Posteado por: Javier | febrero 25, 2011

Derechos en la Constitución de 1876: lo que pensaban los liberales españoles del siglo XIX

Hoy propongo una lectura muy interesante. Se trata del Título Primero, “De los españoles y sus derechos”, de una de nuestras constituciones históricas, la de 1876, publicada en la Gaceta de Madrid del 2 de julio de ese año, siendo Presidente del Consejo de Ministros el malagueño Antonio Cánovas del Castillo.

Por un lado, interesante pues esta Constitución fue un hito de estabilidad en medio de los revueltos siglos XIX y XX para nuestro país, con 47 años de vigencia, un texto bajo el cual podían realizarse  “todas las políticas posibles dentro del sistema Monárquico Constitucional”, según el historiador y político Francisco Silvela, miembro del Partido Liberal-Conservador, quien ocupó distintas carteras ministeriales entre 1879 y 1900. La Constitución de 1876 llegó tras los seis años entre la “Revolución Gloriosa” de 1868 (o “La Septembrina”), que supuso el derrocamiento de la reina Isabel II, y el pronunciamiento de Sagunto de 1874, momento en que los españoles reclamaban un sistema que trajera paz y estabilidad, en medio de la tercera de las guerras carlistas, por un lado, y la insurrección en Cuba, por otro. Cánovas, antiguo miembro de la Unión Liberal, presentó, mediante el “Manifiesto de Sandhurst”, el 1 de diciembre de 1874, a Alfonso XII, hijo de la depuesta reina Isabel, como un nuevo rey que se comprometía a respetar un orden liberal para España. A partir de aquí, como Ministro-Regente, Cánovas impulsó unas elecciones generales a Cortes Constituyentes en las que su partido, el Conservador, obtuvo una abrumadora mayoría, apoyado en la cual pudo poner en práctica su ideario para la nueva Constitución, basada en la soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, el pluralismo político y la búsqueda de que fuera una norma consensuada y aceptada por todos los españoles, flexible y duradera, capaz de adaptarse a todas las vicisitudes políticas. El texto definitivo fue presentado a las Cortes Constituyentes el 15 de febrero de 1876 y después de varios meses de discusión parlamentaria, fue aprobado el 30 de junio del mismo año y publicado el 2 de julio en la Gaceta de Madrid, como he dicho. Había nacido el sistema de la Restauración, cuyo principal artífice, por supuesto, era Cánovas del Castillo. El sistema perduró hasta 1923, con el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera, pero, sin embargo, ya llevaba varios años en crisis, la cual había comenzado a gestarse con la propia muerte de Cánovas, asesinado el 8 de agosto de 1897 en un balneario de Mondragón (Guipúzcoa) a manos del miserable anarquista italiano Michele Angiolillo, criminal felizmente ejecutado el día 20 de ese mismo mes en Vergara.

Por otro lado, pues esta declaración de derechos es una muestra de las ideas en este sentido de los liberales ilustrados españoles del siglo XIX. Hemos tenido poco liberalismo en España, pero algo tuvimos en ese siglo, todo sea dicho. No nos debe caber la menor duda de que tenían un concepto bastante más “refinado” de lo que debía entenderse por “derechos” (no está mal el ejercicio de comparar este Título con el mismo de la Constitución de 1978) y de que les habría hecho bastante gracia ideas como el “derecho a la intimidad”, el “derecho a la propia imagen”, al “honor”, al “trabajo”, etc. Fundamentalmente, la Constitución de 1876 reconocía las libertades de opinión, reunión y asociación de los españoles. Así, reconocía que toda persona tenía el derecho de emitir sus ideas y opiniones sin ser censurado por ello, de forma tanto hablada como escrita, así como el de reunirse pacíficamente y asociarse.

Sobre el artículo 11, algo que puntualizar: se establecía la religión católica, apostólica y romana, como oficial del Estado y una libertad de cultos no plena, en el ámbito privado y siempre que “respete la moral cristiana”, debiendo entenderse que la letra del texto constitucional por “moral cristiana” se refería a la “católica”. El Estado se encargaría de mantener el culto y del sostenimiento de los ministros religiosos católicos. No obstante, hay que contextualizar en el momento histórico. Acababa de concluir la tercera guerra carlista y para Cánovas era fundamental acabar con el apoyo del Papa Pío IX, económico y moral, a la causa de los carlistas, tranquilizando a la todopoderosa, por aquel entonces, iglesia romana, pero, a la vez, buscando una vía intermedia que no perjudicase a los liberales españoles más favorables a un mayor aperturismo en materia de libertad de cultos, una especie de “confesionalidad tolerante” con otros cultos, siempre que estos se realizasen en el ámbito privado.

