Posteado por: Javier | diciembre 21, 2010

El “demonio” monetarista

Hoy toca hablar un poco del “demonizado” monetarismo, esa doctrina económica tan temida y odiada por muchos, basada en la teoría de la inflación como un fenómeno estrictamente monetario.

A pesar de ser conocido, esencialmente, por la pedagogía del Dr. Milton Friedman, quien lo desarrolló como tal en la década de los 60, y haber sido aplicado por los gobiernos de Reagan y Thatcher en los 80, sin embargo, el monetarismo tiene una larga tradición en la historia del pensamiento económico: Ya en el siglo XVIII, el economista irlandés Richard Cantillón y el filósofo y economista escocés David Hume, de quien hablé, a finales de octubre, explicaban cómo un aumento en la cantidad de dinero en circulación afecta a los precios y a la producción a corto plazo.

En el siglo XX, el economista estadounidense David Fisher introdujo en el monetarismo la conocida como “teoría cuantitativa del dinero”, la famosa ecuación, según la cual, el valor de las transacciones que se realizan en una economía ha de ser igual a la cantidad de dinero existente en esa economía por el número de veces que el dinero cambia de manos:

PY = MV

P = nivel de precios; Y = nivel de producción; M = cantidad de dinero; V = número de veces que el dinero cambia de manos, es la velocidad de circulación del dinero

Fisher consideraba que el nivel general de precios era igual a la cantidad de dinero multiplicada por su “velocidad de circulación” y dividida por el volumen de transacciones.

Adam Smith y el resto de economistas clásicos consideraban al dinero como un instrumento que surgió ante la necesidad de intercambiar bienes, su función es facilitar las transacciones y negocios. La inflación se producirá, y ya alertaba de ello Smith en “La riqueza de las naciones”, donde proponía sustituir los metales preciosos por el papel moneda, siguiendo una ratio estricta con objeto de evitar la emisión sin contrapartida, cuando se produzca un incremento de la masa monetaria, lo que generará el incremento en los precios. Milton Friedman veía esto como un problema porque el incremento de los precios es el resultado de la inflación, pero esa inflación no proviene de un proceso espontáneo sino de la manipulación de la moneda por parte de los gobernantes, son éstos los que suelen incrementar la cantidad de dinero en circulación.

La inflación se produce, por consiguiente, según el monetarismo, porque hay más dinero circulando en la calle del que debería haber, de acuerdo a las reservas del Banco Central y a la actividad económica en general. Por ejemplo: si tenemos unas reservas de 10.000 millones de euros, la cantidad de dinero circulante por el país en euros no debería superar tal cifra. Si hay más, ese dinero no tendrá respaldo y valdrá menos, será posible adquirir menos cosas por la misma cantidad, lo que provocará la subida de precios. Por tanto, siendo el Estado quien determina la cantidad de dinero existente en la economía, la única receta frente a la misma es una desaceleración en la tasa de crecimiento monetario. Los efectos de esta medida requieren un tiempo para verse y no hay duda de que existen efectos desagradables secundarios e inevitables al eliminar la inflación, pero la resaca después de la borrachera que se produzca, de no aplicar este jarabe, puede ser más dura aún.

Los gobiernos pueden tener numerosos motivos para emitir moneda. En “Libertad de Elegir”, Friedman explicaba que uno de los motivos es financiar sus gastos sin necesitar endeudarse o incrementar sus impuestos, estableciendo políticas de pleno empleo que hagan elevarse la popularidad del gobierno. Estas políticas, en realidad, no solo tienen porque ser populistas, es más, pueden ser bienintencionadas en muchas ocasiones. Pero no son realistas, una tasa de paro siempre ha existido y existirá como un cierto porcentaje de pobreza, aquí, en España, como en Suecia, como en Argentina, como en Colombia, como en Estados Unidos, como en la antigua Unión Soviética. Desde la economía más liberalizada hasta la más sometida a la planificación central, en cualquier país.

Otra de las motivaciones que manejan los gobiernos, teniendo, como tienen, en sus manos la maquina de imprimir billetes, para emitir moneda, es financiar sus déficits, al hacer que el interés que pagan por bonos de deuda sea inferior a la tasa de inflación, es decir, que el gobierno termina recibiendo dinero por el préstamo que recibe, pagando la deuda, en consecuencia, con inflación.

La inflación, en definitiva, pese a sus nefastos efectos, a largo plazo, para el crecimiento económico de un país, puede ser un caramelo muy goloso para algunos de los gobiernos más intervencionistas, como vemos, un caso muy claro, en América Latina.

Aparte de los anteriores motivos, también hay gobiernos que, a la hora de gastar generosamente, no se atreven a elevar abiertamente las cargas impositivas, por la impopularidad de esta medida. En consecuencia, terminan recurriendo a un impuesto encubierto que es la inflación, se trata del único tributo que puede ser introducido sin que nadie deba refrendarlo mediante su voto, como dijo Friedman. Es un impuesto indirecto, pues, a medida que comienza a aumentar la inflación, el contribuyente se ve incluido en escalones cada vez más elevados de la progresividad fiscal, con lo que, sin necesidad que la ley sea modificada, queda sometido a mayores tipos impositivos.

