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El Rey Don Juan Carlos comunicó el lunes su decisión de abdicar y de esta forma se puso punto final a un reinado que ha coincidido con el período de mayor libertad, prosperidad y bienestar de la historia de España (y que esperemos que continúe con el heredero de la Corona, Don Felipe), período por el cual un servidor puede dar gracias a Dios por que le haya tocado vivir casi íntegro.

Ninguna persona es perfecta ni inmaculada pero, con los fallos que ha tenido, su reinado ha sido lo mejor que podía haber ocurrido en las últimas cuatro décadas en España, país al que ha prestado un gran servicio. Después de los 38 años de reinado y dejar, de una forma que jamás se había conseguido antes, un país mucho más libre, abierto, democrático y avanzado que cuando accedió al trono, se puede decir que, pese a todo y a los graves problemas que tiene, España no es un país tan “malo” ni tan “desastroso” como a veces se pueda pensar.

Sin embargo, la crisis económica y social tan durísima que afecta a España desde el año 2008 ha degenerado también en una crisis institucional y en una cada vez mayor desconfianza hacia las mismas, de la cual ni la propia Corona, la tradicionalmente más valorada por lo españoles, ha podido librarse. De todas formas, es bueno aclarar, pues, como se esperaba, ha surgido mucho oportunista estos días, lo que ha descendido es la aprobación a algunas de las actuaciones concretas de la Corona como institución, junto con otras, no que haya aumentado el rechazo a la monarquía parlamentaria como forma de Estado.

La abdicación del Rey se produce en el contexto en el que se desenvuelven monarquías parlamentarias europeas como la de Holanda y Bélgica. En enero del pasado año, la reina Beatriz de Holanda renunció en favor de su heredero el príncipe Guillermo, lo mismo que en julio hizo el rey de los belgas, Alberto II que renunció a su cargo en su primogénito Felipe. Ambas monarquías, así como la británica, han superado en años anteriores fortísimas crisis que los nuevos titulares de la Corona han logrado eludir renovando la institución y evitando que prosperasen los pequeños pero activos grupos que cuestionaban la monarquía parlamentaria. Lo mismo podría suceder en España con la abdicación de Don Juan Carlos, que ha culminado uno de los reinados más largos y fructíferos de nuestra historia y al que la democracia española le debe su padrinazgo e impulso, como es algo internacionalmente reconocido. En este caso, la abdicación del Rey de España ha sido una decisión correcta para dar paso a una generación que renueve la institución para bien.

Lo único que lamento es la salida de la escena pública de la Reina Doña Sofía. Lo siento, pero Letizia no me gusta nada y no me fio ni un pelo, aunque no soy conspiranoico. Aparte, es alguien que nunca llegará a la actual Reina a la suela de los zapatos. Doña Sofía es una gran profesional de lo suyo, ser Reina, que transmite cercanía, serenidad y amabilidad, una Hannover emparentada con los Hohenzollern, siempre Reina y educada para ello, mientras Letizia nunca pasará seguramente de ser una advenediza. La diferencia de nivel habla por sí sola.

Si acaso, el “pero” que se puede poner a la abdicación ha sido la forma del anuncio. Los reyes de Holanda y Bélgica que he mencionado comparecieron directamente en televisión para dar cuenta de su renuncia, sin embargo, aquí apareció primero el presidente del Gobierno, tres horas antes que el Rey, algo que entiendo que no procede. Algo de esa importancia debió haber sido el propio Rey quien lo anunciase directamente a la nación.

Al margen de esto, ahora toca una dura tarea a Don Felipe, aunque es una persona con suficiente inteligencia, experiencia, formación y presencia para llevarla a cabo, así como alguien que hasta ahora ha tenido un comportamiento público intachable. Es previsible que su llegada al trono levante una gran ola de apoyo popular (que contrarreste la algarada callejera de algunos en los últimos días) y que, si la situación económica (que es el origen de la crisis en otros niveles) mejora un poco, el prestigio de la institución comience a recuperarse con el nuevo monarca.

Los retos son difíciles, pero también lo eran los de su padre. El nuevo Rey tiene la oportunidad de ganarse no solo la legitimación hereditaria, sino también la democrática, al igual que Don Juan Carlos cuando impulsó el cambio de régimen desde la dictadura a la democracia o cuando paró el intento de golpe de Estado del 23-F. Esto último, digan lo que digan algunos conspiranoicos y aficionados a escribir novelas de ciencia-ficción que ahora pretenden forrarse a cuenta de vender libros desprestigiando al monarca (realmente triste que el odio al Rey suela unir tanto a la extrema izquierda costrosa como al facherío más casposo y grasiento).

Para terminar, una realidad es que, no obstante, el debate “monarquía parlamentaria-república democrática” va a seguir abierto, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, y es algo legítimo. No hay nada malo en debatir sobre el modelo de Estado siguiendo los procedimientos legales y democráticos. Obvio, por supuesto, a los frikis que quieran o una monarquía absolutista (que los hay, como los carlistas) o una república socialista, como la morralla que salió extasiada a las calles el lunes, estoy hablando del debate con republicanos decentes, liberales y democráticos. Con esos no hay ningún problema y no es malo debatir. La verdad es que, aunque para España prefiero la monarquía parlamentaria actual, que es el único modelo que ha funcionado en su historia, muchas veces lo siento por estos últimos que cada vez que se habla de república en este país sea para dar la imagen de esa zurrapa social que se manifiesta con las banderas de la hoz y el martillo y la tricolor (algo históricamente totalmente incongruente, aunque no ya se sabe que no se puede pedir a esta gente mucho, lo primero que necesitarían sería un poco de materia gris dentro del cráneo) o montando una imagen de una guillotina de cartón. Ojo, no es que me preocupen lo más mínimo, pues el 99% de ellos no tiene media hostia para hacer lo que se supone que pretenderían con la simbología que muestran (la mayoría son “revolucionarios” de cubata y terraza de bareto, de soltar exabruptos en un momento de subidón alcohólico pero poco más) y, aparte, sus escenificaciones callejeras el efecto que tienen es el contrario al buscado, hacen que el apoyo a la monarquía aumente. De hecho, ayer ya solo se concentraron en Madrid un par de cientos. Que concentren a 3000, 4000 o 5000 personas en una plaza pública no demuestra demasiado aparte de algo ya plenamente conocido, como es que prácticamente el 100% de los votantes de IU o Podemos son anti-monárquicos. No es algo nuevo ni que se salga de lo esperado.

Lo que reclaman, al igual que otros partidos de la izquierda es absurdo: que el Gobierno convoque un referéndum vinculante sobre la república. Cuidado: yo soy el primero que lo desearía, y es algo que no lo temo para nada, no solo porque es una forma democrática de participación de la ciudadanía, sino porque a buen seguro el resultado sería un buen mazazo para los anti-monárquicos por muchos años. Pero la cuestión es que legalmente el Gobierno no tiene potestad para proclamar la república de ganar la opción republicana y las Cortes tampoco, pues es preciso el procedimiento de reforma agravado para cambiar la forma constitucional del Estado de monarquía a república. La Constitución determina que la decisión de efectuar una reforma de este tipo ha de ser aprobada por mayoría de dos tercios de cada Cámara. En caso de que el principio de reforma constitucional sea aprobado por la esta mayoría en ambas Cámaras, se ha de proceder a la inmediata disolución de las mismas. Las Cámaras elegidas a continuación deben primero ratificar la decisión, para lo cual se exige una mayoría simple a favor de la reforma en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Después han de proceder seguidamente al estudio del texto del proyecto o proposición de reforma constitucional, que debe ser aprobado en ambas Cámaras por mayoría de dos tercios. Una vez aprobada por las Cortes Generales ha de ser sometida la reforma a referéndum para su ratificación. Se trata pues de un procedimiento notablemente más complejo que supone la intervención de dos legislaturas distintas y dos consultas al electorado mediante referéndum. Pero, evidentemente, todas las iniciativas que respeten estos procedimientos son legal y legítimamente discutibles.

Para defender la monarquía nunca he utilizado criterios sentimentales pues no pertenezco ni a la realeza ni a la nobleza (pese a que suscriba lo dicho hace algo más de un siglo por el gran Cánovas del Castillo: “El interés de la Patria está unido de tal manera por la historia pasada y por la historia contemporánea a la suerte de la actual dinastía, al principio hereditario, que no hay, que es imposible que tengamos ya Patria sin nuestra dinastía”), sino, sobre todo, pragmáticos.

Para empezar, por mucho que se empeñen Cayo Lara o Pablo Iglesias en que “debe hablar el pueblo” (lástima que no tengan tanta prisa para reclamar al régimen cubano que deje “hablar al pueblo”), no es una preocupación para la mayoría de españoles actualmente. Según la última encuesta del CIS, del mes de abril, la monarquía solo era una preocupación para el 0,4% de la gente (muy por encima estaban el paro, la corrupción o los problemas económicos). Lo que ocurre es que mucho me temo que el “jueguecito” muchas veces es contabilizar automáticamente como “republicanos” a quienes no tengan la monarquía entre sus preocupaciones, pese a que no la rechacen expresamente.

No soy muy amigo de los motivos económicos pero también están ahí. Un rey sale mucho más barato que un Jefe de Estado republicano. Tan sólo en lo que cuestan las elecciones presidenciales cada cuatro o cinco años, es muchísimo más caro que tener a un rey como Jefe de Estado. La monarquía española es de las más baratas de Europa (su asignación anual es de 8,8 millones de euros) mientras que Francia, por ejemplo, gasta una cantidad muchísimo mayor que España en mantener a su Jefe de Estado (el presidente de la República, con un coste de 103 millones de euros anuales), el Reino Unido 44 millones, o Italia 228 millones.

“A priori”, no es mejor ni peor una monarquía o una república mientras sean democráticas. Todo dependerá de las circunstancias y la historia de cada país. Y en el caso de España la monarquía parlamentaria actual, como he comenzado diciendo, y a pesar de todos los problemas que tenemos, se ha revelado como el mejor sistema que hemos tenido y el que más estabilidad ha dado al país durante cuatro décadas. Es una incógnita cuáles habrían sido los derroteros de haberse aprobado una forma republicana de Estado (que no de gobierno) después del franquismo.

