Posteado por: Javier | junio 12, 2011

La Biblia y los humanistas: no hay neutralidad

Varias veces he tratado ya el tema de la idolatría, tanto la manifiesta como la más sutil, la que no necesita ídolos materiales de piedra, madera o bronce. Realmente, aunque todos los pecados son mortales, dentro de su gravedad, tras la violación del Primer Mandamiento, negar a Dios o tener otro dios, la segunda fase en la escala sería la violación del Segundo, tener otro dios e idolatrarlo o aceptar a Dios intelectualmente pero participar de la idolatría.

Mucho hemos hablado de la idolatría en el catolicismo romano. La realidad es que los católicos romanos intelectualmente aceptan la existencia de Dios (ya vimos el domingo pasado la diferencia entre “creer” y “tener fe”), pero combinan algunas creencias cristianas con una serie de elementos paganos y mundanizados. El catolicismo romano es una religión sincretista, una fusión de ideas cristianas y paganas; y el católico romano practicante, aunque caiga en las formas de idolatría más ofensivas para Dios, realmente cree que está adorando y sirviendo a Dios al seguir sus creencias religiosas (al orar a María y a los santos, al rezar el Rosario, al confesar sus pecados a un sacerdote, al “sacrificar” de nuevo a Cristo una y mil veces en la Misa, etc.). El católico romano no es consciente de que su religión es sincretista o de que es una corrupción de la verdadera fe y de la adoración verdadera a Dios. La situación es exactamente la misma a la de aquellos israelitas que vivían envueltos en la corrupción del verdadero culto a Dios cuando la mezclaban con la adoración a los grotescos ídolos cananeos, como sucedió en los tiempos de los Jueces o en el de los Reyes, tras la apostasía de Salomón.

En un caso y otro, lo cierto es que vivían y viven inmersos en una cosmovisión construida en torno a la religión que practican en la que, pese a que su fe está totalmente contaminada de mundanismo, no se dan cuenta de ello, puesto que dicha cosmovisión es más importante, más fundamental y más vital para sus vidas, sea que lo sepan o no, que cualquier argumento particular contra la misma.

Sin embargo, no está de más echar una mirada a los creyentes protestantes o evangélicos. ¿Se puede decir que todos rechazan tajantemente la idolatría? Conocen por supuesto, el Segundo Mandamiento (que no es “No tomarás el nombre de Dios en vano”, como dice el catecismo católico) pero ¿saben a ciencia cierta hasta que extremos puede llegar la idolatría, hasta el punto de que sean incapaces de reconocerse como idólatras, como ocurrió tantas veces con los israelitas o como ocurre con los católicos romanos?

La cuestión es importante pues se puede decir que muchos cristianos no han terminado de comprender una cuestión fundamental: en este mundo existe una guerra espiritual permanente entre Dios y Satanás. Dios, por supuesto, será el triunfante pero, mientras tanto, Satanás no descansa ni un segundo en su labor no solo de difundir pecados y males para la humanidad, sino de propagar toda clase de cultos falsos con los que confundir a los hombres y de recolectar almas para el Infierno. Y por cultos falsos no solo debe entenderse lo que nos viene a la mente cuando hablamos de “religión”, sino toda forma de cosmovisión de la cual se excluya al Dios de la Biblia en toda explicación del principio, existencia y fin del hombre. Los cristianos pueden rechazar religiones evidentes como el catolicismo, judaísmo o islam pero, muchas veces, fallan en reconocer que mucho más sutilmente, puesto que se presenta como “neutral”, se propaga otra religión: la del humanismo secular.

Aquí lo que hay es una batalla de cosmovisiones. El hombre siempre tiene una pieza central alrededor de la cual empieza a encajar todas las restantes piezas de su vida y en muchas ocasiones, aún siendo creyente, esta pieza central para él no es Dios, sino que es una pieza accesoria. La pieza central es, en estos casos, cualquiera de los medios que utiliza el humanismo secular para desplazar a Dios e imponer su propia cosmovisión, en la cual se inserta el hombre y, aunque no niegue a Dios, Él no es el centro de su vida. Se convierte así Dios, no en el Dios predestinante de la Biblia, cualquier otra cosa es entonces lo que predestina al hombre, sino en un adorno o en un hobby religioso dominical. La hora y poco de la mañana del domingo en la iglesia y ya está.

Nunca se piensa en el humanismo secular como en una religión pagana, sin embargo, ES UNA RELIGIÓN. Y no solo queda ahí la situación. Más todavía, es la religión que rige nuestras vidas, es el centro de nuestras vidas, en torno al cual encajamos el resto de piezas del puzzle, a Dios incluido, quien se convierte en una pieza más del puzzle, no en la fundamental en la cual se insertan el resto, como he dicho. Mezclamos, de esta forma, cristianismo con humanismo secular, con paganismo, en definitiva, de la misma forma, aunque con más disimulo con que los católicos romanos puedan hacer con sus cultos idolátricos. El cristianismo es canalizado a través del humanismo secular, de la forma que éste fije, con el fin de ganar una cierta “respetabilidad intelectual” ante los ojos de los humanistas. Y no nos damos cuenta de ello, pues estamos inmersos en una cosmovisión con la que estamos acostumbrados a responder a todas las cuestiones que se nos planteen, siempre según los cánones humanistas. Es la religión del humanismo secular aquella en cuyos términos vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia.

