Posteado por: Javier | septiembre 11, 2010

Allende: la verdad (I)

Hoy, sábado, 11 de septiembre, otro aniversario significativo. Hace 37 años, en 1973, terminaba la experiencia de gobierno de Salvador Allende en Chile con el golpe de Estado acaecido ese día, planeado por un sector de la Armada junto con la Oficina de Inteligencia Naval de Estados Unidos, al que se habían unido generales de los Altos Mandos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, y dirigido por el General de Ejército Augusto Pinochet Ugarte. Las tropas, comandadas por este último, cercaron el Palacio de la Moneda, donde se alojaba Allende, quien acabaría suicidándose, concluyendo de esta forma el trienio marxista chileno.

Aclaración previa y necesaria, ya que hay mucho ignorante y cateto circulando por la red: NO APOYO NINGÚN TIPO DE DICTADURAS. Aunque evitase o bien una guerra civil o el establecimiento de un régimen marxista en Chile, y de que, en ocasiones, hay que elegir entre lo malo y lo peor, entre una copa de aceite de ricino y otra de arsénico, la dictadura de Pinochet no se puede negar que cometió algunos excesos y que durante ese período se produjeron una muertes y desapariciones poco claras de personas en ese país, sobre todo en los meses siguientes al golpe. A Salvador Allende había motivos de sobra para destituirlo de su cargo e, incluso, procesarlo, no así, para dar un golpe de Estado e implantar una dictadura, aunque Pinochet convocara un referéndum sobre su permanencia en el poder, en 1987, y, posteriormente, en 1990, diera paso a la democracia en su país. Pero la intención aquí solo es arrojar luz sobre lo ocurrido en el país andino entre noviembre de 1970 y septiembre de 1973, durante la presidencia de Allende, casi mil días de auténtica pesadilla. Las Fuerzas Armadas chilenas se limitaron a adelantarse a las intenciones allendistas de provocar una guerra civil mediante la agitación y la violencia, la ocupación de fábricas y la creación de una milicia revolucionaria que se enfrentase a ellas, con el fin de derrotarlas e implantar la dictadura del proletariado. Sobre todo, combatir la historia oficial que pretende hacernos creer que lo sucedido ese día fue tan solo el producto de la “intervención norteamericana”, del “bloqueo internacional” y del “boicot de los opositores”, reduciendo, como se ha hecho continuamente, a los chilenos y a cuantos fueron opositores a la Unidad Popular a la categoría de simples marionetas del “imperialismo yanqui”.

La intervención norteamericana en Chile sería enmarcable en un contexto en que Estados Unidos consideraba prioritario, en plena Guerra Fría, impedir que surgieran más Cubas en América Latina (aunque es sabido que la URSS no estaba muy por la labor de gastar demasiado dinero en su “Cuba andina”, bastante tenía con la Cuba caribeña) pero mucho más determinante fue el hartazgo de muchos chilenos ante las arbitrariedades, la violencia y la fractura social que estaba creando el gobierno de la Unidad Popular. Las Fuerzas Armadas intervinieron respondiendo a un clamor popular, ¿cómo se explica, en caso contrario, el apoyo mayoritario que tuvo Pinochet entre los chilenos durante bastante tiempo?

¿Amante de la democracia el gobierno de Allende? Vean esta portada del diario “allendista” Clarín y juzguen por ustedes mismos:

“El pueblo arrasó en los reductos momios”, poco tardaban los allendistas más fervientes en ejercitarse en el uso del insulto y la grosería hacia el resto del país. Pero esto solo era un anticipo de lo que se avecinaba.

