Posteado por: Javier | septiembre 28, 2010

Noviembre no está tan lejos

El próximo 2 de noviembre, como muchos de ustedes sabrán, se celebran elecciones intermedias en Estados Unidos, prácticamente, la antesala del inicio de la carrera presidencial de 2012. En ellas, serán renovados todos los 435 escaños en la Cámara de Representantes y los 100 escaños en el Senado, así como 38 gobernadores, varias legislaturas estatales, cuatro legislaturas territoriales, y también tendrán lugar varias elecciones a nivel local y estatal en todo el país, a los dos años de la deslumbrante victoria de Obama y después de cuatro años de control absoluto del legislativo por parte de los demócratas.

Los republicanos, con diez puntos de ventajas en todas las encuestas, parece ser que tienen muy cerca una clara victoria (se habla incluso de que puede superar la de 1994). En las primarias celebradas en el GOP han triunfado mayoritariamente candidatos apoyados por los famosos tea parties, con lo que eso supone, mucho ronpaulista y libertariano loco, pero, en todo caso, las encuestas y el presumible resultado electoral no son más que un botón de muestra del hartazgo de buena parte de los estadounidenses con el intento de venderles socialismo que lleva protagonizando el inquilino de la Casa Blanca en estos dos últimos años, amén de una política que parece más dirigida a contentar a los enemigos del país y los palmeros propios tanto en el exterior como en el interior.

El mandato de Barack Hussein Obama está siendo todo un completo curso de izquierda para los estadounidenses.

Una política torpe y errática que comenzó con su medida estrella, nada más jurar el cargo: el cierre de Guantánamo. La izquierda progre condena, y nos exige que condenemos, Guantánamo hasta la saciedad, mientras guarda un bochornoso e hipócrita silencio frente, por ejemplo, a las cárceles castristas y muchos otros abusos de sus regímenes afines a lo largo y ancho del globo, al lado de los cuales, la prisión militar norteamericana sería un hotel de cinco estrellas. Muchos de los prisioneros de Guantánamo son unos terroristas miserables, no unos pobres pastores de cabras afganos, como quieren pintarnos. Desde el principio, fue muy inquietante la poca claridad en cuanto a qué se iba a hacer con los prisioneros potencialmente peligrosos pero contra los que difícilmente se pueden formular cargos ante un tribunal ordinario al no haber pruebas sólidas o, más aún, constituir pruebas que no serían admitidas ante un tribunal. A muchos de estos individuos no les echaron el guante preparando ni cometiendo ningún atentado, sino entrenándose, con lo que, según la doctrina que sigue Obama para cerrar Guantánamo, son presos contra los que no hay cargos por terrorismo y, por tanto, al no existir en Estados Unidos el delito de pertenencia a banda armada (como sí está tipificado, por cierto, en España), deben ser liberados. Ya no son prisioneros de guerra, sino ordinarios contra el cual no hay cargos. Pero el caso es que estos fulanos son “combatientes enemigos”, en todo caso prisioneros de guerra, pero no delincuentes comunes. ¿Alguien ha visto alguna vez a un delincuente común que se entrene para matar, que se fanatice en el estudio del Islam hasta el punto de justificar el terrorismo, o que sea un riesgo evidente para la seguridad nacional? Evidentemente, no. Estamos en una guerra y no podemos tratar a los combatientes como otra cosa. La solución final, un año después del anuncio obamita del cierre del penal “en un mes”, el alojamiento en aquellos países dispuestos a recibirlos, España entre ellos. Ya tenemos a dos aquí.

