Posteado por: Javier | mayo 1, 2011

Cuidado con los apócrifos

Entrada “espiritual”, al margen totalmente de la política

Esta entrada pretende tratar la cuestión de los libros apócrifos (que aparecen en las biblias católicas bajo la denominación de “deuterocanónicos”) y porqué los cristianos deben ser muy cuidadosos, en caso de leerlos. Ya he visto el caso de algún joven cristiano que ha tenido algunas confusiones tras la lectura de esos libros, puesto que algunos presentan serias distorsiones con el resto de la Biblia.

Los libros “apócrifos” o “deuterocanónicos” (según la nomenclatura católica romana) fueron escritos originalmente en el tiempo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, los conocidos como “cuatrocientos años de silencio” hasta el nacimiento en Belén de Jesucristo nuestro Señor, Rey de reyes y Señor de señores. Son los siguientes: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 Macabeos, 2 Macabeos, y adiciones a los libros bíblicos de Ester y Daniel.

Los israelitas trataron a los libros apócrifos o deuterocanónicos con respeto, pero nunca los aceptaron como libros inspirados por Dios, sino como de ORIGEN TOTALMENTE HUMANO. No consideraban válido todo su contenido pues tenían clara influencia pagana: la oración por los muertos, la salvación por obras, etc… La iglesia cristiana primitiva debatió la situación de estos libros, pero pocos cristianos primitivos creyeron que ellos pertenecieran al canon de la Escritura. En el Nuevo Testamento se cita al Antiguo cientos de veces, pero en ninguna parte cita o alude a cualquiera de los libros apócrifos o deuterocanónicos. Jesús nunca los citó. Sí, cierto, Jesús no citó todo el Antiguo Testamento, pero es que estos libros contradicen claramente sus enseñanzas.

Más aún, hay muchos errores probados y contradicciones en los apócrifos o deuterocanónicos. Pero no solo contienen errores teológicos, hay errores históricos y hasta geográficos, pifias para todos los gustos.

En Judit 1:1 se dice: “El año doce del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobare los asirios en la gran ciudad de Nínive”. Nabucodonosor fue rey de Babilonia, no de Asiria, y jamás reinó en Nínive. Por supuesto, en el resto de los pasajes del Antiguo Testamento, los sí inspirados, Nabucodonosor fue el rey de Babilonia durante la época del cautiverio de los judíos en esta ciudad. Algo corroborado por la historia y la arqueología, por otra parte.

¿Puede ser “Escritura inspirada por Dios” un libro donde se glorifica el suicidio (por “honor” y “nobleza”, además) o la brujería se presenta como algo moralmente aceptable para un creyente?:

2 Macabeos 14:41-46: “Cuando las tropas estaban a punto de ocupar la torre, forzando la puerta de entrada y dando órdenes de traer fuego e incendiar las puertas. Razís, acorralado por todas partes, se arrojó sobre su espada. El prefirió morir noblemente, antes que caer en manos de aquellos desalmados y soportar ultrajes indignos de su nobleza. Pero, por lo precipitado del ataque, no acertó el golpe, y como las tropas ya se abrían paso a través de las puertas, subió valerosamente a lo alto del muro y se arrojó con intrepidez sobre la multitud. Esta retrocedió a una cierta distancia y él cayó en medio del espacio vacío. Estando aún con vida, lleno de ardor, se incorporó sangrando copiosamente, y a pesar de sus graves heridas, pasó corriendo por entre las tropas y se paró sobre una roca escarpada. Cuando ya estaba completamente exangüe, se arrancó las entrañas y, tomándolas con ambas manos, las arrojó contra aquella gente. Así, invocando al Señor de la vida y del espíritu para que un día se las devolviera, murió aquel hombre”.

¡SE SUPONE QUE TODA LA GLORIA CORRESPONDE A DIOS Y, SIN EMBARGO, EL PROTAGONISTA DE ESTE PASAJE SE SUICIDA POR SU PROPIO “HONOR” Y “HONRA”!

TODO MUY “BÍBLICO”, SÍ SEÑOR.

Tobías 8:1-3: “Cuando terminaron de comer y beber, decidieron ir a acostarse. Acompañaron al joven y lo hicieron entrar en la habitación. Entonces Tobías se acordó de los consejos de Rafael, sacó de su bolsa el hígado y el corazón del pez y los colocó sobre el brasero de los perfumes. El olor del pez alejó al demonio y este huyó por el aire hacia las regiones de Egipto. Rafael lo persiguió, lo sujetó y lo encadenó al instante”.

