Posteado por: Javier | diciembre 11, 2010

Revolución Francesa NO

Les dejo aquí la republicación de una entrada de hace ya tiempo para entender un poco más qué es una revolución liberal y qué es un proceso sedicioso (aunque se dirija contra una tiranía) indefendible.

Hay que empezar con algo que hay que tener muy claro: 

No fue la Revolución Francesa la gran revolución liberal europea, en absoluto, pese a numerosísimos tópicos existentes motivados por el desconocimiento de la historia. Contemporáneos de este acontecimiento histórico como Edmund Burke, parlamentario whig británico-irlandés, contemplaron con sumo horror la sucesión de hechos que se produjeron en Francia. Alexis de Tocqueville llegó a afirmar que “en el Antiguo Régimen reinaba más libertad que en nuestros días”.

Fue un proceso violento, sangriento por momentos, en el cual se intentó hacer tabla rasa con todas las cosas que olieran a pertenecientes al Antiguo Régimen, fueran buenas o malas (y Francia era, precisamente, en 1789, antes de la revolución, una de las naciones más poderosas del mundo) y edificar sobre ese solar una nueva sociedad. ¿Nos suena eso a algo?

Los grandes totalitarismos del siglo XX aprendieron mucho de la Revolución Francesa y rescataron sabiamente para sus intereses lo peor de lo peor de la misma: un comité central que llegó a asumir todos los poderes, tribunales revolucionarios políticos, un control absoluto sobre la población mediante unos comités municipales de vigilancia asistidos por guardias de secciones repartidos por todo el país, la suspensión de todo tipo de garantías procesales, cometieron crímenes de Estado, una ley de sospechosos para perseguir a los ideológicamente contrarios a la revolución que permitió asesinar legalmente a millares de personas con la “igualitaria” guillotina, encarcelamientos preventivos masivos y deportaciones a ultramar e, incluso, un genocidio en la región de La Vendée, aún negado hoy por muchos historiadores.

El 26 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la que se definían los derechos personales y colectivos como universales. Teóricamente, estaba inspirada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, aunque, en la práctica, estaba influenciada por la doctrina de los derechos naturales. Como resultado, dos años después, cuando una minoría jacobina autolegitimada pretendió unificar mental y revolucionariamente Francia (o eso, o la hoja de la guillotina), eran papel mojado. Es cierto que se afirmaba el derecho a la vida, a la seguridad, a la libertad y a la resistencia a la opresión, en términos similares a los diseñados por Locke, en una serie de principios que habrían de informar una futura constitución. Pero, por otro, también estaba presente la influencia absolutista que en Rosseau se disfraza de democracia, la tiranía de la mayoría. Los jacobinos dieron a Francia un baño de sangre, en nombre de la “voluntad general”. Durante el siglo XX, esta corriente absolutista y democratista evolucionó hasta convertirse en maestra de las llamadas democracias populares. En el siglo XVIII, Rosseau fue el precursor del marxismo-leninismo.

Se creó un homicida Comité de Salvación Pública, órgano del poder ejecutivo, bajo el mando de Maximiliem Robespierre, durante El Terror, período de dos años, entre 1792 y 1794, durante el cual se cree que hasta 40.000 personas fueron guillotinadas ante acusaciones de actividades contrarrevolucionarias. La menor sospecha de dichas actividades podía hacer recaer sobre una persona acusaciones que eventualmente la llevarían a la guillotina. Solo en septiembre de 1792, 1.200 prisioneros fueron ejecutados sin juicio, mientras Jean-Paul Marat, desde su periódico, proclamaba que la Revolución necesitaba 100.000 sacrificios en su altar para librarse del fantasma de la contrarrevolución. El propio Marat estableció el Comité de Vigilancia, cuyo papel declarado era eliminar de raíz a los contrarrevolucionarios, componiendo él mismo las listas negras.

