Posteado por: Javier | marzo 1, 2011

¿Quién es español? (I)

Este tema me vino inmediatamente a la mente al leer la declaración de derechos incluida en la Constitución de 1876, en su artículo 1, cuando se fija quiénes son españoles.

Seguramente muchos estarán preocupados (o, por lo menos, muchos dentro de la gente patriota y decente) por la cantidad de españoles “de carnet”, llamémoslos así, que pululan dentro de nuestras fronteras. O puede que ni eso, que, en la actualidad, tras haber obtenido la nacionalidad española ni tengan intención de volver ni se les espere, una vez hayan conseguido el propósito por el cual solicitaron y obtuvieron la nacionalidad (normalmente la doble, la española y la de su país de origen). Tanto mejor, en este último caso, porque a estos últimos, españoles por conveniencia, yo, desde luego, no los quiero aquí. Pero el problema fundamental es el cachondeo que esto supone, ya que, por lo demás, son como cualquier apátrida que se va a Alemania echando pestes de su país o como cualquier españolito que se viva en EEUU y que diga que “qué pena sería tener que volver a España con lo bien que se está en Niu Yó, y yo ya soy nuyorkino de pura cepa y de toda la vida”. Los habrá más modestos, pero el caso más conocido: el de los futbolistas sudamericanos, auténticos mercenarios de la nacionalidad, que aprovechan los tratados bilaterales de origen franquista que lamentablemente aún tenemos con los países de América Latina para adoptar la doble nacionalidad, jurar la Constitución y no ocupar plaza de extranjero en sus clubes, o, incluso, aprovechar esta circunstancia para pedir aumentos de ficha o hacer más apetecible su fichaje en el mercado futbolístico.

Pero estos solamente son la punta del iceberg. Como, para mí, ser español es un privilegio (no un “derecho”), me mosquea especialmente esta situación, para qué lo voy a negar. No digo que todo nacionalizado sea un mercenario o un sinvergüenza, ojo, aunque a cualquiera que sea más o menos decente indigne cosas como la de este vomitivo vídeo, pero ya va siendo hora de fijar unos criterios más claros sobre quién es español.

Aviso a navegantes: me da exactamente igual, tanto en esta entrada como en la próxima, que me llames lo que me quieras llamar (gansadas como “xenófobo”, “facha”, etc., cualquier cosa, en general que no resista ni el más mínimo análisis). No voy a malgastar mucho de mi tiempo si sueltas algún escupitiajo. Tú sigue fumándote el porro, que hoy vamos a hablar los adultos.

Volviendo al principio, la Constitución de 1876 fijaba expresamente en su artículo 1 que eran españoles:

Primero. Las personas nacidas en territorio español.

Segundo. Los hijos de padre o madre españoles, aunque hayan nacido fuera de España.

Tercero. Los extranjeros que hayan obtenido carta de naturaleza.

Cuarto. Los que sin ella hayan ganado vecindad en cualquier pueblo de la Monarquía.

Este artículo, en su apartado tercero, dejaba la cuestión bastante abierta, y en 1889 se promulgó el Código Civil. En su Libro Primero, Título I, se regulaban estos temas, siendo redactados los actuales artículos 17, 18, 19 y 21 por la Ley 18/1990, de 17 de diciembre, sobre reforma del Código Civil en materia de nacionalidad, pero de aquel texto constitucional, sobre todo, era muy interesante el párrafo final: “La calidad de español se pierde: por adquirir naturaleza en país extranjero y por admitir empleo de otro Gobierno sin licencia del Rey”. O sea, o se era español o se era de otra nacionalidad. Nada de hispano-tal o hispano-cual, como en la actualidad.

Aparte, como vemos, el criterio que se siguió para la adquisición originaria de la nacionalidad fue el del “ius sanguinis”, por tener al menos uno de los dos padres la nacionalidad española, junto con el “ius soli” para los nacidos en territorio español. El “ius soli”, sistema de no demasiado arraigo en Europa y que basicamente se sigue en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Jamaica, Perú, Uruguay, Venezuela, Francia, Reino Unido o EEUU. Hoy día, aparte del “ius sanguinis” y conviviendo con este criterio, en España tenemos una forma más descafeinada del “ius soli”, como veremos enseguida, pero en aquel momento era algo totalmente ajeno a nuestra tradición jurídica. El “ius soli” podía tener su lógica en estos países americanos, en el momento de su fundación, como respuesta a las necesidades de población europea para colonizar el continente, pero no en España.

La determinación de la nacionalidad de origen viene recogida en el artículo 17 del Código Civil, precepto en el que se establece, en su apartado 1, que son españoles de origen:

– Los nacidos de padre o madre españoles.

– Los nacidos en España de padres extranjeros si, al menos, uno de ellos hubiera nacido también en España. Se exceptúan los hijos de funcionario diplomático o consular acreditado en España.

– Los nacidos en España de padres extranjeros, si ambos carecieren de nacionalidad o si la legislación de ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad.

– Los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada. A estos efectos, se presumen nacidos en territorio español los menores de edad cuyo primer lugar conocido de estancia sea territorio español.

