Posteado por: Javier | febrero 6, 2011

No, no soy un relativista (II)

¿Es tener unos principios imponer una moral?

Continuando, pese a que es algo ilógico e irracional negar la existencia de verdades absolutas, aseveraciones como “con el limitado conocimiento que tengo, no creo que exista nada absoluto” o “eso puede ser verdad para ti, pero no es verdad para mí” se han convertido en bandera de nuestros tiempos, mostrando lo que es una sociedad en la que todos los valores, creencias, estilos de vida y argumentaciones, se consideran como igualmente válidos y en la que aquellos que se rigen por criterios absolutos del bien o del mal son considerados intolerantes y constantemente condenados, ridiculizados y criticados.

De este modo, la tolerancia individual se ha convertido en la única verdad, el único absoluto, frente a la cual, el único mal sería, en consecuencia, la intolerancia. Un sistema moral, en esta era post-modernista que defienda algo como una verdad absoluta, es inmediatamente tachado de intolerante y rechazado por una sociedad relativista y políticamente correcta. La frase más manida es “está bien que creas en lo que quieras y lo aceptamos, pero no trates de imponer tus creencias ni tu moral a otros”. Pero una frase como esta encierra en sí misma una contradicción, que es que, efectivamente, al hacerla sí se cree en lo que está bien y lo que está mal, puesto que no hay neutralidad por más que se insista en ello, y aquellos que sostienen esta opinión sí que tratan de imponerla en otros, establecen un patrón de comportamiento que insisten en que los otros deben seguir.

Y la Biblia, ¿qué nos dice de ser tolerantes?

Como mencioné en la anterior entrada, el cristiano tiene un conocimiento de que hay un solo Dios, una sola ley y una sola verdad. Dios y Su ley serían la fuente de la justicia y la verdad, de lo que es correcto e incorrecto.

¿Significa esto que el Estado, a través del gobierno civil, debe dictar las creencias si estas son ciertas? En modo alguno. Un Estado liberal  y cristiano no debiera ser neutral, porque la neutralidad no existe, pero tampoco moldear las conciencias de sus ciudadanos. El nacimiento de una sociedad cristiana es obra del Espíritu Santo, de la voluntad de Dios, no de la de un grupo de ingenieros y planificadores sociales. En 1 Pedro 2:9-10, leemos: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. Hay pocas dudas sobre cómo nace el Pueblo de Dios.

Siendo Dios la fuente de poder que sustenta la ley, delega al hombre, a través de la familia, la Iglesia y el Estado, autoridad para tratar cada asunto en cada jurisdicción, siendo la del gobierno civil, los asuntos civiles, aquellos que involucran las acciones de los hombres (como leemos en Romanos 13, lo he citado muchas veces y no lo vuelvo a reproducir, abran sus Biblias). El Estado debe intentar dictar leyes piadosas, que no sean contrarias a la Ley de Dios (las leyes, repito, nunca son neutrales, siempre tienen detrás un sistema moral, por más que los humanistas digan lo contrario, ellos imponen la suya al dictar sus leyes), pero a golpe de ley no se puede cristianizar una sociedad. Una ley civil, por más que sea piadosa, no deja de ser una ley humana, y no puede elevar a una sociedad por encima del nivel de la fe y la moralidad en que se encuentra. La ley puede reprimir la inmoralidad pero no moralizar la sociedad, justo lo contrario a lo que sostiene el socialismo, cree poder elevar a la sociedad a su nivel moral.

¿Hasta dónde pueden llegar los poderes del Estado?

Dos pequeños ejemplos desde Estados Unidos.

El primero, el del juez Roy Moore, de Alabama, quien ya tuvo problemas con la colocación de una placa de los Diez Mandamientos una pared de su tribunal. Encontrándose con otros aún mayores tras su elección a la Corte Suprema de Alabama, con la colocación de un monumento en la rotonda central del edificio, con citas de la Declaración de Independencia, algunas de los Padres Fundadores, el himno nacional de EE.UU. y dos tablas grandes, talladas con inscripciones de los Diez Mandamientos. Esto le valió una demanda de la ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles), la Americans United for Separation of Church and State y el Southern Poverty Law Center, pidiendo que el monumento fuera retirado, con el argumento de que se alentaba y apoyaba la práctica de la religión en general y del “judeo-cristianismo en particular”. A pesar de la apelación de Moore a la propia Declaración de Independencia de EE.UU., en la que se afirma que “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados”, un juez federal dictaminó que el monumento era inconstitucional, al violarse la Primera Enmienda.