La última causa que Friedman señaló para la inflación fueron las erróneas políticas aplicadas por los bancos centrales, quienes se dedican a pretender controlar los tipos de interés, cuando su verdadera misión es la regulación de la cantidad de dinero en circulación, propiciando aumentos en la oferta monetaria al imprimir nuevos medios de pago. El resultado de esta política es que los tipos de interés alcanzan niveles muy superiores a aquellos que les corresponden.

El monetarismo toma al dinero como una mercancía más, analizando en conjunto la demanda total de dinero y la oferta monetaria. Las autoridades económicas tienen capacidad y poder para fijar la oferta de dinero nominal, ya que controlan la cantidad que se imprime o acuña así como la creación de dinero bancario, pero la gente toma decisiones sobre la cantidad de efectivo real que desea obtener. Si se crea demasiado dinero, la gente intentará eliminar el exceso comprando bienes o activos (ya sean reales o financieros). Los aumentos o disminuciones en la oferta monetaria afectan en forma directa al gasto, puesto que el público lo que habitualmente hará será conservar en forma líquida una parte fija de sus ingreso, gastando cualquier exceso de efectivo que reciba. Si alguien se encuentra en su cuenta en el banco un saldo inesperadamente alto tendrá la tendencia a adquirir nuevos bienes o gastarlo en otras cosas, antes que en conservar ese efectivo. Por este motivo, es preferible, en caso de aprobar subidas de impuestos, que las mismas repercutan sobre las figuras tributarias que gravan el consumo (salvo en los productos básicos) antes que sobre aquellas que graven la renta o el ahorro.

La manera de acabar con la inflación, en definitiva, se encuentra en no permitir que el gasto público crezca tan rápidamente. Para evitar que exista más dinero circulante en la calle que las reservas, la oferta monetaria debe crecer a un porcentaje fijo, constante e inamovible, que sea bajo para evitar la inflación pero que se ajuste al crecimiento del país a largo plazo (ya que no se puede controlar la circulación monetaria día por día de acuerdo a la actividad económica real). Sin embargo, en la práctica, lo más habitual por parte de la autoridad monetaria ha sido y es ampliar la oferta de dinero cuando debiera restringirla o, al contrario, restringirla cuando debieran aumentarla, con las graves consecuencias que tiene dar el jarabe en el momento equivocado, al introducirse confusión en la situación económica. Es necesario, igualmente, eliminar el déficit público, cuando el gobierno gasta más dinero del que recauda por la vía de los impuestos.

Sin embargo, esto tiene un alto costo político para el gobierno que tenga la valentía de adoptarlo. Al haber menos moneda, hay menos ingresos para financiar el gasto público. Pero la inflación crea un ciclo por el cual se imprime moneda para contratar trabajadores, luego se genera inflación y los trabajadores exigen mejores sueldos, los mejores sueldos generan déficit, el cual es cubierto imprimiendo más moneda y generando cada vez más inflación. Si los gobiernos no cortan la inflación para terminar de raíz con este ciclo, que es un auténtico círculo vicioso, es por los efectos inmediatos que esto acarrea. La inflación es una enfermedad similar a la del alcohólico. Es más sencillo conocer el remedio que tener la determinación de adoptarlo. Las consecuencias temporales de dejar el alcohol son traumáticas para el alcohólico pero la situación final es indudablemente más feliz. Las borracheras causan una situación transitoria de felicidad pero la resaca es terrible al día siguiente. El enfermo de apendicitis puede preferir guardar cama porque le resulte más agradable que someterse a una intervención quirúrgica para extirpar el apéndice, pero este reposo no solucionará su problema, por más que le resulte menos doloroso que operarse. Una reducción en el gasto aumenta el desempleo, a la vez que reduce el financiamiento de políticas sociales: por este motivo los defensores del monetarismo somos tan “demonizados”, se nos acusa de crear paro y pobreza. No hay duda, y así decía Friedman, que en un principio se generará inestabilidad, al reducirse la oferta de dinero, sin embargo, con el tiempo, al caer la inflación, se recuperará la confianza y se reactivará la economía. Lo que hace más o menos viable la eliminación de la inflación va a depender directamente de la velocidad con la que la económica reaccione. Si decidimos ponerle remedio, sufriremos inicialmente, de forma inevitable, un período de más reducido crecimiento económico, durante el cual el, nivel de paro también será mayor.

Pero como he dicho antes, este aumento temporal de la fiebre es preferible a continuar con una enfermedad que cada vez vaya agravándose más y más.

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Responses

  1. Teoria Cuantitativa vs. Teoria Cualitativa de la Moneda

    Prof. Carlos Alberto Ragonesi

    Prefacio

    El dinero es a la economía como la sangre es al cuerpo humano. Cuando a un individuo le falta sangre su organismo se debilita y, por ende, se encuentra imposibilitado de desarrollar las funciones para las cuales fue creado. En esos casos necesita de una transfusión. Los síntomas de debilidad de una economía a la que le falta dinero, se denomina recesión, necesita por lo tanto, de una impresión de billetes.
    Si a un individuo le sobra sangre, es menester extraerla para que su organismo funcione correctamente. Si a una economía le sobra dinero, es preciso retirarlo de la circulación para evitar que los precios enfermen de inflación.
    Silvio Gesell, pionero de la moneda inconvertible, estudiando el acontecer económico de la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX dijo, entre otras verdades, que los problemas económicos que plantea un país pueden ser reducidos a saber manejar una prensa (máquina impresora) y un horno. La prensa se necesita para imprimir la cantidad de papel moneda inconvertible que se precisa para alimentar adecuadamente a la economía evitando su recesión y el horno para quemar los billetes sobrantes impidiendo de esta forma que se genere inflación.

