Posteado por: Javier | agosto 1, 2011

Las sandalias del pescador (I)

En estas entradas quiero tratar la visita del Papa de Roma, Benedicto XVI, a España (el jueves, día 18, llegará a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud) desde una perspectiva bíblica. Al haber tratado el domingo un tema “aconfesional”, esta va en lunes, pero las dos siguientes las publicaré en los dos próximos domingos, Dios mediante.

Dentro ya de pocas semanas el Papa Benedicto XVI estará de nuevo en España. Hasta ahora hemos tenido, sobre todo, quejas por los altos costes de la visita y una campaña contraria por parte de las autodenominadas organizaciones “laicistas”.

Algo previo que decir, estos “laicistas”, en absoluto son unos compañeros agradables de viaje, y eso es cuestión totalmente aparte a que, durante cinco días, en Madrid se vaya a ver todo un derroche de idolatría católica romana, puesto que la mayoría de ellos, de hecho, son unos elementos peligrosísimos para la libertad confesional. Demoníacos y anticristianos, puesto que, evidentemente, su rechazo al papado procede de su rechazo al cristianismo: ellos identifican “cristianismo” con el papado así como con el catolicismo romano. Ya se ha anunciado una marcha para el día 17 organizada por algunas entidades de extrema izquierda, ateas y pro-sodomíticas. La verdad es que, mientras no causen disturbios que afecten a los madrileños y a quienes visiten la capital de España, me da exactamente igual. Mientras la marcha ante el Papa no sea con la Santa Biblia en mano (que ese es justo el problema de este país, la falta de Dios), no me interesa lo más mínimo.

Tiene bastante gracia, hay que reconocerlo, la forma que este tipo de gente y organizaciones tienen de criticar al Papa (algo que demuestra que la masa encefálica dentro del cráneo no es algo de lo que anden muy sobrados). Porque, ojo, no simpatizo con la Iglesia Católica ni el Papa (no digo que, objetivamente, desde el punto de vista estrictamente humano, sean “malos” o “malas personas” ni el Papa actual ni su antecesor, el rechazo es, desde el punto de vista cristiano y bíblico, a la propia existencia del cargo que ocupan) pero cuando algunos hablan de que “ha expandido el SIDA por África” son muy hipócritas, pues lo que ha expandido de verdad el SIDA son los comportamientos indecentes y el adulterio que ellos mismos están día y noche promoviendo, aparte de que lo que ha dicho alguna vez Ratzinger en concreto, creo recordar, no es que no se usen preservativos sino que no son la panacea contra el SIDA, las cosas hay que criticarlas con la verdad. Algo que, además de esto, no tiene sentido alguno: si los africanos siguen estrictamente al Papa, lo que no harán es no ser católicos inconsecuentes, fornicando promiscuamente fuera del matrimonio. Y, si no son católicos, ¿qué cojones les importa lo que diga el Papa? Ellos seguirán usando preservativos, diga lo que diga el Papa. Al igual que hay muchísima hipocresía con el tema de la pederastia de algunos sacerdotes, que la hay, pero los que están todo el día con esa matraca seguro que son los mismos que, de aquí a unos años, estarán pidiendo legalizarla para no “discriminar a los pobrecillos pederastas”, que ese es “su estilo de vida”. Igualmente, les molesta que se financie públicamente toda la parafernalia de la visita papal, que hasta cierto punto es lógico, pero no que se promocione con dinero público toda su basura: la homosexualidad, el anti-capitalismo, el ecologismo sandía, el abortismo, la sexualización de niños o adolescentes, el feminismo radical, el inmigracionismo, el multiculturalismo, el europeismo, el tercermundismo y demás bazofias. Con la excusa de que toda esta porquería es “neutral”.

