Posteado por: Javier | septiembre 6, 2010

Una nueva etapa y una serie de principios a desarrollar

Buenas tardes a todos los señores lectores.

Andaba ya un poco harto de blogger y, finalmente, me he decidido a dar el paso a cambiarme a wordpress. Esta bitácora es una continuación de la anterior. Nuevo soporte y las mismas ideas y principios.

La mayoría de ellos están resumidos aquí abajo. Todos ellos son o conclusiones a las que he llegado a partir de la aplicación a la realidad de nuestro país de los principios liberales:

– Control por parte de los ciudadanos de los poderes públicos. La democracia representativa es el sistema que mejor garantiza ese control, la separación de poderes permite que el poder no se concentre en un solo hombre o institución y un sistema descentralizado facilita que los individuos se ocupen mejor de lo que les afecta a ellos mismos.

– Recuperar el espacio que ha perdido España como nación plural y unida, mediante una descentralización eficaz, sin nada que ver con el estado autonómico. El centralismo lo único que genera es un gobierno hipertrofiado e ineficaz. Salir de la Unión Europea. En lo que hay que pensar no es en cómo transformar ese monstruo, sino en cómo destruirlo.

Un poder inmenso y totalmente centralizado es ineficaz por su lejanía con los ciudadanos, es un sentimiento natural que el hombre se sienta más ligado a lo que tiene más cerca. Estos enormes poderes han terminado pudriéndose a sí mismos, ahogados en su propia incompetencia. Lo mismo podríamos aplicar a nuestro país que a la Unión Europea.

El nacionalismo separatista es un cáncer para nuestra patria, eso es cierto, en tanto que defiende derechos colectivos, por la pertenencia a determinados grupos diferenciados. Pero para combatirlo la solución que se dé y se proponga no debe ser arrebatar capacidad de gobernarse a las entidades administrativas más pequeñas, las más cercanas a los ciudadanos, creando un Estado descomunal, algo que debe ser rechazado por los liberales.

Debe buscarse una mayor eficiencia en el sistema autonómico. Como sabemos, las autonomías determinan sus “necesidades de gasto” muy por encima de sus ingresos, y la diferencia la paga el Estado central. Así, tras las correspondientes cesiones de tributos, una gran parte de los impuestos que pagamos se introducen en una caja donde se redistribuirán entre las autonomías en función del gasto que les quede pendiente de cubrir. En consecuencia, lo importante para la administración autonómica no es que la financiación sea justa y eficiente, sino que cada mandatario político consiga la mayor cantidad posible de impuestos del resto de los españoles. Es decir, cuanto mayor sea la necesidad de gasto que se reconozca a cada comunidad, más podrá tomar de todos los españoles. Las autonomías más austeras en cuestión presupuestaria no ven recompensados a sus ciudadanos con una menor presión fiscal, ya éstos tendrán que pagar la orgia de gasto de otros dirigentes regionales que sean mucho más manirrotos.

Igualmente aquí, la solución liberal no debe ser el ineficaz centralismo, bien pudiera ser descentralizar la recaudación fiscal, suprimiendo la parte autonómica de los impuestos recaudados por la AEAT, con la que se financiaran los servicios públicos que ofrecieran las entidades administrativas más pequeñas, en virtud de esta descentralización de competencias. Los mandatarios de estas administraciones municipales y autonómicas deberían ser responsables ante sus propios administrados del uso que hagan de los fondos públicos, acabándose con estos disparatados techos de gasto que fijan las autonomías.

– Regenerar el sistema educativo de arriba abajo. Fomentar la responsabilidad, disciplina y excelencia. La escuela pública debe ser un lugar de instrucción y formación, no de adoctrinamiento. Es necesario acabar con la mentalidad que tenemos en España de que es “deshonroso” no estudiar una carrera universitaria y ponerse a trabajar desde joven, aunque al joven no le interesen los estudios y lo que esté es perdiendo el tiempo.

– Respeto a la libertad de expresión, libertad religiosa y libertad ideológica reconocidas por la Constitución. Rechazo del laicismo impuesto desde el Estado. Separación entre Iglesia y Estado. Ninguna confesión religiosa debe recibir ni un euro del estado por respeto a su independencia. En España, la financiación pública de la Iglesia Católica debe terminar. La religión católica es parte de la historia de España, sin duda, pero no es España. Junto a la religión mayoritaria existen minorías religiosas que han de ser respetadas, sin tratos de favor estatales.

