Posteado por: Javier | diciembre 13, 2010

Ya lo dijo Thatcher

Acabo de ver que Mike, en su bitácora “El Republicano Digital“, se ha hecho eco de un artículo publicado en Libertad Digital sobre las serias advertencias que, ya en 2001, hacía Margaret Thatcher sobre el futuro del euro. Una a una todas se han ido cumpliendo hasta la situación actual. Desde luego, cualquiera diría que tiene dotes de profetisa. ¡Pero qué grande es esta mujer, a la que Reagan calificó como “el mejor hombre de Inglaterra”! Si la idolatría no fuera un horrendo crimen contra Dios, sería digna de hacer una estatua de ella y empezar a adorarla.

Pues no, no era un “ídolo caído” como algunos decían, hace unos dos años, cuando la crisis empezó a manifestarse con toda su crudeza. Todo lo contrario, Thatcher está más vigente que nunca.

A propósito, el nuevo Gobierno británico, formado por la coalición conservadores-liberal demócratas (Cameron-Clegg), anunció, nada más asumir sus funciones, que la entrada del Reino Unido en la moneda común no se plantea para esta legislatura. Existían dudas, dado el europeismo de Clegg, pero, finalmente, en las islas se  impueso la lógica y el sentido común. Los ingleses tienen una cultura económica totalmente distinta a la continental y no tienen demasiadas ganas de perder la parte de soberanía que significa el control de su moneda.

El euro está en crisis por la irresponsabilidad financiera de algunos miembros de la Unión, unida, como es lógico, a las escasas ganas de los más serios de que los primeros arrastren al abismo a la moneda común. Y, por qué no decirlo, menos ganas aún de seguir manteniéndolos por la cara, como auténticos subsidiados. Grecia es la irresponsable número 1 del panorama, Irlanda la segunda, unidas a Italia y Portugal, pero, lamentablemente, nosotros no nos quedamos cortos, también están hartos, allende las fronteras, de seguir soportando nuestro déficit. En España, este año hamos comenzado a ver la cara más cruda a la realidad después de dos años en que no se realizó ningún ajuste sino todo lo contrario: aumentar demagógicamente el gasto, anunciando una y otra vez a bombo y platillo que no iban a “recortarse gastos” ni “derechos sociales” y que la recuperación estaba a punto de comenzar. Esa mercancia y esa política económica la ha comprado mucha gente, muchos le han dado su beneplacito. Ahora estamos a lo que nos diga “Uropa” porque, a diferencia de los británicos, nuestra soberanía y nuestra capacidad de decisión como país está entregada a ese ente llamado “Unión Europea”.

Herman van Rompuy, el presidente de la Unión Europea, un elemento, al cual, si colocaran una gorra y unas botas y un uniforme negro, parecería un oficial nazi de las SS, lloriquea diciendo: “Estamos en una crisis de supervivencia. Si no sobrevivimos con la eurozona, no sobreviviremos con la Unión Europea”. ¿Ah, sí? ¡PUES, A VER SI ES VERDAD, HERMAN, Y VEMOS EL DESPLOME DE LA UNIÓN UROPEA! Les está bien empleado a los próceres de esta entidad cuasi-fascista (¿Qué otro calificativo se puede dar a quienes no aceptaron la decisión democrática de los irlandeses de no dar el sí a la Constitución Europea? Con estos sacamantecas ya sabemos: los referéndums se repiten hasta que el resultado le guste a Bruselas, sí, señor, con un par, ¡qué democrático!).

Margaret Thatcher luchó denodadamente, desde su gobierno, contra la unión monetaria europea: frente a la oposición laborista y también frente al europeísmo tóxico de algunos de los miembros de su partido y de los medios de comunicación británicos. La Dama de Hierro perdió parcialmente aquella batalla cuando los europeístas de su propio gabinete forzaron su renuncia en 1990, pero ganó la guerra para el Reino Unido al mantener a su país fuera de la eurozona y con su soberanía nacional intacta.

Una moneda sin tesorería común, sin un sistema legal común, sin prácticas de negociación salarial comunes, sin gestión económica común y puesta en circulación para ser la unidad monetaria tanto de economías como la alemana, la austriaca o la finlandesa, como de otras con todas las carencias de la de Irlanda, Portugal, Italia, Grecia o España, es algo ficticio y que se puede desmoronar en cuanto cualquiera de sus miembros sufra un desajuste financiero que le lleve a una suspensión de pagos.

