Posteado por: Javier | noviembre 7, 2010

Recuerdo de un personaje irrepetible

Sin lugar a dudas, desde la infancia, cuando ya me fascinaba el tema de la Segunda Guerra Mundial, Sir Winston Leonard Spencer-Churchill era mi personaje favorito, sin ningún género de dudas, dentro de los aliados (de quienes, ni que decir tiene, ya me emocionaba pensar cómo habían aplastado a los nazis, los habían arrojado a las cloacas de la Historia y salvado la causa de la libertad).

Una de las figuras clave del siglo XX, con una trayectoria política que se inició con su primera elección como diputado en 1904 y finalizó con último periodo como primer ministro en 1951. La mayor parte de ella en el Partido Conservador británico, aunque también pasó por las filas del Partido Liberal.

Sin ninguna duda, su determinación frente a la amenaza del totalitarismo nazi fue lo que le hizo pasar a la Historia, a pesar de que le tocó vivir un período como fueron los años 30, en los cuales el apaciguamiento hacia Hitler y el pacifismo era la postura mayoritaria en la opinión pública. La idea era la del chamberlainismo que se podía asegurar la paz en Europa mediante un diálogo con los nazis. Ante esto, Churchill, bastante más lúcido que la mayoría de sus contemporáneos, afirmaba que “Si un perro se abalanza contra mí, le pego un tiro antes de que me muerda”. Ello le valió ser apartado de la política activa y aislado en su partido, lo cual no le impidió criticar de forma inmisericorde a su compañero de filas y primer ministro Neville Chamberlain, artífice de la puesta a disposición de Hitler de la Europa del Este, fraguada en la Conferencia de Munich de 1938, que permitió a la Alemania nazi anexionarse los Sudetes: “¿Cómo han podido hombres tan honorables y experimentados avenirse a una política tan cobarde?”.

Pero, también es cierto, la realidad es que Churchill no solo tenía una mayor lucidez que sus contemporáneos en aquellos tristes y terribles días, sino que los nuestros. Los Chamberlaines de este mundo continúan defendiendo que lo mejor que podemos hacer es aislarnos en nuestro terruño. Y eso los decentes. Porque los indecentes llegan al punto de convertirse, prácticamente, en el enemigo desde dentro, desarrollando inmorales “teorías” como que amenazas a nuestra libertad, como el terrorismo, en realidad, serían lo que algunos tienen a mano para defenderse, algo así como que “si a los pobres les atacan los malvados yankis, ¿qué van a hacer?” o que la causa del terrorismo es la pobreza. Otra tontería muy repetida es “¿y a EEUU quién lo desarma?”. Las famosas armas de destrucción masiva de Irak que, gentileza de los criminales de Wikileaks, eso es cuestión aparte y a ver si capturan y procesan a Assange, se ha corroborado que las había, pues sí: no es lo mismo que estén en manos de una democracia a que estén en manos de terroristas o de una dictadura “gamberra” tipo Irán o Corea del Norte. Hay dictaduras como China o la ex URSS que tienen este tipo de armas pero el caso es distinto, estas, como los soviéticos hasta hace 20 años, es sabido que no se les va a pasar por la cabeza ninguna “locura”, tienen una serie de intereses a conservar, a diferencia de las “gamberras”, que no tienen nada que perder. Pero es que, y a pesar de que no simpatizo con Francia, pero solo por poner otro ejemplo, no es lo mismo tampoco que los franceses tengan estas armas a que las tuviera el Irak de Saddam Hussein o Irán. Habrían más candidatos que Irak para una intervención y derrocamiento de una dictadura, está claro, pero una vez derribado el tirano, un régimen genocida menos.

Sí, es muy triste que haya muerto gente inocente, de eso no hay ninguna duda (también murieron muchos inocentes durante los bombardeos sobre la Alemania nazi y a nadie se le pasa por la cabeza decir que no hubiera que combatir a Hitler), pero, aparte de que el mundo, como la vida, no es un camino de rosas ni un jardín placido y soleado, muchos han muerto a manos de terroristas miserables, otros tantos han sido los propios terroristas que han sido diezmados (no hay más que ver, en efecto, que cada vez les cuesta más atentar, ya los noticieros de la SER o EL MUNDO, mal que les pese, cada vez tienen menos ocasiones de abrir su portada con atentados en Irak) y otros han sido esbirros de Saddam. Y por estos dos últimos grupos no creo que nadie vaya a derramar una lágrima.