Aquí la perspectiva es exclusivamente bíblica y el título de la entrada es el de la famosa película de Anthony Quinn, puesto que, básicamente, me voy a centrar en el pescador, en el apóstol Pedro, el “primer Papa”, según la enseñanza católica, llamado a ser el “vicario” o representante de Cristo en la tierra. Vamos a demostrar bíblicamente cómo esto no es así. Alguna vez me han tachado de “anticatolicismo extremo”. Eso es incierto pero, aparte, me da exactamente igual. Siempre intentaré defender la Verdad y esto no es una cuestión de intentar no ofender a nadie. Yo no odio a los católicos. Al contrario, tengo un gran amor por ellos, hay gente honesta y decente allí dentro, pues, quitando a muchos que estén dentro simplemente por dinero, prestigio social, poder o ambición, entiendo que hay muchos que, en principio, tienen buenas intenciones, quieren seguir a Dios, pero están dentro de esa iglesia por presiones familiares, sociales, tradición o desconocimiento. No lo duden: yo AMO a los católicos que sinceramente quieren obedecer a Dios, aunque en el sistema católico romano estén absolutamente perdidos y fuera de la salvación. En caso contrario, no perdería ni un segundo en decirles y advertirles que necesitan a Jesucristo y que en un sistema tan fraudulento como el papal están abocados a la perdición.

AQUÍ NADIE ODIA A LOS CATÓLICOS, EL ODIO ES A LA MENTIRA, si así fuera, no perdería horas de mi tiempo libre montando tres entradas en las que intento desmontar en base a la Biblia la doctrina de que Jesucristo fue el “fundador” del Papado, así como otros dogmas católico romanos.

No digo que no haya católicos que, en el fondo, tengan un deseo de seguir a Dios y que, siendo personas, desde el punto de vista humano (porque ante Dios no hay nadie “bueno”, ni yo mismo) muy dignas y honestas, por desconocimiento y por la propaganda papal, blanqueando sus doctrinas falsas con la publicidad de sus obras sociales, como si fueran una ONG, no sepan que su iglesia es la más pagana y anticristiana. A mí esa gente si me produce piedad y compasión cristiana. Hay “cristianos” que parecen disfrutar con el hecho de que haya infinidad de pecados e inafamias en el mundo, como señalando que “yo no soy igual” (cuando la realidad es que sin Jesucristo, seríamos igual de impíos ante Dios), cuando a un cristiano no hay cosa que le produzca más dolor que el mero hecho de que haya pecado en el mundo. Igual, algo similar, ocurre con la homosexualidad. Por eso siempre digo que el que alguien sea gay para mí no es digno de insulto, mofa o burla, a mí lo que me inspira es una gran piedad, pero yo no puedo dar el visto bueno a su vicio como no puedo dar mi visto bueno y decir que respeto las doctrinas falsas.

Entrando ya en el tema, el poder papal es el emblema, el estandarte fundamental (junto con la mariología, la Eucaristía y la creencia en el purgatorio) de la Iglesia Católica Romana y la columna sobre la que se asienta su propia existencia. Esto es muy importante puesto que, como organización, la Iglesia Católica tiene su fundamento en la supuesta autoridad que Jesucristo concedió al apóstol Pedro y al cargo que éste llegó a ocupar, también supuestamente, como Obispo de Roma. De donde procede la creencia de que los sucesivos Obispos de Roma, que habrían sucedido a Pedro en el cargo, serían, a su vez, los depositarios de esta autoridad que, siempre según esta creencia, Cristo en persona le habría delegado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Si escudriñamos la Biblia, comprobaremos que no es en absoluto un cargo de “institución” divina, sino una invención humana.

Antes de pasar a otras cuestiones, veamos las intenciones de Jesús sobre el establecimiento de una persona como “Primado” o “Autoridad Principal” a la cual tuviera que sujetarse toda Su Iglesia:

“Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (Marcos 9:33-35).

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:25-27).

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo” (Mateo 23:9-11).

Esto, en general, vamos a entrar ahora con el apóstol Pedro, al cual, al igual que a María, la madre de Jesús, la Iglesia Católica ha revestido de una condición que tanto uno como otro hubieran rechazado en vida.