Como el propio Cánovas dijo, La política es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible; nosotros venimos ante todo con la realidad; nosotros no hemos de hacer ni pretender todo lo que quisiéramos, sino todo lo que en este instante puede aplicarse sin peligro”.

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Artículo 1º. Son españoles:

Primero. Las personas nacidas en territorio español.

Segundo. Los hijos de padre o madre españoles, aunque hayan nacido fuera de España.

Tercero. Los extranjeros que hayan obtenido carta de naturaleza.

Cuarto. Los que sin ella hayan ganado vecindad en cualquier pueblo de la Monarquía.

La calidad de español se pierde: por adquirir naturaleza en país extranjero y por admitir empleo de otro Gobierno sin licencia del Rey.

Art. 2º. Los extranjeros podrán establecerse libremente en territorio español, ejercer en él su industria o dedicarse a cualquiera profesión para cuyo desempeño no exijan las leyes títulos de aptitud expedidos por las autoridades españolas. Los que no estuvieren naturalizados, no podrán ejercer en España cargo alguno que tenga aneja autoridad o jurisdicción.

Art. 3º. Todo español está obligado a defender la Patria con las armas, cuando sea llamado por la ley, y a contribuir, en proporción de sus haberes, para los gastos del Estado, de la provincia y del Municipio. Nadie está obligado a pagar contribución que no esté votada por las Cortes o por las Corporaciones legalmente autorizadas para imponerla.

Art. 4º. Ningún español, ni extranjero, podrá ser detenido sino en los casos y en la forma que las leyes prescriban. Todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial dentro de las veinticuatro horas siguientes al acto de la detención. Toda detención se dejará sin efecto o elevará a prisión dentro de las setenta y dos horas de haber sido entregado el detenido al juez competente. La providencia que se dictare se notificará al interesado dentro del mismo plazo.

Art. 5º. Ningún español podrá ser preso sino en virtud de mandamiento de juez competente. El auto en que se haya dictado el mandamiento se ratificará o repondrá, oído el presunto reo, dentro de las setenta y dos horas siguientes al acto de la prisión. Toda persona detenida o presa sin las formalidades legales, o fuera de los casos previstos en la Constitución y las leyes, será puesta en libertad a petición suya o de cualquier español. La ley determinará la forma de proceder sumariamente en este caso.

Art. 6º. Nadie podrá entrar en el domicilio de un español, o extranjero residente en España, sin su consentimiento, excepto en los casos y en la forma expresamente previstos en las leyes. El registro de papeles y efectos se verificará siempre a presencia del interesado o de un individuo de su familia, y en su defecto, de dos testigos vecinos del mismo pueblo.

Art. 7º. No podrá detenerse ni abrirse por la autoridad gubernativa la correspondencia confiada al correo.

Art. 8º. Todo auto de prisión, de registro de morada o de detención de la correspondencia, será motivado.

Art. 9º. Ningún español podrá ser compelido a mudar de domicilio o residencia sino en virtud de mandato de autoridad competente, y en los casos previstos por las leyes.

Art. 10. No se impondrá jamás la pena de confiscación de bienes, y nadie podrá ser privado de su propiedad sino por autoridad competente y por causa justificada de utilidad pública, previa siempre la correspondiente indemnización. Si no procediere este requisito, los jueces ampararán y en su caso reintegrarán en la posesión al expropiado.

Art. 11. La religión católica, apostólica, romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en el territorio español por sus opiniones religiosas ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.

Art. 12. Cada cual es libre de elegir su profesión y de aprenderla como mejor le parezca. Todo español podrá fundar y sostener establecimientos de instrucción o de educación con arreglo a las leyes.

Al Estado corresponde expedir los títulos profesionales y establecer las condiciones de los que pretendan obtenerlos, y la forma en que han de probar su aptitud. Una ley especial determinará los deberes de los profesores y las reglas a que ha de someterse la enseñanza en los establecimientos de instrucción pública costeados por el Estado, las provincias o los pueblos.

