Posteado por: Javier | junio 28, 2011

Cómo podría estar más protegida la mujer

Resulta que hace unos días estuve leyendo un poco sobre el sistema que funcionaba como protección a la joven no casada en el Israel bíblico y me vino a la mente inmediatamente una pequeña polémica que surgió en la bitácora de Alfredo hace unas semanas. Francisco no entendió muy bien la finalidad de unos versículos bíblicos, Éxodo 22:16-17 y Deuteronomio 22:25-30, en la ordenación que Dios estableció para la nación israelita y, todo hay que decirlo, para nosotros mismos, si fuéramos una nación cristiana. Francisco vio muy horribles esos versículos y, según él, daban como premio al violador el matrimonio con la mujer violada.

¿Es así? NO, precisamente, todo lo contrario: son un duro castigo al violador y una protección a las chicas jóvenes que puedan estar indefensas ante estas bestias degeneradas y completamente salidas, sean unos violadores criminales o unos aprovechados. Dios no es un “ser inmoral” que se dedique a premiar a violadores. Sus leyes son santas y buenas.

¿Qué dicen exactamente esos versículos?

Éxodo 22:16-17: “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes”.

Deuteronomio 22:25-30: “Mas si el hombre halló la joven desposada en la campo, y él la tomare, y se echare con ella, morirá sólo el hombre que con ella se habrá echado; y a la joven no harás nada; no tiene la joven culpa de muerte; porque como cuando alguno se levanta contra su prójimo, y le quita la vida, así es esto. Porque él la halló en el campo; dio voces la moza desposada, y no hubo quien la valiese. Cuando alguno hallare una joven virgen, que no fuere desposada, y la tomare, y se echare con ella, y fueren hallados; entonces el hombre que se echó con ella dará al padre de la joven cincuenta siclos de plata, y ella será su mujer, por cuanto la afligió; no la podrá despedir en todos sus días. No tomará alguno la mujer de su padre, ni descubrirá el regazo de su padre”.

A día de hoy sufrimos una verdadera lacra con la violencia sobre las mujeres y eso es algo innegable. A cualquiera de los que tengamos una mentalidad según la cual pegar a una mujer es bastante inconcebible y muy de poco hombres, y más si a esto se une abusar sexualmente de ella, esto nos repugna profundamente.

Ante esta situación lo que se propone para, supuestamente, “proteger a la mujer” es feminismo y discriminación positiva, leyes que eliminan la igualdad ante la ley, creando tipos penales específicos y juzgados específicos para encausar a hombres. La realidad es que es lo único que puede ofrecer el humanismo secular para tratar esta situación es feminismo y discriminación positiva. Como no podía ser de otra forma, sus métodos han fracasado estrepitosamente. Las leyes que pretenden castigar más duramente la violencia contra las mujeres no han conseguido que esta disminuya significativamente y, en cambio, han hecho nuestro ordenamiento jurídico un poco más tiránico y liberticida.

¿Son especialmente torpes quiénes hacen estas leyes humanistas? Puede que en algunos casos sí, pero no necesariamente. No son peores ellos, lo que es mucho peor es su base, la filosofía desde la que parten.

Todo parte de un modelo de pensamiento nefasto. Evidentemente, la sociedad humanista y modernista actual, la misma que, a través de sus leyes, pretende imponernos toda clase de limitaciones, la libertad, básicamente, la identifica con “libertad sexual” o, más exactamente, con “liberación sexual”. Vivimos en una sociedad totalmente sexualizada desde edades muy tempranas (y eso es difundido a través de la educación, los medios de comunicación, etc.) algo que, por supuesto, choca frontalmente con una filosofía según la cual el lugar y momento de desarrollo de la sexualidad es el matrimonio y, hasta ese momento, los padres, en el caso de los hijos también, pero en el de las hijas sobre todo, tienen un papel fundamental en su protección y en el mantenimiento de su decencia y honestidad.

