Posteado por: Javier | agosto 3, 2011

La que se avecina

Bueno, señores, como ayer comenté de pasada, a primeras horas de la mañana nos desayunábamos con la noticia de que la prima de riesgo para España superaba los 400 puntos. Dicho en plata: estamos al borde del rescate. ¿En qué se traduce esto? El (des)gobierno del inepto ZP puede arremeter todo lo que quiera contra los “malvados especuladores internacionales” para convencer a sus votantes más paletos, pero esas bravatas, por poner un ejemplo sencillito, son comparables a una viñeta de la tira cómica la “Rue del Percebe 13”, en la cual, el moroso de la azotea se dedicase a desgañitarse a insultos con los de la cola de los que le han prestado el dinero. En realidad, da igual 400, que 410 o 380, lo fundamental es la diferencia del riesgo de nuestra deuda, de cara a dónde van a colocar su dinero los inversores, con respecto a la de otros países. Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia u Holanda, por ejemplo, tienen unos tipos de interés por debajo del 3,5% y unas primas de riesgo inferiores a 100 puntos. Nosotros estamos desde hace tiempo en el famoso grupo al que han bautizado como los “PIGS” (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) cuyos tipos de interés superiores al 6% y con unas primas de riesgo por encima de los 350 puntos. Apostar por la deuda de España o del resto de los PIGS implica un mayor beneficio para el inversor a cambio de asumir mayor riesgo, en tanto que a estos países les supone un coste más elevado obtener financiación en el mercado. Los temores de los inversores se centran en la falta de recursos de estos países para pagar sus deudas: de ahí la exigencia a los Estados para que acometan reformas que reduzcan drásticamente el déficit público. En momentos de extrema volatilidad e incertidumbre, como la actual, los inversores optan por comprar valores que aporten seguridad, aunque la rentabilidad sea menor, por el temor a que los países con problemas no puedan acometer los pagos que adeudan. Las agencias calificadoras todavía nos dan cierto “crédito”, pero el mercado nos ha señalado como un país altamente arriesgado para invertir en su deuda. Y como la más apremiante la pagamos con más deuda, más dinero “prestado”, es de perogrullo, se pongan como se quieran poner en el Gobierno, que llegará el momento en que, si no hacemos las reformas necesarias para producir más de lo que gastamos, dejen de darnos un dinero que difícilmente podremos devolverles.

Esto, cómo no, también afecta a nuestras entidades financieras, a las que les cuesta más captar fondos en el exterior. Si a los bancos y cajas les cuesta más obtener dinero, sus clientes también tendrán que pagar más intereses para obtener un préstamo. Es sabido que no estoy a favor del crédito fácil para financiar tonterías que no son imprescindibles, por muchos que se han creído nuevos ricos en los últimos años, pero lo terrible de esto es que esa falta de crédito afecta también a quienes producen: anula la capacidad de las pequeñas y medianas empresas de llevar a cabo proyectos y generar actividad, por lo que muchas de ellas se ven obligadas a cerrar. La falta de crecimiento a su vez conlleva un aumento del desempleo, y esto afecta a las arcas del Estado por dos vías: por un lado deja de ingresar vía impuestos, mientras que los gastos crecen por las partidas destinadas a pagar el subsidio a un mayor número de desempleados.

Si la España de hoy día fuera un país de gente normal, las elecciones generales serían mañana mismo. No porque ninguno dentro de la doble R (Rajoy o Rubalcaba) tenga mucho margen e ideas sobre hacer algo, sino, simplemente, porque lo que no sería consentible, si hubiera españoles en España, es un Gobierno en estado de parálisis total hasta final de año. Sigo insistiendo, si hoy quedaran españoles en España y no una piara de auténticos cerdos consumidores de tintito y cañitas o de lagartos tirados al sol sobre la arena playera o de marujas chochonas deseando la llegada a Madrid del papa romano (hoy estoy muy enfadado y no me da la gana ponerlo en mayúsculas) para ponerse a berrear, estarían exigiendo el fin ipso facto de esta funesta legislatura.

