Posteado por: Javier | abril 18, 2011

Libres sí, pero… cuidado

Una de las ideas que tengo bastante claras es que la mejor forma de combatir el totalitarismo es confrontarlo con la libertad. A casi cualquiera normalmente, si se le da a elegir, lo que escoge es la libertad. Lo que no se puede pretender es que cualquiera que esté sometido de forma totalitaria busque esa libertad mientras desde fuera se le imponen más restricciones aún de las que ya de por sí sufre.

Por eso, en los años 70 y 80, aunque el régimen del apartheid en Sudáfrica era algo tremendamente injusto, imponer sanciones internacionales y prohibiciones de mantener relaciones con este país era bastante contraproducente (sobre todo, viniendo de un organismo como la ONU, el cual, si por algo no se caracteriza es porque la mayoría de sus miembros puedan dar demasiadas lecciones en lo que a respeto a la libertad se refiere).

Y, por eso, también es contraproducente que hoy día se mantenga el embargo comercial de EEUU contra el régimen comunista cubano. Aunque el primer “embargo” de EEUU sobre Cuba fue el de armas al régimen batistiano en 1958 (no olvidemos, aquellos tiempos en que Fidel Castro oficialmente “no era comunista” y tenía el apoyo de la CIA para derrocar al régimen corrupto de Batista, y todo, como lo ven y lo oyen) e inicialmente fue una respuesta a las expropiaciones por parte de Cuba de propiedades de ciudadanos y compañías estadounidenses en la isla, actualmente lo que tenemos es la Ley Helms-Burton, aprobada por el Congreso norteamericano en 1996, bajo la presidencia de Clinton, que eliminaba la posibilidad de hacer negocios dentro de la isla o con el gobierno de Cuba por parte de los ciudadanos estadounidenses. También quedaron impuestas restricciones sobre el otorgamiento de ayudas públicas o privadas a cualquier sucesor del Gobierno de La Habana hasta que, por lo menos, ciertos reclamos contra el gobierno de Cuba quedaran aclarados. En 1999, Bill Clinton amplió el embargo comercial prohibiendo a las filiales extranjeras de compañías estadounidenses comerciar con Cuba por valores superiores 700 millones de dólares, salvo ciertos productos humanitarios.

Lo mismo que es predicable de Sudáfrica lo es de Cuba. No es una medida muy afortunada ni favorable a la libertad restringir la libertad de cada cual para comerciar con quien le dé la real gana, siempre que el negocio sea lícito. No son los empresarios estadounidenses los encargados de que el régimen cubano caiga, y sí es una ley absolutamente antiliberal una que pone trabas de este tipo al libre mercado. Porque, ¿y qué ocurre con China o Vietnam? ¿Esas no son dictaduras comunistas y tiránicas? Junto con esto, el embargo da una excusa perfecta a la dictadura castrista: la pobreza de la isla no se debe a la incompetencia comunista, sino “al embargo”. Lo cierto es  que es una medida que a lo que ha llevado a la dictadura es a enquistarse cada vez más en sí misma, a ser cada vez más represiva y también ha afectado a muchos cubanos que nada tienen que ver con el castrismo. No se puede estar pidiendo a los cubanos que luchen por su libertad mientras desde fuera se les impide que, por lo menos, saboreen un poco de esa libertad.

Igual ocurre con la libertad en la difusión y expresión de ideas.

Allí donde con menos fuerzas ha brotado el extremismo, hasta el punto de marchitarse rápidamente, es donde se ha dejado a los extremistas manifestar públicamente sus ideas.

¿Nos podemos extrañar de que en la Europa continental sea donde mayor éxito tengan estos extremistas? No solo hablo de grupos neonazis o de ultraizquierdistas, skin heads, sharperos y todas esas “hierbas”, que se dediquen a agredir al prójimo o a la propiedad privada ajena. También de partidos políticos que presentan ideas similares de forma mucho más “suave” o “maquillada” y que, aprovechando el mosqueo general con el fenómeno de la inmigración, utilicen el descontento de los más afectados por el aumento de inmigrantes, cansados de salir por su ciudad y de que ésta parezca La Paz o Marrakech, consigan un cierto tirón electoral.