    Introducción

    El objetivo de este trabajo es comparar los postulados y definiciones de dos teorías monetarias. Una de ellas la cuantitativa, de varios siglos de antigüedad y puesta en práctica por la mayoría de los países del mundo, apunta al estudio de los efectos que producen los agregados monetarios en función de la cantidad o abundancia que de los mismos existe en una comunidad. La otra, la cualitativa, de reciente aparición en la década del ochenta, en el siglo veinte, cuyo autor es Walter Beveraggi Allende, tiene como norte explicar los fenómenos económicos atendiendo a la calidad direccionada de la emisión monetaria. En síntesis, cantidad vs. calidad, es la clave inteligible del presente trabajo.
    Desde el siglo XVIII hasta la Gran Depresión de 1930/34, los procesos económicos mundiales dirigidos desde una ortodoxia clásico-liberal no sufrieron grandes alteraciones significativas. La teoría cuantitativa de la moneda reinó pacíficamente en todo ese largo período, con sus proposiciones de neutralidad monetaria y un prudente manejo de la tasa de interés.

    La Gran Depresión 1930/34 produjo alteraciones sustantivas en los procesos económicos mundiales. Como consecuencia de este acontecer económico, se
    desató una violenta recesión con cierre de comercios, quebrantos bancarios y desocupación en grado elevado. La caída vertical de los precios retroalimentaba la espiral deflacionaria y la tasa de interés cercana a cero, resultó impotente para impedir el descenso de los mismos, lo cual alertó al economista John Maynard Keynes a esbozar su renovador enfoque neo-liberal: La solución al problema de la deflación debe provenir del gasto público, decía Keynes, (aún a expensas del abultado déficit presupuestario) destinado a reactivar al sector privado a través del efecto multiplicador que se genera en toda la economía, con el impacto que provoca la inversión pública que retroalimenta a los demás sectores. Ej. una obra pública que se inicia demanda acero, madera, cemento, género para vestir los obreros y alimento para su subsistencia y disminuye la desocupación. A su vez, cada una de estas industrias nombradas con más el salario pagado a los obreros que ejecuta la obra pública, genera un efecto retroalimentador en cascada o multiplicador de la economía revitalizando sus fibras financieras y la rentabilidad de las empresas. El efecto de demanda de bienes y servicios hace subir los precios equilibrando el sistema.
    Keynes se preocupó de solucionar los problemas de caída de precios en un contexto deflacionario post crisis mundial. Poco o nada dijo cuando el problema era al revés, es decir dentro de un marco inflacionario. En ese sentido Keynes no cuestionó la teoría cuantitativa, sino que, dentro de sus postulados, sugirió imponer algunas modificaciones correctoras que permitieran solucionar los problemas que se estaban presentando en la economía. Su aporte más valioso fue atacar la deflación con el incremento del gasto público y su aporte menos valioso fue que dejó intacta a la tasa de interés, no descubriendo que en ella se encerraba el cáncer destructor de la economía.
    El monetarismo impulsado por Milton Friedman aparece promediando la década de 1950 con planteos que no difieren de los que poseía la teoría cuantitativa, pero critica la política fiscal de Keynes, reafirmando la necesidad de estabilizar el contingente monetario, dejando librado a la oferta y demanda de dinero la evolución de las tasas de interés.
    Walter Beveraggi Allende establece en su libro “Teoría Cualitativa de la Moneda” que el rasgo común a todos los enfoques derivados de la teoría cuantitativa y a la vez distintivo de su teoría cualitativa, es el de proponer en todos los casos y en última instancia, la confrontación global de la masa monetaria por una parte, y la suma de bienes y servicios (o transacciones entre ellos) por la otra. A lo largo del análisis dentro del cual nos vamos a introducir, demostraremos de qué forma la teoría cualitativa de Walter Beveraggi Allende, logra demostrar las falacias e incongruencias de la teoría contraria, la que debería aplicarse para corregir los desvíos que produjo su antecesora.