El aparato estatal era tan descomunal y estaba tan obsesionado por el control de hasta el último detalle de la vida de la gente que fagocitó toda la economía gala. El nuevo Estado se arrogó la exclusiva de la moral y hasta de la vida íntima de sus súbditos. La tabla rasa de la que he hablado al principio llegó hasta el punto de que el proyecto consistió en la intención de crear, desde el Estado, el perfecto ciudadano revolucionario. La locura jacobina de Robespierre y sus sans culottes impuso el uso del tuteo por considerar el lenguaje formal como contrarrevolucionario, el francés se decretó lengua revolucionaria, prohibiéndose los dialectos regionales, se consagró a nueva deidad, la diosa razón, en una grotesca ceremonia en la catedral de Notre Dame (en la que la divinidad fue representada por una prostituta…), los meses fueron rebautizados y la semana dejó de tener siete días, las festividades tradicionales fueron eliminadas en el nuevo calendario, introduciéndose cinco fiestas revolucionarias. Prácticamente, era el intento de imponer una nueva cosmovisión, la anterior era “contrarrevolucionaria”, y una novedosa idea del hombre, no como individuo sino como parte de una masa, sin la cual no es nada.

El final del camino: la dictadura napoleónica, tan despótica y absolutista como el Antiguo Régimen y que sumió Europa en la devastación y la guerra mediante su agresivo imperialismo. Paradójicamente, de forma muy parecida a Adolf Hitler, siglo y medio después.

No es de extrañar que muchos totalitarios actuales sientan verdadera fruición por la Revolución Francesa. La toma de la Bastilla o la escena de las masas tomando el Palacio de las Tullerías pintan magníficamente bien en ese áurea de romanticismo que siempre envuelve el pensamiento de la izquierda. 

La Revolución Francesa no debe ser referente para nadie que ame la libertad (salvo para algún “liberal” despistado). Los revolucionarios galos solo sustituyeron el poder absoluto del monarca por el del Estado. No limitaron el poder ampliando la libertad del individuo (quien pasó de una servidumbre a otra), sino que lo único que hicieron fue cambiarlo de manos.

Gran diferencia con los puritanos de Cromwell que se defendieron de la agresión al Parlamento inglés por parte de un rey tirano o de los revolucionarios americanos. Estos siempre recelaron del poder e intentaron desde el principio limitarlo. Realmente, lo de Norteamérica a finales del siglo XVIII no fue una revolución propiamente dicha. Fue una guerra. Una guerra justa, por otro lado, para restaurar unos valores ingleses. Unos valores que la propia Inglaterra había traicionado. Es más, una guerra entre dos gobiernos constituidos. Nada de construcción de utopías partiendo de cero.

Los principios desde los que partió la Revolución Americana fueron mucho más sanos, no hay duda. Lo cierto es que allí se partió de que no se podía redefinir al ser humano mediante la ingeniería social, como pretendían los jacobinos, sino que había que adaptar el sistema a sus vicios y defectos, asegurando que estos se mantuvieran a raya. En esto fue fundamental el puritanismo. Dos de cada tres habitantes de las colonias eran calvinistas, partían de que el hombre es corruptible por naturaleza, aunque Dios le pueda mover a hacer cosas buenas (a todos les ha dejado alguna impronta) y creían en la idea de la soberanía de Dios sobre todas las cosas y en la verdad revelada, una ley inmutable y preexistente al hombre. En Francia el dios fue el Estado y aquí estuvo otra diferencia, la tolerancia religiosa de América.

La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa pudo partir de buenas intenciones (de buenismo) pero era voluntarismo puro y sus cimientos muy endebles: los derechos del hombre dependían de una declaración, del decisionismo, y de que quien tuviera el poder en sus manos respetase o no el acuerdo. De un contrato social que era un contrato de adhesión, no un reconocimiento de libertades inalienables. A los dos años, Robespierre y los suyos la habían convertido en nada.

Hay otras cosas que no me gustan de La Grande Nation gabacha pero esta es la fundamental. También estaría el cuento que tienen: es la única nación que, tras ser barrida en una guerra en solo un mes y estar cinco años ocupada, después de finalizar la contienda se ha presentado como una de las vencedoras de la misma.