Que antigualla, ¿no? ¡Huy, sí! Esto es como “volver al siglo XVII”, dirán. Supongo que los que hoy son apóstoles de la modernidad tendrán asumido que en el siglo XXVI o en el XXVII a ellos mismos les verán como unos “carcas” o “retrógrados”, a menos que sean tan arrogantes como para pensar que, a día de hoy, año 2011, siglo XXI, ellos ya han llegado al “súmmum” de la modernidad.

Habrá que felicitarles por los resultados, han sido “pletóricos”: embarazos no deseados, abortos, enfermedades de transmisión sexual, etc. Y, por supuesto, y lo más irónico, pretendiéndose “valorizar” a la mujer con esta “liberación sexual”, al final, convertirla casi en un objeto de usar y tirar para mucho sinvergüenza que anda suelto.

La mujer no es peor que el hombre ni es de recibo que sea tratada peor que él o discriminada ante la ley. Simplemente, es diferente en muchas cuestiones y problemáticas. Lo que pretende el feminismo radical que sufrimos justamente es “machizar” y desfeminizar a la mujer. Vamos a ver ahora cómo se protegía a la mujer joven y soltera en el sistema bíblico. Por supuesto, si el que te gusta es el sistema bibianesco (esa tipa a la que a precio de oro y a golpe de subvención hemos colocado en la ONU; que, sí, mejor muy lejos de nosotros, pero no a ese precio) o leiresco, no te gustará. Mejor, quiere decir que estoy en lo correcto y tengo razón.

En el sistema bíblico (tal y como se aplicó en la nación de Israel, o en la Ginebra calvinista o en las colonias puritanas y bíblicas de la costa Este de los actuales EEUU), la hija, hasta el momento de su matrimonio, se encontraba bajo la responsabilidad del padre, quien tenía la obligación de mantener su castidad hasta el momento de su matrimonio. Era lo conocido como un “voto pactal”. La intención era, hablando en un lenguaje más coloquial, mantenerla apartada y a salvo de buitres que quisieran aprovecharse de ella, pasar y buen rato y si te he visto no me acuerdo.

El supuesto de Éxodo 22:16-17 era “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes.” La joven, en este caso, estaba soltera y no estaba prometida en matrimonio. El adulterio, según la ley bíblica, era un delito castigado con la pena de muerte, pero en este caso estamos hablando de una chica que no cometía adulterio, al ser soltera y no comprometida, sino que era seducida por lo que hoy sería uno de estos “buitres” salidos (los siglos pasan pero las cosas no cambian), hasta el punto de mantener relaciones sexuales con el seductor.

El padre tenía en este caso una posición fundamental a la hora de tratar la conducta de la hija. Según la ley bíblica, el sexo premarital entre personas no comprometidas en matrimonio tiene virtualmente el mismo efecto de hacer un voto privado de compromiso matrimonial.

La joven tomaba un voto “pactal” obligatorio con el seductor por medio de su cuerpo y éste hacía lo mismo. Ella acordaba implícitamente en casarse con el seductor, y él implícitamente en casarse con ella. Ninguno de ellos tenía la opción de quebrantar el voto.

Pero, si leemos con atención el pasaje bíblico, la ley de Dios obliga al individuo que ha seducido a la joven a asumir todas las responsabilidades por sus actos. No se puede ir de rositas, sino que el padre puede obligarle a casarse con ella u obligarle a pagar una grandísima suma de dinero para liberarse de ese compromiso matrimonial (el conocido como “precio de la novia”). Esto no es una opción del tipo que haya seducido a la muchacha. La opción es del padre: matrimonio o, si no quiere saber nada del fulano, pago.

* (Una acotación: el conocido como “precio de la novia”. Este termino responde a lo que también era conocido en el Antiguo Testamento como “dote”, que era entregada en todos los casos antes del matrimonio, no solo en el supuesto que estamos viendo.

