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Como todos saben, el pasado domingo se votó la segunda vuelta de las presidenciales en Francia y François Hollande, el candidato socialista, derrotó al oficialista Nicolás Sarkozy. Por poco, ajustado, pero victoria final.

 Ya dije en la entrada anterior sobre este tema que no es la ideología de Hollande lo que más me interesa ahora mismo, ni lo que haga o deje de hacer en su país. En política interior parece que va a impulsar una agenda muy similar a la de Zapatero en España: “matrimonio” y adopción homosexual, ampliación de la regulación del aborto, eutanasia (esto en España se quedó en debate), etc. Nada nuevo, por otra parte, en un país que no es que sea un dechado de moralidad, como Francia sin necesidad de que llegara al poder Hollande (tampoco España lo era antes incluso de ZP, conviene recordarlo). Por lo demás, llega a la presidencia de un país con muchas incertidumbres, no tan mermado por la crisis económica como otros pero en el que las opciones “antisistema” ganan posiciones. A ver el avance del Frente Nacional y los comunistas en las próximas legislativas, que puede ser sustancioso. Sarkozy ha terminado siendo víctima de sí mismo, de la crisis, del sometimiento a Alemania y de no haber logrado atraer el voto lepenista y el de centro en cantidad suficiente. Adiós a alguien que ha sido una pesadilla para todos los euroescépticos por la contribución tan innegable que ha tenido, como asistente de Frau Merkel a apuntalar ese ente antidemocrático (famoso por el eslogan “las votaciones se repiten hasta que salga el resultado que a mí me guste, ¡EA!”) llamado Unión Europea. 

Lo esencial es lo que supone para la UE y, fundamentalmente, para España. En nuestro país, ha supuesto un pequeño “alivio” para el PSOE el que un socialista llegue a la presidencia de un país importante de la UE, y, paradójicamente, para el Gobierno de Rajao (el presidente translucido: una cosa era el narcisismo de González, Aznar y Zapatero, y otra lo del actual, es casi imposible verle, ni siquiera oírle), puesto que ahora pueden confiar en que roto el eje entre Angela Merkel (la líder) y Sarkozy (el mayordomo) hay una puerta abierta a que España pueda relajar el objetivo de déficit, fijado en el 5,3% para este año y en el 3% para 2013, de dificilísima consecución salvo que se suban más los impuestos (pero… ¿más?¿Para cobrarlos sobre qué?) y se recorten aún más los gastos. 

Y, porqué no decirlo, pudiera suponer (ya veremos, eso sí) un alivio también para el español de a pie, teniendo en cuenta que estamos en una situación en que ya poco se le puede exprimir más. Y en el que esta demencial política merkeliana de agarrar por el cuello a los “irresponsables” del sur “que solo saben estar tumbados al sol como lagartijas, rascándose la barriga” (es lo que pensará la gordinflona de Berlín), y llevarlos casi a la africanización, lo único que va a generar es estallidos sociales (en España, de momento, no han ido muy lejos porque el paro real seguramente no coincide con el estadístico, que no cuenta la economía sumergida) y situaciones como la de Grecia con el ascenso como la espuma y la entrada en el Parlamento de un partido neo-nazi (los que se hacen llamar “Amanecer Dorado”, neo-nazis de verdad, en el que los candidatos aparecen escoltados por cabezas rapadas bien musculados, nada que ver con los políticos de la ultraderecha en Europa occidental), ¿quién quiere eso? Un partido que ha ganado una barbaridad de votos, ¿cómo? Pues repartiendo bolsas con arroz, fideos, aceite y ropa entre familias pobres. Así de simple. Conquistar estómagos es el primer paso para conquistar voluntades. 

¿Qué quiero? ¿Más socialismo y más derroche de dinero? NO. ¿Tenemos que ser austeros? SÍ. Debiéramos tener una austeridad casi puritana. ¿Entonces qué hay de bueno en este giro ideológico dentro del eje franco-alemán?

Lo que quiero es más libertad, más democracia, más pluralidad, más soberanía de las naciones europeas, más capitalismo, más monetarismo. Con nuestra propia política. 

Hollande será más estatista y más amante aún del gasto público que Sarkozy (y Francia ya era de por sí uno de los países más estatistas de Europa), pero el que éste último ya no esté puede ayudar a la caída de esa Europa dominada por Alemania y de ese engendro en el que nunca debimos entrar llamado “euro”. La Merkel nos está imponiendo la austeridad. Sí, nos está dando todo un curso completo de austeridad a palo seco. Como he dicho antes, soy el primero que defiende la austeridad. Pero austeridad porque esa llegue a ser la cultura del pueblo español: ahorro, austeridad, seriedad, ser lo que exactamente somos (ni más ni menos), gastar siempre menos de lo que se ingresa. No porque una tiparraca nos la imponga desde fuera a la manera fascista. Ah, y por supuesto, nada de “austeridades” que tanto gustan a los politicastros tipo Esperanza Aguirre, la que no les va a tocar a ellos: así yo también soy muy austero. Austero yo, que soy autónomo y no sé cuánto dinero voy a ganar cada mes, y que, por tanto, no me puedo dedicar a gastar locamente lo que no sé si voy a tener en el futuro, sino que tengo que estar como una verdadera hormiguita. No la señora Aguirre ni los tertulianos engominados intereconómicos (aunque, por los rumores que corren cada vez con mayor insistencia, tienen muchas posibilidades de acabar en el paro). 

A ver si nos enteramos. La Merkel y Alemania no nos van a traer el “liberalismo”, ni nos va a salvar del “socialismo”, como, pareciera ser, creen muchos. ¿Acaso hay país en Europa más socialista que Alemania? Zapatero gastó mucho, muchísimo, en los últimos años pero hay que recordar que gracias, en parte, a los bancos alemanes que le facilitaron, durante los tiempos de bonanzas, todo el crédito que quiso para convertirnos, junto con otros países del sur, en un magnífico mercado para sus productos (ah, y gracias también, al alto precio que tuvimos que pagar en los 80, la desindustrialización). Por eso no termina de tener los ovarios de expulsar a Grecia de la UE, a pesar de que este país habría adquirido “méritos” de sobra. Ello, en una época en la que las cuentas de España estaban cuadradas mientras Francia y Alemania no cumplían los objetivos de déficit (y viene la Merkel ahora pretendiendo dar “lecciones”). ¿No se suponía que en Alemania sí saben hacer las cosas bien y por eso nos tienen que imponer sus recetas a “machamartillo”? No como nosotros, tan torpes y tontorrones, que necesitamos la tutela de fuera.

Caído Sarkozy, falta el jaque a la Reina, a la propia Merkel. Y no es nada desdeñable, viendo que las cosas han estado ajustadas con el SPD en los últimos comicios regionales.

Fin de la cuestión. 

Adiós, Sarkozy.

Antes de pasar a otros temas, vamos a echar una mirada a un evento programado en Madrid para dentro de algo menos ya de tres semanas (comienza el próximo día 25 de mayo).

Se trata del que ha sido denominado como “Congreso Mundial de las Familias”, que se celebrará en el Palacio de Congresos de Madrid. AQUÍ tenéis toda la información del evento.

