Posteado por: Javier | julio 5, 2011

¿Hasta qué punto podemos ordenar la familia?

Continuamos hoy con esta pequeña “serie” que, más o menos, estoy desarrollando. Se habrá comprobado que son algunos temas muy sensibles para la derecha en España: EpC, “matrimonio” homosexual, aborto, etc.

Ahora, con el tema de la familia, tengo una posición muy similar a las anteriores: estoy de acuerdo, en líneas generales, con lo que opina la derecha conservadora en España, pero soy consciente de que no vivimos en el mundo de Heidi, sino en un mundo totalmente degenerado, emputecido y altamente sexualizado en el mal sentido de la palabra. No tengo ningún inconveniente con que alguno piense así pues es evidente que parten desde una posición de decencia moral, pero, siendo realistas, tampoco podemos, ni tampoco debemos, pensar en que vamos a poder regularlo todo.

Siendo así la situación, hay que regular lo mejor posible lo que hay, no lo que creamos que deba haber, pero que, sin embargo, no lo tenemos. Una buena solución debiera ser limitarnos a no promocionar con dinero público la inmoralidad, como cuando Thatcher no permitió la promoción de la homosexualidad o la pornografía en los medios públicos. He hablado en la entrada anterior del gobierno de Feijóo en Galicia y su iniciativa para “dar apoyo” económico “a las madres para continuar con su embarazo”. Puede que alguna de estas ayudas vayan a madres casadas, pero, sin duda, serán muy pocas. Las principales beneficiadas: madres solteras, de eso no hay ninguna duda. Muchas españolas, seguramente, pero, no lo duden, muchísimas inmigrantes que encuentran en medidas como estas (combinadas con leyes de chiste que hacen que estos niños, en lugar de con un pan, vengan al mundo con un subsidio bajo el brazo) un verdadero filón convirtiéndose en profesionales del arte de abrir las piernas. El caso es que ser madre soltera se ha convertido en una profesión muy rentable. Las críticas del PSOE a estas medidas fueron mendaces y estúpidas, tachándolas de “ultra-conservadoras” y “ultra-católicas”. No son eso. Son directamente INMORALES. Una cosa es la madre soltera que espere un hijo de su novio o prometido (ya vimos que moralmente esto equivale a un compromiso matrimonial), y que durante el embarazo es abandonada canallescamente por éste. Pero esta es la infinita minoría de los casos, aunque en este caso, sí, caña, caña y caña a ese sinvergüenza si se demuestra que es el culpable del abandono de la mujer. Ninguna culpa tiene una mujer comprometida que sea abandonada de repente por su futuro esposo o que descubra que es un adúltero y no puede continuar con él. Pero otra muy distinta es la de la fulana que se encame con cualquiera y luego diga “aaaaay, es que quiero ser madre pero yo sola”. EL CONTRIBUYENTE NO DEBE CARGAR CON ESO. Es INMORAL que el Erario público deba cargar con eso, con unos niños, además, en más de un caso, en los años venideros costarán al Estado más dinero aún, pues guste o no guste (y lo lamento si no te gusta que se diga claramente) muchísimos futuros delincuentes salen de este tipo de hogares. Lamentablemente, el bisturí socialista en el Derecho civil ha eliminado ese concepto de la “culpabilidad” en la ruptura de las relaciones y ahora los jueces no pueden entrar en quién ha sido el culpable. Pero lo que tampoco es responsable es esta idea de que la madre soltera embarazada siempre y en todos los casos es una “pobrecilla”, premiando la irresponsabilidad con tal de evitar un aborto como sea y bajo la circunstancia que sea.

A lo que quiero llegar, fundamentalmente, es que, en esto, como en otras cosas (la “integración” de inmigrantes, por ejemplo) el dinero público que se inyecte irá siempre al retrete y se perderá por el sumidero. La familia, o se ordena a sí misma, o ni todo el dinero del Estado conseguirá ordenarla. O tiene unos cimientos morales sólidos o se derrumbará al primer envite, por mucho que queramos, desde el poder, promocionarla con dinero público. Por eso digo que, como liberales, simplemente nos limitemos, porque es lo que nos corresponde, a que desde el poder público no se promocione, con el dinero de todos, el vicio y la inmoralidad.

Incluso para quienes tengan convicciones cristianas, esta idea de no pretender regular todas y cada una de las relaciones familiares para ajustarlas al concepto tradicional que tengamos de familia no debe ser nada extraño. No hay más que leer las palabras de Jesús cuando Cristo enseñaba que el divorcio, salvo por causa de adulterio, no era lícito y fue inquirido por los fariseos sobre por qué entonces Moisés permitió dar carta de repudio a la esposa. “Entonces se llegaron a él los fariseos, tentándolo, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo? Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne. Así que, no son ya más dos, sino una carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. Le dicen: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla? Les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero desde el principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudiare a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la repudiada, adultera” (Mateo 19:3-9).

