Posteado por: Javier | mayo 17, 2011

Abraham Lincoln y sus revisionistas neo-confederados (I): unos breves apuntes

De la figura del gran presidente estadounidense Abraham Lincoln (para mí, una figura muy mítica, junto a otras personalidades irrepetibles como Winston Churchill, Ronald Reagan o Margaret Thatcher), a quien tocó dirigir el destino de la nación norteamericana en uno de sus momentos más difíciles, entre 1861 y 1865, tengo pensado hablar más a fondo y en detalle en las siguientes entradas, pero ésta es una breve introducción.

Tampoco voy a detenerme a narrar el desarrollo de la Guerra de Secesión pues hay numerosos libros de historia y artículos en internet, solo dar algunos apuntes.

La Guerra de Secesión (o Guerra Civil norteamericana) es otro de los temas sobre los cuales en España el conocimiento que existe se limita a lo que se sepa por alguna película y la idea general es que fue un conflicto bélico cuyo origen estuvo en que los estados sureños se negaban a abandonar la práctica de la esclavitud.

Esto solo es correcto a medias. En la Guerra Civil el mantenimiento de la Unión fue, para Lincoln, algo mucho más trascendente que la abolición de la esclavitud. Desde hacía décadas existía una cada vez más marcada diferencia entre los estados norteños, con una economía industrial, y los sureños, eminentemente agrícolas y que dependían mucho más de la esclavitud. Diferencias que se habían ido agudizando desde la independencia puesto que, al fin y al cabo, a finales del siglo XVIII, prácticamente todo Estados Unidos era un país agrícola. Los confederados siempre declararon que ellos no peleaban sólo por la esclavitud, puesto que, después de todo, la mayoría de los soldados confederados eran demasiado pobres para poseer esclavos (en el momento de estallar la guerra, un 36’7% de las familias del Sur profundo poseían esclavos y un 15’9% en los fronterizos con la Unión; como curiosidad, en el Norte, un 1% eran poseedores de esclavos), sino por los “derechos de los estados” (nunca apelaron a derechos o libertades individuales de quienes los poblaban, eso sí) frente al gobierno federal, entre los que entendían se encontraría el de secesión.

La esclavitud estaba ahí pero lo fundamental fue lo anterior, de hecho, los confederados estuvieron dispuestos a su abolición si eran reconocidos, como entidad política independiente y con plena personalidad jurídica, por el Reino Unido y Francia (aunque, en el caso de los británicos, hay muchos matices puesto que estos dependían bastante más de las importaciones de cereales del Norte que del algodón del Sur, con lo que el reconocimiento no es que les fuera a reportar demasiados beneficios), que era lo que más falta les hacía para poder resistir a la Unión.

Eso no quiere decir que a Lincoln no preocupara para nada la esclavitud y que no la considerase una institución odiosa e injusta. Simplemente es que, con respecto a la cuestión de la esclavitud de los negros en su país, no se perdió en peroratas progres sobre “igualdad” y demás. Muy posiblemente, ni siquiera en su fuero interno, Lincoln considerase a un negro como igual a un blanco. Sin embargo, no era de recibo mantenerlos en la esclavitud, pues la libertad era algo que Dios había otorgado a todos los hombres sin distinciones. Eso no implicaba ni subvencionarles ni colocarles en universidades o empleos mediante cuotas por ley, como se empezó a hacer en la segunda mitad del siglo XX, simplemente no impedirles desarrollar sus capacidades en libertad para poder ganarse la vida. Las capacidades que fueran, mayores o menores.

Pero lo realmente relevante, por tanto, fue el incumplimiento de la Constitución por los estados del Sur, puesto que ésta no contemplaba el derecho de secesión. Que la Unión fuera voluntaria no llevaba a lo anterior. Todo hay que decirlo, la interpretación de la Constitución por parte de Lincoln fue correcta. La Unión Perpetua fundada en 1777 y “perfeccionada” en 1787 no admitía revocaciones unilaterales sin el desencadenamiento de una grave confrontación: el supuesto e invocado “derecho” de los dirigentes sureños a imponer la secesión no estaba amparado ni por la Declaración de Independencia (1776), ni por los Artículos de la Confederación y Unión Perpetua (1777) ni por la Constitución de los Estados Unidos (1787). Imponer la secesión estaba absolutamente fuera de la legalidad, por más que, como alegaban los estados del Sur, esta Unión hubiera sido voluntaria. Las opciones que tenía Lincoln se reducían a dos: o la guerra o la anarquía.

Lincoln intentó en todo momento evitar la guerra que, con tanta insistencia, buscaron los estados del Sur, hasta el punto de no fue un supuesto “sectarismo” de Lincoln, como se viene últimamente defendiendo desde algunos ámbitos, lo que llevó a la guerra, sino que fue la Confederación quien dio el primer disparo, en el asalto al fuerte Sumter, puesto que tenía bastante calculado que, para ganar la guerra, le bastaba con resistir los embates de la Unión, provocar una guerra de desgaste hasta desmoralizarlos, y, de paso, conseguir reconocimiento internacional, de ahí el intento de compromiso con Reino Unido y Francia, a cambio de la abolición de la esclavitud.

Actualmente, los análisis de Lincoln, desde el punto de vista libertario, se centran total y equivocadamente en las medidas que se tomaron el Norte a raíz de la guerra, pero nada se dice de lo que era normal en el Sur incluso antes del estallido de la misma. Medidas que serían inaceptables en tiempos de paz pero no hay que olvidar que era época de guerra (algo parecido podría decirse de medidas de la Administración Bush como la Patriot Act o la no aplicación a los prisioneros de Al Qaeda de los derechos constitucionales, puesto que son combatientes enemigos no delincuentes comunes). Pero lo importante es diferenciar el modelo de sociedad norteño y sureño y desde los “ámbitos liberales” españoles se estaría poniendo todo el énfasis en lo que fueron medidas excepcionales en el Norte durante los años de la guerra, olvidando cómo estaba organizado el Sur.

Un vicio que hemos importado directamente de los Estados Unidos, donde es impresionante la cantidad de confederados que pululan entre los círculos libertarianos de ese país, sobre todo entre los oradores más importantes del “Mises Institute“, think tank anarco-libertariano radicado en Auburn (Alabama), como su presidente Lew Rockwell o el anarco-agrarista Thomas DiLorenzo, personajes de los que ya hablé en una entrada anterior. Lo hemos copiado pero, eso sí, de forma más cutre, “tipically Spanish”, como hacemos siempre aquí. En España tenemos lo mismo que en los USA, pero peor y en un plan así como más pobretón. Si en Estados Unidos tienen el “Mises Institute” y a los Rockwell o Di Lorenzo, aquí tenemos al “Instituto Juan de Mariana” y a los José Carlos Rodríguez o Albert Esplugas como actuales abanderados confederados.

De todas formas, todo esto solo es un anticipo, serían temas a desarrollar más adelante, la figura de Lincoln, los confederados, de ayer y hoy, y las causas que llevaron a Estados Unidos a la contienda que dividió en dos el país.

Para aquellos que sean aficionados a los himnos, les dejo con el “Battle Hymn of the Republic”, de la Unión, y “Dixie´s land”, uno de los himnos no oficiales de la Confederación:


Responses

  1. […] a que hace un año y medio hablé largo y tendido de Lincoln, esto es un tema muy importante y no es ninguna pérdida de tiempo machacar algunas ideas y […]

  2. […] a que hace un año y medio hablé largo y tendido de Lincoln, esto es un tema muy importante y no es ninguna pérdida de tiempo machacar algunas ideas y […]


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