Posteado por: Javier | agosto 6, 2011

Qué pena de mi Universidad

Hoy que estoy un poco nostálgico, vamos a ver unas fotitos. Esto se puede decir que es una transición a algunos temas importantes que tengo entre manos la próxima semana. Mañana toca seguir con el Papado y después empezaré a tocar la cuestión de la libertad en una hipotética sociedad regida por el Decálogo, por la Ley de Dios.

Una de las cosas que me ha dado algo de pena en los últimos años ha sido el traslado de la vieja Facultad de Derecho de Sevilla desde su ubicación en la antigua Real Fábrica de Tabacos a un nuevo edificio construido hace pocos años. El nuevo edificio intenta seguir en algunas de sus partes una línea clasicista y no está mal (en octubre del año pasado estuve allí, curiosamente, en una conferencia sobre los orígenes bíblicos de EEUU) pero no es lo mismo.

No es lo mismo que ese edificio del siglo XVIII, uno de los más históricos de la ciudad, toda una belleza arquitectónica. Un antiguo edificio industrial, de estilo renacentista, de los de mayores dimensiones y mejor arquitectura de su género en España, a la vez que uno de los más antiguos de esa tipología que se conservan en Europa, de la época del Antiguo Régimen. Como edificio, se extiende sobre una superficie de carácter rectangular de 185 x 147 metros, con ligeros salientes en sus ángulos. En España sólo el monasterio de El Escorial, que ocupa un área de 207 x 162 metros, supera su tamaño, el recinto se encuentra rodeado en tres de sus lados por un foso que lo aisla del exterior, presenta alzado en dos plantas y entresuelos en las áreas residenciales. Desde luego que fue todo un placer estudiar allí.

La historia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla se remonta a los orígenes del siglo XVI, encontrándose directamente vinculada con los inicios mismos de la propia Universidad. La ciudad de Sevilla obtuvo de los Reyes Católicos una Cédula Real expedida el 22 de febrero de 1502 para la fundación de su Universidad. El arcediano Maese Rodrigo Fernández de Santaella consiguió una bula del Papa Julio II, dada el 12 de julio de 1505 para erigir el Colegio-Universidad de Santa María de Jesús. La inicial bula del Papa Julio II fue confirmada por otra de 16 de junio de 1508 en la que ya se contemplaba la enseñanza de Artes, Lógica, Filosofía, Teología, Derecho Canónico y Civil y Medicina.

Hasta el año de 1518, no tuvo colegiales el Colegio de Santa María de Jesús, existiendo entonces diecisiete becas para estudiantes, diez de las cuales eran para teólogos, seis para juristas y una indistinta. A partir de esta fecha empiezan a impartirse de modo efectivo los estudios de Derecho, quedando éstos repartidos en una Facultad de Cánones, compuesta por tres cátedras, en las que se explicaba el “Corpus iuris canonici” (“Decretum” y “Decretales”), y una Facultad de Leyes, con tres cátedras igualmente, donde, además de Retórica, se explicaba el “Corpus iuris civilis” de Justiniano (Instituta, Codex y Digesta).

En 1771 se produjo la separación definitiva del Colegio de Santa María de Jesús de la Universidad de Sevilla, así como el traslado de ésta a la Casa Profesa, dejada, tras su expulsión por Carlos III, por los Jesuitas en la actual calle Laraña, hoy Facultad de Bellas Artes. Ésta sería su sede hasta su  traslado, en abril de 1954, a la Fábrica de Tabacos. Donde estudió un servidor y donde ha estado ubicada hasta hace unos pocos años.

Aquí vemos la puerta del Rectorado de la Universidad de Sevilla, una preciosidad de estilo barroco, en la Calle San Fernando (aún estaba abierta al tráfico en la fecha de esta foto). Es el mismo edificio en el que se encontraba ubicada la Facultad de Derecho, que compartíamos con la de Filología.

Por cierto, ¡qué odio nos tenían! JAJAJA:

Que si éramos “unos pijos”. Que si éramos “unos fachas de mierda”. Que si éramos “unos clasistas”. Total, todo porque era una Facultad normal, en comparación con otras, íbamos a estudiar, no a ejercer de piqueteros o de tupacamarus y el recinto solía estar límpio, no parecía un campamento de Sendero Luminoso, de Al Fatah o de Hamás.

Lo más fuerte que llegue a ver fue una pintada en la puerta de uno de los servicios de caballeros, que nos dejó uno de nuestros “compis” de edificio. “DERECHO = CABRONES. LA FILOLOGÍA ES LA CULTURA. VOSOTROS SOIS APRENDICES DE MANGANTES”.

No todos los de Filología eran iguales que esos elementos, claro que no, pero el porrero asqueroso, “universitario” gracias al dinero tuyo y mío, que puso eso no sé de qué “cultura” hablaba. Seguramente, ahora en la actualidad, la cultura que estará ejerciendo el tipejo asqueroso ese será la cultura de la okupación.

 

Esta era la puerta de la Facultad de Derecho, en la Avenida del Cid. Ahora tiene un aspecto horrible, tapada con un panel que han colocado delante.

 La puerta de la Facultad más en detalle.

