Posteado por: Javier | octubre 16, 2010

Liberalismo clásico, breve historia (III): John Locke

En las dos entradas anteriores hablé de la evolución política y religiosa de Inglaterra entre los siglos XVI y XVII y la situación de intolerancia confesional de las últimas décadas del último. En ese ambiente es donde comienza a surgir el pensamiento de John Locke (1632 – 1704), considerado fundador formal del empirismo y del liberalismo. Curiosamente, todo hay que decirlo, durante años, Locke fue un firme partidario de las medidas de la Iglesia Anglicana y la represión a los disidentes hasta que, en 1667, conoció a Anthony Ashley Cooper, posteriormente nombrado conde de Shaftesbury, uno de los líderes de la oposición a la monarquía, lo que le hizo dar prácticamente un giro de 180º y comenzar a defender y afirmar que los gobernantes no pueden interferir en las decisiones individuales de las personas. De acuerdo al pensamiento de Locke, las creencias y las prácticas religiosas tienen “un derecho absoluto y universal de toleración”, aunque, no obstante, hay que matizar y contextualizar esto en su época. Locke se refería a la toleración entre distintas confesiones cristianas, es algo bastante claro que no tenía en mente el fenómeno actual de lo “multicultural” y distintas prácticas religiosas que están entre nosotros desde hace varios años. Ese es el sentido, igualmente, que dieron los Padres Fundadores de la nación norteamericana a la libertad religiosa, aunque la jurisprudencia de este país ha ido extendiéndola a otras confesiones religiosas, siempre que sus prácticas no choquen con lo dispuesto en leyes de carácter general, que no tengan por objeto la regulación específica de estas prácticas. Es muy interesante, en este sentido, la entrada de Alfredo sobre esta cuestión y, en especial, la jurisprudencia del juez de la Corte Suprema de EEUU Antonin Scalia.

John Locke nació en Wrington (cerca de Bristol), el 29 de agosto de 1632. Se educó en la Westminster School y en la Christ Church de Oxford. En 1658 se convirtió en tutor y profesor de Griego y Retórica. Más tarde volvió a Oxford y estudió medicina. La fama de Locke, no obstante, fue mayor como filósofo que como pedagogo. Prácticamente todo el pensamiento posterior fue influenciado por su empirismo, hasta desembocar en el escepticismo de David Hume. En lo pedagógico, Locke no pretendió crear un sistema educativo, sino explicar los lineamientos de la educación para los hijos de la nobleza, por consiguiente sus ideas representan tanto un reflejo de la percepción pedagógica de su tiempo como una reflexión profunda sobre sus bondades, defectos y alcances.

Influyó de forma determinante en las ideas de la Revolución Gloriosa de 1688 y la Declaración de Derechos de 1689. El pensamiento ilustrado de todo el XVIII, la proclamación de independencia de las colonias británicas y el nacimiento de los EEUU, así como Montesquieu y Voltaire, recibieron también parte de las ideas y el pensamiento de Locke.