El segundo, el caso Stone v. Graham, en el cual, la Corte Suprema resolvió, en 1980, que las escuelas públicas de Kentucky no podían exponer los Diez Mandamientos en sus paredes, diciendo que “Si las copias de los Diez Mandamientos pueden tener algún efecto en absoluto, este será inducir a los estudiantes a leer, meditar, tal vez para venerar y obedecer, los mandamientos. Por muy deseable que esto podría ser como una cuestión de devoción privada, no es un objetivo admisible del Estado”. Yo, particularmente, no termino de ver qué tiene de malo, como lo ve la sentencia, el que los escolares obedezcan los Diez Mandamientos, no solo porque sea algo cristiano, sino porque quizás, a la larga, habría menos gente tras los barrotes en los EEUU si se siguieran un poco más, pero el caso es que jurisprudencia es. Según he leído en la sentencia, la ley estatal obligaba a escribir en letra pequeña en la parte inferior de cada tablilla que “La aplicación secular de los Diez Mandamientos se ve claramente en su adopción como el código jurídico fundamental de la civilización occidental y el derecho común de los Estados Unidos”. Sin embargo, el Tribunal continúa diciendo que “tal “confeso” propósito secular no es suficiente para evitar el conflicto con la Primera Enmienda. El objetivo preeminente de la publicación de los Diez Mandamientos, que no podría decirse que se limitan a los asuntos seculares, es claramente de naturaleza religiosa, y el anuncio sirve ninguna función educativa constitucional. Cfr. . Abington School District v. Schempp, 374 Estados Unidos 203. Que las copias publicadas son financiadas por contribuciones privadas voluntarias es irrelevante, pues la simple publicación bajo los auspicios de la legislatura proporciona el apoyo oficial del gobierno estatal que prohíbe la Cláusula de Establecimiento. Tampoco es significativo que los Diez Mandamientos no son más que escritos, en lugar de leer en voz alta, porque no es una defensa para instar a que las prácticas religiosas pueden ser relativamente de menor importancia que las intrusiones en la Primera Enmienda”.

El juez Roy Moore me parece alguien admirable por sus convicciones cristianas pero pienso, como en el caso de las escuelas públicas de Kentucky, que no tiene razón. Cierto es, y no lo voy a negar, que, en muchas ocasiones, con lo que nos encontramos no es con un poder estatal aconfesional, que sería el absolutamente neutro en cuestiones religiosas, sino laicista, en el cual, cualquier manifestación de la fe intenta ser arrinconada a lo privado y, de hecho, cualquiera dispone de los cauces para ello cuando ésta se manifiesta en público, y en el que, en cambio, los cristianos han de tragar con todo tipo de políticas anticristianas y, es más, financiarlas con sus impuestos. Finalmente, con la excusa de que “nadie puede imponer su moral a otros”, terminamos viviendo en la imposición de la doctrina y la moral laicistas.

Pero, en el caso concreto de EEUU y las tablas de los Diez Mandamientos, está claro que a un musulmán o a un ateo no se les obliga a mirarlas ni leerlas o a memorizar los mandamientos (el musulmán, seguramente, preferiría una copia del Corán, la verdad sea dicha) pero, no obstante, el caso es claro. Si fuera una escuela privada cristiana, o estuviéramos hablando de un despacho particular de Moore, y no del edificio de la Corte Suprema de Alabama, la cosa cambiaría.

La sentencia de Lee v. Weissman, de 1992, sobre las ceremonias religiosas organizadas en escuelas públicas, es muy ilustrativa: aunque la asistencia a esas ceremonias sea voluntaria para aquellos alumnos que no pertenezcan a esa confesión religiosa (por eso he dicho que tampoco a nadie obligan a mirar ni leer la tablilla), sin embargo, “Uno de los principios de la Primera Enmienda es que el Estado no puede exigir a uno de sus ciudadanos renunciar a sus derechos como precio por resistirse a dar su conformidad con la práctica religiosa patrocinada por el Estado”.

¿Cuál es el nivel de tolerancia, entonces? ¿En qué ámbito se encuentra?

