Posteado por: Javier | septiembre 19, 2010

No hay nada como ser progre

Aparte de que nuestro Gobierno considere que en Afganistán no hay una guerra sino una “war”, efectivamente, no hay nada como pertenecer a la progresía para poder defender casi cualquier cosa por falaz que sea. Como con esta famosa foto del ex Secretario de Defensa estadounidense, bajo las administraciones de Ford, Reagan y Bush hijo, Donald Rumsfeld con Saddam Hussein, que tan recurrente ha sido como clavo ardiendo al que agarrarse, durante años, para desprestigiar la intervención internacional contra el régimen de este último. Rebuscando en internet, he encontrado esto en Barcepundit:

Que un bloguero progre y con escaso bagaje intelectual la pifie en base a “copio-pegos” de wikipedia tiene disculpa. Cada cual da de sí mismo lo que buenamente puede. No hay que darle mayor importancia. Pero que lo haga un periodista supuestamente serio ya es más preocupante. Lean lo que dice la wikipedia en español, primero, y luego lo que dice un señor llamado Xavier Batalla en La Vanguardia:

“Cuando fue enviado especial de Reagan en Oriente Próximo tuvo una reunión de 90 minutos con Saddam Hussein para darle apoyo táctico en su guerra contra Irán y para acelerar la producción de petróleo de Irak por medio de un oleoducto que cruzaría Siria”.

“Donald Rumsfeld, artífice del plan para invadir Iraq el 20 de marzo del 2003, nunca expondrá en su despacho la fotografía en la que se le ve estrechando la mano de Sadam Husein. Ocurrió el 20 de diciembre de 1983, en Bagdad, cuando se entrevistó durante noventa minutos con el dictador iraquí. Rumsfeld viajó como enviado especial del presidente Ronald Reagan para demostrar que Estados Unidos respaldaba a Sadam Husein en la guerra contra el Irán de Jomeini. Secretario de Defensa con Gerald Ford, volvió a ocupar el cargo con George W. Bush en el año 2001”.

Una lástima que el periodista no se mire los archivos públicos del viaje, al menos en la misma medida en que lee webs radicales como La Haine, Rebelión, Kaos en la Red o Comité de Solidaridad con la Causa Árabe:

Donald Rumsfeld (who had served in various positions in the Nixon and Ford administrations, including as President Ford’s defense secretary, and at this time headed the multinational pharmaceutical company G.D. Searle & Co.) was dispatched to the Middle East as a presidential envoy. His December 1983 tour of regional capitals included Baghdad, where he was to establish “direct contact between an envoy of President Reagan and President Saddam Hussein,” while emphasizing “his close relationship” with the president [Document 28]. Rumsfeld met with Saddam, and the two discussed regional issues of mutual interest, shared enmity toward Iran and Syria, and the U.S.’s efforts to find alternative routes to transport Iraq’s oil; its facilities in the Persian Gulf had been shut down by Iran, and Iran’s ally, Syria, had cut off a pipeline that transported Iraqi oil through its territory. Rumsfeld made no reference to chemical weapons, according to detailed notes on the meeting [Document 31].

Rumsfeld also met with Iraqi Foreign Minister Tariq Aziz, and the two agreed, “the U.S. and Iraq shared many common interests.” Rumsfeld affirmed the Reagan administration’s “willingness to do more” regarding the Iran-Iraq war, but “made clear that our efforts to assist were inhibited by certain things that made it difficult for us, citing the use of chemical weapons, possible escalation in the Gulf, and human rights.” He then moved on to other U.S. concerns [Document 32]. Later, Rumsfeld was assured by the U.S. interests section that Iraq’s leadership had been “extremely pleased” with the visit, and that “Tariq Aziz had gone out of his way to praise Rumsfeld as a person” [Document 36 and Document 37].

Rumsfeld returned to Baghdad in late March 1984. By this time, the U.S. had publicly condemned Iraq’s chemical weapons use, stating, “The United States has concluded that the available evidence substantiates Iran’s charges that Iraq used chemical weapons” [Document 47]. Briefings for Rumsfeld’s meetings noted that atmospherics in Iraq had deteriorated since his December visit because of Iraqi military reverses and because “bilateral relations were sharply set back by our March 5 condemnation of Iraq for CW use, despite our repeated warnings that this issue would emerge sooner or later” [Document 48].

Lo que Rumsfeld, enviado por la administración Reagan, fue a decirle a Saddam Hussein es que Estados Unidos no iba a colaborar con su régimen debido al uso de armas prohibidas y las violaciones de los derechos humanos, entre otras las cometidas contra los kurdos.

El 16 de mayo de 1988, tras la guerra contra Irán, finalizada con un empate virtual, Saddam Hussein tenía que demostrar que seguía siendo poderoso y lanzó un terrible ataque en su propio país con gas mostaza y gas sarín, sobre la ciudad kurda de Halabja, en el que resultaron muertas 7000 personas. Según un informe de la CIA, entre 1991 y 2003, en pleno embargo internacional, Saddam construyó 48 palacios y residencias para personalidades importantes. El gobernante iraquí gastó entre 1.500 millones y 2.000 millones de dólares en la construcción de nuevos palacios o la renovación de los existentes desde 1990. Asimismo, el informe dice que “El gobierno iraquí interfirió rutinariamente con la provisión de asistencia humanitaria al pueblo iraquí por la comunidad internacional, al dar más prioridad a la importación de artículos industriales que de alimentos y medicinas, desviando los bienes para beneficiar al régimen, y restringiendo la labor del personal de la ONU y de los trabajadores que brindan asistencia. Debido a que la importación de alimentos y medicinas nunca ha sido prohibida por las sanciones de la ONU, Iraq podía comprar y distribuir todos los abastecimientos humanitarios que quisiera”. Y agrega que “En el centro y sur de Iraq, el régimen ha desviado los abastecimientos humanitarios hacia sus fuerzas de seguridad, fuerzas armadas y otros partidarios”. A la fecha de la intervención de 2003 se estimaba que la de Saddam Hussein era la dictadura que, por aquel entonces, acumulaba el segundo mayor número de desaparecidos en el mundo (más de 100.000, se estima, “tragados” por el régimen, sin que nada se volviera saber de ellos).

Pero sabido es que esto no es lo relevante ni importante para esta gente.

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