Sus ideas filosóficas las voy a exponer muy brevemente centrándome más en la aplicación a su teoría política. Inspirándose en la doctrina empirista que había desarrollado Francis Bacon, a principios del siglo XVII, Locke rechazaba el principio de las ideas o las concepciones innatas así como la intuición, que había dominado la filosofía desde los tiempos de Platón. El hombre, al nacer, es, según su teoría, como una tabula rasa que adquiere todo su conocimiento por a través de la experiencia de los sentidos, no de la especulación intuitiva o la deducción. En su “Ensayo sobre el entendimiento humano”, publicado en 1690, afirmó que, sobre esta tabula rasa que es la mente del hombre en el momento de su nacimiento, la experiencia iba imprimiendo el conocimiento a lo largo de los años. Así “Si seguimos paso a paso el progreso de nuestra mente, y si observamos con atención cómo repite, suma y une las ideas simples que ha recibido de la sensación o de la reflexión, nos veremos conducidos más allá de donde en un principio, quizá, podríamos habernos imaginado. Y si observamos cuidadosamente los orígenes de las nociones que tenemos, encontraremos, así lo creo, que ni siquiera las ideas más abstrusas, por más alejadas que puedan parecer de la sensación o de cualquiera operación de nuestra propia mente no son, sin embargo, sino ideas que el entendimiento forma para sí mismo, repitiendo y uniendo ideas que ha recibido, ya de los objetos sensibles, ya de sus propias operaciones acerca de esas ideas. De tal suerte que aun las ideas más amplias y más abstractas proceden de la sensación o de la reflexión, ya que no son sino lo que la mente, por el uso común de sus propias facultades ocupadas en las ideas recibidas de los objetos sensibles, o de las operaciones que acerca de ellas observa en sí misma, puede alcanzar y de hecho alcanza.  […] Lo amarillo no se encuentra en el oro, sino que es un poder del oro para producirnos esa idea a través de la vista cuando está iluminado de manera adecuada; y el calor que no podemos eliminar de nuestra idea del Sol, realmente no está más en el Sol que el color blanco que produce en la cera.” Igualmente, sostenía que todos los individuos nacen buenos, independientes e iguales, rechazaba, por tanto, la idea de la maldad intrínseca del ser humano.

Aquí surgiría una aparente contradicción en su pensamiento: Locke defendía la existencia a priori de los derechos individuales de cada persona, que define como naturales, los cuales serían la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad, derechos, por tanto, anteriores a la creación de cualquier gobierno, cuyo papel sería servir de juez para evitar que cada cual fuese juez en su propia causa. Aparentemente, como he dicho, existiría una contradicción con su idea de la tabula rasa, del hombre nacido sin conocimiento alguno y, por tanto, sin idea de sus derechos, sin embargo, no hay que olvidar que Locke era protestante, para él los derechos individuales eran otorgados por Dios, no procedían de ideas innatas ni, por supuesto de deducciones posteriores, puesto que la mente humana es imperfecta y falible, ni de un reconocimiento de los mismos por parte del soberano.

Para Locke, el elemento esencial en el derecho de propiedad es el trabajo: al principio, la propiedad era común pero cada vez que el hombre mezclaba su trabajo con esos bienes comunes adquiría derechos de propiedad sobre los producidos. Al ser libre por naturaleza, no existía un “derecho divino”, una sumisión de nacimiento del hombre al monarca, a excepción de por su propio consentimiento. Los hombres, en todo caso, cederían parte de su libertad al gobierno como modo de ordenar la convivencia con otros individuos. La función de la propiedad privada como derecho no sería que el gobierno se convirtiera en un celoso protector de los propietarios y sus intereses sino únicamente en evitar que desde el poder se procediera arbitrariamente contra la misma.

La limitación del poder político era vista por Locke como una garantía de la libertad individual. Así lo expone en el Primer Tratado sobre el Gobierno Civil”, precisamente, en el que destruye la teoría del derecho divino de los reyes, así como en el Segundo, donde propone la restricción de las llamadas prerrogativas del rey, precisamente, tomando conciencia de la naturaleza humana y falible de los monarcas: “Por tanto es evidente que la monarquía absoluta, que para algunos hombres es considerada como el único gobierno en el mundo, es de hecho inconsistente con la sociedad civil. Pero yo deseo que éstos que hacen estas objeciones recuerden que los monarcas son sólo hombres. Es como si los hombres al abandonar el estado de naturaleza, acordaran que todos ellos excepto uno deban estar bajo la restricción de la ley; pero que él debería retener toda la libertad del estado de naturaleza, aumentada con poder y hacerse licenciosa por impunidad. Esto es pensar que los hombres serían tan tontos que se cuidarían de evitar los daños que le puedan hacer los gatos y los zorros, pero estarían contentos y aun pensarían que es seguro el ser devorado por leones”.