Pedro ni se enteró

Para ser el primer Papa, Pedro habría sido un Papa verdaderamente curioso. Para empezar habría sido nombrado “Papa”… sin llegar ni a enterarse de ello. La vida y ministerio de Pedro lo conocemos, aparte de a través de los Evangelios, por sus dos cartas apostólicas y el libro de los Hechos.

Si leen el libro de Hechos, capítulo 15, verán que la voz principal en el concilio de Jerusalén fue la de Jacobo, NO la del “Papa” Pedro.

Pasen a la primera Epístola de Pedro y juzguen ustedes mismos, a través de sus propias palabras, si se consideraba la “Máxima Autoridad” de la Iglesia:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad” (1 Pedro 5:1-5).

Como vemos, humildemente se coloca en posición de igualdad con el resto de ancianos de la iglesia, reconoce el Poder Real de Cristo sobre todos los pastores de Su Iglesia (NO sobre el único pastor, el “Papa”, sino sobre “LOS PASTORES”, en plural) y dice que los ancianos se deben sumisión recíproca “unos a otros”, NO a una cabeza terrenal, la “papal”.

Pero, es más ¿cómo inicia estas cartas?: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 Pedro 1:1-2) y “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” (2 Pedro 1:1-2). Supuestamente, Cristo le había “otorgado” el cargo de “Papa”. Él, sin embargo, se define, de su puño y letra, como un apóstol más.

Pero hay más. Si leemos la carta a los Gálatas, sabremos que Pablo se vio obligado a reprender a Pedro: “Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar.Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2:11-14).

Según este texto, comparándolo con la doctrina católica, Pablo se habría rebelado contra el “Papa”, llamándole incluso “hipócrita”. Imagínense uno de los cardenales llamando “hipócrita” al Papa de Roma, al que fuera. No tardaría en ser excomulgado.

La “infalibilidad” de Pedro

La Iglesia de Roma, durante siglos, ha cambiado de doctrinas tantas veces y en tantas formas como le haya hecho falta para sustentar su poder terrenal. Si hay que pasarse por el forro la Biblia no hay ningún problema (si leen webs, libros o artículos de apologética católica, toda la “fundamentación” de los dogmas está basada en encíclicas papales o en el catecismo romano, nunca en la Biblia). Cuando se desea cambiar la realidad, el disponer del poder de impartir disposiciones y creencias sin posibilidad de cuestionamientos es imprescindible para darle credibilidad a los particulares intereses. Alguien “infalible” es necesario para fundamentar la divinidad de las “Tradiciones” que resulten particularmente útiles al momento de sustentar esos intereses y, de acuerdo a la doctrina Católica, el Papa es “infalible” en materia de doctrina y fe.