A riesgo de que digan que soy un elemento peligroso en potencia, como el malnacido ese de Noruega, me da igual, les daré un consejo: cómprense un fusil y fortifiquen las puertas y ventanas de sus casas. Por su propia seguridad, ante lo que pueda venir. Nos esperan tiempos de disturbios y puede que hasta de sangre. Hay muchísimo candidato a que, ante lo que viene, el volver a ser un país pobre, se le vaya la olla e intente alguna locura. Hemos vivido con mucha prosperidad durante unas tres décadas y nos parece que eso es lo normal. Pero no caemos en la cuenta de que hasta no hace tanto no lo era, en absoluto que no. En el siglo XIX, la comida habitual en España solían ser aceitunas, un poco de queso, pan y vino. Todo muy escaso. Todavía, bien entrado el siglo XX, la cosa no había cambiado demasiado. Nuestros abuelos estaban curtidos, eran coriáceos, estaban acostumbrados a eso. Pero nosotros no. Y pensamos que no es un privilegio, sino que es nuestro “derecho” el vivir como hemos vivido hasta ahora. Muchísimos se van a sentir agraviados ante este “ataque” a sus “derechos” (la realidad es que no habrá dinero en las arcas para pagarlos) y no será raro que reaccionen con violencia. Espero equivocarme pero empiezan a verse negros nubarrones en el horizonte.

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OFF TOPIC:

Curiosamente, hablando de estos temas, ayer por la tarde, estuve viendo la película “Alatriste”. No me gusta el cine español subvencionado y demoníaco, en general, pero esta película sí me ha gustado mucho. No he leído las novelas, pero se nota que se han esforzado por comprimir todos los libros en poco más de dos horas de película, con lo que algunas historias han quedado un poco deslabazadas y confusas, en cuanto a su narración, pero lo mejor de la película es la ambientación, ese ambientillo de la España del siglo XVII, cuando había verdaderos españoles en este país.

Por supuesto, no estoy de acuerdo con el absolutismo de la monarquía hispánica ni su secuestro por la tiranía católica papal. Lo que me interesa es que esa España no tenía nada que ver con la España maricona actual. Frente al “españolismo” cutre actual, de facha-paletos con pulseritas de la bandera de España (habría que verlos en una situación en que hubiera que defender a la patria), que cree defender algo muy “español” como la uniformidad (cuando lo suyo, esta uniformidad e identificación entre nación, lengua y estado, es un producto afrancesado y totalmente extranjero, de la maldita Ilustración masónica y la maldita Revolución Francesa; y, ojo, que los nacionalistas separatistas se basan en el mismo fundamento), en aquella época éramos una federación de reinos totalmente distintos: Castilla, Aragón y Navarra. Incluso, dentro de esos reinos, cada región tenía su propia identidad muy marcada (yo, por ejemplo, ante todo, primero soy muy andaluz y, luego, por supuesto, muy español, lo que no soy, ni seré nunca, es “uropeo”, eso seguro). Todo ello, con el pegamento aglutinador de un mismo soberano y unos mismos intereses, que engendró toda una cultura hispánica en las tierras americanas, conquistadas con un puñado de hombres, unos pocos caballos y unos cuantos fusiles.

Me gusta especialmente la escena final, la batalla de Rocroi (1643), cuando los franchutes ofrecen una “honrosa” rendición a los españoles, a lo que el protagonista contesta que agradece la oferta pero que “este es un tercio ESPAÑOL”.

Hoy, seguramente, la respuesta sería “Ah, vale, somos MU UROPEOS Y PONEMOS EL CULO”.

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Responses

  1. […] La que se avecinaba en agosto del año pasado ya está aquí. Un futuro de desórdenes y disturbios. Ayer tuvimos un ensayo en Madrid, aderezado con cargas policiales, y la cosa va a ir a más a partir de septiembre, cuando pasen un poco los calores veraniegos. Yo jamás he estado a favor de las algaradas callejeras pero comprendo el cabreo que existe con una situación en la que estamos desgobernados y las exigencias de la UE se cumplen castigando al ciudadano de a pie y a los productores, en lugar de cortando de raíz tanta grasa y gasto basuriento y absolutamente inútil. Por ejemplo, ya que el impresentable de Rajoy exige “sacrificios” a los españoles (sacrificios que, cuando gobernaba la PSOE de Zapatero, otro inefable inepto, eran, según el PP, el “mayor recorte social de la historia”), no estaría mal que se aplicase al cuento con las derrochadoras autonomías peperas.  […]


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