En otras épocas y otros países ha sido necesario instaurar una república para salir de una dictadura militar o una monarquía absolutista y tiránica, pero la cuestión es que este no es el caso de España. Un ejemplo. Sabido es que a mí no me van los maniqueísmos con el tema de la II República, vamos, que no soy como los píos moas de este mundo que torticeramente identifican automáticamente ese sistema con izquierda o comunismo totalitario y otros disparates pseudo-históricos (por el mismo motivo, no soy “anti-república” a priori). Pero la II República fue proclamada tras un período de descrédito de la monarquía por su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, cuando no existían libertades que hoy sí están reconocidas y cuando España era un país agrario y muy atrasado, dominado por la jerarquía católica y el caciquismo. Al menos en sus inicios, fue una iniciativa de republicanos burgueses liberales y de clase media y de socialistas moderados por modernizar el país e implantar el respeto a una serie de derechos y libertades (que luego devino en un desastre por las circunstancias tan graves en que se encontró). Pero esta no es la situación actual de España.

En España hay un Rey que respeta la democracia (no solo la respeta, sino que ayudó a llegar a ella) y la forma parlamentaria de gobierno y que se encuentra sometido a una Constitución que fue ratificada por lo españoles en referéndum. No hay duda de que España necesita muchas reformas y mejorar muchas cosas, pero entre ellas no está poner patas arriba la forma de Estado (y no hay más que recordar que, precisamente, ni son ni el Rey ni la Casa Real los culpables ni de la crisis económica o el desempleo y otros problemas de los españoles).

El título de esta entrada (como puede suponerse) es irónico, puesto que la verdad es que me aburre un poco ya el alarmismo y los aspavientos que está provocando la irrupción de este partido en las Elecciones Europeas del domingo pasado, en las que consiguió un millón doscientos mil votos y cinco escaños.

Lo primero de todo, agradecer a toda la gente que votó a Ciudadanos, entre ellos, algunos de mis contactos en Internet, así como congratularme de que la mayoría de la derecha en España que ha cambiado su voto con respecto a las últimas Elecciones Generales haya preferido opciones más liberales como alternativa al PP, prácticamente marginando a la extrema derecha (a diferencia del resto de Europa). Esto, por supuesto, no es un cheque en blanco a este partido (pues yo no estoy afiliado ni soy entusiasta de ninguno): tendrá que seguir ganándose mi confianza presentando alternativas realistas y moderadas para España y espero que sus dos eurodiputados defiendan nuestros intereses en Europa mejor de lo que ha hecho el PP-PSOE.

Como todos sabéis lo que pasó, no me voy a detener mucho. La mala noticia es que ganó el PP, aunque de forma paupérrima y ridícula, y la buena que los dos partidos responsables de la actual situación de España, éstos y el PSOE, cada vez tienen menos apoyo y cada vez engañan a menos gente, y eso que poco castigo me parece que se han llevado para el que merecen.

Y ahora vamos a este tema de “Podemos”, una formación liderada por Pablo Iglesias Turrión, un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense que desde hace algo más de un año se ha convertido en un asiduo de todo tipo de tertulias políticas en la tele, el tipo verdaderamente es que está hasta en la sopa, creada hace unos pocos meses y que ha conseguido un gran éxito después de una campaña masiva en Internet y las redes sociales.

Desde luego, hay que decir que el mérito es indiscutible con un partido prácticamente improvisado y creado de la nada en pocas semanas.

Como la derecha en España, lamentablemente, no se caracteriza por su capacidad analítica pronto ha empezado el escándalo y los mensajes agoreros de que este Iglesias es una especie de Chávez a la española que, caso de tocar poder, implantaría un régimen bolivariano. Uno de ellos es el famoso Francisco Marhuenda, el director de La Razón, y otro el “insigne” Hermann Terscht (AQUÍ destapamos cómo mintió en relación a la huelga general de noviembre de 2012). Pero como aquí somos más serios, vamos a intentar hacer un análisis más equilibrado.

Se dice que se ha dado demasiada bola televisiva a Pablo Iglesias y que se le ha hecho mucha propaganda gratuita. Pero el caso es que otros líderes de otros partidos minoritarios también han salido muchísimo en la TV y no han conseguido los resultados de “Podemos”, así que la explicación debe ser otra.

Se habla mucho de las simpatías de Iglesias por el chavismo y el castrismo pero esto, a fin de cuentas, no hace más que recordarme a muchos izquierdistas de salón que admiran dictaduras bananeras y comunistas tercermundistas que no querrían para sus países. Quiero decir, Iglesias ha rescatado una especie de progre bastante clásica con un modelo de pensamiento según el cual los países de América Latina, África o Asia necesitan, para que allí haya un poco de orden, gobiernos autoritarios de izquierda populista o incluso dictaduras comunistas al estilo de la de Fidel Castro o a la de la China maoísta (no hay más que recordar la popularidad del maoísmo en parte de la izquierda en los años 60 y parte de los 70), al igual que hay derechistas que piensan que España necesitaba un Franco en los años 30 o que los países menos desarrollados necesitan un dictador tipo Pinochet.

Pero Iglesias no es ningún tonto (lo ha demostrado con la metodología que ha empleado para su campaña electoral… es más, es muy listo) y sabe perfectamente que, por mucho que supuestamente le guste, para empezar, la UE no permitiría un modelo venezolano o cubano en uno de sus estados miembros y que, evidentemente, toda la financiación internacional a España desaparecería de un plumazo, con lo que aquí tiene que ser más “pragmático”. En el manifiesto de “Podemos” más que de un modelo cubano o bolivariano se hablan de muchas cosas más o menos utópicas (y que haría falta mucho dinero para pagar de intentar cumplirse) que en general desde hace décadas han estado en el pensamiento de la izquierda: es decir, Iglesias no es el primer izquierdista que plantea un programa de muchísimo gasto público sin que esté muy claro de dónde va a sacar (o de donde pretende sacar) el dinero para pagar todo eso, ni es el primero que ve la riqueza como una cuestión de suma cero, que está limitada y que, por tanto, lo que hay que hacer es redistribuirla, ni es el primero para el cual la palabra “público” es casi sacrosanta, mientras “privado” es casi tabú. ¿A qué tanto escándalo con Iglesias cuando no difiere en eso esencialmente de otros izquierdistas anteriores?

Es uno de los motivos por los que no me preocupa demasiado “Podemos”: sin dinero, no se puede hacer nada. A veces hay demasiada obsesión con que “la economía no lo es todo”. Bueno, no, no lo es todo, cierto, pero sí una parte importantísima. Alguien puede tener ideas muy peligrosas, pero sin dinero no las puede llevar a efecto. No pasarán de ser exabruptos en la barra de una taberna o griterío con un cartel o una pancarta en la calle.

En segundo lugar, sus propuestas son… las de alguien que sabe que no va a tener responsabilidades de gobierno o que, de entrar en algún tipo de coalición, son lo bastante abiertas y elásticas como para redefinirlas de forma no tan radical. Más bien, son lo que muchos españoles en estos tiempos tan difíciles querían escuchar de algún candidato. Hay mucha gente en la ruina o en el desempleo, que lo ha perdido todo, y a la que suenan a música celestial las cosas que “Podemos” promete. Nos guste o no, en todas las sociedades siempre ha habido o hay un porcentaje no pequeño de gente que cree que, por ejemplo, se puede pagar un salario básico de 600 euros a toda la población, incluso a quienes no trabajen: ya se sacará de algún sitio ese dinero, se expropiará o expoliará a los “malvado ricos” o de algún sitio saldrá como por arte de magia. Al igual que siempre ha habido un porcentaje no pequeño de gente que piensa que es “injusto” que una persona supere unos ciertos niveles de renta (aunque de ninguna forma se explique cuál es el criterio para fijar esa “injusticia” en una cantidad más o menos alta). No es algo exclusivo de la España actual, la crisis simplemente ha vuelto a sacar eso a la luz. El propio Iglesias aquí lo explica muy bien: su método no es convencer a la gente a través de la ideología ni la simbología, sino diciéndoles lo que quieren escuchar en cada momento (por cierto, esto es de lo que los toscos y torpones de Izquierda Unida no se han enterado, por eso les han pegado una buena mordida de entre sus potenciales electores), con el ejemplo muy bien traído de Lenin, cuando se metió a un montón de rusos en el bolsillo prometiendo “Paz y pan”.

De hecho, la campaña de “Podemos” se ha apartado de dirigirse exclusivamente a los grupos más susceptibles de votar a la izquierda y del clásico concepto de “clases” para hacer un discurso atractivo a los “castigados por la crisis”, vengan de donde vengan, con un lenguaje muy transversal, utilizando las grandes dotes como comunicador de Iglesias y conectando con mucha gente que, por encima de su ideología, tiene en común el haberse visto afectada por la crisis o el desempleo. El voto a “Podemos” ha sido el de los que han perdido casi todo a causa de la crisis y de protesta frente al “establishment”, a lo que Iglesias llama “la casta política”.

Además de esto, se calcula que, en un país como España donde el desempleo juvenil es una verdadera plaga, uno de cada cuatro votantes de “Podemos” serían menores de 30 años. Pero es que, entre los menores de 30 años, tendríamos a “Podemos” casi empatado en número de votos con PP y PSOE.

El éxito de “Podemos” es mayormente la manifestación de muchos que, ante la falta de democracia real y de cómo la Constitución cada vez es más papel mojado, no ve otra forma de que se oiga su enfado y la constatación en forma de votos (de gente normalmente desencantada con el PSOE o IU y que no había encontrado otro partido que les ilusionase) de algo que era una realidad: no que venga una dictadura castrista, boliviana o venezolana, sino de que hay un sector de la población que todo lo que quiere es un empleo y que las medidas de austeridad impuestas desde Berlín y Bruselas se alivien o sean eliminadas, y que, en general, con nosotros no suele empatizar porque nos ven como los del déficit cero, los del privatizar todo o como unos “esnobs” insensibles a sus problemas (y puede que haya veces que se haya dado esa impresión), así que, si esto es un toque de atención para dialogar más a pie de calle, aún evitando caer en el populismo y en dar carta legal al asamblearismo callejero, incluso bienvenido sea.

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Y, por último, muchas felicidades al bueno de CLINT EASTWOOD en su 84 cumpleaños:

Hoy llegan las elecciones al Parlamento Europeo y, en consecuencia, la hora de decidir qué es lo mejor (o lo menos malo), cuál es la opción más seria y liberal y qué interesa más a los intereses de España en Europa (guste más o menos la UE, que no me gusta, España está en el continente europeo, con lo que toca defender sus intereses entre el resto de países del viejo continente).

