Posteado por: Javier | julio 24, 2011

La libertad: ¿es un medio o un fin? (II)

Antes de continuar, lean en la Biblia Éxodo 8:1: “Entonces Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan”.

“Deja ir a mi pueblo PARA QUE ME SIRVAN”.

Faraón era un tirano no muy distinto de cualquiera de los tiranos grasientos y marrones que campan a sus anchas en no pocas partes de este mundo. Pero no hay que irse a esos extremos necesariamente. Puede ser identificable con cualquiera que mediante sus políticas haga un poco menos libre al hombre. Los israelitas llevaban cuatro siglos esclavizados. Pero su situación de esclavitud no era de carencias materiales. A los israelitas de nada faltaba en Egipto para su sustento. Ya fuera de Egipto, se lamentan en numerosas ocasiones de que allí tenían carne y otros alimentos en abundancia, en lugar del “pan tan liviano” que les enviaba Dios en el desierto. Lo que no tenían era libertad confesional y, a partir de aquí, libertad política y económica. Lógicamente, si hay libertad confesional, siempre habrá libertad política (pues podremos expresar libremente nuestras opiniones o creencias, elegir a representantes que sean acordes con las mismas, etc…) y económica (podremos organizar libremente nuestro patrimonio de acuerdo a ese servicio a Dios, dedicar a nosotros mismos lo que necesitemos y, lo que podamos, a las necesidades de otros, sin coacciones).

Muchos hoy siguen pidiendo que les gobiernen Faraones. Hay muchos ejemplos pero el más cercano que tenemos ahora mismo es el de los famosos “indignados”. Dejando de lado a los más extremistas, sí que los hay a los que alguna razón puede que no falte en algunas cosas: la maldita Unión Europea es un ente monstruoso que amenaza con atarnos y esclavizarnos por completo, el nuevo “Reich” alemán (solo que ahora financiero) y los gobernantes que lo han consentido, vendiendo nuestra independencia como país, son unos verdaderos traidores a la patria. Seguramente, cuando pasara la crisis, si hubiera un poco de decencia, habría que celebrar un macrojuicio para procesar a tanto traidor. Pero el problema es que andan completamente desenfocados. Lo que piden como solución es convertirse en siervos, a cambio de que el Faraón les de carne para comer. Quieren Faraones modernos que les arrojen un plato de comida a cambio de tenerlos atados. En sus propuestas, aparte de que muchas son disparatadas, no verán ni una que dé un poco más de libertad al individuo.

En el ultimátum que repetidamente Dios, por boca de Moisés, da al Faraón está la respuesta a la pregunta ¿por qué debiese el hombre ser libre?

La razón por la cual el hombre debiese ser libre, la razón por la cual el hombre debe salvaguardar y defender su libertad dada por Dios no es por cualquier cosa: no es para embriagarse, ni ser un ludópata, ni un fornicario, ni un delincuente moral, ni un embustero, etc…, es para servir a Dios.

El plan diseñado por Dios en este mundo pecaminoso es que el hombre viva como un ser libre, no simplemente a causa de la libertad en y por sí misma (lo cual no sería más que una licencia para hacer lo que nos plazca), sino PARA QUE EL HOMBRE PUEDA SER LIBRE PARA SERVIR A DIOS. Dios requiere que el hombre preserve su libertad para que pueda ser auto-responsable ante Dios como el Creador y Sustentador del hombre. La libertad no es algo que el hombre deba disfrutar solo si los gobernantes civiles, de manera gentil, se dignan a otorgarle libertad.

La libertad es totalmente necesaria para que el hombre sea absolutamente auto-responsable ante Dios, es algo ordenado por Él y para Él. Se entenderá ahora la incongruencia de que libertarianos y anarcocapitalistas digan con tanta frecuencia y tan poca vergüenza que, al no defender que el Estado dé carta de naturaleza tácita mediante sus leyes a la “libertad para drogarse” o para “prostituirse” o “para disponer uno mismo de su cuerpo de cualquier forma que le venga en gana”, con el único requisito de que “no haga daño a nadie”, pretendemos ser “papás morales” de la sociedad. ¡Todo lo contrario! Lo que la ley no puede avalar dándole rango legal, como algo reclamable como un “derecho” ante la jurisdicción estatal, es que el hombre se auto-esclavice a sí mismo o se convierta en una ley en sí mismo, que es en lo que consisten estas conductas, en la auto-esclavitud.