En agosto del año pasado, poco tiempo necesitó Obama para empezar a sacar pecho atribuyendo los datos de la leve recuperación de la economía norteamericana que empezaban a llegar al éxito de su plan de estímulo económico cuando, sin embargo, tan sólo había ejecutado el 12% (70.000 millones de dólares) del gasto público comprometido, que asciende a 800.000 millones, buena parte del mismo derrochado en medidas tan estrambóticas (típicas de buen socialista) como la construcción de rutas para tortugas, vallas anti-suicidios, puentes o carreteras por donde casi no circulan coches, una pasarela sobre un lago inexistente o la distribución de cheques a personas ya fallecidas. Proyectos tan pintoresco como despilfarradores e inutiles. De hecho, la tasa de paro se situaba ya en ese momento casi en el 10%, bastante alta para Estados Unidos, una muestra del nulo efecto de las medidas de Obama. Sus medidas no frenarían el paro pero el déficit lo dispararon de forma estratosférica.

Durante la crisis hondureña, el proceso de destitución del prevaricador presidente y hombre del sombrero de cowboy, Manuel Zelaya, otro lucimiento de Obama. Durante el verano de 2009 pareció haber terminado definitivamente de entender que para ser el faro del progresismo mundial debe abrazarse todo su imaginario. Que el comunismo castrista cubano es la implantación de la justicia social, que el movimiento chavista bolivariano es la reivindicación de los oprimidos y que lo de Honduras había sido un antidemocrático golpe de Estado llevado a cabo por el ejército con el apoyo de los sectores más poderosos y reaccionarios de la sociedad hondureña forma parte de dicho imaginario, ante lo cual, el presidente norteamericano se veía obligado a dar pequeños pasos con los que ir ganándose el apoyo del “establishment” socialista internacional, con los que mimarlo y tenerlo bien cuidado. No se explica de otra forma la doble moral empleada en asfixiar económicamente a Honduras, durante aquellos meses, para forzar el regreso de Zelaya, mientras relajaba el embargo a la dictadura castrista levantando las restricciones de viajes y el envío de dinero. Doble moral semejante a la que caracteriza a la progresía europea y que jalea o rechaza las guerras y los golpes de Estado dependiendo de si van encaminados a instaurar dictaduras socialistas o no. La misma que odia la libertad salvo como camuflaje para eliminarla. Porque, incluso si Obama siguiera a rajatabla el ideario del manual progre y considerase que en Honduras lo que se ha implantado es una dictadura que hay que derrocar mediante la presión internacional: ¿por qué ahogaba a la “dictadura hondureña” cortándole cualquier ayuda salvo la humanitaria mientras, a la vez, suavizaba el embargo a la dictadura (esta sí totalmente acreditada como tal) cubana? La democracia hondureña distará mucho, a buen seguro, de ser perfecta pero con mucho será bastante preferible al castrocomunismo cubano. Para Obama no, mejor promocionar a las dictaduras en detrimento de los órdenes constitucionales si con ello se puede ganar el agrado y el cariño de todo el progresismo europeo. Se resienta lo que se resienta la libertad.

No se explica de otra forma la concesión del Premio Nobel de la Paz al mesías mulato, el 9 de octubre de 2009. En su nota pública, el Instituto Nobel de Oslo señalaba los “esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos” y quiso además reconocer especialmente su visión de un mundo sin armas nucleares. Según los miembros del Instituto, Obama había creado un “clima nuevo para la política internacional. Gracias a sus esfuerzos, la diplomacia multilateral ha recuperado su posición central y ha devuelto a las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales su papel protagonista”“La visión de un mundo sin armas nucleares ha estimulado el desarme y las negociaciones para el control de armamento. Gracias a la iniciativa de Obama, Estados Unidos está desempeñando un papel más constructivo para hacer frente a los retos del cambio climático que afronta el mundo”, agregó el Instituto. No es nada extraño. Pese a ser, ya en aquellos días, cada vez más impopular en EEUU (aunque mantuviera su popularidad en otros países) Obama era todavía un magnífico producto publicitario, por tanto, era lógico que le galardonasen con un premio que, en buena medida es puro marketing, y buena demostración de que las palabras y los discursos huecos y vacios de toda sustancia tendrán mayor o menor éxito dependiendo de quién las diga. De hecho, no hay más que ver lo plúmbeo de los motivos por los cuales, según el instituto noruego, era merecedor Obama del galardón.