De aquí surgía la necesidad de la división de los poderes del estado como el instrumento para limitar el poder político. Locke se anticipó a Montesquieu, quien a la postre es más conocido que el propio Locke por su defensa de este principio, al hablar de la separación de poderes y en la idea del sostenimiento de la autoridad del Estado en los principios de soberanía popular y legalidad. En base a los mismos, consideraba que el Poder Legislativo sería el de mayor importancia. El Poder Ejecutivo debía estar separado y limitado en sus potestades por el Poder Legislativo, aunque, en relación a las relaciones internacionales y la defensa nacional, y en este aspecto concreto, Locke defendió que el soberano tenía que tener todo el poder de decisión. Por cierto, el señor Coll, no hace mucho, con motivo de su ensayo Contra la judicialización del Poder Ejecutivo”, habló de que, pese a que el robustecimiento hamiltoniano del Ejecutivo en la Constitución de los EEUU pudiera hacerla parecer no demasiado “lockeana”, sin embargo, la teoría Unitary Executive Theory, constitucional a todas luces, que otorga amplios poderes presidenciales al presidente de EEUU en tiempos de guerra, y base de la “presidencia imperial” de Bush, nos demostraría que esto no es del todo exacto. La Constitución norteamericana habría asumido plenamente este postulado de Locke.

Hablando un poco sobre su teoría del contrato social, el hombre sería una criatura de Dios, por lo que no puede destruir su vida ni la de los demás hombres puesto que no les pertenece a ellos, sino a Dios. El hombre tiene el derecho y el deber de conservar su vida, al igual que no es súbdito de ningún otro hombre, sino que es libre. Sin embargo, para Locke, puede ocurrir que nadie cumpliera ese derecho/deber y, en caso de conflicto en su cumplimiento la naturaleza humana no cuenta con la existencia de una autoridad que lo dirimiera, por lo que la comunidad trata de suplir esas carencias del estado de naturaleza: la existencia de una autoridad que juzgue en caso de conflicto. Se trata pues de hacer un contrato que funde un orden social o civil que atienda exclusivamente a suplir esas carencias del estado de naturaleza, es decir, aplicar una justicia o una autoridad que diga, en caso de choque entre dos individuos, qué se debe hacer. El pacto social que propone Locke solamente trata de lograr el establecimiento de un juez que dirima las controversias que vienen de la aplicación de la propia ley natural. Estas normas que emanasen de ese pacto social, según Locke, deben ser continuación de las leyes naturales y asegurar los derechos de libertad, vida y propiedad.

Una sociedad solo será civil cuando cada uno de los individuos renuncia al poder de ejecutar la ley natural, otorgando este poder a la comunidad y los órganos que la rigen. En el estado original de naturaleza en el que se encuentra cada hombre inicialmente, es cada individuo quien juzga las leyes de la naturaleza, mientras que, en la sociedad civil, por el contrario, es una autoridad, un juez, quien las juzga y quien dictamina quién ha vulnerado las leyes así como el castigo a esa vulneración. Para que haya sociedad civil tiene que haber un juez separado del poder ejecutivo, que sea imparcial respecto a los litigantes.

Rousseau, a diferencia de Locke, no fundamenta su teoría del contrato social en derechos preexistentes, sino en que por el contrario, los hombres voluntariamente renuncian a un estado de natural inocencia para someterse a las reglas de la sociedad, a cambio de beneficios mayores inherentes al intercambio social. La regla no son los derechos del individuo, sino las de la sociedad o las de la mayoría. Quizás no era la intención de Rousseau, pero la senda al totalitarismo así está abierta de par en par. Resultado: en la Revolución Francesa, una Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789, que era papel mojado al poco tiempo y la tiranía de la mayoría implantada por los jacobinos. Éstos dieron a Francia un baño de sangre en nombre de la “voluntad general”.

Toca hablar un poco de su famosa Carta sobre la tolerancia, a la que ya me referí en una entrada anterior, documento escrito en 1689, un año después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra, de John Locke. En ella, Locke desarrolla el concepto de libertad religiosa y de separación Iglesia-Estado que surgió con la Reforma, considera que existe un dominio de acción exclusivo del individuo, relativo a su conciencia, que debe quedar fuera de la acción del poder político. Para Locke, debe reducirse al mínimo el grado de coerción ejercido por el Estado y su influencia en la vida del individuo. El camino para adorar a Dios que cada uno escoja no pertenece al ámbito de la regulación estatal, sino que es competencia única y exclusiva de las iglesias. Elegir una forma personal, la que mejor parezca a cada cual, para adorar a Dios y no la que Él ordena implica una responsabilidad, pero esta es sola y exclusivamente del creyente con Dios. No puede inmiscuirse el Estado en esto.