Los jardines exteriores del recinto de la Facultad.

El patio interior. Lamento no tener más imágenes interiores a mano.

No hubiera estado mal una de esos angostos pasillos que había dentro de los departamentos. En el de Derecho Civil tenías hasta que agachar la cabeza para no darte con el techo.

O de esas bancas de madera del año “catapún”. ¡Qué tiempos!

En esta foto no salgo yo, obviamente :-). Ni siquiera es del mismo edificio, sino de la Casa Profesa, como he dicho anteriormente, faltaban 11 años para el traslado a la Fábrica de Tabacos. La he subido porque es curiosa, son alumnos de segundo del curso académico 1942-1943. Como ven, todos enchaquetados y encorbatados ;). Yo no iba así a clase, nadie iba y hubiera sido un poco ridículo, pero si esas hubieran sido las normas (¡OJALÁ!) las hubiera cumplido, vaya que sí.

No hubiera estado mal. Más enchaquetados y encorbatados y menos ver, año a año, las últimas novedades de la moda de “Pijolandia”. Aunque sea preferible a “Guarrolandia”, claro.

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Responses

  1. ¡Qué casualidad de nuevo! Acabo de estar hablando con un buen amigo mio y los dos hemos estado también muy “nostálgicos” aunque por otros motivos — recordando los días de “gloria” de Occidente — cuando yo reinaba en Columbia y Bush estaba en su primer mandato — ¡qué buenos tiempos para Occidente! Claro, no digo que fuera comparable a los tiempos del binomio Reagan-Thatcher (realmente gloriosos) pero MUCHO MEJOR QUE LA DECADENCIA de ahora.

    Me dijo, el amigo: “Alfredo aún recuerdo con mucha nostalgia como gracias a tus políticas, la izquierda piquetera del campus se alcoholizó de la tristeza que provocaste con tu reforma de las becas, los estudios, y el clima social adverso para ellos en el campus”. Yo, intentando hacer memoria, le pregunté que qué es lo que más se acuerda de todo lo que yo “predicaba” y me dijo:

    “tú decias mucho algo que se quedó grabado en la mente de muchos: “cada accionista, PROPIETARIO”. Es decir, yo les decia a los alumnos que el minuto que empieza un joven a ganar dinero y tener una acción o ser accionista directo en su empresa, JAMÁS VOLVERÁ a ser sociata. Yo repetia mucho eso aunque en inglés: EVERY EARNER A SHAREHOLDER!! (“todo ganador de dinero, ACCIONISTA/PROPIETARIO) porque el DINERO engendra PROPIEDAD PRIVADA. Y eso es MUY BUENO.

    Claro, la mugrienta plebe IZQUIERDISTA estaba enfurecida. Otro amigo me decía que lo que más recuerda de mi era lo que yo le decia a la gente en el campus (y se acojonaba la izquierda): SOY UN FASCISTA INTEGRAL.

    Dice ud:

    “Seguramente, ahora en la actualidad, la cultura que estará ejerciendo el tipejo asqueroso ese será la cultura de la okupación”.

    Ahora estará por Sol, indign-ao, insultando a la Policía porque al nene no le dan el empleo que codicia por su título sin valor.

    ¡Qué diferencia la vestimenta! Esos sí eran caballeros, no como los maricones enchancletados de ahora que no valen para pegar ni un tiro de aire.

    El 2001 fue uno de los mejores años de mi vida (y eso que no cuento los años 80). ¿Por qué será que estamos tan nostálgicos todos los de nuestra edad? Estamos siendo testigos de la destrucción completa de nuestra civilización — normal que miremos a otras épocas más amenas.

  2. Jajajajajajajaja, qué pena no haberle visto en Columbia en esa época. ¡Por supuesto! Qué tiempos, no hace tanto, parecía que nos íbamos a comer el mundo, y, sin embargo, parece que hubiera pasado un siglo con tantos cambios y todo a peor.

    Por lo menos, ningún tirano ni terrorista nos chuleaba impunemente, como Milosevic en el 99 (aunque fuera en nefastos tiempos clintonitas esto muestra que no estaba todo tan mal como ahora, pero también porque peor imposible):

    O Saddam Hussein:

    Ahora, por seguir a Francia y “Uropa” (que “espléndidos” los franceses, a cada cosa que echan mano en África la cagan, de ahí que ni les puedan ver en el África negra), estamos enfrascados en una guerra en Libia que cualquiera sabe cómo acabará, como ya dijimos y advertimos hace varios meses. Yo esperaría, desearía y me gustaría que nos hubiéramos equivocado, pero qué le vamos a hacer si así es. Porque, vamos a ver. ¿Qué se va a hacer exactamente en Libia? ¿Derrocar a Gadafi o tirar bombas sin sentido? Si se puede, ¿por qué no se hace? Llevamos cinco meses empantanados en un cenagal dando palos de ciego, ¿acaso es mucho más difícil acabar con Gadafi de lo que era acabar con Saddam?

    En cuanto al individuo ese, pues sí, o, igual, está con la camiseta del Che, la litrona en una mano, la tarjeta de demandante de empleo en la otra, y lamentándose de su existencia en un bareto de mala muerte.


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