Posteado por: Javier | agosto 2, 2011

La inflación: una fuerza destructiva

Llegó el 2 de agosto y no se produjo el “apocalipsis” en los EEUU, republicanos y demócratas, finalmente, han alcanzado un acuerdo en el Congreso sobre el techo de gasto. Un acuerdo, eso sí, muy tibio y que no solucionará por supuesto los problemas financieros useños, simplemente es un pequeño alivio en un país cuya deuda pública está cerca de alcanzar el 100% del PIB. EEUU, de momento, no va a suspender pagos yponer en peligro toda la confianza y el crédito de EEUU por primera vez en la historia de nuestra nación” como ha dicho alguna vez el secretario del Tesoro Timothy Geithner y el presidente Hussein Bobama. Esta “parte tragedia, parte farsa” parece llegar a su fin: anoche aprobó el plan la Cámara de Representantes y hoy la vota el Senado.

Quizás, los republicanos han transigido demasiado, sobre todo, cuando el acuerdo ofrecido por los demócratas siempre ha consistido en poner la seguridad estadounidense en riesgo (cuando los gastos estadounidenses en Defensa suponen tan solo el 5% del PIB) o subir los impuestos como únicas alternativas a reducciones casi cosméticas del gasto, pero también, muy probablemente, en EEUU están ante una situación que solo podrá comenzar a pararse mandando al paro a Obama en 2012. Obama, como buen socialista, lleva en la sangre la obsesión por el gasto público y nadie le va a hacer bajarse del burro mientras ocupe la Casa Blanca.

A pesar de todo, es muy probable que las agencias calificadoras terminen disminuyendo la calidad de la deuda pública estadounidense, por lo parco de los ajustes, ello en medio de una situación en que la actividad productiva (no olvidemos, de donde hay que sacar el dinero para pagar esa deuda) está en mínimos históricos para ese país. En una situación muy similar nos vemos en España, donde hoy, a primeras horas de la mañana, hemos sabido que la prima de riesgo ha superado los 400 puntos, lo que nos coloca también a nosotros un poco más cerca del impago.

Y es que, si algo, por lo menos, están mostrando estos tiempos, a un lado y otro del Atlántico, que se iniciaron en 2008, cuando se iba a “refundar el capitalismo”, es, precisamente, el fracaso del socialismo y la incapacidad de los planes de estímulo del sector público para reactivar la economía, alguna consecuencia positiva habrá que sacar. Seguramente, al igual que lo de EEUU es de verdadera vergüenza y acreedor de que se hubiera permitido el cierre del gobierno federal, en Europa, otro que debería echar el candado es el gobierno central europeo. Es algo rechazable, aunque, ya que existe, y mientras no se derrumbe, que, al menos, haga algo en relación a este derroche. Pues ni eso:  todos los estados miembros de la Unión Europeda, empezando por Alemania, tienen un nivel de endeudamiento que sobrepasa con creces el límite permitido por el Tratado de Maastricht, con algunos, al margen de Grecia, al borde de la quiebra. El valor actual de las obligaciones sociales de la UE asciende a más de cuatro veces el PIB comunitario. El populismo de algunos gobernantes, a la hora de mantenerse en el poder, financiando los gastos con los que mantienen contentos a sus potenciales electores mediante más emisión de deuda y más impresión de billetes tiene su límite. Hasta no hace demasiado, existía mucho paralítico cerebral que pensaba con toda seriedad que los gobiernos más austeros eran una especie de “tacaños”, mientras los más derrochadores muy “generosos”. Si todo esto solo afectara a quienes han votado a estos irresponsables, pues nada, ahora “¡ZAS! en toda la boca”. Pero esto afecta a todos, a tí, a mí, pues la principal consecuencia de cómo se financia este gasto público, la inflación desatada, es una expropiación de nuestra riqueza que nunca hemos votado.

Darle sin parar al botón de la máquina de imprimir billetes, con la esperanza de que estos, tras regar el sector público, por contagio, reanimarán el privado, no es una solución, es un fraude monetario a gran escala.

El bueno de Milton Friedman comparó el aumento del gasto público, y la inflación que lleva aparejada, con el alcoholismo. Bueno, pues ahora se puede decir que estamos no en una borrachera, sino en toda una cirrosis crónica.

