Posteado por: Javier | mayo 2, 2011

Bush, ¡cuánta razón!

Bueno, bueno, bueno.

De lo que nos vamos enterando.

Resulta que, al parecer, la clave para terminar localizando al terrorista y ya difunto líder de Al Qaeda Osama Bin Laden, habría sido el demonizado centro de detención de Guantánamo. La madeja habría comenzado a desenredarse gracias al testimonio de uno de los presos interrogados en la base norteamericana situada en suelo cubano. Ese preso puso un alias a uno de los correos de confianza de Bin Laden y aportó los primeros datos sobre él, como que era un protegido de Khalid Shaikh Mohammed, el cerebro confeso de los ataques del 11-S, según habrían informado funcionarios estadounidenses al New York Times.

A partir de esta información, la CIA halló la localización donde el mensajero de Bin Laden y su hermano vivían en Pakistán.

La sorpresa fue enorme, pues el lugar era una próspera zona al norte de Islabamad. A lo largo de 10 años, la inteligencia y el Ejército norteamericanos habían seguido diversas pistas de Bin Laden, pensando que se encontraba en alguna cueva, entre Pakistán y Afganistán, donde incluso en una ocasión se llevó a cabo una agonizante batalla de persecución en las montañas de Tora Bora donde estuvo acorralado. Sin embargo, la rata consiguió escabullirse a Pakistán, donde permaneció protegido por sus esbirros y por los simpatizantes de Al Qaeda en la zona.

Agosto de 2010: fue el momento. En ese mes fue localizado Bin Laden

Estaba en la localidad de Abottabad a 80 kilómetros de Islamabad y en el norte de Pakistán, en una lujosa residencia fortificada con muros de más de tres metros, con alambres de espino, sin ventanas y con el acceso muy restringido. Solo constaba con dos puertas de entrada. Construida en 2005 y valorada en un millón de dólares, la residencia no tenía ni acceso telefónico ni conexión a Internet. Aquella casa no era normal. Tenía que residir allí algún “pez gordo” de los terroristas.

Durante varias semanas, la CIA estuvo examinando con fotos vía satélite e informes de sus espías la mansión para determinar quién estaba viviendo entre sus grandes paredes. Según el diario británico The Guardian, los agentes conocieron que el mensajero y su hermano vivían junto con una familia. En septiembre, según un alto funcionario, la inteligencia estadounidense determinó que había “una gran posibilidad” de que Bin Laden se hallase escondido dentro. En febrero, los agentes supieron que esa familia era nada más y nada menos que la familia Bin Laden.

En marzo, Obama conoció de primera mano la situación de la investigación. Ese mes, tuvo su primera reunión de las cinco que mantuvo en seis semanas en la Casa Blanca para conocer todos los detalles de la operación contra Osama Bin Laden. El Ejército de Estados Unidos preparaba el asalto a la mansión búnker de su enemigo número uno. Finalmente, Obama dio la orden de atacar el pasado viernes, 29 de abril. Washington no compartió los datos de inteligencia sobre el paradero de Bin Laden con ningún otro país, ni siquiera con Pakistán, por cuestiones de seguridad.

El de Bin Laden no ha sido el único caso, pero sí el más sonado en el que la información sacada a algún preso de Guantánamo ha sido vital en la guerra contra el terrorismo.

No deja de ser curioso como los pulcros defensores de la “legalidad internacional”, ese nebuloso y mundialista concepto, que saltaban como si tuvieran un resorte acoplado en el culo cada vez que, durante la presidencia de Bush, llegaba alguna noticia relativa a Guantánamo, Afganistán o Irak o cada vez que Israel elimina a un terrorista de Hamás, andan ahora callados como putos.

Hay que felicitar a Obama, cómo no, igual que al Ejército estadounidense y a sus servicios de inteligencia, pero no deja de tener su gracia cómo ahora las “Obama´s Wars” sí son “buenas”, no hay problema alguno de “ilegalidad” o “alegalidad”. La realidad es que buena parte de este éxito puede Obama agradecérselo a Bush, el “vaquero tejano” cabezota y a la decisión de encerrar a terroristas en Guantánamo, manteniéndolos a buen recaudo e inoperativos.