Alfred Nobel no hubiera estado demasiado disgustado. Pese a ser el inventor de la dinamita, con lo cual pocos lo sospecharían, parece ser que tenía unas ideas sobre la paz muy cercanas a lo que hoy entenderíamos como el apaciguamiento de sátrapas y totalitarios, por el cual fue premiado Obama. Lo que harían los otorgantes del premio sería únicamente seguir sus ideales. Sí que es cierto es que Nobel quizás diría: “Hombre, un poco pronto. Que Obama aún no ha apaciguado bastante como para ganarse el premio. Tendríais que haber esperado a que apacigüe unos años más”. Fue un premio que la izquierda europea se concedió a sí misma. Si durante la Guerra Fría se premiaba a los que sostenían estas posturas apaciguadoras frente al bloque soviético (Jimmy Carter), desde la caída del Muro de Berlín se premia a tótems del ambientalismo (Al Gore), del indigenismo radical pseudo castro-comunista (Rigoberta Menchú), de las simpatías hacia el terrorismo palestino (Yasser Arafat, aunque este, es verdad, compartido con Isaac Rabin) o del señalamiento de Occidente como culpable de los males del Tercer Mundo (Wangari Maathai, alguien que sugirió que el virus VIH era “producto de la ingeniería genética” que fue “colocado” en África para “castigar a los negros”). Con Obama pensaron que sus posturas han quedado plenamente ratificadas, al haber accedido al poder en la primera potencia mundial. Paz, para la progresía, es cesión ante cualquiera que quiera destruir tu libertad y por ello es normal que piensen que su ideología ha contaminado al, hasta ahora, tozudo y “reaccionario” país que se empeñaba (¡vaya, hombre!) en defender una serie de principios liberales sobre los que se fundó y que le han llevado a ser lo que es.

Apaciguador ante cualquier canalla internacional y beligerante frente a quienes critiquen su política. En la misma semana del Nobel declaró oficialmente la guerra a Fox News, prácticamente la única cadena de televisión crítica con sus políticas. La primera en abrir fuego fue la Directora de Comunicaciones de la Casa Blanca, Anita Dunn, desde el New York Times: “Vamos a tratarlos de la manera que se trataría a un oponente”, sentenció, “No es la forma en la que las organizaciones noticiosas legítimas se comportan” para acabar acusándolos de formar parte de un “ala del Partido Republicano”. A lo que Dunn se refería no es los servicios informativos de la cadena, ni a la cobertura presidencial, sino a los tertulianos que durante la noche, participan en programas de comentario político. En concreto, personalidades como Bill O’Reilly, Glenn Beck o Sean Hannity, muy críticos con la adminstración de Obama, y con notoria influencia. Esos son son los que molestan a la Casa Blanca, y contra los que se dirige en realidad. Pero las relaciones de Obama con Fox News ya habían sido históricamente tensas. La Casa Blanca dio respuesta a las críticas, excluyendo sistemáticamente a la cadena de toda rueda de prensa oficial, y negándose en redondo a que Obama fuera entrevistado en sus estudios, mientras lo hacía en el resto de televisiones del país. De hecho, parte de la ofensiva contra la cadena se detalla diariamente en un blog creado al efecto en la página oficial de la Casa Blanca, “Reality Check”, dedicado exlusivamente a desentrañar las supuestas manipulaciones de la cadena de Murdoch. La revista Time planteó la operación de la Casa Blanca como una estrategia política, olvidándose de la ingenua concepción de que lo hace por “principios” o sin ninguna segunda intención. Obama, según estas teorías, trataba de polarizar el debate político, y volver a granjearse los apoyos – y los votos- de todos aquellos sectores que se habían ido decepcionando con el devenir de su política.