Según sus organizadores, se abordará la actual “revolución contra la familia”, así como los ataques contra la libertad religiosa, enfocada en la persecución contra los cristianos, y su carácter será “no religioso”. Difícil imaginar cómo va a ser “no religioso” el carácter del Congreso cuando el grueso de sus participantes son miembros destacados de la jerarquía católica, trufados con algunos evangélicos, ortodoxos, judíos y hasta mormones, para que no falte nadie. No sé si habrá algún musulmán pero no sería de extrañar en absoluto. El panel de ponentes es “completito” como veis. Acudirán figuras destacadas de la Iglesia Católica, como el cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, Juan Antonio Reig Plá, Obispo de Alcalá de Henares, de la comunidad judía en España, como el rabino Moisés Bendahan Israel, de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, como el Arzobispo Dmitry Smirnov, y hasta un destacado miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones), Erich Kopischke (lo raro es que no acuda nadie por los Testigos de Jehová, ya puestos). ¿Evangélicos? La presencia más destacada es la del estadounidense Dr. Paige Patterson, presidente del Seminario Teológico Baptista del Suroeste, de Fort Worth (Texas), y su esposa Dorothy, Doctora en Teología y profesora de dicho seminario. Bueno, y, casi me olvido, ¡cómo no! No podía faltar César Vidal. Para que luego hable Vidal de “La Secta”, como llama a todo lo relacionado con la Iglesia de Roma en uno de sus últimos artículos en Libertad Digital. Pues aquí lo vemos compartiendo gustosamente mesa y micrófonos con “La Secta” (y seguramente percibiendo buenos emolumentos de “La Secta”, no lo sé, pero me extrañaría muchísimo que acudiese gratis).

Era un tema del que venía queriendo escribir desde la pasada semana, pero esta mañana me he “desayunado” con un muy buen artículo de Emilio Monjo, pastor presbiteriano en Sevilla, que me ha ahorrado bastante trabajo y que suscribo esencialmente.

Sobre el tema de la familia ya hablé AQUÍ. ¿De qué familia “cristiana” (dicen “familias” a secas pero es evidente que piensan en el modelo de lo que ellos entienden por “familia cristiana”) se puede hablar si ésta no se rige por los principios de la Escritura?

Si la desligamos de la autoridad de Jesucristo, es decir si no hablamos en los términos del Evangelio, sí, cualquier familia medianamente aseada, formada por hombre y mujer, aun cuando no sean creyentes, que trabaje honradamente, pague sus impuestos y cuyos hijos estudien o se formen para una profesión, y no sean ni gamberros ni borrachos ni drogadictos, cómo no, es una familia que reporta un bien a la sociedad y al país.

Ahora bien, será una familia “tradicional” (término que encanta a muchos), pero ¿hay “familia de modelo cristiano” solo porque sean padre, madre e hijos? ¿Estamos de chiste?

Estos caballeros que se van a reunir en Madrid han fijado un “molde” de familia que ellos entienden es el dador en sí mismo de bien y de bendición a la sociedad: el modelo familiar, NO el Señorío de Cristo. En ese molde de familia caben todos, pueden entrar todos los que profesen algún credo. sean de la religión que sea. Lo “religioso” es bueno, es guay, sea lo que sea. ¡Total, tío, todas las creencias religiosas tienen algunos puntos positivos! Según esa visión, el hombre necesita sometimiento a un modelo religioso, no regeneración por la acción del Espíritu Santo.

“No penséis que vine a traer paz en la tierra. Yo no he venido a traer paz, sino una espada. Porque vine a poner a un hombre contra su padre, a una hija contra su madre y a una nuera contra su suegra. Los enemigos de un hombre serán los miembros de su propia casa. El que ama a padre o a madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí” (Mateo 10:34-38).

¿En qué demonios estamos pensando cuando pretendemos “defender la familia” de forma “religiosa” con quienes no confiesan a Cristo, generando un falso “evangelio”? Ya vemos el valor que tiene para Cristo la familia, por muy “tradicional” (aaaaayy, tradicional, tradicional…) y “religiosa” que sea, cuando no está ordenada a SERVIRLE SOLO A ÉL: CERO PATATERO.

En cuanto al ecumenismo (porque esto no es más que una reunión ecuménica), desde hace un par de décadas, nos viene una idea desde los EEUU la idea de que el Evangelio debe ser, al parecer, no la buena nueva de que Jesucristo murió por nuestros pecados, resucitó a los tres días y puede salvarnos de la condenación eterna, sino una especie de “parapeto” frente a fuerzas laicistas cada vez más influyentes que están infiltrando todo.

Por supuesto, esto no es incierto del todo. Cada vez el laicismo (que no la sana separación entre la religión y el Estado) y el secularismo radical avanzan más. Y no solo retrocede la fe, sino con ella la libertad. En general, cada vez somos menos libres (y, cómo no, cada vez tenemos menos libertad religiosa). No hay nada malo en denunciar la falta de libertad religiosa, desde que, si llegara el caso, se aprobase una ley que impusiera multas a pastores evangélicos o sacerdotes católicos (o ministros de la religión que fuera) por predicar desde el púlpito contra el gaytrimonio o el adulterio, hasta lo más extremo, ataques y atentados mortales contra cristianos en países musulmanes. Hasta ahí, de acuerdo.

Pero distinto es diluir, edulcorar o descafeinar el Evangelio para buscar una falsa “unidad”, un lugar común en el que quepan todos, crean en lo que crean. O hasta pretender dinamitarlo para construir uno nuevo y falso. Todo por crear una especie de “frente común” (¡TODOS A UNA!) con unos objetivos que, al final, únicamente son políticos y absolutamente seculares. La “unión” hace la fuerza, no el poder de Dios. Esto se plasmó, hace 18 años, en el documento “Católicos y Evangélicos Unidos: La Misión Cristiana en el III Milenio”. Así apareció la noticia en el New York Times, el 30 de marzo de 1994: “Ellos han trabajado juntos (católicos y evangélicos) en contra del aborto y la pornografía. Pero ahora, líderes católicos y evangélicos están pidiendo a sus respectivos rebaños que den un significativo salto de fe: que finalmente se acepten unos a otros como cristianos. En lo que ha sido llamada una declaración histórica, líderes evangélicos incluyendo a Pat Robertson y Charles Colson (uno de sus principales proponentes), se reunieron con líderes católicos romanos conservadores para sostener y levantar los vínculos de fe que unen a los dos grupos religiosos más grandes y más políticamente activos del país. Ellos urgieron a católicos y evangélicos para que pongan un alto a la obra proselitista de sus respectivos rebaños. John White, presidente del colegio Geneva y ex presidente de la Asociación Nacional de Evangélicos (NAE), dijo que lo establecido por los líderes de ambos grupos representa un “momento de triunfo” en la vida de una América religiosa, después de varios siglos de desconfianza”.

“Católicos y Evangélicos Unidos” es un documento ecuménico en el que el verdadero Evangelio se rebaja tanto, con tal de que Roma pueda encajar en él, que hasta miembros de confesiones no cristianas podrían coincidir en muchos de sus puntos. Debido a que se utilizan términos que suenan muy “evangélicos”, tal documento es muy peligroso y solo conociendo lo que cada frase significa para ambos grupos, es que podemos darnos cuenta que el puro y simple Evangelio de salvación ha sido redefinido y acomodado para que parezca que no haya diferencias sustanciales entre protestantes y católicos. Este ataque al verdadero Evangelio de la gracia de Dios, todo por la “unidad” de los individuos, no la unidad en la verdad, no es nuevo y los resultados que estamos viendo en la actualidad, son el producto de varios años de cuidadosa planificación y diálogo entre los principales líderes tanto católicos como evangélicos. El resultado de todo ello es precisamente lo que estamos presenciando: una falsa unidad que hasta hace apenas unas décadas atrás parecía casi imposible. Es el legado de los Billy Graham, Charles Colson, Norman Geisler, Paul Crouch, etc.

De esos polvos vienen estos lodos. Ya no es solo fraternal reunión ecuménica entre protestantes y católicos, que, total, ambos creen en un mismo Dios trinitario, “¡¡qué más da!!”, sino incluso con judíos, mormones, a lo mejor, hasta musulmanes, o puede que incluso budistas… ¿por qué no? También tienen “buenos y sanos valores”.

Sin más, nos quedamos con el artículo.