Aviso a navegantes: aunque hay gente que cada vez que llegan elecciones me pide que vote al PP (el argumento suele ser que “no se pueden perder votos de la derecha” o que “si no, gana la izquierda”), lo siento, pero no. NO VOY A VOTAR AL PP. No solo porque el Cañete me parezca un impresentable, sino porque moralmente no puedo apoyar a unos que han hecho de la mentira y los incumplimientos su modo de gobierno y que van camino de convertirse, más que en un partido político, en una agencia promotora de corruptos.

Otro consejo a los lectores liberales: entre las otras opciones, no votar a partidos extremistas y populistas tipo VOX, este que ha salido hace poco (sí, los del nombre de diccionario). VOX, es uno de estos típicos movimientos que sale de cuando en cuando al calor de la crisis, en este caso de los descontentos del PP de Rajoy, y que van de nuevos “salvapatrias”. En general, se podría decir de ellos que son ultra-conservadores de “Patria y Familia”, esos serían sus pilares, y su aparición responde a las obsesiones particulares de una parte de la derecha en España. Ver a esta gente y todo lo que rodea a este partido te deja un cierto sabor y aroma como a naftalina, como cuando abres un armario que lleva muchísimo tiempo cerrado, todo como muy casposo y desfasado, obsoleto. Por eso no tengo tan claro su éxito, aunque seguramente, aunque no llegaran a sacar ningún diputado, le pueden quitar votos al PP que a éstos si les hagan perderlos. Socialmente, más allá de un círculo reducido, no veo tan claro que tengan tanta aceptación sus ideas. Hay mucho cabreo con el PP, es cierto, pero pienso que en la mayoría de la gente, precisamente, viene originado por los incumplimientos de su programa electoral que esta gente de VOX no denuncia, y no por los que han motivado que aparezca este partido. Igual me equivoco, pero no veo que las sesentonas que dejan mensajes indignadas en el contestador telefónico del programa de Jiménez Losantos o los carajilleros que mandaban SMS en el Gato al Agua sumen tanto como para dar a este partido una fuerza electoral mínimamente respetable. En cualquier caso, sí pueden tener una utilidad: purgar del PP a toda la chusma ultra que emigre hacia formaciones minoritarias de este tipo, es decir, una labor de “desparasitación”. No es que el PP sea un partido en el que tenga muchas esperanzas, pero también es cierto que pudiera ser una buena oportunidad de que allí se quede la gente más liberal y moderada y que hubiera posibilidades de “colonizar” (sé que no suena muy bien) un partido con capacidad de llegar al poder.

A propósito, si hay ingleses simpatizantes del Partido Conservador que entiendan el español y que me lean, otra recomendación: por muy, muy, muy enfadados que estén o puedan estar con David Cameron, no voten al UKIP. Por el mismo motivo que VOX en España, hay que cerrar el paso a este tipo de partidos extremistas. Sobre todo después de que su líder, Nigel Farage (hubo una época en la cual, inocente de mí, llegó a caerme bien este señor), se haya destapado a sí mismo y se le haya visto el plumero xenófobo y racista, llegando a afirmar que UKIP y el Frente Nacional de Le Pen podrían tener un “espacio común”. Además (esto ya en clave interna británica) votar a UKIP es poner el triunfo en bandeja a los laboristas, quienes revertirían sin duda todas las reformas de Cameron.

¿Cuál sería entonces la mejor opción o menos mala para liberales en España? Pues no se me ocurre otra más que Ciudadanos, el partido del señor Albert Rivera.

Por si hay algún troll listillo, no, no es porque sea la posición oficial de Liberalismo Democrático (de hecho desconocía que Alfredo fuera a optar por pedir el voto para este partido). Más bien, me empecé a interesar por el perfil de este partido a raíz de un escrito de Pedro de diciembre del año pasado en el que hacía una comparación con UPyD, describiendo a Ciudadanos como más “liberal, moderno y democratista”, frente al jacobinismo de UPyD, es decir, un partido moderado y más bien liberal en lo económico y lo social, defensor de las libertades individuales, con lo que empezó a parecerme una opción que no era mala.

Dentro lo que hay entre los políticos españoles, en general, también me gusta Albert Rivera. Es alguien joven, que no es mal orador (sin ser tampoco un genio), y que es una especie de centrista social-liberal, progresista en temas sociales y de libertades y quizá más conservador en temas fiscales y económicos. Es alguien que se ha opuesto firmemente al nacionalismo catalán, aunque sin llegar al extremo de algunos. Quiero decir, nunca se le ha escuchado, como a los de VOX, decir que hay que abolir las autonomías (a mí, la verdad, tan cansadito me tienen los nacionalistas mesetarios como los nazi-onalistas catalanes o vascos, los nazis de un lado o de otro), simplemente reformas del sistema.

Como es lógico, no es que esté con ellos de acuerdo en todo. Yo tampoco estoy a favor de legalizar algunas drogas o la prostitución, por ejemplo. Pero, leyendo las ideas de uno de sus manifiestos fundacionales (aunque entonces solo fueran un partido autonómico en Cataluña), creo que los liberales españoles pueden estar bastante de acuerdo:

“-Ciudadanía. Los territorios carecen de derechos. Sólo tienen derechos las personas. Los sentimientos de identidad, como los sentimientos religiosos o la orientación sexual, son dignos de respeto, pero rechazamos que se pretenda imponer proyectos políticos basados en ellos. Del mismo modo que estamos en contra de la discriminación racial, sexual o religiosa, lo estamos también de toda discriminación por razones de identidad. Debemos tener presente que si España es plural, Cataluña también lo es. El nuevo partido basará, por tanto, su discurso en el concepto de ciudadanía y denunciará el carácter antidemocrático de las ideologías identitarias.

-Libertad e igualdad. Será un partido que promoverá el espíritu crítico y el debate racional, haciendo suyos los principios heredados de la Ilustración. Defenderá la igualdad ante la ley y los derechos que caracterizan a las sociedades realmente democráticas, incluido el de recibir la protección del Estado para asegurar una Sanidad digna, un sistema de pensiones que asegure el bienestar en todas las etapas de la vida y un sistema educativo de calidad. Asimismo, el partido defenderá que el Estado promueva la igualdad de oportunidades de forma que ni el origen étnico, ni el idioma, ni el sexo, ni la posición económica de la familia, determine privilegios.

-Laicismo. Es esencial la neutralidad de la Administración en asuntos religiosos e identitarios. El nacionalismo romántico no debe imponerse en el espacio público. Nuestro partido se opondrá a la manipulación ideológica de los jóvenes y defenderá un sistema educativo libre de contaminaciones nacionalistas e imposiciones comisariales.

-Bilingüismo. El nuevo partido hará todo lo posible para elevar a oficial lo que ya es normal en la calle. Defenderá el bilingüismo en la Administración, en los medios de comunicación públicos, en la enseñanza y en todas las instituciones públicas catalanas. Dado que en Cataluña hay dos lenguas oficiales, promoverá una reforma educativa para que tanto el catalán como el castellano sean lenguas vehiculares y para que la primera educación se ofrezca en la lengua que decidan los padres. Exigirá el cierre inmediato de las Oficinas de Garantías Lingüísticas y se opondrá a cualquier tipo de discriminación por motivos de lengua. También promoverá el conocimiento del catalán entre los funcionarios, pero no hará de ello una condición necesaria para su acceso a la función pública.

-Constitución. El nuevo partido defenderá la Constitución Española. Asumirá, por tanto, uno de sus principios básicos: la soberanía reside en el conjunto de la ciudadanía española, no en cada una de las Comunidades Autónomas. Propondrá racionalizar el sistema autonómico, cerrar el capítulo de transferencias conservando un gobierno central con los instrumentos necesarios para defender el bien común, y convertir al Senado en cámara territorial”.

En definitiva, hoy mi voto irá a Ciudadanos.

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OFF TOPIC:

Hablando de VOX, esto no sé si es para reir o llorar.

Comentario en Twitter de un simpatizante de VOX:

O sea, que, según esta lumbrera, el comunismo ha matado en España a “más de 100 millones de personas”. Mucha más gente que la que componía la población española en tiempos de la Guerra Civil. Ya hay que ser buen y refinado liquidador para ser capaz incluso de liquidar… a gente que no existe.

Es normal que la mayoría de votantes de VOX vayan a salir de entre los lectores y comentaristas de Libertad Digital, puesto que este comentario es “made in Libertad Digital”. Desde luego, la mayoría de comentaristas de los hilos de Libertad Digital prácticamente es que rozan la subnormalidad. Por eso casi nunca los leo. Porque, para subnormales, bastante tengo con los que hay que lidiar en el día a día.

Muy bueno este artículo sobre la legalización de la marihuana publicado en libertad.org, la web en español de la Fundación Heritage.

Me ha sorprendido gratamente, más que nada por cierta deriva libertariana y demagoga de algunos artículos de Heritage (más que nada en temas sociales y religiosos) que se está dando en los últimos tiempos, salvo en materias como seguridad y defensa, donde más o menos siguen con una línea seria, por eso lo reproduzco íntegramente aquí.

Viene a confirmar punto por punto lo que decía en un artículo de hace ya años.

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La marihuana es dañina: Los 7 mitos más extendidos

Kevin Sabet

02 / 05 / 2014

No se crea la publicidad: la legalización de la marihuana supone demasiados riesgos para la salud y la seguridad públicas. Basándome en casi dos décadas de investigación, de trabajo de base con las comunidades y de práctica normativa a lo largo de tres administraciones presidenciales, en mi nuevo libro “Reefer Sanity” (La cordura del porro) debato algunos de los mitos más extendidos sobre la marihuana:

Mito nº1: “La marihuana no es dañina ni adictiva”

No, la marihuana no es tan peligrosa como la cocaína o la heroína, pero denominarla como no dañina o no adictiva niega evidentes datos científicos aceptados por las principales asociaciones médicas que han estudiado el tema. Los científicos saben ahora que la potencia de la marihuana habitual hoy en día es unas 5 o 6 veces mayor de lo que era en los años 60 y 70, mientras que algunas variedades son hasta 10 o 20 veces más fuertes que antes, especialmente si se extrae el THC (principal componente activo de la marihuana) mediante el proceso con butano. Este incremento de su potencia se ha traducido en más de 400,000 visitas anuales a los servicios de urgencias debidas a casos de episodios psicóticos agudos y ataques de pánico.