Nosotros no somos los autores de nuestra propia existencia, sino que existimos por la voluntad benévola y el poder de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios que nos hizo para Sus propios propósitos y beneplácito. El buscar separarnos de Dios es cortarnos a nosotros mismos de la única fuente de vida. El vivir independientemente de Su persona y voluntad es negar el propósito para el cual fuimos creados. Dios no dijo, “según su género”, como con el resto de seres de la creación (Génesis 1:11-12, 21, y 24-25), sino “a nuestra imagen”. La humanidad no es un conjunto de “bichos más avanzados” que el resto de los que viven sobre la tierra, sino que es única entre la creación en que solo ella lleva la imagen de Dios. El hombre y la mujer recibieron el privilegio y responsabilidad de reinar sobre toda la creación como vice-regentes de Dios. Su reinado no debía ser independiente del reinado de Dios, sino existir en perfecta conformidad a Su voluntad. Ellos debían reinar para el beneficio y cuidado de la creación y para la gloria de Dios. En Génesis 1:26-28, aprendemos que el hombre es único de entre el resto de la creación en que solo él fue creado a la imagen de Dios. Aunque el hombre es único, él comparte un propósito común con el resto de la creación: él no fue hecho para sí mismo, sino para la gloria y beneplácito de Dios. Las Escrituras enseñan que el hombre y la mujer fueron creados POR DIOS Y PARA DIOS, y encuentran significado para su existencia solo en amarle, glorificarle, y hacer Su voluntad.

Igualmente, la libertad es un don otorgado al hombre por Dios, no por una concesión graciosa de los gobernantes. Pero este don está ordenado a un fin predeterminado por Dios. Por eso tanto el capitalismo sin ley como el socialismo han fracasado. El primero no establece un marco de leyes donde desarrollar la libertad económica, sino que busca la libertad económica por la libertad económica, sin regulación alguna. El segundo pretende actuar con los hombres como un “agente predestinante” desde la cuna a la tumba, eliminando toda responsabilidad individual. Ningún sistema puede funcionar si su raíz está podrida, el buen árbol nunca da buenos frutos. Los “Founding Fathers” en EEUU y otros liberales clásicos entendieron esto. La religión, según dijo James Madison, es la obligación que le debemos a nuestro Creador. Cada uno de nosotros es creado por Dios y le debe a Él obligación. La obligación que le debemos no puede ser determinada por la criatura, sino por el Creador. Los padres fundadores de los EEUU entendieron esta verdad, pero demasiados americanos modernos y líderes políticos, o han olvidado o nunca han entendido la teología subyacente a la libertad económica y política, piensan que procede de la nada o de una concesión del gobernante. Por eso, EEUU cada vez es un país cada vez menos libre, que avanza a marchas forzadas hacia la europeización.

El único papel, en consecuencia, del gobierno civil es mantener un sistema moral de ley y orden para que el hombre pueda ser libre y responsable ante Dios. El gobierno civil es una agencia social instituida por Dios, no para restringir la libertad del hombre, sino para mantener un marco y una orden legal en que el hombre pueda desarrollar su libertad y su responsabilidad, no para convertirse en una ley en sí mismo, creando distintas facciones luchando entre ellas por no ser “molestados” por los “derechos” de una u otra, como tanto gustaría a nuestros amigos ancaps. Por ese motivo es necesaria la institución del gobierno civil, por la tendencia pecaminosa del hombre a esclavizar y tomar una ventaja injusta sobre quienes tiene a su lado.