Pero la brujería es tan abominable para Dios que, de acuerdo siempre con la Ley de Moisés, Tobías debió haber sido ejecutado por hacer ese “encantamiento”: “A la hechicera no la dejarás que viva” (Éxodo 22:18), “ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti” (Deuteronomio 18:11-12).

En Sabiduría, otro ejemplo más, se enseña la doctrina de la emanación (7:25: “Porque a todo movimiento supera en movilidad la  Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. Es un hálito del  poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada  manchado llega a alcanzarla”) y la doctrina platónica de la preexistencia de las almas (8:17-21: “Pensando esto conmigo mismo y considerando en mi  corazón que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la Sabiduría, en su amistad un  placer bueno, en los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en  cultivar su trato y prestigio en conversar con ella, por todos los medios  buscaba la manera de hacérmela mía. Era yo un muchacho de buen  natural, me cupo en suerte un alma buena, o más bien, siendo bueno,  vine a un cuerpo incontaminado; pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba“), nada raro, teniendo en cuenta la influencia helenística en estos libros (de origen pagano, no obstante).

Los propios autores de los apócrifos reconocen que escriben por su cuenta y NO PRETENDEN SER INSPIRADOS:

2 Macabeos 15:37-39: “Estos son los sucesos referentes a Nicanor. Como a partir de entonces la Ciudad quedó en poder de los hebreos, aquí mismo terminaré mi relato. Si este ha sido bueno y bien logrado, no es otra cosa lo que yo pretendía. Si, por el contrario, es imperfecto y mediocre, lo cierto es que hice todo lo que pude. Porque así como beber solamente vino o solamente agua es perjudicial y, en cambio, el vino mezclado con agua es agradable y produce un placer especial, de la misma manera la disposición armoniosa del relato agrada a los oídos de los que leen la obra. Y con esto, llegamos al fin”.

Eclesiástico 33:16-19: “Yo, el último en llegar, me mantuve alerta como quien recoge detrás de los viñadores. Por la bendición del Señor, he llegado a tiempo, y como un viñador, he llenado el lagar. Sepan que no me fatigué para mí solamente, sino para todos los que buscan la instrucción. Escúchenme, grandes del pueblo, y ustedes, jefes de la asamblea, préstenme atención”.

Yo mismo escribo, de cuando en cuando, sobre temas cristianos y bíblicos y no pretendo, por ello, que esto sea “escritura inspirada” digna de ser tomada en cuenta al mismo nivel que la Biblia.

El Espíritu Santo me puede ayudar, es más a través de la oración debo solicitar su ayuda, a interpretar y entender la Biblia. Pero es que, entonces, ¿cualquier escrito de un cristiano debe tomarse como “regla de fe” al mismo nivel que la Sagrada Escritura, pues?

El autor anónimo de 2 Macabeos no solo no afirma hablar por Dios. Ni siquiera presenta su libro como una obra original. Declara que esto es un compendio de los escritos de otro hombre: “La historia de Judas el Macabeo… fue narrada por Jasón de Cirene en cinco libros, que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen” (2 Macabeos 2:20-24). El mismo libro de Macabeos declara que no había profetas en ese tiempo y por lo tanto la inspiración de Dios había cesado: “Hubo una opresión tal en Israel cual no se había conocido desde que no había profeta” (1 Macabeos 9:27). Y de nuevo: “Y que los judíos y los sacerdotes a una habían resuelto que Simón fuese su caudillo y Sumo Sacerdote hasta la aparición de un profeta acreditado.” (1 Macabeos 14:41).

Según la Iglesia de Roma, algunos Padres de la Iglesia (muy pocos, por cierto, todo sea dicho) citaron estos libros como si fueran inspirados. Cierto, pero también citaron los otros apócrifos, como la Oración de Manasés, la Carta a Jeremias o el Libro de Enoc. ¿Por qué no los admiten todos, guiados meramente por estas citas? Otros Padres de la Iglesia, los más importantes, los rechazaron categóricamente: Melitón, Atanasio, Jerónimo, Cirilo, Rufino, etc.

