Posteado por: Javier | septiembre 10, 2010

11-S: nueve años

Hoy se cumplen 9 años del día en que no nos despegamos del televisor, incrédulos ante lo que estaba ocurriendo. El 11 de septiembre de 2001 tuvo lugar el mayor atentado terrorista de la historia, el secuestro de cuatro aviones de pasajeros por parte de 19 miembros de Al Qaeda y su colisión contra las Torres Gemelas en Nueva York y el edificio del Pentágono. Aparte de los 19 secuestradores, ya cada uno ocupando su correspondiente escaño en el infierno, hubo unas 2.973 personas fallecidas confirmadas y unas 24 continúan desaparecidas como consecuencia de los dichos atentados.


Contrariamente a lo que muchos pensaron o insinuaron, no se trató de una “venganza” contra Estados Unidos por las décadas de “brutalidades” que el pensamiento nihilista-relativista de buena parte de la progresía achaca a este país. Fue el ataque de una ideología totalitaria, el islamismo radical, contra Occidente, contra el Mundo Libre. No nos odian por “ser culpables de sus males” sino por nuestra libertad.

La consigna tras los atentados fue, igualmente, al contrario de lo que se piensa, “no demonizar el Islam”. El propio Bush, algo no muy recordado, se reunió pocos días después con los líderes de la comunidad islámica afirmando que los atentados no tenían nada que ver con el Islam. Es cierto que no todos los musulmanes son radicales ni proclives al terrorismo pero la mayor parte de los atentados terroristas en el mundo se cometen, precisamente, en nombre del Islam. Es cierto que la solución no es “prohibir el Islam”, como propone algún que otro elemento fascista, pero tampoco hay que perder de vista a los quintacolumnistas que tengamos como el enemigo desde dentro.

Igualmente, en los últimos años, a resultas de los atentados islamistas del 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid y el 7-J en Londres, una de las cantinelas bastante de moda fue la idea de que el germen del terrorismo estaba en la pobreza y el subdesarrollo. Zapatero, mendaz y sumido en la iniquidad como pocos líderes progres, soltó, en el discurso ante las Naciones Unidas, en 2004 (aquel en el que se adhirió, con gran entusiasmo, a la iniciativa del régimen de los ayatolás de “Alianza de Civilizaciones”), la tremenda patochada de que “el terrorismo no tiene justificación. No tiene justificación, como la peste; pero como ocurre con la peste, se puede y se deben conocer sus raíces; se puede y se debe pensar racionalmente cómo se produce, cómo crece, para combatirlo racionalmente”.  No nos vamos a asustar, a estas alturas, de las necedades que deponga el presidente ante el foro de las Naciones Unidas (y, a fin de cuentas, allí, habitualmente, están acostumbrados a cosas similares procedentes de otros dirigentes mundiales) pero, en esta, el disparate alcanza niveles estratosféricos. En esta idea de que la causa del terrorismo es la pobreza abundó Zapatero el 8 de julio de 2005 en un artículo en Financial Times.

El asesinato por medio del terrorismo no sería una decisión totalmente voluntaria y una elección de causar muerte y destrucción tomada en total libertad, sino una reacción sin voluntad propia, producida como consecuencia de la pobreza. Es uno de los prejuicios progres por excelencia: los pobres no saben lo que se hacen y no actúan por sí mismos. Según esta interpretación, el camino del terrorismo no se elige, se padece como si de una enfermedad se tratara, de un accidente (como los atentados de la ETA, por cierto), algo sobre lo que por tanto, desde Occidente, que somos los culpables de esa pobreza, en resumidas cuentas, no podemos hacer juicio de valor alguno sin caer en la injusticia.

El diario “El País” dio, al día siguiente, un magnífico ejemplo de su catadura moral con su ya famoso titular de portada “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. Con varios miles de muertos enterrados entre los escombros de las Torres Gemelas y otros tantos miles de heridos el día anterior, lo que les tenía preocupados e interesados era lo que estuviera pasando en ese momento por la cabeza de Bush. Las obsesiones de algunos son conocidas de sobra pero bueno es, al menos, tener la decencia de callárselas hasta que hayan pasado, como mínimo, unos cuantos días.

En diciembre, sin embargo, pese a lo que postula esta repugnante idea, tuvimos el caso del estudiante nigeriano, Abdul Farouk Umar Abdulmutallab, quien intentó perpetrar un atentado en el vuelo 253 de Northwest Delta Airlines, mientras se aproximaba al aeropuerto de Detroit con 278 pasajeros a bordo, procedente de Amsterdam. Según el FBI, llevaba cosidos a su ropa interior 80 grados del explosivo PETN. El artefacto, según confesó el propio Abdulmutallab, consistía en un paquete de pólvora de unos cuatro centímetros y una jeringa con líquido. Ambos estaban cosidos a su ropa interior, cerca de sus testículos, para evitar que se le notara llegado el momento de un posible cacheo. La combinación del líquido con la pólvora creó una especie de “bomba cegadora”, que fue finalmente extinguida por los pasajeros y la tripulación del avión. Abdulmutallab fue ingresado en un centro médico de Michigan con quemaduras en su pierna y en los genitales, según la cadena norteamericana ABC. Abdulmutallab no era, precisamente un paria de la tierra. Todo lo contrario, tenía ante sí un futuro brillante, pero decidió dejarlo de lado y entregarse al radicalismo terrorista islámico. En los últimos años vivió en un barrio acomodado de Londres, donde se licenció en Ingeniería en la prestigiosa University College of London. El caso de este individuo, un niño rico que decidió enrolarse en las filas de Al Qaeda, viene a confirmar una cosa: para pobreza, la de la escombrera intelectual y moral en que están sumidos algunos.