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende Gossens, candidato de Unidad Popular, venció las elecciones presidenciales chilenas con algo más de un tercio (el 36,30%) de los votos, mientras que Jorge Alessandri, del derechista Partido Nacional, y Radomiro Tomic, de la Democracia Cristiana, obtuvieron el 34,98% y el 27,84% de los votos, respectivamente. La Unidad Popular era una alianza de partidos políticos conformada por el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista (PC), el Partido Radical (PR) y algunos grupos de origen demócrata cristianos escindidos del Gobierno de Eduardo Frei Montalva que integrarían el MAPU y posteriormente la Izquierda Cristiana (IC). El Partido Socialista había adoptado hacia 1962 el marxismo-leninismo y la lucha armada. Su gran socio en esta alianza era el Partido Comunista. Por libre iba el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), movimiento integrado por jóvenes estudiantes que se habían dedicado a perpetrar numerosos actos de tipo terrorista, aunque para Allende, para quien eran “jóvenes idealistas”, fue un verdadero placer invitarles al proceso revolucionario y de ruptura de la legalidad constitucional chilena que pretendía iniciar. El Partido Radical era el más tibio y “centrista” de esta coalición y, como vemos, aprobó esta declaración oficial en su XXV Convención Nacional, en 1971: “solamente fuera del sistema capitalista se encuentra la posibilidad de una solución para la clase trabajadora” y “el Partido Radical es socialista y su lucha se encuentra dirigida a la construcción de una sociedad socialista. Aceptamos el materialismo histórico y la idea de la lucha de clases como medios para interpretar la realidad”. Y estos eran los “moderados”… imagínense los más radicales de esta alianza totalitaria.

El Partido Socialista de Allende se encontró con una situación en la que, totalmente por sorpresa,  se veía con el poder en las manos previo paso por las urnas, en lugar de mediante la violencia revolucionaria y el golpe de Estado (desde entonces, muchos, Hugo Chávez y sus lacayos marrones, por ejemplo, han aprendido perfectamente esa lección), como era lo esperado por ellos. Un simple y pequeño cambio de planes: tener el gobierno en sus manos iba a facilitar el paso al socialismo. Como dijo Pedro Vuskovic, al ser nombrado Ministro de Economía, gracias al control estatal de la economía iba a ser posible “destruir las bases económicas del imperialismo y de la clase dirigente, terminando con la propiedad privada de los medios de producción”. No en vano, como acordó el Partido Socialista tras el varapalo sufrido en las elecciones parciales de 1972: “Comprendemos que, en última instancia, el poder de la clase media reside en su poder económico… Es posible para el gobierno (por medio de la acción ejecutiva) destruir las bases del sistema capitalista de producción. Creando y expandiendo el ‘área de propiedad social’, a expensas de las empresas capitalistas y de la burguesía monopólica, podremos quitarles a ellos el poder económico”, dado que: “El Estado burgués en Chile no puede servir de base al socialismo, es necesario destruirlo. Para construir el socialismo, los trabajadores chilenos deben utilizar su dominio sobre la clase media para apoderarse del poder total y expropiar gradualmente todo el capital privado. Esto es lo que se llama la dictadura del proletariado”.

Tanta desconfianza inspiraba Allende en sus intenciones que el Partido Demócrata Cristiano, a la hora de darle su apoyo para ser ratificado en el Congreso como Presidente de la República, en noviembre de ese mismo año 1970, le exigió la firma del denominado Estatuto de Garantías, un documento en que la Unidad Popular se comprometía a respetar las garantías y libertades consagradas en la Constitución de 1925. Meses después, en febrero de 1971, Allende reconoció en una entrevista con el corresponsal francés Regie Debray que la firma del Estatuto de Garantías por parte de la Unidad Popular: “había sido solamente una necesidad táctica. En ese momento(octubre de 1970) lo importante era tomar el gobierno”.

El día 4 de ese mes, se convertía en el primer presidente marxista-leninista en ser elegido democráticamente como dirigente de un país.

Sin embargo, la fachada de Allende como gobernante respetuoso con la legalidad y la democracia pronto comenzó a desmoronarse. Chile empezó en 1972 un movimiento de alineamiento con el bloque comunista, comenzando por el discurso de Allende ante la ONU, en el cual dibujó la fantasía de un país pequeño enfrentado al “imperialismo” estadounidense y a las grandes empresas multinacionales de este país. En Moscú, agasajó al régimen soviético definiéndolo como el “hermano mayor” de Chile. Firmó tratados de cooperación bilateral y se abrieron en Chile embajadas de Vietnam, Cuba, Checoslovaquia, Bulgaria, República Democrática Alemana o Rumania. Tras un viaje oficial del Comandante en Jefe del Ejército, General Carlos Prats, a la URSS, en 1973, comenzó a reemplazarse el material bélico occidental del que estaba provisto el Ejército por material soviético y de otros países comunistas.