Los investigadores de salud mental también están observando una significativa conexión entre la marihuana y la esquizofrenia, mientras que los educadores están viendo cómo un consumo persistente de la marihuana puede debilitar la motivación académica y reducir de manera significativa el coeficiente intelectual (CI) hasta en ocho puntos, según un importante estudio realizado en Nueva Zelanda. A estos efectos secundarios hay que añadir las nuevas investigaciones que están ahora descubriendo que incluso un uso casual de la marihuana puede tener como resultado diferencias observables en la estructura cerebral, concretamente en partes del cerebro que regulan los procesos emocionales, de motivación y recompensa. De hecho, el uso de la marihuana perjudica nuestra capacidad para aprender y competir en un mundo laboral globalizado y competitivo.

Además, los consumidores de marihuana suponen un peligro en la carretera, a pesar del mito popular. Según el British Medical Journal, la intoxicación por marihuana duplica los riesgos de colisión entre vehículos.

Mito nº2: “La marihuana fumada o ingerida es medicina”.

Al igual que no fumamos opio ni nos inyectamos heroína para conseguir los beneficios de la morfina, no tenemos que fumar marihuana para recibir sus efectos médicos. Actualmente, existe una píldora basada en el componente activo de la marihuana disponible en las farmacias y casi dos docenas de países han aprobado un nuevo espray bucal basado en un extracto de marihuana. Este espray, “Sativex”, no hace que uno se drogue y contiene ingredientes difíciles de encontrar en la marihuana disponible en la calle. Es probable que pronto esté disponible en Estados Unidos, pues los pacientes ya se pueden inscribir para las pruebas clínicas. Aunque la planta de la marihuana tiene un valor médico conocido, eso no significa que la marihuana fumada o ingerida sea una medicina. Esta postura está en línea con la de la Asociación Médica Americana, la Sociedad Americana de Medicina Adictiva, la Fundación Americana del Glaucoma, la Sociedad Nacional de la Esclerosis Múltiple y la Sociedad Americana del Cáncer.

Mito nº3: “Innumerables personas están entre rejas simplemente por fumar marihuana”.

Defiendo de todo corazón la reducción de los índices de encarcelación de Estados Unidos. Pero legalizar la marihuana no causará una mella significativa en ellos. Eso es debido a que menos del 0.3% de los internos en las prisiones de todos los estados lo son por fumar marihuana. Es más, la mayoría de las personas arrestadas por consumir marihuana reciben una multa y muy pocos pasan tiempo entre rejas a menos que ese uso se produzca en un contexto de violación de la libertad provisional o condicional.

Mito nº4: “La legalidad del alcohol y el tabaco refuerza la defensa de la legalidad de la marihuana”.

“La marihuana es más segura que el alcohol, por lo que ambos se deberían tratar de la misma forma” es un mantra pegadizo y utilizado a menudo en el debate sobre la legalización. Pero éste asume que nuestra normativa sobre el alcohol es algo digno de imitar. En realidad, puesto que se consumen a unos niveles tan elevados debido a su amplia disponibilidad, nuestros dos estupefacientes legales causan más perjuicios, son motivo de más arrestos y matan a más gente que todas las drogas ilegales juntas. Así que ¿por qué añadir una tercera droga a nuestra lista de asesinos legales?

Es más, la legalización de la marihuana dará lugar a una nueva versión de la “industria tabaquera” de Estados Unidos.

· Financieras y grupos de accionistas privados ya han recaudado millones de dólares para empezar a promocionar empresas que venderán marihuana y productos relacionados con la marihuana.

· Se están vendiendo alimentos y caramelos con cannabis para niños que son ya responsables de un creciente número de visitas a urgencias relacionadas con la marihuana. Comestibles con nombres como “Ring Pots”, “Pot Tarts” y “Kif Kat Bars” están inspirados en caramelos y postres comunes entre los niños.

· Compañías rentables como Medbox (con sede en California) han declarado sus planes para instalar máquinas expendedoras de marihuana que contienen productos como pasteles de marihuana. El exjefe de estrategia de Microsoft ha comentado que quiere “acuñar más millonarios que Microsoft” con la marihuana y que quiere crear el “Starbucks de la marihuana”.

Mito nº5: “La legalización de la marihuana resolverá los problemas presupuestarios del gobierno”.

Por desgracia, no podemos esperar beneficios financieros para la sociedad de la legalización de la marihuana. Por cada $1 que recauda Estados Unidos en impuestos al alcohol y el tabaco, gastamos más de $10 en costos sociales. Además han aparecido dos importantes lobbies empresariales (el de la industria tabaquera y el de las bebidas alcohólicas) para mantener bajos los impuestos sobre estas drogas y fomentar su consumo. Lo último que necesitamos es la “marlborización de la marihuana”, pero es exactamente lo que conseguiríamos en este país con su legalización.

Mito nº6: “Portugal y Países Bajos ofrecen modelos exitosos de legalización”.

Contrariamente a las informaciones de los medios de comunicación, Portugal y Países Bajos no han legalizado las drogas. En Portugal, alguien detenido con una pequeña cantidad de droga es enviado ante un comité de tres personas y recibirá o bien tratamiento, o bien una multa o bien una advertencia y será puesto en libertad. Los resultados de esta normativa no están nada claro. Los servicios de tratamiento se reforzaron al mismo tiempo que se implantaba la nueva normativa y una década más tarde hay más jóvenes que consumen marihuana, pero menos gente que muere por sobredosis de opiáceos y cocaína. En Países Bajos, los responsables parecen estar dando marcha atrás en sus normativas de no persecución de la marihuana (ejemplificada en los “coffee shops” de todo el país) tras experimentar unos mayores índices de consumo y solicitudes de tratamiento de la marihuana. Ahora, el gobierno sólo permite a los residentes el uso de los “coffee shops”. Lo que todo esto nos dice acerca de cómo se desarrollaría la legalización en Estados Unidos es otra cuestión totalmente distinta e incluso menos clara.

Mito nº7: “La prevención, la intervención y el tratamiento están condenados al fracaso, entonces ¿por qué se intentan?”

Menos del 8% de los americanos fuma marihuana frente al 52% que bebe alcohol y al 27% que fuma cigarrillos. Junto a su estatus legal, los empeños por reducir la demanda de marihuana pueden funcionar. Las comunidades que ponen en marcha estrategias locales conformadas por alianzas entre los padres, las escuelas, las comunidades religiosas, las empresas y, sí, las autoridades policiales de la zona, pueden reducir de manera significativa el consumo de marihuana. Unas intervenciones breves y el tratamientos de la adicción a la marihuana (que afecta a 1 de cada 6 jóvenes que empiezan a utilizarla, según el Instituto Nacional de Salud) también pueden funcionar.

Y un mito que no se encuentra en mi libro: “Colorado y Washington son ejemplos a seguir”.

La experiencia de la reciente legalización en Colorado de la marihuana con fines recreativos no es prometedora. Desde enero, los resultados positivos en las pruebas de THC en los centros de trabajo han aumentado, mientras que el número de padres que llama a los teléfonos de toxicología porque sus hijos consumieron productos con marihuana se ha incrementado significativamente. Además, la recaudación tributaria se ha quedado corta respecto a las previsiones originales y el mercado negro de la marihuana en Colorado sigue creciendo. Y aunque el estado de Washington no ha instaurado todavía sus leyes sobre la marihuana, el porcentaje de casos de conductores con resultados positivos en THC se ha elevado de modo significativo.

La normativa sobre la marihuana no es honesta. Cualquier normativa pública tiene costos y beneficios. Es cierto que una normativa que suponga antecedentes criminales y lleve a la cárcel a los consumidores no va en beneficio del mejor interés para la nación. Pero tampoco lo hace la legalización, que crearía una versión del siglo XXI de la industria tabaquera y reduciría nuestra capacidad para competir y aprender. Existe una forma mejor de abordar la cuestión de la marihuana: una que ponga el énfasis en intervenciones breves, la prevención y el tratamiento y que se demostraría como una alternativa mucho menos costosa que el statu quo o la legalización. Ese es el camino que debería seguir Estados Unidos y que podríamos denominar como la “Cordura del porro”.

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Damas y caballeros:

Menudo jaleo se ha formado a partir de ESTE ARTÍCULO de Sigfrido sobre el caso de Iñaki Urdangarín y cómo las masas adocenadas y marujas escandalizadas han celebrado ya su propio “juicio” y han dictado ya su propia “sentencia”, antes aún de que la Justicia se pronuncie sobre la culpabilidad o no del yerno de SM el Rey. Este lo ha complementado don Alfredo con otro artículo más sobre el mismo tema.

Cuando varios escriben sobre la misma cuestión, uno a veces no puede resistir la “tentación” de escribir también, aunque más que en Urdangarín en concreto me voy a centrar en un punto que ha tocado Alfredo sobre la conocida como “meritocracia”.

¿Sobre Urdangarín? Que la Justicia actúe y si las pruebas destruyen su presunción de inocencia que le sea impuesta la pena que legalmente le corresponda, pero yo paso tanto del “Salsa Rosa” que pretenden montar algunos como de las turbas que se lanzan a degüello sobre Urdangarín solo porque es miembro de la Familia Real de España. A estos últimos en absoluto les mueve una indignación por la gravedad que en sí puedan tener los hechos imputados, lo único que les mueve es el odio a la monarquía y la envidia hacia el imputado. Si en lugar de ser Urdangarín fuera otro individuo, evidentemente no habrían formado un escándalo como el que montaron cuando este señor fue a prestar declaración (o, a lo mejor, hasta lo apoyarían). De los dos artículos, en lo que sí estoy más de acuerdo con Alfredo es con el hecho de que este fenómeno no es exclusivamente español: en todo el mundo occidental hay un lamentable fenómeno de odio de las masas hacia lo que ellos consideran como las “élites”.