Así, en la página 3, empieza diciendo “En vista de que os place indagar cuáles son mis pensamientos acerca de la tolerancia mutua entre los cristianos de diferentes profesiones religiosas, debo necesariamente responderos, con toda libertad, que estimo que la tolerancia es el distintivo y la característica principal de la verdadera iglesia” y continúa ““Los reyes de los Gentiles ejercen su señorío sobre ellos, dijo nuestro Salvador a sus discípulos, pero vosotros no seréis así”. (Lucas XXII 25, 26.) La función de la verdadera religión es completamente diferente. No ha sido creada para producir una pompa externa, ni para obtener un dominio eclesiástico ni tampoco para el ejercicio de la fuerza compulsiva; sino que para la regulación de la vida de los hombres en conformidad a las reglas de la virtud y de la piedad”. Existe una separación entre la política y la vida religiosa, debiendo intervenir el Estado sólo en lo público. La vida religiosa pertenece al ámbito de lo privado, con lo que deja de ser de incumbencia estatal.

Locke utiliza el propio cristianismo para justificar una tolerancia de raíz cristiana. “Es deber de todo gobernante, mediante la ejecución imparcial de las mismas leyes, garantizar a todos en general, y a cada uno de sus súbditos en particular, la posesión justa de las cosas que pertenecen a esta vida”, puesto que “el cuidado de las almas no está asignado al gobernante, como tampoco lo está a otros hombres. No le ha sido atribuido por Dios a él, porque no hay evidencia de que Dios haya dado jamás tal autoridad a un hombre para obligar a nadie a abrazar su propia religión” (página 6), “El cuidado de las almas no puede pertenecer al magistrado civil, ya que su poder consiste sólo en su fuerza externa, pero la religión verdadera y redentora consiste en la persuasión interior, sin la cual nada puede ser aceptable para Dios” (página 7) y si el gobernante, aún siendo cristiano, tuviera que ver en las cuestiones de salvación, “los hombres deberían su felicidad o su miseria eternas a los lugares donde hubieran nacido” (página 12), quedando descartada la responsabilidad del propio individuo.

Al igual que no es función del Estado coaccionar para convertir a la religión, aunque sea a la verdadera religión, tampoco lo es de la Iglesia, pues “la controversia entre estas dos iglesias acerca de la verdad de sus doctrinas y la pureza de sus cultos, es equivalente en ambas, y no hay juez ni en Constantinopla ni en ningún lugar del mundo que pueda emitir una sentencia al respecto, ya que la decisión de esto sólo pertenece al Juez Supremo de todos los hombres y sólo a El toca castigar lo erróneo. Mientras no se pronuncie este juicio, aquellos hombres deberán meditar cuán infamemente pecan cuando, al agregar la injusticia, si no a su error, ciertamente a su soberbia, maltratan insolente y arrogantemente a los que obedecen a otro señor, quienes no son responsables en forma alguna ante ellos” (página 13). Ante posturas heréticas, en todo caso, se puede exhortar y aconsejar, e incluso expulsar de la Iglesia, puesto que, además, “Ninguna Iglesia está obligada en virtud del deber de tolerancia a retener en su seno a una persona que, después de haber sido amonestada, continúa obstinadamente transgrediendo las leyes de la sociedad” (página 18,) pero nunca con el auxilio de la fuerza del Estado. En todo caso, nunca hay que olvidar que “Ninguna persona privada tiene derecho alguno, en ningún caso, a perjudicar a otra persona en sus goces civiles porque sea de otra Iglesia o religión” (página 18).

 Ideas, estas últimas, de crucial importancia en la historia del liberalismo.

