Posteado por: Javier | agosto 9, 2011

La sociedad y la libertad bajo el Decálogo (II)

Continuamos. Espero que, de momento, se haya entendido todo. Vino a cuenta la anterior introducción por una idea esencial: el hombre SIEMPRE, sea cuando sea, se somete a un soberano, se somete a un sistema legal.

Durante las últimas décadas, el liberalismo se ha presentado como una lucha contra la absolutización y la omnipresencia del Estado en nuestras vidas en la cual la única posibilidad de oposición es el individuo como una ley en si mismo, la absolutización del individuo, exaltándolo a una posición última como fuente de ley y en la que él mismo es el arbitro sobre el bien y el mal. Algunos hombres creen que son leyes para si mismos, y van desde los desagradables auto-centrados hasta los peligrosamente anarquistas. No obstante, la mayoría está dispuesta a someterse pragmáticamente, en la mayor parte de los casos, a la ley civil estatutaria que decida la mayoría en un momento determinado.

Aunque puede que los individuos tengan una preferencia y una necesidad personal por algún principio de ley, las sociedades necesitan algo más que solo una preferencia personal. Una sociedad debe defender sus leyes con referencia a alguien o algo que les dé autoridad moral. La ley siempre es religiosa: es un código moral promulgado. La ley dice que algo es malo, de manera que se prohíbe, o que algo es bueno, de manera que se permite su florecimiento. Incluso las sociedades tiránicas deben apelar a un marco de referencia que hace que sus leyes, su moralidad impuesta, sea trascendente, más bien que arbitraria.

En la antigüedad, desde Egipto hasta el Imperio Romano, el gobernante solía ser una deidad, un rey-sacerdote que tenía acceso a la voluntad de los dioses. De esta forma, se daba trascendencia a la ley civil, pues rebelarse contra el gobernante era lo mismo que hacerlo contra la deidad. Durante el siglo XX, los totalitarismos fascista y marxista declaraban absoluto al Estado como fuente de la trascendencia de las leyes. En los regímenes islámicos algo muy similar ocurre, la ley convierte en absoluto al Estado de manera similar, puesto que el mismo islamismo profesa ser una religión mayormente de obligaciones esencialmente externas que pueden ser impuestas, a diferencia del cristianismo que debe ser abrazado por la fe personal. La trascendencia, en todos los casos, viene del hombre, de la institución estatal.

Y aquí tenemos el origen de la libertad en el mundo occidental (aunque muchísimos no quieran reconocerlo): el cristianismo. Aunque no fuera hasta la eclosión de la Reforma Protestante cuando estos principios salieron plenamente a  la luz, durante la tiranía eclesiástica medieval (cuando la propia Iglesia trató de convertirse en una institución trascendente) ya en el Concilio de Calcedonia, en el año 451, en el que se declaró que Cristo era plenamente Dios y plenamente hombre, y así, como el único Mediador entre el cielo y la tierra. Al negarle la trascendencia al hombre, a sus leyes, a sus instituciones, Calcedonia estableció el fundamento para la libertad occidental. Calcedonia miraba a todos los hombres bajo el Dios trascendente y Su Mediador. De este modo, toda autoridad humana era limitada.

No solo la Iglesia medieval contravino estos principios, sino que los monarcas desafiaban la autoridad eclesiástica mediante el “derecho divino de los reyes”, por el que pretendían llevar a la cristiandad el modelo rey-sacerdote del mundo antiguo. La Reforma Protestante, desde el siglo XVI, inspiró la “Ley común” inglesa así como las de la América colonial, convirtiéndose la ley humana en una metodología por la cual la ley moral trascendente se aplicaba. La ley humana se convirtió en aplicación de la ley bíblica, la última y trascendente fuente del Derecho. De hecho, durante siglos, el cristianismo, en sus diferentes formas de interpretación teológica, ha sido la principal fuente de los códigos legales y el Derecho en Occidente.

Cuando las colonias norteamericanas de la Nueva Inglaterra empezaron su existencia como entidades legales, su adopción de la ley bíblica fue un retorno a las Escrituras. Fue un regreso firme a los fundamentos del cristianismo. Los registros de la colonia de New Haven muestran que la ley de Dios, sin ningún tipo de innovación, fue hecha la ley de la colonia:

“Y conforme al acuerdo fundamental hecho y publicado por consenso pleno y general, cuando la plantación empezó y se estableció el gobierno, de que la ley judicial de Dios dada por Moisés y expuesta en otras partes de las Escrituras, en tanto es un límite y una cerca a la ley moral, y no tiene ninguna referencia ni ceremonial ni típica a Canaán, tiene una equidad eterna en ella, y debe ser la regla de sus procedimientos” (Archivos de la colonia y plantación de New Haven, 2 de marzo de 1641).

“Se ordenó que las leyes judiciales de Dios, según fueron entregadas por Moisés […] fueran una regla para todas las cortes de esta jurisdicción en sus procedimientos contra los ofensores” (3 de abril de 1644).

El ministro puritano Thomas Shepard escribió en 1649: “Porque todas las leyes, sean ceremoniales o judiciales, se pueden remitir al decálogo, como apéndices del mismo, o aplicaciones del mismo, y así abarcar todas las demás leyes como sumario suyo”.

