Posteado por: Javier | noviembre 16, 2010

A qué no hay que temer y qué hay que evitar (I)

Esta entrada en dos entregas parte de algunas reflexiones sobre qué y quiénes nos pueden ayudar, aunque haya alguna discrepancia u oposición ideológica, y sobre qué y quiénes debemos evitar a la hora de intentar construir una alternativa seria, liberal y democrática.

CONSERVADURISMO:

Ningún liberal, liberal clásico desde luego, debe temer al conservadurismo. Sólo deben temerlo los amigos del relativismo y enemigos de la libertad. Friedrich Hayek, en su obra “Los fundamentos de la libertad” afirmó que los liberales debemos tomar como alternativa el apoyar, en el terreno político, a los llamados partidos conservadores. Es cierto que pensaba en el conservadurismo norteamericano, no en el europeo. A este último se refirió al afirmar que, pese a las diferencias, los conservadores no eran desdeñables como dique de contención o freno en aquellas situaciones en que algunas derivas amenacen con llevarnos por delante a todos. Pero, en lo relativo al conservadurismo estadounidense, Hayek defendió su unión con el liberalismo clásico en un mismo tronco ideológico. Es más, Hayek también expresó su desencanto con la palabra “liberal” en Europa y reconoció cómo el liberalismo europeo, de tipo relativista (el cual lleva dentro el germen de su propia destrucción, al propugnar una sociedad sin Estado, sin autoridad mínima, que establezca el marco que garantice el ejercicio de nuestra libertad y su no perturbación), lejos de propagar la filosofía realmente liberal fue allanando el campo al socialismo y facilitando su implantación. No haría falta para los lectores habituales, pero recordar que en los Estados Unidos no existe la oposición terminológica europea entre “liberal” y “conservador”: lo que entendemos los europeos por “liberalismo” es lo que cimentó la democracia americana. Los progresistas y demás izquierdistas se hacen llamar allí “liberals”. Obama sería un “liberal”. Cosas de la mala prensa que en Norteamérica siempre ha tenido el término “socialismo”.

El conservadurismo ha sido, en los Estados Unidos, el garante para el liberalismo clásico, cohesionando liberalismo económico, libertad y responsabilidad individual, propiedad privada, familia y moral. En Europa tenemos un conservadurismo que, en muchos aspectos, es casi tan intervencionista como la izquierda, aunque defendiendo distintos principios. Por ese motivo, no pocos de los denominados liberales en Europa suelen recelar del liberalismo clásico, fundamentalmente, desconfían de sus ingredientes conservadores.

Pero hay que hacer una necesaria distinción que no tienen en cuenta nuestros liberales a este lado del Atlántico: el conservadurismo europeo (el continental, no el anglosajón) suele mostrarse bastante intervencionista en lo económico y su defensa del statu quo se basa en el mantenimiento de los privilegios de determinados individuos, de determinada casta, social o confesional, o del Estado. No así los conservadores norteamericanos, quienes no quieren ni oír hablar de cambios que impliquen tocar la libertad individual y económica, la propiedad privada y la posibilidad de cada uno de buscar legítimamente la felicidad. El conservadurismo en el mundo anglosajón considera que estos principios deben permanecer inmutables, jamás caducan, y se oponen totalmente a aventuras y procesos de reforma o de ruptura que puedan poner en peligro los mismos. Los procesos revolucionarios siempre nos llevarán a la anarquía o al socialismo, a elegir, en definitiva, hacer tabla rasa, cambiar las bases que informan la vida en sociedad, con las nefastas consecuencias económicas, morales y sociales que han tenido estas experiencias para el país que ha tenido la desgracia de padecerlas, nunca a la libertad.

Por este motivo, los Estados Unidos cuentan con una Constitución redactada e inspirada en estos valores con más de doscientos años de edad. El statu quo que defienden los conservadores estadounidenses es el que legaron los Padres Fundadores, quienes alzaron el edificio constitucional americano sobre la propiedad privada y la libertad, ambos íntimamente ligados, hasta el punto de que la libertad económica y la propiedad privada es condición indispensable para la libertad. Aunque la propiedad no es algo absoluto y tiene unos límites, sin embargo, privar arbitrariamente a alguien de su propiedad privada implica un recorte de su libertad. Este conservadurismo es el que defiende el liberalismo clásico.

El matiz fundamental es que un liberal puede tener una moral muy clara, conservadora y definida, predicarla e incluso señalar a los demás lo que entiende por correcto e incorrecto, pero rechazará pretender elevar el nivel moral de los demás mediante una ley.

