ingresos del Estado, como la financiación con dinero público de escuelas católicas parroquiales. Ni Roma ni los demagogos han olvidado la lección, ni se olvidarán jamás. Es la naturaleza de la demagogia el sacrificar cualquier cosa a cambio de los votos. La jerarquía papal difiere esencialmente del ministerio de cualquier otra religión en el hecho de vender votos. Es la afirmación tradicional de Roma la de que ella tiene el derecho a controlar las dos esferas: la eclesiástica y la política. La política por el bien de la eclesiástica. Los votos de sus masas son más o menos manejables, puesto que Roma es un sistema de autoridad frente a la libertad de pensamiento. Roma instruye en la conciencia de cada uno de sus miembros que es su deber religioso el subordinar todos los demás derechos e intereses a los de ella. Y este es un deber espiritual cuyo incumplimiento es castigado con las sanciones espirituales más horribles. ¿Cómo puede un hombre pensar que puede darse el lujo de desobedecer a la jerarquía que tiene su destino eterno entre sus manos, de modo que incluso le ha dado forma en algunos sacramentos “esenciales”, tales como la misa, la absolución y la extremaunción, de forma que ésta jerarquía tiene el “poder” de retener a su capricho la redención y la santificación? De ahí que la mayoría de los papistas americanos podían votar en “bloques”, ya que es la jerarquía prácticamente quien vota por ellos. La mercancía estaba lista y embalada en paquetes para su tráfico por parte de los demagogos. Hay que ser muy conscientes de que numerosos papistas se indignan al negar esto, declarando que hay un voto romanista que es tan independiente de su sacerdocio y tan libre como cualquier otro. Por supuesto que existe. Pero el grupo en su conjunto debe seguir los pasos de la jerarquía, pues han de creer que es infalible. En cualquier caso, es posible asegurar que los votantes católicos independientes no son “buenos católicos” en el sentido que enseña Roma, pues estarían inmersos en la “herejía” del pensamiento independiente.

Los hombres con ambiciones seculares siempre han intentado utilizar la jerarquía eclesiástica para influir en los demás en su beneficio político, y esto es algo tan antiguo como la misma historia. Tan pronto como la prelatura se desarrolló en la iglesia patrística, los emperadores romanos comenzaron a comprar su influencia para sostener sus tronos. A lo largo de la Edad Media, los emperadores alemanes y los reyes españoles, franceses e ingleses habitualmente negociaban con Roma el pago de sus dignidades y dotaciones por el apoyo a sus ambiciones. En el siglo XIX, dos Napoleones jugaron el mismo juego de compra de apoyo para su imperialismo de parte de un sacerdote en cuya religión no creían. Los estudiantes inteligentes de la historia de la iglesia saben perfectamente que una agencia principal que convirtiera al cristianismo primitivo primero en una prelatura y luego en el papado era la forma de dar a la iglesia una dotación ilimitada de dinero y poder. Tan pronto como Constantino estableció el cristianismo como la religión del Estado, las personas y entidades eclesiásticas comenzaron a asumir virtualmente (y en poco tiempo formalmente) el papel de grandes agencias. Podían recibir legados y donaciones de bienes, y mantenerlos por medio de una simple tarifa. Estas corporaciones espirituales eran “inmortales”. Por lo tanto, la propiedad que adquiriesen caía en “manos muertas”. Cuando una corporación constantemente ingresa dinero y bienes pero no ha de pagar nada, no hay límite a su posible riqueza. Las leyes en la Edad Media convirtieron a los monasterios, catedrales y arzobispados en inmensamente ricos. En la época de la Reforma, habían captado un tercio de los bienes de Europa. No es de extrañar que se levantaran tan virulentamente contra la Reforma, cuando supuso para estas agencias la pérdida de todos sus ingresos en casi todo el norte de Europa, al terminarse con los beneficios eclesiásticos de la Iglesia de Roma y con creencias recaudatorias como la del purgatorio o las indulgencias. Actualmente, todavía hay países, España entre ellos, en los cuales, pese a la supuesta separación Iglesia-Estado, estas agencias siguen absorbiendo dinero sin tener obligación de pagar impuestos; no solo Roma, también otras iglesias han sido añadidas para no “discriminar” frente a estos privilegios.

La riqueza es poder, y los hombres ambiciosos la anhelan. Por lo tanto, esta jerarquía llegó a estar ocupada por los hombres con la ambición más voraz de la historia de Europa, en lugar de por humildes, y pastores abnegados, y así fue como este tremendo poder del dinero se armó primero mediante un despotismo espiritual de la teología papista sobre conciencias y, a continuación, aliándose con el poder político, con la finalidad de hacer cumplir la dominación absoluta de la religión que les dio su riqueza (por cierto, algo similar sucedió con el cesaropapismo de algunas iglesias nacionales protestantes). No es extraño que la libertad humana, la libertad de pensamiento y la Biblia fueran pisoteados y expulsados fuera de Europa.