Según la visión atea y evolucionista del hombre, este no sería responsable ante Dios. Si el hombre es una “casualidad” o un “suceso”, no está llamado a regirse por principios eternos ni debe servir a nadie más que a otros hombres que estén por encima suya, solo hay que esperar a que la “evolución” de las formas de gobierno las auto-perfeccione hasta llegar a una que cubra todos los supuestos en que el hombre deba responder por sus propios actos. Esto llevará al final a una forma de gobierno netamente totalitaria puesto que pretender eliminar la responsabilidad del hombre conduce a que es necesario que el Estado cubra todas y cada una de sus eventuales situaciones de necesidad sin libertad alguna para elegir. Aquello que no es libre no puede ser auto-responsable, libertad y responsabilidad son las dos caras de la misma moneda. De modo que, la preservación de la libertad, y su no invasión, es el único fin válido del gobierno civil. Hoy, sin embargo, en lo que se afana el gobierno civil es en pretender regular los cultos con la excusa de que algunas manifestaciones de los mismos son “machistas” o “injustas”, ilegalizar ideas políticas con la excusa de que son “peligrosas”, de alcanzar la plena seguridad laboral, de estimular la economía con el dinero de otros, de “proteger” a la gente de su propia supuesta “falta de visión” a la hora de qué hacer con su patrimonio, de eliminar la pobreza y de usar el poder del Estado para imponer impuestos y transferir de manera obligatoria la riqueza de algunos ciudadanos hacia otros, en lugar de para sufragar lo que es la obligación del Estado: mantener la libertad de la gente mediante la seguridad pública y las fuerzas armadas. Los gobernantes humanistas de nuestro tiempo, al no admitir la libertad política y económica más allá de establecer el marco que es necesario para su propia protección, usan la excusa de “cuidar de la gente desde la cuna hasta la tumba” como medio para impulsar sus propias metas políticas y económicas. Puesto que niegan que su posición de autoridad sea una delegación de Dios, para ellos, les es lícito adoptar Su posición.

Por eso es tan importante la presuposición desde la que se parta, de la que hablé en la entrada anterior, si se considera que el hombre es consecuencia de Dios o no. El hombre puede no ser libre ni responsable, como pretenden los totalitarismos fascista o comunista. También puede ser libre para convertirse en un opresor individual, una ley y un fin en sí mismo, que obligue al resto de la comunidad a aceptar por narices sus gustos, vicios o preferencias como algo que debe tener naturaleza legal y ante lo cual otros han de transigir, y, en este caso, su libertad también sería un fin en sí mismo. O puede ser libre como un medio para servir a Aquel que es su causa.

Pese a este panorama tan sombrío, no obstante, se puede ser optimista. Los gobernantes de nuestros países han construido ídolos tanto políticos como económicos, como la ONU, la UE, el “welfare”, etc., a los que la gente ha adorado neciamente desde hace décadas, depositando toda su confianza en ellos, aunque les roben su libertad individual y la independencia de sus naciones. Ellos mismos, igualmente, han empleado los resquicios de libertad que le han dejado todos estos entes para autosatisfacerse con toda clase de degeneraciones o para vivir muy por encima de sus posibilidades (como en el caso de Grecia), han construidos sus propios ídolos. Sin embargo, como ídolos que son, comienzan a dar señales de estar resquebrajándose. Los tiempos que vienen van a ser duros, con el añadido de que esta generación no conoce lo que es vivir sin comodidades ni pasar estrecheces (si la cosa está cruda en España, eso no es nada comparado con los tiempos que me barrunto pueden venir, puesto que este país lleva mucho tiempo ofendiendo y tentando a Dios, riéndose de Dios, y la paciencia de Dios tiene un límite), y especialmente para los que no tienen a Dios. Yo no estoy especialmente preocupado puesto que el centro de mi vida no es la “copita”, la “cañita”, la “terracita” o ir a la “playita” a tumbarme al sol como si fuera una lagartija. Sé que tienes que poner de tu parte, seguir trabajando y produciendo cada día que, pero, a la vez, que, pase lo que pase, Dios siempre sigue cuidando a Su pueblo. Quién sabe si, después de todo esto, vendrán tiempos en que de verdad podremos volver a ser libres para servir al Creador.

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Responses

  1. Hola Javier, encontré este libro buenísimo sobre Liberalismo Clásico (Hume, Smith, Mises y Hayek) y Relaciones Internacionales que creo que si no has leído te puede ser de mucho interés. Un saludo.

    http://ifile.it/g8zeso/ebooksclub.org__Classical_liberalism_and_international_relations_theory__Hume__Smith__Mises__and_Hayek.l_zjx361o48x1zx56.pdf


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