Pero, ¿y si esto era lo que se buscaba desde un principio? A finales de noviembre, Dominique Strauss-Kahn, el director general del FMI, adelantado discípulo de otro lamentable europeista, el socialista francés Jacques Delors, dijo, con una sinceridad que se le agradece: “El centro (Bruselas, debe entenderse) debe tomar la iniciativa en todas las áreas clave a fin de alcanzar el destino común de la unión, especialmente en lo que hace a política financiera, económica y social. Los países deben estar dispuestos a ceder más autoridad al centro”. A buen seguro, esa imprevisión, no fue casual y ahora vemos como, ante las quiebras de las economías menos desarrolladas, el monstruo unioneuropeista mira a esos países con apetito de extender en ellos sus tentáculos centralistas y burocráticos.

Los ideólogos de la Unión Europea, diseñada con un soberano desprecio de la voluntad democrática de los ciudadanos de cada uno de los países miembros de la antigua CEE, pensaban que cada crisis económica que surgiera en el camino sería una posibilidad de disciplinar a esos países y expandir el poder de Bruselas, a la manera del antiguo Imperio Romano. Pero, de las palabras de pucheritos Van Rumpuy, parece extraerse que no las tienen todas consigo en cuanto a las posibilidades de que el invento se les vaya al garete.

Un modelo que, por otra parte, dependía de las tragaderas de Alemania para sostener la unión monetaria tapando las carencias de algunos países. Fíjense en las advertencias de Lady Thatcher en 1992, cuando ya había abandonado el poder: “Si yo fuera alemana, preferiría que el Bundesbank aportara nuestro equivalente moderno al patrón oro antes de que lo hiciera cualquier comité de banqueros europeos”, y “Por años los alemanes se han visto arrastrados a creer que su respetabilidad depende de que subordinen su interés nacional a las decisiones conjuntas de la comunidad”. Los alemanes han sustituido su antiguo imperialismo militar por el imperialismo financiero a través de la Unión Europea y también les está bien empleado: los griegos les sacaron a colación, como chantaje emocional para el rescate de su degradada economía, la destrucción causada por la invasión nazi de Grecia durante la II Guerra Mundial.

Fíjense también en las declaraciones e ideas de Thatcher recogidas en este artículo. IMPRESCINDIBLES PARA TODOS LOS LIBERALES DEMOCRÁTICOS: 

THATCHER PREDIJO LA CRISIS DEL EURO EN 2001

DANIEL LUNA

(FUENTE: LIBERTAD DIGITAL)

La primera ministra del Reino Unido desde 1979 hasta 1990, Margaret Thatcher, predijo hace casi diez años los problemas que sufre hoy el euro: “La moneda única europea está destinada al fracaso”, escribió Thatcher en su libro Statecraft, escrito en 2001 y publicado en 2002, “aunque el momento en que esto ocurra y sus consecuencias son todavía inciertos”.

Thatcher anticipó también las medidas extraordinarias que se pondrían en marcha para salvar la moneda única: “Ese fracaso no se puede arreglar por un rescate estadounidense ni internacional, porque los principios básicos de la euro-zona son irremediablemente defectuosos”.

Thatcher pronosticó, con evidente acierto, dados los acontecimientos de los últimos meses, que se incumpliría el artículo 104 del Tratado de Maastricht, entonces en vigor. En él se aseguraba que ni la UE ni ningún estado respondería por los compromisos adquiridos por otros gobiernos centrales o administraciones regionales: “Eso no terminará ahí”, aseguró Thatcher en alusión a dicho artículo. “Habrá una presión enorme, y al final irresistible, para dejar que los presupuestos los haga también Europa. La eurozona no tendrá sólo una moneda única, habrá también un balance general único”.

Los argumentos en los que Thatcher basó sus augurios eran tanto económicos como políticos. Por un lado, creía que las economías europeas eran demasiado diferentes para coexistir bajo una misma divisa: “Con la moneda única habría un tipo de interés único, que no tendría en cuenta los intereses de Gran Bretaña sino los de un conjunto de países, lo que sin duda supone una receta para crear ciclos de auge y depresión”.

Thatcher ya había avisado de este problema antes de dejar el poder, cuando advirtió a su sucesor, John Major, de que en el euro no cabían países tan distintos como Alemania y los más pobres de Europa, “cuyas ineficientes economías serían devastadas” en la Unión Monetaria.

“El euro se romperá”

Su asesor económico, Sir Alan Walters, alertó también sobre la inestabilidad que crearían las diferencias de crecimiento, inflación, índices de desempleo y déficits públicos entre los países miembros: “No sé exactamente cuándo, pero el euro se romperá. Quienes crean que durará para siempre deberían pensarlo mejor”, aseguro este economista en 2002.