¡Campo de concentración! ¡Nuevo Auschwitz! ¡TORTURAS!, clamaban muchos indeseables. Quienes defendemos la libertad frente al totalitarismo y el terrorismo, NO VAMOS A CONSENTIR que se rían de nosotros, y menos mofándose de las víctimas del Holocausto comparando Guantánamo con alguno de los campos de exterminio nazis de la II Guerra Mundial, donde millones de seres humanos fueron asesinados, al igual que rastreramente comparan a Israel con la Alemania nazi.

Lo cierto es que Guantánamo es, con diferencia, el lugar más libre dentro de la isla-cárcel cubana. A Dios gracias, Obama se retractó de su promesa electoral de cerrarlo en enero del 2010. Obama debe utilizar sus poderes presidenciales (CONSTITUCIONALES, recordemos) para velar por la seguridad de Estados Unidos (y de Occidente, por extensión) y no dejarse guiar ni por los antojos del “establishment” socialista mundial ni por la opinión del Pepito Pérez de turno. El Pepito Pérez de turno, pues… ¿qué va decir? “¡Ke jierren Juantánamo, YA! ¡Ke ej ke ej un krimen kontra la humaniá, tronko!”.

El 7 de marzo del 2011 levantó la prohibición de iniciar nuevos juicios militares en la base y, sin duda, hubo un dato que influyó en esa decisión: de los 598 prisioneros excarcelados, 150 reincidieron en sus crímenes. Uno de cada cuatro.

¿De qué “ilegalidad” hablan?

No había, hasta 2008, ningún precedente en la jurisprudencia norteamericana por el que se hayan otorgado ventajas ni derechos constitucionales estadounidenses a terroristas o combatientes enemigos extranjeros. Los presos de Guantánamo o son terroristas o son combatientes, aunque no llevasen uniforme, capturados en un conflicto bélico.

Ese año, la Corte Suprema de EEUU, por primera vez en la historia, confirió el derecho de habeas corpus a combatientes irregulares extranjeros capturados y retenidos fuera del país. En un grave precedente, la Corte decidió hacer política, “creando derechos” no existentes en la Constitución de EEUU, fuera de las directrices de los poderes electos del Gobierno y el Congreso.

Sin embargo, hasta entonces, este tipo de prisioneros en ningún momento habían tenido reconocidos este tipo de derechos, que corresponden a estadounidenses o delincuentes extranjeros detenidos en suelo norteamericano, nunca a combatientes extranjeros capturados fuera de EEUU, como afirmó la Corte, de forma jurídicamente tan dudosa.

¿Torturas?

En EEUU NO SE TORTURA.

Cualquier liberal rechaza la tortura, es un tratamiento cruel e inhumano de los prisioneros, prohibido, moralmente repugnante y, además, de dudosa eficacia en la mayoría de los supuestos. La cuestión es que, en los documentos desclasificados por Obama nada más llegar a la presidencia, en abril de 2009, lo relatado poco o nada tiene que ver con la tortura. Nunca se han probado las supuestas “torturas” de Guantánamo.

Los interrogatorios coercitivos NO SON torturas. De hecho, la técnica “más brutal” de todas las descritas en los documentos desclasificados fue la del famoso “waterboarding”, cuyo objetivo no es dañar físicamente al interrogado, sino crearle la sensación de ahogamiento. Cosa también distinta. Otras técnicas, bien recogidas por la prensa hasta con gráficos, como el amplificar el ruido de un golpe, no dejan de ser un mal chiste comparado con lo que hacen con sus secuestrados los jihadistas. No es lo mismo torturar que generar el miedo a ser torturado y hacer que ese factor sea decisivo para la cooperación del interrogado.

¿Condiciones inhumanas?

Bastante mejores, las de un hotel de cinco estrellas comparadas con las que los terroristas tenían en sus asquerosas cochineras, antes de ser capturados.

En Guantánamo tienen TRES COMIDAS DIARIAS y se les permite dormir OCHO HORAS. ¡Si hasta pueden jugar un rato al fútbol! Incluso algunos han aumentado en peso.

Déjense de tonterías y de idioteces: estamos luchando contra gentuza que si pudiera no matarían a 1000 de nuestros ciudadanos. Matarían a 2000, a 3000 y, si pudieran, hasta a 4000. Si tuvieran acceso a los medios y posibilidades, por ellos, hasta convertirían alguna de nuestras ciudades en un hongo radiactivo.

Cuando se trata de la seguridad y la vida de los nuestros, mariconadas las justas y precisas.

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