Puede que los norteamericanos tengan defectos (ni la sociedad ni, fundamentalmente, la juventud están mucho mejor que la española) pero entre ellos no está el dejarse engañar facilmente. Un año después de la victoria electoral del faro del progresismo mundial, y con el establishment socialista universal sin explicarse cómo es que los yankees se resistían tanto a las benéficas y bondadosas medidas del Obamamesías, los republicanos asestaron un duro golpe al Partido Demócrata al ganar en las elecciones las gobernaciones de los estados de Virginia y Nueva Jersey. Además, en Nueva York, el teóricamente independiente Michael Bloomberg (realmente era demócrata y se hizo republicano para ganar la nominación hace 8 años) consiguió un tercer mandato como alcalde. ¿Alguien esperaba otra cosa? Con una crisis económica que se ha agravado en EEUU en sus dos años de presidencia (con esa especie de costoso e inútil Plan E a la americana del que he hablado, incluido), unos impuestos cada vez más altos, el inicio de una campaña de acoso y derribo a los medios de comunicación no progresistas, las fotos de Obama con Chávez o Zapatero (a pesar del casi total desconocimiento que existe en la nación useña sobre este último), el posicionamiento junto al castro-bolivarianismo en acoso a Honduras, la debilidad frente a los ayatolás iranies, la insistencia en que Israel realice concesiones sin que el estado hebreo tenga ni una mínima garantía de seguridad o la renuncia al escudo antimisiles, dejando a Europa del Este a merced del totalitarismo ruso. Camino de convertirse en un nuevo Carter, ello en un país donde poco más de un 20% de sus ciudadanos se reconocen estrictamente como progresistas y, por el contrario, cerca del 50% como conservadores.

Empezaba a atisbarse algo de luz al final del tunel. Tras el resultado de estas elecciones estatales y locales de Virginia y Nueva Jersey y el jarro de agua fría que supusieron para la izquierda norteamericana en general y para el Partido Demócrata en particular, y con la popularidad de Obama hundida en el 47%, frente al 68% de justo un año antes, empezaba a constatarse que la refundación de Estados Unidos bajo postulados socialistas (previa redención, a ojos de los progres, de los, hasta entonces, malvados e imperialistas yankis), que algunos quisieron ver en noviembre de 2008, no era sido tal.

A ello venía a unirse un verdadero cúmulo de errores que empezaron a crear serias dudas sobre el estado de la seguridad norteamericana. Tras el atentado de Fort Hood en noviembre de 2009, la CIA tuvo que ver, en vísperas de Navidad, cómo, delante de sus propias narices, un terrorista, sobre el cual su propio padre había advertido a la inteligencia norteamericana, y con un curioso historial de viajes al Yemen, estuvo a punto de cometer un nuevo macroatentado en territorio estadounidense, a donde se le permitió viajar sin control alguno, pese a estos antecedentes.

Ya en enero de este año, nueva decepción electoral para Obama. En otra prueba de fuego a la hora de evaluar el estado de opinión de los norteamericanos. Se celebraban elecciones en el estado norteamericano de Massachussetts para elegir el sucesor del senador demócrata Ted Kennedy (hermano de JFK, recordemos), fallecido en agosto del año pasado, a consecuencia de un tumor cerebral maligno, y quien había ocupado el cargo de senador por este estado desde 1962. Los demócratas llamaban a ese escaño “el escaño de Ted Kennedy”. Es más, Massachussets puede considerarse el estado izquierdista por excelencia de los Estados Unidos, con un control que dura décadas por parte de los demócratas. En las presidenciales de 2008 Obama obtuvo 1.891.083 votos populares frente a los 1.104.284 que consiguió McCainn, aunque las tornas parecía que podían cambiar, en aquella ocasión, en favor del Partido Republicano. Como así fue: los demócratas volvieron a pinchar en hueso.

Entre otras cosas, el republicano Scott Brown se había comprometido a votar contra el plan de socialización de salud promovido por Obama, de ahí la importancia crucial de lo que ocurriera en este estado, puesto que los demócratas perdieron la mayoría de 60 votos sobre un total de 100 en el Senado. Los conservadores norteamericanos no estaban muertos, en absoluto, y, sin hacer grandes méritos, bien es verdad, sí habían sabido aprovechar las torpezas y el sectarismo de Obama. Gracias, en buena medida, a que Estados Unidos es liberal-conservador, pese a que gran parte de los votantes se decantasen por él frente al insípido John McCainn, desencantados con Bush, hartos de la guerra en Irak y Afganistán y en medio de una grave recesión económica.