Según la Iglesia Católica, hay que entender que Pedro también fue “infalible”, aunque el dogma de la infalibilidad no se declarase hasta 1870 (habría sido declarado en esa fecha pero los Papas anteriores también habrían sido “infalibles”). La intrahistoria de corruptelas curiales y satánicas que acompañaron a la aprobación de este dogma romano daría para escribir una entrada entera y no es objeto de la actual (quizás en otra ocasión), pero, muy resumidamente, se puede decir que fue el sostén final y desesperado que Pío IX esperaba que apoyaría la estructura decrépita del dominio católico romano papal sobre los gobiernos del mundo y sus ciudadanos. Para establecer este dogma de una vez por todas, el Papa convocó al Concilio Vaticano I, el 8 de diciembre de 1869. Fue verdaderamente controvertido y a punto estuvo de fracturar a la Iglesia Católica pues era algo que iba incluso contra su propia historia anterior. Sencillamente, antes no hacía falta esto para afirmar el poder papal, para la Iglesia de Roma se hizo necesario ante la liberalización política y religiosa en los países tradicionalmente católicos. Conociendo la historia de los Papas, varios obispos católicos se opusieron a declarar dicha doctrina como dogma en el concilio de 1870. En sus discursos, un gran número de ellos mencionó la aparente contradicción entre semejante doctrina y la conocida inmoralidad de algunos Papas o el hecho de que se hayan puesto unos contra otros, en especial el caso del Papa Esteban VI (896-897) que llevó al Papa Formoso (891-896) a juicio, en el año 896, en una historia verdaderamente grotesca: el Papa Formoso, cuando fue juzgado,… había muerto hacía ocho meses. Sin embargo, su cadáver fue desenterrado y llevado a juicio por el Papa Esteban VI. El cadáver putrefacto fue situado en un trono. Allí, frente a un grupo de cardenales y obispos lo ataviaron con ricas vestimentas del papado, se puso una corona sobre su calavera y el cetro del Santo Oficio colocado en los cadavéricos dedos de su mano. Mientras se celebraba el juicio, el hedor del muerto inundaba la sala. El Papa Esteban, adelantándose hacia el cadáver, lo interrogó. Claro está que no obtuvo respuesta, y el Papa difunto fue sentenciado como culpable. Entonces, le fueron quitadas las vestimentas papales, le arrebataron la corona y le mutilaron los tres dedos que había utilizado para dar la bendición papal. Luego, ataron el cadáver a una carroza y lo arrastraron por las calles de Roma, lanzando mas tarde el cuerpo al río Tíber. No todos los Papas, siguiendo los parámetros humanos, pueden considerarse “malos” en la misma medida que Esteban VI. Lo que esto demuestra es cómo puede investirse de “infalibilidad” un ser humano que día a día se equivoca y comete pecados, por muy pulcra y sobria que sea su existencia terrena, más aún en casos como el de este individuo deleznable que llegó a ser Papa de Roma.

Antes de que Pío IX abriera el Concilio Vaticano I, el 8 de diciembre de 1869, la oposición a la infalibilidad papal había aumentado hasta alcanzar proporciones enormes entre los obispos. Los que estaban a favor de la infalibilidad, cuando comenzó el Concilio, eran una minoría. Sin embargo, tenían un plan concreto para tomar el control de las posiciones claves en la burocracia del Concilio y de los medios noticiosos de la Iglesia. En esto fueron ayudados por el Papa, la mayoría de la curia y los Jesuitas, posiblemente, la orden papal más dañina.

Hacer una exposición de las peores doctrinas que algunos Papas, en los 1700 años de historia de la Iglesia Católica Romana, han señalado como dogmáticas sería como construir una verdadera galería de los horrores satánicos. Espeluzna, sobre todo, por la cantidad de almas que han enviado a arder en el infierno. La más terrible, puede que fuera la de Juan XXII (1316-1334), la de que “Cristo y sus apóstoles habían sido hombres de gran riqueza”, como declaró en una bula papal, “Cum inter nonnulos”(1323). El negar ese dogma era herejía. Juan XXII demandó a las autoridades que quemaran en la hoguera a los franciscanos por hacer votos de pobreza. Más aún, juró que la virgen María se le apareció para presentarle la Gran Promesa: que ella entraría personalmente en el purgatorio el sábado después de sus muertes y llevaría al cielo a todos aquellos que murieran llevando puesto su escapulario marrón. Confiados en esta, confirmada por otros Papas, millares de católicos romanos desde entonces han usado (y usan) el escapulario marrón de “Nuestra Señora del Monte Carmelo” como su “billete al cielo”.

¿Bíblicamente, podemos fundamentar que Pedro fuera “infalible”?

En Mateo 16:22, leemos cómo exhorta a Jesús a no morir en la cruz. Pedro estaba negando el fundamento mismo de la obra perfecta de Cristo: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22). Jesús le contestó: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (versículo 23). No tardó Pedro demasiado en cometer otro error: colocar al Rey, a Jesucristo, al mismo nivel que Sus sirvientes, Moisés y Elías: “Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí, si quieres hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mateo 17:4). Esta vez es Dios mismo que desde los cielos reprende al “primer Papa”: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd” (versículo 5).

Durante el proceso a Jesús, Pedro le negó hasta tres veces, como todos sabemos.