En cuanto a las lecciones “morales” que dan algunos con respecto a este asunto, habría qué ver hasta dónde serían capaces de llegar algunos de estos “honestos” y honrados” si por sus manos pasase tanto dinero como por las de Urdangarín, baste con recordar lo que dije AQUÍ:

“Por eso apropiarte de lo que no es tuyo siempre es ROBAR. Da igual la cantidad que se robe, siempre es un ROBO. Millones de euros que estafes o te apropies de los fondos públicos, o unos céntimos con los que te quedes cuando se equivocan al darte el cambio en una tienda. Es lo mismo: ERES UN LADRÓN SI HACES ESO. Hay muchos ateos y meapilas que se ufanan de su supuesta “honestidad” y están todo el día atacando a Urdangarín, Bárcenas o los imputados de la Junta de Andalucía por los millones que han presuntamente defraudado. Bien, habría que ver hasta dónde serían capaces de llegar ellos si pasase por sus manos tantísimo dinero como el que pasa por manos de toda esta gente. Suelen ser los mismos que, mientras dan lecciones morales con Urdangarín, roban a su empresa metiendo la mano en la caja, flojean durante toda la jornada laboral o se escaquean con bajas fraudulentas: LADRONES. Suelen ser los mismos que pontifican sobre la solidaridad y lo “malos” que son “los ricos que no ayudan a los pobres”, mientras se ponen ciegos de copas o cervezas sentados en la terraza de un bareto, sin hacer ellos nada. Que sean “pobres” no quita que en su corazón y espiritualmente sean unos VERDADEROS MANGANTES. Quien hurta, roba o estafa en lo poco, también lo hará en lo mucho. Todos los hombres llevamos en nuestro corazón el ser unos ladrones. El verdadero problema lo tenemos cuando negamos esto porque nunca lo hemos llevado a la práctica o a gran escala”.

Bueno. Referente a la llamada “meritocracia”, me quedo con esta frase del segundo artículo: 

“Para proteger la libertad, será necesario contar con un “establishment” o élite unificada dentro de la cual se eligen los líderes de dos partidos para que puedan competir y ganar elecciones, pero es necesario que los candidatos surjan al estílo japonés, que surjan gracias a la mano de élites en los partidos”.

Muchos sabrán que este término, “meritocracia”, es casi idolatrado por muchos “liberales” españoles (por los “liberales” que orbitan en torno a Libertad Digital y medios similares del “liberalismo” oficial español, desde luego, a esos les encanta hablar cada dos por tres de “meritocracia”), muestra de que la mayoría el conocimiento que tienen sobre el liberalismo clásico es el que hayan sido capaces de encontrar en el Google y pare usted de contar. Al igual que la izquierda progre, suelen partir también de un igualitarismo extremo erróneo y acabar rechazando cualquier autoridad así como cualquier cosa que entiendan como “privilegio injusto” o “élite”, y por ello suelen terminar también degenerando hacia un pensamiento completamente anárquico y demagogo.

Los defensores de la meritocracia pretenden eliminar cualquier clase de “élite” por considerar que las formas de pertenencia a las mismas son “injustas”: orígenes familiares, fortuna heredada, posibilidades de haber tenido una educación en las mejores escuelas y universidades. Para ello, pretenden sustituir esta élite por un cuerpo al que, sobre el papel, todos podrán aspirar a pertenecer en base a sus “méritos”. Presuponen que el sistema meritocrático siempre será “límpio y transparente”, es decir, que la “élite meritocrática” nunca se corromperá ni pondrá trabas a que otros puedan ascender en base a sus “méritos” y ser una competencia para ellos o sus hijos. Desafortunadamente, esto no ha sido así, sino que ha generado corruptelas y nepotismo, y ha sido el origen de la actual mediocridad generalizada en la mayoría de países de nuestro entorno.

Sobre el papel, al igual que el socialismo, la “meritocracia” que defienden algunos liberales tiene buenas intenciones: busca una sociedad teóricamente más justa en la que el acceso a la dirigencia de los destinos de un país esté abierto a cualquiera en base a los principios de “mérito” y “capacidad”. Pero veremos cómo esto forma parte de un pensamiento tan utópico como pueda ser el del socialismo.

Una economía de beneficencia pública (socialismo, comunismo, o cualquier forma de orden social) que le quita a un grupo para dárselo a otro es la iniquidad organizada como sistema. En tal sociedad, esta apropiación sin ley puede echar mano de lo que le pertenece al prójimo pidiéndole al Estado que sirva como instrumento de incautación. Una de las justificaciones comunes de tal sociedad codiciosa es que es “moralmente necesario”, dicen, hacer guerra contra el “privilegio particular”. El término “privilegio particular” es uno de los que más se abusa y también uno de los más peligrosos. Trae a la mente visiones de explotación y abuso, y produce una situación de prejuicio en dondequiera que se use. El término no ha hecho poco daño, y aunque es un insulto común de la izquierda, extensamente lo ha tomado y usado también parte de la derecha. Basta que a alguna cosa se le llame “privilegio particular” para despertar hostilidad en la mayoría de los casos.

Pero la verdad es que sin “privilegios particulares” ninguna sociedad jamás ha existido ni es probable que exista. Los privilegios particulares pueden ser buenos o malos, según el caso. Un presidente tiene privilegios particulares. Una esposa y su marido tienen privilegios particulares el uno con el otro. Los privilegios particulares son un elemento que siempre se da en la vida.

Si alguien es socialista hasta las últimas consecuencias, su forma de orden social será de una total igualdad material. Los estados marxistas siempre han sostenido el principio “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. En mayor o menor grado, todas las sociedades de beneficencia y socialistas sostienen este principio.

Pero, sin embargo, este principio marxista en realidad no elimina ni el privilegio particular ni la desigualdad. Incluso si se aplica de la manera más estricta, el principio marxista solo significa igualdad de riqueza, no de trabajo. La riqueza del exitoso se la dan al fracasado. Los privilegios particulares son por ello dados al incompetente, al que no tiene éxito y al holgazán. Mientras más estrictamente una sociedad marxista, o cualquier estado, trata de ser igualitaria, más radicales las desigualdades y privilegios particulares que produce. No hay “igualdad” en un orden en el cual la capacidad de los hombres se estorba o limita. El privilegio particular nunca fue eliminado en la URSS ni en ningún estado marxista. Al contrario, un orden algo coactivo y frecuentemente injusto de privilegio particular se cambió por un orden social basado en la coacción total, la injusticia radical y distintos privilegios particulares.

Ahora bien, ¿genera en cualquier caso un sistema “meritocrático” un orden social más libre y justo?

Algo que caracteriza a la meritocracia es el examen escrito competitivo. El propósito del examen escrito era originalmente examinar a los candidatos en educación clásica. Gradualmente, la prueba se volvió modernizada y ha probado aptitud, factores psicológicos e inteligencia general.

Una meritocracia, por tanto, insiste en exámenes y es hostil a la familia, porque la familia es el principal instrumento de toda la historia para promover privilegios particulares de sus miembros. En la idea meritocrática, en realidad, para poseer lo que heredas, primero debes ganártelo por tus méritos. Esto quiere decir que los impuestos a la herencia se deben usar para destruir el deseo de la familia de conferir privilegios particulares a sus miembros.

La familia siempre es el pilar de la herencia. El progenitor normal siempre querría entregar su dinero a sus hijos antes que a extraños o al Estado: el hijo era parte de sí mismo y al legarle la propiedad el progenitor aseguraba cierta “inmortalidad” para sí mismo. El progenitor hereditario nunca muere. Si los padres tenían un negocio de familia que en un sentido los incorporaba a ellos mismos incluso tenían mayor deseo de pasarlo a alguien de su propia sangre para que lo dirigiera. Los padres, al controlar la propiedad, también controlaban a sus hijos: amenazar sacar de un testamento a un hijo era casi tan efectivo como una afirmación de poder.

Por cientos de años la sociedad ha sido campo de batalla entre dos grandes principios: el principio de selección por familia y el principio de selección por mérito.

En una meritocracia, un rígido sistema de exámenes determina quién tendrá más educación y entrenamiento avanzado, y quién debe entrar en las profesiones.

La provisión de inteligencia superior es limitada, y todas las profesiones necesitan mentes superiores. El sistema de pruebas tiene la intención de ubicar y desarrollar tales mentes. Esto quiere decir que, debido a que una meritocracia dice tener un método científico de prueba para determinar la inteligencia y la aptitud, los que fracasan son fracasados en un sentido real. En una sociedad de privilegio particular se puede culpar de los fracasos al sistema y alegar que nunca se ha tenido una oportunidad. En una meritocracia, se ven obligados a concluir, en “base científica”, que son “inferiores”. La llamada “igualdad de un método de prueba”, por tanto, abre una brecha más honda.

Una meritocracia no solo produce un sentido más hondo de desigualdad, sino que no hace que afloren las mejores capacidades. Es interesante que el método de prueba provenga del trasfondo del servicio civil. En efecto, identifica y promueve la mentalidad burocrática, no al inventor ni al empresario. Está dirigido a una mentalidad estatista, no liberal.

La meritocracia, pues, produce una nueva “élite”, una clase especialmente privilegiada de intelectuales y burócratas que prospera bajo el sistema de examen, gracias a sus cerebros pero no a su experiencia o carácter. Produce una nueva clase gobernante estrictamente organizada en términos de estos nuevos estándares. Por ejemplo, Gran Bretaña fue reemplazando a sus antiguos lores con una nueva Cámara de Lores, compuesta de intelectuales y políticos profesionales.

El auge de la meritocracia tiene relación con las rebeliones estudiantiles de la segunda mitad del siglo XX. Los universitarios, producto de las escuelas estatales, creían en la autoridad de la ciencia y la tecnología y, en términos de meritocracia, muchos se veían a sí mismos como fracasos en potencia. Muchos, temiendo el fracaso en el mundo inhumano de la meritocracia, abandonaron los estudios y se volvieron vagos, sucios y desaliñados como protesta. Como reacción en contra del “igualitarismo” de la “meritocracia”, el igualitarismo comunista primitivo terminó apelando a ellos.

Mediante la aplicación de la meritocracia no se ha evitado el privilegio particular, sino que se ha cambiado de un grupo a otro. Además, aquellos que se aúpan a los puestos de privilegio en virtud de esta “meritocracia” dan privilegios particulares a sus hijos y en ocasiones se corrompen para mantener el poder alcanzado mediante sus méritos y capacidades, creando oligarquías. La familia de este modo se reafirma a sí misma, pero ahora reforzada por el poder de un estado monolítico.

La meritocracia llevada al extremo se ha revelado como una utopía y algo muy lejos de ser el sistema más “justo”, sino como uno que genera mucha más desigualdad, corrupción, siendo el origen del fracaso, descrédito y colapso actual de las instituciones en el mundo occidental.

Sin duda alguna, este domingo los cristianos en todo el mundo estarán alarmados ante un nuevo episodio de idolatría a gran escala y multitudinaria dentro de la Iglesia de Roma, la canonización del difunto Papa católico-romano Juan Pablo II (le va a acompañar en la distinción Juan XXIII pero la “estrella” del acto va a ser sin duda el ex-Papa polaco).