Volviendo a Churchill, al estallar la guerra la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo y tras la invasión de Francia fue nombrado Primer Ministro. Finalmente, su postura había sido reconocida como la correcta, no sin que antes los ejércitos del Tercer Reich hubieran ocupado toda Europa salvo las islas británicas.

Churchill formó un gobierno de unión nacional en el que que él desempeñó también el papel de ministro de Defensa. En su primera comparecencia ante la Cámara de los Comunes, el 13 de mayo de 1940, pronunció su célebre discurso en el que, tras afirmar que no tenía nada que ofrecer al pueblo británico “excepto sangre, sudor y lágrimas”, consiguió unir al pueblo británico en su esfuerzo de guerra contra Hitler. Intentó implicar a Estados Unidos, lo que fue posible gracias a su relación con el presidente Roosevelt. Pese a su postura anticomunista, no dudó en buscar la alianza con Stalin, pudiendo considerársele el principal forjador de la alianza entre los EEUU, el Reino Unido y la URSS que derrotó a las potencias del Eje.

En 1945, fue derrotado en las elecciones por el laborista Atlee, quien le sustituyó en la Conferencia de Potsdam que se estaba celebrando en aquellos momentos. En la posguerra se convirtió en un firme defensor de la unidad europea y partidario de una política de firmeza ante la Unión Soviética. En 1951 desempeñó por última vez el puesto de primer ministro hasta 1955.

En 1953, le fue concedido el Premio Nóbel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial, un magnífico compendio sobre pensamiento estratégico. Es impresionante como el pensamiento y las ideas de Churchill sobre la forma de hacer la guerra por Estados Unidos y Gran Bretaña se plasmó en la estrategia en Irak, 58 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Churchill dice que “la mentalidad americana, tanto en la esfera de lo militar como en la producción y el comercio, tiene una tendencia natural a establecer conclusiones generales amplias, avasalladoras y lógicas, en una escala grandiosa. […] Sobre estas conclusiones los americanos construyen su pensamiento práctico y su acción. Están persuadidos de que una vez que han sido planeados con arreglo a razonamientos auténticos y comprensibles, todas las demás etapas han de seguir de modo natural y casi inevitables”. Tal fue la estrategia norteamericana para la campaña de Irak, a partir del razonamiento de que siendo derrocado Saddam, el efecto “ejemplificador” pudiera tener consecuencias tanto en democratizar los países de la región, como en evitar que otros intentasen desarrollar armas de destrucción masiva fuera de la supervisión internacional. A continuación, sobre la visión británica de la estrategia bélica, Churchill dice que “La mentalidad británica no funciona desde luego así. Nosotros no creemos que la lógica y los principios netamente estructurados hayan de ser necesariamente las únicas claves de lo que es preciso hacer en situaciones cambiantes y a menudo indefinibles. Especialmente en lo que se refiere a la guerra, nosotros atribuimos mucha más importancia a la oportunidad y la improvisación, aspirando más bien a vivir y conquistar según sea el desarrollo de los acontecimientos”. ¿A qué nos recuerda esto? A la postura de Tony Blair rechazando una eventual extensión del conflicto al régimen de Siria, el de los Assad, como al reclamar que la ONU participase en la reconstrucción de Irak.

Hay personajes, como Churchill, que parecen predestinados a aparecer en el momento justo de la Historia.

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Responses

  1. También yo me reconozco admirador de Churchill.

    Abundando en lo de la ejemplaridad :

    – Tras la invasión de Irak, Muammar al-Gaddafi desmanteló su programa de armamento NBQ y envió para su destrucción la maquinaria y el material de doble uso a Washington, también “vendió” a sus agentes destinados en Sudán y se chivó de los negocios de Abdul Qadeer Jan ( el padre de la bomba pakistaní ) con Corea del Norte e Irán.