– Libertad económica, sin la cual, es imposible la libertad individual, y eliminación de las trabas a la mismo, por ejemplo, el proteccionismo en los mercados. Evidentemente, esto último siempre con una reciprocidad. Eliminar los aranceles a los productos de quienes sí nos los aplican no es de liberales, es de tontos. Evitar las políticas inflacionistas, “la inflación es un impuesto que se aplica sin que haya sido legislado”, como decía Milton Friedman, pero por otro lado, junto a la libertad económica, restringir los monopolios y los comportamientos empresariales que sean contrarios a la libre competencia. Los impuestos son legítimos, pero debe favorecerse la iniciativa privada y respetarse la propiedad en todos aquellos ámbitos en los que esta funcione mejor. Es necesario luchar frente a la evasión fiscal pero no perder de vista que numerosos contribuyentes, ante una elevada carga tributaria, optan por el riesgo que supone intentar eludirla, al intuir y llegar, finalmente, a la conclusión de que es una opción que les puede compensar (siempre que la actividad inspectora de la administración tributaria no caiga sobre ellos). La evasión no está en la cultura, ni en comportamientos espontáneos, sino en causas profundas que Adam Smith señaló claramente ya en el siglo XVIII: “Un impuesto excesivo genera una gran tentación de evadirlo. Pero las penas por la evasión aumentan en proporción a la tentación. La ley, en oposición a todos los principios normales de la justicia, crea primero la tentación y castiga después a los que ceden ante ella; y normalmente además amplía el castigo en proporción a la misma circunstancia que debería contribuir a aligerarlo: la tentación de cometer el delito”. A la larga unos impuestos cómodos para el contribuyente, como dice Smith, junto con una prudencia en el gasto público, llevan aparejados numerosos beneficios para la administración que debe financiarse a través de los mismos.

– Reformar el mercado laboral y del Estado del Bienestar y acabar con la cultura del subsidio y la dependencia. Abolirlo de golpe no es realista pero debiera intentarse tender a que lo único imprescindible fueran prestaciones mínimas (sanitarias, educativas, etc.) para las clases socialmente excluidas. Entretanto, los servicios básicos deben estar garantizados pero de la manera más eficiente posible, para evitar el parasitismo y la gorronería, dando prioridad a los sistemas de gestión privados en aquellos ámbitos que funcionen mejor e incentivando la iniciativa privada de acuerdo a unos parámetros de calidad.

– Defensa de la vida humana. La vida del “nasciturus” debe considerarse un bien jurídico a proteger, aunque lo realista sería volver a la legislación anterior y cumplirla estrictamente en sus términos y en los fijados por la jurisprudencia constitucional, en lugar de ponerse de perfil, tal y como hicieron tanto el actual como anteriores gobiernos. La Ley Orgánica 9/1985 no lo despenalizaba, todo lo contrario, seguía considerándolo un delito, solo que exento de responsabilidad penal para sus autores en tres supuestos. En todo caso, el problema en estos 25 años ha sido la pésima aplicación que ha tenido esta ley y el coladero que ello ha creado a través del supuesto, el de grave riesgo para la salud psíquica de la madre. Pero, siendo realistas, como he dicho, los tres supuestos eran razonables, más todavía si se hubieran cumplido escrupulosamente. Pero, diga lo que diga la ley de cualquier país (aunque haya que respetarla) el aborto no es un derecho (ni un método anticonceptivo, dicho sea de paso), puesto que los derechos no se crean por ley, no son otorgados por nadie. Los médicos y padres y madres que realicen un aborto ilegal deben ser castigados pues todos son partícipes del delito. El aborto debe ser una medida absolutamente excepcional, pues debe primar el uso los métodos anticonceptivos y la responsabilidad individual. Igualmente, no hay un derecho a la eutanasia, ni a la eugenesia, ni al suicidio asistido. Ni que decir tiene que los negocios sobre nuestra propia vida o nuestro propio cuerpo son ilícitos, no existe un “derecho” a concertarlos. Privadamente es imposible impedirlos y no tiene sentido pero los contratantes no pueden exigir al resto de la sociedad ni al Estado que se les dé cobertura legal ni auxilio en caso de incumplimiento de una de las partes. Por aquí nunca se va a hacer defensa de la legalización de la prostitución infantil o de la trata de seres humanos, del “derecho” al suicidio, del canibalismo y el tráfico de carne humana, del contrabando o la evasión de impuestos, del derecho consuetudinario somalí, del tráfico de órganos, de la esclavitud voluntaria por deudas o del “derecho” de dos adultos a batirse en duelo a muerte. Existen una serie de bienes considerados cosas fuera del comercio de los hombres, como así se recoge en la legislación civil de todos los países de nuestro entorno.