Cuando el borracho empieza a beber los primeros efectos son buenos: una sensación placentera, agradable y de alegría. Los efectos malos llegan al día siguiente, en forma de dolores de cabeza, situación de inquietud y una imperiosa necesidad de volver a beber. Cuando un país aumenta artificialmente la cantidad de dinero en circulación todo parece muy bonito y feliz al principio. Más dinero equivale a que todos tienen un poco más para gastar, todos tienen más y mejor acceso a la financiación, al principio, la actividad económica se estimula y hay más empleo. El gobierno incluso anuncia triunfante que el país está cerca de alcanzar el objetivo del pleno empleo. Sin embargo, a la vez, se está generando una espiral en la que aumentan los precios, la gente mete la mano en su bolsillo y nota que está tocando más dinero, más monedas y billetes (un pensamiento bastante necio que obvia que lo importante no es la cantidad de dinero, sino EL VALOR QUE TENGA), pero, con ese dinero, aunque sea más que antes, se pueden adquirir menos bienes. Al mismo tiempo, debido a ese aumento de precios, los empresarios, al aumentar los costos de producción, tienen que aumentar ellos mismos sus precios para que producir les sea rentable. Y, seguidamente, el gobierno, tiene la tentación de beberse otra botella de “emisión de dinero”, con la que intentar compensar estos aumentos de precios.

El aumento del gasto público necesariamente no tiene porque crear inflación, salvo que no se financie con impuestos o deuda, en ese caso, sí se producirá. El problema es que hemos estado gobernados en los últimos años (algo endémico de casi todos los países de nuestro entorno) por mediocres que han tocado casi todos los palos, emisión de más dinero, más impuestos y más deuda, para tratar de financiar todas estas populistas subidas del gasto.

Habitualmente, no acostumbro a publicar escritos que me remiten otros internautas, pero este, desde una perspectiva latinomericana (la venezolana, en este caso), sí tiene interés puesto que en esas tierras la inflación es una verdadera epidemia en muchos países. Allí vemos sus efectos a gran escala.

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INFLACION

Por Nelson Maica C

Indudable, la inflación beneficia, brevemente, a muy corto plazo, a sectores preseleccionados de la población, en detrimento, y por sacrificio, a juro y por las armas, en nuestro caso, de otros grupos, también, con necesidades apremiantes.

A largo plazo, como lo estamos sintiendo ahora (luego de 12 años), las consecuencias son desastrosas para todos, incluyendo los promotores.

Allí esta, ahora, la escasez y las matracas y el mercado negro y la sumisión y el desempleo, la no producción y el control por hambre. Desarticulación de la estructura productiva.

Las y “que empresas socialistas”, todo un contra sentido, una mentira, a expensas de las que existían, son una “mascara”, y un camino seguro a la ruina. Pésima inversión y malversación del dinero público.

Nada fácil detener la inflación. Al tratar de hacerlo generalmente se cae en la depresión. Y los grupos que se han beneficiado de la inflación se opondrían a que se elimine la inflación, de eso viven ahora.

Casi imposible controlar el valor del dinero en tiempos de inflación. El valor del dinero depende también de las valoraciones subjetivas de sus dueños, consecuencia, a su vez, de las cantidades en posesión y de la calidad de ese dinero.

Tan pronto queda implantada la inflación, mejor dicho la súper inflación en nuestro caso, tal como sucedió después de la segunda guerra mundial, el valor de la unidad monetaria desciende rápidamente por encima de la cantidad de billetes emitidos o que puedan agregarse a los que están en circulación.

Al llegar aquí estamos en un desastre completo y la quiebra económica del país es y/o será indetenible. Por ahora lo medio salva el abultado precio del petróleo.

Da la impresión, por la propaganda del régimen, de que jamás se termina el entusiasmo por la inflación para determinados grupos sociales, los socialistas comunistas, y, además, que les encanta que los maltraten, los engañen, los exploten, los esclavicen, los conviertan en una cosa, en un objeto y los traten como tales. Parece que no pueden vivir sin un Stalin, sin un Hitler, sin un Fidel, sin un Gadafi, etc.

Uno de los mas usados argumentos a favor de la inflación es que pondrán en movimiento la industria, industrializaran el país; otro, que lograran el pleno empleo. Empleo para todos. Tamaña mentira no tiene comparación.

Tratan de ocultarle al pueblo el hecho cierto de que la inflación provoca mutaciones en las relaciones entre precios y costos.

Y cuando decretan aumentos de salarios en realidad están defraudando a los trabajadores, reduciendo los salarios reales, mediante un alza en los precios. Lo peor es que algunos trabajadores lo celebran.

En la actual situación inflacionaria que padecemos es muy improbable que este régimen consiga ninguno de los objetivos políticos y económicos que se ha propuesto, afortunadamente, y, mucho menos que los venezolanos sean esclavos de los cubanos socialistas comunistas.