Según el apartado 2, la filiación o el nacimiento en España, cuya determinación se produzca después de los dieciocho años de edad, no son por sí solos causa de adquisición de la nacionalidad española. El interesado tiene entonces derecho a optar por la nacionalidad española de origen en el plazo de dos años a contar desde aquella determinación.

De la citada Ley 18/1990, que derogó a la Ley 51/1982, de 13 de julio, de modificación de los artículos 17 al 26 del Código Civil, solo queda en vigor la redacción que dio a los artículos 17, 18, 19 y 21. El resto fue derogado por la Ley 36/2002, de 8 de octubre, de modificación del Código Civil en materia de nacionalidad, que dio redacción a unos artículos que, de momento, no son objeto de esta entrada sino de la siguiente.

¿Qué sería modificable de este precepto?

Con respecto a los nacidos de padre o madre españoles, ningún problema, claro, aunque en el caso de los nacidos en un país que aplicase el “ius soli” no estaría de más un plazo de dos años, tiempo más que suficiente, para optar por la nacionalidad del lugar de nacimiento o la española.

Con el cuarto apartado, ningún problema en aplicar la nacionalidad a los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada así como a aquellos cuyo lugar conocido de estancia sea territorio español, por evitar situaciones de apatridia. Aunque, en caso de llegar a conocerse la filiación o el lugar de nacimiento y esta no fuera la española, se debería estar o a la nacionalidad de los padres o a la ley del lugar de nacimiento.

Segundo apartado, suprimido.

Un borrador de propuesta para una nueva redacción del artículo 17 del Código Civil pudiera ser esta:

“1. Son españoles:

       1º Los nacidos de padre o madre españoles. Para el caso de aquellos nacidos fuera de territorio español, si la legislación del lugar de nacimiento les atribuyese esa nacionalidad, deberán optar entre la misma o la española en un plazo de dos años desde los dieciocho años de edad, aplicándoseles la que tuvieran según el lugar de nacimiento de no ejercitar opción alguna.

       2º Los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada ni pueda determinarse en modo alguno por filiación o lugar de nacimiento. A estos efectos, se presumen nacidos en territorio español los menores de edad cuyo primer lugar conocido de estancia sea territorio español. En caso de llegar a conocerse la filiación o el lugar de nacimiento, y la primera no fuera la española por parte de padre o madre y el segundo no fuera territorio español, se deberá estar o a la nacionalidad de los padres o a la ley del lugar de nacimiento.

      3º Los nacidos en España de padres extranjeros, si ambos carecieren de nacionalidad o si la legislación de ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad.

2. La filiación o el nacimiento en España, cuya determinación se produzca después de los dieciocho años de edad, no son por sí solos causa de adquisición de la nacionalidad española. El interesado tiene entonces derecho a optar por la nacionalidad española de origen en el plazo de dos años a contar desde aquella determinación”.

Como digo, solo es un “borrador”. ¿Qué les parece?

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Responses

  1. una soberana mierda, como todo lo que escribes.

    Te contradices muchas veces. Por un lado, en otros escritos justificas la inmigración o eso parece, y luego ahora te pones duro. ¿Varías en función de las pautas que marquen en Lib,Dem? A ti ya te tengo calado desde que escribiste la mierda esa sobre Kosovo.

    tócate los huevos mas a menudo y deja de escribir gilipolleces.

  2. ¿normal y corriente?

    Sí, hombre, sí: normal y corriente es que un mamarracho palurdo como usted vomite esa cantidad de excrementos putrefactos por los hocicos.

    ¡Qué sorpresa! Un espécimen de parida frustrada.

    ESCUCHEME BIEN, MARICA DE PLAYA, quítese los cerotes de los oídos y escuche:

    No sé si esto será una soberana mierda, como usted dice, aunque en ese caso, siendo “soberana”, tendría incluso más rango y jerarquía que una CACA DE PERRO como usted.

    Lo que sí es seguro es que en dos días o tres días máximo las cacas de perro como usted se secan y se las lleva el viento o bien las pisotean, así que ya sabe preocúpese de su estado, más que de mis escritos. Casi mejor que a un tiparraco inmundo como usted, que no conoce a su padre, sería que se lo llevase la escoba del barrendero municipal, para no correr tan cruel destino, más que nada.

    Pues si que me lee mucho, así que no me voy a tocar los huevos, como usted dice, despojo subhumano, pero con esa obsesión tan rara que parece tener conmigo le recomiendo que se haga una paja para desfogarse en vez de defecar oralmente aquí, que parece que está enamorado de mí, MARICÓN.

    Qué penita, estar en el punto de mira de estos sado-putos.

  3. Al estúpido, atrevido, faltón y despojo cochino que ha firmado como “normal” y “corriente” — la única “corriente” que va a conocer, tipejo, es la corriente de algún “electro shock” que le proporciono el amo/novio en algún juego sado-maso diabólico.

    ¿Qué se habrá creído el mariconazo este? INSOLENTE. IRREVERENTE. IRRESPETUOSO — RESPETE a Javier y a Liberalismo Democrático. De hecho, Lib.Dem ha mejorado desde que entró en escena don Javier, que se preocupa por los excesos que ha ido viendo. Es usted un INMUNDO, porrero.