Art. 13. Todo español tiene derecho:

– De emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa.

– De reunirse pacíficamente.

– De asociarse para los fines de la vida humana.

– De dirigir peticiones individual o colectivamente al Rey, a las Cortes y a las autoridades.

– El derecho de petición no podrá ejercerse por ninguna clase de fuerza armada. Tampoco podrán ejercerlo individualmente los que formen parte de una fuerza armada, sino con arreglo a las leyes de su instituto, en cuanto tenga relación con éste.

Art. 14. Las leyes dictarán las reglas oportunas para asegurar a los españoles en el respeto recíproco de los derechos que este título les reconoce, sin menoscabo de los derechos de la Nación, ni los atributos esenciales del Poder público. Determinarán asimismo la responsabilidad civil y penal a que han de quedar sujetos, según los casos, los jueces, autoridades y funcionarios de todas las clases que atenten a los derechos enumerados en este título.

Art. 15. Todos los españoles son admisibles a los empleos y cargos públicos, según su mérito y capacidad.

Art. 16. Ningún español puede ser procesado ni sentenciado sino por el Juez o Tribunal competente, en virtud de leyes anteriores al delito, y en la forma que éstas prescriban.

Art. 17. Las garantías expresadas en los artículos 4º., 5º., 6º., y 9º., y párrafos primero, segundo y tercero del 13, no podrán suspenderse en toda la Monarquía, ni en parte de ella, sino temporalmente y por medio de una ley, cuando así lo exija la seguridad del Estado, en circunstancias extraordinarias. Sólo no estando reunidas las Cortes y siendo el caso grave y de notoria urgencia, podrá el Gobierno, bajo su responsabilidad, acordar la suspensión de garantías a que se refiere el párrafo anterior, sometiendo su acuerdo a la aprobación de aquéllas lo más pronto posible.

Pero en ningún caso se suspenderán más garantías que las expresadas en el primer párrafo de este artículo. Tampoco los jefes militares o civiles podrán establecer otra penalidad que la prescrita previamente por la ley.

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Responses

  1. Me ha gustado, Javier. Muy interesante — no obstante, usted tiene razón en lo del contexto histórico. En esa época no había NINGUNA otra alternativa que no fuera esa licencia a los mercenarios asesinos del Papado.

    Obviamente que chorradas mal-sonantes como el “derecho a la personalidad y a la imagen” no existían porque estamos hablando de gente muy inteligente que no se dejaba llevar por la corriente populista de niinguna manera.

    Ya que estamos con el tema de las constituciones hispánicas, le acabo de echar un vistazo a la Constitución de la República de Cuba en 1901 — me ha gustado bastante como enfocan los “derechos”, y algunos artículos son muy interesantes aunque algunos no sé si comparto porque no son demasiado garantistas en el tema de la libertad de pensamiento. He aquí un ejemplo:

    “Toda persona podrá libremente, y sin sujeción a censura previa, emitir su pensamiento, de palabra, o por escrito, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento; sin perjuicio de las responsabilidades que impongan las leyes, cuando por alguno de aquellos medios se atente contra la honra de las personas, el orden social o la tranquilidad pública. ”

    Lo de la tranquilidad pública lo acepto y es normal, pero ¿honra de las personas y orden social? Hmm…no sé.

    Sin embargo, éste sí que me gusta:

    “Es libre la profesión de todas las religiones, así como el ejercicio de todos los cultos, sin otras limitación que el respeto a la moral cristiana y al orden público. ”

    Tiene MUCHO SENTIDO esto Javier — más que nada porque YA ES ASÍ de facto — un culto NO puede ir contra el orden público NI atentar contra la “moral laica” (la nueva moral actual que sustituye la papista) — pero eso es inevitable en toda sociedad. No se puede hacer lo que a uno le da la gana. Claro que “la moral cristiana” era para estos, la moral católica, que no es cristiana realmente pero bueno…modificar el artículo de la CE de 1978 para algo así no estaría mal del todo. Por ejemplo: “el respeto a las costumbres arraigadas”….o algo así.

    Más cositas buenas de 1901:

    “La Iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar, en caso alguno, ningún culto.”

