Posteado por: Javier | septiembre 14, 2010

Thomas Sowell

Sobre este señor, casi seguro, tendré más ocasiones de referirme en el futuro pero aquí voy a hacer un simple retrato general. Thomas Sowell, nacido en el año 1930, en Gastonia (Carolina del Norte), es un economista y analista político estadounidense, una de las cabezas pensantes más claras en el mundo liberal, tras el fallecimiento, en 2006, de Milton Friedman. Graduado de las universidades de Harvard, Columbia y la Escuela de Chicago, donde fue alumno del propio Friedman y George Stigler, actualmente es miembro asociado de la Institución Hoover y columnista sindicado que publica regularmente en la revista Forbes. Profesor durante muchos años, Sowell es un autor prolífico y, sin duda, un extraordinario pensador y uno de los más brillantes intelectuales norteamericanos de nuestro tiempo, siendo “Basic Economics”, donde trata de crear una “guía para el sentido común en economía”, entendiendo el concepto de economía en su sentido más amplio, uno de sus libros más leídos. Según sus propias palabras, “la economía es el estudio del uso de recursos escasos que tienen usos alternativos”.

Sowell es uno de los máximos representantes de la oposición al modelo de pensamiento de lo políticamente correcto. No en vano, siendo de raza negra, siempre ha combatido ferozmente las leyes de discriminación positiva así como el estado del bienestar. Algo que siempre ha tenido muy claro es que no es un supuesto “racismo” o el liberalismo capitalista estadounidense el culpable de que negros o hispanos no prosperen, salvo excepciones, allí, sino un Estado del Bienestar que les ha acostumbrado a recibir subsidios y ayudas por el simple hecho de pertenecer a un colectivo de los denominados “minoritarios” sin necesidad de dar un palo al agua a cambio. En Miami, en alguno de los barrios menos recomendables, es un espectáculo dantesco ver a los negros en los porches de casas destartaladas, todo el día jugando a las cartas y bebiendo cerveza, mientras van medio tirando de los subsidios que cobran. En cambio, los cubanos sí prosperan, no esperan cruzados de brazos a que el Estado les subsidie y acoja en su regazo.

Estas malditas leyes de “discriminación positiva” y de “Estado del Bienestar” promulgadas, la mayoría de ellas, por los demócratas a partir de los 60, sobre todo desde la presidencia de Lyndon Johnson, unidas al nocivo actuar de personajes izquierdistas como Al Sharpton o Jesse Jackson o marxistas como Malmcom X han creado un caldo de cultivo y una cultura victimista de culpar a los blancos de todos los fracasos de los negros. Según leí hace algún tiempo, en algunas escuelas de los EEUU, muchos niños negros tienen miedo de hacerlo bien en la escuela porque podrían ser acusados por sus compañeros de su misma raza de “actuar como un blanco”. Así difícilmente los negros llegarán a algún lado, bajo la tutela de la izquierda y de líderes racistas de este tipo. Bueno, ahora también está el pastor favorito de Obama, Jeremiah Wright, un sujeto que alguna vez ha insinuado que Estados Unidos se mereció el 11-S o que el Gobierno daba drogas a los negros para mantenerlos esclavizados (puede dar gracias Obama de que John McCainn es un caballero y no sacó eso a la luz durante la campaña electoral, al igual que también puede dar gracias de que Bush sea un caballero y no hable de los intentos de atentado terrorista que llevan ya los EEUU durante el nefasto mandato obamita… habría que ver si fuera al contrario).

Esta situación, precisamente, la ha denunciado hasta la saciedad Thomas Sowell (junto a otro negro sumamente brillante, como Walter Williams). En su columna titulada “Los negros mascotas de los progres”, aborda muchas de las situaciones creadas tras la Ley de Derechos Civiles de 1964: contrataciones simbólicas de negros, admisiones de negros rebajando los criterios a los demás, defensa compulsiva de criminales negros, aunque las víctimas habituales sean de su misma raza, etc…

El problema de ser una mascota es que te conviertes en el símbolo de la virtud o la importancia ajenas. El bienestar real de un símbolo no le importa a nadie. Los progresistas de todo el país no han dudado en destruir barrios negros en nombre de “la renovación urbanística,” reemplazando con frecuencia vecindarios de clase trabajadora con residencias de clase alta y restaurantes de lujo, cosas que los antiguos residentes no se pueden permitir”.

No ha sido, tampoco, pequeña su lucha contra los privilegios convertidos en supuestos “derechos” a partir de su reivindicación por minorías. A través de sus citas y los artículos enlazados podemos comprobar cómo no tiene problema alguno en aplicar a las cuestiones sociales la misma lógica que aplica a la teoría económica, saltándose esa tiranía que pretende impedirnos manifestar determinadas posiciones u opiniones personales, por más que estas estén guiadas por el sentido común, so pretexto de no ofender a los miembros de determinados colectivos considerados especialmente sensibles.