    ¿Que se toque los huevos? SUCIO — Mamaculo. Lleva usted tanto tiempo haciendo lo mismo que se cree que eso es terápia para los demás. Pobre payaso. Desdentado.

    —————-
    Tema:

    Ok, punto 1 por mí bien.

    Punto 2: Sí pero si se les presume como “españoles” y se les da la nacionalidad, creo que tampoco sería lícito de ahí expulsar a los “progenitores”, si se les encuentra, ya que les dejaría al amparo del Estado y eso cuesta dinero.

    3:

    Sí, pero la de “residencia”.

    Igual, es cierto que mi criterio no es demasiado “garantista” pero bueno, es un tema en el que estoy abierto a modificar mi postura y sobre todo si usted se preocupa por el tema y cree que mi postura puede ser inflexible o injusta.

    Saludos

  4. El criterio de la residencia y los años necesarios lo quiero tratar en la segunda parte, aquí de momento era suficiente con la nacionalidad de origen.

    El supuesto 3º del 17.1 (“Los nacidos en España cuya filiación no resulte determinada. A estos efectos, se presumen nacidos en territorio español los menores de edad cuyo primer lugar conocido de estancia sea territorio español”, en la redacción actual) entiendo que en el Código Civil está previsto para casos en que sea absolutamente imposible determinar la filiación o el lugar de nacimiento de alguien, una presunción para no crear la laguna jurídica de que alguien de quien no se sepa su origen y a quien ningún país “reclame” como ciudadano suyo quede como apátrida. Habrá casos en que esté más o menos claro que no es de origen español, un negrito de pocos años, es muy presumible que o sus padres no son españoles o ni siquiera nació en España, pero, claro, ¿de qué país es originario? Eso como una medida muy extraordinaria, por supuesto, y una presunción “iuris tantum”, que admite prueba en contrario: si aparecen, por cualquier motivo, pruebas de que esa persona es hijo de nacionales de un país concreto o que nació en tal país la fiscalía o la autoridad judicial deberían iniciar los trámites para denegar la nacionalidad, pues ahí sí es determinable.

    Por eso he puesto, como una idea, la coletilla “En caso de llegar a conocerse la filiación o el lugar de nacimiento, y la primera no fuera la española por parte de padre o madre y el segundo no fuera territorio español, se deberá estar o a la nacionalidad de los padres o a la ley del lugar de nacimiento”.

    Lo que ocurre es que ahora he pensado: ¿qué pasa si, en este caso, a quien se otorgó la nacionalidad de esta forma, y se descubre que su filiación es otra, lleva más de 10 años viviendo en España, o el plazo que sea? En principio, puede que se le pudiera dar un plazo para regularizar su situación y, a partir de ahí, comenzar a contar los años de residencia necesarios para obtener la nacionalidad de este modo.

    Son solo algunas ideas.

  5. Humm y otro problema en que no había caído, según la Constitución, “Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad” (el 11.2 de la CE), con lo que este supuesto es muy problemático. Desde luego, requeriría una reforma constitucional, así como si se quisiera castigar los delitos de traición (del 581 al 588 del Código Penal), con la perdida de la nacionalidad aparte de las pertinentes de prisión.

    Por cierto, ¿qué decía en estos casos la legislación anterior a la Ley de 1982? Como es algo que está derogado desde hace mucho es muy difícil de encontrar en internet.

  6. Modificar la constitución y derogarla si hace falta, no te jode. Esto es como lo de antes, utilizar una gamberrada en Madrid que es un hecho aislado para aprovechar y pedir recortes en educación, subida de las tasas universitarias y otras barrabasadas. Esa táctica es muy vieja y ya esta muy vista. Lo de siempre con la derecha.

    Esta página web es ultra y radical y debería llamarse:

    LA VOZ DE LOS HIPER REACCIONARIOS

  7. Juan, vaya chorrada de comentario que ha dejado.

    ¿Recortes qué, Juan? Usted nació ya recortado en sus facultades mentales. Y que yo sepa sí hay un procedimiento de reforma constitucional, debería leerse los textos legales antes de tirarse a la piscina haciendo el tonto, pero viendo su intervención eso debe ser mucho pedir, habla de la Universidad cuando seguramente a usted le suspendieron y ya le dieron por imposible en la guardería. Solo leyendo por encima se ve que su cerebro, si es que tiene algo entre las cuatro paredes de su cráneo, está frito.

    La web es ultra, radical y reaccionaria. Ultra, radical y reaccionaria contra las tonterías de tontos como usted.

    Hoy es el día de los trolls y las payasadas, según parece.

  8. UYYYY no me había percatado del nuevo subnormal, Juan. ¿Recortes, dice? ¿Qué tal si hablamos de los recortes que ha iniciado el PSOE? ¡Ah! No, que para este borracho es más fácil acusarnos de “reaccionarios”.

    Usted sí que está viejo y muy triste: apriétese el cinturón y cómase la mierda que ha votado. IMBÉCIL. RATA.


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