Posteado por: Javier | abril 23, 2011

Maldita sea la Unión Europea

Cuenta la Biblia, en el libro de Génesis, capítulo 11:1-9, cómo, en tiempos remotos, se reunieron los hombres, desafiando a Dios, y quisieron hacer una magna obra, símbolo de la unidad mundial y de cómo podían ellos mismos ser su propia ley al margen de la voluntad divina:

1 Era entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras. 2 Y aconteció que, como se partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Shinar, y asentaron allí. 3 Y dijeron los unos á los otros: Vaya, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un lenguaje: y han comenzado á obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensando hacer. 7 Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

La historia de la Torre de Babel, básicamente, es la del intento del hombre de edificar una enorme obra que identificara con un “nombre propio” a todo el género humano, por si eran “esparcidos sobre la faz de toda la tierra”, la de la rebeldía interior del ser humano en contra de su Creador, que lo lleva a pensar que sus propios logros son lo importante. Los constructores de la Torre de Babel pensaban que no necesitaban a Dios, sino que podían erigir su egocentrismo como su propio “dios”.

El castigo de Dios fue confundir las lenguas de aquellos que edificaban la torre, con lo que, al no poder entenderse entre ellos mismos, dejaron su obra sin concluir.

Babel fue el primer intento de construir una entidad mundialista global y de eliminar toda división entre los hombres. Hoy día, el hombre sigue poniendo los ladrillos en sus torres de Babel, como lleva haciendo por siglos y siglos. Pretende llegar a la perfección y la virtud sin Dios. La virtud, según entiende el hombre, es la unidad sin discriminación entre lo bueno y lo malo, y, es más, sin poder calificar nada como “bueno” o “malo”: por eso ha erigido un proyecto tras otro para lograr esta unidad, desde Alejandro Magno, pasando por el Imperio Romano, los intentos de unificar Europa bajo Carlomagno, la monarquía universal hispánica o el Imperio napoleónico, la Europa de Hitler, el comunismo, etc., hasta llegar a entidades como la ONU o la UE, en la actualidad.

La ONU es el verdadero paradigma de esta obsesión humana por la unidad: en la ONU no se discrimina a nadie, todos tienen la puerta abierta, todos tienen voz y voto, todos tienen potestad para dictar normas universales aunque sean las dictaduras más abyectas o verdaderos criminales.

Lo importante no es la verdad, sino la unidad a cualquier precio: ese es el “dios” moderno que venera el hombre.

En Europa, érase una vez, tuvimos algo llamado CEE (Comunidad Económica Europea), algo que no pasaba de ser una mera unión en materia comercial pero que no suponía ningún límite a la soberanía de los distintos estados ni ninguna tiranía como la actual bruselense, un gobierno supranacional erigido al margen de la voluntad de sus ciudadanos.

Un gobierno que no duda en no aceptar el resultado de referéndums, como ocurrió con el NO irlandés al proyecto de Constitución Europea, o en amenazar a Finlandia a la vista de que el nuevo Parlamento finés pudiera oponerse a los rescates financieros diseñados para salvar el cáncer de la moneda común.

Resulta que en las elecciones parlamentarias finlandesas del pasado domingo un partido llamado “True Finns” (“Verdaderos Finlandeses”) se ha convertido en el tercer partido de ese país con 560.075 votos y, muy probablemente, en la llave del nuevo gobierno. Al margen de que han sido calificados inmediatamente, y un poco histéricamente, en el resto de Europa como de “ultraderechistas”, parece ser que se oponen al aborto, son contrarios al “matrimonio” gay, pretenden un endurecimiento de las leyes penales, son nacionalistas y desean una identidad finlandesa más firme, así como un estricto cumplimiento de las leyes migratorias, son euroescépticos y quieren la salida del país de la OTAN, así como partidarios de Israel (según dijo en un debate en televisión su líder, Timo Soini:Where the Middle East is concerned, I am a friend of Israel I dare to say, which is surrounded by hostile Arab states. It has (Israel) the right to live and to exist.“).

No huele muy bien lo de salir de la OTAN, pero lo que ha causado verdadera polémica, por encima de otras cosas, es la postura de este partido contraria a los rescates financieros y a que Finlandia los apoye.

Esto ya ha hecho saltar todas las alarmas en Bruselas. El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, un finlandés llamado Olli Rehn, ha advertido de las consecuencias de un NO de su propio país al rescate financiero de Portugal, y aseguró que el nuevo Parlamento de Helsinki debería aprobarlo “por el bien de Finlandia. El nuevo Gobierno y el nuevo Parlamento deben decidir si Finlandia participa en la línea europea común para evitar la quiebra de Portugal o si optan por quedarse fuera, con todas sus consecuencias”.

Aunque la contribución de Finlandia al rescate portugués fuera a ser muy pequeña, su negativa bloquearía el rescate portugués y colocaría al país luso, colocándolo al borde de la insolvencia, ya que difícilmente los otros 16 miembros de la zona euro aprobarán un paquete de ayudas alternativo.

El “proyecto europeo” empieza a mostrar sus grietas pero el Leviatán bruselense no tiene inconveniente en intentar pasar como sea por encima de la voluntad de los ciudadanos.

Ante esto, poco más cabe añadir: SEÑORES FINLANDESES, DEFIENDAN SU SOBERANÍA.

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