Pedro no fue perfecto. Ningún cristiano lo es, lo que debe hacer es perseverar hasta el fin en la fe para ser salvo. Más de uno puede haber sostenido una opinión hereje en algún momento de su vida como creyente. Sin embargo, el Papa vive en una herejía permanente.

La infalibilidad es algo que da un poder del que ningún gobernante terrenal dispone. Es una de las creencias más dañinas de la Iglesia Católica Romana. Para poder ver el efecto devastador de atribuir semejante autoridad suprema a un mero hombre falible y pecador, solo se necesita observar la reacción servil de los que tienen la fortuna suficiente de conocer al Papa en persona, de estrecharle la mano o de tocarlo. Puede observarse el desbordante entusiasmo de las decenas de miles de personas que se reúnen cuando el Papa hace acto de presencia personal. Muchísimos se arrodillan ante el Papa, como si este fuera su señor:

Algo que jamás consintió Pedro (Hechos 10:25-26), el “primer Papa”:

“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirlo y, postrándose a sus pies, lo adoró. Pero Pedro lo levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy un hombre”.

En el servil reconocimiento de la infalibilidad hay una identificación indeseable de los fieles católicos romanos con el poder papal. Es una identificación que surge incluso entre los miembros comunes de la Iglesia, un orgullo enceguecedor y destructor por pertenecer a “la Iglesia mas antigua y mas grande, la única verdadera, fuera de la cual no hay salvación”. Muchos católicos buscan sinceramente la salvación dentro de su iglesia pero doctrinas como esta hacen a otros devotos insensibles a lo que de otra forma serían los evidentes fracasos históricos de la Iglesia de Roma.

Continuaremos el domingo.

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Responses

  1. “Algo previo que decir, estos “laicistas”, en absoluto son unos compañeros agradables de viaje, y eso es cuestión totalmente aparte a que, durante cinco días, en Madrid se vaya a ver todo un derroche de idolatría católica romana, puesto que la mayoría de ellos, de hecho, son unos elementos peligrosísimos para la libertad confesional. Demoníacos y anticristianos, puesto que, evidentemente, su rechazo al papado procede de su rechazo al cristianismo: ellos identifican “cristianismo” con el papado así como con el catolicismo romano”.

    Para mí, tanto el Papa de Roma y sus acólitos en el mundo, como los “laicistas”, son hijos de Satanás.

    “Ya se ha anunciado una marcha para el día 17 organizada por algunas entidades de extrema izquierda, ateas y pro-sodomíticas. La verdad es que, mientras no causen disturbios que afecten a los madrileños y a quienes visiten la capital de España, me da exactamente igual”.

    Mucho más disturbios y molestias van a provocar los papistas — en parte porque ahora se sienten con la suficiente confianza como para pedir (me consta) el cierre de mi página web mediante actos de terrorismo cibernético (también tengo pruebas de esto).

    “Mientras la marcha ante el Papa no sea con la Santa Biblia en mano (que ese es justo el problema de este país, la falta de Dios), no me interesa lo más mínimo”.

    Son tal para cual. Yo creo que en eso, pese a su republicanismo, nuestro “amigo” el maestro de Riego, estaba en lo cierto – bueno él y el señor Galiano. ¿No se queda usted estupefacto, Javier, al contemplar el panorama de este triste país que se divide entre papistas rabiosos, y laicistas envidiosos de la riqueza ajena? Claro hoy en día todo es desafortunado por la situación del entorno, pero a mi desde luego no me cabe duda alguna que hubiera colaborado directamente con Riego con tal de impedir y frenar el acceso de Fernando VII al trono (sin perjuicio de mis críticas a la Rev. francesa que usted ya conoce muy bien).

    En cuanto a la financiación — yo digo NO A TODO — NO AL PAPA, NO A COGAM, NO A NADA. Que lo paguen los papistas si quieren la visita esta de ese…individuo…ajem (no quiero decir ninguna palabrota hoy) y por supuesto los señores aficionados a la sodomía (un pecado ante los ojos de Dios) que no me exijan pagarle su fiesta con impuestos (de hecho, creo que es hasta moralmente lícito objetar en esta situación y hasta pagar en prisión por servir a DIOS).