Calvino también citó Sabiduría, por ejemplo, en su “Institución de la Religión Cristiana”, en alguno de sus párrafos, ¿y qué? No lo citó como Sagrada Escritura, sino un precioso pasaje de ese libro (que puede tener partes edificantes, por supuesto) donde se condena vehementemente la idolatría (Sabiduría 13:10-19 y 14:1-21).

¿Por qué cuida y mima tanto Roma a estos libros?

Muy sencillo: son la base fundamental, no hay otra en la Biblia, de puntales teológicos vitales para Roma tales como las oraciones por los difuntos, la limosna como remisión del pecado o el Purgatorio.

En Eclesiástico 3:30 leemos: “El agua apaga las llamas del fuego y la limosna expía los pecados“.

La “limosna expía los pecados”: en el siglo XVI, como denunciaron Lutero y el resto de reformadores, la Iglesia de Roma vendía la “salvación” en base a indulgencias mediante las que engañaban a los pobres campesinos alemanes. Teóricamente, eran limosnas

Dar limosna y atender a los necesitados agrada a Dios, pero NO ES LA SALVACIÓN, sino uno de los testimonios de la fe, como dijo el apóstol Santiago, SOLO NOS SALVA LA SANGRE DE CRISTO.

Este texto sigue siendo fundamental para Roma.

Pero el más importante es este:

2 Macabeos 12:39-46: “Al día siguiente fue Judas con su gente para traer los cadáveres de los que habían muerto en el combate, y enterrarlos con sus parientes en las sepulturas de sus familias; y encontraron debajo de la ropa de los que habían sido muertos algunas ofrendas de las consagradas a los ídolos que había en Jamnia, cosas prohibidas por la ley a los judíos; con lo cual conocieron todos evidentemente que esto había sido la causa de su muerte. Por tanto, bendijeron a una los justos juicios del Señor, que había manifestado el mal que se quiso encubrir; y en seguida poniéndose en oración rogaron a Dios que echase en olvido el delito que habían cometido. Al mismo tiempo el esforzadísimo Judas exhortaba al pueblo a que se conservase sin pecado, viendo delante de sus mismos ojos lo sucedido por causa de las culpas de los que habían sido muertos. Y habiendo recogido en una colecta que mandó hacer doce mil monedas de plata, las envió a Jerusalén, a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos, teniendo, como tenía, buenos y religiosos sentimientos acerca de la resurrección. (Pues si no esperara que los que habían de resucitar, habría tenido por cosa superflua e inútil rogar por los difuntos), y porque consideraba que a los que habían muerto después de una vida piadosa, les estaba reservada una gran misericordia. Es, pues, un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados“.

Bien, la doctrina del Purgatorio, de la que ya me ocupé en su momento, enseña que quienes mueren en gracia con Dios pero “imperfectamente purificados” pasan un tiempo en el Purgatorio antes de acceder al Cielo, mientras que los impíos van directamente al Infierno. Pues los difuntos de este pasaje habían tomado ofrendas consagradas a los ídolos, una abominación a los ojos de Dios (Deuteronomio 7:25-26) y esto había sido la causa de su muerte. Estos hombres habrían ido ¡directamente al Infierno, no al Purgatorio! Y, sin embargo, aquí, incongruentemente, se defiende el orar por ellos, por aliviar sus “penas” en ese fabulesco sitio llamado “Purgatorio”, algo totalmente inútil. Pero esta es la base para esa creencia fundamental para Roma: ¿dónde quedarían las misas de difuntos pues?

Aparte de que las oraciones por los muertos eran una costumbre pagana que habían adoptado algunos judíos, como los que protagonizan este pasaje. ¡Con razón los judíos rechazaban el carácter “sagrado” de los libros apócrifos!

La apologética católica acusa a Lutero de “arrancar” estos libros de la Biblia. No sé si hizo esto físicamente, ¡MIL HURRAS Y BENDICIONES PARA ÉL SI LO HIZO ASÍ!

Algunas partes de estos libros pueden ser interesantes y hasta constructivas, pero no todo su contenido. Si se leen, debe hacerse sabiendo que son una obra humana, no es escritura inspirada y las contradicciones tan flagrantes que contienen algunos versículos, de Macabeos, sobre todo, como hemos leído, con el resto de la Biblia.

Buen domingo.

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