Cuando vino la Reforma, los hombres que podían pensar vieron que esta tenencia de gran parte de la riqueza del país en manos muertas había sido algo fatal. John Knox, el más sabio de ellos, vio claramente que si una reforma religiosa quería tener éxito en Escocia las corporaciones eclesiásticas debían ser disueltas. Fueron destruidas, toda su propiedad enajenada a los nobles seculares o al Estado (el remanente que Knox aseguró para la educación religiosa), y por lo tanto, Escocia quedó Presbiteriana. Cuando se fundó la república estadounidense, los estadistas y los teólogos entendieron este gran principio: la tenencia de las empresas en manos muertas, ya fueran espirituales o seculares, es incompatible con la libertad del pueblo y la conformación de un gobierno constitucional. Pero parece que los legisladores actuales en EEUU no saben nada acerca de ese gran principio, o no les importa nada. Las instituciones eclesiales, protestantes y romanistas, se han convertido en corporaciones virtualmente perpetuas. Crecen continuamente, se convierten en más y más ricas, y ni siquiera pagan impuestos, sin que parezca que haya límite en sus adquisiciones. El funcionamiento de esta tendencia de acumulación de riqueza eclesiástica ha servido, en primer lugar, para romanizar parcial o totalmente las iglesias protestantes, y, en segundo lugar, para habilitar y equipar a la religión, así romanizada, para su alianza con políticos ambiciosos en la destrucción de la forma republicana de gobierno. Cuando los órganos de la iglesia comenzaron, bajo Constantino, a adquirir dotaciones monetarias, estos cuerpos eran Episcopales, como máximo, o incluso todavía Presbiterianos. El aumento de la dotación ayudó a convertirlos en papistas. Entonces el papismo y el feudalismo robaron la Biblia y esclavizaron Europa. ¿Aprenderán los hombres que las mismas causas siempre suelen producir los mismos efectos?

La teoría democrática de la sociedad humana puede ser la más racional y equitativa, pero la naturaleza humana no es equitativa, sino que desde Adán está caída y pervertida. La lujuria sensual que produce recibir aplausos, el orgullo, la vanagloria, y el amor al poder es tan natural para el hombre como cualquier otro sentimiento. Todo hombre es un aristócrata en su corazón. Ahora, la prelatura y el papado son religiones aristocráticas. Igualmente, un buen número de metodistas, bautistas, presbiterianos, o ministros independientes han pasado a la prelatura o el papismo, y así a convertirse en obispos. ¿Hay alguien que no se sienta halagado en su corazón al ser alabado como “mi señor”? La distinción y el poder son gratificantes para todos los hombres carnales, y la prelatura y el papismo ofrecen este dulce bocado a los aspirantes con la promesa de hacer de algunos de ellos señores de sus hermanos. Esto es suficiente para atraer a todos ellos, como la corona de laurel y la medalla atrae a todos los corredores en la pista de carreras. Es cierto que mientras que muchos corren, solo uno obtiene la corona y la medalla, pero todos corren con la esperanza de ganar. En especial, la pretensión de la gracia sacramental ofrece el más lujoso señuelo a la ambición humana que puede ser concebido en esta Tierra. Ser el “vicario de Dios” en la dispensación a voluntad de la vida eterna y las coronas celestiales es un poder más esplendoroso que la mayor prerrogativa de cualquier emperador sobre la Tierra. Deja que un hombre se convenza de que realmente tiene este poder al conseguir un lugar en la “sucesión apostólica”, y lo más espléndido de esta prerrogativa aparecerá en él, porque su fe apreciará lo que él se propone ver en los sacramentos. La bendición más grande jamás heredada por un emperador es finita. La bendición de la redención es infinita, y privar de ella a tu antojo a un pecador es una cosa mucho más grande que conquistar el mundo y establecer un imperio secular universal. Los más humildes “sacerdotes” serían hombres mucho más grandes que el emperador si ellos realmente pudieran obrar el milagro y conferir la gracia de la redención, como Roma dice hacer cada vez que consagra sus “especies” del pan y el vino. ¿Cómo hemos de estimar, pues, la grandeza de ese papa o prelado que pueden fabricar esos milagros a voluntad? En cierta ocasión, un embajador turco en París tenía toda la razón cuando, al acompañar al rey de Francia a la misa en Notre Dame, y al ver al rey, los cortesanos, y toda multitud quedarse estupefactos y postrarse cuando el sacerdote elevaba la hostia consagrada, se preguntó si el rey debía permitir a nadie, sino a sí mismo, llevar a cabo esa magnífica escenificación. Se dice que se acercó al rey y le dijo: “Señor, si yo fuera rey, y creyera en su religión, nadie haría esto en Francia, excepto yo. Es algo mucho más grande que cualquier otra cosa que usted haga en sus funciones reales”.

Por otra parte, en ciertos aspectos existe una especie de alucinación que prevalece en la mente de las personas en relación con los errores y los abusos históricos antiguos, que han sido los resultados regulares de la naturaleza humana. Los hombres que no entienden la historia, se hacen la ilusión de que, debido a que los modos de la civilización han cambiado mucho y avanzado, por lo tanto, las leyes fundamentales de la naturaleza del hombre van a dejar de actuar, lo que es tan poco razonable como esperar que los seres humanos pecadores cesen por completo ser falsos, sensuales, deshonestos y egoístas solo porque hayan tenido pequeños cambios de modas o conductas con respecto a épocas pasadas. Es parte del pensamiento evolucionista que también ha contaminado al cristianismo. Es muy habitual convencerse de que ciertos males y abusos de la historia de los hombres antiguos ya no son posibles entre nosotros, porque nuestro entorno ha llegado a ser civilizado y nominalmente “cristiano”. Uno de estos males es la idolatría en sus dos ramas, el politeísmo y la adoración de imágenes. Se suele decir, la humanidad ha dejado atrás todo eso, que otros males pueden invadir nuestra civilización cristiana, pero que sería demasiado grosero el volver de nuevo a eso. Son ciegos, a la vez, a las enseñanzas de los hechos históricos y al sentido común. Ellos saben que en algún momento la idolatría casi llenaba el mundo antiguo. Y es muy estúpido suponer que el estado de las sociedades en las que primero sobrevino la idolatría era salvaje o bárbaro. Es preferible la conclusión de que los contemporáneos a la construcción del arca de Noé, la torre de Babel o la pirámide de Keops, y que disfrutaron de la luz de las recientes revelaciones de Dios a Adán, a Enoc o Noé, eran civilizados. Los hombres hacen una extraña confusión aquí: ellos se imaginan que la idolatría podía ser prevalente porque la humanidad no era “civilizada”. El hecho histórico es justamente lo contrario: la humanidad se convirtió en poco civilizada, porque la idolatría prevaleció en sus primeras épocas. La realidad es que los sentimientos que tienden a la idolatría están muy profundamente arraigados en la naturaleza caída del hombre. En primer lugar, lo sensual se ha convertido en demasiado prominente en la naturaleza humana, mientras que la razón, la conciencia y la fe, en demasiado débiles. Esto es algo que los hombres experimentan todos los días de su vida ¿Por qué, si no, es que los objetos de la percepción de los sentidos, que son comparativamente triviales, dominan su atención, su sensibilidad y sus deseos mucho más que los objetos de la fe, que él mismo sabe perfectamente que son mucho más importantes? Por lo tanto, el hombre ignorante y sin el control de la luz celestial siempre muestra un deseo por los objetos sensuales de culto. No es probable, en nuestros días, que satisfaga este deseo mediante la creación de una imagen de bronce de Dagón, el dios pez, o de Zeus, o Júpiter romano, o de las deidades aztecas. Pero aún así, él anhela un objeto visible, un material objeto de la adoración. Roma representa para él una especie de “dulce hogar” con sus reliquias, crucifijos e imágenes de los santos. Ella hábilmente alisa el camino cuesta abajo para él mediante la conexión de todos estos objetos con la adoración al Dios verdadero. Una vez más, la debilidad consciente del hombre le impulsa casi irresistible a la hora de buscar algún ser de atributos sobrenaturales sobre el que apoyarse. Su corazón clama: “Llévame a la roca que es más alta que yo” Pero cuando el monoteísmo puro le propone al supremo y eterno Dios infinito no sólo en su poder para salvar, sino también en su omnisciencia, justicia y santidad, el corazón pecaminoso del hombre retrocede. El hombre pecador anhela un dios, pero, al igual que su primer padre, Adán, huye del Dios infinito de la Biblia e intenta ocultarse y ceñirse las hojas de higuera de la religión falsa pero “consoladora”. De ahí su fuerte tendencia a inventar “dioses” intermedios, de los que puede convencerse a sí mismo de que serán lo suficientemente amables y fiables con él, y, sin embargo, no tan infinitos, inmutables, y santos de manera concluyente como para condenar su pecado. Aquí está el impulso que llevó a todas las naciones paganas que inventar el politeísmo. Esto lo hicieron llenando el espacio entre el hombre y el ser supremo con “dioses” intermedios. No es extraño que las zonas más pobres, atrasadas e ignorantes, y a la vez las menos libres, dentro de las mayoritariamente católico-romanas sean, al mismo tiempo, las más idólatras, fundamentalmente el sur de España, de Italia y Latinoamérica.

Podría extenderme largo y tendido en conclusiones pero prefiero que las saquéis por vosotros mismos, que para algo hay una cosa sobre los hombros llamada “cabeza” y a la cual hay que dar algún uso. Me parece que se puede entender, conociendo todos estos principios, porqué normalmente (con las excepciones que confirman la regla) las naciones católicas y latinas han sido siempre menos libres y prosperas (en ocasiones mucho menos) que las germánicas, anglosajonas y protestantes. Es una cuestión de a qué se está sujeto mental y espiritualmente. ¿Es posible la libertad individual cuando el alma está encadenada a una institución religiosa jerárquica liderada por un hombre con poder casi omnipotente en la tierra, que se erige en “Vicario de Cristo” y que afirma ser “infalible” en cuestiones espirituales cuando habla “ex catedra”? Por supuesto, como hay ateos liberales, también hay católicos liberales. Pero es muy dudoso que se pueda hablar de “papistas liberales”.

El Cristo de la Biblia es un Dios infinito, todopoderoso y perfecto, ante el cual todos quedamos en la más calamitosa situación de pecadores necesitados de redención, de auténticos mendigos, sin que un solo hombre tenga motivo alguno para exaltarse a sí mismo sobre otros. Es un Dios que libera a quienes da la fe, pero que también juzga de forma justa el pecado. Este fue el origen de la forma de gobierno representativa y democrática. Ningún magistrado podía serlo por su propia “dignidad”, solo por la elección de los iguales a él. El Cristo del catolicismo romano y otros sistemas religiosos similares es un Dios distante, que delega “funciones” en una prelatura investida de “sucesión apostólica” y que tiene poder para administrar la gracia y la salvación de los súbditos del sistema. Es un Dios que permite que algunos hombres asuman una parte importante de su poder, que les da una preeminencia casi absoluta en la tierra, siendo la fuente sobre la que se han erigido algunos de los mayores tiranos de la historia.

Una entrada un poco larga, que he preferido dividirla en dos, pero que espero sea interesante para sus destinatarios, los lectores liberales y cristianos.