Paradójicamente, casi coincidiendo en el tiempo con lo que va a acontecer en Roma, un joven de 21 años ha muerto aplastado en Italia cuando una estatua dedicada a Juan Pablo II se ha derrumbado sobre él. Humanamente lamento la muerte de una persona, pero es imposible no recordar cómo la Biblia condena y enseña que quienes practican la idolatría están expuestos a la ira de Dios.

Este culto católico-romano a los muertos es uno de los aspectos más inquietantes de esta religión. En concreto, el culto a Juan Pablo II ya comenzó con su muerte en 2005, cuando se produjeron estrambóticas declaraciones en boca de algunos incluso considerados “cristianos”, como George W. Bush, cuando dijo: “El papa fue un hombre humilde y sabio, uno de los grandes líderes morales de la Historia, un héroe”, o Pat Robertson, el fundador de la Christian Coalition, que declaró: “El líder religioso más querido de nuestros tiempos y se ha ido a su muy merecida recompensa eterna”. A mi me parece que es muy probable que Dios diera a Juan Pablo II su “muy merecida recompensa eterna”, solo que seguramente no en el sentido que pensaba Pat Robertson, sino en un castigo eterno en el infierno (si es que murió creyendo en lo que creía y no se arrepintió), junto con todas las masas ignorantes a las que engañó. No hay que irse a los tiempos de Lutero o Calvino, hace tan solo unos treinta años prácticamente ningún protestante hubiera soltado esos elogios y piropos a un Papa de Roma.

Al margen del papel político que tuviera en la caída del comunismo soviético y el fin de la Guerra Fría (eso es otra historia completamente distinta), donde no fue más que un instrumento, la canonización de Wojtyla es un episodio más en la siniestra historia de Roma. Que la Iglesia Católica declare “santo” a este impresentable no dice nada nuevo, pues en la historia romana hay muchos canonizados que hoy serían considerados como verdaderos criminales. El mismo Wojtyla encubrió al pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a cambio de su dinero, y al que casi se le llega a canonizar, así como al fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer.

Juan Pablo II no es nadie a elogiar en absoluto por quien se considere cristiano. Este ex-Papa no era más que un falso profeta que se consideraba “infalible” y con una autoridad idéntica a la de Cristo. Lo peor de todo no es que se lo creyera él… lo peor es que millones y millones de personas se lo creyeran también, dando validez a una de las mayores estafas del catolicismo romano y siendo arrojados en los brazos de Satanás. En su catecismo se dice lo siguiente en el apartado 2035: “El grado supremo de la participación en la autoridad de Cristo está asegurado por el carisma de la infalibilidad. Esta se extiende a todo el depósito de la revelación divina (cf LG 25); se extiende también a todos los elementos de doctrina, comprendida la moral, sin los cuales las verdades salvíficas de la fe no pueden ser salvaguardadas, expuestas u observadas” (cf CDF, decl. “Mysterium ecclesiae” 3). También afirma el catecismo romano que el “Papa tiene poder universal, supremo e inmediato en cuanto se refiere a la protección de las almas”: Juan Pablo II se arrogaba a sí mismo el poder que solo tiene Jesucristo.

También se consideraba a sí mismo “vicario de Cristo”. Pero Cristo nunca puso como vicario a un hombre, sino al Espíritu Santo (Juan 16:13). No solo el Papa, la propia Iglesia de Roma toma el lugar de Dios Espíritu Santo (por eso la enseñanza católico-romana sobre el Espíritu Santo siempre ha sido tan defectuosa).

Juan Pablo II practicaba la mariolatría, permitía que los hombres se arrodillasen ante él, defendía los sacramentos de su iglesia como “medios de salvación”, negaba la suficiencia de la Palabra de Dios y defendía la práctica de pedir la “intercesión” por parte de difuntos, tarea en la que se empleo a fondo para “crear” más “intercesores” que todos los Papas anteriores juntos: ¡canonizó a 477 personas y beatificó a 1.318!

En esta predicación el Dr. John MacArthur resume magníficamente bien la postura protestante frente a todas estas prácticas presentes en el catolicismo romano (está relacionada con todo el entusiasmo generado con la elección de Bergoglio, pero viene al pelo para el tema de Juan Pablo II):

La verdad es que no tengo demasiado tiempo para leer y comentar en otros blogs, así que normalmente llegó un poco tarde a las novedades que van saliendo día a día, así que ayer mismo me encontré con uno, de hace ya una semana, sobre la II República española en el del amigo Pedro, “La República Heterodoxa”, con el que me he quedado gratamente sorprendido por la forma de tratar esa época histórica de nuestro país, así que merece la pena que empleen unos minutos de su tiempo en leerlo:

Desmitificando la II República

Es un periodo histórico sobre el que me gusta leer un poco de vez en cuando, y lo cierto es que, con todo el maniqueísmo extremista existente y la pseudo-historia que se ha escrito por parte y parte, da gusto encontrarse con artículos tan equilibrados y ecuánimes como este.

Generalmente en España, si el autor es izquierdista dirá que la II República era maravillosa y perfecta, mientras que la democracia actual es algo ortopédico que procede del franquismo; mientras que, si es derechista, la época republicana la verá como un verdadero infierno lleno de chekistas comunistas hasta en la sopa (y tratará de, si no defender, sí al menos justificar, aunque sea con la boca pequeña y disimulando un poco, al régimen franquista), así que no es normal, con lo que se despacha, que yo, que soy monárquico, coincida con alguien izquierdista y republicano en que el sistema constitucional de la II República tenía sus puntos buenos y positivos para lo que era la España de la época (los avances en la educación, primer momento en la historia donde existió una separación real entre Iglesia Católica y Estado, primeros intentos de una igualdad real ante la ley – la mujer ya pudo votar-, o la primera descentralización efectiva en la España moderna), aunque, por lo menos en cuestión de libertades, lógicamente el sistema constitucional actual, el de 1978, con sus imperfecciones en general es más avanzado que el de 1931.

Hoy quería tratar el tema de la cada vez más preocupante (para quienes amamos la libertad y seguridad en el mundo, para los liberticidas, no, eso está claro) y acusada rebaja de los fondos destinados a las FFAA de EEUU.

Contrariamente a lo que predican tanto progres com0 miembros de la derecha aislacionista libertariana o “paleocon”, ni la crisis económica actual tiene su origen en unos “desmedidos” gastos en defensa ni EEUU destina a sus FFAA una gran cantidad dentro de sus presupuestos, desde luego no demasiado alta para lo que son las obligaciones internacionales de los norteamericanos. Actualmente apenas llegan al 4% del PIB y se prevé que de aquí a 2023 (siempre según la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca) se desplomen hasta ¡el 2,4%! Es decir, porcentajes aún inferiores a los de los años 90, cuando EEUU acababa de salir de la Guerra Fría.

El panorama actual es muy similar al de aquellos años, cuando se saquearon los fondos de seguridad nacional para alcanzar metas fiscales, en la creencia de que EEUU no iba a tener que involucrarse en ninguna operación militar de gran envergadura en los años siguientes (lo cual quedó desmentido cuando las tropas americanas tuvieron que ir a Afganistán en 2001 e Irak en 2003). O, yéndonos más atrás en el tiempo, cuando en los años 70 las FFAA quedaron reducidas casi al mínimo tras la retirada de Vietnam de forma que apenas podían llevar a cabo misiones por falta de equipos y personal, como corroboró dramáticamente el fracaso en el intento de rescatar a los rehenes norteamericanos en Irán en 1980. Pero, tras el desplome de la URSS, rápidamente se olvidó esta amarga lección puesto que, nada más asumir el cargo en 1993, Bill Clinton se dedicó rápidamente a desmantelar las sólidas FFAA desarrolladas por Ronald Reagan en los años 80 y que llevaron al fin de la Guerra Fría en tan solo unos pocos años. La consecuencia volvió a ser dramática: mientras el tirano y genocida Slobodan Milosevic perpetraba en la antigua Yugoslavia limpiezas étnicas nunca vistas en Europa desde el fin de la II Guerra Mundial, a EEUU costó muchísimo tiempo y esfuerzo reaccionar e intervenir en Bosnia y Kosovo.

Ahora mismo, EEUU se encuentra envuelto en un nuevo gran recorte presupuestario post-bélico en materia de seguridad y defensa, un nuevo error en que incurren las administraciones norteamericanas cada vez que salen (o creen salir) de alguna guerra. Barack Obama (y sus admiradores) creen que el “momento bélico” ha pasado ya y que, en consecuencia, hay que relajar el musculo militar porque, total, “ya no hay graves problemas en el mundo” que requieran unas FFAA poderosas y con capacidad de actuar en cualquier parte del globo terráqueo.

Pero Obama no solo pone en riesgo la seguridad de EEUU sino la de sus aliados también, puesto que ¿de qué “época de paz” se puede hablar en la actualidad?

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos contabiliza actualmente 46 conflictos armados. La región de Oriente Medio es un hervidero de inestabilidad (ya mencioné en una entrada de hace meses cómo solo EEUU puede evitar que esa zona caiga en el caos y la anarquía más absolutas), China está probando sus fuerzas contra aliados como Corea del Sur o Japón en los mares del Sur y el Este de China, Rusia acumula miles de tanques y soldados en su frontera con Ucrania, después de haber anexionado unilateralmente la península de Crimea, mientras Corea del Norte sigue con sus bravuconadas nucleares. Hay más: el director de Inteligencia Nacional estadounidense, James R. Clapper, declaró recientemente que, en sus 50 años de experiencia en los servicios de inteligencia, nunca había visto un momento con mayor número de crisis y amenazas en todo el planeta como el actual, con el actuar a lo largo de todo el planeta de más de 1500 grupos o grupúsculos terroristas. La Base de Datos del Terrorismo Global registró más de 8400 atentados terroristas en 2012, el máximo hasta la fecha. El teniente general Michael Flynn, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, también ha declarado que la guerra cibernética es actualmente toda una amenaza constante para la capacidad norteamericana de planificar, preparar y disponer sus fuerzas para futuros conflictos y que las armas de destrucción masiva y los misiles balísticos son una amenaza grave y persistente. ¿Está preparada la seguridad norteamericana para una hipotética “guerra cibernética” a gran escala? ¿Tiene EEUU actualmente capacidad de reaccionar si se dan a la vez contingencias como que Corea del Norte decida atacar a Corea del Sur, mientras China invade con anfibios y tropas Taiwán o alguna isla de posesión japonesa y mientras Rusia decide que la población de rusoparlante de Letonia, un aliado de la OTAN, merece la misma “protección” que la de Crimea? ¿Tendría que dar EEUU por perdido uno de esos escenarios? La respuesta está en la propia Revisión Cuadrienal de Defensa (QDR) del Pentágono, que reconoce que unas FFAA más pequeñas suponen un esfuerzo mayor para la capacidad americana de responder simultáneamente a más de una gran contingencia al mismo tiempo.