Me quedo con lo que dijo Russel Kirk: “Los hombres y las mujeres no son perfectos, los conservadores lo saben; y tampoco lo son las instituciones políticas. No podemos hacer de la tierra un cielo, aunque sí podemos convertirla en un infierno. Todos nosotros somos criaturas, mezcla de bien y mal, y, si descuidamos las buenas instituciones e ignoramos los antiguos principios morales, lo malo en nosotros tiende a predominar. Por lo tanto, el conservador sospecha de todos los proyectos utópicos. Él no cree que, por el poder de la ley positiva, podemos resolver todos los problemas de la humanidad. Podemos esperar hacer nuestro mundo tolerable, pero no perfecto. El progreso solo se alcanza a través del prudente reconocimiento de las limitaciones de la naturaleza humana”.

PACÍFICA COEXISTENCIA:

La izquierda, en todo caso, es un adversario ideológico, no un enemigo personal al que haya que barrer del mapa.

Al igual que ha ocurrido en Estados Unidos con los “tea parties”, seamos sinceros y veremos que algo parecido ocurre en España (no hay más que ver a quienes nos echan en cara que “porqué nos le das caña a la izquierda”, como si la derecha se definiera solo por “dar caña a la izquierda”). Al socialismo de ZP está claro que hay que oponerse pues es una ruina para España pero lo que me preocupa desde hace ya algún tiempo es algo parecido a esto. Zapatero tuvo un proceder sectario sobre todo en la primera legislatura y para algunos sectores de la extrema izquierda este presidente ha sido un soplo de aire fresco pero la respuesta de parte de la derecha ha sido meterse en su caparazón como la tortuga, encerrarse en un micromundo lleno de elementos en el que lo único reconocible, prácticamente, es el anti-izquierdismo y en el que teorías como que el 11-M fue obra de ETA (o hasta de elementos del propio PSOE o solos o en connivencia con la ETA o una comandita ETA-moros) o que el Gobierno no es legítimo, como dijo Pío Moa, son el pan nuestro de cada día.

Lo siento, porque incluso tengo compañeros y amigos que piensan así, pero este no es el modelo de derecha que busco.

Porque, de acuerdo, echamos a este nefasto presidente, ¿y? ¿Qué hay de Rajoy? Mariano Rajoy y el PP no son la solución, sino parte del problema.

¿Se puede llegar a acuerdos con ellos?

Sí, se puede llegar a acuerdos, no a cesiones, no hay que confundir ambos términos.

No vamos a defender el Estado de Bienestar, pues la idea es ir progresivamente haciendo menos dependiente a la gente del Leviatán estatal, es un concepto no liberal. Pero sí hay que conocer la realidad, sobre todo la realidad concreta de cada país, que España no son los Estados Unidos y que, ahora mismo, es utópico hablar aquí de Seguridad Social, sanidad y pensiones completamente privatizadas.

Sobre la sanidad, la principal diferencia con la izquierda es que ésta considera la sanidad como un derecho prácticamente inviolable del individuo y no como lo que es una necesidad que surge a lo largo de la vida y que puede cubrirse o bien públicamente o bien por el sector privado, debiendo optarse por aquel que la cubra con mayor eficacia en cada caso. Pero igual que es perentorio e ineludible comer cada día o beber agua o tener un suministro para la higiene personal o la limpieza del hogar y nadie en sus cabales habla de “derecho a comer” o “derecho al agua”. Todo cuesta un dinero, no hay nada gratis y, es más, cualquier defensor de la sanidad pública como un derecho, si se le preguntase por alguien a quien le hayan cortado el agua por no pagar, seguramente diría que le está bien empleado por moroso.

La sanidad pública no precisa su universalización, pero en España tampoco hay que defender inmediatamente su supresión pues, desde luego, ahora mismo es algo utópico. Lo que necesita son reformas. Y, sobre todo, ya que pagamos impuestos y la financiamos, no es de recibo que, como ocurre en España, la sanidad pública financie cambios de sexo pero no cubra el dentista. O, como se pretende, los abortos y las píldoras del día después, mientras mucha gente se hacina en interminables listas de espera para una simple prueba. Y eso que, en España, hasta ahora, gracias a una cierta homogeneidad de la población (que estamos perdiendo, sí que es verdad), a que somos un país de 45 millones de habitantes y a que todos contribuimos en parte no ha funcionado mal del todo. Otra cosa es la reforma sanitaria obamita en Estados Unidos. En un país de más de 300 millones de habitantes este expansionismo estatal es la ruina del propio Estado. No es una cuestión de “derecho”, repito, sino de competencia para cubrir una necesidad. No está mal que parte de nuestros impuestos se dediquen a financiar unos servicios sanitarios públicos que se oferten en concurrencia con los privados para aquellas personas sin recursos para acudir a estos últimos. Limitándose la posibilidad de acudir a los mismos en unos determinados niveles de renta. Este caso sí seria una obligación del Estado, el emplear un porcentaje del dinero que ponemos a su disposición en ofertar una serie de servicios sanitarios a quien necesite cubrir una serie de necesidades de este tipo y no pueda costearse uno privado de razonable calidad. Los impuestos a pagar por todos, para financiar este servicio público, serían muy inferiores a la carga fiscal que soportamos. Y los beneficiarios disfrutarían de un servicio público mucho más eficiente y totalmente alejado del torpe elefante burocrático que soportamos.