Aquí, una de las referencias, si no la principal, sería la “Carta sobre la tolerancia”, documento escrito en 1689, un año después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra, de John Locke. El filósofo inglés, cristiano, aunque su teoría de la libertad individual partiera de la idea de los derechos naturales, como hablé en su momento de ello, desarrolló en dicho documento el concepto de libertad religiosa y de separación Iglesia-Estado que surgió con la Reforma, considera que existe un dominio de acción exclusivo del individuo, relativo a su conciencia, que debe quedar fuera de la acción del poder político. Para Locke, debe reducirse al mínimo el grado de coerción ejercido por el Estado y su influencia en la vida del individuo. El camino para adorar a Dios que cada uno escoja no pertenece al ámbito de la regulación estatal, sino que es competencia única y exclusiva de las iglesias. Elegir una forma personal, la que mejor parezca a cada cual, para adorar a Dios y no la que Él ordena implica una responsabilidad (en la Biblia existen numerosos ejemplos, como el castigo a los hijos de Aaron, tras ofrecer éstos ofrenda con fuego irregular no requerido por Dios, o a Saúl por su desobediencia, no destruyendo todos los bienes de los amalecitas, tras derrotarlos, sino reservando cabezas de ganado para holocaustos que no habían sido pedidos por Dios), pero esta es sola y exclusivamente del creyente con Dios. No puede inmiscuirse el Estado en esto.

Locke, no obstante, también fija los límites de esa tolerancia. Primero, si las convicciones religiosas tuvieran, en la práctica, efectos sobre el bienestar público, en el sentido de que lo coartaran, entonces la autoridad tendría que intervenir para impedir esos ataques, pues como autoridad está obligada. Segundo, hay que recordar que Locke no entendía la tolerancia como libertad de pensamiento y expresión, pues, para él, había convicciones que implicaban un peligro potencial para los demás, para la propia comunidad. Locke pensaba en los ateos y por tolerancia tenía en mente la que debía existir entre distintas confesiones cristianas, es algo bastante claro que no tenía en mente el fenómeno actual de lo “multicultural” y distintas prácticas religiosas que están entre nosotros desde hace varios años. Ese es el sentido, igualmente, que dieron los Padres Fundadores de la nación norteamericana a la libertad religiosa, aunque la jurisprudencia de este país ha ido extendiéndola a otras confesiones religiosas, siempre que sus prácticas no choquen con lo dispuesto en leyes de carácter general, que no tengan por objeto la regulación específica de estas prácticas.

Hemos dejado sentado que las leyes civiles justas no contradicen la ley de Dios, aunque su función no sea hacer más morales a los hombres. Las iglesias tienen, por tanto, unas competencias distintas de las del Estado, la función de éste no es la salvación de las almas. Un Estado que regule las acciones y los comportamientos en base a principios cristianos no es una “teocracia” (tipo Irán, ni mucho menos), puesto que no puede inmiscuirse en las creencias individuales.

Ahora bien, la relación del cristianismo con las religiones o corrientes relativistas y humanistas siempre será conflictiva. Unas porque son intentos erróneos, a veces con complacencia en el error, de llegar a Dios y otras porque son la propia negación de Dios. El propio Jesucristo dijo que “El que no es conmigo, contra mí es” (Lucas 11:23) y “No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada. Porque he venido a poner en conflicto al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia” (Mateo 10:34-36). No hay neutralidad, puesto que todos los sistemas de ley están siempre en guerra con sus enemigos (aquellos que adoptan diferentes sistemas de ley) y todo sistema de ley tiene enemigos que buscarán continuamente socavar el sistema. No hay paz con los enemigos de Dios, puesto que la verdad, en este caso, es incompatible con la falsedad. Una sociedad que tolere todas las ideas, sean las que sean, sin combatirlas caerá en la confusión y en la anarquía, y necesitará un gobierno fuerte y centralizado para mantener el orden. Un gobierno que será despótico, con lo que el resultado de esta complacencia social será, al final, la tiranía.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Hemos de utilizar el poder que tiene a su disposición el gobierno civil para prohibir la expresión de las ideas? No, no y rotundamente no. La batalla no es por parte del Estado, sino de los individuos, las familias y las iglesias. Mediante la batalla de las ideas, hay que subrayar.