El supuesto “derecho” al matrimonio entre homosexuales ha sido, en este sentido, otro de sus caballos de batalla. Los homosexuales tienen derecho a no ser discriminados ni denigrados por su condición, eso sí, en los ámbitos públicos (a mí no me pueden obligar a invitar a ninguno a mi casa, si no quiero), y, de hecho, en cualquier país civilizado se reconoce la igualdad ante la ley de toda persona. Ahora bien, con bastante sentido común (lo que más abunda en este autor, hay que insistir), Sowell argumenta que el que las leyes que regulan el matrimonio no consideren incluidos en el mismo las uniones homosexuales no consiste, en modo alguno, en una discriminación sino el tratamiento distinto a dos situaciones completamente diferentes. Tratamiento distinto que (salvo que estemos inmersos en la ideología igualitarista radical, en cuyo caso pensaremos radicalmente lo contrario) no implica discriminación. Sowell, es más, considera absurdo incluso hablar de la existencia de un “derecho al matrimonio” en el propio caso de las uniones heterosexuales: el matrimonio no es un derecho, sino un conjunto de obligaciones legales impuestas por el Estado porque éste entiende que es parte interesada en el asunto, ya que se trata de unas uniones que tienen el potencial de engendrar hijos, lo que afecta directamente a la población del territorio sobre el que se asienta aquél. El matrimonio no constituiría, pues, un derecho sino una serie de limitaciones a la autonomía individual. Lo buscado por los activistas pro-matrimonio homosexual sería una aprobación social oficial de una forma de vivir, no el reconocimiento de un derecho. Sowell concluye que esto sería la antitesis de la igualdad de derechos pues si alguien tiene un derecho a la aprobación de otra persona, entonces esas otras personas no tienen derecho a sus propias opiniones y valores, siendo la retórica de la “igualdad de derechos” una vía para conseguir privilegios especiales para todo tipo de grupos.

Otra de las luchas de Sowell se libra frente a lo que él llama la “visión de los ungidos” (de los iluminados también sería un buen término), ungidos para salvarnos a los ignorantes de nosotros mismos. La mayor peligrosidad de esta visión no está tanto en sus equivocadas ideas y políticas sino en la incapacidad de ver la realidad. Los ungidos serán incapaces de verla, en efecto, cuando esta no coincida con sus esquemas mentales. Para él, su fin no es tanto el bien común, sino la autosatisfacción, la autocomplacencia, el sentimiento de superioridad moral sobre los ignorantes (todos nosotros, considerados por ellos como “ignorantes”). No es difícil suponer a quiénes se refiere, hoy en día, como los “ungidos”.

En la columna “Indignación, S.A.” nos ilustra, con un ejemplo muy claro, sobre cómo lo que necesita el Tercer Mundo es más libertad de mercado… y menos iluminados que abarroten el Primer Mundo. Estos “ungidos”, como Sowell los califica, parecen empeñados en limitar las posibilidades de desarrollo de los países más pobres con tal de alimentar sus egos, lanzando histriónicas quejas contra fenómenos como la globalización o la expansión de la libertad económica a los mismos, constituyendo una auténtica “Indignación, S.A.”.

Muchas empresas multinacionales, como se dice en el artículo, son acusadas por esta “Indignación, S.A.” de obtener colosales beneficios con la explotación de trabajadores en el Tercer Mundo. Curioso, si esto es así, cómo es que estas empresas prefieren, no obstante, puestas a elegir, invertir en el Primer Mundo. Olvidan, por un lado, que, aun siendo inferiores los salarios que estas corporaciones pagan en estos países a los que se abonan en el mundo desarrollado, son, no obstante, superiores a los de otros trabajadores de esos mismos países. Por otro, que, incluso así, la productividad en estos países es menor (y, en algunos casos, mucho menor), por la sencilla razón de que, como es lógico, los empleados son mucho menos cualificados que los del mundo desarrollado. No es un lucrativo negocio en la relación inversión-beneficio para las empresas pero, a la vez, se están introduciendo allí novedosos métodos industriales y de producción que, a la larga, benefician a los trabajadores autóctonos, aumentando sus opciones laborales y las posibilidades de que otras corporaciones multinacionales se decidan a invertir en esos países.

Pero, al igual que la idea de la economía entendida como una suma cero, esta teoría del enriquecimiento lucrativo de las compañías del mundo desarrollado mediante la explotación de los trabajadores del Tercer Mundo está increíblemente extendida e interiorizada por muchísimos.