Por otro lado, Thatcher criticaba la uniformización política que implicaba el abandono de las monedas nacionales: “Sin el poder para emitir y controlar la moneda un estado no puede determinar su política económica”, escribió en el capítulo de Statecraft dedicado a la Unión Europea.

Los tipos de interés se fijan de acuerdo a criterios supranacionales, lo que limita mucho la capacidad de los gobiernos para responder a shocks económicos. Sólo les quedan las medidas fiscales, pero es una ilusión pensar que las decisiones monetarias y fiscales pueden ir por separado a largo plazo. Los países acabarán dejando sus políticas fiscales en manos de Europa, y los estados miembros se convertirán más o menos en el equivalente a las administraciones locales”.

Para esta líder, que siempre luchó por mantener la autonomía del Reino Unido frente a Europa, el crecimiento del poder de la UE suponía un ataque a la democracia: “El establecimiento de esta vasta superestructura federal significa nada menos que la creación de un súper-estado europeo, que no es, no será y no puede ser democrático, porque no existe una opinión pública europea. Sin soberanía, para la cual es imprescindible el poder para emitir la moneda, la constitución no se puede cumplir y el mandato democrático pierde por completo su sentido”.

En general, Thatcher habla de la UE como un ente indeseable que separa a los ciudadanos de sus gobernantes, donde “un gran número de grupos de interés se esconde bajo el manto del idealismo europeo, y el fervor religioso europeísta se acompaña del engaño y la corrupción”. “Europa”, concluye Thatcher, “es en realidad sinónimo de burocracia”.

La ex primera ministra recordaba también en Statecraft que en 2001 la gran mayoría de los alemanes estaba en contra de abandonar el marco, “quizá el mayor símbolo de sus logros tras la guerra”, a pesar de lo cual se había decidido ya instaurar el euro: “Los políticos y la élite económica alemana cerraron filas y los deseos de la mayoría quedaron en nada”.

Casi diez años después de la publicación de este libro, es posible que haya quienes lamenten no haber hecho caso de la advertencia que contenía: “Los países que todavía no se han unido al euro harían bien en mantenerse fuera de él”.

Anuncios

Responses

  1. Vaya, no sabía yo que el lanza-aviones-de-papel Daniel Luna haya escrito sobre el euro. Como no leo ese panfleto pues desconozco lo que se cuece.

    Es una pena que Thatcher tuvo que prescindir de Alan Walters por culpa de su ministro de economía — un creditista inflacionista del copón.

  2. Ah, fue este… vaya, como estoy totalmente alejado de lo que se cuece en la capital del Reino, para mí era totalmente anónimo.

    De todas formas, lo más interesante es lo que decía Thatcher hace casi diez años: más nos valdría haber hecho caso, en lugar de “¡Uropa!¡Uropa! Llega el euro, ¡qué chuli!”

    Una verdadera lástima lo de Walters, liberal, monetarista, euro-escéptico.

  3. Con ustedes y lo de la Unión Europea y el Euro me ocurre lo mismo que con Stephen Hawking y el Big Bang y la Teoría de la Evolución.

    Sí, les leo y no puedo decirles a nada que no, pero me falta algo y se que en el caso de Hawking es Dios y en el suyo es una respuesta adecuada a la pregunta “¿ Y verdaderamente creen ustedes que fuera del paraguas de la Unión Europea hubiéramos soportado esta tormenta de un modo mejor ?”.

    Yo, ya lo saben, llámenme “antipatriota”, confío más en Angela Merkel, en el FMI, en el BCE y en los “malos, malísimos” de los mercados que en Zapatero, y si me apuran también que en Arriola y Rajoy.

  4. El Moli: y dale que erre con erre — no se trata de ser utilitario — se trata de DEFENDER NUESTRA SOBERANÍA. Ya sabemos de sobra que usted prefiere confiar en extranjeros antes que en sus propios compatriotas. La gente como usted no debería tener la nacionalidad española. Yo prefiero confiar en la soberanía y en la libertad que sólo puede salir de un Parlamento nacional y de calidad. Es obvio que usted prefiere ser un protectorado de Alemania.

  5. Pues así será.

    ¿ Pero entonces dejamos el asunto en una cuestión de gustos, no hay más ?.

  6. ¿Cómo dice? ¿Cómo que una cuestión de “gustos”? Es una cuestión NACIONAL y de Justicia. En todo caso, usted es un traidor.