A día de hoy, sin embargo, el Estado está enfrascado en el estímulo y la promoción de religiones ajenas al cristianismo o de filosofías humanistas también contrarias al mismo (como la promoción de la homosexualidad y el fomento de la sexualización desde edades tempranas), a través, sobre todo, de los colegios públicos (la educación pública es el arma de destrucción masiva del humanismo). El Estado no debe dictar a cada uno las creencias individuales, pero tampoco, ni mucho menos, fomentar las religiones y las ideas falsas, utilizando el dinero de todos.

¿Dónde llegamos finalmente? ¿Cuál debe ser nuestra actitud al defender nuestros valores frente a los que tienen otros?

Jesús dijo (Juan 14:6) “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” y, en consecuencia, el cristiano acepta la verdad como una Persona, no solo como un concepto, es lo que diferencia, fundamentalmente, al cristiano del pagano. Negar la salvación de Jesucristo te convierte en enemigo de Dios, pero aún así el cristiano no debe menospreciar a otros por tener otras creencias o no tenerlas, sino mostrarse piadoso y compasivo, como Jesús, y la vida cristiana es un intento de ser como Cristo hasta donde sea posible, debemos estar llenos de gracia y de verdad. Pero eso no quiere decir que no debamos mantenernos firmes en la Verdad.

NI se puede cometer el error de algunos cristianos de no mostrar piedad con los incrédulos (¿qué éramos antes de que Jesucristo nos rescatara?), con los fieles católicos romanos, posiblemente, nos ocurre mucho, centrarnos en la crítica personal a ellos en lugar de señalarles los errores de su iglesia, NI caer en el del ecumenismo que realiza cesiones en la Verdad con tal de mantener la buena relación o el “buen rollito” entre confesiones, buscando la unidad física en lugar de la unidad espiritual en la Verdad.

Lean 1 Pedro 3:15, ahí creo que encontramos una buena guía: “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”.

Buen domingo.

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Responses

  1. Así “por encima”, estoy bastante de acuerdo con usted pero me gustaría luego a lo largo del día “matizar” algunos puntos que usted hace aquí y en el artículo anterior.

    Por ejemplo yo no me había dado cuenta que el juez Roy Moore estaba tan involucrado en poner los 10 Mandamientos. Es decir, sí que supe y sabía de ese caso pero después de leer lo que usted dice he investigado y efectivamente, tengo que rectificar lo que pensé anteriormente por falta de conocimiento absoluto pero está claro según lo que pone usted que eso podría herir a un ateo o incluso a un musulmán.

    Claro que lo “ideal” para un cristiano es vivir en un país cristiano — pero no tenemos ese caso actualmente. Si tuviéramos más hijos, en un futuro podríamos cristianizar el país — los países pero usted sabe que hay que trabajar con lo que hay.

    Lo que usted dice de la homosexualidad es muy cierto.

    ¿Sabe qué Javier? El único motivo por el cual los países actuales en Occidente como España, Francia, Reino Unido, Dinamarca, Alemania etc ofenden con impunidad a los cristianos y nos insultan es porque somos DÉBILES, BLANDENGUES, COBARDES, LÁNGUIDOS y porque no nos estamos tomando en SERIO lo que es la Biblia.

    ¿Qué es esta Dinamarca, por ejemplo, tan libero-progre? ¡Pero si tienen más vacas que personas! ¿Por qué se burlan de los cristianos bíblicos como nosotros en España y en casi toda Europa? Porque nos ven débiles, saben que no vamos a tomar represalias ideológicas como es debido. Pero Javier ¡si hoy mismo hay CRISTIANOS que se burlan implícitamente de nuestro Dios y nuestro Cristo, nuestro Rey!

    Siendo así, que muchas chicas que dicen ser cristianas visten como putas. No es de extrañar entonces que los ateos y otros apóstatas se burlen de nosotros.

    NO OBEDECEMOS LA LEY DE DIOS.

    Fíjese que además en el caso español, ahora al margen de la cristiandad, todo se ha perdido. Hoy vas por la calle y ves a chicos españoles. Les preguntas: “¿cómo te llamas?” ¿Yo? Alberto, Juan Carlos, Jóse, sí, pero ¡madre mia! ¡Fijese en las pintas que llevan, Javier! No parecen Juan Carlos, o Jóses, o Albertos de la vida, no.

    Parecen a un tal “John” cualquiera de algún país nórdico, a la vista de la degeneración moral que gastan o incluso a un “Tupac”, porque muchos van con pinta de “gangsters” de hip hop.