– El Gobierno civil no debe intervenir en las cuestiones de moral privada. Debe ser el poder judicial quien estime si determinadas acciones realizadas fuera del ámbito privado son conformes a la ley o si suponen alteración del orden público.

– Freno a la inmigración ilegal y racionalizar la legal. Es necesario un proceso administrativo rápido y eficaz de expulsión de los ilegales, reformar la Ley de Extranjería. Lucha abierta contra el multiculturalismo pero con respeto a las minorías ya establecidas dentro de nuestras fronteras. La nacionalidad debería concederse de acuerdo a unos requisitos que aprueben los ciudadanos.

– Creación de un sistema penal que no permita que los asesinos y criminales más peligrosos estén en la calle. La defensa de las víctimas frente a los criminales debe ser la prioridad frente a las post-modernistas teorías de la reinserción y de la victimización del delincuente. Reforma de la Constitución, de forma que se permita la pena de muerte si se aprueba en referéndum.

– Resituar a España en la órbita de Estados Unidos y el resto de grandes naciones occidentales, siempre que ello convenga a nuestros intereses como país. Impulsar la creación de una Liga de las Democracias que compense las deficiencias, las corruptelas y el antioccidentalismo de las Naciones Unidas. Sería extraordinario ver a España en una liga de ese tipo con Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Japón o Australia. En América Latina, revisar las relaciones: menos Cuba y Venezuela (aunque se apoye a las disidencias internas de esos países) y más Chile y Colombia. Emprender una acción exterior de reforzamiento institucional de la democracia en América Latina y África.

– Eliminar de raíz los conocidos como “fondos de ayuda al desarrollo”. A nosotros nos cuesta un dinero a través de los impuestos y a los países del Tercer Mundo no sirven de nada. Aparte de que casi todo cae en manos de déspotas, corruptos e incompetentes, para la población de esos países no es más que una limosna, terminan que sólo pueden sobrevivir gracias a la caridad que llega de otros países, sin aportar nada al desarrollo de las economías de sus países y privándoles de la mentalidad adecuada para exigir a sus gobernantes que cumplan con sus deberes. Al final, es robar a los pobres de los países desarrollados para dar a los ricos de los subdesarrollados. Bueno y, por supuesto, subvenciones exóticas, como las de los homosexuales de Zimbabue o a la “mujer afroprogresista”, esas no deberían durar ni un minuto más.

– Abogar por unos ejércitos, servicios de inteligencia y cuerpos de seguridad del Estado dotados, entrenados y preparados para hacer frente a las contingencias multidimensionales que se abren ante nosotros, desde la seguridad del territorio a la proyección exterior o la seguridad cibernética. Debemos tener la capacidad de defendernos de amenazas exteriores, como el terrorismo, aunque soy muy escéptico con la idea de tratar de construir una democracia en países que no tienen base alguna para eso. Aumentar el gasto en seguridad y defensa.

Esto solo son ideas generales para nuestro país, todas ellas a fin de ir siendo desarrolladas en el futuro.


Responses

  1. Felicitaciones por la nueva etapa. Añadiré el nuevo blog a mi blogroll ahora mismo.

    La primera entrada, magnífica.

    Saludos!!!

    Mike

  2. Muchas gracias, Mike.

    Disculpas si los comentarios no aparecen inmediatamente, todavía estoy aprendiendo a utilizar wordpress. Si hay algún tipo de filtro intentaré quitarlo.

    Saludos.

  3. Enhorabuena por el nuevo espacio, Javier, y por la imponente declaración que has publicado aquí, que me parece absolutamente magnífica. Es todo un programa a aplicar que no debemos perder de vista. Ojalá el PP tuviera las ideas claras y se atreviese a plantear una alternativa tan regeneracionista e ilusionante.

  4. Con un poco de retraso, te lo agradezco mucho.

    Es una pena poder disfrutar de tus artículos solo los fines de semana pero, bueno, también sé lo que es estar atareado.

    Saludos.


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