Responses

  1. Excelente categorización de la revolución francesa: semillero de los totaliatarismos y abstracciones utópicas que necesariamente desencadenan tiranías. Un saludo

  2. PorGuy Sorman..No han rodado carretas con prisioneros camino a la guillotina en la Plaza de la Concordia de Paris pero aun asi puede que en Francia estemos siendo testigos de una revolucion. ………..La Revolucion Francesa nunca termino realmente con los privilegios de las elites gobernantes de Francia.

  3. En EE.UU a pesar de que la Constitución garantizaba la igualdad de todos los hombres, continuó existiendo la esclavitud. La propia palabra lo indica, revolución es un cambio social, económico o político muy brusco que rompe con todo lo anterior, y en el ámbito político generalmente es violento.

    No pretendo negar el carácter violento que tuvo la Revolución Francesa pero no debemos dejar de tener en cuenta en qué situación estaba sumida Francia antes del estallido de la Revolución con la Monarquía Absolutista de Luis XVI.

    Comparar la política exterior de Hitler y Napoleón requiere un detenimiento, Hitler justificaba sus conquistas europeas con la humillación de Alemania en el tratado de Versalles y más importante motivo: acabar con los judíos, homosexuales, gitanos y todo aquel de ideología contraria. Por otra parte, la política francesa de dominar el continente europeo nace de una necesidad meramente defensiva, recordemos que Francia fue atacada por la Coalición de países europeos (España, Reino Unido, Autria, Prusia y Rusia) que temían que la Revolución se extendiese y acabase con el Absolutismo. Tampoco debemos olvidar que los motivos políticos y colonialistas fueron motivo importante del ataque contra la Francia Revolucionaria (causa especialmente aplicable al Reino Unido).

    Es cierto que durante el período jacobino reinó un gran terror que acabó con la vuelta de los girondinos y más tarde con Napoleón, que en mi opinión supo poner en cintura a una sociedad que se había degenerado hasta límites insospechables. El propio Robespierre fue ajusticiado con el símbolo de su política persecutoria: la guillotina.

    En mi opinión es incorrecto llamar a Rosseau precursor del marxismo-leninismo, ya que Rosseau fue el padre de las ideas liberales que tuvieron como bandera las Democracias liberales del siglo XIX y XX (EEUU, Francia, la Italia Unificada, Holanda, Bélgica….)

    En Francia la toma de la Bastilla y del palacio de las Tullerías constituyen dos de los episodios más gloriosos en la Historia de Francia y dudo que algún francés no se sienta orgulloso de ello. En cuanto a la utilización por parte de la izquierda de acontecimientos históricos como éste, siempre hay personas y grupos que utilizan la Historia para su propios beneficios e intereses.

    Realmente interesante el blog y muy bien argumentado tus ideas sobre la Revolución Francesa. Te invito a que conozcas mi blog: blogdesantacrucero.blogspot.com

    Saludos🙂

  4. Muchas gracias, me alegra que le haya gustado.

    “En EE.UU a pesar de que la Constitución garantizaba la igualdad de todos los hombres, continuó existiendo la esclavitud.”

    La esclavitud era una institución heredada del período colonial y sí es cierto que chocaba con la igualdad ante la ley de todos los hombres, aunque precisamente en lo que se escudaban algunos estados, los del Sur fundamentalmente, los que materializaron la secesión en tiempos de Lincoln era su “derecho” como estados a mantenerla. Como aquellos estados no dieron su brazo a torcer finalmente hubo que llegar a la guerra, pues violaban abiertamente la Constitución, hasta el punto de que plantearon una secesión ilegal.

    “La propia palabra lo indica, revolución es un cambio social, económico o político muy brusco que rompe con todo lo anterior, y en el ámbito político generalmente es violento. No pretendo negar el carácter violento que tuvo la Revolución Francesa pero no debemos dejar de tener en cuenta en qué situación estaba sumida Francia antes del estallido de la Revolución con la Monarquía Absolutista de Luis XVI”.