El hombre tenía que dar al padre de la joven con quien iba a casarse una gran suma de dinero antes de la celebración del matrimonio. No siempre era así. La familia de la novia podía ser pudiente y conformarse con un regalo valioso; ahí está el ejemplo de David, quien entregó 200 prepucios de filisteos a Saúl como precio por la mano de su hija. El precio de la novia tenía como propósito que la mujer no se viera en una situación de pobreza en caso de muerte del marido o de que éste la abandonase, pues este dinero era guardado para tales casos, e, igualmente, era una señal de la responsabilidad financiera del futuro esposo. Solo un hombre con estabilidad profesional y financiera podía casarse, pues, solamente en esos casos estaba preparado para el matrimonio. Estoy de acuerdo con que el amor y el afecto son importantes en el matrimonio, pero ¿cuánta gente se casa movida solo por un enamoramiento sentimentaloide surgido en la juventud y sin una base suficiente para el matrimonio? ¿Cómo acaban muchos de estos matrimonios? Fatal. En unos divorcios o separaciones traumáticas, sobre todo cuando hay hijos por medio. El árbol malo nunca da frutos buenos. O la casa cuyos cimientos son arena es derribada en cuanto hay una riada.

Pero, en cuanto al precio de la novia, ya ven, queridos amigos humanistas seculares, un dinero para proporcionar una red de seguridad a la mujer en caso de muerte del marido o de que la abandonase y una garantía de que se estaba casando con alguien decente y con una vida ordenada. HUYYYY ¡QUÉ “MACHISMO” EN LA BIBLIA!).

Volviendo al tema principal, en los tiempos bíblicos, con este sistema, era muy habitual que el hombre culpable, en tal caso, en el de que no tuviera dinero suficiente para pagar la penalización, terminara sirviendo algunos años (un máximo de siete se establece en la Biblia) realizando un duro trabajo como siervo por contrato, a menos que sus padres fuesen capaces, y estuviesen dispuestos, a cancelar esta situación pagando al padre de la joven. La servidumbre en estos casos era lícita. Hoy, día, toda forma de esclavitud está abolida, aunque, como expliqué largo y tendido en una entrada anterior, esta forma de “esclavitud” absolutamente nada tenía que ver con la esclavitud por motivos raciales y étnicos que tristemente se ha practicado durante tantos siglos, gracias a Dios ya abolida.

Hoy las opciones podrían ser matrimonio o pago y, subsidiariamente, embargo de los bienes del “don Juan”.

Ya vemos: todo un “premio” a la violación, como se dice humanísticamente para desacreditar a esta ley bíblica. Pues esta ley, aplicada de forma estricta, eliminaría en gran medida la inmoralidad sexual en la sociedad y muchas de sus nefastas consecuencias. Los hombres involucrados en fornicación o se tendrían que casar inmediatamente o tendrían que pagar una fortísima suma de dinero al padre de la joven.

Como vemos, la ley bíblica, a diferencia de la ley feminista y humanista secular, no permite la explotación de las mujeres por parte de los hombres. Los puteros lo iban a pasar bastante mal, todo hay que decirlo.

Por supuesto, la ley requería que la hija contase inmediatamente a su padre respecto a su fornicación. En caso contrario, su condición era asimilable a la de una prostituta (ni que decir tiene que más o menos igual con la que hoy día no solo sea utilizada, sino que ella misma, y con mucho gusto, se deje utilizar como un kleenex). El padre ocupaba el lugar de fiscal acusador del seductor abusador. No importaba cuánto pueda afirmar la hija su amor y devoción hacia el seductor, el padre es quien decidía si el acto pecaminoso resultará en matrimonio o en el pago del “precio de la novia”.

En la ley bíblica, las hijas no casadas se hallan bajo la jurisdicción “pactal” de sus padres. El padre ha de actuar según los mejores intereses de su hija, su familia, su iglesia y la comunidad. Dios coloca esta decisión crucial en las manos del padre, quien ha de ser objetivo, sabio y poseer criterios claros. El padre no está influenciado por el encaprichamiento, la atracción sexual, o los sentimientos y las emociones románticas. Su único interés es la gloria de Dios y el reino de Cristo. Si el seductor tiene un registro anterior de conducta pecaminosa y no es un cristiano sólido el padre cristiano no tendrá ningún reparo, y será lo suficientemente sabio, como para enviar muy lejos a este hombre (poniendo así distancia entre él y su hija).