Los trabajadores en general, y en particular los de los sindicatos que más ingresos perciben, sienten como se les esfuma el salario y como, de inmediato, tienen que exigir nuevos aumentos sin ni siquiera llegar al índice del costo de vida.

Este régimen, defensor e implantador de la inflación, es mentiroso. Hasta se engañan a si mismos. Adoran el papel moneda porque lo pueden imprimir rápidamente, pues hay una fábrica de papel moneda, creyendo que así aumentan la riqueza. Solo ellos lo creen.

Al pisar la depresión, un defectuoso ajuste de la estructura salario – costo – precio – , se provoca un desajuste en las relaciones entre precios de materias primas y productos acabados o entre distintos precios y salarios.

Esos desajustes quitan todo incentivo a la producción o la impiden, contagiando la depresión causada por la interdependencia orgánica de nuestra economía con el mercado. Mazazo a la producción y al empleo.

La inflación siempre la adorna este régimen con un cuento idílico para engañar a toda la población. A una parte de la población les encanta que los engañen, una y otra vez.

¿Quién no se siente mas rico cuando oye al régimen decir que la renta nacional ha crecido en comparación con algún periodo anterior? El empleado u obrero que reciba Bs 40 diarios y ahora recibe 50 cree que ha mejorado su situación, pero ahora todo le cuesta el triple que cuando ganaba Bs 40. Parece que no se da cuenta de la real situación. El régimen trata por todos los medios de que la población se autosugestione, es como si le inyectara dosis grandes de calmantes, los tiene bobos por todos los medios de comunicación, además, que controla desde Mirabobos.

Este régimen socialista comunista del siglo XXI ha venido implantando la “economía planificada”, economía inflacionaria, la misma que llevo a la ruina, a la quiebra, a la Urss, China, Cuba, Alemania del Este, etc., y tiene en la lista a Grecia, Portugal, España, etc., y todas las demás que han fracasado; pero aquí, ya, en 12 años, sentimos como se trastoco todo el proceso económico y ya padecemos escasez y ruina por todas partes.

Las obras públicas no crean nuevos empleos y tampoco reactivan la economía y menos cuando se realizan a expensas de los excesivos impuestos pagados por el pueblo.

Por cada bolívar gastado en obras publicas, el ciudadano, que lo pago en impuesto, dejo de gastarlo en si mismo y en su familia y por cada empleo que creo el régimen impidió y/o destruyo un empleo de la industria privada.

Y lo peor es que no le ha bastado eso, sino que, además, han desaparecido recursos y se ha endeudado, ha endeudado al país en cifras astronómicas y lo ha hipotecado a mediano y largo plazo. Subastó la soberanía.

No se puede acumular indefinidamente deuda tras deuda porque tarde o temprano llega la quiebra, la debacle, la liquidación del país.

Está ahora manejándose con presupuestos deficitarios. Otro mal económico. Eso crea, como en efecto ya se manifiestan, poderosos intereses con los privados escogidos y adeptos, los utilitis del régimen para operaciones con el exterior, sobre todo, que exigen su continuación a toda costa. Ganan y sacan fortunas.

Tengamos claro, clarísimo, que este país no puede obtener nada sin pagar un precio.

La inflación, bien examinada, en el fondo, viene a ser como una forma de impuesto, un tributo. El peor, porque a quien mas castiga es a los pobres, a quienes menos tienen.

Pero la inflación va más allá y grava los ahorros y hasta su seguro de vida, afecta a todos pero a unos más que a otros. Se puede conocer cuanto daño causa hoy pero no mañana ni pasado mañana.

La inflación impide un buen cálculo económico, influye en nuestra conducta y en el camino de nuestros negocios. Coarta la previsión y el ahorro. Incentiva el despilfarro y el manirrotismo y aventuras económicas y la especulación y la no producción, el no trabajo. Acaba con las relaciones económicas estables. Desespera al ciudadano. Si, señor, desespera al ciudadano, al pueblo.

La inflación induce al ciudadano a exigir del régimen la implantación de controles totalitarios.

La inflación engendro, ahí la reciente historia, el fascismo y el comunismo. Hubo que acabarlos a plomo limpio, como en casi todas las partes en donde se implanto.

Pero no olvidemos que la inflación conduce, también, a grandes desilusiones, amargos desengaños.

La inflación, como lo cuenta la historia, lleva al país que la padece, a la bancarrota, al colapso de su economía. Fin. ¿Dejaremos que se nos acabe el país? Usted decide.

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