Con la derrota de la candidata demócrata Martha Coakley, el Partido Demócrata iba a verse obligado a negociar la ley con algunos legisladores republicanos. Obama tendría más dificil sacar adelante una reforma con un sesgo tan marcadamente izquierdista, estando cada vez más cerca las elecciones al Senado y a la Cámara de Representantes de noviembre, en las que los puestos de los actuales legisladores están en el alero.

El 27 de ese mismo mes de enero, Obama, pronunció su primer discurso sobre el estado de la Unión. Más de lo mismo. Dedicó buena parte del discurso a criticar a Bush, como si los errores cometidos por éste fueran justificación para su chapucera gestión, entre otras cosas, con un grave empeoramiento de la situación económica con respecto a un año atrás. El faro del progresismo mundial afirmó que su prioridad sería el empleo para, después, decir que iba a continuar con las políticas que han llevando la tasa de desempleo a niveles de dos dígitos (ya se encuentra justo en el 10%, estimándose el real en torno al 18%). Aseguró que lo peor de la tormenta ya había sido superado, a pesar de que, bajo su mandato, se han destruido algo más de tres millones de puestos de trabajo. Insistió en su reforma sanitaria, a pesar de la reciente experiencia que había sufrido en el estado de Massachussets, cuando es algo evidente que buena parte de la espectacular caída de popularidad de Obama en estos doce meses era debida al rechazo de la ciudadanía a la misma. En cuanto a seguridad no hizo ninguna referencia al frustrado atentado de Detroit en diciembre. No faltó una referencia a Irán, ante la cual Ahmadinejad y los ayatolás debieron echarse a temblar de miedo: la posibilidad de enfrentarse “consecuencias crecientes” si no cumplen con sus obligaciones internacionales.

Para experimentos socialistas, y sus nefastas consecuencias, Europa, no Estados Unidos, parece entender el pueblo americano. Obama no es un centrista como Bill Clinton, sino alguien con una agenda política radical y una disposición firme a llevarla a cabo para transformar la sociedad americana según el patrón clásico del socialismo.

Lo más grave, sin embargo, vino cuando Obama mostró con gran acritud su desacuerdo con lo decidido por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de permitir que empresas financien abiertamente a candidatos, sin límites monetarios y sin importar si la empresa es extranjera o estadounidense. Allí un ataque como este desde la jefatura del Estado al máximo órgano del Poder Judicial hasta ahora había sido algo totalmente inaudito, hasta el punto de que existen dudas, por parte de algunos constitucionalistas norteamericanos, acerca de si Obama pudo haber incluso violado el principio de división de poderes.

Se había especulado con la posibilidad de que Obama, ante el previsible reves electoral de noviembre, optara por centrarse, tal y como hizo Clinton a partir de 1994, o, al menos, intentar adoptar una pose más moderada. Nada de eso. Como todo progresista izquierdista que se precie (y mucho que se precia, eso seguro, puesto que se refirió a sí mismo decenas de veces durante el discurso), piensa que no es él quien se tiene que adaptar a la realidad sino que ésta es la que debe adaptarse a él, y si no… que la realidad reviente.