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Responses

  1. Magnífico ensayo breve, Javier. Es increíble porque creo que lo ha publicado antes de mi comentario hoy en el hilo sobre lo que significa e implica nuestro liberalismo en relación con el “Bill of Rights” y se me había olvidado poner algo: si se fija, la carta de derechos fundamentales en la Const. de los EEUU no dice tampoco “damos” sino que reconoce YA derechos PRE-Existentes. Lea la 2a enmienda por ejemplo:

    dice “no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”

    léalo caballero: NO SE VIOLARÁ EL DERECHO — es decir, de ninguna manera dice “os damos el derecho” — el derecho ya existe porque es de Dios. Yo no creo en el “derecho natural”, eso es bazofia y charlatanería — creo que los derechos, como estos, son innatos porque Dios nos lo ha cedido en Su voluntad. Todos esos derechos del “bill” ya están perfectamente otorgados en la propia Biblia. Lo que hace la Const. de EEUU es reconocerlos y respetarlos, no DARLOS.

    Aquí en España ocurre al revés:

    Art. I, 2:

    “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”

    Rousseau en estado puro.

    Art. 10.2 es perverso — en el 10.1 se habla de derechos inviolables pero el 10.2 contradice directamente:

    lea bien Javier porque esto es asombroso y peligrosísimo:

    “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán DE CONFORMIDAD (énfasis mío) con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados
    y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.”

    Es decir, nuestros derechos fundamentales dependen de lo que diga el mundo, no Dios.

    En fin, veo que estamos más o menos en las mismas líneas y cada vez más en forma — a usted le veo cada vez más “riguroso”.

  2. El concepto de “derechos naturales” es algo brumoso porque no aclara cuándo se adquieren: ¿por nacimiento o cuándo? ¿O es que lo” natural” es que los reconozca el legislador, aunque quede a su libre albedrío?

    Locke entiendo que sí se refería a derechos otorgados por Dios, si que es verdad que hay quienes hablan de “derechos naturales” para referirse a éstos.

    La Constitución Española, como habrá comprobado al leerla, es un texto netamente afrancesado, efectivamente, dice que los derechos los DA el pueblo que es quien la aprobó en referéndum, fue, por tanto, quien le dio el visto bueno a “dar” esos derechos, aparte de ser el que vota a los políticos que ocupan los escaños del Congreso de los Diputados es el Senado, el Dios es el pueblo (no nos extrañe que criticar al pueblo sea aquí casi tabú, y que siempre se ponga tantísimo énfasis en la “sabiduría” del pueblo y en la “lección” que ha dado el pueblo, después de cada elección).

  3. jojojojojojojojojo ¡qué razón tiene usted con eso de “la lección en democracia que ha dado el pueblo” — eso nunca se dice en las elecciones de los EEUU. Lo cierto es lo que decía Hamilton: el pueblo es tontísimo, y el nuestro uno de los más.

  4. La verdad es que sí.

    En EEUU, por lo que veo, incluso igual o peor, la diferencia es que el sistema político es superior. Sé que no está bien mofarse de la incultura ajena… pero es que todavía me estoy riendo con lo de DDT: las siglas de una organización.

    Y con lo de la chica que decía que su presidente favorito era Jefferson pero no sabía por qué.

  5. Hombre a mí me da más risa (aunque risa de pena) lo que dicen los ancaps y los “liberales” como Pecho Lobo.

  6. A Calzada lo estuve viendo hace unos días, en un video en youtube, hablar de la crisis y me dije: “macho, si eso eso también lo digo yo y no soy economista, ni “doctor” en la materia”.

    Aparte, la mitad de los libros que obliga a comprar para su “master” son… de Huerta de Soto. Todo queda en casa (y de Rothbard, se ve que tira).

  7. Javier: lo malo de todo esto es que Calzada NO debería estar en ningún vídeo de esos representando nuestras ideas. No hablo de coartar la libertad de expresión ojo. Cuando digo “no debe” me refiero a que no “debería” — es decir, no deberían invitarle a él a ningún sitio. ¿Invitaría usted a una cena a una persona que le avergüence delante de sus amigos? Por supuesto que todo queda en casa, como la “cosa nostra” del buen mafioso.