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El ídolo de la familia tradicional

Emilio Monjo Bellido (publicado en Protestante Digital)

Las propuestas para la sociedad que hacemos aquí reclaman siempre el conocimiento real (dentro de nuestras limitaciones) de las cosas, la información, saber qué se quiere decir con lo que se dice. Para caminar es necesario saber dónde está nuestro pie, por eso avisamos de las perversiones del lenguaje que inducen la confusión. Por eso hoy tengo que avisar sobre la distorsión del lenguaje respecto a la familia .

Lo podría hacer en un sentido “general” (seguramente en el próximo artículo), pero realmente escribo con el referente del VI Congreso Mundial de Familias , que en “defensa de la familia natural”, se celebrará en Madrid este mes. Es una actividad religiosa que se oculta en el indecente discurso de que no es religiosa. Lo cierto e inconfundible del sonido religioso de la actividad convierte en sonido incierto y confuso la participación en ella de los cristianos evangélicos. A menos que ya se haya unificado la melodía, y estén bajo el estrado de Nos somos Pedro.

Reconozco el trabajo de J. Varela, y de algunos de los que le apoyan. Especialmente tengo que mencionar mi aprecio por el matrimonio Patterson, los doctores Paige y Dorothy Kelley, que aparecen en el programa del congreso. En el Seminario que él dirige en Texas, con la impagable colaboración de su esposa, acogieron con afecto a nuestros padres de la Reforma Española. Allí se explicó esta Reforma y “quedaron” como un bien reconocido para la extensión del Reino de Dios. Por ello, mi deuda de gratitud. Ambos estuvieron en Sevilla, con el gozo sincero de estar en un camino común de extensión del Evangelio con los del XVI. La Dra. Dorothy Patterson, con sus piernas dañadas, caminando con la alegría en su rostro por las pisadas de nuestros Reformadores, era toda una “predicación” de alguien que enseña (con buenos argumentos bíblicos) el bien de la mujer de “su casa”. El respeto que tengo para todos los que sirven al Señor me obliga a pronunciarme en contra de esta actividad. Es un engaño, del que sale un mensaje falso.

Si alguien se cree que esto no es religioso, que cada cual defina como mejor le parezca lo que tiene delante; pero un congreso con el apoyo y beneplácito del Vaticano, que anuncia el siguiente paso en el Encuentro de Milán, donde se honrará a Nos somos Pedro, Benedicto XVI, píntese como se quiera, será una actividad propia de la “nueva evangelización” que Roma ha proclamado. España será “evangelizada” con esa actividad . Supongo que ese es el sentir interno también de los evangélicos que participan, mas ¿qué evangelio se anunciará?

La familia natural, la familia tradicional, la familia fundada en los valores judeocristianos, es la Gran Predicadora, la Gran Sacerdotisa, en nuestro tiempo del Evangelio Natural . Ese evangelio que la teología filosófica (o la filosofía teológica) de Roma enseñó desde antiguo, contra el que se levantó la Reforma Protestante (y que parece que ahora algunos protestantes también defienden). En ese evangelio Cristo, con su obra perfecta hecha una vez para siempre, con el número de sus ovejas que nadie puede alterar, no es el Camino, ni el Único Mediador, sino un medio (puede que necesario) para que el hombre natural, con su recta razón, pueda llegar caminando hasta Dios. Además, es un medio que necesita la colaboración de la Virgen Inmaculada (que lo dio a luz), Mediadora entre los hombres y Cristo, en compañía de los santos. Sostén imprescindible de la familia tradicional, bajo alguna de sus advocaciones, tal como han expuesto varios de Nos somos Pedro . Un medio que está a merced de la gracia, fruto de sus méritos y el de todos los santos, pero que administra “La Iglesia”. “Iglesia” a la que se le ha concedido el privilegio divino de no conocer el error (por ello es la más alta y segura maestra de los mortales, y tiene un derecho inviolable a la libertad de su magisterio, sin el cual no habría salvación, y Cristo quedaría muerto y resucitado, pero sin posibilidad de aplicar su Redención). Que posee, además, todos los caracteres y todos los derechos propios de una sociedad legítima, suprema y totalmente perfecta. Por eso es donde únicamente se puede cumplir aquello de “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. De ahí que al Protestantismo, que le negó su condición de Madre salvadora, tenga el deber de suprimirlo por la fuerza o por la astucia. (Este congreso es un ejemplo de lo segundo.)

En la Escuela del Vaticano se enseña que lo natural corresponde al orden creacional, previo a la caída. El pecado, la caída, estropea ese orden, pero queda en él la facultad humana de la razón que, usada rectamente, puede arreglar las cosas . Lo natural ahora tiene un ser con tendencia hacia Dios, aunque convive con estorbos. Todo lo natural aquí en la tierra muestra su naturaleza correcta cuando camina y llega a Dios. Esto quiere decir, que no hay orden correcto de cualquier aspecto natural que no camine y llegue a Roma , donde está transferida (¿transustanciada?) la presencia de Dios. El Estado, la Familia, etc., están en oposición a su condición “natural” si ignoran o se oponen a “La Iglesia”.

De ahí la natural oposición de Roma a las falsamente llamadas conquistas de nuestro tiempo, como esa tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos; o esa otra que pretende justificar que el Estado no tenga religión, lo que equivaldría al indiferentismo (algo peor que el ateísmo) en materia religiosa, y daría lugar a la perniciosa igualdad jurídica indiscriminada de todas las religiones. No, el Estado, de su natural, debe tener religión pública, y si está en el orden natural apropiado, debe profesar la única verdadera (¿cuál será?).

La familia natural encuentra su sentido previo a la caída en su “consagración” por Roma . La fuente misma del matrimonio ahora es la Eucaristía, con el Rosario y otras muestras de sumisión a María como elemento nutricio básico. Si eso no se defiende, y este Congreso lo defiende, con aliados quizá un poco extraños, se caerá en un desorden de la familia, con el peligro de convertirla en una simple institución humana que se rige y administra por el derecho civil de las naciones, de donde han salido los inaceptables matrimonios civiles. Incluso la etapa previa a la aparición de la Iglesia Perfecta con los sucesores de Pedro, con la familia y otras instituciones amparadas y guiadas por ceremonias y sombras de la ley, es un tiempo donde lo perfecto del sacramento del matrimonio simplemente se apuntaba, pero no estaba otorgado por Dios, pues todavía no había dado a la Humanidad el bien luminoso del sacerdocio jerárquico vaticano, imprescindible para que el orden creacional no se corrompa. Siglos y siglos de profetas y pueblo que adora a Dios y le canta salmos, pero que no eran más que aprendices, tutores circunstanciales, hasta que por fin se le proporcionó a la Humanidad la Escuela infalible del Vaticano. El Espírito Santo habló en el Antiguo Testamento por medio de símbolos y sombras, hasta que nos habla en el presente por la voz nítida e infalible de Roma.

La familia como columna de la sociedad es simplemente la columna donde el Vaticano pone su altavoz para predicarse a sí mismo, y hay evangélicos que le sujetan los cables, imaginando que están sujetando esa columna. ¿Desde cuándo es prioritaria la familia para Roma? Como parte de la “cuestión social” le importó justo cuando perdió el dominio de los Estados Pontificios. Perdido el poder terreno, y recluida al perímetro del Vaticano en Roma, se dispuso la conquista del terreno social por otras vías. Así hasta hoy. Pero es lo mismo.

Cualquier discusión de algún tema social con Roma debe tener el recuerdo de cómo lo trató en su tiempo cuando tenía jurisdicción sobre los Estados Pontificios . ¿Por qué no se nos dan los documentos de gobierno de esos Estados? Seguro que ahí encontraríamos la guía para tantas cosas. Cuando Roma dice (solo en los contextos que le interesan) que es necesaria la libertad religiosa, tenemos el mejor ejemplo en sus leyes de libertad religiosa que estableció en sus Estados. Las libertades civiles, ¿dónde mejor encontrarlas que en la gobernanza de esos Estados? La que es verdadera y perfecta, guiada por el Espíritu Santo, ¿cómo no nos dará la mejor demostración de aplicación de los derechos humanos? Los derechos de los padres a educar a sus hijos según su conciencia; veamos cómo lo aplicaban en los Estados Pontificios, seguro que allí lo hacían muy bien. Los deberes de los ciudadanos para participar en política: igual. El ejercicio de la democracia: igual. ¿Dónde podrá el Vaticano mostrarnos mejor su defensa de los valores judeocristianos? Es más, viendo cómo gobernaban esos Estados veremos qué quieren decir hoy con eso.