    Teoría Cuantitativa de la Moneda

    La teoría cuantitativa de la moneda, explica los fenómenos económicos de aumentos o disminuciones de precios a través de la cantidad de moneda que existe en el mercado. La abundancia del metálico genera inflación y la escases del mismo genera deflación. Los más altos exponentes de esta teoría fueron David Hume, Irving Fischer, Thomas Tooke, Aftalión, Alfred Marshall, Knut Wicksell , Ralph G. Hawtrey, Alvin Hansern y John Maynard Keynes.
    La concepción monetaria que primó en la opinión de los economistas de hace dos siglos a esta parte fue la idea cardinal de la neutralidad monetaria, el cual es un derivado necesario de la teoría cuantitativa de la moneda. Dicha concepción se afirma en la siguiente ecuación matemática:

    P = M
    Q

    Donde:

    P = Precios
    M = Moneda
    Q = Bienes y servicios

    La estabilidad de los precios (P), depende de que el manejo del caudal monetario (M) o cantidad de moneda existente en el mercado sea igual al caudal de bienes y servicios (Q). Esto significa que, dado que la moneda es directamente proporcional a los precios (por estar en el numerador de la fracción), cualquier aumento o decremento de la cantidad de ésta, se direcciona inevitablemente al aumento (inflación) o decremento de los precios (deflación). Y si los bienes y servicios (que están en el denominador de la fracción) aumentan, entonces bajarán los precios, lo cual los hace actuar como inversamente proporcional a los mismos reduciéndolos y, a la inversa, si los bienes y servicios decrecen, los precios aumentarán.
    Dentro de este contexto, actúa una herramienta reguladora que se encuentra a disposición de los Bancos Centrales del mundo y de los sistemas financieros en general: la tasa de interés. A la cual, el sistema cuantitativo la hace funcionar de la siguiente forma: Si los precios aumentan, entonces debe aumentar la tasa de interés, para seducir a la gente a no gastar su dinero en consumo y colocarlo en bancos con altos rendimientos. Con la baja en el consumo, la teoría cuantitiativa desea enfriar la economía evitando la demanda de bienes y servicios, provocando iliquidez secando la plaza financiera y quitándole al sistema económico su sangre regeneradora: el dinero.
    La escases de dinero impide el incremento de los precios. Por el contrario la caída de la tasa de interés libera fondos bancarios hacia la plaza comercial, se produce un exceso de liquidez y se retroalimenta la espiral inflacionaria por la abundancia de medios de pago. Como corolario o síntesis de este análisis bien se puede afirmar que, el sistema cuantitativo de la moneda regula los desfasajes monetarios mediante la tasa de interés. Un exceso de moneda (M) sobre los bienes y servicios (Q) genera inflación y lo inverso genera deflación, ambas posturas representan una enfermedad monetaria, la cual se remedia con la tasa de interés y con el control de la emisión.
    Por lo tanto, en base a lo establecido en los párrafos anteriores, el pensamiento cuantitativo, establece que, si queremos evitar la inflación es necesario evitar el exceso de los medios de pago con relación a la cantidad de bienes y servicios y, para evitar la deflación hay que evitar la disminución de los medios de pago con relación a la cantidad de bienes y servicios

    .
    El Monetarismo

    La teoría monetarista deviene de la teoría cuantitativa de la moneda. Su principal exponente fue Milton Fiedman el que califica a su planteo monetarista (en forma exagerada a mi entender) como de contrarrevolución en teoría monetaria. Su análisis, efectuado al promediar la década del cincuenta en pleno siglo XX, parte del planteo efectuado por Irving Fischer, el cual responde a la siguiente ecuación matemática:

    M . V = P . T

    Donde:

    M = Moneda
    V = Velocidad de circulación de la moneda
    P = Precios
    T = Transacciones

    La cantidad de moneda multiplicada por la velocidad de circulación, resulta equivalente a los precios multiplicados por la cantidad de transacciones.
    En dicho análisis, la velocidad de circulación es un factor tan extremadamente estable que se acerca a una constante. Con esta última aclaración, el monetarismo pretende estudiar los fenómenos económicos recurriendo a un viejo modelo perimido e ineficaz, en el cual, para simplificar y entender su análisis, hace abstracción de algunas variables que necesariamente se encuentran presentes en la economía. Acercar a cero el valor de la circulación monetaria puede resultar un exceso de simplicidad, y los excesos de simplicidad, al igual que las abstracciones, desfiguran los modelos económicos alejándolos de la realidad.

    Los postulados fundamentales del monetarismo se pueden resumir en los siguientes conceptos:

    1) Existe una relación consistente entre el incremento de la cantidad de moneda y el incremento del ingreso nominal (este ingreso no es medido en bienes, sino en moneda).
    2) La relación establecida en el punto anterior no se verifica en forma inmediata. Es decir que, un incremento de la cantidad de moneda hoy, no se manifiesta inmediatamente en el crecimiento de ingreso nominal, sino que es necesario esperar un lapso más o menos largo para que el ingreso nominal acuse el impacto del incremento monetario. Dice Milton Friedman que lo que ocurre con el dinero hoy, determina lo que ocurrirá con el ingreso en el futuro (aproximadamente el tiempo de espera es de 6 a 9 meses).
    3) La modificación de la tasa de crecimiento del ingreso nominal se manifiesta primero en las cantidades de producto producidas y luego en los precios. Pero una vez que el efecto llega a los precios y se ha disparado la inflación, resulta muy difícil detenerla. En los hechos un incremento en la cantidad de moneda puede demorar entre 12 y 18 meses su traslado a los precios.
    4) De lo expuesto en los puntos anteriores, se deduce que el incremento de los precios o inflación, se produce exclusivamente como consecuencia del incremento de la cantidad de moneda circulando. En una palabra, la inflación para Milton Friedman es un fenómeno monetario.
    5) El gasto fiscal puede o no ser inflacionario. Si es financiado por la impresión de billetes es inflacionario, pero si es financiado por la recaudación tributaria o por empréstitos no lo es.
    6) El efecto inicial de un cambio en la cantidad de moneda influye sobre los precios de los activos existentes en lugar de influir sobre el ingreso. Esta proposición se contradice con la del punto 3.
    7) Un incremento monetario afecta a las tasas de interés, disminuyéndolas al principio, pero luego, en una segunda instancia aumentándolas como consecuencia del incremento del gasto y la estimulación de la inflación, lo cual hace incrementar la demanda de créditos empujando a las tasas hacia arriba.