El supuesto de Deuteronomio sí es más encuadrable como violación, no el caso de un morlaco que engañe a una joven y, después de darse el gustazo, pretenda tirarla como el envoltorio de un chicle. Ya la he usado, ya no me sirve. Primero, si viola a una joven desposada es merecedor de la pena de muerte, de acuerdo a la ley de Dios, pues a esto se une el adulterio, además, solo por parte del violador, claro. La joven no es culpable de adulterio. Si han leído mis entradas sobre la pena de muerte, sabrán mi criterio: sí, a mi entender, la violación es merecedora de la pena capital. Segundo, si la mujer no es desposada, la solución es similar que en los versículos de Éxodo que hemos visto antes. El padre podía perdonar al violador, pero éste debía pagar una enorme suma de dinero, además de casarse con ella, sin posibilidad alguna de romper el vínculo matrimonial en toda su vida. ¿Ven un caso y otro? En ambos, el violador podía terminar casi reducido a la ruina económica y como sirviente de la familia de la mujer violada. ¿Dónde está el supuesto “premio” al violador? Cincuenta siclos de plata eran una verdadera fortuna en aquella época para casi la mayoría de la gente y constituían una pena lo bastante intimidatoria para hacer desistirse a estos abusadores en potencia.

Al igual que en el caso del seductor, la potestad de decidir correspondía al padre pues suya era la deshonra por no haber sido lo bastante diligente en mantener a su hija apartada de relaciones sexuales inmorales. ¿Qué decir hoy día de la supuesta “diligencia” y “responsabilidad” de algunos padres para con sus hijas, algunas hasta menores, cuando pasan olímpicamente, dejándolas salir de casa a altas horas de la noche y con una forma de vestir más parecida a la de quien fuera a trabajar en un puticlub que cualquier otra cosa?

Como vemos, es un sistema que procurar dejar todo lo posible la protección de las hijas dentro de la potestad paterna. Es una protección privada, en el ámbito familiar, nada que ver con la “protección” totalmente estatalizada que se pretende dar hoy día a la mujer. Porque, no nos engañemos, todas estas normas que supuestamente “liberan” a la mujer son mucho más opresivas y liberticidas, puesto que la colocan totalmente bajo la tutela del Estado.

Será muy chocante, claro, hasta para muchos “cristianos” nominales que se caractericen por una ignorancia supina de la Biblia y que estén totalmente insertados en la cosmovisión humanista secular, olvidando que ésta parte siempre de una concepción del mundo sin Dios y en el que, como no hay responsabilidad trascendental alguna, la consigna es el famoso “a follar, a follar, que el mundo se va a acabar”.

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Responses

  1. “La realidad es que es lo único que puede ofrecer el humanismo secular para tratar esta situación es feminismo y discriminación positiva. Como no podía ser de otra forma, sus métodos han fracasado estrepitosamente”.

    ¡¡OTRA CASUALIDAD!! Justamente anoche hablé sobre este problema con un amigo mientras paseábamos por mi zona — dije que “las leyes contra lo que ellos llaman “violencia de género” han sido un fracaso absoluto”.

    De verdad que voy a plantearme seriamente si Dios no estará sino conectándo nuestras mentes, quizá intentado decirnos algo, porque hemos llegado ya a unos niveles de coincidencia que difícilmente los puedo achacar a la “pura casualidad”.

    Francamente este es un problema que, cómo no, también me preocupa.

    “la libertad, básicamente, la identifica con “libertad sexual” o, más exactamente, con “liberación sexual”. Vivimos en una sociedad totalmente sexualizada desde edades muy tempranas (y eso es difundido a través de la educación, los medios de comunicación, etc.) algo que, por supuesto, choca frontalmente con una filosofía según la cual el lugar y momento de desarrollo de la sexualidad es el matrimonio y, hasta ese momento, los padres, en el caso de los hijos también, pero en el de las hijas sobre todo, tienen un papel fundamental en su protección y en el mantenimiento de su decencia y honestidad”.