Pero como abrazados a la columna de la familia natural están también algunos evangélicos (me parece que también algún mormón y otras expresiones religiosas), convendría que nos mostraran cómo en la Historia han gobernado en algunos lugares, y qué proponen ahora.

La familia natural “tradicional” durante siglos, descrita y presentada por la Palabra (esta sí, infalible) podía estar compuesta por un hombre y una mujer (siempre, y no puede eso cambiarse), pero también por más de una esposa . Al que se le dice que en él serían benditas todas las familias de la tierra, no parece que tuviera una familia según las medidas de lo que hoy se proclama. Las mismas tribus que componen la Congregación del Señor, nacen de una familia que no entra en el molde actual. Las promesas sobre el trono de David están dadas a uno que de la familia “natural” sabía bien poco. Las bendiciones de la familia que el Señor promete en los salmos, esa “mujer” en tu mesa, con tus hijos, con los hijos de tus hijos, se da y se canta con una situación en la que podía haber (legal, santamente) más de una esposa. ¿Se refieren a esto cuando proponen valores judeo -cristianos? (La familia, betab =casa del padre, en muchos casos tenia varias madres, con sus hijos respectivos.) Las ricas y benditas fiestas para conocer y experimentar la gracia de Dios, los tabernáculos, la pascua, pentecostés, se celebraran en la familia, con la familia, allí podríamos encontrar a fieles creyentes con sus hijos, en casas donde había un marido y varias esposas. ¿Qué hacemos con eso? ¿Lo consideramos un mal propio de que todavía no había aparecido la Iglesia Vaticana? [¿Qué haremos cuando los pueblos islámicos se conviertan a Cristo, porque se convertirán? Algunas familias la componen un esposo con varias esposas con sus hijos, confío en que nadie se le ocurra proponer que la única legal y válida es la primera con la que ese hombre se casó. No. Habría que aplicar las normas del Antiguo Testamento, con la luz del Nuevo. Por supuesto, para el futuro, ya no más de una esposa.]

Para que esto no se alargue demasiado. Pongamos una situación para ver por dónde está esa familia tradicional, natural. Acudamos, por ejemplo, a una plantación en algún lugar, donde encontramos a una familia tradicional, limpia, pulcra, heredera de aquél fariseo, con su pastor (o sacerdote) y todo. Los hijos respetan al padre, también a la madre. Pero esa familia es dueña de otras familias. Son esclavos. Su derecho es el sudor. También esos tienen hijos. Esos padres no pueden educar a sus hijos, ni gobernarlos: pertenecen al amo. Los puede vender, los puede casar con quien desee. ¿Cuál es la familia basada en los valores judeocristianos? Otros muchos ejemplos podrían aducirse. ¿Qué hacemos? Pues ver la realidad de la familia natural como un desastre. Las llagas y heridas, el dolor y miseria, de las familias aplastadas, están tanto en las altivas que salieron de los lomos del fariseo, como de las esclavizadas.

La columna de la familia no es más que excrecencia. Solo la gracia de Dios, desplegada haciendo llover para todos, permite la existencia de la sociedad. Las familias que llaman “desestructuradas”, arruinadas, en la soledad de la oscuridad del horizonte de su alma, no son peores que las sostenidas en la jactancia y el orgullo . Por ejemplo, lo que se puede edificar por medio de pegar al niño con una funda, o cable (no recuerdo bien), que proponía un sujeto que dice que es pastor evangélico, es tanta excrecencia como la peor situación familiar que uno pueda imaginar.

Mi radical rechazo a la estructura jerárquica de las iglesias, que se anuncian como un nuevo evangelio de salvación natural, es mi radical abrazo a todos los que estamos caminando. A todos los que sabemos que las esculturas (incluida la familia hecha un ídolo) no tienen vida, que solo sirven para sentirse vivos los que las adoran, para ocultar su muerte; a todos los que vemos nuestra mesa con la bendición de Dios, viendo nuestras miserias. A todos los solitarios, los aplastados, los que no pueden levantar la vista, los que nunca podrían dictar una ponencia en este Congreso de Familias.

La próxima semana, d. v., seguimos.

Autores:Emilio Monjo Bellido

©Protestante Digital 2012

Vamos a explicar en estas tres entradas, la de hoy y la del próximo domingo, las ocho bienaventuranzas que pronunció Jesús en el Sermón del Monte. A ver si nos vamos enterando de que el mensaje de Jesús es total y absolutamente “Cristocéntrico”, nada de tonterías de mensajes jipiosos ni de proyectos de reforma (o peor, revolución) social o económica. Ni tampoco que calificara riqueza y pobreza como situaciones morales en sí mismas, que es otra de las confusiones (o manipulaciones) que surgen a partir de las palabras de Jesús. 

Frecuentemente, este “monte” en el cual Jesús pronuncia el sermón, de nombre desconocido pero supuestamente situado en los alrededores de Capernaum, por lo que se puede deducir a través de los Evangelios, ha sido comparado y contrastado con el Monte Horeb, donde Moisés recibió la ley de Dios. Por lado, el Monte Horeb, un lugar desértico, frío, yermo, estéril, casi inaccesible, donde Dios se revela en medio de truenos y relámpagos que atemorizan al pueblo. Por otro, el Monte de las Bienaventuranzas, con sus laderas cubiertas de hierba y flores, donde Jesús se sienta tiernamente en medio de sus discípulos, que le escuchan sin temor ni temblor. Pero evidentemente, no hay tanto contraste. Cierto que en el Monte Horeb Dios revela su grandeza y su gloria, pero la ley es un regalo dado a los hombres en su inigualable amor. Además, nada de lo proclamado en Sinaí es desechado por Jesucristo, sino que Él le da su más profunda interpretación espiritual, la mejor interpretación que se haya hecho jamás de la ley. 

Primero, y en lo que nos vamos a centrar en estas dos entradas, Jesús habla estrictamente de los CIUDADANOS DEL REINO (versículos 5:12–16), del Reino de Dios, o Reino de los Cielos, describiendo su carácter y bienaventuranza (versículos 2–12), su felicidad por el hecho de serlo, y su relación con el mundo (versículos 13–16). Son sal de la tierra y luz del mundo (como vimos en estas dos entradas: AQUÍ y AQUÍ). 

La gente que escuchó a Jesús aquel día se debió quedar fascinada puesto que parecía referirse a que no eran los ricos, los alegres, los bien alimentados y los que no estaban oprimidos, que debían considerarse felices, sino más bien los pobres, los que lloran, los hambrientos y sedientos, y los perseguidos. Sin embargo, aunque no se refería a que necesariamente toda persona pobre, sino los pobres en espíritu, y no los hambrientos y sedientos sin calificación, sino los que tienen hambre y sed de justicia, fueran los bienaventurados, no obstante, seguía existiendo una inversión en lo que el hombre común entiende por “felicidad” o “bienaventuranza”. Lo que Jesús afirma es que, aunque todos consideren que sus seguidores son los más infelices y desafortunados, y aunque ellos mismos no siempre se consideres felices en cuanto a su condición, sin embargo, son “felices” en el sentido más elevado de la palabra por las bendiciones preparadas para ellos en el futuro y por las que gozan en la actualidad:

“Y viendo la multitud, subió en el monte; y sentándose, se llegaron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el Reino de los cielos” (5:1-3).

Para empezar Jesús no declara bienaventurados a los ciudadanos de su Reino porque sean pobres en bienes materiales. Posiblemente, quienes le escuchaban en ese momento concreto sí lo eran en su gran mayoría pero no es ese el motivo.