  7. ¿ Traidor por preferir la ortodoxia de un doctor alemán, francés o británico a los embrujos “chamánicos” del hechicero autóctono ?

    ¿ No se dan cuenta que si no fuera por la imposición de los de fuera aún estaríamos aquí en España dándole vueltas a lo de la “salida social a la crisis” ?

  8. Vamos a ver, madrileño sureño:

    Así es: traidor por esperar que los extranjeros resuelvan nuestros problemas nacionales y venderse a ellos.

    Sí, yo creo que es OBVIO que España estaría “PEOR” sin Bruselas, a nivel nacional, pero vaya, yo estaba bajo la impresión de que los liberales abogamos por la RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL. Cada nación debe ser soberana, y tener lo que se merece. No entiendo qué tiene difícil entenderlo. Quizá usted se avergüenza por ser Español pero ese es su problema. A mí un extranjero no me va a dar lecciones ni “ayudarme” a nada — ¿o cree usted que Alemania nos “ayuda” por altruismo? Un poquito de por favor y un poco de respeto a la inteligencia de Javier o la mía no le vendría mal. Yo a usted siempre le he respetado, pero no respeto esa opinión tan vendida.

  9. Por supuesto que nadie hace nada por altruismo, al menos como decía Adam Smith ese no es el primer impulso humano, quizá sí el quinto o el sexto.

    Pero insisto en que no le veo a este asunto que nos separa, al menos por como me lo defiende, más que un problema “estético” y para eso ya le digo yo que hay infinidad de colores y sabores.

  10. ¿pero qué está usted diciendo? NO ES UN PROBLEMA “ESTÉTICO”. Es un GRAVE PROBLEMA — YO NO QUIERO ESTAR EN LA UNIÓN EUROPEA—usted SÍ.

    ¿Que no nos separa eso? Vaya, nunca he visto a alguien tan ciego — lo repito: ESPAÑA DEBE SALIR DE LA UNIÓN EUROPEA.

  11. Pues vale, si no argumentamos, yo simplemente opino lo contrario.

  12. Mucho no voy a poder participar, señores, esta noche pero un apunte: Zapatero es un maldito inepto sí, pero a él y a su política es a quien han elegido los ciudadanos. El nivel mental o moral de esos ciudadanos ya es otra cuestión. Si se es liberal y democrático hay que ser consecuente. Ese ente llamado UE no solo no tiene nada de democrático sino que es un Gran Gobierno centralista a mucha mayor escala aún que los gobiernos nacionales. Si aquí decimos, para los individuos, que el estado del bienestar y la beneficencia estatalizada es empobrecedora y se come la responsabilidad individual y la autonomía, ¿no podemos decir lo mismo de someternos a una especie de “estado del bienestar” para naciones y de que nuestra soberanía esté en manos de estos organismos supranacionales y de la Merkel? ¿Pero quién ha votado en España a la Merkel para que decida la política económica?

  13. Soy el primero que estoy en contra de la burocracia de Bruselas y por eso insisto en que coincido casi totalmente con sus análisis, pero me desvió de su conclusión al entender yo que las decisiones que se están tomando no son producto de un “estado del bienestar para naciones” sino todo lo contrario.

    Yo lo que hago es concederle el mismo valor al “no” de Angela Merkel que a aquel famoso “no” de Margaret Thatcher o a ese otro menos conocido “no” de José María Aznar.

    ¿ Es acaso menos “extranjera” Thatcher que Merkel ?.

    Yo, también deben saberlo, admiro muchísimo más a “Maggie”, pero por su despegue de todo lo que no es británico siempre ha sido ella mucho más “extranjera” que aquel Helmut Kohl o esta Merkel.

  14. Y precisamente por eso, por ese despegue de todo lo que no sea británico, Thatcher tiene mucho más valor porque primero defiende absolutamente lo que es suyo. Será que usted es uno de esos ciudadanos indefinidos del mundo, pero yo no siento ninguna conexión con Alemania, ni con Francia, ni con Italia y sólo algo con el Reino Unido por mi estancia cultural. El que sienta apego a culturas que no son la suya, no es de fiar.

  15. Buenas noches a todos. Iba a participar, pero hago mío el comentario de Javier. En principio, se ajusta a lo que yo pretendía decir.

    Saludos a todos.

    Javier, gracias por la referencia a ERD.

    (Si yo fuera católico, a la Sra. Thatcher la llevaría en una medalla y le pondría velas y todo…)


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: