Posteado por: Javier | mayo 2, 2011

El 2 de mayo: y el francés probó nuestras navajas

No soy madrileño, pero sucesos como los del 2 de mayo de 1808 en Madrid, de los que se cumplen hoy 203 años, son de los que hacen que, pese a las degeneraciones y putrefacciones actuales (no solo la nuestra, ojo, no es algo exclusivamente de nuestro país), sigas sintiéndote plenamente orgulloso de ser español.

Fue un levantamiento madrileño, del pueblo de Madrid, pero simbolizó la unión de todos los españoles en defensa de su independencia frente a la basura masónica que se nos quería imponer desde Francia. También fue un levantamiento en defensa de la Corona de España, frente al títere, José Bonaparte, que pretendían imponernos los gabachos. Fernando VII fue un tirano posteriormente y un verdadero felón, puede que uno de los peores reyes que ha tenido España, pero en ese momento la defensa de la monarquía era lo único a lo que había que agarrarse para defendernos. Igualmente, fue el rechazo a un tratado “europeista” (no existía entonces esa “denominación”, pero el espíritu era el mismo) como fue el Tratado de Fointenebleau, que permitió a las tropas del unificador europeo Napoleón Bonaparte entrar en nuestro país y establecerse en Madrid, bajo el mando del sangriento y terrorista mariscal Murat, un verdadero hijo directo de Satanás.

El 2 de mayo comenzó a primera hora de la mañana, cuando las multitudes madrileñas se agolparon en torno al Palacio Real para impedir que los franceses se llevasen a Bayona al infante Francisco de Paula. Al ver como las tropas gabachas lo sacaban del palacio, la gente intentó asaltar el lugar, al grito de José Blas de Molina “¡Que nos lo llevan!”. El rufián de Murat ordenó disparar directamente a la multitud, causando numerosos muertos.

La mecha se encendió a partir de ahí y se desató la lucha callejera. Aquello fue algo en lo que participaron españoles actuando individualmente. Se constituyeron así partidas de barrio comandadas por gente que actuó espontáneamente, pocos militares de alta graduación se unieron, pero de esos escasos, los dos héroes fueron los capitanes Luis Daoíz y Torres, que asumió el mando de los insurrectos por ser el más veterano, y Pedro Velarde Santillán, quienes dieron su vida por defender el Parque de Artillería de Monteleón.

Los madrileños buscaron hacerse como fuera con armas, ya que en un principio las únicas de que dispusieron fueron navajas, todo ello para impedir que entrasen en Madrid nuevas tropas francesas. Pero a falta de otra cosa, buenas eran las navajas para destripar a un buen puñado de franceses.

La gente luchó durante todo el día con todo lo que pudieron encontrar a mano y fuese utilizable como arma: piedras, agujas de coser, macetas arrojadas desde los balcones, etc… Los franceses respondieron con los despiadados mamelucos y sus lanceros, una jornada de degollamientos.

Finalmente, las tropas francesas que se encontraban fuera de Madrid se dirigieron a la capital y sofocaron el levantamiento, aunque las dificultades con que se encontraron fueron mucho mayores de lo que nunca pudieron haber previsto, desatando una sangrienta represión en los días siguientes.

Murat dio instrucciones para llevar a cabo un castigo ejemplar, incluyendo numerosos fusilamientos sin ningún tipo de juicio. Finalmente, elaboró un detallado informe que sería enviado a Napoleón, que se encontraba en Bayona reunido con el rey Carlos IV y su hijo Fernando. En ese informe, Murat presentó los hechos con tal crudeza que Napoleón les culpó del derramamiento de sangre y exigió la abdicación de ambos.

Todavía hoy nos encontramos en España herederos de Napoleón Bonaparte y Murat, quienes afirman que la invasión de España por las tropas napoleónicas y la colocación de un rey títere fue obra de “gentes ilustradas, liberales en el sentido más noble de la palabra, partidarios de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, seguidores de la Revolución francesa y deseosos de que España dejara de estar sometida a reyes absolutistas, a tiranos y a gobernantes indignos”. Mientras, el alzamiento del pueblo de Madrid contra el invasor francés habría sido “patrioterismo de “campana y de cañón” propio del “populacho de la época y de la nobleza más reaccionaria” (MUY BIEN, TRAIDOR, ASÍ SE HACE). Aparte de lo grotesco que resulta leer al autor del artículo repartir carnets de liberal, guste o no guste a estos “afrancesados”, por suerte, aquel día demostramos a Napoleón cómo somos los españoles.

Algo un poco silvestre o salvaje hemos llevado siempre dentro, algo un poco visigodo, un pequeña parte quedó en nuestros genes de la presencia goda en la península. Hechos como los del 2 de mayo muestran esto: bastó que el pueblo viera amenazada nuestra independencia como nación para que se lanzase a degüello a combatir a los invasores con lo primero a lo que echaron mano: las navajas. No sé qué exactamente, pero algo ocurrió en algún momento de la historia que esto empezó a cambiar, comenzó nuestra decadencia. ¿Alguien se imagina a los españoles actuales colocados en el siglo XVI y conquistando las Américas con unos cuantos caballos y fusiles? ¿Alguien se imagina a un Carlos I o un Felipe II dirigiendo los esfuerzos de un Hernán Cortés o un Pizarro para someter a los grandes imperios azteca e inca? Hoy día, nadie aguanta eso, estar en esas tierras tan inhospitas rodeados de despiadados y hostiles indígenas.

Los tiempos han cambiado, las ocupaciones ya no son con tropas sino a través de tratados europeos y la resistencia ya no es a navajazos sino mediante leyes que los deroguen poco a poco, que nos devuelvan la soberanía poco a poco, pero, incluso de esta forma “pacífica”, ¿nos resistiremos igual a los intentos de quitarnos la independencia desde el “gobierno central europeo”?

En todo caso, sirva esta entrada para homenajear a aquellos que murieron ese día defendiendo la libertad, así como a los madrileños y al resto de españoles:

¡¡VIVA EL 2 DE MAYO!!

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Responses

  1. […] Sobre todo después de que, ayer, caminando por el centro de Sevilla dio la casualidad que pasé por la Plaza de la Gavidia junto a la estatua de bronce del gran patriota español y sevillano Luis Daoíz, uno de los héroes del Dos de Mayo de 1808, el levantamiento del pueblo de Madrid contra el invasor francés. […]


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