El 21 de marzo, la reforma sanitaria era aprobada el domingo por la Cámara de Representantes por tres votos más de los necesarios. Ninguno de los 178 congresistas republicanos votó a favor de la medida. Más de treinta demócratas se sumaron a su “no”. Doce estados anunciaron que demandarían la inconstitucionalidad de esta reforma, incluidos Pensilvania y Michigan, reconocidos bastiones demócratas. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) señala en su último informe sobre esta materia que, de cumplirse al pie de la letra el proyecto de Obama, la reforma sanitaria reducirá el déficit público en 143.000 millones de dólares entre 2010 y 2019. Sin embargo, la expansión pública de la cobertura médica tiene un coste de 940.000 millones de dólares, pero si se suman la extensión de las subvenciones a las recetas, el aumento de la financiación para los centros médicos comunitarios y las políticas de prevención, la factura total de la reforma ascenderá a 1,072 billones de dólares en la presente década. Según el CBO, el aumento del gasto público directo en sanidad (382.000 millones de dólares entre 2010 y 2019) se vería compensado por un incremento de los ingresos fiscales (más impuestos) de 525.000 millones. De este modo, la reforma iba a permitir al Gobierno reducir el déficit público en 143.000 millones hasta 2019. El problema consiste en que tales cálculos son meras previsiones basadas en promesas, cuyo cumplimiento dependerá en todo caso de la voluntad política. Así, si bien por el lado de los ingresos, Obama aumentará los impuestos a empresas (aseguradoras) y particulares (con rentas altas), además de obligar a todos los ciudadanos a contar con cobertura médica, por el lado del gasto todo dependerá de que los próximos gobiernos apliquen un ambicioso plan de austeridad, cuyo cumplimiento futuro nadie garantiza, como es lógico.

A finales de ese mes de marzo, Obama nombró una serie de asesores, en un número que rozó la cuarentena, todos ellos extraídos de lo más granado de la extrema izquierda norteamericana. Uno de ellos, el abogado Craig Becker, colocado en la Junta Nacional de Relaciones Laborales gracias a su amistad personal con Obama, conocido por ser un radical pro-sindicalista que odia a los empresarios y al capitalismo. Entre los demás, no tenían desperdicio Kevin Jennings, un activista obsesionado con la promoción de la homosexualidad entre niños y jóvenes, Mark Lloyd, quien no cree en la libertad de expresión en los medios de comunicación, favorable a quitar a gente de raza blanca y favorecer a las minorías étnicas y sexuales, simpatizante del caudillo bolivariano venezolano Hugo Chávez, Van Jones, confeso marxista que firmó un manifiesto culpando a Bush del 11-S, John Holdren, quien cree que la esterilización es una medida legítima para el control de la población, o Ezekiel Emanuel, quien apoya el racionamiento de la atención médica, dando prioridad a quienes participen plenamente en la sociedad y dejando fuera si hace falta a los ancianos, algo bastante similar a la sanidad pública cubana. Obama, en cuyo partido algún que otro congresista reconoce abiertamente importarle un rábano la Constitución, despliegó un sectarismo en los nombramientos que no hubiera sido imaginable en Clinton o Bush, como ansioso por que los estadounidenses continúen con el completo curso de izquierda que están recibiendo.

Ya en abril llegaron los “maravillosos” tratados de desarme nuclear con Rusia, cuyo único resultado práctico es encoger el paraguas nuclear estadounidense. Esto no será un problema inmediato para Estados Unidos pero sí lo será, y cada vez más, para sus aliados. No sólo para Polonia, Ucrania, República Checa, Georgia y otros países del Este de Europa, más a merced de los chantajes y chulerías del Kremlin, sino también para los vecinos de los ayatolás y de los comunistas norcoreanos. La proliferación nuclear en Oriente Medio, ante el temor de los países árabes al poder nuclear iraní, nación persa y con ínfulas de ser la hegemónica dentro del Islam, puede ser un hecho de aquí a dentro de varios años. Paradójicamente, pretendiéndose lo contrario, mediante la reducción del arsenal americano no se estaría desincentivando la proliferación nuclear, sino todo lo contrario: dándole cada vez más brios. Otra consecuencia, aunque menor, es crear una situación de falsa paridad entre Estados Unidos y Rusia. Si los rusos insisten tanto en fijar un límite de armamentos no es por altruistas deseos de “salvaguarda de la paz mundial” sino porque económicamente no pueden sostener un arsenal como el de Estados Unidos y el resto de la OTAN. Su baza es capar la capacidad norteamericana de desarrollo de armamentos. Que Obama se lo permita, que parece bastante satisfecho de permitírselo a Moscú, es algo que habla de la visión global que tiene este hombre.