    – Y tras la invasión de Irak, y tras el asesinato de Rafik al Hariri, el régimen sirio de Bashar Al-Assad no tuvo más remedio que retirarse de El Líbano, poniéndose así fin a la vergonzante entrega de este territorio y de la cabeza del general Aoun que hizo George H. W. Bush en favor de Hafez al-Assad, a cambio de que Siria se incluyera en aquella famosa “coalición internacional” durante la II Guerra del Golfo.

    – Y, también, por unos meses, los palestinos parecieron entender que el único modo de resolver su problema histórico era el aceptar finalmente que los israelíes habían ganado y, a partir de ahí, negociar las mejores condiciones posibles para hacer posible la convivencia. Luego, ahora, con Barak Obama, todo se ha vuelto a liar y confundir.

  2. Hola Javier,

    Como bien sabe no estoy de acuerdo con la comparación entre Chamberlain y el peligro Nazi, y la actitud de los países europeos ante los peligros de nuestra época. Me parece el ejemplo perfecto de un hecho que se usa para todas las situaciones sin análisis profundos.
    Comparar el expansionismo Nazi con Irak, Irán o Corea del Norte no es adecuado. Ninguno de estos países tiene intenciones expansionistas comparables a las Nazis ahora mismo. Irak las tuvo, pero fue parado por la comunidad internacional. Corea del norte posiblemente las hubiese tenido en otra época con su vecino del sur (de hecho las tuvo hace 60 años), pero hoy en día eso es impensable. E Irán no parece que tenga intención expansionista alguna.

    Pero bien, compartimos un gran respeto por Churchill. Creo que, de hecho, su única mala visión estratégica fue su posicionamiento ante la guerra civil Española, posiblemente condicionada por su catolicismo.
    Por el resto su visión fue bastante más acertada que la mayoría de conservadores británicos.

    Saludos,

  3. @Moli:

    La verdad es que son muy buenos ejemplos.

    @Pedro:

    Hola, mucho gusto en verle por aquí.

    Sí que es cierto que hoy día no hay una potencia totalitaria con ansias expansionistas o de crear un gran imperio mediante la conquista, como el Tercer Reich. Los tiempos está claro que han cambiado, pero más bien la naturaleza de las amenazas. El problema con los iranes o las coreas del norte se centra más bien en la incertidumbre sobre qué vayan a hacer con ese armamento que desarrollen. La URSS era un estado totalitario con un formidable armamento nuclear y China lo mismo, aunque armamentísticamente no esté al mismo nivel, pero son dictaduras, como he dicho en la entrada, con las que tenemos la seguridad de que no van a cometer ninguna “locura”, se las podía y puede contener por otros medios no necesariamente militares. No es tanto, por ejemplo, que Irán vaya a lanzar un misil equipado con una cabeza nuclear contra Israel o Europa como las posibilidades de que pase alguna a sus sucursales terroristas en Oriente Medio. Es verdad que las situaciones internacionales hay que examinarlas con seriedad: hace varios meses escuché en una entrevista a un catedrático de física nuclear que la intención de Irán sería consolidarse como potencia hegemónica dentro del Islam mediante el escudo nuclear y que, prácticamente, es imposible que la dictadura islámica pretenda suministrar armas nucleares a grupos islamoterroristas puesto que, en el supuesto de un hipotético atentado, el origen del material empleado podría ser conocido, teniendo esto nefastas consecuencias para los ayatolás. Tampoco veía una posibilidad real un ataque contra Israel, ya que la represalia israelí podría ser terrible para los iraníes, al ser bombas termonucleares la mayoría de las 200 cabezas atómicas con que, parece ser (pues Israel es potencia nuclear no reconocida) cuentan los israelitas. Pero, no obstante, un Irán nuclear es algo muy, muy inquietante.

    Al margen del posible y futuro armamento nuclear, algo como sí aparece Irán es como el gran desestabilizador de Oriente Medio, como salió a la luz de lo filtrado por los de Wikileaks, en Irak, en Líbano, a través de Hezbolá, o en los territorios palestinos, a través de Hamás.

    Bueno, Churchill creo que, más bien era anglicano (en el fondo, hay ciertas similitudes con el catolicismo) y su posición sí que fue algo ambigua aunque tácitamente viera como un mal menor a los nacionales.

    Saludos.


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