    Sí — precisamente de ahí viene la locura por querer legalizar las conductas homosexuales – es debido al afán que hay en nuestros países occidentales al sexo por el sexo, sin más — al sexo como placer (que, sin lugar a dudas, lo es, y Dios nos lo dio como regalo, por supuesto) pero hay que saber usar esos regalos en las formas que Dios estipula. Yo creo que hoy en día, el peor crimen moral no es ser “tradicional” o cristiano sino precisamente no estar sexualizado. Lo que más ofende al individuo anticristiano, postmoderno, es cualquier comentario que pueda tan siquiera insinuar que es inmoral lo que está haciendo con la novia, que fornicar ES PECADO. Eso les ofende muchísimo.

    Tema modernida: efectivamente, no hay nada más torpe y estúpido que pensar que eres el summum de la modernidad y lo que es peor, que eres mejor que tus ancestros…

    Mejor, quiere decir que estoy en lo correcto y tengo razón.

    Sobre el voto pactal: incluso cuando estemos ante un sujeto anticristiano, esos que dicen que “somos animales”, verá usted que precisamente eso de proteger la castidad de la hija es algo también muy normal en la naturaleza: los animales, sobre todo ciertas especies, son muy celosos con su sexualidad porque si no no podrían sobrevivir y protegerse.

    Todo esto tiene que ver con un proceso que yo llamo la “naturalización” del hombre — un paso más hacia la anarquía ya que precisamente uno de los objetivos de la “izquierda” radical siempre ha sido devolvernos a nuestro estado “animal” o “natural” y de ahí a que hemos visto un aumento de todo tipo de comportamiento “sexualista” en el nombre de “lo natural”. El naturalismo por ejemplo también está detrás del ateísmo y el materialismo.

    “(el conocido como “precio de la novia”). Esto no es una opción del tipo que haya seducido a la muchacha. La opción es del padre: matrimonio o, si no quiere saber nada del fulano, pago”.

    ¡Cuántos casos civiles absurdos evitaríamos con leyes de sentido común como estas!

  2. ¡Qué barbaridad! Esto es increible.

    Lo cierto es que hoy día quíteles todas las libertades que quiera pero, eso sí, no les toque la “liberación sexual” que ahí ya tendremos problemas. Los anarkos y libertarianos también ven como libertad el poder drogarse impunemente pero desde la progresía han quedado en que su única “libertad” casi que prácticamente es la sexual. Es la banalización total de la sexualidad y con lo que identifican la libertad, hasta el punto de que, si alguien les afea la conducta, es que es un “retrógrado” o un “totalitario” por eso.

    La “naturalización” o “animalización” del hombre es uno de los afanes de la izquierda post-marxista desde que cayó el Muro. Para la una parte de la izquierda, la zapateroide, por ejemplo, el hombre no es más que materia biológica sometida a deseos irracionales, y su libertad no es más que la capacidad de elegir como satisfacerlos. Por eso les van tanto estas cosas. La “libertad” es que Juan se case son Pepe o que Eva vaya al Registro Civil y diga que quiere ser Evo y figurar como ente de género masculino, aunque tenga tetas.

  3. La mujer podría estar más protegida lejos de catolicazos retrógrados y ultraconservadores como los que escriben estos artículos y que parece que hasta impondrían el cinturón de castidad por ley, esto no se vé ni en La Razón o en La Gaceta. Esto no se ha quedado anclado en el siglo XVII, más bien esto parece casi prehistórico .

  4. Espinete, aquí se está hablando de temas para gente mayor no para mentes pueriles como la suya, payaso.

    ¿Cómo que “catolicazos”, tarugo? ¿Desde cuándo la Iglesia Católica y Romana defiende la Santa Biblia?


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