Posteado por: Javier | abril 7, 2011

País de leyes, no de inmigrantes

Dentro de la mediocridad (porque estamos inmersos en una época de políticos mediocres, con eso es con lo que nos ha tocado trabajar) con la que tenemos que convivir en estos tiempos, a izquierda y derecha, algo de sentido común conservan los republicanos useños. Aunque no esté muy claro a quién puedan presentar con peso suficiente para acabar con el obamismo, por lo menos, en el Senado de los EEUU ya llevan una temporada, desde su victoria electoral en noviembre del pasado año, parando leyes “progres”.

Allá por diciembre de 2010, le tocó al “Dream Act”, una ley obamita que pretendía una amnistía para los hijos de inmigrantes ilegales en los EEUU así como que éstos pudieran tener acceso a préstamos para la educación y poder acudir a las universidades, recibir tratamiento médico, etc. En resumidas cuentas, premiar la condición de ilegal y provocar un efecto llamada de más y más mejicanos. En realidad, lo que mejor viene a Obama, futuros receptores de subsidios, más estadounidenses “de mentira”, más votos memócratas en el futuro, por más que EEUU acabe totalmente desnaturalizado y desfigurado con respecto a la nación liberal y democrática que hemos conocido hasta ahora. Y hasta ahora porque cada vez lo es menos, desgraciadamente. Menos mal que tumbaron esa aberrante ley, que, aparte de ese premio a la ilegalidad, regalando la nacionalidad, pretendía que los hijos de indocumentados pagasen las mismas tarifas universitarias que el resto de estudiantes residentes en EEUU. Piénselo bien: usted quisiera tener la oportunidad de estudiar en EEUU, supongamos. Pues, para eso, debe cumplir rigurosamente todos los requisitos académicos y papeleos. Ahora bien, si es usted ilegal, no se preocupe, ¡hombre!, todas las facilidades del mundo…

Allí, los problemas son muy similares a los que tenemos en España y las soluciones igual de erradas. La “integración” que buscan los defensores de las fronteras abiertas, si no surge de motu propio desde los propios inmigrantes, no será posible de forma incentivada desde las instancias estatales. Será como arrojar los billetes de un dolar al retrete y tirar de la cadena. Y está claro que, aparte de hacer crecer demográficamente a los EEUU, la mayoría de inmigrantes no se sentirán identificados con la nación norteamericana.

No es “racismo”, es realismo. Estados Unidos estaba mucho más cerca de ser una nación liberal, aunque en eso todavía esté por encima de Europa, cuando casi toda su población era de origen europeo y cristiana protestante: los famosos, y denostados por las teorías multicultis, WASP (“Blanco, Anglo-Sajón y Protestante”, White, Anglo-Saxon and Protestant), aún mayoritarios aunque cada vez menos, más aún con las cifras de inmigración ilegal que existen allí. Es una realidad, aunque, como es lógico, haya que valorar, también es cierto, el respeto de Estados Unidos hacia sus minorías étnicas y religiosas (nos sacan varios cuerpos de ventaja a los “progresistas” y “tolerantes” que somos los europeos en esta cuestión) y la derrota, en tiempos de Abraham Lincoln, de una institución tan odiosa e ignominiosa como la esclavitud.

Sin embargo, uno de los discursos más políticamente correctos y dañinos que han surgido en el país norteamericano ha sido el de afirmar que Estados Unidos es una nación de inmigrantes”. Queda “bien”, no hay duda, pero es totalmente falso. Curiosamente, el 85% de los residentes en EEUU, aproximadamente, son nacidos en el país, por el 15% que son de origen foráneo. Estados Unidos creció en población hasta sobrepasar los 300 millones de habitantes con una porción de inmigrantes, pero el país NO fue fundado ni construido por inmigrantes, sino por descendientes de anglosajones que, allá por 1776, llevaban ya un siglo y medio viviendo y totalmente asentados en la costa este norteamericana.

Si los EEUU fueran un “país de inmigrantes”, ¿cómo se explican lo que ya en el siglo XVIII decían los Padres Fundadores? George Washington y James Madison sí hablaron de asimilación de los inmigrantes con la sociedad estadounidense, pero no en el sentido “progre”-“multicultural” actual. Lo que tenían claro es que la inmigración que llegase a EEUU tenía que ser asimilable a la población local: europeos, y, preferentemente, anglosajones, o, en su defecto, al menos, blancos y protestantes. Desde luego, no pensaban en asimilar una avalancha de mejicanos o centroamericanos, eso seguro que no. Y, por otro lado, fundamentalmente, se referían a asimilación del sistema legal americano, de respeto a las leyes como condición sine qua non.