    En síntesis, para el sistema monetarista la inflación es un problema exclusivamente y fundamentalmente monetario y su tasa de crecimiento depende de la tasa de crecimiento de la moneda que exista en el mercado, sin importar para sostener esta conclusión, qué sucede con el crédito bancario, a qué valor pueden trepar las tasas de interés o qué sucede con el gasto fiscal. El pensamiento monetarista puede resumirse en la simplificación de ver a la inflación como el origen de todos los males económicos y al control de la emisión monetaria como el único recurso capaz de derrotarla. La herramienta adicional que se utiliza en esa contienda es la regulación de la tasa de interés. Cuando hay inflación se eleva la tasa para evitar que el consumo retroalimente al sistema inflacionario y cuando hay deflación, se baja para que suceda el efecto inverso.

    Efectos Prácticos de la Aplicación de la Teoría Monetarista

    El Monetarismo en la Argentina

    Desde su nacimiento y hasta la segunda guerra mundial, la economía argentina transitó, relativamente, por un tranquilo sistema de fluidez monetaria, crecimiento del producto interno, bajo nivel de desocupación, baja tasa de interés y acumulación de reservas internacionales.
    En 1956 Raúl Prebisch decide atender necesidades financieras del gobierno retirando $ 10 mil millones del sector privado y transfiriéndoselos al sector público, con restricción crediticia hacia aquél sector y achicamiento de la economía por la vía de la astringencia monetaria, olvidando que lo que realmente vale en economía es el sector privado productor de bienes y servicios y sostenedor del sistema público a través de los impuestos. Asimismo, siguiendo la más fiel de las conductas monetaristas, se abstuvo de financiar los déficits públicos con emisión de moneda nacional y los cubrió con divisas inaugurando un nuevo ciclo de endeudamiento externo, el cual había quedado en cero cuando en julio de 1947, el gobierno pagó totalmente la deuda externa argentina.
    El denominado “Proceso de Reorganización Nacional”, que desde lo económico comandó José Alfredo Martínez de Hoz, aplicó en forma ortodoxa la receta monetarista, a tal punto que Milton Friedman llegó a reconocer, en el entonces ministro de economía argentino, a uno de sus mejores discípulos.
    Los puntos más salientes de la receta monetarista aplicada en el plan de Martínez de Hoz fueron:

    1) Altísimas tasas internas de interés que tuvieron dos efectos: a) Ingreso del capital golondrina dolarizado, que cambiaba sus dólares por pesos, no para colocarlos en actividades productivas, sino para obtener alta rentabilidad financiera especulativa, la que, al amparo de la tablita que aseguraba el valor del dólar a futuro, embolsó sus ganancias en pesos, transformándolas en dólares y retirándolas del país antes de la debacle. b) Traslado de las altas tasas de interés pagadas por los préstamos solicitados, hacia los costos de producción, incrementando de esta forma la inflación, no ya de demanda de dinero, sino de costos.
    2) Fuerte ajuste de tarifas de servicios públicos que elevaron los costos internos de producción y encarecieron el costo de vida.
    3) Elevada presión impositiva, sobre todo al capital productivo al par que se otorgaron liberalidades fiscales al capital financiero.
    4) Liberalización del comercio exterior con liberalización del control del movimiento de capitales externos. Reducción inadecuada de aranceles que permitió importar de todo, incluso aquello que no necesitábamos, cuya consecuencia fue la destrucción casi total de la industria nacional.
    5) Restricción del crédito bancario (fiel a la consigna monetarista de que el crédito y la emisión enferman a la moneda con inflación), provocando inusitadas manifestaciones de iliquidez y ayudando a empujar las tasas hacia arriba, retroalimentando el sistema descripto en 1.
    6) Transformación de lo que hasta ese momento era una economía productiva, en una economía financiera, en la cual se enriquecieron unos pocos bancos internacionales y se marginaron miles de obreros con conflicto social y desocupación crecientes.
    7) Manutención de abultados déficits fiscales, los cuales eran financiados con deuda externa, lo cual fue el comienzo de la estrategia monetarista para poner al país de rodillas ante los organismos financieros internacionales, condicionando el futuro de varias generaciones de argentinos.