    Quiero hacerle, cambiando de tema, unas preguntillas (ya sabe que siempre le someto a esto y me disculpa pero es que aún no puedo creer lo bien que sintonizamos).

    ————————————

    Cuénteme qué opina de lo siguiente:

    Un juez en un estado de los EEUU le dijo lo siguiente a un joven (menor de 18 años) en libertad vigilada:

    “Córtate el pelo, o véte a la cárcel.”

    El joven, menor de edad, estaba cumpliendo legalmente con todos los requisitos de su libertad cautelar, yendo al colegio y no estaba consumiendo drogas.

    Tenía que volver al tribunal cada mes para ver al juez — apareció el día XXXXX del mes de XXXXX con un corte de pelo “rastas”. Su familia es de Jamaica, y todos llevan el pelo así.

    Estaba bajo el control de los tribunales ya que se alegó en un juicio que estaba en posesión de propiedad robada.

    La madre objetó al requisito previo del juez en el que exigía lo mismo: que se corte el pelo. Ella le dijo que el pelo servía como pruebas y el juez le respondió: mira cariño, pónlo en un bolso entonces y déjate de historietas.”

    Le ha dado el plazo máximo de un mes al joven negro para que se corte el pelo o irá a prisión por un año.

    La pregunta:

    ¿crees que debería ir a la cárcel por desobedecer al juez?

    No tiene que darme una opinión jurídica: muchas veces los instintos valen por igual.

    saludos

  8. Pues, así a bote pronto, este chico se encuentra en libertad vigilada y uno de los requisitos es que no consuma drogas. Recuerdo haber leído alguna vez que la prueba de pelo es bastante fiable para la detección del consumo de drogas pues estas se quedan fijadas al cabello bastante tiempo. No es una medida arbitraria del juez, hay un motivo, el comprobar si el joven está cumpliendo uno de los requisitos de su libertad. Sí que es una desobediencia grave, está obstaculizando que verifiquen si está cumpliendo este requisito para su libertad, razón de más para perder el beneficio del que disfruta.

  9. Ok, temas entonces a contemplar. ¿Cree que esa orden viola la V enmienda?

    También podría usted contemplar la cláusula de “due process” de la XIV enmienda.

    Su criterio es interesante y pido perdón si nos desviamos — si prefiere, podriamos abrir esta discusión en otro sitio.

  10. Sí que es verdad que estamos hablando un poco de todo menos de Locke pero no está mal: en esta nueva bitácora, que más que una continuación es un poco una refundación, está bastante incisivo en todas las entradas y, bueno, eso la enriquece mucho, lo cual le agradezco.

    Antes contesté sin mirar nada, no hice trampa. Dice la Enmienda V: “…tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito; ni se le compelera a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal…” y la XIV: “…tampoco podrá Estado alguno privar a cualquier persona de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal…”.

    Creo que el juez sí puede obligarle pero debe fundamentar el motivo de dicha resolución, el fin de la prueba que pretende practicar (por supuesto, no puede ser un capricho o algo sin fundamento alguno, porque “no le guste el aspecto del joven” o cosas así). Por otro lado, el joven ya ha sido condenado en un proceso previo, se encuentra en situación de libertad vigilada con unos requisitos.

    Digamos que el joven, aunque esté en la calle, su situación no es de libertad plena, pues está siempre a disposición judicial. Y esa ausencia de libertad y sus condiciones son fruto de un proceso previo.

  11. ¿que estoy incisivo Javier? Vaya, y eso que considero que mis preguntas son “light” — ya verá usted lo que es incisivo cuando ojalá pueda tener la oportunidad algún día de enfrentarme a Calzada cara a cara — se lo he retado varias veces.

    Hmm…en cuanto a su “criterio”, lo comparto aunque finalmente el tribunal superior de ese estado le dio la razón al chico y no al juez…

  12. No, no lo digo porque sean muy duras, sino porque van saliendo temas nuevos sobre la marcha que, hombre, espero que sean de interés también para otros que nos lean.

    Calzada me imagino que ni le habrá contestado que sí o que no al reto, que ni se habrá dignado.