Otro tanto ocurre con la educación. Para la izquierda progresista o socialdemócrata, es, igualmente, un derecho no un privilegio. Y la realidad es que, hablando de la izquierda socialdemócrata y civilizada (dejamos aparte a salvajes de extrema izquierda, guarros y otros porreros) y algún comunista que no esté en la onda del castrismo o del estalinismo, claro, no se les puede acusar directamente de ser malintencionados ni de que tengan un afán liberticida, pese a sus deseos de socializarnos. La diferencia fundamental con los liberales es que equivocan el concepto de igualdad. Para el liberalismo, la igualdad es ante la ley, todos tienen los mismos derechos y obligaciones y nadie está por encima de ella, y de oportunidades, a nadie se le puede privar arbitrariamente por su condición (raza, religión, ideología política, etc.) de la oportunidad de prosperar o, por lo menos de ganarse la vida, de usar sus talentos o sus medios. Igualmente, a nadie que sepa aprovechar su capacidad y oportunidades se le puede negar subir algunos escalones en la escala social por no ser de origen “aristocrático”. Al contrario, alguien con un buen nivel económico mañana puede estar en paro y eso se asume. Para la izquierda, en cambio, la igualdad es de resultados, defendiendo la intervención gubernamental para lograr esto, así como la idea de que esta intervención también es necesaria para solventar la situación de ciertos colectivos, llámense inmigrantes, mujeres, homosexuales, etc., introduciendo desigualdades ante la ley con el resto de individuos que compensen la desigualdad a la que son sometidos “social” o “culturalmente”.

Las diferencias están, por tanto, en qué naturaleza tienen las prestaciones públicas y en qué consiste la igualdad.

¿Puntos en común?

Regulación y control de la inmigración: si son coherentes, sabrán que perjudica, justamente, a las capas sociales más bajas, presionando los salarios a la baja y colapsando aún más los servicios públicos.

Lucha contra el terrorismo: ni que decir tiene que es una lacra tanto para ellos como para nosotros.

Separación Iglesia-Estado, libertad religiosa y aconfesionalidad: una cierta coincidencia tenemos. Aunque algunos seamos cristianos, es una realidad que hay que convivir con gentes de otras religiones (las llamo así aunque ser cristiano no es ser “religioso”), así como ateos y agnósticos. En cambio, lo que nos ofrece la derecha no liberal son más concordatos con la Iglesia Católica, más miembros de las fuerzas de seguridad o del ejército portando imágenes en procesiones, catolicismo por narices porque “es la tradición de España”…

¿Ha aumentado la moralidad en España por estar viendo esos símbolos tipo crucifijos en lugares públicos? Evidentemente, no. Por mí, si los retirasen para colocar a Cristo Rey en su lugar, mejor, pero la realidad es que ahora mismo no es así. Se podrá decir que es tradición, pero “tradición” también es un espectáculo sanguinolento como las corridas de toros

En España, en mi opinión, estamos razonablemente bien, en lo que es libertad religiosa individual. Lo que se está confundiendo por quienes se quejan de la hipotética retirada de símbolos religiosos católicos de edificios públicos (que ya veremos) es que eso no es una vulneración de la libertad de cada individuo de llevar él personalmente el que desee y le de la gana. ZP será nefasto en otras cosas pero aquí no hay ningún tipo de “fatwa” dictada contra los católicos y hay quienes están confundiendo a gente que no dudo que será bienintencionada pero que no está muy informada.

Separación Iglesia-Estado: es aquí donde falla la cosa. Ni el PP tiene muchas ganas de acabar con esa simbiosis Estado-Iglesia Católica y lo de ZP no han sido más que escenificaciones. Mucho hablar y, si analizamos, no ha hecho absolutamente nada, salvo sobreexcitar a sus votantes más incondicionales. No hace mucho he leído un artículo de Jaime Campmany, que es católico, pero que, sin embargo, reconocía que la Iglesia Católica debía financiarse mediante aportaciones de sus fieles y que si no se hace es porque es la excusa de los distintos gobiernos del PPSOE para tener una casilla en la declaración a través de la cual canalizar dinero a toda su pléyade de ONGs y fundaciones afines.