Moisés no había aprobado moralmente el divorcio. Únicamente lo había reglamentado y limitado, ya que era imposible evitar que se produjera en muchos casos, pues se había dado cuenta de la dureza de corazón del propio pueblo de Dios. Si sus corazones hubieran sido puros, no habría sido necesario el divorcio, puesto que, como estaba instituido al principio el matrimonio por Dios, era una unión indisoluble. Qué decir, si ya entonces, entre el pueblo de Israel, había dureza de corazón, de la sociedad post-cristiana y pagana actual. A lo que quiero llegar es que la tarea no es pretender reformar esta sociedad a base de leyes, sino intentar que el destrozo que ya ha causado su propio carácter y muchas regulaciones totalmente absurdas y liberticidas vayan a más.

Por cierto, después de ese pasaje, cuando los discípulos se sorprenden de la interpretación de Jesús de la ley de Dios, dado que no es lícito librarse ni siquiera de un matrimonio inconveniente y desafortunado, piensan que “no conviene casarse”. Jesús les contesta que a unos puede convenir casarse y a otros no. No todos han nacido ni han sido ordenados por Dios para el matrimonio. No es que haya un celibato forzoso para el servicio de Dios, como el de la iglesia católica papal, pero las circunstancias de algunos aconsejan el matrimonio mientras que las de otros no.

Esto es importante porque se habla mucho de “familia tradicional” pero hay que saber definir bien qué tipo de familia es la que debe defenderse individualmente y en términos morales. Muchísimas familias de estilo “tradicional” (marido, mujer e hijos) son un verdadero infierno en la tierra.

El matrimonio y la familia como instituciones cristianas se definen por “cómo” están constituidas y “con qué” propósito están constituidas de esa forma. El matrimonio y la familia son simplemente uno de los medios de los que Dios provee al hombre PARA SERVIRLE A ÉL. No para que el hombre se sirva a sí mismo. No para la salvación, pues ninguna institución terrenal “salva”, únicamente Jesucristo, sino para el servicio a Dios. Tampoco para que el hombre satisfaga sus gustos, caprichos y enamoramientos platónicos, sino para servir a Dios. Por eso, puede haber a quienes no convenga el matrimonio y constituir una familia a la hora de cumplir su deber de servir a Dios (siendo éste un deber para el primero hasta el último de los hombres que pisan la tierra, sean o no creyentes). No hay más que tomar ejemplos como el del propio Jesucristo o el del apóstol Pablo. Por supuesto: también hay muchísimos que debieran casarse. Muchos que permanecen solteros, sin embargo, debieran casarse, aparte de que los votos frívolos de soltería son un pecado pues implican un menosprecio a una institución establecida por Dios.

El matrimonio y la familia, por otro lado, es una forma de ordenación privada de la vida en este mundo. De hecho, aparte de que uno de los cónyuges puede estar predestinado a la salvación y otro a la condenación eterna, de la Biblia puede deducirse que en la vida después de la muerte no habrán matrimonios. Si ambos cónyuges son salvos, tras su muerte no continuarán casados, puesto que en el Cielo no será necesario establecer un orden como el de la tierra. La necesidad de establecer autoridades civiles, eclesiásticas o familiares procede de la necesidad de ordenar un mundo dominado por el pecado, lo cual se realiza mediante una serie de pactos. Dios, ante todo, es un Dios “pactal”. Tenemos que someternos a los gobiernos y autoridades, así como a nuestros padres mientras vivamos con ellos, puesto que éstos tienen un pacto con Dios mediante el cual ejecutan su autoridad por delegación de Jesucristo. Igual ocurre con quienes estén en un puesto superior al que ocupemos. Puede ocurrir, no obstante, que unos y otros rompan el pacto de delegación de autoridad que tienen con Dios, violando flagrantemente Sus leyes, y se comporten con quienes están sujetos a ellos como auténticos tiranos. POR SUPUESTO, la rebelión contra quien esté por encima de nosotros no es legítima por el simple motivo de que no sea cristiano.

Pueden existir familias no expresamente cristianas pero que no sean enemigas del cristianismo ni opuestas al mismo (como pueden existir gobiernos aconfesionales respetuosos con la libertad religiosa). Si alguno de sus miembros se convierte a la fe cristiana, sigue sujeto a su autoridad. Sin embargo, también pueden existir familias evidentemente malvadas que incluso intenten impedir o hacer difícil el ejercicio de las virtudes cristianas al miembro que se haya convertido en creyente. En ese caso, NO está obligado a obedecerles puesto que todas las autoridades terrenales están obligadas a someterse a Jesucristo y a Su palabra-ley, puesto que Él es la fuente de la autoridad que ostentan.

La familia bien ordenada, por tanto, es fruto de un respeto (que pueden tenerlo incluso quienes no sean expresamente cristianos) que se da ella misma al orden bíblico (que también es aplicable a otras instituciones, sean públicas o privadas). Por mucho que lo intentemos a base de leyes jamás lo vamos a conseguir. Igual que, por más que lo intenten los actuales ingenieros sociales, jamás van a convertir una unión entre dos tíos en un “matrimonio” o una adopción de niños por estos señores en una “familia”, independientemente de la denominación “legal” que quieran darle.