    El Monetarismo en Otros Países

    En los Estados Unidos y en Inglaterra, el monetarismo ha influído con el mantenimiento de altas tasas de interés con el pretexto de subvencionar la alicaída balanza de pagos. En el caso especial de Inglaterra , la sobrevaluación de la libra esterlina que dificultó el comercio exterior por el encarecimiento que producía en las exportaciones, no hizo reaccionar las fibras de los sostenedores del sistema, los que obsesivamente continuaban el recetario monetarista.
    En España, los depósitos bancarios no se aplicaron a financiar el crecimiento del sector privado, sino que fueron dirigidos casi exclusivamente a sufragar el déficit público a través préstamos que el sector financiero le hizo al Estado español a altas tasas de interés y riesgo cero.
    En síntesis, en ningún lugar del mundo la receta monetarista ha resuelto los problemas que decía venía a solucionar, antes bien los efectos de tales medidas han provocado el efecto contrario, es decir, más inflación, más recesión y más desocupación.

    Teoría Cualitativa de la Moneda

    Walter Beveraggi Allende es el padre de esta singular teoría, la que se encuentra en el camino opuesto de la cuantitativa. En su libro denominado “La Teoría Cualitativa de la Moneda” dicho autor sostiene que el valor del dinero, depende en una economía monetaria, esencialmente de “cuál fue el destino productivo con que dicho dinero fue insertado en la economía, antes que de la relativa abundancia o escasez del mismo, respecto del cúmulo de bienes y servicios que aquél dinero (o moneda) tiene por objeto inmovilizar en todo género de transacciones y en su carácter de intermediario en los cambios”. En síntesis lo primordial no es la abundancia o escasez de moneda (cantidad), sino el destino cualitativo que diera origen a la emisión monetaria (calidad). No obstante, el autor no desconoce la importancia que la cantidad de moneda tiene en el mantenimiento de una economía sana, en su relación con la cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con esa moneda, pero desea destacar que el protagonismo de las condiciones básicas de un sistema económico, se encuentran en la calidad o direccionamiento hacia lo productivo, antes que en la cantidad de la emisión monetaria estudiada en forma global. Dicho en otros términos, dentro del concepto cualitativo, se encuentra ínsito el concepto cuantitativo.
    La teoría cualitativa también toma como punto de partida en su análisis al cociente “moneda / bienes y servicios” para establecer el nivel de precios, pero en lugar de hacer un análisis global del cociente, realiza innumerables análisis parciales de emisiones direccionadas al sector público y al privado. Dentro de este último la teoría establece un análisis de emisión necesario para satisfacer las demandas monetarias del subsector textil, otro para las demandas del sub sector metalúrgico, etc.

    El error fundamental de la teoría cuantitativa y del monetarismo es que en la ecuación de precios, donde impera el cociente “moneda / bienes y servicios”, se le ha dado importancia exclusiva al factor moneda que impera en el numerador, olvidando totalmente la existencia del factor bienes y servicios que impera en el denominador.

    Como consecuencia de lo manifestado en el párrafo anterior, el cuantitativismo necesita de una tasa de interés elevada para frenar la expansión de la demanda monetaria y, de esta forma, evitar la inflación, no advirtiendo que el exceso de tasas de interés por los préstamos que solicitan los productores, se traslada indefectiblemente a los costos, transmutando el origen de la inflación que originalmente era de demanda de dinero, en una inflación de costos retroalimentando el sistema inflacionario y originando ingentes transferencias de fondos del capital productivo hacia el capital financiero improductivo, lo cual vuelve a transformar nuevamente la génesis inflacionaria, dado que de una inflación de costos pasamos a una inflación estructural, por la ineficiencia que posee el capital industrial por hacerse presente como variable macroeconómica productora de bienes en su afán de dejar paso libre al capital financiero totalmente improductivo y especulativo.
    En cambio, el cualitativismo necesita de una baja en la tasa de interés para liberar fondos en el mercado privado de capitales productivos. De esta forma, el dinero líquido y barato, al aplicarse a factores productivos, tiende a incrementar el denominador de la ecuación de precios, es decir: los bienes y servicios, logrando entonces contrarrestar la emisión monetaria y volviendo a equilibrar el sistema de precios. El efecto resulta más pronunciado, cuando elegimos cuál es el sector privado-productivo que necesita ser atendido con el direccionamiento de la calidad de moneda.
    Dice Walter Beveraggi Allende textualmente: “La posición cualitativa es no solamente alentar la producción de bienes y servicios a través de las bajísimas tasas de interés, sino particularmente por la mejor selección de destino de los incrementos monetarios, en función de la cualidad o propósito productivo de los mismos”.

    Causa Real del Efecto Inflacionario

    La inflación no se genera (tal como así lo entienden los monetaristas) por el exceso de masa monetaria por sobre la existencia física global de bienes y servicios, sino que se genera por la ausencia de equilibrio en la distribución poblacional entre el trabajo productivo y el improductivo.
    Toda la población necesita consumir para poder subsistir. Algunos integrantes de esa población no producen. Entre los que producen, es menester distinguir los que ofrecen bienes y servicios esenciales y los que ofrecen bienes y servicios accesorios. Se denomina bienes y servicios esenciales, a aquellos que la actividad económica no puede prescindir, so pena de quedar paralizada o insatisfecha en lo necesario e insustituíble para la vida humana. Concretamente nos referimos a alimentos, tejidos, metales, papel, lapiceras, productos electrónicos, transportes, etc. En pocas palabras, los denominados servicios esenciales, poseen las siguientes características:
    a) Deben ser demandados, es decir que debe haber alguien que quiera o necesite tenerlos y que esté dispuesto a dar a cambio de ellos otra mercancía.
    b) Para que se produzca tal demanda, es necesario que sea útil al comprador, pues de lo contrario no se paga nada por ella.