Les llama “bienaventurados” por ser pobres “en espíritu”, y aquí tampoco hay que confundirse pues no dice que sean pobres en espiritualidad o “religiosidad”, sino “con respecto a” sus espíritus: se han convencido de su pobreza espiritual ante un Dios santo y justo. Han llegado a ser conscientes de su miseria y necesidad y son como el publicano que clamaba: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). Hay en ellos un genuino arrepentimiento por sus pecados, comprenden su estado de miseria y nada esperan de sí mismos, todo de Dios.

Solo de ellos es el Reino de Dios, la salvación y todas las bendiciones que se reciben cuando se reconoce a Cristo como Señor y Rey de toda nuestra vida.

Esto lo vemos muy claro en Apocalipsis, cómo se puede ser pobre aún creyéndose rico, y cómo una persona puede ser verdaderamente rica en medio de su pobreza. Jesucristo, el resucitado y exaltado, se dirige a la iglesia de Laodicea de la siguiente manera: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad, y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:16–17). En cambio, dice a la iglesia de Esmirna: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico)” (Apocalipsis 2:9).

Como escribe Pablo, “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (5:4).

Los “pobres en espíritu” son también los que lloran.

La gente puede llorar por múltiples motivos (enfermedad, dolor, luto, ruina económica, etc.). Pero el lloro al que se refiere Jesús es distinto: es el de los que reconocen su miseria espiritual y tienen “hambre y sed de justicia” (la cuarta bienaventuranza). Es el lloro de alguien que lamenta su pecado y sus consecuencias. No tiene que ser necesariamente un lloro en el que se derraman lágrimas (hay muchos lloros lacrimógenos e hipócritas, en los que no hay ningún arrepentimiento) pues, hay que recordar, la vida cristina es una vida espiritual, y esto también hemos de entenderlo así. Es un deplorar hasta lo más profundo del corazón el pecado que uno ha cometido. Pero, más todavía: aquel que ha sido regenerado aprende a amar a Dios a un grado tal que comenzará a llorar a causa de “todas las obras impías que los impíos han hecho impíamente” (Judas 15). Puesto que llega a aborrecer el pecado como si fuera la enfermedad más maligna, no puede ni pensar en que blasfemen el nombre del Señor, no porque él mismo se considere moralmente superior a otros pecadores, sino porque le apena profundamente que el Dios al que aman sea deshonrado: “Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque ellos no guardaban tu ley” (Salmo 119:136).

La bienaventuranza, en este caso, para los ciudadanos del Reino consiste en que, algún día, recibirán consolación. La tristeza que es según Dios, el verdadero arrepentimiento, vuelve al alma hacia Dios. Él, por su parte, concede consuelo a los que buscan ayuda en El. Dios es quien perdona, libra, fortalece y tranquiliza a quienes pertenecen al Reino de Cristo. Por supuesto, estos que lloran, lo hacen porque se duelen del pecado, no por miedo al infierno o a un castigo en esta vida (hasta el más vil asesino, cuando está ante el cadalso, se duele y lamenta de sus crímenes), sino por haber pecado contra Dios. Igualmente, contemplan el pecado ajeno no con un ánimo de autojustificarse en la supuesta mayor maldad de los otros, sino con un verdadero pesar por la mera existencia en el mundo de una sola mancha de algo tan opuesto a Dios como es el pecado.

“Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad” (5:5).

“Manso” describe a la persona que no se resiente, no guarda rencores, que se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él, dado que ha renunciado totalmente a su propia justicia y sabe que no puede pretender conseguir ningún tipo de mérito delante de Dios. El manso no busca nunca la venganza, pues hay alguien mucho más alto que él que algún día juzgará. Es capaz de soportar con gozo el despojo de todos sus bienes por causa de Cristo puesto que sabe que tiene “una mejor y perdurable herencia” (Hebreos 10:34). 

Ahora bien, por “manso” no debemos entender lo que muchos considerarían un “flojo” o un “pusilánime”. Mansedumbre no significa indolencia. Hay personas que parecen mansas por naturaleza, pero no son mansas sino indolentes. La Biblia no habla de esto. Tampoco quiere decir flojera. Hay personas calmadas, serenas (tranquilotas, en definitiva), y se tiene la tendencia a tenerlas por mansas. No es mansedumbre, sino flojera. Tampoco quiere decir amabilidad. Hay personas que parecen amables de nacimiento. Esto no es lo que nuestro Señor quiere decir cuando afirma, “Bienaventurados los mansos”. Esto es algo puramente biológico, lo que uno encuentra hasta en algunos animales. Hay perros más amables que otros, y gatos más amables que otros. Esto no es mansedumbre. Si no, seríamos como los perros o los gatitos. No significa, pues, ser amable por naturaleza ni ser de trato fácil. Ni tampoco significa personalidad o carácter débil. Todavía menos significa deseos de “paz a cualquier precio”, aún a costa de las mayores injusticias (“paz y amooool”, eso sí, un concepto totalmente pervertido de la “paz” y el “amor”). Estas cosas se confunden muy a menudo. Con frecuencia se tiene por manso al que dice, “Venga, lo que sea, con tal de no estar en desacuerdo, que no haya polémicas. Pongámonos de acuerdo, acabemos con estas diferencias y divisiones, olvidemos lo que nos divide; paz, paaaaaaaz, alegría, lalalalalaaa”. 

NO ES ESO. La mansedumbre es compatible con una gran fortaleza. La mansedumbre es compatible con una gran autoridad y poder. La Biblia está llena de ejemplos de gente fuerte y poderosa y, a la vez mansa. David era muy fuerte, ¡y cómo aguanto con mansedumbre todas las barrabasadas de Saúl, sin buscar vengarse traicioneramente de él, pese a que varias veces pudo matarlo mientras dormía!. El manso es alguien que quizá crea tanto en defender la verdad que esté dispuesto a morir por ello. Los mártires de la fe fueron mansos, pero no débiles, al contrario, eran muy fuertes. Dios no permita que confundamos esta cualidad tan noble, una de las más nobles y elevadas a que puede llegar el hombre como portador de su imagen, con algo puramente animal, o físico o natural. 

Mansedumbre supone que si, POR CAUSA DE JESUCRISTO (una vez más, el concepto es total y absolutamente CRISTOCÉNTRICO), hemos de soportar padecimientos, los hemos de sobrellevar con el gozo de saber que algún día heredaremos la tierra. No es la gansada que piensan algunos, al igual que cuando se refieren a “poner la otra mejilla”, de que si me dan una torta, tenga que señalar mi cara y decir: “¡Venga, venga!¡Pégame otra vez!, y más fuerte, si puedes”. 

El manso no busca venganza, ni revancha, ni su propia justicia. Busca la justicia de Dios. No le revuelve las tripas la injusticia porque sea una afrenta a él, sino porque constituye una afrenta al Señor. Igualmente no tiene su corazón ni su mente puestos en el deseo de enriquecerse, sino más bien a cumplir su deber delante de Dios, y cumplir su tarea en la tierra: en buscar primero y sobre todas las cosas el Reino de Dios y su justicia. Sabe que después le serán concedidas “todas estas cosas” (alimento, vestido, etc.) por gracia como una dádiva extraordinaria de parte de Dios (Mateo 6:33). Es una de las facetas de la renuncia al “yo” que exige Cristo para que podemos ser sus discípulos.

Y hasta aquí llegamos de momento. En este Día del Señor, demos gracias por todo a Dios Padre en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

El próximo domingo continuaremos.

A mí Pérez Reverte, para empezar, he de decir que es un personaje que me hace ninguna o muy poca gracia. No he leído ninguna de sus novelas (lo único que he visto es la adaptación al cine de sus novelas de Alatriste) y no tengo por costumbre leerme lo que escribe de vez en cuando a modo de artículo, caóticas parrafadas en los que dos de cada tres palabras es un insulto. Cosas, más o menos, como esto sobre ZP:

“El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro”.

Hombre, no digo que sea mentira lo que dice de Zapatero (a pesar de que, por el “trabajo a realizar”, se refiere a la agenda feminista y homosexualista), ni que no se puedan usar términos duros ni palabrotas, claro que no. Yo soy el primero que las uso de vez en cuando y no me paro a pensar si molestan u ofenden a alguna señorita, sea del sexo que sea.

No es esa la cuestión, sino que es un personaje que es todo un anarka, un nihilista. En una entrada en su bitácora, don Alfredo comentó hace algún tiempo que una de las opciones para el hombre humanista y anticristiano era dejarse caer en el nihilismo, estar siempre cabreado, odiarlo todo, desear, y clamarlo a gritos, que todo pegue ya el reventón de una puta vez, vivir obsesionado con el amarillismo, que se fijen en ti, que hablen de ti, por lo subido de tono de lo que sueltas por la boquita contra el “sistema”. Un antisistema de salón. En definitiva, convertirte en un Pérez Reverte de la vida es una de las posibles elecciones que tienes como escapatoria. Puedes convertirte en un escéptico, en un desengañado de la vida, pero amable y respetuoso de la ley y el orden, puedes convertirte en un drogata, en un delincuente, en un comunista, en un nazi, en un bohemio soñador, en un gótico, en un agro-anarka, o en un nihilista, a lo mejor, hasta te puedes hacer colega de Pérez Reverte, y todo.

La última de Pérez Reverte han sido sus comentarios en Twitter sobre la película “Grupo 7“, que trata, parece ser, sobre una unidad de policías encargados de expulsar de forma dura y expeditiva a los yonquis del centro de Sevilla, en los días previos a la Expo de 1992. Reverte se ha deshecho en elogios con la película diciendo que refleja muy bien algunos ambientes delictivos de la ciudad de Sevilla:

“Maderos, yonquis, putas y gentuza. La vida misma. La Sevilla real. La que incomoda y nunca saldrá en el Hola”.

No contento con ello, después continuó explayándose: “Esa Sevilla cutre que era así en el 92 y lo sigue siendo”, y que resulta “más real que ese otro camelo de Ferias de abril, Semanas Santas y Rocíos varios que nos venden a diario”.

Ahí ya empezó la indignación, por supuesto. Cómo no iba a ser menos en este país.

Al momento empezaron a exigir a Reverte que pidiera disculpas. Es que ya se sabe: a fecha de hoy, no hay mayores problemas en Andalucía y España que un puñetero comentario de Reverte.

A varias tontas enfurecidas contestó: “¿Qué no esperaba, señora mía? ¿Que diga que toda Sevilla es maravillosa y no hay allí droga ni miseria?”, o “Algunos sevillanos también lo creen. Deberían darse una vuelta por el extrarradio”, o “Señora mía, aprenda a leer. Y a hablar bajito. Toda Sevilla no es cutre. Hay una parte que sí. ¿Se lo canto?”.

Me gustó mucho la respuesta que dio a alguno que dio a alguno que dijo que ya no iba a seguirle: “En ese caso, le sugiero que siga en Twitter a Mary Poppins”.

¡¡Ooooooh, qué indignación, qué escándalo!! “No le voy a seguir más”, es algo que me han dicho ya varias veces a raíz de varios escritos. Pues vale, pues no me siga más, qué quiere que le diga.

Y hay que ser membrillo para no darse cuenta de que Reverte se refiere a una Sevilla que nunca aparece en la prensa-basura del corazón o de la que nunca se dice nada, eso es de lo que está hablando, no que toda Sevilla sea así.

Sevilla tiene zonas muy bonitas, con buenos sitios para tomarte una cerveza (aunque la Cruzcampo prácticamente es una meada fría) y tranquilas, tipo Triana, Los Remedios, La Macarena, Nervión, Los Bermejales o Sevilla Este (eso sí, estos dos muy apartados para mi gusto) con gente muy decente, y unas mujeres más guapas que la media del resto de España. Ya sabemos que España es un país en el que, por lo general, los hombres son más guapos que las mujeres (aunque a mí, obviamente, los hombres no me interesen, maricón no soy) y en Sevilla el nivel suele ser el mismo. La diferencia es que las que son guapas lo son con ganas (y con muchas ganas, además). También hay mucha guiri, cosa que eleva el nivel.

Pero también tiene zonas degradadas, de camellos, yonquis y putas, para qué lo vamos a negar, aunque, por lo general, sea una ciudad mucho más segura que, por ejemplo, Madrid o que otras ciudades europeas, eso por supuesto. 

Si viajas a Sevilla, puedes ver lugares muy monumentales y elegantes, como el centro de la ciudad, pero también puedes hacer como si hubieras dado un salto de miles de kilómetros en el espacio y te hubieras trasladado a los suburbios de Calcuta o Nueva Delhi si te vas a las 3000 Viviendas (realmente, muchos habitantes de allí parece que hubieran sido importados directamente desde alguno de los barrios más miserables de la India, y no solo por la mugre) o al Bronx (está considerado un barrio prácticamente igual de peligroso). Allí las noticias sobre reyertas, tiroteos, incautaciones de armas, desde katanas hasta fusiles de asalto Kalashnikov o metralletas manejadas por jovenzuelos, o drogas, son el pan nuestro de cada día. Los servicios públicos de bomberos, limpieza y autobuses no entran allí si no es con escolta policial.

¿Va a desaparecer todo eso porque se oculte? Pues no.

Además, posiblemente, al hablar de drogas y putiferio, Reverte en lo que estuviera pensando es en los gobernantes de Andalucía, teniendo en cuenta la macabra historia del dinero de los EREs empleados en comprar cocaína.  A eso se referiría al decir que en el Hola sí salen “otros yonquis limpios y aseados”.

Vuelvo a decir, no simpatizo con este personaje, pero lo que ha dicho no es para tanto. Lo que ocurre es que vivimos en un país de mojigatos que a la mínima saltan con el “aaaaay, que ofendes, que ofendes!!”.

Y, por cierto, aquí también dice algo muy cierto: “Siempre que viajo allí me pregunto lo que podría ser esa ciudad si dejara de mirarse en su espejo autista y se abriera al mundo con la cultura como reclamo y bandera. Hablo de la cultura de verdad, no de la caduca soplapollez de diseño que pretenden vendernos políticos y mangantes en busca de la foto y el telediario del día siguiente, o del folklore demagógico y sentimental con el que quienes manejan el cotarro pretenden –y lo consiguen desde hace siglos– llevarse al huerto a la ciudadanía. Hablo de la Sevilla que va más allá de los retablos barrocos en misa de doce, de los bares de tapas, de los pasos de Semana Santa, de la Feria de Abril y los carnets del Betis o del otro, de los apresurados rebaños de chusma guiri que el sevillano necesita tanto como desprecia. ¿Imaginan ustedes parte de la pasta invertida en cofradías y casetas de feria, empleada en hacer de esa ciudad un verdadero polo de atracción, no sólo del turismo, sino de la cultura internacional?”.

Pues eso.

