Posteado por: Javier | febrero 10, 2011

Hamilton en el siglo XXI (III)

Enlazando un poco con lo anterior, sobre frikismos o fascismos varios que hoy día llevan la etiqueta de “liberalismo”, un tema muy recurrente es el de las armas y a algunas situaciones un tanto surrealistas a las que podemos llegar.

Dice la II Enmienda de la Constitución de EEUU: “Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

Yo estoy a favor de la libertad de armas y así lo he expresado, por supuesto, no estoy por su prohibición. Alguna vez ya he dicho que es una LIBERTAD INVIOLABLE, y, además, CRISTIANA. Pero, si leemos, con atención se habla de milicia “bien regulada”. Es decir, “regular” es lo que permite la II Enmienda. Regular la posesión y el uso de armas es fijar una serie de normas y reglas para la misma: permisos, edad mínima, superar algún tipo de examen sobre manejo de armas, etc.

Alfredo lo ha explicado esta semana en tres entradas en su bitácora, a partir de una cuestión que surgió en medio de uno de sus hilos, pero, resumidamente, digamos que en lo que pensaron los Padres Fundadores de EEUU, muy seguramente, y lo de “milicia” es muy significativo, fue en patriotas integrados en eso, justamente, en una MILICIA BIEN REGULADA, lo que era el incipiente ejército de la todavía joven nación americana.

No en que las pistolas se vendiesen como si fuesen golosinas en el kiosko de las chuches, o en un “libertarian” alocado llenando su casa con un arsenal o en un bohemio escondido en los montes disparando a todo lo que pase al grito de “¡¡TOMA, QUÉ LIBERAL SOY!!”.

Sobre la base de lo que estamos hablando, al menos lo veo así, el criterio es que NO SE PODRÍA PROHIBIR LA POSESIÓN Y PORTE DE ARMAS (QUE ESO SERÍA EL SENTIDO DE “VIOLAR” EL DERECHO) pero SÍ SE PODRÍA REGULAR, QUE NO ES LO MISMO.

Ya digo que estoy en contra de la prohibición de las armas, pero es que esto no es lo mismo.

Lo había enfocado por la cuestión de que no es lo mismo regular que violar ese derecho, pero, aparte de esto, lo que hay que evitar es caer tanto en el estatismo que prohibiría bajo cualquier circunstancia la posesión de armas como en el “libertarianismo” extremo que puede llegar hasta el absurdo de pretender que hasta un fulano puede ir paseándose por la calle con un bazoka o un lanzagranadas, porque para eso hay “libertad de armas”.

Lo primero será antiliberal, pero esto último es un disparate que no cabe en cabeza sensata alguna. Puede parecer una tontería, pero a qué otro sitio puede llevar sino a ese, el no leer la letra de la enmienda ni, además, tener en cuenta lo que era un “arma” a fines del siglo XVIII y lo que son algunas armas actuales.

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Terminé la anterior entrada haciendo un esbozo de la derecha norteamericana menos recomendable. Realmente, aunque sus actuales hijos intelectuales lo que han hecho es exacerbar lo peor de su pensamiento, hay que reconocer que Jefferson tiene distintas ramas aprovechables por casi cualquier tipo de movimiento anti-liberal:

– Su agrarismo del terruño es muy útil para todos aquellos que se oponen al intervencionismo y la expansión de la libertad en el exterior, sean izquierdistas, ancaps, libertarianos o paleocons.

– Su anti-federalismo, para los libertarianos y paleocons.

– Sus recelos por el comercio, los negocios y la banca, para izquierdistas y paleocons.

– Su aristocratismo y latente racismo (aunque esto es muy controvertido), para paleocons.

¿Qué supuso el auge del “paleoconservadurismo” en los años 90 y cuáles eran sus características? En una entrada de octubre, en su bitácora “Liberalismo Democrático y Clásico”, Alfredo hizo una síntesis magnífica:

“En 1980, muchos derechistas fascistizados en EEUU se excitaron cuando Ronald Reagan ganó la presidencia en los EEUU. Sin embargo, la administración de Reagan fue contundente: lo que en esas fechas se conocía como “paleocon” desapareció de las filas republicanas bajo Reagan y Bush I. Esos “paleos” entonces desembarcaron en países como España, nuestro país, debido a la fuerte tradición fascista que aquí existe entre muchas personas en la “derecha”. Nos corresponde, pues, acabar con ellos de una vez como se tuvo que hacer en EEUU. Ya lo estamos logrando, poco a poco: en esta web ha surgido una nueva generación de jóvenes españoles y patriotas totalmente desvinculados de los ruidosos grupos como Hazte Oír, Opus Dei, Red Liberal, Franquistas, y demás elementos perniciosos.