“Las diferencias en la productividad del trabajo no son sólo una cuestión de lo duro que pueda trabajar la gente. Los trabajadores de los países ricos generalmente tienen más y mejor maquinaria, entrenamiento y organización administrativa. Hasta el punto de que cuando las multinacionales acuden a esos países e introducen métodos más avanzados de producción, la población del Tercer Mundo no sólo tiene más trabajos hoy, sino más experiencia en los métodos modernos que podrá aprovechar todo su país en el futuro. Por supuesto, estas compañías obtienen un beneficio o no podrían mantenerse en el mundo de los negocios, pero los países con salarios bajos no tienen para ellas un atractivo especial. Lo que los pobres el Tercer Mundo necesitan son más multinacionales en sus países, y menos activistas económicamente analfabetos dando rienda suelta a sus propias emociones y egos”.

Aquí abajo algunas otras columnas interesantes (aunque hay muchísimas más) y sus citas más célebres:

Discriminación positiva y matrimonio homosexual

La pobreza del progresismo.

Los negros con los negros.

Candidatos republicanos acomplejados.

El hecho más fundamental sobre las ideas de la izquierda es que no funcionan. Por tanto, no debemos sorprendernos de encontrar a la izquierda concentrada en instituciones donde las ideas no tienen que funcionar para sobrevivir.

Es estúpido dejar las decisiones sobre economía a aquellos que no pagarán precio alguno por equivocarse.

La política es el arte de conseguir que tus intereses egoístas parezcan intereses nacionales.

La primera enseñanza de la economía es la escasez: nunca hay suficiente de algo para satisfacer plenamente a todos los que lo quieren. La primera enseñanza de la política consiste en ignorar la primera enseñanza de la economía.

No importa cuanto hable la izquierda de compasión, jamás tiene compasión por los contribuyentes.Si has estado votando por políticos que han prometido darte cosas a costa de otros, no tienes derecho a quejarte cuando cojan tu dinero y se lo den a otro, incluyendo a ellos mismos.

¿Qué es la historia sino el relato de cómo los políticos han derrochado la sangre y los tesoros de la raza humana?

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Responses

  1. Sí, Thomas Sowell es una referencia para todos nosotros, pero yo le encuentro un poco oscuro y cansino, nada que ver con lo claro y ameno que siempre fue su maestro Milton.

    De todos modos es verdad que desde hace muchos años le sigo y por eso les recomiendo a los que tengan menos de treinta o cuarenta años que busquen los videos de aquella serie “Libertad de Elegir” de Friedman y descubran un irreverente Sowell con el pelo afro al estilo del primer Doctor J., verdaderamente espectacular, y también contemplen como a Milton se le caía la baba con él.

  2. Sí, es cierto lo de Sowell en los vídeos de “Libre para Elegir”, en los debates tras la exposición de Friedman, con ese pelo a lo afro… a la moda de los 70.

    Una anécdota bastante buena de Friedman la cuenta en el artículo “Los negros mascotas de los progres”: Friedman tuvo una secretaria negra desde antes de la Ley de Derechos Civiles de 1964. Siempre decía que tenía una magnífica secretaria pero nunca presumió de tener una secretaria negra, nunca la utilizó como mascota para decir “que bueno que soy que tengo una secretaria negra”.

    La serie está en los enlaces, aunque a quien interese la puede ver aquí, siguiendo los enlaces a Google Video en las entradas:

    http://la-voz-liberal-melvin.blogspot.com/search/label/Libre%20para%20Elegir

  3. Bueno yo fuí Friednamita hasta que ley un articulo de Juna Ramón Rallo en que no solo Mises sino hasta su propio hijo David Friedman le tachó de socialista(muy al estilo me van a perdonar de los conservadores liberales) como el PP en España que por ejmplo inundó la economía de dinero fácil para alimentar el ladrillazo estrangulando a la industris textil y alimenticia y que de esos barros viene estos lodos por muy liberal que dijera ser, nada de acabar con la PAC, el reparto territorial que hizo de las electricas, y el PP de rajoy, aprobando el FROB cuando el IJM hizo una propuesta más interesante, que los depositarios puderan capitalizar sus deduas con los bancos que estuvieran en quiebra que son casi la mitad de los españoles.

    Friedman hablaba de un crecimiento constante de la masa monetaria y de tipos de cambio flexibles, cito textualmente para no plagiar al señor Juan Ramon Rallo:

    Y es que la propuesta de Friedman concedía a los Gobiernos la facultad para envilecer tanto como quisieran la moneda, al no estar ésta ligada a estándar de valor alguno. Debido a la contaminación friedmanita, se ha extendido la muy errónea idea de que los tipos de cambio flexibles son una medida más propia del libre mercado que los fijos, más parecidos a los intervencionistas controles de precios. Pero, como explica Richard Salsman, “eso es como afirmar que un sistema de pesos y medidas fijos (100 centímetros = 1 metro) es estatista y uno de pesos y medidas variables (ahora, 100 centímetros = 1 metro; dentro de un minuto, 100 centímetros = 2 metros), propio del libre mercado”.