Fíjense en la fruición con la que el allendismo recibió a Fidel Castro en su visita oficial a Chile (sin desaprovechar, cómo no, la ocasión para insultar a los opositores a la Unidad Popular y a los “asquerosos demócratas”, o “momios”, que se sintieran ofendidos por la visita del excelso dictador comunista cubano):

“El pueblo les tapó el hocico a los momios”. Algo que se comenta por sí solo.

Fidel Castro se dedicó en Chile, durante un mes entero de 1971, a predicar el odio de clases y el desprecio por el sistema democrático, mientras montones de asesores cubanos llegaban al país para iniciar la predicación del marxismo en sindicatos, escuelas y universidades. El dictador cubano regaló a Allende la metralleta soviética AK47 con que éste pondría fin a su vida al medio día del 11 de septiembre de 1973. En ese intermedio de dos años, desde la isla caribeña estuvieron llegando a Chile los famosos “bultos cubanos”, paquetes de armas pequeñas, aptas para el combate callejero y la guerra de guerrillas, así como militantes comunistas cubanos, brasileños, uruguayos, checos, alemanes orientales o vietnamitas, con el fin de predicar el marxismo y el odio en sindicatos y universidades, no quedándose ahí, sino, es más, comenzando a dar formación en tácticas de combate guerrillero. Algo importante: los “bultos cubanos” eran introducidos clandestinamente en Chile, el gobierno de Allende actuaba como ¡un vulgar contrabandista!, dejando entrar en el país material bélico apto para el estallido de la insurgencia, en el momento en que las Fuerzas Armadas dijeran basta al proceso revolucionario y antidemocrático iniciado. Un gobierno supuestamente democrático tolerara se dedicaba a acaparar armas ilegalmente. Afortunadamente, gracias a la iniciativa de la Confederación Democrática(CODE), que conformó el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Nacional, se logró promulgar la Ley de Control de Armas solo algunos meses antes del golpe, con la que se incautó gran parte del arsenal de la Unidad Popular. A buen seguro, esto evitó una sangrienta guerra civil.

A eso precisamente se encaminaba Chile, después de tres años de experimentos socialistas. El laboratorio montado por la Unidad Popular consistía en destruir las bases del capitalismo expropiando forzosamente propiedades e industrias, atemorizando a comerciantes y camioneros con la rapiña de sus medios de trabajo, obligando a los chilenos a hacer largas e interminables colas para conseguir el alimento diario y a pasar a la cartilla de racionamiento, debido a que el país no producía apenas nada, algo lógico, con las fábricas, las fincas agrícolas, granjas y minas ocupadas continuamente por piquetes o grupos armados. La mayoría de bienes solo podían encontrarse en el mercado negro. A eso hay que unir la perversa política destinada a empobrecer y dejar desestructurada a la clase media, ese “erosionar las bases económicas de la burguesía” en la jerga de estos totalitarios marxistas: manteniendo, por decreto, bajos, los salarios de los trabajadores cualificados y los profesionales liberales en tiempos de una desatada inflación, el gobierno iba debilitando la estructura de la clase media chilena. Igualmente, se fijaron los precios de fabricación de acuerdo a criterios marxistas, con lo que muchos industriales se encontraron con que tenían que vender sus productos a los precios anteriores al aumento de la inflación, a pesar del enorme aumento del coste de la mano de obra y las materias primas. Mediante el control de las reservas y las licencias de importación, el Gobierno pudo negar divisas y autorizaciones para adquirir repuestos, por ejemplo, a estaciones de radio o periódicos de la oposición. Y, a pesar de esta desastrosa política económica ideada para arruinar y devastar todo el tejido productivo chileno y crear una sociedad de dependientes fieles, como mandan los cánones del socialismo, desde el gobierno se acusaba a la oposición de acaparar alimentos y otros productos básicos para “provocar” la escasez y el aumento espectacular de los precios. Fíjense lo que había que hacer, según la prensa partidaria de Allende, para comer: “Si quieren comer, tendrán que votar por la Unidad Popular”.

Los periódicos allendistas hacían de altavoces de los dirigentes de la Unidad Popular que chantajeaban a los chilenos, la prensa libre informaba de la desesperación causada por el desabastecimiento, mientras el Partido Socialista repartía armamento liviano entre los obreros agrupados en los denominados “Cordones Industriales”, para la toma ilegal y violenta de industrias y empresas estratégicas de las principales ciudades de Chile. Cada protesta contra estos abusos era tachada de “sediciosa” o “subversiva e incluso se dudaba continuamente desde el propio gobierno de la legitimidad de la oposición.