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Responses

  1. Muy de acuerdo con lo que comentas en esta entrada Javier.
    Unicamente una matizacion. Me parece que estas siendo un poco pesimista con el planteamiento de la cuestion. Creo que no podemos conformarnos con decir: esto es lo que hay y que no vaya a peor. Creo que hay que marcarse metas mas altas y no podemos conformarnos con lo que hay, hay que mejorarlo, hay que concienciar a la gente, hay que realizar una importante labor misionera y unas cuantas leyes que facilitaran esto no estarian de mas.

  2. Muy de acuerdo con su artículo , Javier .

    No me hable del gobiernucho del chulito relativista moral de Feijoé , porque DA ASCO . La consejera de sanidad es una opusina babosa , gorda y grasienta , procedente de Palencia , con un CI propio de un negro subsahariano .

    “Una cosa es la madre soltera que espere un hijo de su novio o prometido (ya vimos que moralmente esto equivale a un compromiso matrimonial), y que durante el embarazo es abandonada canallescamente por éste. Pero esta es la infinita minoría de los casos, aunque en este caso, sí, caña, caña y caña a ese sinvergüenza si se demuestra que es el culpable del abandono de la mujer. Ninguna culpa tiene una mujer comprometida que sea abandonada de repente por su futuro esposo o que descubra que es un adúltero y no puede continuar con él. Pero otra muy distinta es la de la fulana que se encame con cualquiera y luego diga “aaaaay, es que quiero ser madre pero yo sola”.

    Esto me ha gustado mucho . Los hipocritones de Hazte oír , NO DICEN ESTO PORQUE SON UNOS COBARDES Y UNOS FALSOS .

    ME DAN ASCO POR ESO .

    Sbrá usted que los miembros del Ku Klux Klan , cuando un canalla o un cobardicas abandonaba a su novia formal embarazada , le daban caza y le obligaban a casarse con ella .

    Sin embargo , ¿qué coño hacen nuestros politicastros memócratas de la PPOE para proteger a la mujer decente que es abandonada por su novio sinvergüenza ?.A lo sumo , condenan a este a pagar una pensión de manutención para el niño , en el caso de que el juez tenga a bien obligarle a hacerse la prueba de paternidad .

    ¿Pero en qué sociedad MARICONA vivimos , cuándo no se protege a las mujeres decentes y sí A LAS PUERCAS VICIOSAS?

    Muy cierto también en lo de la “culpabilidad” .La ley de divorcio de 2005 , se ha cargado completamente este concepto , y el contrato matrimonial como tal .¿Dónde se ha visto que para un contrato como el matrimonio , más importante que cualquier otro , no se aplique lo que prevé el artículo 1124 del código civil para los casos de resolución por una de las partes?.

    Pero claro , lo “modelno” es decir que “nadie” tiene la culpa…”cojonudo”

  3. Rubén:

    Aparte de la labor misionera privada, en cuanto a leyes, seguramente no estaría mal someter a referéndum todas estas cosas (en un bloque, para que no haya que gastar tanto dinero organizando varios referéndums): el “matrimonio” gay, el divorcio “express”, la falta de culpabilidad en la ruptura matrimonial, la ley del aborto, la de cambio de género en el Registro Civil, etc…, a ver si es cierto que tienen tanto apoyo y tanto consenso como dicen.

    Sigfrido:

    Si lo del PSOE es una aberración, lo del PP es para mear y no echar una gota. Un cristiano no pinta absolutamente nada en este sistema político y de partidos diabólico que existe en España. Sí, Zapatero y el PSOE son unos acólitos de Satán, pero… ¿lo son menos en el PP? ¿Lo es menos el morito Camps o los de la Gürtel? ¿Han hecho algo por el Reino de Dios los peperos? Por lo menos, en países como Estados Unidos (o el ejemplo de Thatcher en el Reino Unido) hay cristianos en la política y que como tales actúan. Pero, ¿en España?

    La ley del divorcio actual configura el matrimonio como si fuera una especie de “apéndice sentimental” al noviazgo o rollete, un poquito más formal, si acaso, en lugar de como una institución contractual con unas obligaciones entre las partes y unas penalizaciones en caso de incumplimiento. Ahora mismo, el sinvergüenza que abandona a una pobre mujer que haya sido una buena esposa, sin culpa alguna por parte de ella, sí, una pensioncita y eso si hay desequilibrio entre las partes y, en muchos casos, limitada en el tiempo.

  4. […] el Quinto Mandamiento, he ido desglosando numerosos aspectos en varias entradas de junio sobre distintos temas, así como en una de febrero sobre el gobierno cristiano. Este Mandamiento, junto con el Séptimo, […]

  5. […] el tema de la familia ya hablé AQUÍ. ¿De qué familia “cristiana” (dicen “familias” a secas pero es evidente […]


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