    Los bienes y servicios accesorios son los que surgen como producto de la ocupación poblacional en sistemas administrativos públicos o privados, controles, logística, asesoramiento, actividades políticas, etc. Dado que la producción de esta clase de bienes carece de valor o, por lo general posee un valor económico muy reducido, la financiación monetaria dirigida a esta clase de bienes y servicios queda esterilizada y comienza a generar inflación.
    La inflación de precios se genera cuando el equilibrio distributivo poblacional se rompe y la producción de bienes y servicios accesorios se privilegia por sobre los esenciales.
    La razón de este aserto es muy simple. Los bienes y servicios que toda la población necesita consumir son los esenciales y no los accesorios. Ergo la demanda de los consumidores hace presión sobre los productores de bienes y servicios esenciales que con su esfuerzo mantienen a toda la economía. Vg. Una población puede prescindir de un empleado público cuya función es poner sellos en un papel para habilitar un trámite burocrático, pero esa misma población no puede prescindir del productor de alimentos, so pena de morirse de hambre. El productor de alimentos es esencial, el empleado administrativo público o privado es accesorio.
    Si en una economía la producción de bienes y servicios accesorios representan por ejemplo el 90 % del producto bruto nacional y la producción de bienes y servicios esenciales el 10 % restante, la inflación sería galopante, porque todo el conjunto poblacional pujaría por comprar los bienes y servicios escasos que representan ese 10 %. En cambio, si fuera a la inversa y los bienes esenciales, además de ser abundantes estarían bien distribuídos, es decir, equitativamente repartidos, no sólo no habría inflación, sino que toda la población gozaría de una economía de bienestar.
    Esto mismo explicado en términos técnicos significa que el exceso de financiación del sector público en detrimento del sector privado, produce una transferencia de fondos del sector productivo (privado) hacia el sector no productivo (público). La expansión indefinida de la demanda de bienes que realiza el sector público por exceso de financiación dirigida hacia ese sector y las altas tasas de interés, presiona sobre el sector privado, el que, por deficiencia de financiación, no puede producir cantidades inmensas de bienes y servicios demandados por el sector público improductivo y responde entonces elevando los precios de los pocos productos que produce.
    Esto que se acaba de explicar en el párrafo anterior, no es otra cosa que la encerrona monetarista y cuantitativista que, protegiendo a su teoría del dinero con un halo científico, esconde sus verdaderos propósitos al servicio del capital financiero. La inflación estructural obtenida gracias al sobredimensionamiento del sector público y las altas tasas de interés que impiden al sector privado responder con bienes y servicios, garantiza científicamente a la inflación y al desempleo. Y si a ese condimento le agregamos la actividad especulativa del sistema financiero que crea dinero de la nada, no nos debería sorprender que nuestras economías estén tan mal.
    Queda pues al descubierto que los déficits continuos y estructurales del Estado, como consecuencia, no del financiamiento de obras públicas, sino del gasto improductivo, el cual no se permite financiar con fondos nacionales, sino con endeudamiento externo, ha formando parte integrante de la estrategia monetarista para perpetuar la inflación y el desempleo y, de paso, crear las condiciones permanentes de una economía sujeta a la dependencia externa.

    El Efecto Espejo o el Verdadero Valor del Dinero

    El pueblo es el único dueño del dinero y el Estado lo emite y lo distribuye por cuenta y orden de aquél a través del presupuesto nacional, para lo cual no necesita endeudarse, ni con el Banco Central del propio país, ni con organizaciones públicas o privadas nacionales o extranjeras, reconociendo como UNICO costo: el de su impresión por la Casa de la Moneda de la Nación.
    El dinero es papel y tinta, por lo tanto no puede ser una riqueza en sí mismo, sino la representación de esa riqueza. Es decir que, el dinero es el reflejo de la riqueza. En eso consiste el efecto espejo. Cuando observamos nuestra propia imagen en un espejo creemos que nos estamos viendo a nosotros mismos. Pero esa imagen no somos nosotros, es una mera ilusión física de nuestro sentido óptico. Esa imagen carece de pensamiento y voluntad. Ella no podría, por un acto de su propia voluntad, tomar la decisión de apartarse de nuestra visión, sencillamente por la razón de que ella no se encuentra capacitada para tomar decisiones. La imagen es un mero reflejo. Si confundimos ese reflejo con la existencia real de la persona que se refleja en el espejo, nos estaríamos engañando a nosotros mismos. De la misma manera, podemos decir que el dinero es la imagen de los bienes y servicios productivos o esenciales (observar las palabra “productivos o esenciales”, las cuales fueron puesta ex profeso) que existen en una economía. La cualidad metafísica de la existencia de la riqueza recae en esos bienes y servicios y no en la imagen que ellos proyectan sobre el dinero, el cual carece de entidad ontológica propia, porque dicha entidad la recibe de los bienes y servicios que refleja.
    Supongamos dos economías diferentes. En una solo existen bienes y servicios productivos, pero no existe el dinero. En la otra existe sólo dinero pero sin bienes y servicios productivos. La primera de esas economías tendrá acero, alimentos, tejidos, logística y todo lo necesario para la vida. Es muy probable que subsista gracias al trueque. La segunda condicionará su existencia al hecho que los habitantes aprendan a alimentarse y a vestirse con papel y tinta. Esto es a comer dinero (cuyo componente químico de la tinta es un veneno) y a cubrir sus cuerpos con billetes (lo cual dudo que los abrigue del frío).
    A veces es necesario, a los fines didácticos, llevar los ejemplos al extremo burdo, pueril y fantasioso para comprender que vivimos engañados y le damos al dinero el valor del principal, cuando en realidad no tiene ni siquiera el valor de lo accesorio.
    En base a lo expuesto y gracias al efecto espejo se puede concluir que, en una economía el dinero carece de suficiente entidad como factor fundamental de la riqueza. La entidad la poseen los bienes y servicios productivos y su correcta y justa distribución entre los factores que componen los mismos.
    El dinero sólo sirve como herramienta simplificadora del intercambio. Lleva y trae valor, pero no lo posee en sí mismo, sino que refleja el valor de los bienes y servicios productivos para facilitar el canje y evitar el fastidioso y engorroso trueque.