¿Puede parecer esta situación de varias contingencias a la vez demasiado pesimista, irreal o hasta fantasiosa? Bueno, hasta que tal cosa ocurre, puede ser. Hasta que se dan situaciones como en la II Guerra Mundial, cuando EEUU tuvo que dividir sus fuerzas para combatir a los nazis en Europa y a los japoneses en el Pacífico, o en los 90, cuando, a la vez, se encargaron de hacer cumplir zonas de exclusión aérea sobre Irak y Bosnia, mientras participaban en operaciones en Somalia, Bosnia, Haití, Liberia o la República Centroafricana. En cualquier momento pueden desatarse de la noche a la mañana varios conflictos a la vez en las zonas más variopintas del mundo. ¿Cómo hablar, vista la situación actual, de que hay que adaptar la estrategia a una “época de paz”?

Lo peor de todo es que el secretario de Defensa de Obama, Chuck Hagel, reconoce los riesgos de disminuir los fondos destinados a defensa en la situación internacional actual, pero, aún así, confía en que EEUU podrá manejarse con unas FFAA más pequeñas… si lo compensan con avances tecnológicos o si los aliados dentro de la OTAN incrementan sus gastos en defensa (suponer esto último debe ser una broma). Esto último revela que la administración norteamericana conoce los riesgos que existen pero prefiere no abordarlos, mejor meterlos debajo de la cama, como si por no verlos dejasen de existir por arte de magia. No es una “postura estratégica” sino un cálculo político: cansado de la guerra y deseoso de gastar más dinero en programas internos, Washington ha elegido arriesgar con el asunto de la seguridad nacional.

Pero, aunque muchos no quieran verlo (empezando por el propio presidente americano hasta el anti-americano más desarrapado), el que tengamos un mundo un poco mejor, más libre y próspero, de lo que pudiera ser (de todos los niveles de caos y tiranía a que pudiera llegar) se debe a que EEUU generalmente a lo largo del siglo XX ha tenido unas FFAA capaces de actuar incluso en varias partes del mundo a la vez y de aplastar a todo tipo de dictadores grasientos y terroristas macarras (“curiosamente”, EEUU sustituyó en el siglo pasado a la otra gran potencia anglosajona y protestante, el Reino Unido, en esta misión de estabilizar el mundo). Me voy a permitir traer aquí esta declaración de don Alfredo:

Discutiendo esta mañana con un conocido por aquí, sobre el término “neocon”, he llegado a la conclusión que aquellos que más usan la palabra “neocon” realmente sufren de daños cerebrales o algún trastorno emocional. Mañana voy a publicar un macro artículo que NO será del agrado de los enemigos de la grandeza, el poder militar y la defensa de la libertad en todos los rincones del mundo. La idea de …defender la libertad con fuerza si hace falta no es nada nuevo para los liberales ni para los republicanos. Gracias al “militarismo” americano, los cánceres del nazismo, el imperialismo japonés y el comunismo soviético fueron derrotados. Todas esas victorias responden al mismo sentir profundamente arraigado en el subconsciente de un país protestante en origen: no toleramos el mal y pensamos que se debe combatir con fuerza cuando es necesario. No se trata de un idealismo absurdo sino precisamente de todo lo que pone nervioso a los que se declaran “anti” neocon: la disposición para acumular poderío militar y usarlo, una defensa enérgica de nuestros principios, descontento con el status quo y creer que existe la posibilidad para cambiar. Así que yo seguiré ondeando la bandera americana por la libertad, seguiré defendiendo las intervenciones militares (y las que hagan falta) , y jamás, jamás me voy a avergonzar por defender que se pueda usar la fuerza para tumbar a los criminales dictadores y terroristas en este planeta para tener un mundo más capitalista, más globalista, más liberal. Y a los que no les guste eso, que se vayan con sus colegas dictadores para que les dén por el culo. No os debemos nada, nada. Nada”.

AMÉN.

Buenas noches.

Señores:

¿No se han parado alguna vez a pensar en que detrás de la tirria de muchos hacia cadenas como McDonald´s, Coca Cola, Starbucks o Dunkin´ Donuts, por citar unas pocas, lo único que hay es odio de algunos fracasados y amargados de la vida al libre mercado y animadversión solo por el hecho de que se trata de grandes multinacionales americanas?

Algunos de ellos dicen que no consumen sus productos para “no darles dinero ni promocionarlas”, como si acaso estas empresas dependiesen de su dinero para tener viabilidad (más bien, a algunos de estos fumetas y pelanganos vendría muy bien que esas cadenas les promocionasen a ellos… así tendrían algo más de dinero para porros).  

En eso precisamente estuve pensando el domingo de la semana pasada por la noche mientras me daba una vuelta por la zona de Atocha en Madrid y no paraba de ver por las calles, uno detrás de otro el típico bareto español sucio, cutre y cañí (esa noche, además, atestados de gente viendo por TV la derrota del Real Madrid). Encima, después de echar una ojeada a los precios en buena parte de ellos (por auténticas birrias de platos, que uno perfectamente se los puede hacer en casa tirados de precio, llegaban a pedir 10 € o incluso más) llegue a la conclusión de que en Madrid está ocurriendo exactamente igual que en otras ciudades de España como el caso de Sevilla, es decir, que los bares de las zonas más históricas están quedando para engañar y pegar un buen sablazo a turistas despistados. De verdad, si van a Madrid ni se les ocurra pararse a comer por la zona de Atocha, salvo que tengan gusto a eso de recibir puñaladas traperas en el bolsillo.

Pero, a lo que iba, no hubiera estado mal que hubiese menos baretos y más McDonald´s por la zona. Por lo menos, habría sitios mucho más limpios, agradables (eso seguro, puesto que la atención al público en la hostelería española es pésima, y lo podemos dejar ahí siendo benevolentes), económicos y ricos. ¿Comida basura? No más basura que lo que ponen ahí. Desde luego, una “basura” mucho más limpia y por lo general con menos grasas y calorías. ¿Tienen acaso los embutidos, que tan ricos se consideran y nadie los llama “basura”, menos grasa que la comida del McDonald´s? Si alguien coge un filete, lo mete en pan y se come una ensalada se considera una buena comida… si lo hace McDonald´s, de golpe y porrazo pasa a ser: “comida basura”.

Es verdad que hay pseudo-documentales propagados por algunos conspiranoicos (sí, de esos que cuando van por la calle constantemente están mirando asustados a su espalda no sea que les estén siguiendo hombres de negro, o mirando al cielo no sea que agentes del gobierno les estén vigilando desde helicópteros) pero son una tontería. Si tan mala, nociva y peligrosa es la comida de McDonald´s y quienes dirigen esa corporación (u otras multinacionales de comida rápida) son unos psicópatas que nos quieren envenenar, ¿cómo es que lleva tantas décadas en tantos países serios? Estas cadenas están sometidas a todo tipo de controles internos, de sanidad y están a la vista de todos los consumidores, con lo que, al final, son las que tienen mejor higiene.

¿Cuál es la clave del éxito de esta cadena?

Dar a los consumidores (lo que manda en el mercado) lo que quieren con una relación calidad-precio muy razonable (o sea, producir y vender algo que quiere la gente… a diferencia de lo que producen las cabezotas de todos los llamados “anti-imperialistas”, “anti-sistema”, “alternativistas” y “anti-capitalistas” que tanto protestan contra estas empresas), además, adaptándose a la situación de crisis económica.

Como modelo de negocio es estupendo por lo magníficamente bien que llevan a cabo la duplicación a través de su estrategia de internacionalización, donde destaca una amplia cobertura de franquicias (sistemas de comercialización de productos o servicios protegidos por Derechos de Propiedad Intelectual del franquiciante) a nivel mundial: el 80% de los negocios de McDonald´s en todo el mundo son franquicias. La duplicación se da en todo negocio que tiene su propio sistema, con dueños que tienen a otras personas trabajando para ellos y que siguen ese sistema sin salirse de la ruta marcada. Un sistema que permite al dueño no tener la necesidad de estar presente, que puede dejar de acudir a su empresa y ésta siempre estará en pleno rendimiento, gracias a que aplica un sistema que se ha demostrado efectivo y que no requiere de su propio trabajo. Así, todos los McDonald´s del mundo funcionan igual de bien, son igual de baratos, la atención es igual de excelente y están igual de limpios, pese a su presencia en 119 países del mundo, con una estimación de 58 millones de clientes, 31.000 establecimientos y casi cinco millones de empleados. Además, millones de jóvenes de todo el mundo han conseguido su primer trabajo en McDonald’s. Otra de sus ventajas, una cadena que crea mucho empleo entre los jóvenes, que, aunque sea solo su primer trabajo, al menos es una inserción en el mundo laboral o una ayuda para que muchos paguen sus estudios.

Y, aclaro para terminar, ni cobro comisiones de McDonald´s por hablar bien de ellos ni soy aficionado a comer allí. Punto final.

Buenas noches.

En medio de denuncias de la ONU exigiendo al Papa que entregue a las autoridades a todos los sacerdotes que estén implicados en abusos sexuales sobre menores y de escándalos como el del blanqueo de dinero negro a través del Instituto de Obras para la Religión (IOR), esta semana pasada no se le ocurre al presidente de EEUU, Barack Obama, cosa mejor que plantarse en el Vaticano para agasajar con una visita oficial a Francisco I.

Obama no es quien inició la relación entre EEUU y el Vaticano, solo es un paso más en la cada vez mayor influencia de Roma sobre la política interna norteamericana. Obama se lleva de regreso a la Casa Blanca un ejemplar de la exhortación “Evangelii Gaudium”, prometiendo que será uno de sus libros de cabecera cuando se encuentre en el Despacho Oval y se sienta “frustrado”, es decir, como una especie de libro de “autoayuda”. Ha invitado a Francisco I a visitar la Casa Blanca, confirmándose el viaje para finales de 2015. Y, bueno, no solo va a ser una mera visita: el Papa Francisco ha recibido ya la invitación para pronunciar un discurso ante las dos cámaras del Congreso americano reunidas en sesión conjunta. 