    Los errores en teoría monetaria de Friedman no terminan aquí. A juicio de otro gran economista, Antal Fekete, Friedman fue, junto con Keynes, el mayor enemigo del patrón oro en el siglo XX. Keynes contribuyó a que Roosevelt expropiara, en 1933, el oro a los estadounidenses; Friedman, a que Nixon se lo quitara a los extranjeros en 1973, con el abandono de Bretton Woods.

    http://revista.libertaddigital.com/por-que-llamaron-tantas-veces-socialista-a-milton-friedman-1276234015.html

    dejo el link mas detallado para quien interese

    no, los bancos centrales de que son tan amigos los monetarsitas a los que son afines los liberales conservadores(en definitiva cualquier politico que diga ser liberal, si se aplicara el liberalismo como tal, ese politico casi se quedaria sin trabajo y no lo va a apermitir) son tan estatalistas como el Keynesianismo, porque es una autoridad monetaria(politico, no empresario banquero) quien decide no sobre una rentabilidad(es decir, un Bº porque tu servicio sea demandado, en este caso el dinero)y no de mercado la que decide cuanto dinero producir.

    Aun asi el patron oro es un freno a todo esto, por eso interesó su desaparicón, pero porque el dienro es un medio de intercambio y el oro es un medio de pago aceptado universalmente(acuerdod voluntarios) los billetes son aceptados obligadamente(yo estoy hasta las narices de un euro que se deprecia cada año aun asi no puedo utilizar otro billete o moneda, eso es liberalismo).

    En cuba no aceptaban la moneda nacional y si los dolares, el mercado simpre vence aunque sea usando el estraperlo.

  4. No hay que ser dogmático ni sectario ni dar por válido automáticamente lo que diga un autor solo por ser él quien lo dice, pero no sé como llega a esas conclusiones Rallo. Tal vez sea debido a… bueno corramos un tupido velo.

    Precisamente, el monetarismo lo que defiende no es eso, sino que la oferta de dinero es el único factor determinante del nivel de gasto y de la actividad económica, de forma que, para asegurar la estabilidad de precios, el banco central debe establecer un índice de crecimiento de la oferta de dinero a una tasa aproximadamente igual al crecimiento real de la economía. Precisamente, la inflación se produciría, según el monetarismo, porque hay más dinero en circulación del que debería haber de acuerdo a las reservas del Banco Central y a la actividad económica en general (si nosotros tenemos unas reservas de 25.000 millones de dólares, el circulante en euros no debiera superar esos 25.000 millones o de lo contrario se devaluará) y para evitar que exista más dinero circulante que las reservas, la oferta de dinero debe crecer a un porcentaje fijo, no a uno variable, y que sea bajo, para así evitar la inflación, pero ajustado al crecimiento del país a largo plazo, aparte de reducir progresivamente el tamaño del Estado, dejar más dinero en el bolsillo de los ciudadanos.

  5. Por supuesto que Milton Friedman para Rallo es un asqueroso socialista, pero es que para Rallo todos lo somos.

    Y no me entienda mal, que a mí Rallo me gusta como escribe, pero en su conclusiones se columpia un poquito.

    Mire, para los austriacos todos los demás somos comunistas, incluso entre ellos mismos se acusan de vez en cuando de serlo.

    Y claro que David piensa, medio en broma y medio en serio, que su padre era un rojo; pero lo mismo le ocurre a su hijo Patri con él, por lo que debe ser cosa de familia.

    Lo del patrón oro en teoría está muy bien, pero como intentó demostrar Milton Friedman en su momento nunca podrá pasar la prueba del algodón de la realidad de los gobiernos, que seguro que lo respetarán si las cosas andan bien y que seguro que no lo harán si se van torciendo.

    Por eso planteó lo de aumentar de un modo constante y por todos conocido la cantidad de moneda en circulación, lo que creo que se comprende que es más fácil que lo otro de verlo alguna vez cumplido.

    Y, además, miren como el mismo Huerta de Soto siempre ha luchado más por lo de que los bancos comerciales garanticen el 100 % de sus prestamos que por lo de la vuelta al patrón oro, claro que a lo mejor también para Rallo su admirado profesor es un poco rojo.

  6. […] mediante el mecanismo de la redistribución. Todavía hay muchos “ungidos”, como los llamó Thomas Sowell, en el mundo desarrollado, empeñados en que existan pueblos que nunca salgan de la […]


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