Me parece que el tema es importante después del cierto “revuelo” que han provocado entre los liberales las afirmaciones del Papa Francisco I en su reciente exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” atacando el “libre mercado” y el “capitalismo”. Bien es verdad que el capitalismo y el mercado no es la única cara del liberalismo y, aunque no he leído mucho del documento, no estoy en desacuerdo del todo, he de decirlo, con alguna crítica concreta al tipo de “capitalismo” al que se refiere el Papa.

Lo verdaderamente relevante en cuanto a la relación entre catolicismo y liberalismo es una cuestión teológica e histórica, muchísimo más profunda que algo bien anecdótico como una crítica papal a la especulación en los mercados o a la globalización, la cual vamos a ver en la entrada.

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Cuatrocientos cincuenta años se han cumplido este mes de diciembre, concretamente el pasado día 4, de la clausura del concilio ecuménico que ha marcado de manera fundamental todo lo que ha sido el devenir histórico de la Iglesia de Roma hasta ahora: el Concilio de Trento.

Desarrollado en 25 sesiones entre 1545 y 1563, por iniciativa del emperador Carlos V y del Papa Pablo III, como una reacción frente a la expansión del protestantismo, supuso toda una reordenación de la doctrina católica vigente hasta entonces y sentó unos principios que siguen fluyendo hasta nuestros días.

Entre las principales decisiones que se tomaron, se estableció que los obispos debían presentar capacidad y condiciones éticas intachables, se ordenaban crear seminarios especializados para la formación de los sacerdotes y se confirmaba la exigencia del celibato clerical, los obispos no podrían acumular beneficios y debían residir en su diócesis. Se impuso la necesidad de la existencia mediadora de la Iglesia Católica, como “Cuerpo de Cristo”, para lograr la salvación del hombre, reafirmando la jerarquía eclesiástica, siendo el Papa la máxima autoridad de la iglesia. Se ordenó, como obligación de los párrocos, predicar los domingos y días de fiestas religiosas, e impartir catequesis a los niños. Además debían registrar los nacimientos, matrimonios y fallecimientos. Reafirmaron la validez de los siete sacramentos, y la necesidad de la conjunción de la fe y las obras, sumadas a la influencia de la gracia divina, para lograr la salvación, sosteniéndose que el hombre puede realizar obras buenas ya que el pecado original no destruye la naturaleza humana, sino que solamente la daña. Los santos fueron reivindicados al igual que la misa, y se afirmó la existencia del purgatorio. Para cumplir sus mandatos, se creó la Congregación del Concilio, dándose a conocer sus disposiciones a través del “Catecismo del Concilio de Trento”. Se volvió a instaurar la Inquisición y se creó el “Índice de Libros Prohibidos”, por el cual se estableció una censura contra la publicación de pensamientos que pudieran ser contrarios a la fe católica, y se quemaron muchos libros considerados heréticos. Posteriormente al Concilio, en 1592, se publicó una edición definitiva de la Biblia, sosteniéndola como fuente de la revelación de la verdad divina, pero otorgando también dicho carácter a la Tradición, negándose su libre interpretación, considerando ésta, una tarea del Papa y los obispos, “herederos de San Pedro y los apóstoles”, a quienes Cristo, según esta doctrina, habría asignado  esa misión.

Si en cuatro siglos y medio nada ha cambiado y todos los anatemas que dictó Trento siguen vigentes, ¿Cómo es que tantos en la actual “cristiandad” (entiéndase, en general, católicos, protestantes, anglicanos y ortodoxos) están tan entusiasmados con el actual Papa y la supuesta “evolución” del catolicismo romano que habría empezado en el Concilio Vaticano II?

Porque casi todos, aunque no sean católicos romanos, están en el espíritu de Trento. El actual papado es la cuadratura del círculo ecuménico, la personificación en La Iglesia de Roma del “Cristo total” que abarca todo y a todos y el anatema definitivo sobre la pequeñísima parte de la humanidad que compone la verdadera Iglesia de Jesucristo.

En el siglo XVI, Trento declaró contra el verdadero Evangelio de Jesucristo que:

Si alguno dijere, que el pecador se justifica con sola la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea anatema”.

Era la respuesta frente al “Sola Fe” de la Reforma. Hoy, la mayoría de evangélicos responden con lo mismo a la Reforma. Ya no pueden oponerse a Roma pues son romanistas de corazón. Piensan lo mismo que ellos. Y, con el actual inclusivismo del papado, no solo estos evangélicos, cualquiera que espere conseguir la gracia mediante el movimiento de voluntad (aunque sea mediante un esfuerzo muy pequeñito), sea judío, sea musulmán, sea budista, hasta los ateos inclusive, a través del “Cristo total” que es la Iglesia de Roma pueden obtener la gracia salvadora. Si alguien se mueve en cierta forma, de la manera que sea pero “con buena voluntad”, crea o no en el Dios de la Biblia, hacia la divinidad, la Iglesia Católica actúa como el “Cristo total” que cubre todos sus pecados. La propia Iglesia es el “sacramento universal de salvación”. Los demás, aquellos que no reconozcan ni tan siquiera un pequeño mérito al hombre en la justificación, que no dejen reservado ni tan siquiera un palmo a la gloria del hombre, y solo la reconozcan a Dios: SEAN ANATEMA.

Roma cambia el formato bajo el cual se presenta en cada tiempo y lugar, cambia en sus formas y métodos, lo que nunca cambia es aquello que siempre busca y ha buscado: PODER. Actualmente, mediante el abrazo fraternal, Roma ha logrado al fin en las últimas décadas lo que nunca logró con la espada en los pasados siglos: erigirse como tutora espiritual suprema de la humanidad.

En el siglo XVI, la Reforma, a través de su énfasis en la máxima autoridad de la Biblia y el Evangelio de la gracia, comenzó a desalojar el Papado de su posición como co-gobernante del Sacro Imperio Romano. La verdad de la Escritura y del Evangelio dio a los hombres y las mujeres el conocimiento y el coraje para hacer frente a la Inquisición, un sistema de torturas por las que el papado había convertido la sumisión en dogma. Esa sumisión forzosa había dado al papado el poder de ejercer una tremenda influencia sobre el emperador y los príncipes del imperio. Ignacio de Loyola, un contemporáneo de Martín Lutero, fundó los jesuitas en 1530 con el único propósito de defender al papado de una mayor pérdida de su base de poder. Desde entonces, el objetivo de los jesuitas siempre ha sido la de aumentar el poder temporal del Papado para alinearse con el dogma católico que el Papa tiene el derecho de juzgar como “el cargo civil más alto en un estado”. Sin embargo, desde la desaparición del Sacro Imperio Romano en el siglo XVIII, el Papado no ha tenido la autoridad civil por la cual para hacer cumplir la obediencia a sus fallos morales. Es un hecho bien establecido que los jesuitas, a lo largo de su historia, han causado muchos trastornos graves por sus esquemas nefastos dentro de los gobiernos civiles de muchos países (incluso han tenido problemas con otras órdenes católicas y hasta con algún Papa). A través de los siglos, se han ganado justificadamente su reputación como problemáticos en la medida en que se les negó la residencia en algunos países. Por poner solo algunos ejemplos, los jesuitas fueron expulsados ​​de Inglaterra (1581, 1604), Francia (1594, 1606, 1762 a 1763), Portugal (1598, 1759), Rusia (1717), España (1767), Génova (1767), Venecia (1767), Sicilia (1767), Nápoles (1768), Malta (1768) o Parma (1768). Sin embargo, su objetivo de aumentar el poder papal en el ámbito religioso y civil se mantiene sin cambios a lo largo de los siglos.

Cualquiera diría, a la vista de esto, que un Papa jesuita, como el actual Francisco I no iba a ser alguien demasiado bien recibido. Por lo tanto, con el fin de avanzar en la unidad del papado con el poder en los actuales espacios religiosos y civiles, este Papa jesuita debía borrar la imagen histórica de la Compañía de Jesús. Una vez que Jorge Mario Bergoglio fue elegido, escogió el nombre de Papa Francisco en honor a San Francisco de Asís. San Francisco, famoso por ser un amante de la naturaleza, también era conocido por su humildad y mansedumbre. Por lo tanto, en la construcción de una imagen o un personaje para sí mismo ante los ojos del gran público, el Papa Francisco concluyó astutamente que iba a ser modesto, amable y sencillo por partes iguales. Dado que nunca antes hubo un Papa llamado Francisco, el nombre no lleva consigo el recuerdo de ningún inquilino de la “silla de Pedro” que haya sido especialmente nefasto. Inmediatamente después de la elección del Papa Francisco, los medios de comunicación se hicieron eco de su carácter modesto, mostrando que pagó su propia factura del hotel para su estancia en el Cónclave. Acto seguido, se anunció a bombo y platillo que no iba a establecer su residencia en los apartamentos papales habituales del Vaticano, sino que tomaría, más humilde, la habitación más pequeña, con el pretexto de vivir una vida “normal” en contacto con los laicos, para ser visible entre ellos. Además, gentilmente dio la bienvenida de nuevo en el Vaticano al Papa anterior, Benedicto XVI. El flujo constante de estas y otras apariciones públicas similares han servido para elaborar una imagen del nuevo Papa que es el anti-tipo de la tradicional del jesuita.

Sin embargo, en la primera frase de su homilía inaugural del 19 de marzo de 2013, el Papa Francisco mostro algo muy diferente a la imagen que había venido vendiendo hasta entonces (y que compraron todos los incautos, como si algo hubiese cambiado). Mientras miles de personas se hacinaban en la Plaza de San Pedro, y millones en todo el mundo escuchaban por la televisión y la radio, el nuevo Papa dijo: “Queridos hermanos y hermanas, doy gracias al Señor que puedo celebrar esta santa misa para la inauguración de mi petrino ministerio…“. Francisco conocía el poder afirmado que está incrustado en el término “ministerio petrino”. Como el Catecismo de la Iglesia Católica dice: “El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad“. Es muy significativo que el Papa Francisco comenzase su discurso agradeciendo al Señor que pudiera celebrar la misa para la inauguración de lo que dijo era “mi ministerio petrino”. Su frase inicial muestra dónde está su corazón, es decir, en sí mismo, en su posición, y el poder que entraña tal posición. Es esta idea en particular, es decir, que el Papa es el sucesor del apóstol Pedro, ha sido la fuente de la autoridad en la que se ha basado el papado desde los tiempos del Papa Gregorio VII, en el siglo XI. La naturaleza y la identidad misma del papado y de la Iglesia Católica es lo que está en juego. Por lo tanto, el Papado nunca concederá nada con respecto a esta reclamación, sino que lo utilizará para consolidarse como la institución más estable en medio de los tiempos turbulentos actuales. En consecuencia, la homilía inaugural del Papa Francisco fue una obra maestra a la hora de mostrar su disposición jesuítica. Comenzó diciendo: “Doy gracias al Señor que puedo celebrar esta santa misa para la inauguración de mi ministerio petrino en la solemnidad de San José …”. A continuación, declaró que Dios llamó a José para ser el “custodio”, el “protector”. ¿El protector de quién? De María y Jesús, pero esta protección se extendió a la Iglesia. ¿Cómo ejerció José su papel de protector? Discretamente, con humildad y en silencio, pero con una presencia constante y absoluta fidelidad. Estas son palabras cuidadosamente elegidas, orientadas a evocar un cierto estado de emotividad y ternura en el oyente. A continuación, tras preparar emocionalmente a sus oyentes, continuó: ¡Protejamos a Cristo en nuestras vidas, de manera que podamos proteger a los demás, de manera que podamos proteger la creación!  (los signos de admiración son míos, no que Francisco I gritara, no puedo poner otra cosa al leer tanta herejía junta). “Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos”. En este punto, Francisco introdujo la gran doctrina social católica en la cual, todos, incluso los que no son católicos romanos, deben cumplir con su deber para con los demás como la Iglesia Católica Romana define que debe cumplirse ese deber, y esta es una de las cosas a las que el Papa Francisco se refería cuando decía que hay una “dimensión previa” a su idea de protección. Por ello dijo: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”. También afirmó que se requiere protección debido a que en todas las épocas hay “Herodes” que “traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer“. Por más que suene disparatada esta especie de metáfora (toda la humanidad o hasta la naturaleza identificada con Cristo), esto no es más que una consecuencia de la idea que he mencionado de todo y todos confluyendo en Roma, el “Cristo total”. Para proteger a Jesús con María, para proteger a toda la creación, para proteger a cada persona, especialmente los más pobres, para protegernos a nosotros mismos: se trata de un servicio que el Papa, el Obispo de Roma está “llamado a llevar a cabo”. ¡Es evidente que el Papa Francisco no entiende que Jesucristo, el “solo Soberano, Rey de reyes y Señor de señores” (1 Timoteo 6:15) no necesita de la “protección” de nadie!

Para concluir su homilía, se pasó por el forro el mandamiento bíblico de no rezar a los muertos al orar: “Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Rezad por mí. Amén“. Tampoco nos sorprendamos. Esto es catolicismo romano puro y duro. El Papa no rezaba a Dios Padre por medio de Jesucristo, sino que ruega a los santos para que intercedan por él. Claramente, el Papa Francisco no tiene ninguna comprensión bíblica de quién es el Señor Jesucristo, ni cómo Él cumple su papel como cabeza de la Iglesia. No hay más que notar la posición a la cual Jesucristo ha sido degradado en todo esto. ¿Alguna diferencia con lo anterior? ¿Quién puede ver algún cambio en el papado con Francisco I, cuando dejó totalmente claro que la intención de su mandato era proteger el papado y sus objetivos de poder terrenal y espiritual? El hecho de que utilice términos suaves, haciendo un llamamiento a las imágenes humildes de San Francisco de Asís y de José, el esposo de María, no lo hace menos letal. Por lo tanto, en el día de su discurso inaugural, el Papa Francisco comenzó su pontificado con la marca de un verdadero jesuita, es decir, defender a toda costa el Papado frente al Evangelio y la verdad bíblica. Con el comienzo de su pontificado, la verdadera imagen de Francisco fue traída a la luz del día por sus propias palabras, ya no tan humildes y sencillas, sino llenas de orgullo dogmático y completamente opuestas a la verdad bíblica.