  13. Bueno, los liberales que no se interesen por estos temas, sencillamente no son “liberales.”

    Cierto, Calzada no me ha contestado — ni espero que lo haga. No se atrevería.

  14. Tome usted:

    Como decía Milan Kundera: “Lo que hace que un izquierdista sea un izquierdista no es tal o cual teoría sino su capacidad de integrar cualquier teoría a ese potaje cutre que es la “Gran Marcha.”

    La “Gran Marcha” roja me recuerda mucho a la “eclosión” “liberal” de Losantos.

    saludos

  15. Losantos era un izquierdista, con lo que es normal que su metodología siga siendo izquierdista, aunque se haya cambiado de chaqueta. La izquierda tiene la idea de que para imponerse debe hacer un frente (por algo, en tiempos de la II República, crearon un “Frente Popular”). Me recuerda, aunque en un sentido distinto a ese tipo de Enric Sopena, el de “El Plural”, que fue miembro del Opus Dei en tiempos de Franco: ahora será un forofo del PSOE pero, en realidad, sigue siendo un fascista.

    Pero el problema que, al final, he observado con la derecha en España es ese: no hay ningún referente, ni uno solo, que proceda de una tradición de la derecha clásica, liberal y democrática. Y por eso hay que ver a Adam Smith, Reagan o Thatcher en manos de auténticos indocumentados. Todos vienen o del franquismo o de la izquierda.

  16. Claro Javier, por eso siempre digo que en España los “liberales” somos dos o tres. Esa es la realidad.

    Bueno ya que usted parece que quiere volver al tema de Locke, como es lógico, y yo también, no quiero dejar escapar unas preguntas o “dudas” que su artículo provoca.

    No me ha quedado muy claro su postura sobre eso de la “tabula rasa” — comprendo que esto es un repaso histórico pero me gustaría saberlo.

    2. Nunca me queda claro qué es en realidad lo que usted tiene que decir sobre el empirismo. Si ya me lo ha explicado, perdón entonces pero no recuerdo bien.

  17. He estado mirando y, es verdad, sobre la tabula rasa no me parece que hayamos hablado.

    De Locke me quedo, y por eso creo que es una figura a señalar, con su concepto de los derechos innatos otorgados por Dios (aunque él los llamara “naturales”), su idea de separación de poderes (aunque sin tanta preeminencia del poder legislativo, sin llegar a que el ejecutivo sea el que controle el legislativo, como en una tiranía bananera sudamericana, o sea, un ejecutivo con sus funciones separadas del legislativo y delimitadas constitucionalmente, pero fuerte para poder llevarlas a efecto) y de libertad religiosa.

    El concepto de tabula rasa me parece demasiado radical, como tampoco estoy de acuerdo con su idea del hombre bueno por naturaleza (menos mal que el contrato social no la desarrolló como Rousseau), prefiero la de las limitaciones morales del hombre y su egoismo, de Adam Smith, o sea no parto de una supuesta bondad natural de hombre que, después se corrompe por factores externos, creo que hay que partir de una posición de realismo y los fines no son cambiarla, sino conseguir los mejores resultados posibles a partir de esas limitaciones, los mayores beneficios morales y sociales posibles, dentro de las limitaciones de la naturaleza humana. Estoy de acuerdo y acepto, por otro lado, la teología calvinista, quiero decir, creo en la depravación total del género humano.

    Es por eso que no comparto la idea de la tabula rasa, hay personas que nacen con una mayor aptitud para el conocimiento que otras, en caso contrario, esta dependería exclusivamente del grado de experiencias que recibiera una persona a lo largo de su vida, y pienso que no es así, cada hombre no es una especie de hoja en blanco, como parecía entender Locke, y, no solo eso, sí que existen unas ideas innatas y una conciencia de una serie de parámetros morales (yo creo que son la ley de Dios, aunque seamos malvados por naturaleza, nacemos con una conciencia de que ciertos actos son inmorales, estoy de acuerdo con el Catecismo de Westminster: “La mera luz de la naturaleza en el hombre y las obras de Dios manifiestan plenamente que él existe”) que, para adquirirlos, no depende de la experiencia, al menos en mi parecer.