Una vez más, el mismo problema cada vez que se trata de relaciones con el Vaticano: ¿Qué es el catolicismo romano? ¿Un Estado o una religión? ¿Una mezcla de las dos cosas? Digamos que es una organización que busca el poder a cualquier precio y su infiltración en todos los ámbitos de la política y la vida pública en los países de todo el mundo (en este caso concreto, en EEUU) empleando en cada ocasión lo que más le interesa: en unos las prebendas y privilegios de ser un “Estado”, y en otros las de ser una religión.

La Iglesia Católica, empleando la máscara de la llamada “Santa Sede”, se introdujo en la ONU con la condición no de “Estado miembro”, pero sí de “observador permanente”, lo que le permitiría votar, dar discursos y participar en todos los foros de las Naciones Unidas de una forma inaudita como no se permite hacerlo a ninguna otra religión o grupo confesional (los cuales tienen una consideración muy similar al de meras ONGs). En cambio, cuando se presenta con la otra identidad de su naturaleza híbrida, es decir, como una religión, en aras de la “libertad religiosa”, consigue el privilegio de propagar en diferentes ámbitos (fundamentalmente, los educativos) los postulados políticos e ideológicos que defiende cuando se presenta con la identidad estatal: ¿Alguien en su sano juicio vería lógico y normal que teocracias como Arabia Saudí reclamasen un derecho a que en las escuelas públicas (o privadas, o concertadas) españolas se enseñasen los fundamentos ideológicos extraídos del Corán por los que se rige esa teocracia? Seguramente, “liberales” seguidores de Hazte Oír u otras organizaciones ultra-católicas, que reclaman lo mismo para el Vaticano, se llevarían las manos a la cabeza y chillarían más fuerte que una puta en celo.

¿Qué define a una “entidad estatal”? La Convención de Montevideo sobre los Derechos y Deberes del Hombre establece los siguientes requisitos: “El Estado como personalidad de derecho internacional debe reunir los siguientes requisitos: (a) una población permanente, (b) un territorio definido; (c) Gobierno, y (d) una capacidad de entrar en relaciones con los demás estados”.

¿Cumple todo eso la “Santa Sede”? Es obvio que NO. No tienen población permanente, dependen en todo de Italia y no tienen un territorio definido, pues su única función es la administrativa de gobernar a la Iglesia Católica en todo el mundo.

El reconocimiento de EEUU al Vaticano, inimaginable en sus orígenes, no fue cosa de un día para otro, fue un proceso de dos siglos. Obviamente, en aquellas tierras libres y protestantes al principio se desconfiaba de sobremanera de las actitudes totalitarias y liberticidas de Roma y los papistas, por eso el procedimiento de asimilación vaticana al paisaje norteamericano debía ser silencioso y sin prisa pero sin pausa.

El cambio, evidentemente, no se ha producido en Roma: se ha producido en EEUU por el abandono de sus raíces puritanas y protestantes. Precisamente la idea de libertades que los fundadores llevaron a esa tierra era la liberación de lo que el Vaticano, como institución política y religiosa, supone.

La naturaleza autoritaria y tiránica de Roma era perfectamente conocida en los recién nacidos EEUU por hechos como la reacción airada del poder papal ante la promulgación de una carta de tolerancia religiosa en el estado de Maryland en el siglo XVII. Maryland había sido creado a partir de la petición del ferviente católico George Calvet Baltimore, que solicitó carta al rey Carlos de Inglaterra para constituir un lugar de acogida y protección para los católicos en las tierras americanas. Tras su muerte en 1632, al final se la conceden a su hijo, quien forma una colonia en 1634. La capital del estado recibió el nombre de Santa María (más tarde se trasladaría a Annapolis) y el gobernador promulgó la referida norma de tolerancia religiosa (otro remedio no tenía estando en el contexto que estaba). Aunque la promulgasen católicos, eso era intolerable para el Vaticano, que no reconoció la situación de Maryland ni nombró allí ningún obispo. Fue décadas después 1715, año en que el cuarto Lord Baltimore se convirtió al anglicanismo, que pasó a ser religión oficial en ese estado, cuando John Carroll fue nombrado obispo (posteriormente, arzobispo), convirtiéndose Baltimore en la primera diócesis. Para el Vaticano era primordial “proteger” a los católicos de esas tierras del peligro de filosofías tan “perniciosas” como las de libertad política y religiosa. Para el Vaticano, la colonización católica española y portuguesa en América era una “bendición”, la anglosajona y protestante, una “maldición”.

En 1823, el presidente estadounidense Monroe escribió unas reveladoras palabras: “[…] mientras ésa [Europa] trabaja para convertirse en casa y domicilio del despotismo, nuestro esfuerzo debe de ser claramente hacer nuestro hemisferio casa y domicilio de la libertad. … Y [después de las tropelías de Bonaparte] ahora continuada por la también ilegal Alianza, llamándose a sí misma Santa”. Para Monroe, la acción absolutista y despótica de las naciones europeas englobadas en la “Santa Alianza”, cuyo sustento ideológico estaba en el Vaticano, era un peligro existencial para EEUU. Todo eso estaba clarísimo entonces. Hoy, en absoluto.

Sin embargo, con el paso de los años, EEUU comenzó a dejar de ver tan “amenazante” al Vaticano. El protestantismo dejó la Biblia y se fue haciendo cada vez más relativista, pasando de defender el Evangelio a defender algo llamado “valores cristianos” o “valores religiosos”, buscando espacios comunes con todas las religiones, sobre todo con el romanismo, mientras surgía tras la II Guerra Mundial un tremendo enemigo como era la Unión Soviética.

Pese a advertencias de teólogos calvinistas como Lorraine Boettner, quien señalaba en su obra “Catolicismo Romano” que Roma era “un cordero cuando está en inferioridad, un zorro cuando está en igualdad y un tigre cuando está en superioridad” y que el romanismo era un peligro “igual o mayor que el comunismo” para EEUU, el caso es que la Iglesia Católica Romana comenzó a presentarse como un aliado y baluarte frente al comunismo que podía ser considerado como un aliado posible y muy válido.

Todos los acuerdos y declaraciones de Roma en contra de la libertad religiosa y política eran conocidos, pero se encargaron con sus discursos de camuflarlos sutilmente. La misma entidad que en el siglo XIX condenaba duramente, de puño y letra de sus mismísimos papas, el liberalismo político y la tolerancia religiosa, ahora resultaba ser una defensora de la “libertad” y los “valores” (sobre todo esto último). Un jesuita llamado Charles Edwards Coughlin se encargó de utilizar masivamente los medios de comunicación para presentar a la Iglesia de Roma como una defensora de los “derechos civiles” y una iglesia de “valores”, donde caben todos. Este sujeto había sido durante la II Guerra Mundial un antisemita declarado que justificaba la persecución nazi contra los judíos, pero en plena Guerra Fría se presentaba como una especie de apóstol de la “justicia social” y las “masas oprimidas”, por medio de un programa radiofónico que tenía millones de oyentes, siendo líder de audiencia.

Roma era cada vez menos extraña en EEUU, cada vez se iba haciendo casi tan americana como la bandera de las barras y estrellas. Otro jesuita, el cardenal Francis Spellman, se encargó en la televisión de seguir presentando un catolicismo romano muy “americano”, ecuménico, atractivo, defensor de los “derechos sociales”, contraria al aborto, defensora de la familia y anticomunista.

No solo muchos protestantes se unieron a Roma en abrazo de estos “valores”, también los presidentes americanos empezaron a cogerse de la mano con el papado, aun cuando EEUU no tenía todavía relaciones oficiales con el Vaticano.

Este reconocimiento total llegó en 1984, en el marco de la ofensiva final de la Guerra Fría frente al bloque soviético. Para Reagan, el nombramiento del Papa polaco Karol Wojtyla era una oportunidad de oro de desestabilizar primero a Polonia y luego al resto del bloque comunista, la URSS incluida. Para esa época, el catolicismo romano en EEUU ya era prácticamente “americano”. Pero lo más “oficial” que había existido hasta entonces era una delegación comercial de EEUU en el Vaticano. Es en los 80 cuando se nombra el primer embajador estadounidense ante el Vaticano, mientras la administración Reagan era copada en su sección internacional (incluida la CIA) por militantes católicos.

Este idilio, por supuesto, continuó con otros presidentes, hasta llegar a Obama con su invitación a que Bergoglio de, nada más y nada menos, que un discurso ante el Congreso y el Senado.

Según EEUU cada vez es más “católico”, al mismo tiempo, es más socialista. A más papismo, más socialismo. No es lo único, pero es muy influyente, papismo y socialismo son dos fuerzas que se retroalimentan (en España lo hemos visto claramente en los últimos años). Cada vez más gente allí es más indolente, más quiere vivir del dinero ajeno, más estatista y más fascista. Algo que ya he dicho antes en alguna ocasión: mí me gusta y me siguirá gustando mucho Ronald Reagan, pero puede que fuera demasiado lejos en su alianza con Roma contra la URSS, sobre todo porque se rebasaron todas las líneas rojas en cuanto a la separación Iglesia-Estado (de origen cristiano protestante) que siempre había caracterizado a los EEUU. El caso es que desde esa alianza que parecía iba a ser “puntual” con Roma contra el comunismo soviético, EEUU cada vez se está “papistizando” más (hay que recordar el apoyo de Roma primero a las oleadas migratorias de católicos italianos e irlandeses, en el siglo XIX, y, actualmente, de latinoamericanos). Y eso es contrario a la historia liberal, democrática y cristiana de los EEUU. Roma nunca ha sido un poder irradiador de libertad, sino de tiranía. Cuidado con las “alianzas” y eso del “enemigo común” que Roma es como un pulpo: si te abrazas con ella, te enrosca los tentáculos y no te suelta.

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Hablando de pulpos, este cartel es una muestra de cómo todavía era percibida a finales del siglo XIX la expansión y la ganancia de poder político e influencia por parte del papado en EEUU: la corona papal es identificada con los tentáculos de un pulpo en forma de ignorancia, corrupción, superstición, tiranía, prejuicios, romanismo, egoísmo.

 

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