    De acuerdo entonces con la teoría cualitativa del dinero de Walter Beveraggi Allende, el direccionamiento del mismo hacia las actividades productivas que el país necesita desarrollar, es causa y consecuencia de su emisión. El dinero no es un bien en sí mismo, el Estado debe emitirlo, controlarlo y direccionarlo cuando falte y recogerlo y quemarlo cuando sobre. Si quemamos dinero, sólo estaremos incinerando papel y tinta y nada malo sucederá (Silvio Gesell). Pero si quemamos los bienes (Vg. Toneladas de trigo) estaremos condenando al hambre al país. El efecto espejo destruye las consecuencias espúreas de la creación del dinero mediante el anatocismo y los encajes bancarios, pues esa creación es el fiel reflejo de NADA, porque no existen bienes ni servicios productivos que la respalden y den origen a una imagen

    Conclusiones sobre la Confrontación de Ambas Teorías

    Las teorías cuantitativas y monetaristas, han desconocido el denominador de la ecuación P= M/Q. Han realizado todos sus estudios en función del numerador (M), analizado como oferta global de dinero, ignorando que se puden aplicar incrementos a las cantidades de bienes y servicios (Q), lo que hace bajar la inflación, ayudado, incluso, por una reducción de la tasa de interés.
    El cualitativismo le ofrece protagonismo a la cantidad de bienes y servicios (Q) a través de un direccionamiento estratégico de la emisión monetaria (M), sin perder de vista la medición de esa emisión. Dicha emisión (cantidad) se encuetra comprendida (ínsita) en el concepto cualitativo del direccionamiento (calidad).
    El monetarismo no advierte que el aumento de la tasa de interés se traslada a los costos empresarios, transformando lo que en principio era una inflación de demanda monetaria en una inflación de costos, la que, una vez disparada, es mucho más difícil de parar que la primera.
    Una baja en la tasa de interés, acompañada de una asignación dirigida de los préstamos bancarios hacia los sectores productivos más necesitados desde el punto de vista estratégico del desarrollo nacional, según la teoría cualitativa, ayuda a producir mayor cantidad de bienes y servicios por aplicación de los préstamos a promover el recambio tecnológico. La mayor oferta de bienes obtenida mediante este sistema controla la inflación.
    El monetarismo tampoco advierte que la sobrefinanciación del sector público (improductivo) se realiza sobre la desfinanciación del sector privado (productivo), lo cual reduce la cantidad de bienes y servicios esenciales (Q) y retroalimenta la espiral inflacionaria debido a la ineficiencia del sector privado para ofrecer bienes por falta de financiación adecuada.
    El cualitativismo asigna el crédito bancario en función de las necesidades productivas del sector privado, aconsejando al sector público a mantener su eficiencia en el control del gasto para evitar solicitar financiamientos que pongan en peligro el equilibrio.
    La estrategia monetarista favorece al capital financiero y especulativo teniendo como único sector beneficiado a la alta banca y los grupos financieros internacionales en detrimento del sector productivo, PyMe(s) y población en general.
    La estrategia cualitativista hace crecer la producción y prepara la economía para el desarrollo del paso siguiente: la equitativa distribución de la riqueza.

    En Síntesis:

    El cuantitativismo combate la inflación con un decremento de agregados monetarios y un aumento de la tasa de interés, lo cual provoca astringencia monetaria, enfriamiento de la economía, recesión y desocupación.
    El cualitativismo, en cambio, combate la inflación con el mejoramiento de la liquidez direccionada en forma estratégica, disminuyendo la tasa de interés para facilitar la liquidez de las transacciones y el acceso al crédito, lo que provoca un incremento de bienes y servicios que evita la elevación de los precios, sin perder de vista el control econométricamente adecuado de la emisión monetaria.
    El efecto espejo desmistifica la importancia que el mundo capitalista le atribuye a los agregados financieros, negándole entidad ontológica y le devuelve a los bienes y servicios esenciales su cualidad valorativa.


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