Por lo que respecta a las religiones paganas y los evangélicos, el 20 de marzo de 2013, el Papa se dirigió a líderes religiosos de todo el mundo. Entre otras cosas, declaró Francisco: “Es un motivo de especial alegría encontrarme hoy con ustedes, los delegados de las iglesias ortodoxas, las iglesias ortodoxas orientales y de las comunidades eclesiales de Occidente …. Junto con vosotros, no puedo olvidar lo mucho que el Consejo ha significado para el camino del ecumenismo …. Por mi parte, les aseguro mi determinación de seguir en el camino del diálogo ecuménico… Saludo cordialmente a todos los queridos amigos que pertenecen a otras tradiciones religiosas, en primer lugar los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y misericordioso, y pido a Él en oración, y a todos ustedes. Realmente aprecio su presencia: en ello veo una señal tangible de la voluntad de crecer en la estima recíproca y la cooperación para el bien común de la humanidad”. A partir de estas observaciones, el Papa Francisco ha demostrado efectivamente que no va a proteger a la verdad de la Escritura y del Evangelio de la gracia. Él no cree en el Señor Jesucristo como se revela solamente en la Biblia. Es un hecho bien conocido que Allah, al que los musulmanes rezan y adoran, no es el Dios de la Biblia. Es muy de suponer que el Papa Francisco debe saber esto, así que sus observaciones apuntan a un objetivo ecuménico: el de llevar a la más alta potencia la adulación y el diálogo ecuménico falso. En cuanto a las naciones y los gobiernos, dos días después, el 22 de marzo, el Papa Francisco habló con un grupo de diplomáticos que representan a los gobiernos que tienen relaciones con el Vaticano. Su discurso comenzó con estas palabras: “Estimados Embajadores, Señoras y señores, muchas gracias de nuevo por todo el trabajo que ustedes hace, junto a la Secretaría de Estado, para construir la paz y construir puentes de amistad y fraternidad. A través de ustedes, me gustaría reiterar a sus Gobiernos mi agradecimiento por su participación en las celebraciones con motivo de mi elección, y mi sincero deseo de un esfuerzo común fructífero. Que Dios Todopoderoso derrame sus dones a cada uno de vosotros, en vuestras familias y en los pueblos que ustedes representan. ¡Gracias!”. En su discurso, el Papa Francisco destacó el hecho de que el Papa es conocido como el “pontífice”, o “un constructor de puentes”, y declaró: “En este trabajo [con los gobiernos], el papel de la religión es fundamental“. Aunque poca gente se dé cuenta, el Papa afirma su derecho de juzgar a los que tienen el más alto cargo civil en un estado (solo cambia la “simpatía” del lenguaje actual). Esta mezcla de asuntos civiles y religiosos ha sido el método papal a lo largo de los siglos. En la actualidad, la Iglesia Romana busca implementar sus ideas mediante el uso de su poder como un sistema religioso que trabaja a través de su propio estatus como estado civil con relaciones aparentemente normales con otros estados. Por su influencia como poder civil, la Roma papal es capaz de influir sustancialmente en los gobernantes civiles y la política en muchos países y organismos internacionales. La Iglesia de Roma tiene 179 acuerdos legales con naciones de todo el mundo. Estos “concordatos”, como se les llama, garantizan que la Iglesia Católica Romana tiene el derecho de definir la religión y el culto para los católicos romanos dentro de esa nación soberana. También aseguran para el Vaticano el derecho de definir la doctrina, establecer la educación católica, y negociar las leyes relativas a la propiedad, el nombramiento de los obispos, y las leyes católicas de matrimonios y anulaciones de los mismos. Al dirigirse a los diplomáticos de los gobiernos que tienen relaciones con el Vaticano, el Papa Francisco sabía lo importante que es esto para atraer a los gobiernos civiles al enlace legal con la Roma papal.

En la Misa con los cardenales residentes en Roma del 23 de abril dijo lo siguiente: “La primera lectura de hoy me hace pensar que, precisamente en el momento en que se desencadena la persecución, prorrumpe la pujanza misionera de la Iglesia. Y estos cristianos habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y proclamaban la Palabra. Tenían este fervor apostólico en sus adentros, y la fe se transmite así. Algunos, de Chipre y de Cirene —no éstos, sino otros que se habían hecho cristianos—, una vez llegados a Antioquía, comenzaron a hablar también a los griegos. Es un paso más. Y la Iglesia sigue adelante así. ¿De quién es esta iniciativa de hablar a los griegos, algo que no se entendía, porque se predicaba sólo a los judíos? Es del Espíritu Santo, Aquel que empujaba más y más, siempre más. Pero en Jerusalén, al oír esto, alguno se puso un poco nervioso y enviaron una Visita Apostólica, enviaron a Bernabé. Tal vez podemos decir, con un poco de sentido del humor, que esto es el comienzo teológico de la Congregación para la Doctrina de la Fe: esta Visita Apostólica de Bernabé. Él observó y vio que las cosas iban bien. Y así la Iglesia es más Madre, Madre de más hijos, de muchos hijos: se convierte en Madre, Madre, cada vez más Madre, Madre que nos da la fe, la Madre que nos da una identidad. Pero la identidad cristiana no es un carnet de identidad. La identidad cristiana es una pertenencia a la Iglesia, porque todos ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre, porque no es posible encontrar a Jesús fuera de la Iglesia. El gran Pablo VI decía: Es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia. Y esa Iglesia Madre que nos da a Jesús nos da la identidad, que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. La pertenencia a la Iglesia: ¡qué bello es esto!”. La premisa del Papa Francisco es que la propia identidad del cristiano sólo puede venir a través de la fe en la “Iglesia Madre”, que secundariamente también les da “Jesús”. De hecho, él estaba enseñando el dogma católico oficial que dice: “Creer es un acto eclesial”. La “fe de la Iglesia” precedería, engendraría, conduciría y alimentaría nuestra fe. La Iglesia sería la madre de todos los creyentes. “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre” (Catecismo de la Iglesia Católica). Sin lugar a dudas, el Papa Francisco cree lo que ha dicho. Sin embargo, su enseñanza refleja un viejo pero inteligente argumento dirigido a aquellos que no conocen sus Biblias. El Papa Francisco y su Iglesia se niegan a creer en la autoridad de la Biblia sola, por lo que dejan de creer que la fe en el Señor Jesucristo solamente es un don dado por el Señor Dios mismo a través del Espíritu Santo, y no por ninguna iglesia. El objeto de la fe es la persona de Cristo Jesús, como dice la Escritura: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…” (Hechos 16:31). Esta fe es dada por Dios, como se declara en la Escritura por el apóstol Pedro: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra” (2 Pedro 1:1). Además, esta fe dada por Dios es por el oír la Palabra de Dios, como se dice, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Sin embargo, el Papa Francisco declaró: “La Iglesia Madre que nos da Jesús nos da nuestra identidad”. Esta enseñanza de la Iglesia Católica Romana es tradicional, por lo tanto, es que la misma Iglesia Papal se presenta como la única forma instrumental de acercarse a Dios y de la búsqueda de la salvación. ¿Qué insensato puede decir que Roma “ha cambiado” y “a mejor”? Es evidente que buscar a una iglesia como el “medio de transporte” para llegar a Jesús, en lugar de mirar a Jesús mismo “el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2) es otro “evangelio” distinto del de la Biblia. El Señor declaró explícitamente: “Ningún hombre puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere “(Juan 6:44), y “esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado “(Juan 6:29). En consecuencia, la declaración del Papa Francisco de que “la Madre Iglesia que nos da Jesús nos da nuestra identidad” es bíblicamente “maldita”, como dijo el apóstol Pablo: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9).