Está claro, como he dicho antes, que hay intereses comunes que, al final, son los intereses del país. Ahora bien, llegar a acuerdos no es ceder. Se trata de ver qué es una preocupación para unos y otros, no pretender resultarle simpáticos a la izquierda por el mero hecho de resultarles simpáticos o de casi mimetizarse con ellos, como iremos viendo.

Mañana, más.

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Responses

  1. Lo siento, no estoy de acuerdo.

    ¿ No se nos cayó ya el Muro de Berlín ?

    Puedo admitir, como ya hizo Adam Smith a finales del siglo XVIII, que el Estado tenga una cierta presencia, incluso acepto que la sanidad y la educación “universales y gratuitas” sean hoy un importante apartado de nuestras infraestructuras y más “económico” el sufragarlas entre todos, pero eso no es socialismo.

    Socialismo, y aquí me estoy refiriendo a “los socialistas de todos los partidos”, y por eso especialmente también a conservadores y democristianos, es todo aquello que necesita para triunfar de la presencia de “un hombre nuevo”, lo que irremediablemente lleva a la decisión final de exterminar todo lo que hasta este momento nos ha hecho hombres.

    ¿ Qué podemos discutir entonces ?

    No, lo único que un verdadero hombre puede hacer es rechazar esa ideología y combatirla en todos los sitios.

  2. Javier,

    Muy de acuerdo en los tres puntos que nombra como puntos de acuerdo, aunque estoy seguro que hay más.

    Veo que hay bastante crítica a los conservadores europeos, cuando a mi me parecen bastante más civilizados que los Americanos (si exceptuamos a los Italianos, Polacos y posiblemente Españoles). Que acepten el intervencionismo del estado es normal, pues europa se reedificó después de la segunda guerra mundia el un pactismo que dio como resultado un estado del bienestar. Este estado del bienestar llevó a europa durante muchas décadas a un progreso sostenido y a una homogeneidad importante, y a una calidad de vida envidable. Los conservadores europeos son gente generalmente razonable, que saben que hay límites que no se pueden pasar, y están educados políticamente en la gobernación con un estado “social”. Aunque sí es cierto que es ciertos temas morales y de privilegios son un poco anticuados.

    Veo que toca mucho el tema de la sanidad pública. Para mi, como izquierdista, es algo innegociable, aunque sí que estoy dispuesto a contemplar formas de evitar el abuso que provoca parte de colapso que vemos en algunos servicios sanitarios. De todas formas tengamos en cuenta que la sanidad española es de las mejores del mundo, el otro día leí en un informe que la cuarta mejor del mundo.
    El sistema sanitario español no se basa en la caridad ni en la soliradidad con los “pobres”. Todos lo pagamos y todos podemos hacer uso de él, y todos hariamos uso de él si desarrollamos ciertas enfermedades teribles que son mejor tratadas en la sanidad pública que en la privada en España.
    Sí estoy bastante de acuerdo en eso de que no parece comprensible que no incluya el dentista y sí otras cosas que parece más accesorias. Lo del dentista no lo entiendo, francamente.

    El mismo sistema de que todos paguemos me parece aplicable a la educación, pensiones, cuidados de personas mayores y de niños pequeños. Saben que soy partidarios de un sistema escandinavo para estas cosas.

    Respecto a la igualdad. No estoy muy de acuerdo en lo que usted ha planteado como objetivo izquierdista. Para mi la igualdad es importante de forma relativa en una cuestión de renta, por varias razones. En una cuestión de conceptos de la vida soy totalmente liberal, aunque sí me parece exigible un compromiso con la sociedad, que yo llamo responsabilidad colectiva. La responsabilidad colectiva me parece fundamental para un país, al igual que la responsabilidad individual. No me parecen conceptos incompatibles, de hecho son muy compatibles y que cada uno tiene su ámbito de actuación. La misma responsabilidad de una persona sobre sus actos, su destino y su futuro debe también aplicar para generar un entorno de vida, una sociedad adecuada, poco hostil para el débil y crear un manto de seguridad para aquellos que tengan mala suerte y que estén dispuestos a levantarse de nuevo.

    Saludos,

  3. @Moli:

    Uff, ¡pues anda que no hay cosas que defender!