Después, vino la guerra contra el terrorismo, con la invasión de Afganistán, a fin de derribar el régimen talibán y capturar al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, la cual empezó, también, con un error de planteamiento: es imposible implantar la democracia allí donde no existe la base cultural para ello. La democracia, además de ser el menos malo de los sistemas, es un invento occidental. Es algo ajeno totalmente a la cultura y al mundo islámico.

Cuestión distinta es la legitimidad o conveniencia de las intervenciones. En el caso de la invasión de Irak, todos los servicios de inteligencia, incluidos los de Rusia y Francia, países opuestos a la intervención, creían que el régimen de Saddam Hussein poseía las “famosas” armas de destrucción masiva. El mismo Zapatero, por ejemplo, no se oponía a la intervención, de hecho, porque creyera firmemente que en Irak no había armas de destrucción masiva sino porque la, para él, sacrosanta ONU no había “legitimado” la invasión (como si los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia, apoyados por el PSOE, sí lo hubieran sido). Pero, en definitiva, las armas no aparecieron, sólo que aquello no fue una mentira, sino un error. Quizás, razones como que Irak amparase a terroristas o sus desafíos a la comunidad internacional justificarían, en ese caso, intervenir en no menos de una docena de países, organizar un buen número de expediciones para acabar con dictaduras totalitarias a lo largo y ancho del orbe. No obstante, eso no evita el pensar que el mundo es mucho mejor sin Saddam Hussein.

Por cierto, recordar que la invasión sí tenía cobertura legal, amparada por las Resoluciones 1441 (2002), 1483 (2003) y 1511 (2003) del Consejo de Seguridad la propia ONU.

Tanta cobertura legal como la famosa y vilipendiada Patriot Act. La ley fue aprobada, siguiendo los requerimientos legales y jurídicos, por la Cámara de Representantes y el Senado por una 357 a 66 en la primera y 98 a 1 en el segundo. La interceptación de comunicaciones se produjo después de un debate, votación y aprobación legítima por las instituciones representativas de los Estados Unidos, como una medida excepcional frente a la posibilidad de nuevos atentados como el del 11-S, revisable por el Senado en función de la amenaza terrorista. Su uso se ha limitado a grupos terroristas, sin incidencia para el resto de la población americana, la cual, al contrario, ha visto incrementada su seguridad mediante la escucha y seguimiento de grupos terroristas y la persecución y eliminación de sus fuentes de financiación y blanqueo de dinero. Tanto es así que el propio Obama no ha ido contra ella, pese a lo cual, la actual Administración demócrata norteamericana parece empeñada en cumplir todo lo que se espera de ella en cuanto a alejamiento de la de George W. Bush. Dios no quiera que los terroristas estén certeros.

El mandato George W. Bush como presidente de Estados Unidos fue flojo fundamentalmente en materia económica (de sus planes de estímulo económico para qué hablar), pero, al menos, en materia de seguridad, sí cumplió, evitando nuevos ataques terroristas en suelo estadounidense durante siete años, siendo cierto que el 11-S marcó su mandato (habría que ver al Obamamesías teniendo que gestionar algo así, ojalá y quiera Dios, he de reiterar, no lleguemos a verlo ni comprobarlo).


Responses

  1. Un día muy duro, Javier — yo lo viví y le doy gracias a Dios de que ese año ya no trabajaba yo en esa zona de las Torres Gemelas – y también doy gracias de que Bush era el Presidente, y no un ZP o un Obama de turno.

    Comparto absolutamente esta entrada en su totalidad y además, le diré que Thomas Sowell escribió un artículo muy interesante alabando a George Bush.

  2. Fue espantoso verlo por televisión. No quiero ni pensar estando allí en Nueva York.

    Lo mismo digo, gracias a Dios.

    Sí, el artículo de Sowell lo conozco, es este:

    http://www.gees.org/articulos/el_legado_de_bush_6224

    Y dice cosas bastante claras:

    ” Cualquiera que sea el veredicto que la historia depare a la administración Bush, probablemente será muy diferente al que le oímos pronunciar a las cabezas parlantes que salen en la televisión o a los editorialistas sabelotodo de los periódicos. El logro número uno del presidente Bush ha sido también la función número uno de un gobierno: proteger a sus ciudadanos. Nadie se creía el 11 de septiembre de 2001 que estaríamos libres de otro ataque similar en los siguientes 7 años”.

    ” Que un presidente de Estados Unidos nos haya protegido contra enemigos mortales puede que no parezca una gran hazaña para algunos. Pero puede que acabemos apreciándolo de forma más completa ahora que tenemos a un presidente que relajará esa protección para ganarse el favor de gente dentro de Estados Unidos y en el extranjero”.

  3. […] Aún somos objetivo Mañana se cumplen siete años de uno de los días más infames de la historia de España, cuando sufrimos el mayor atentado terrorista en la historia de Europa, con un saldo de 191 muertos y casi 2.000 heridos. Casi todo lo que dije en su momento, allá por septiembre, sobre el 11-S es válido para el 11-M pues las motivaciones fueron las mismas…. […]

  4. […] https://lavozliberal.wordpress.com/2010/09/10/11-s-nueve-anos/ […]


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