    ¿Se imagina eso aquí en España? ¡Ja!

    Para acompañar su artículo, voy a escribir sobre este mismo tema quizás mañana o lunes/martes no sé cuando pero pronto porque hay muchos temas.

    El Art. 2 aquí es interesante porque efectivamente, no permite la contratación de extranjis que tengan titulación no española. Fíjese la diferencia ahora que tenemos: la sanidad (que conste, pública y PRIVADA) está llenísima de médicos extranjeros y a mí me resulta cada vez más difícil encontrar, por ejemplo, a un dentista que sea español aunque mi dentista es español por supuesto y no me gustaría que me atienda un extranjero. En la sanidad está pasando como en la hostelería — cuesta cada vez más ver una cara autóctona detrás del mostrador.

    El Art. 6 es muy interesante: rompe con el concepto puramente individualista del derecho y también insinúa que en la época pensaban igual que yo sobre la inviolabilidad: que sólo era para objetos tangibles como son, por supuesto, las cartas, comunicaciones escritas, maletas, cajones, etc. EN NINGÚN CASO UNA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA por ejemplo.

  2. El apartado último del artículo 1 también es interesante: “La calidad de español se pierde: por adquirir naturaleza en país extranjero y por admitir empleo de otro Gobierno sin licencia del Rey”.

    O se es español o se es de otra nacionalidad. Nada de hispano-tal o hispano-cual.

    Es un Título que fija con bastante precisión lo que son derechos y libertades, algo bastante parecido a las “inmunidades” que se tienen frente al Estado. También se especifican lo que son derechos de todos, independientemente de su nacionalidad, y lo que son derechos de los españoles, de los súbditos del soberano.

    En el artículo 6 no creo que estuvieran pensando, como hemos estado hablando en los últimos días, en posadas y hostales, de hecho, la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 no tuvo problemas de “choques” con lo dispuesto en la Constitución.

    Creo que una “carta de derechos” como esta sería bastante interesante, puede que sustituyendo el artículo 11 por algo así como (parecido a la cubana de 1901):

    “Es libre la profesión de todas las religiones, así como el ejercicio de todos los cultos, sin otra limitación que el respeto a las leyes y el orden público. La Iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar, en caso alguno, ningún culto.”

  3. Me había olvidado antes, ya las leyó en su momento pero, a quien pueda interesar, las dos entradas que escribió Sergio sobre esta época de la Restauración están muy bien:

    http://dogsaga.blogspot.com/2010/09/vindicacion-de-la-restauracion.html

    http://dogsaga.blogspot.com/2010/10/vindicacion-de-la-restauracion.html

  4. Hola,

    Bueno voy a poner un tono crítico al artículo. Si bien es cierto que la constitución de 1876 trajó un amplio periodo de estabilidad, no es menos cierto que su permanencia y el sistema que creó fueron el origen de la crisis de la monarquía y del advenimiento de la dictadura y la república. El sistema turnista creado por Cánovas llevó a la expulsión de facto del sistema político de muchos grupos importantes y de todas las fuerzas anteriores (republicanos, demócratas) que no entraron en el turno, y la imposibilidad de entrar en el sistema de las nuevas fuerzas que se fueron generando (Socialistas, etc.). Durante muchos años el sistema se convirtió en una forma de vida para una clase política preestablecida y cerrada, que fue alejándose de las preocupaciones y problemas del país hasta que eso llevó inevitablemente a su caída.

    Respecto a la ley sobre libertad religiosa de la const. de 1876 no estoy de acuerdo con que fuese lo mejor posible en ese momento. El fracaso de la constitución del 68 no vino en absoluto por la libertad religiosa que declaraba, si no por muchas otras causas asociadas. Que el papado apoyase a los Carlistas podía tener alguna importancia simbólica, pero no podemos olvidar que la tercera guerra carlsta fue mucho menos importante que la pirmera y que objetivamente los carlistas no tenían posibilidad de ganarla.
    Si Cánovas optó por la tolerancia religiosa pero con religión del estado católica es porque desde su punto de vista conservador eso era lo que quería. Esta bien recordar que el “liberalismo” fue una idea rechazada por la iglesia católica desde principios del XIX y que en España en esos años el culto católico en zonas urbanas fue disminuyendo progresivamente y la desafección hacia la religión católica de los ciudadanos más liberales también.
    Desde que Cánovas “insertó” el catolicismo en el estado liberal y lo colmó de privilegios eso cambió. La iglesia aceptó el liberalismo conservador y la práctica católica volvió a subir. Y es importante tener en cuenta que esta realidad llevó también al cultivo del anticlericalismo.