    Moli, no se ponga intranquilo y lea bien el post. Cuando hablo de “coexistencia pacífica” no es que no haya que oponerse a mucho de lo que defienda la izquierda, sino a que no llegue la sangre al río y ser civilizados. De todas formas, mañana intentaré extenderme más en estos temas.

    No he terminado de entender muy bien la última parte del comentario porque, precisamente, hablo directa o indirectamente de principios y valores que no es que estén mal defenderlos individualmente pero que, coactivamente, no han elevado para nada nuestro nivel moral.

    ¿Han enriquecido moralmente a nuestro país preceptos como el 525.1 del Código Penal, del que hablamos en la entrada anterior, el castigo a las ofensas a los sentimientos religiosos? Nada, aparte de limitarse la libertad de expresión.

    @Pedro:

    Con los conservadores americanos ocurre, veo yo, que lo que se han adoptado aquí son los peores excesos de algunos de ellos, sobre todo con movimientos que nada tienen que ver con el conservadurismo de Washington, Hamilton, Lincoln o Reagan, o el de Thatcher en el Reino Unido (excesos, aunque sea solo una caricatura, como caracterizar a Obama en una foto como un salvaje de la selva). Una de las cosas fundamentales con las que no estoy de acuerdo generalmente con el conservadurismo europeo continental es en esa creencia de que el Estado es quien debe definir qué es la tradición y la cultura del país. No me refiero solo al tema de la religión católica en España, sino también a otros como el de los velos en Francia o los minaretes en Suiza, o esa Esperanza Aguirre en Madrid declarando “Bien Cultural a proteger” los toros.

    Cuestiones como el Estado del Bienestar y la sanidad pública, sí, es algo que está claro que es innegociable para ustedes, aunque me parece interesante lo que dice sobre evitar abusos, puesto que ya que ambas cosas nos quedan para rato y las financiamos con nuestros impuestos, los servicios básicos deben estar garantizados pero de la manera más eficiente posible, y lo del dentista, en este sentido, es bastante incomprensible pues es un servicio al que todo el mundo ha de acudir alguna vez en su vida, casi se puede decir que es una de las visitas seguras. Con la educación creo que el cheque escolar sería algo a estudiar.

    También creo en la existencia de una responsabilidad individual y otra colectiva con el resto de los conciudadanos, aunque la segunda, como la primera, la veo como voluntaria, es decir no coactiva a través del Estado, ya sea de forma individual o a través de las numerosas entidades benéficas ejercen esta solidaridad voluntaria, aparte de la familia como red de seguridad. Fundamentalmente, porque cuando es el Estado el que hace responsables forzosamente a los individuos para con los demás, a estos últimos termina eximiéndoles de sus propias responsabilidades individuales. Aunque, como he dicho, al ser la realidad la que es, al menos, de momento hay que tender a que esa solidaridad gestionada por el Estado, al menos, tenga una cierta eficacia en sus resultados.

    Saludos.

  4. Javier,

    Una cosa respecto a la “responsabilidad colectiva”. La base de la responsabilidad colectiva, para mi, no es una cuestión de caridad o solidaridad, es una cuestión de justicia.
    Nosotros hemos nacido en un mundo antiguo y hecho, no en medio de la selva. Nuestro desarrollo como personas se debe parcialmente a este mundo que nos ha acogido, a sus ciudades, a sus infraestructuras educativas, a su cultura, etc, etc.
    Además, cuando nosotros comenzamos una actividad económica, seamos empresarios, autónomos o asalariados, tenemos que ser consicentes que la posibilidad de esa actividad se debe, en parte, a que existen una condiciones objetivas para que esta funcione.
    Por ejemplo si usted tiene una empresa que se dedica a la venta de cualquier cosa debe tener claro que el éxito de ese negocio es uno porque usted está en España, porque si estuviese en Somalia muy probablemente su negocio sería una ruina. En españa funciona bien porque hay un estado que proteje sus bienes y su seguridad, porque hay infraestructuras adecuadas, porque hay un país con un poder adquisitivo alto, porque hay trabajadores que tienen el conocimiento necesario para ejercer ciertas funciones que usted necesita, etc.

    La idea básica es que todo lo que conseguimos por nosotros mismos tiene una parte, mayor o menor, que depende del entorno, en este caso del país. Y eso lleva a que debamos y que sea justo que exista una responsabilidad colectiva con el mismo entorno que nos ha permitido y/o ayudado a llegar donde estamos.
    Esta responsabilidad colectiva se gestiona hoy como responsabilidad cívica y como responsabilidad fiscal básicamente. ¿Es voluntaria? No, mayoritariamente es de obligado cumplimiento, pero es razonable que así sea.

    Espero que se haya entendido mejor lo que quería decir.

    Saludos.


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