Posteado por: Javier | diciembre 8, 2010

El cebar al Estado se va a tener que acabar

¡Qué subidón ha dado la cajetilla de “Chesterfield”, el tabaco que habitualmente consumo, tras el nuevo aumento en los impuestos sobre el tabaco!

De 3,75 € a 4,10 € en las máquinas expendedoras.

Acabo de venir de la calle y, como me había quedado sin material para el vicio inmundo que lamentablemente tengo, me paré a comprar. Y empecé a darle vueltas a la cabeza.

Haciendo unos sencillos cálculos:

1 cajetilla al día x 4,10 € (y eso si no vuelve a subir próximamente) x 365 días = 1496,50 €

Mil cuatrocientos noventa y seis euros con cincuenta céntimos menos al año en mi bolsillo.

Ahora, ya que, según parece, el Estado sisa de ese dinero cerca de un 66% vía impuestos, otra pequeña y sencilla cuenta:

1496,50 € x 66% = 987,69 €

Novecientos ochenta y siete euros con sesenta y nueve céntimos que, gustosamente, entrego al Estado al año, cebándolo sin parar:

YO NO QUIERO ESO.

Al Estado hay que limitarlo, no engordarlo ni ponerlo más lustroso aún, ningún liberal quiere eso. No sé si conseguiré ser tan drástico como mi amigo Alfredo, pero esto no puede seguir así. Como mínimo, fumar única y exclusivamente cuando me plazca y apetezca y no ser un esclavo del maldito cigarrillo y así ir dejándolo progresivamente.

Pero, como liberales, no podemos seguir ayudando al Estado a expandirse.

Aparte, si usted es cristiano, piense que si se critica a quienes se hacen perforaciones para piercings o tatuajes, por dañarse el cuerpo, con mayor razón aún se nos puede criticar a nosotros por algo que nos mina la salud lentamente hasta la muerte.

Cierto es que me parece criticable la prohibición de fumar en bares y restaurantes. Fumar no es un “derecho”, ojo. Aquí, más bien, lo que entra en juego es el derecho de admisión de cada uno en su propiedad: aunque bares y restaurantes sean lugares abiertos al público, no obstante, tienen un propietario a quien, lógicamente, un fumador nunca podrá coaccionar para que se le permita fumar, si el primero no lo quiere así, ni, por el contrario, el no fumador no puede exigirle al propietario que prohíba fumar si se siente molesto por el humo que exhalen los fumadores allí presentes. A nadie obligan a punta de pistola a entrar en un local donde haya gente fumando.

El propietario de un local, por más que esté abierto al público no es quien debe adaptarse a los deseos de sus visitantes sino al contrario. Podría argumentarse que esta libertad del propietario así como de sus clientes fumadores chocaría con el daño a la salud que podrían ocasionar a otros que serían fumadores pasivos pero, aún así, habría que volver a lo antes dicho: nadie es obligado ni coaccionado para que entre en lugares frecuentados por fumadores.

Pero esto es una cuestión distinta.

Me tengo que poner manos a la obra.

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Responses

  1. Déjelo Javier, déje ya de fumar en enero: ¿qué más motivación puede haber que no engordar al Estado? Sé que es MUY difícil para los que tenemos este vicio pero el ser humano se acostumbra a todo. Yo tengo claro que no volveré a fumar a partir de enero 2011. Ya, incluso, me da un poco de asco ir a comprar tabaco al estanco porque ni siquiera tiene el mismo sabor que tenía antiguamente — hablo de los Ducados y desde que esa empresa, Tabacalera Española fue comparada por Altadis, franceses, ya no sabe igual para mi.

    Así que hago mi deber patriota y también dejo de financiar a una empresa de franchutes. Yo creo que usted es lo suficientemente poderoso e inteligente como para dejar el tabaco.

    Saludos

  2. Muchas gracias, a eso es una de las cosas a que van a tener que ir dirigidas mis oraciones a partir de ahora.

    Sí, dejar de dar dinero a empresas extranjeras (ya sean gabachas o la “Philip Morris”) y empezar a dar algo más de dinero al comercio español es una buena decisión.

    Saludos.

  3. Mira; aquí dicen que es el 84%. Yo dejé de fumar en agosto; lo más difícil es el tercer día.

    Un saludo.

  4. Lo del 66% parece que es la media, depende de cada marca. Las más poderosas parece ser que rebajan sus precios para hundir a las más pequeñas, haciendo que sus precios no sean muy distintos a las de estas y eso sube el porcentaje en impuestos que se pagan por cada cajetilla. Como las pequeñas no se pueden permitir dejar los precios igual si suben los impuestos, terminan hundidas ante las más poderosas, la gente, por un poco más, prefiere estas últimas, lógicamente.

    Sí, a los pocos días me imagino que deben entrar unas ganas casi irresistibles de fumar.

    Saludos.


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