El Secretario de Defensa americano Bob Gates definió muy bien la estrategia nuclear obamita: si el estado que ataque a Estados Unidos con armamento biológico o químico es miembro del Tratado de No Proliferación (NPT), entonces, “los Estados Unidos se comprometen a no hacer uso de armas nucleares contra él”

…y, seguramente, cualquier régimen nuclearizado renunciará a estas armas, al saber que podrá atacar a EE.UU. con armamento químico o biológico, sin temor a una represalia nuclear americana.

He mencionado la visión global de Obama, por llamarla de alguna forma. Cómo no, en relación a Irak y Afganistán tenía que ponerse de manifiesto también. Aparte de la retirada iraquí de agosto, sin hacer ni una referencia a la exitosa estrategia de pacificación de Bush y el general Petraeus, en un escenario mucho más problemático, como el afgano, Obama ha fijado gustosamente la fecha hasta la cual los talibanes han de resistir: julio de 2011, ¡sean cuales sean las condiciones en Afganistán!, con la excusa, según el vicepresidente Joe Biden, de que así los afganos se esforzarían más en luchar contra la insurgencia (como si la gente pudiera tener ganas de luchar contra los talibanes, quienes tienen posibilidades reales, ahora mismo, de hacerse de nuevo con el poder, en un futuro más o menos próximo). ¿Tendrá tiempo y medios Petraeus para repetir lo de Irak?

Podría extenderme mucho más pues este año y nueve meses han sido intensísimos, fundamentalmente para lo malo o lo peor, pero esto es solo una selección con la que explicarnos datos como los de Gallup, la prestigiosa empresa de sondeos americana que analiza, desde 1945, la tasa de aprobación de los presidentes americanos, y que en agosto reflejaban que la popularidad del, valga la redundancia, cada vez más impopular Obama está en este mes de agosto de 2010 en el mínimo de su mandato, con sólo un 44% de los ciudadanos estadounidenses respaldando la gestión de su presidente.

Que se refleje en noviembre, por el bien de la nación americana y de la libertad.

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Responses

  1. ¡me ha leído la mente COMO SIEMPRE! Esto no es normal Javier – ¿tan conectados estamos? Precisamente hoy iba a escribir sobre este tema pero al final desistí — básicamente iba a decir que vamos a ganar con MAYORÍA ABSOLUTA en las legislativas de EEUU de noviembre.

    Otra casualidad Javier:

    “Lo más grave, sin embargo, vino cuando Obama mostró con gran acritud su desacuerdo con lo decidido por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de permitir que empresas financien abiertamente a candidatos, sin límites monetarios y sin importar si la empresa es extranjera o estadounidense. Allí un ataque como este desde la jefatura del Estado al máximo órgano del Poder Judicial hasta ahora había sido algo totalmente inaudito, hasta el punto de que existen dudas, por parte de algunos constitucionalistas norteamericanos, acerca de si Obama pudo haber incluso violado el principio de división de poderes.”

    Por casualidad hoy hablé de este tema en el seminario constitucional aquí en Madrid – por supuesto que apoyo la decisión del TS de los EEUU. Ya está bien de imponer límites a la libertad de expresión. ¿Desde cuando, señores, desde cuando la libertad depende de la cantidad de dinero que uno tenga?

    Y lo de los misiles no tiene nombre caballero: ¡un crimen contra Occidente y nuestra seguridad en manos de los caprichos de los rusos! ¡Nada más y nada menos que los rusos!

    No señores: vamos a ganar en noviembre — tiene que ser así o moriremos para siempre en términos políticos.

    Saludos

  2. Usted critica que los candidatos apoyados por los del “Tea Party” tengan ramalazos jeffersionanos y raulpaulistas, y yo no soporto más el que el GOP siga en manos de los “Rino” ( “republicanos solo de nombre” ), pero al menos veo que tanto usted como yo estamos deseando que llegue ya noviembre y así disfrutar contemplando ese anunciado vuelco electoral.