Tema Repsol YPF y Fernández de Kirchner:

Lo primero de todo, vamos a tener un poco de mesura y no mezclar churras con merinas. Una cosa son los argentinos, que los habrá mejores, regulares y peores, y otra el gobierno kirchnerista. Argentina, pues sí, al igual que países como Alemania, Rusia o Serbia, ha generado a lo largo de su historia productos intelectuales e ideológicos muy nocivos. Qué decir cuando los principales referentes allí son un populista como Perón, un terrorista asesino como el Che y un drogata bocazas como Maradona. O cuando la presidenta es Cristina Fernández de Kirchner, según muchos testimonios, una ex-montonera, junto con su difunto marido Néstor, aunque ellos siempre lo negaran. No montoneros de los que ponían bombas y cometían secuestros (eran abogados), pero sí quizás de los que estaban entre bastidores. A lo que me refiero es a que esto que ha ocurrido con Repsol es lo normal y lo usual cuando se trata con esta gente. Si esto te pasa con el caudillo bolivariano Chávez, ¿debes extrañarte de algo? No. Si te pasa con este holograma de Evita Perón con la cara llena de implantes de botox, ¿debes extrañarte de algo? Tampoco. De acuerdo, esta tía no tiene vergüenza y hay que denunciarlo, pero lo que han expropiado son las participaciones de una empresa española (concretamente el 51% de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, dejándole a Repsol apenas un 6% del 57 que poseía). No han ocupado un trozo del territorio español ni una isla ni nada por el estilo, así que vamos a mantener un poco de tranquilidad. Nada de brabuconerías tabernarias más propias de Paletolandia, como no dejar entrar en bares a argentinos (aunque que cada cual deje entrar en su propiedad a quien le de la gana, faltaría más, lo que critico no es eso, sino el paletismo), sino que el Gobierno haga lo que tenga que hacer diplomáticamente para salvaguardar los intereses y la propiedad de una empresa española.

¿Es un expolio lo de Repsol? Sí. Podemos decir que sí, puesto que la nacionalización se ha hecho violando la propia Constitución de la República Argentina, que en su artículo 14 establece que: “La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”, además de que debió haber sido acordada previamente por el Congreso.

YPF, antes de su desnacionalización por Menem y su adquisición por Repsol era un desastre, reflotado por las inversiones de la empresa española, pese a que la producción de petróleo y gas natural había descendido en los últimos años por el agotamiento de los recursos. Pero, he aquí, en noviembre del año pasado se produjo el descubrimiento de un gran yacimiento en la provincia de Neuquén, en la Patagonia, cerca de los Andes que hizo elevarse hasta límites estratosféricos las reservas petroleras argentinas, que estaban casi esquilmadas. De golpe y porrazo, Argentina se convertía en un país con una importante reserva de petróleo y esto hizo que a la Kirchner empezaran a ponérsele largos los dientes. Había que recuperar los medios para extraer ese petróleo. Y vuelvo a insistir en algo que ya he comentado alguna vez: una cosa es el petróleo, la materia prima que está en el subsuelo de un país, y otra la tecnología y la maquinaria necesaria para extraerlo. Para tener lo primero, es imprescindible lo segundo y esto no siempre está al alcance de los países donde hay reservas de petróleo. Las compañías occidentales, efectivamente, van a esos países a hacer negocio, pero, a la vez, permiten explotar unos recursos que, de otro modo, se quedarían enterrados bajo tierra y sin valer un céntimo. El petróleo, sin los medios para extraerlo del subsuelo, refinarlo y exportarlo, no es más que una porquería viscosa, negruzca y maloliente que no sirve absolutamente para nada.

Al poco, Kirchner empezó con las amenazas y los infundios a fin de que el precio de las acciones de YPF bajara y poder quedarse con ella a un menor precio, hasta que decidió actuar a las bravas hace dos semanas. Lo esencial es que Kirchner necesita dinero para los programas populistas con los que mantiene contenta a la clientela gracias a la cual se mantiene en el poder y espera conseguirlo con la explotación del nuevo yacimiento, a pesar de que, a partir de ahora, va a tener que hacer grandes inversiones para ello, sin que se sepa bien de dónde va a sacar el dinero. Seguramente, YPF, en manos de esta señora, volverá a una situación aún más ruinosa a la que tenía antes de ser privatizada. Entre otras cosas, YPF en manos del gobierno argentino corre un serio riesgo de dedicarse a utilizar la política de precios como parte de la “política social” (precios bajos para fomentar el consumo) como sucedió en buena parte de la década de los 80. Así la empresa perderá ingresos y el déficit resurgirá hasta niveles que pueden tornarse insostenibles. Algo que no es que preocupe excesivamente a los argentinos, a los que mayoritariamente gustan más los eslóganes tipo “YPF: Ahora es Tuya”, y la fanfarria de los anuncios de la nacionalización, que pensar en el coste que tendrá para ellos esta aventurita salvopatriotera kirchneriana.

No solo constituye una violación injustificada de una propiedad privada, sino un muy mal negocio para Argentina, por más que sea un magnífico servicio propagandístico para la Kirchner. A partir de ahora, si no se llega a un acuerdo, comenzará un largo proceso judicial para determinar el valor de YPF. Según Repsol es de 10.000 millones de dólares y según el gobierno argentino el valor puede ser hasta cero, como ha dicho el viceministro Axel Kicillof. El hipotético valor de YPF resultará en una deuda que estará en la espalda de éste y los próximos gobiernos de este país. Aparte, YPF era el principal contribuyente de Argentina. Solo en concepto de impuesto a las ganancias, YPF pagó en 2011 unos 2.950 millones de pesos (alrededor de 73.750 millones de pesetas, unidad que prefiero utilizar para entendernos, antes que el euro), y, en los últimos cuatro años, en total, 10.709 millones de pesos (267.725 millones de pesetas). Eso sin contar otros impuestos. Antes de ser privatizada, YPF era deudora fiscal y jamás había tributado por las ganancias. ¿Seguirá siendo tan buena contribuyente tras la nacionalización, teniendo el grado de corrupción existente en Argentina? Lo dudo mucho.

La expropiación saca a la luz, sobre todo, que Argentina no es un país de fiar si te estás pensando poner allí tu dinero. Nadie puede sentirse a salvo de ser confiscado. Ello hará que aumente enormemente la tasa de retorno que pidan las empresas que se asocien con la nueva YPF en manos del Estado argentino. Algo muy normal, pues la imagen de la seguridad jurídica en Argentina queda por los suelos, viendo todo el proceder del gobierno kirchneriano: expropiar sin indemnización previa fundada en ley, la expulsión policial de directores de empresas privadas, el incumplimiento de los convenios de protección de inversiones, el hostigamiento previo para reducir el precio de la acción, campañas de desprestigio en medios afines financiados por el Estado, la negativa a recibir a los directivos de Repsol para tratar de encontrar negociar una solución, una utilización demagógica del concepto “soberanía” y “nacional” a efectos de crear ambiente político proclive a la expropiación, la contradicción con los dicho y hecho antes, pues el gobierno argentino, hasta no hace mucho, ponía a YPF como un “ejemplo empresarial”, etc.

Esta inseguridad jurídica en absoluto va a salir gratis a Argentina. De hecho, ya no eran muy buenos los réditos que venía recogiendo. La situación de incertidumbre que crean actuaciones como la de la Kirchner posiblemente no hará que todas las empresas y capitales abandonen en desbandada el país, pero sí que el flujo de inversiones externas disminuya, se paralicen proyectos o cambien de destino. En medio de una reducida calidad institucional e inseguridad jurídica las inversiones extranjeras directas en Argentina han caído sistemáticamente desde el año 2003 según estimaciones de la CEPAL, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. En la década de los 90, en América Latina, Argentina era el tercer receptor de inversiones extranjeras directas detrás de México y Brasil. Duplicaba a Chile y casi cuadruplicaba Colombia. En la última década, Argentina recibió apenas un 20% de lo que recibe Brasil, un 27% de lo que recibe México, la mitad de lo que recibe Chile y un 80% de lo que recibe Colombia. En 2009, Perú relegó a Argentina al sexto lugar de la región como receptor de inversión extranjera directa. Imaginen después de la expropiación de YPF. Según el actual Índice de Fiabilidad en los Negocios del Banco Mundial, Argentina ocupa el puesto 113 sobre 183 países, y el 22 en América Latina y el Caribe, peleando los últimos puestos con Ecuador, Venezuela, Brasil y Surinam. El ranking está liderado por Chile, Perú y Colombia, tres países que sí han demostrado ser fiables. De hecho, ya han comenzado a arrimar el ascua a su sardina diciendo que ellos no son como Argentina. Hace unos días, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, dijo en público que: “en Colombia no expropiamos. Al contrario, somos un Estado de derecho donde hacemos todo lo humanamente posible para que se respeten las reglas”. Y los presidentes de México y Chile han condenado la confiscación. En un momento en que Argentina necesita como sea capitales extranjeros, el mensaje es pésimo.