    Finalmente, respecto a lo que dice Alfredo de los dentistas extranjeros, un apunte. El problema que ha pasado con esa profesión es que se ha precarizado. Los dentistas, antaño autónomos y profesionales que vivían muy bien, se han convertido en asalariados de las grandes marcas y clínicas dentales, y eso ha llevado a que sus condiciones laborales sean muchísimo peores ahora que hace 20 años.
    Yo no sé si ha sido la inmigración la que la ha precarizado, o ha sido la explosión de las clínicas dentales la que ha generado, en clara política de reducción de costes, traer profesionales extranjeros. Quizá los problemas en argentina, con unas escuelas de odontología muy potentes, donde la clase media prácticamente ha salido del país, tengan también mucho que ver.
    En cualquier caso tengase en cuenta estos hechos para interpretar adecuadamente el fenómeno.

    Saludos,

  5. Buenas, Pedro.

    En realidad, he hablado un poco de la Restauración pero el centro de la entrada es la declaración de derechos de la Constitución de 1876. La Restauración, como otras épocas o fases históricas democráticas (dejemos a una lado los períodos de dictadura) tiene lógicamente sus luces y sombras, por supuesto no todo era “maravilloso” ni “perfecto”, aunque puede que sea una período con el que no se es lo bastante justo. Las sombras pues sí, la estabilidad del sistema, en parte se basó no solo en la flexibilidad de la Constitución y su capacidad para adaptarse a los cambios políticos, sino en el fraude electoral para favorecer el turnismo de dos partidos y el proteccionismo económico.

    Cánovas es cierto que era católico y posiblemente la fórmula del Estado confesional no le disgustase del todo pero pienso que algo de apaciguamiento había, la Iglesia Católica era en aquellos tiempos una institución aún más poderosa que hoy día. El liberalismo, efectivamente, había sido condenado por Pío IX (el iniciador de la Doctrina Social(ista) de la Iglesia), junto con el socialismo, en 1864 en su encíclica “Quanta Cura”, en lo político, pero, sobre todo, en lo económico: por su “carácter materialista” y por excluir el “aspecto moral de las relaciones entre capital y trabajo” (más o menos como ahora, con Benedicto XVI, las cosas no es que hayan cambiado mucho que digamos). El socialismo, por cierto, lo condenó por pretender “sustituir la Providencia Divina por el Estado”, con lo que ahí empezó la pugna de competencias entre la Iglesia Católica y el socialismo en la que aún seguimos.

  6. “O se es español o se es de otra nacionalidad. Nada de hispano-tal o hispano-cual.”

    Exacto, Javier. Ese ha sido otro de los “problemas” actuales porque hay mucho “nacionalizado” español que sólo es “español” cuando le conviene.

    “En el artículo 6 no creo que estuvieran pensando, como hemos estado hablando en los últimos días, en posadas y hostales, de hecho, la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 no tuvo problemas de “choques” con lo dispuesto en la Constitución.”

    Bueno tampoco seguramente tenían la desgracia, en aquella época, de tener jueces gilipollas como muchos ahora.

    Sí, desde luego que está interesante el tema y seria preciso ahora trabajar, en conjunto, para poco a poco ir cambiando la conceptualización de los derechos “individuales”.

  7. Perdón, un apunte más, Javier:

    Me acabo de dar cuenta de algo “interesante” en la Decl. de Independencia de los EEUU: fíjese usted, dice:

    “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;”

    Me ha hecho gracia lo de “sostenemos como evidentes” porque así es — no dijeron estas verdades SON EVIDENTES. No no, al contrario: “sostenemos” que así es — es decir, en NUESTRA OPINIÓN.

    😉

    “úsease”, que hasta Jefferson estaba de acuerdo con nosotros…

  8. Sobre este tema de la nacionalidad algo va a caer proximamente.

    Atentos.

  9. […] Para más información pulsa aquí […]


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