Todas estas nefastas acciones provocaron una inflación del 300%, dejando la economía chilena como un páramo arrasado. Este proceso, la construcción del socialismo marxista-leninista, no hay que olvidar que se estaba realizando con tan solo un 36% de apoyo electoral y con la oposición de la mayoría de los chilenos.

Mañana, más.

Anuncios

Responses

  1. Don Javier: sepa usted que debido a mi “discurso” defendiendo que Pinochet no sea extraditado por Garzón, recibí numerosos correos tachándome de “Pinochetista” y de “fascista” entre otros adjetivos por parte de esos imbéciles catetos. Precisamente fue Pinochet el que entregó su país a la democracia (a diferencia del Gen.Franco) y por eso le admiro: él dimitió de forma voluntaria y es en SU PAÍS donde corresponde que le juzguen por esos crímenes de su gobierno contra ciertos individuos.

    Le comunico también que hace dos días, un tal “juanma” me envió un e-mail diciéndome que usted y yo somos los nuevos inquisidores y que somos unos “p**s burgueses al servicio del capital.” No se imagina usted el odio que nos tienen algunos personajes, Javier. Pero siempre digo lo mismo: si esa gentuza de ETA dice algo bueno de mí, yo sabría que algo hago mal.

    Allende era un peligro para su patria y por eso tuvieron que caer en una dictadura militar – Dios nos libre de un Allende (Zapatero en la primera legislatura era una copia pero aquí gracias a Dios tenemos los controles internacionales que, a pesar de que no tenemos soberanía, en este caso me alegro porque si no fuera por la UE, en estos momentos España sería la Venezuela de Europa)…junto con Portugal y algunos otros países del sur-europeo debido a que tenemos una población que tiene un alto grado de analfabetismo funcional: es decir, van a la uni pero la instrucción no llega a ellos…

  2. Algo bueno debía tener la UE. Zapatero me parece recordar que, en una visita a Chile en la primera legislatura, dijo que Allende con el casco y el fusil “defendiendo la democracia” en la Casa de la Moneda era un referente. Es normal que sea un icono puesto que fue un campeón en lo que más les gusta: destruir riqueza. Fue un Chávez pero en versión acelerada y aún más nefasto. Todo más rápido, en solo tres años, y peor aún.

    Entre Pinochet y Franco está claro que hay sustanciales diferencias, pero qué se puede esperar con el grado de analfabetismo funcional, idiotización y telebasurización que desgraciadamente sufrimos.

    A Juanma le quedan ríos de espuma que soltar por la boca y para rato. En realidad, es un honor que te insulte esta gentuza.

  3. […] En dos entradas publicadas en septiembre ya hablé del desastre, no solo económico, que estaba ocas…. Junto con el camino paso a paso hacia el socialismo real: una inflación disparada, unos precios controlados de miles de productos, los cuales escaseaban (salvo el pan, que estaba subvencionado y que el Gobierno cuidaba fuera abundante), las expropiaciones y nacionalizaciones de empresas y tierras, así como continuos piquetes y ocupaciones de fábricas que impedían que se produjese prácticamente nada. […]

  4. […] https://lavozliberal.wordpress.com/2010/09/11/allende-la-verdad-i/ […]

  5. Gracias por contar la verdad sobre nuestro país.

    Gracias a mi General Pinochet por salvar Chile del comunismo, por que hoy en día no hago fila para comprar medio kilo de pan, gracias a él no siguen votando torres eléctricas los marxistas, gracias a él tengo Internet, gracias a él puedo recibir una educación, gracias a él puedo comprar lo que desee y puedo darme el lujo de tener libre albedrío de elegir el lugar en donde hacerlo, gracias a él no somos un satélite de Cuba como es Venezuela.

  6. Gracias Pinochet por acabar con la miseria y las colas que es lo único que saben repartir los comunistas asolapados

  7. Fue voluntad de Dios que este hombre pusiera orden a la anarquía en que estaba el país.Lo mismo está pasando hoy y el pueblo ( en especial los que vivimos aquellos días, sabemos lo que realmente pasó, así que no vengan estos mamones, seudos idealistas a vendernos la “poma”) no se da cuenta hacia donde se encamina con este gobierno socialista.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: