Posteado por: Javier | abril 10, 2011

El cristiano y el alcohol

Esta tarde he tenido que resistir una “tentación”.

Después de leer esta entrada tan “sugestiva”, con esas fotos de un pub típicamente “anglo”, ganas entraban de ir al supermercado a comprar unas cervezas y disfrutarlas en esta maravillosa y soleada tarde de sábado, pero no, hoy no.

Pero la verdad es que me gustaría tener ocasión en mi ciudad de ir a algún pub típicamente inglés, lástima que en España casi todos los pubs son irlandeses, aparte de algún que otro escocés desperdigado. Ojo, no es que me desagrade necesariamente, a falta de otra cosa, alguna vez que otra, voy a un irlandés, pero me gustaría poder ir más frecuentemente a alguno puramente anglosajón.

Cierto que soy un poco más de whisky que de cerveza, aunque, eso sí, de licor solo me tomo una copa cuando se tercia; para tomar varias seguidas, por supuesto, en jarras o en botellín, nada de esa mariconada de la “caña”, sí soy de cerveza, claramente. La cerveza española no me hace gracia, en eso no soy nada patrio, a diferencia de otras cosas, y la que más me gusta es la “Grimbergen”, belga, por supuesto, junto con la “Paulaner” o la “Spaten”, alemanas, dos magníficas cervezas también.

Pero… ¿está bien para los cristianos hacer esto? Beber alcohol, e incluso disfrutar de nuestra copa o nuestra cerveza.

Hay iglesias que defienden el ser totalmente abstemio, no como un consejo sino como una obligación, un deber cristiano: no se debe beber ni una gota de alcohol (¿ni una gota? ¿qué ocurre entonces con el vino, al cumplir con el sacramento de la Cena del Señor?).

Un viejo chiste protestante dice así: “¿Qué hacen dos presbiterianos si se encuentran en una licorería y qué hacen dos bautistas en la misma situación? Los presbiterianos se saludan y los bautistas… se evitan”.

En fin, ser abstemio y no beber alcohol es una muy buena opción para la salud física y la salud de nuestra fe. Pero la Biblia expresamente NO PROHIBE BEBER ALCOHOL. Pensar lo contrario es un legalismo más.

La Biblia no condena el hecho en sí de beber alcohol, sino la borrachera, la embriaguez. Como en tantas otras cosas, NO se condena el hecho en sí, sino las consecuencias morales, la actitud moral, la Ley de Dios es, ante todo, LEY MORAL. El estar borrachos nos hace perder el control de nosotros mismos, nos puede conducir a cometer otros pecados, podemos causarnos un daño a nosotros mismos o al prójimo. Esto es lo condenable bíblicamente.

El alcohol, desde el punto de vista bíblico, no es malo en sí mismo, sino el uso que le demos. El alcohol procede de vegetales, de plantas, seres vivos creados por Dios. No es malo de por sí lo que Dios ha creado, sí puede serlo el mal uso que hagamos seres pecaminosos y tan tendentes a equivocarnos como somos los hombres (NO, PORRERO, NO ESTOY INSINUANDO Y DEJANDO LA PUERTA ABIERTA A QUE, ENTONCES, FUMAR MARIHUANA “PUEDA SER BUENO” PORQUE “LA HAYA CREADO DIOS”).

¿Nos advierte la Biblia frente al alcohol? Indudablemente:

Proverbios 20:1: “El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!”

Proverbios 21:17: “El que ama el placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico”.

Proverbios 23:20: “No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne, pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza”.

1 Corintios 6:10: “Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Efesios 5:18: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”.

1 Timoteo 3:8: “Los diáconos, igualmente, deben ser honorables, sinceros, no amigos del mucho vino ni codiciosos de las ganancias mal habidas”.

Tito 1:7: “El obispo tiene a su cargo la obra de Dios, y por lo tanto debe ser intachable: no arrogante, ni iracundo, ni borracho, ni violento, ni codicioso de ganancias mal habidas”.

Tito 2:3: “A las ancianas, enséñales que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno”.

En Deuteronomio 21 se establecía como castigo, en la nación de Israel, la muerte para el hijo que fuera rebelde contumaz y borracho (¿se imaginan eso hoy con los botelloneros actuales? ¡La población juvenil acabaría casi diezmada!): “Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá”.

Ante todo, y expresamente, lo que ofende de sobremanera a Dios es que tengamos otros dios (“No tendrás dioses ajenos delante de mí”), el que sea, da igual, lo ofensivo para Dios es que el centro de nuestra vida sea otra cosa aparte de Él. Por algo es un Dios “celoso” de la reverencia y veneración que le debe Su Pueblo (Éxodo 20).

Esto es lo que ocurre con el alcoholismo: EL ALCOHOL ES EL CENTRO DE TU VIDA, TU DIOS.

Pero no es un pecado el mero hecho de beber alcohol.

Tenemos el ejemplo del propio Señor Jesucristo. Jesús convirtió el agua en vino, probablemente bebía vino de vez en cuando (Juan 2:1-11; Mateo 26:29). En los tiempos del Nuevo Testamento, el agua no era muy limpia. Sin los esfuerzos de la instalación sanitaria moderna, el agua estaba llena de bacterias, virus, y todo tipo de contaminantes. Esta misma realidad se da hoy en día, en la mayoría de los países del tercer mundo. Como resultado, la gente a menudo tomaba vino (o jugo de uva) porque era menos probable que estuviera contaminado. En 1ª Timoteo 5:23, Pablo daba a Timoteo instrucciones para que dejara de tomar agua (la cual probablemente era la causa de sus problemas estomacales), y que en su lugar bebiera vino. La palabra griega para vino en la Biblia, es la palabra más básica cotidiana. En esos días, el vino era fermentado, pero no al grado en que lo es hoy. Es incorrecto decir que era jugo de uva, pero también es incorrecto decir que era el mismo vino que se usa hoy en día.

Señores cristianos, si beben, háganlo con moderación, disfruten su cerveza o su licor, den gloria a Dios por ella (como hacía Spurgeon por los puros que fumaba), pues un regalo de Dios es la vida, y recuerden que no son los legalismos ni las doctrinas de hombres lo que les salvará, sino la obra perfecta de Jesucristo nuestro Señor en la Cruz del Calvario.

Buen domingo.

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Responses

  1. Hola Javier:

    Me ha gustado bastante este tema, sobretodo porque soy abstemio (jeje).

    En fin, es cierto que la biblia no prohibe tomar alcohol, pero en países como el mío la mayoría de las iglesias protestante lo prohiben expresamente. Podría hacerles ver que están exagerando; pero en un país como el mío, donde el alcoholismo es un verdadero flagelo, me cuido de no hacer tropazar a los “pequeños” en la fe. Ya Pablo había recomendado en cuidar tu comportamiento frente a otro hermano que pudiera malinterpretar la “libertad” que nos dió el Señor Jesucristo.

    Saludos.


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