Vale que, junto con el FPÖ austriaco o el Frente Nacional de Le Pen en Francia, en las islas británicas, con una trayectoria a favor de la libertad en la expresión de ideas mucho mejor que la que hemos desarrollado en el continente, tenemos el fenómeno del British National Party (el BNP). Pero veremos cuánto dura, aparte de que el Reino Unido ya no es lo que era en ese sentido, junto con la irresponsable política de los laboristas durante años, con la connivencia de los conservadores (puro electoralismo lo último que ha dicho Cameron, sobre que la inmigración masiva había destruido algunas comunidades en Inglaterra, aunque tenga razón).

¿Qué resultados han obtenido a lo largo de su historia el Partido Nazi Americano o el Partido Comunista de los Estados Unidos? Casi testimoniales.

Hace poco hemos tenido la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) sobre el caso de las injurias del desgraciado de Otegui al Rey. Ya me pronuncié sobre ello y mi criterio está claro: si eres un terrorista, ten por seguro que, si yo tuviera algún poder en este país, conmigo ibas a cagarte por las patas abajo e ibas a desear no haber nacido, pedazo de criminal, pero, entretanto, hablar, abrir la bocaza y soltar algo con relevancia y finalidad política, es gratis. No es lo mismo soltar un “gora ETA” o llevar una camiseta con un anagrama de los terroristas, que ayudar a los etarras a cometer un atentado, proporcionándoles armas o explosivos o convirtiéndote en ejecutor material.

Con grupos y bandas urbanas como los latin kings o los skins, más o menos, lo mismo:  por el mero hecho de reunirse entre ellos, desde luego que no (sobre todo porque a la hora de juntarse cada uno lo hará con los suyos). Y no es cuestión de criminalizar una estética. Por la calle se les reconoce pero a nivel legal, si pretendiera prohibirse, ¿cómo fijamos en la ley cual es exactamente la estética “delictiva” o “ilegal”? Porque hay montones de jovenzuelos que parecerían latin kings sin serlo, tanto por la pinta física como por la vestimenta (por cierto, por los mismos motivos es absurda la prohibición de velos en mujeres musulmanas, ¿lo pillamos?). Cuestión distinta es que esta gentuza, los skins, por ejemplo, lancen un llamamiento tipo “hay que apalear negros”, a que estén planeando una acción concreta de este tipo o que la lleven a cabo. Apalear a alguien es delito, eso está claro, pero, ¿es lo mismo “predicar” eso? ¿Debemos llevar hasta esas manifestaciones el Derecho penal?

Eso sí, sea usted nazi, anarquista, comunista, pro-etarra o lo que dé la gana y diga lo que quiera, pero asuma las responsabilidades por lo que ha dicho. Somos seres sociales, ninguno vivimos en una caverna y determinadas palabras o señas exteriores hacen que la mirada se fije en ti. Así como que salten algunas alarmas.

No puedes pretender ir diciendo “hay que apalear a negros, moros, sudacas y maricones” y que después todo sea “pelillos a la mar”. No solo que los que te rodean no te afeen la conducta y tengan que respetarte por cojones. Eso está por descontado: libertad para hablar, sí, claro, pero no andes exigiendo respeto si expresas ideas más propias de un criminal. Ni tampoco andes pidiendo que no se te vigile si por lo que expresas, aunque no cometas ningún acto delictivo, das todas las señales exteriores de ser un sedicioso o terrorista en potencia.

Antes he hablado de expresiones con “relevancia y finalidad política”. Si, por supuesto. Recuerdo un día, hace ya varios años, en los Juzgados de Sevilla, en el que un “gracioso” vació uno de los extintores, colocados para caso de incendio, en el tercer piso, llenando todo el edificio de una gran polvareda y creando unos momentos de gran revuelo y desconcierto, pues mucha gente empezó a correr despavorida creyendo que había fuego. Bien, el gilipollas anónimo que vació el extintor, en caso de ser pillado, no podría haber alegado que se estaba “expresando” así. Tampoco estaría en el mismo caso un fulano que se hubiera descargado una película porno de internet y se pusiera a verla en su ordenador portatil en un autobús lleno de gente (otra cosa sería algo como la asquerosa “porno-campaña electoral” que hemos visto en Cataluña no hace mucho: sí pudiera aceptarse que la pornografía dirigida a exponer un mensaje político entrase dentro de la libertad de expresión). Ni el famoso ejemplo de la bromita del idiota que grita “¡fuego!” en un cine para provocar el pánico.