    Le dejo con esta cita del compañero de Riego que, a pesar de que fue Masón (no me gusta la Masonería ni la Const. de 1812 necesariamente), también era un patriota:

    “Las órdenes de un rey ingrato que asfixiaba a su pueblo con onerosos impuestos, intentaba además llevar los miles de jóvenes a una guerra estéril sumiendo en la miseria y el luto a sus familias. Ante esta situación, he resuelto negar obediencia a esa inicua orden, y declarar la Constitución de 1812 como válida para salvar la patria y para apaciguar a nuestros hermanos de América, y hacer felices a nuestros compatriotas. ¡Viva la Constitución!”.

    Al menos era constitucionalista, cosa que por supuesto los papistas SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE HAN REPUDIADO.

    La visita del Papa a Madrid no es más que otra amenaza, entre muchas, a la libertad. No le voy a recibir aunque lo que debería recibirle es el grito de repudio de los Cristianos de verdad.

  2. ¡Dios mío! Esos señores, ajem, ¿están pidiendo que cierren su web? No voy a dar nombres ni de individuos ni de asociaciones, pero no se porqué me da que sé, o tengo una ligera idea de quiénes son estos tiranos. ¿Les molesta que se critiquen las creencias satánicas de Roma? Ok, pues esto no es nada para lo que queda, aunque, ahora con el PP, habrá que atarse los machos, ya que lo que van a tener que ver en Madrid es un anticipo de lo que queda los próximos cuatro años en toda España.

    Básicamente, el problema es que entre la gente “laica”, algunos patriotas tipo Riego que tuvimos en el siglo XIX, que, por lo menos tenían en mente la idea de defender la libertad para los españoles fuera de estas cadenas de oscurantismo e ignorancia, podrían existir más aliados contra este poder totalitario, pero la desgracia de España, hoy, siglo XXI, es que son muy poquitos, la mayoría son esperpentos repulsivos (aunque el Papa de Roma para Dios sea exactamente tan inmundo como ellos) cómo los que van a manifestarse en Madrid, cuya alternativa es algo tan condenado al infierno como el papado.

    Sí que es cierto, al hilo de lo que comenta, que algo debo puntualizar al texto de la entrada. Estos individuos y entidades son grotescas e inmorales, pero, al menos, no pretenden portar el nombre de Cristo ni montar una fiestecita bajo el nombre de “cristiana”. Lo de que son tal para cual es muy cierto y ya comenté en otra entrada lo aburrido y hastiado que me tienen unos y otros:

    https://lavozliberal.wordpress.com/2011/04/01/desde-la-barrera/

  3. BUAJAJAJAJAJA. Bueno, en primer lugar:

    TACHÁN — POR FIN: DESALOJO DE LA PLEBE APESTOSA DE SOL:

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/02/madrid/1312265752.html

    Los vecinos estamos todos muy felices: en nuestra patria, nunca tuvo mucho arraigo eso de los “revolucionarios”. ¿Quieren indignarse? QUE VAYAN A FERRAZ Y A LA MONCLOA. COBARDES CÍNICOS.

    ————————-
    1. Tema cristiano – efectivamente, al menos NO UTILIZAN EL NOMBRE DE CRISTO REY.

    2. En el siglo XXI, no tenemos aliados ya – nuestro único aliado es Dios, el de la Biblia.

    3. ¿Ah sí? ¿Se sospecha vd quiénes son? Dígamelo por correo…

    4. Buff…ahora con el PP….papismo puro y duro, GRANDES DOSIS.

  4. Ah, sí, los “indignaos”: más de 20.000 kilos de basura han dejado, GUARROS. Habría que hacerles pagar los gastos de la desinfección, una vez que ya está parcialmente desinfectada la plaza sin su presencia.


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