    Otro asunto :

    Si la apuesta de Ronald Reagan fue llevar los gastos en defensa hasta un punto que no pudieran alcanzar los soviéticos y así hacerlos doblar el espinazo, cosa que logró incluso antes de lo esperado, ¿ no es lógico el que ahora que hace ya tiempo que ni siquiera existe la URSS podamos recoger los dividendos de la paz ?

    Quizá fue precipitado hacerlo con George Bush “padre”, incluso con Bill Clinton, pero ahora no veo ya escusa.

    Además, le recuerdo que Rumsfeld ( miembro de “The B-Team” junto a George H. W. Bush en los tiempos de Richard Nixon ) ya pidió en el 2000 un cambio de mentalidad, dejando atrás la de Guerra Fría contra la URSS y adoptando decisiones para el enfrentamiento en el Tercer Mundo y contra China.

  3. Alfredo, es impresionante, y eso que yo no creo en cosas como los poderes mentales. Con la decisión del Tribunal Supremo no hay más que ver la indignación de alguno, porque ya se sabe que los republicanos son todos unos ricachones de Wall Street y los demócratas unos parias de la tierra (ah, y Jimmy Carter fue canela en rama):

    http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=42558&print=1

    Dime quién te apoya y te diré quién eres.

    Moli: Bueno, tampoco es que esté indignado, simplemente era una observación, son cosa que tiene la democracia interna que ya quisiéramos aquí, por ejemplo, para el PP, y lo que hay y con eso deben tirar, de momento, para luchar frente al socialismo obamita. También preferiría una vuelta a los tiempos conservadores de Reagan o Bush padre.

    La URSS no existe ya, pero sigue existiendo Rusia, que sigue jugando sus bazas, diríase que hacen como Reagan pero al revés: desarmar a EEUU hasta hacerlo llegar a su nivel y hay que reconocer que lo han hecho muy bien. Rusia las armas que elimine las finiquita sencillamente porque económicamente no las puede mantener. El problema inmediato, de momento, quienes lo tienen son los vecinos de los rusos y cualquiera que espere protección de los norteamericanos en cualquier parte del mundo. China es cierto que es una potencia nuclear, con un arsenal bastante más pequeño que el de los rusos, y una dictadura asquerosa pero de Rusia, en concreto, el peligro viene por las amistades peligrosas que han cultivado, con regímenes como el de los ayatolás, sustentador de Hamás y Hezbolá, o el de Hugo Chávez, con cordiales relaciones con el anterior (y amigo, como parece ser de ETA y las FARC), convencidos de que la amenaza del islamismo es pecata minuta en comparación con otras como la ampliación de la OTAN al Este o la posibilidad de no ser tratados de igual a igual en la relación con Estados Unidos, al que lo que deben hacer es ponerle chinitas en el camino, y, por otro, de que las inversiones, la tecnología y el armamento que se entregue a estas dictaduras gamberras atenuará el apoyo que prestan al islamismo radical.

  4. No digo que esa sea mi posición, pero si a Richard Nixon se le aplaudió el que se retirara de Vietnam para centrarse en el fundamental combate con la URSS y que con su visita a China terminara de romper el eje Pekín-Moscú, ahora también deberíamos entender una retirada estrategia de Irak y Afganistán y un posible entendimiento con Rusia si el objetivo es enfrentar el desafío comercial, político y quizá militar que nos empieza a lanzar China.

  5. Lo que ocurre es que China sí puede ser una amenaza comercialmente pero no para la seguridad. Y en Afganistán es fundamental que los talibanes no recuperen el poder y Al Qaeda no vuelva a tener un santuario allí.

  6. Bobama, por cierto, parece que saca los dientes:

    http://www.elnuevoherald.com/2010/09/30/811781/obama-fustiga-al-partido-republicano.html

    Es otro Zapatero, parece que la responsabilidad de gobernar quien la tiene no es él.

  7. […] por el éxito en las primarias, de cara a las próximas elecciones, de numerosos candidatos del Partido Rep…, unida a una escenificación de nerviosismo por parte de la Casa Blanca y los medios de […]


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