Expresión con finalidad política sí sería quemar la bandera, por ejemplo. En España está tipificado como delito en el Código Penal, pero es algo protegido en EEUU por la Primera Enmienda, según declaró la Corte Suprema de ese país en Texas v. Johnson, 491 U.S. 397, en 1989, cuando invalidó las leyes que prohibían la “Profanación de la bandera” estadounidense, en rigor en 48 de los 50 estados al momento de la sentencia. La Corte Suprema reconoció que la libertad de expresión no se limita a la expresión oral (en base a precedentes como Tinker v. Des Moines Independent Community School District, 393 U.S. 503, en 1969, el uso de un brazalete negro por unos estudiantes en una escuela, en protesta contra la Guerra de Vietnam, como forma de expresión). La Corte rechazó la idea de que existiera una aparente cantidad ilimitada de conductas que podían ser descritas como “expresión”, pero reconoció que en cualquier momento en que una persona quiera comunicar una idea, existen conductas no verbales que incluyan suficientes elementos comunicativos para ser protegidos por la Primera Enmienda. Al decidir sobre cuales conductas poseían una cantidad suficiente de elementos comunicativos, la Corte determinó que lo serían cuando existiera un intento de entregar un mensaje particular, cuando existiera una mayor probabilidad que éste fuera entendido por quienes lo observaran.

Eso no quita que determinados grupos que se caracterizan, entre otras cosas, por su gusto por quemar la bandera americana tengan que pedir permiso a la autoridad para manifestarse, anunciando la hora y lugar. Regular esta libertad cuando su ejercicio puede afectar a la seguridad y orden público no es “impedir” la libre expresión. Como no lo sería que el municipio en el que fuera a celebrarse determinada manifestación, que pudiera tener visos de ser “calentita”, cobrase una tasa por la limpieza de los desperdicios dejados por los manifestantes (o, incluso, posibles daños a la propiedad pública) y por los gastos policiales ocasionados para garantizar la seguridad y la ausencia de incidentes durante la marcha.

Si es posible regular algunas manifestaciones y expresiones que tienen una proyección sobre el orden público, con mayor razón aún se puede poner bajo vigilancia a ciertos grupos que, a través de sus manifestaciones, sean verbales o no verbales, den muestras de potencial peligrosidad. Es lo que podríamos llamar una “libertad vigilada”, puesto que evidentemente, no es lo mismo que se manifieste un grupo de cazadores pidiendo al gobierno que la caza del gamusino sea “actividad protegida” y subvencionada que un grupo de pro-etarras o de radicales ultraizquierdistas. No es igual que se manifieste un grupo de jubilados pidiendo que aumenten las pensiones a que lo haga un grupo o partido neonazi. ¿Sería comparable una marcha de un grupo de padres solicitando que a sus hijos los admitan en el colegio público X a unos tipos voceando “negro vas a morir” o “kaña al kapital, los bancos, con goma-2 los vamos a volar”?

Todos deben tener una libertad de expresión a la hora de expresar opiniones y mensajes políticos (con CONTENIDO POLÍTICO: ir desnudo o masturbarse en plena calle, normalmente, por ejemplo, en el 99% de los casos son conductas no vinculadas a mensaje político alguno y existe un consenso general en que no se quiere eso como algo legal, eso no es “libre expresión”), incluso puede garantizarse a la hora de exponer el delito como algo “moralmente bueno”, su apología, pero el Estado tiene, igualmente, una obligación de proteger la seguridad y la vida de sus ciudadanos.

¿Acaso estaría cumpliéndola si no investigara o vigilara las actuaciones de este tipo de grupos o individuos potencialmente peligrosos?

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Responses

  1. […] enseguida). Simplemente a tener conciencia de que al ser sociedades libres somos vulnerables. Ya dije en una entrada anterior que la libertad ideológica no está reñida con la vigilancia a elementos que, por sus señas […]


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