    No obstante, veo demasiado rígido tanto el empirismo dogmático como el racionalismo a ultranza y de ello sí me parece que algo hemos hablado en alguna ocasión, en materia de economía. Sí acepto una serie de ideas y aptitudes innatas pero dándole también su papel al empirismo a la hora de adquirir conocimientos, de ahí la conversación que tuvimos en la que llegamos al acuerdo de que los métodos de Friedman y la Escuela de Chicago podían ser muy útiles a la hora de estudiar la economía.

  18. Hmm…en general de acuerdo — en general pero ahora usted me ha hecho recordar el tema de la experiencia versus lo innato en cuanto a la “religión” —

    Creo que es mejor usar “la palabra” antes que “la revelación” ya que hay un sentido en el que NO disponemos de revelación.

    Pero sí tenemos la Palabra. Sin embargo, aún con eso, la razón humana, nuestra experiencia sensorial y las intuiciones subjetivas también juegan su papel.

    Para mí, ninguno de estos elementos nos da “sabiduría absoluta”. Sólo nos pueden conducir a la verdad.

    Quizá usted discrepe conmigo pero le lanzo una idea controvertida y a raíz de mi rechazo a la “economía austriaca”

    La razón y la experiencia son más útiles a la hora de saber si tenemos algo de “verdad” antes que una simple “revelación.”

  19. Con el deismo soy prudente, en el sentido de que, teniendo la revelación, la razón y experiencia las veo más como un “a mayor abundamiento” (por ejemplo, teniendo la fe, a mayor abundamiento, tenemos testimonios de la obra de Dios en la armonía del universo o hechos como la repentina conversión de Saulo que no pudiéramos explicar, o difícilmente pudiéramos explicar sin la acción de Dios, pienso, en principio, que sin la fe no los reconoceríamos como obra de Dios).

    Pero, aún así, prefiero ser prudente con eso, aunque el razonamiento y la experiencia lo vea como algo posterior a llegar a la fe, ¿piensa que mediante la experiencia y el razonamiento puede llegarse a la fe?

  20. Es que con el tema de la revelación, no sé si tenemos toda la revelación — me explico: yo no puedo estar seguro de que la Revelación de Dios sea lo que yo entiendo que es — ¿comprende?

    Su última pregunta. Hmm…veo que quiere que me pronuncie. Yo no creo que se pueda “llegar a la fe” sin la obra de Dios — aunque creo que Él sí puede que utilice diversos mecanismos para que uno llegue a la fe.

    No voy a caer en la trampa del dogma, Javier.

  21. Creo que tenía usted la fama (o de eso le habían tachado) de “dogmático”. ¿Resultará que, al final, el dogmático soy yo? 🙂

    Esto solo es una pequeña broma.

    Sí, por eso le dije que con el deísmo soy, no obstante lo anterior, prudente. Porque no sabemos si puede ser que Dios guíe el raciocinio de la persona y le ofrezca distintas experiencias que le conduzca de esa forma hacia la fe. Sería obra de Dios, en todo caso, por eso prefiero no descartarlo radicalmente.

  22. Mire Javier, los que dicen todas esas cosas de mí son unos IDIOTAS integrales que ni siquiera saben lo que creen ni conocen nada más allá del Marca, el AS, un par de copichuelas y Libertad Digital, donde eminencias a diario escriben sus pronunciamientos ilustres.

    No, ya sé que usted bromea pero sí que creo que usted es…hmm…mire lo pongo de otra manera:

    Hay gente que es ortodoxa sin creer en la ortodoxia, y gente heterodoxa que creen en lo ortodoxo.

    Dicho eso, no creo que usted sea dogmático, pero sí creo que posiblemente se pueda sentir más inclinado a ciertos “a prioris” — eso no tiene nada de malo, ojo, simplemente que…bueno no quiero desviar otra vez el hilo porque el tema era y es Locke pero igual algún día podremos hablar en persona.

  23. hello

  24. […] con John Locke, voy a hablar un poco tanto de su teoría filosófica como de la aplicación de sus ideas a la […]


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