    Recuerdo hace unos años, en Francia misma, iba yo por la calle en París, y ví a dos muchachos que por su aspecto pensé que debían tener sangre ibérica-española a pesar de que tenían perforaciones asquerosas en las orejas y tatuajes de paganos.

    Me acerqué más para comprobar en qué idioma hablaban. Todo lo decían en francés: “oui, non, ” etc. Pensé que efectivamente eran frances, no españoles. Pero entonces vi que uno de ellos tenía en sus manos un “abono de transportes” español y por la forma en la que lo tenía entre sus manos, ¡sólo un español podía ser!

    Me hice el “loco” y empecé a hablarles en un poco de francés hasta que quise sorprender al chico y le llamé “¡¡Juan, ven aquí falso!!” Se sorprendió. Le dije ¿no te da vergüenza ocultar que eres español e intentar hacerte pasar por francés?

    A lo que iba: que muchos cristianos también ocultan su fe. NOSOTROS NO PODEMOS HACER ESO.

    Ahora estoy un poco liado así que intentaré regresar a lo largo del día para poner más “pinceladas”.

  2. Javier, veo que me quedaba por decirle algo pero creo que lo que le quería decir queda resumido en este artículo — no sé si lo ha leído ya:

    http://liberalismodemocratico.wordpress.com/2008/12/01/castigando-el-pecado-en-un-orden-liberal/

    saludos

  3. El artículo es de 2008 y no me sonaba, muy posiblemente no lo haya leído antes. Es muy interesante, como todos, y me parece que se resume bien en este párrafo: “Creo que con esto he dejado bien claro que la Ley de Dios es para la Iglesia y no necesariamente el Estado: la postura liberal y cristiana es que el Estado en última instancia también hereda estas leyes, pero únicamente cuando las naciones se someten a Dios de forma voluntaria. Por ese mismo principio, podemos entender mejor por qué, en la colonia de Salem, existían leyes contra muchos pecados como la sodomía: los puritanos, de forma voluntaria, se sometieron a la Ley de Dios. Obviamente, vivimos en un país que no se ha sometido voluntariamente a la Ley de Dios y está en plena rebeldía impía contra Sus mandamientos.”

    Las leyes de España, y las de muchos otros países, no son piadosas pues el propio país no lo es. Está claro que el caso de los puritanos era distinto: eran cristianos y se habían sometido a esa Ley.

    Por otra parte, del juez Roy Moore me parece admirable que tenga unas firmes convicciones cristianas, de eso no hay duda, pero pienso que lo que quería hacer en el edificio de la Corte Suprema de Alabama vulneraba la Primera Enmienda.

    Con la cristiandad actual dos problemas fundamentales son actuar como la mujer de Lot y pretender agradar a los hombres.

    No se puede servir a dos señores y no se puede pretender seguir a Cristo agarrado a los ídolos de este mundo, aunque haya quienes piensen que Cristo les ofrece un contrato muy “ventajoso”: salvación y, no obstante, el resto de la vida participando de las idolatrías del mundo, que son muy agradables a los sentidos, como la fruta del Jardín del Edén.

    Una buena pregunta sería: “¿Quieres verdaderamente que Jesucristo regrese hoy?” Si dices que no, que se va a acabar lo bueno de este mundo (al que veneras), tienes un gran problema con Dios, puedes tenerlo por cierto; algo o alguien está antes que el Señor en tu corazón.

  4. La modernidad ha dejado al descubierto el engaño de la religión de creencias que impone dogmas que no se puede comprobar, contradiciendo a la razón y al sentido común, aduciendo falazmente que son palabra de Dios. Esto es lo que expresa Nietzsche al decir “Dios ha muerto”, nosotros lo matamos. El ataque de Nietzsche a la teología fantástica, así como al puritanismo hipócrita y la moralidad de esclavos que promueve el judeo cristianismo, posiblemente sea uno de los ejes que sobre los que gira el pensamiento de la modernidad abriendo el reconocimiento de una transformación de la conciencia que eventualmente nos llevará a alcanzar la trascendencia humana o supra humanidad patente en Cristo. http://www.scribd.com/doc/48104400/Nietzsche-y-La-Lucha-Contra-El-Judeo-Cristianismo-Por-El-Cristianismo


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