El Papa Francisco es, a la vez, inteligente y engañoso, de eso no hay duda, de que la curia romana acertó plenamente en su elección, ya que protege muy bien a su iglesia de las Escrituras y el Evangelio de la gracia. Visto el carisma, el aplauso y la aprobación que este Papa está obteniendo no solo entre los católicos, también entre el resto del mundo, muchísimos evangélicos y “protestantes” incluidos, se puede decir que está consiguiendo avanzar en el objetivo de gobernar espiritualmente el mundo como “Vicario de Cristo”. Por lo tanto, él sigue presentándose ante el mundo bajo una imagen de humildad e inocencia mientras que las palabras de su boca lo definen como dogmático y destructivo. En oposición al Evangelio de la salvación, el Papa habla de salvación ganada por confiar en la “Madre Iglesia”. Así, la Iglesia de Roma se presenta al mundo como una especie de aparato espiritual para la salvación de los hombres. El sistema religioso que él preside profesa tener todo lo que una iglesia debe tener, sin embargo, impone a las personas todos estos engaños mortales.

El Señor Jesucristo oró enfáticamente la noche antes de morir. Su oración es contestada en la vida de cada creyente que es justificado únicamente por la gracia de Dios. La gracia de Dios se recibe por la fe sola, y el objeto de esa fe es sólo Cristo, como se revela solo en la Biblia. Cristo Jesús oró: “…que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17: 21). El Señor sabía muy bien a aquellos por quienes Él oró. Los objetos de Su oración eran claros para él. Estos creyentes abrazan la vida eterna, según el Espíritu Santo les regenera, y, por lo tanto, la verdadera fe salvadora es totalmente un don dado por Dios. Aquellos para quienes el Señor oró “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13). Es sólo por la gracia absoluta de Dios que recibe el don de la vida eterna. Hay, sin embargo, una correlación entre la herencia, el don de la vida eterna en Cristo Jesús, y el deber, que es obedecer a Dios. Cuanto mayor sea el regalo, mayor es la obligación de expresar nuestra gratitud de una manera adecuada. Así, la Palabra de Dios nos instruye, “y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Hebreos 12:28). La misma verdad contiene una advertencia lapidaria al Papa Francisco y a todos los que creen en las tradiciones y los sacramentos de la Iglesia Católica Romana como medio de salvación, en lugar de creer directamente en el mismo Señor por el poder de Su Palabra escrita. Dios es el mismo Dios justo y recto bajo el Evangelio como lo fue bajo la Ley en el Antiguo Testamento. Él trata con nosotros en el amor y la gracia, y sin embargo, Él en sí mismo sigue siendo “fuego consumidor” (Hebreos 12:29). Él es el Dios de la justicia estricta que juzga a todos los que no han recibido el amor de la verdad, sino que se han dedicado a mirar a una iglesia o alguna persona que no sea el Señor Jesús. Jesucristo vivió una vida perfecta y sin pecado y, sujetándose a la voluntad del Padre, hizo el sacrificio sin mancha por el pecado. Negarse a creer solo en Él para salvación es terrible. Cuando el Señor Jesús trató con los fariseos sinceros y devotos, Él les dio una palabra muy fuerte: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados” (Juan 8:24). Tú puedes decir que eres un buen católico y que deseas agradar a Dios en la vida presente y la esperanza de vivir con Él para siempre, y es un objetivo humanamente noble. Puedes ser de lo más sincero y devoto, como los fariseos, pero al igual que ellos, si no crees en Él para salvación, del mismo modo morirás en tus pecados.

La fe y la confianza en el Señor Jesucristo solamente es esencial y es destacado con frecuencia en las Escrituras: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36), “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree a Dios le ha dado a hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” (1 Juan 5:10), Por lo tanto, creer en el Señor Jesucristo, quien da vida ahora, y para siempre, el único camino a la vida eterna. Es la muerte espiritual el tratar de llegar a Dios a través de una llamada “Madre Iglesia”. El camino hacia el Padre Eterno es por medio del Señor Jesucristo solamente; Su muerte es para nosotros el camino a la verdadera vida, la vida eterna. Los que reciben esta vida eterna dada por Cristo no sólo son redimidos de la condenación y la muerte eterna, sino que también viven y reinan con Él, ya que son santificados diariamente a través de Su Palabra por el Espíritu Santo, y por una constante comunión con él. Así, en nuestro amado Salvador, con alegría lo alabamos, como nuestro Padre eterno, y podemos decir como en el Salmo 36: “¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida: En tu luz veremos la luz”.

La visión de absoluta libertad solo la puede tener un verdadero cristiano, un hombre o mujer reformado, un ser cambiado y regenerado por Dios. Sin embargo, el sistema religioso católico romano interpone todo tipo de “intercesores” (María y santos), reliquias, ídolos y sacramentos entre el hombre y el verdadero libertador: Jesucristo.

En la próxima entrada terminaré todos estos puntos y espero que se entienda la finalidad de todo este “rollo teológico”.

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