Durante la última década del liberalismo español, hemos sido testigos de una especie de “movimiento” que pretende reconducir el debate en el liberalismo de derechas. Conocido en EEUU, antes de su muerte definitiva, como el “paleoconservadurismo”, este movimiento destrozó el consenso y la unidad en la derecha durante casi toda la década de los noventa. Créanmelo, yo lo viví pues ya estaba yo familiarizado con los EEUU en aquellos tiempos. Políticamente, este “movimiento” se centró alrededor del candidato a la presidencia Patrick Buchanan, cuando intentó, sin éxito, tomar posesión de las riendas del Partido Republicano en 1992. En términos “intelectuales”, editaban una revista que se llamaba “Chronicles” (Crónicas) — una revista contraria al comercio libre, pero muy identitaria en cuestiones raciales y religiosas (aunque incluyen a muchos católicos, como es lógico, dado que la revista es anti-liberal). En los años 90, esta revista gozaba de una enorme popularidad entre muchas personas derechistas. El objetivo de los escritores de la revista era una transformación del conservadurismo americano.

Los “paleos” eran, en realidad, un grupo muy diverso (una versión temprana de la “eclosión” liberal española) y eso en parte contribuyó a la caída de los paleos. Los puntos de acuerdo entre ellos ya los conocemos porque muchos lo han comentado aquí — una política exterior aislacionista, culturismo regional y localista antes que la cultura “pop”, nacionalismo económico absoluto, freno en seco a toda inmigración, y la defensa de “nuestra identidad Occidental”. Durante la década de los noventa, lanzaron muchísimas batallas agrias y duras contra dos enemigos: los derechistas como nosotros y los progresistas. Todas esas batallas incluían, por supuesto, debates sobre la guerra del Golfo en 1991, NAFTA, inmigración, Serbia y Kosovo, símbolos del KKK y símbolos Confederados, además del “tema gay” y el aborto.

En la revista Chronicles, escribían personajes como John Lukacks, el anti-capitalista Samuel Francis (murió a los 57 en el 2005), y Mel Bradford (no se pierdan su bio – Reagan lo fulminó). También escribían otros tradicionalistas sureños como Michael Hill y Clyde Wilson, así como el articulista papista y anarco-capitalista a la vez Joe Sobran (ya murió). Académicos como el famoso misesiano Paul Gottfried aparecían junto a derechistas europeos y “tradicionalistas” fascistas como Alain de Benoist y el neo-nazi Tomislav Sunic. El grupo seguía creciendo y pronto se sumaron los del círculo “libertariano” que formaba parte del Instituto Von Mises. El más conocido, por supuesto, era Murray Rothbard — el anarco-capitalista y sus discípulos sediciosos como Lew Rockwell, Justin Raimondo (un verdadero excremento donde los haya) y Hans Hoppe (bastante decente dentro de lo que hay en ancapialandia). En 1990, abrieron una asociación que se llamaba el Rockford Institute para dirigir debates entre libertarianos y conservadores.

Esta gente “paleo” querían imponer un conservadurismo populista ajeno al liberalismo conservador empresarial y Hamiltoniano de Ronald Reagan.

A pesar de que esta gente seguía avanzando en las batallas políticas e intelectuales, ya había señales de que se avecinaba una caída. Samuel Francis fue despedido de su trabajo como columnista en el Washington Times a finales de 1995 por sus comentarios en una conferencia sobre el tema racial, donde abogó por la solidaridad euro-americana/blanca. Francis perdió su principal púlpito nacional y pronto empezó a perder los demás periódicos de tirada nacional que sindicaban su columna. Por otra parte, la muerte pasó factura ya que Bradford, y Rothbard, entre otros, murieron a mediados de los años noventa. Los libertarianos abandonaron el movimiento en 1996 después de una reunión crispada en el Club John Randolph. Ya no podían apoyar un movimiento o un candidato (Buchanan) que atacaba el comercio libre.”

¿Qué hay de los bautizados por el propio Lew Rockwell, en los 90, aunque después se retractara de esta denominación, como “paleolibertarians”?

Prácticamente, la principal diferencia con los “paleoconservadores” es el rechazo de éstos al libre mercado, pero poco más. Incluso han sido dos grupos porosos en sus contactos, nunca han desdeñado la alianza contra la derecha clásica y democrática. Ambos comparten el anti-federalismo, el neo-confederacionismo, el aislacionismo y a los dos les produce la misma alergia la caída de Saddam Hussein.

Rockwell, fundador del “Ludwig Von Mises Institute”, fue un aventajado discípulo del amigo de los Panteras Negras Murray Rothbard, hasta la muerte de este en 1995. La ideología política de Rockwell, como la de Rothbard en sus últimos años, ha combinado una forma de anarquismo capitalista con el conservadurismo cultural. Según sostiene, el mundo occidental está amenazado por una suerte de entente entre “fascismo y socialismo” y, por supuesto, fue un duro opositor a la Guerra de Irak.