Eso no quiere decir que muchos no sean cristianos legítimos, renacidos y salvos por gracia de Dios. No es necesario que sean hipócritas. Solamente quiere decir que existen casos en que se piensa que la vida tras el volver a nacer en la fe y en la vida eterna en Cristo solo cambia sustancialmente si en la vida anterior (cuando vivías en la muerte) fuiste alguien tan abyecto como un traficante de drogas, un distribuidor de pornografía infantil o un putero. Si no eras nada de eso, tu vida apenas cambia puesto que estás tan amoldado a la cosmovisión humanista secular que piensas que en tu nueva vida solo cambian tres o cuatro cosas puntuales, con el añadido de que ahora, además, tienes como “hobby religioso” un culto dominical.

¿Cuándo nació el humanismo secular como religión? En el mismo momento de la caída.

“Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:2-5).

Como el diablo tiene su cuota de culpa con sus constantes engaños y mentiras, pero la fundamental recae en el hombre que se deja engañar, el humanismo nació con su deseo de ser como Dios, de elevarse a su máxima potencia, sin necesidad del Dios vivo. El humanista no lo dice así, por supuesto, pero no tener conciencia de lo que se hace no equivale a no caminar hacia un objetivo: en este caso, pensar ser dios sin necesidad del Dios bíblico. El humanista cree no necesitar a Dios porque en sí mismo lo tiene todo; tiene su autosuficiencia, su intelecto, su perfección (según lo que él entiende que es perfección) y su sabiduría (según lo que él entiende que es sabiduría), ignorando a Dios. ¿Para qué va a tener que conformarse el hombre con lo ordenado por Dios si él lo hace mucho mejor? Eso mismo pensaba Caín, al ofrecer ofrendas vegetales en lugar de ofrendas de animales: yo lo ordeno todo mejor que Dios. De la misma forma pensaban aquellos constructores de la torre de Babel. O quienes dicen que un pagano que no haya conocido el Evangelio puede salvarse porque sería muy injusto que Dios condenase a quienes ni siquiera han tenido ocasión de conocer a Jesucristo. Es el mismo pensamiento de siempre, el “la forma de Dios de ordenar las cosas es muy injusta, muy cruel y un desastre. Yo sé bien lo que hago y no necesito a Dios”.

A la vista de esto, el principal problema para los cristianos reside en que muchísimos creen erróneamente que el humanismo secular es neutral. Incluso la propia existencia de Dios intenta ser “demostrada”, como si eso fuera posible utilizando métodos empíricos, desde las concepciones y presuposiciones desde las que parte el propio humanismo secular. La existencia de Dios no solo no se conoce a través de datos extraídos empíricamente sino que, más todavía, se intenta dar pruebas de Su existencia a los humanistas (como si eso fuera posible) partiendo, quizás no exactamente desde la misma premisa que parten ellos, la inexistencia de Dios, pero sí tratando de empezar a construir a partir de la posición del hombre como centro, siempre siguiendo los términos del combate y las reglas del debate que han fijado previamente los propios humanistas.

Evidentemente, cualquier método para pretender probar la existencia de Dios es inútil y una soberana estupidez. La cuestión aquí es que, al igual que en otras cuestiones, los cristianos fallan al aceptar sin más la neutralidad del sistema humanista secular, como si ésta supuesta “neutralidad” acaso existiera. Han asumido el argumento de la neutralidad de los hechos, la idea de que los hechos hablan por sí mismos y que cuando todos los hechos están disponibles, los hombres razonables aceptarán la evidencia presentada por los hechos. Lo que habría que hacer, de acuerdo con este método, es recoger todas las posibles evidencias de la existencia de Dios (los campeones en esto son los ridículos “creacionistas científicos”), explicar a Dios como una consecuencia de lo que podemos observar, no lo que observamos como una consecuencia de Dios. Lógicamente, en ese debate siempre van a ganar por goleada los humanistas seculares, pues están jugando en su campo y con el árbitro a favor, encima. El cristiano lo que hace, de este modo es convertirse él mismo en un humanista, desligar la razón humana de la presuposición de que todo en el Universo encuentra su significado en términos del acto creativo del Dios de la Biblia. Explicar el todo de la existencia a partir del propio hombre.

Pero, aunque no lo creamos, los hechos no hablan por sí mismos. Las conclusiones que se sacan a partir de ellos proceden de las interpretaciones que hacen personas con cosmovisiones que pueden ser radicalmente opuestas, con visiones sobre la naturaleza y el sentido de la vida que siempre serán religiosas, y no menos en el caso del humanista secular que en el del cristiano. La Biblia no nos dice que sabemos que el mundo fue creado por Dios por la evidencia de lo que vemos o podemos percibir a través de los sentidos o a partir de deducciones que hagamos, sino que “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). Es verdad que, como dice el apóstol Pablo, que “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20), pero, por ese mismo motivo, hasta los paganos tienen una conciencia de Dios, que les ha dado Él mismo, para hacerlos inexcusables ante su propia condenación.

Es inútil pretender demostrar al humanista la existencia de Dios pues su fe se construye sobre su inexistencia, esta es la premisa de la que parten, y a partir de esta fe humanista todos los hechos los interpreta como evidencias de su negación. Salvo que se convierta a la fe cristiana, nunca aceptará como “evidencias de Dios” los hechos que tenga ante sus ojos.

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Responses

  1. […] a las hipótesis de la ciencia sobre el pasado de nuestro planeta, y muy absurdo como vimos aquí: https://lavozliberal.wordpress.com/2011/06/12/la-biblia-y-los-humanistas-no-hay-neutralidad/, puesto que la existencia de Dios, como testifica la propia Biblia, se acepta por fe, no por […]


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