    La violencia necesariamente no tiene porque ser mala, eso es cierto. Si tienes enfrente un tirano armado que pretende sojuzgarte y someterte, evidentemente, tienes que tomar las armas contra él, como hicimos los españoles el 2 de mayo contra las tropas napoleónicas que ocupaban Madrid.

    El problema de la Revolución Francesa es los principios desde los que partía, que no tenían nada que ver con los principios desde los que partió la rebelión puritana de los cromwelianos en Inglaterra o la Guerra de Independencia de EEUU (las dos únicas “revueltas” que no han acabado en caos sangrientos o en tiranías totalitarias, y no hay más que repasar la historia de todas las revoluciones que ha habido a lo largo de los siglos, porque la Francesa: el Terror, los guillotinamientos y la tiranía napoleónica):

    – dirigidas por un magistrado menor, no por una turba incontrolada (como las que asaltaron la Bastilla o por iluminados que se abroguen esta condición, tipo Robespierre), como los parlamentarios dirigidos por Cromwell o los gobiernos coloniales de Norteamérica (realmente, una y otra fueron guerras entre gobiernos).

    – contra un rey que haya violentado y las libertades que Dios haya otorgado a los individuos (libertades pre-existentes al propio individuo)

    – y con el objetivo de restaurarlas, no de construir utopías.

    Fuera de eso, terminará en una sedición sangrienta y desembocarán en el totalitarismo, siempre.

    “Comparar la política exterior de Hitler y Napoleón requiere un detenimiento, Hitler justificaba sus conquistas europeas con la humillación de Alemania en el tratado de Versalles y más importante motivo: acabar con los judíos, homosexuales, gitanos y todo aquel de ideología contraria. Por otra parte, la política francesa de dominar el continente europeo nace de una necesidad meramente defensiva, recordemos que Francia fue atacada por la Coalición de países europeos (España, Reino Unido, Autria, Prusia y Rusia) que temían que la Revolución se extendiese y acabase con el Absolutismo. Tampoco debemos olvidar que los motivos políticos y colonialistas fueron motivo importante del ataque contra la Francia Revolucionaria (causa especialmente aplicable al Reino Unido)”.

    Bueno, aunque, en realidad, los comparo porque fueron proyectos pan-europeos, como el de Carlomagno, Carlos I, Felipe II,…

    “En mi opinión es incorrecto llamar a Rosseau precursor del marxismo-leninismo, ya que Rosseau fue el padre de las ideas liberales que tuvieron como bandera las Democracias liberales del siglo XIX y XX (EEUU, Francia, la Italia Unificada, Holanda, Bélgica….)”

    De las naciones del continente europeo sí, claramente, pero esas están muy lejos del liberalismo clásico y democrático que se aplicó en tiempos en Inglaterra o EEUU, basado en las libertades preexistentes al individuo y que el gobernante debe limitarse a respetar, no es quien las da.

    En la Europa continental, sí, se ha seguido la estela de Rousseau, quien en su teoría del contrato social no se basaba en libertades preexistentes, sino en que por el contrario, los hombres voluntariamente renuncian a un estado de natural inocencia para someterse a las reglas de la sociedad, a cambio de beneficios mayores inherentes al intercambio social. Las libertades no pertenecen al individuo, sino que le son dadas.

    Y, más o menos, esto es lo que se hace se “dan” “derechos” al “matrimonio gay”, “derecho al aborto”, “derecho a que no me moleste quien fuma”, “derecho a que un gordo no me desagrade con su feo aspecto, prohíbanle los bollos”, y así todos los que se puedan dar a todos los colectivos imaginables.

    El marxismo-leninismo habría tomado de Rousseau, su idea de la “voluntad” general, solo que ellos la habrían transmutado en su amor por los movimientos de masas.

    “En Francia la toma de la Bastilla y del palacio de las Tullerías constituyen dos de los episodios más gloriosos en la Historia de Francia y dudo que algún francés no se sienta orgulloso de ello”.

    Pero, gracias a Dios, no soy francés sino español, un país mucho más libre que Francia.

    Saludos.


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