Por cierto, sobre Justin Raimondo y Joseph Sobran, sí, es cierto: uno es, y otro fue en vida, dos verdaderos montones de excrementos de perro. Raimondo comparte con algunos “paleos” (y neo-nazis) la obsesión con el supuesto “secuestro por parte del lobby judío” de la política norteamericana. Según este caballero, EEUU fue llevado a intervenir en la II Guerra Mundial a través de mentiras del presidente Franklin D. Roosevelt, provocando la guerra con Japón deliberadamente a través de las sanciones económicas; igualmente, sostiene que los servicios de inteligencia israelí que operan en los EEUU habían tenido conocimiento, y lo habían compartido con sus homólogos estadounidenses, sobre lo que iba a ocurrir el 11 de septiembre de 2001.

Joseph Sobran, fallecido el 30 de septiembre del pasado año, decía que dichos atentados habían sido “resultado de las políticas del gobierno de EEUU en relación con el Oriente Medio”, diseñadas por “los poderes judeo-sionistas en los Estados Unidos”.

¿No nos suena todo esto a los argumentos de los extremistas neo-nazis o de la ultra-izquierda más salvaje y menos respetuosa con la propiedad privada del prójimo (no porque la expropien, sino porque la destrocen a golpes?

Sin embargo, durante la Guerra Fría hubo una tregua con este grupo. Ante la amenaza soviética, numerosos miembros del Partido Demócrata, que veían a su propio partido demasiado contemporizador con el totalitarismo comunista, se pasaron a las filas del conservadurismo. Se creo un movimiento en torno a William Buckley y la revista National Review, el poder federal volvió a retomar su protagonismo y se aglutinó a gran parte del movimiento conservador tras una idea: lo primero era vencer en la Guerra Fría. “National Review”, bajo la dirección de Buckley, contribuyó a retomar un conservadurismo serio y defensor de la libertad de mercado y los valores morales, frente al populismo de los “paleos”, que acabaría llevando a la presidencia a Ronald Reagan, un lector asiduo de la revista, por otra parte.

Tras el auge de los “paleocons” en los 90, con un Pat Buchanan que parecía estar a un solo paso de tomar las riendas del Partido Republicano (no hay que ovidar lindezas de Buchanan en “Chronicles”, como sus criticas a la Guerra del Golfo de 1991, el nacionalismo económico, cargando contra la NAFTA, el GATT y el libre comercio, según él, los “buitres capitalistas”), estos entraron en declive. Muy poco deseable sería que alguien que dijo “me gustaría vivir en un país donde no se vea un solo negro’’ hubiera llegado a cotas más altas en el GOP (a bastante llegó, no obstante, pues en las primarias de 1992 arrancó un tercio de los votos a Bush padre y en las de 1996, frente a Bob Dole, venció en Alaska, Luisiana, Missouri, y New Hampshire). No seré yo el que defienda ni el inmigracionismo ni el multiculturalismo, pero pretender legislar en base a criterios raciales o discriminar en el ámbito público, como es la idea de “paleos” como Buchanan o del fallecido Samuel Francis, otro elemento, posiblemente aún peor que el primero, es totalitario y anti-liberal.

Afortunadamente, en 2000 fueron aplastados y dejados fuera de juego: Buchanan, ya como candidato del Partido Reformado, solo un 0,4% de los votos. Pero siguieron entre bastidores y muchos de sus principios cruzaron el Atlántico.

En esta tercera parte, aún no he mencionado prácticamente a Hamilton. En la conclusión, veremos lo que supuso el hamiltonianismo y lo que supone en los tiempos actuales para construir un liberalismo serio y realista frente a estas tendencias insanas.

De momento, nos quedamos con este video:

 
  
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Responses

  1. Muy buena entrada, como siempre. A propósito de Hamilton, le recomiendo un personaje totalmente desconocido para los liberales españoles y casi completamente olvidado en los EEUU.

    Fisher Ames. Tiene su bio aquí: Un Cristiano con mayúsculas, Federalista, y ortodoxo con el tema liberal y contrario al extremismo sedicioso de Jefferson:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Fisher_Ames

    Algunas de sus frases célebres para mí:

    “The men of sense and property, even a little above the multitude, wish to keep the government in force enough to govern. We have trade, money, credit, and industry, which is at once cause and effect of the others.”

    Es decir, OBVIAMENTE NO QUEREMOS ANARQUISMO. Sí queremos dinero, comercio, crédito e industria.

    “At the southward, a few gentlemen govern; the law is their coat of mail; it keeps off the weapons of the foreigners, their creditors, and at the same time it governs the multitude, secures negroes, etc., which is of double use to them. It is both government and anarchy, and in each case is better than any possible change, especially in favor of an exterior (or federal) government of any strength. …”

    Una crítica muy dura a los agro-anarka esclavistas del sur…

    *Fisher Ames era mentor y muy muy amigo de Hamilton.

    Saludos

  2. […] en Auburn (Alabama), como su presidente Lew Rockwell o el anarco-agrarista Thomas DiLorenzo, personajes de los que ya hablé en una entrada anterior. Lo hemos copiado pero, eso sí, de forma más cutre, “tipically Spanish”, como hacemos […]


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