Ahora bien, siendo todo esto así, como he dicho al principio, es algo con lo que debes contar cuando te metes en un sitio y entra dentro de los riesgos empresariales. Argentina no es un país que funcione ni se rija por los mismos parámetros que otros más civilizados (incluso en la propia América Latina) en los que puedas entrar a invertir sin sufrir mayores sobresaltos. Sin disculpar, por supuesto, la tropelía arbitraria y tercermundista del gobierno argentino, es evidente que en Repsol debían saber de primera mano que invertir en Argentina no es como invertir en España, o en EEUU, o en Japón, o en Reino Unido, o en Suecia, por poner solo algunos ejemplos. Quien invierte debe tener claras las condiciones del país en que va a hacerlo: el grado de estabilidad que tengan sus gobiernos, el respeto que haya al estado de derecho, el respeto a la propiedad privada del prójimo que gasten por esos lares, etc. Invertir en un país como Argentina debe plantearse con un período de recuperación muy corto en comparación con EEUU, Europa, Japón o Australia, puesto que allí tienes siempre encima la espada de Damocles de una posible expropiación o confiscación.

El Gobierno debe hacer diplomáticamente lo que pueda, pues es su obligación la defensa de la propiedad de los españoles, aunque dudo mucho que sea efectivo. Por lo menos, que mejore un poco la imagen y los niveles de ridículo de Trinidad Jiménez, la amiga de la Kirchner (el listón precisamente no es que esté muy alto), aunque todo quede en ejercicio del derecho al pataleo. De momento, mucho ruido y pocas nueces, decir que habrá consecuencias, que la confiscación es una agresión directa a España y que está estudiando con sus aliados la respuesta más adecuada. De la UE y Bruselas, perdón… de Berlín y Merkel, poco esperemos, aparte de buenas palabritas, y de EEUU, pues, seguramente, todavía tienen en mente el abandono de Irak y los desplantes del anterior e inefable inquilino de la Moncloa. A ojos de Washington, el protagonista de todo aquello no fue ZP, sino España, y el objetivo no era Bush, sino EEUU. O sea, que os vayan dando.

Hoy, por una vez y sin que sirva de precedente, sí voy a alabar a los alemanes (en realidad, he de decirlo, mi rechazo a Alemania es en lo relativo a lo que ha producido intelectual e ideológicamente durante siglos, no a los alemanes individualmente: un alemán que se oponga al merkelismo es un aliado, de eso no hay duda), en lo que sí me gusta de ellos: lo futbolístico. Como esta web es multidisciplinar y aquí se habla de casi todo, vamos a tocar un poco lo futbolero pues la ocasión lo merece. 

Ayer me asentó bien la cena tras la eliminación del FC Barcelona, pero hoy mejor aún tras la caída del Real Madrid ante el Bayern de Munich. Lo mejor de todo, en la tanda de penaltis, después de ponerse 2-0, con todo a favor, y de que los alemanes lograran empatar la eliminatoria. Al final del partido, 2-1, en los penaltis, 1-3, y se acabó lo que se daba. 

Son increíbles estos alemanes. Siempre lo han sido. Nadie da nunca un duro por ellos, parece que las estrellitas del equipo rival (los “galácticos” del “polvo de estrellas” madridista, en este caso) los van a fulminar, que si son unos troncos, que si no tienen calidad…. pero siempre ganan in extremis y se meten en las finales. Nunca fallan en una tanda de penaltis. Posiblemente, la última vez que los alemanes, selección o clubes, cayeron derrotados en una tanda de penaltis debió ser en el Pleistoceno o en los mundiales de fútbol de Atapuerca. Yo no lo recuerdo desde que tengo uso de razón. 

Aclarar, por cierto, que tampoco es que tenga una especial animadversión al Barça o el Madrid como entidades. Lo que es superior a mis fuerzas son las catetadas que arrastran estos dos equipos. En Sevilla esto es casi anecdótico (todo lo contrario, hay mucho antimadridismo) pero en el resto de Andalucía es lamentable, a pesar de que no me explico qué narices pinta un andaluz siendo del Barça o del Madrid, es de vergüenza. Yo soy del Sevilla FC pero prefiero 80.000 millones de veces a un gaditano, un onubense o un cordobés que sea del Betis (o del Cádiz, el Recreativo de Huelva o el Córdoba, mejor) a que sea del Barça o del Madrid, o un malagueño que sea del Málaga, como tiene que ser. 

Mañana, eso sí, que vaya bonito a los españoles en la Europa League (aunque dos, Valencia y Atlético, se enfrenten entre ellos).

Un apunte sobre Francia

En circunstancias normales, el proceso electoral de nuestros vecinos galos no es algo que me llamaría demasiado la atención, pues, de por sí, Francia nunca ha sido un país que haya suscitado en mí un gran interés.

Todos estarán más o menos informados pero decir que, en la primera vuelta, el socialista François Hollande, se impuso en la primera vuelta de las elecciones con 28,63% de los votos, 10.273.475 papeletas, al candidato gubernamental, el presidente Nicolás Sarkozy, quien ha obtenido 9.754.324 votos, el 27,18%. Decir que, en tercer lugar, y fuera de la segunda vuelta, se han colocado el Frente Nacional de Marine Le Pen, con el 17,90%, y en cuarto, el comunista Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, con el 11,10% de los votos. Reseñable, e ilustrativo de la situación política en Francia, es que estas dos fuerzas en conjunto, aunque por poco, hayan superado a la izquierda y la derecha tradicionales. Toca ahora a Sarkozy y a Hollande “cortejar” a los votantes, respectivamente, del Frente Nacional y del Frente de Izquierda.

Pero, sin embargo, las circunstancias son excepcionales en estas elecciones: cualquier piqueta que se pueda clavar para empezar a quebrantar el dominio alemán en la UE buena es. Nos conviene más que gane Hollande. Me da exactamente igual que Sarkozy sea de derechas y Hollande socialista, yo a derechistas como Sarkozy no los quiero a mi lado. No me voy a poner del lado de Sarko porque haya dicho que si gana Hollande el futuro de Francia es el mismo que el de la España que dejó el PSOE.

Hollande es un melón por calar y está por ver si se atreverá a romper con la Europa que plantea la Merkel, pero, al menos, es algo esperanzador que Sarkozy haya recibido un cierto castigo por su política de sumisión a Alemania, casi de convertirse en el mayordomo de la vaca lechera de Berlín. Los franceses siguen siendo muy chovinistas y siguen creyendo que aún ostentan la “grandeur” de tiempos pasados y no han perdonado esto a Sarkozy, a pesar de que el sistema político francés favorece enormemente al candidato que ocupe la presidencia a la hora de vender electoralmente su gestión.

No responde esto a ningún tipo de simpatía sentimental hacia Francia ni ideológica hacia Hollande. En las relaciones internacionales no hay “amigos del alma”, sino intereses coincidentes y circunstanciales. Igual que hubo que unirse a Francia frente al totalitarismo expansionista alemán en las dos guerras mundiales, igual habrá que hacer ahora (“utilizarlos” suena muy mal) frente al totalitarismo financiero de Merkel y Alemania. Por ello, Sarkozy es más de lo mismo, más “Merkozy”. Cuantas más trabas y más posibilidades de dinamitar este eje, mejor. Para la libertad y para nuestra soberanía política y económica.

Es todo lo que tengo que decir sobre este tema. Mañana entraré en otro de los asuntos de actualidad, el de Repsol YPF y Argentina.

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