Washington, en una carta a John Adams, dijo que los inmigrantes debían ser integrados en la sociedad norteamericana para que “gracias a una mezcla con nuestra gente, ellos o sus descendientes consigan asimilar nuestras costumbres, medidas, leyes; en una palabra, convertirse pronto en una unidad”, mientras que, por su parte, Madison afirmó en el Congreso, en 1790 que Estados Unidos debería dar la bienvenida al inmigrante que pudiera integrarse, pero excluir al que no pudiera “incorporarse fácilmente a nuestra sociedad”.

Más claro aún lo tenía Alexander Hamilton, y los males sobre los que alertaba serían identificables tanto en su país como en el nuestro (o en cualquier otro de los del entorno que nos rodea pero, lógicamente, el que me interesa es España): “La seguridad de una república depende esencialmente del vigor de un sentimiento nacional común; de su uniformidad en principios y costumbres; de ciudadanos exentos de las inclinaciones y prejuicios foráneos; y de ese amor a la patria que se encontrará casi invariablemente estrechamente vinculado al nacimiento, la educación y la familia. […] los Estados Unidos ya han sentido los males de incorporar a una gran cantidad de extranjeros a su masa nacional; por promover en diferentes clases distintas predilecciones en beneficio de naciones extranjeras concretas, y antipatías contra otras; ello ha servido para dividir a la comunidad y distraer a nuestros consejos. A menudo, probablemente inclinándose a comprometer los intereses de nuestro propio país en favor de otros. El efecto permanente de tal política será que, en tiempos de gran peligro público, siempre habrá una entidad numerosa de hombres de quienes sólo habrá motivos de desconfianza; el recelo solamente debilitará la fuerza de la nación, pero su fuerza podría ser empleada realmente en ayuda de un invasor. […] Admitir a extranjeros de forma indiscriminada con derechos como ciudadanos desde el momento en que ponen un pie en nuestro país equivaldría a admitir cierto caballo griego en el reducto de nuestra libertad y soberanía”. Para Hamilton la conservación de la república dependía “de la preservación de un espíritu y de un carácter nacionales”.

Estados Unidos es un país de leyes y de un sistema político, legal y judicial muy bien construido y ajustado, hace más de 200 años, por sus fundadores, no de inmigrantes. Y todavía un referente de ciertos valores liberales, pero solo mientras la mayoría de su población siga siendo culturalmente compatible con los mismos.

En el momento en que no sea así, habrá dejado de ser una de las referencias más importante para los liberales. Y ese día, uno bastante trágico para Occidente.

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Un pequeño BONUS TRACK, ya que estoy con temática estadounidense: el límite de deuda que puede soportar un país explicado de forma muy, muy, muy, muy pero que muy sencilla, en este video publicado originalmente en la web en español de la Fundación Heritage.

Tan sencilla que hasta un votante de Barack HUSSEIN Bobama (como el gordinflón que lo protagoniza) podría entender:

.

¡NO SE PUEDE GASTAR MÁS DE LO QUE SE INGRESA! ¡QUE NO! ¡QUE NO!

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Responses

  1. ¡Otra vez Javier! ¡Otra vez “coincidimos” en temática! Vd había publicado esto anoche justamente cuando yo publiqué mi artículo — y toqué temática estadounidense — y tú también. Esto no es normal y es DEMASIADO. ¿Tendremos alguna relación sanguínea o qué?

    Comparto lo que dice obviamente aunque no entiendo una frase:

    “Curiosamente, el 85% de los residentes en EEUU, aproximadamente, son nacidos en el país, por el 15% que son de origen foráneo nació en el país”.

    Explíquela.

    Perdón: quise decir — por favor, ¿podría explicar vd esa frase, vuestra merced? No quisiera robarle ni un micro-segundo ni atentar contra su dignísimo honor y sangre noble.

  2. Ha sido una errata al escribir rápido, en realidad, el “nació en el país” del final sobra.

    Lo del tema estadounidense, es verdad, lo he visto. Me había gustado ese video, está curioso, y hacía varios días que quería postearlo. El gordito que lo protagoniza, Steve, es muy bueno. Es un personaje 100% obamil, o zapateril. Siempre sonriendo a todo el mundo, siempre sí a todo y siempre ganándose a todos con dinero que no es suyo.

  3. “Siempre sonriendo a todo el mundo, siempre sí a todo y siempre ganándose a todos con dinero que no es suyo.”

    100% acertada su descripción.


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