Es una herejía moderna la que sostiene que la ley de Dios no tiene significado ni ninguna fuerza obligatoria para el hombre de hoy. Es un aspecto de la influencia del pensamiento humanística y evolucionista sobre el cristianismo, y plantea a un “dios” que evoluciona y se desarrolla. Este dios “dispensacional”, de lo que vamos a hablar enseguida, se expresa en la ley en una edad temprana; y luego se expresa más tarde por gracia sola, y ahora tal vez va a expresarse de alguna otra manera. Va cambiando, evolucionando y “a mejor”, pues ya no es tan “cruel” como para hacer que tengamos que estar sujetos a la ley. Pero este no es el Dios de las Escrituras, cuya gracia y ley permanecen sin cambio en toda edad, porque, como Señor soberano y absoluto, no cambia, ni tampoco necesita cambiar. La fuerza del ser humano es lo absoluto de su Dios. Intentar estudiar las Escrituras Sagradas sin estudiar su ley es negarlas. Intentar entender Occidente aparte del impacto de la ley bíblica es buscar una historia ficticia. Por eso llevo un tiempo diciendo, y dije en la anterior entrada, que el problema occidental no es exógeno sino endógeno. El principal enemigo de Occidente es Occidente mismo. Aunque fuera un Estado pagano, el ejemplo nos vale, pues paganizándonos estamos: el Imperio Romano no cayó por la invasiones bárbaras, sino por una degeneración interna que duró siglos.

No es raro que haya ignorantes que digan que la Revolución Americana y la fundación de EEUU se basó en los valores de la Ilustración. Esto es FALSO. La Ilustración fue un movimiento genuinamente europeo afrancesado que durante el siglo XVIII del siglo dieciocho que criticó el énfasis bíblico de la Reforma Protestante a favor de un humanismo secular. Gracias a Dios, Norteamérica inicialmente se libró de este movimiento al estar aislada de Europa por el Océano Atlántico y, cuando llegó, el protestantismo bíblico estaba solidamente implantado (no se libró España de sus efectos, con la independencia de las naciones latinoamericanas). Sin embargo, al llegar la Ilustración, pese a ser un país mayoritariamente protestante, el puritanismo en EEUU estaba en retirada y siendo sustituido por el pietismo, un movimiento teológica que resaltaba la experiencia subjetiva y personal, sobre la revelación bíblica. Los “ilustrados” partían de la presuposición de que el mundo es totalmente naturalista y en él no existe, no hay sitio para lo sobrenatural, con lo que la verdad, la ética y la ley eran determinadas por la razón del hombre.

A partir de aquí, EEUU, cada vez, fue convirtiéndose en una nación menos bíblica durante los siglos XIX y XX pues el cristianismo fue redefinido como una ética interesada solo en el aspecto personal y espiritual. El cristianismo pasaba a ser lo irracional en un mundo racionalista, lo sobrenatural en un mundo naturalista, en lugar de en fuente última de ley e informador de la ley humana. Los distintos credos y religiones luchan entre sí por una posición preeminente y en el caso del humanismo secular (que representaba la Ilustración en aquellos tiempos) no es una excepción. Desde el siglo XIX, el cristianismo ha estado siendo separado de los Estados y gobiernos civiles (esto NO quiere decir que Iglesia y Estado deban estar mezclados, es más, en el liberalismo es fundamental la defensa de la separación Iglesia-Estado; estamos hablando de qué principios parte la ley) la religión humanista. Una religión sin Dios, pero esto da exactamente igual, la mayoría de credos en el mundo no son “teístas”, no tienen un Dios (budismo, hinduismo, taoismo, etc…) y una religión totalitaria y excluyente, pues obliga a todos los demás credos a amoldarse a sus cánones, ello bajo el paraguas de la apariencia de una falsa “neutralidad”.

Llegaron los finales del siglo XIX y principios del XX y surgió el dispensacionalismo, popularizado por C. I. Scofield y su “Biblia anotada”, uno de los movimientos que más daño ha hecho a la doctrina de la soberanía de la ley bíblica. El dispensacionalismo (hoy conocido por los evangélicos “pro-Israel”, sobre todo) defiende que Dios ha ido cambiando Sus pactos con el hombre a lo largo de la historia, una y otra vez. Scofield tiró a la basura la ley del Antiguo Testamento e incluso sus seguidores recortaron el Nuevo, pues entendían que el ministerio de Jesús era una parte de la Revelación divina muy lejana. El dispensacionalismo fomentó el antinomianismo, una doctrina anterior pero que cobró mucha fuerza con este movimiento, que defiende que la era de la iglesia, que se dice que comenzó después de la ascensión de Cristo, supuestamente “libera” a los creyentes de los requerimientos de las dispensaciones previas. Se dice entonces que los cristianos son liberados de la ley por la gracia, ¡¡como si la ley hubiese sido alguna vez la fuente de la esclavitud del hombre!!. Se dice que la gracia y la ley son opuestas, y la ley es vista con desdén por parte de la iglesia antinomiana. En realidad, lo que se estaba era elaborando una especie de “cristianismo” en el que se pudiese justificar el dejar de predicar el sometimiento de todos los aspectos de la vida privada y pública, de los individuos y del Estado, a la Ley bíblica. El enfoque bíblico debía dejar de ser aquel a través del cual se mirase al mundo.

Pero no es necesario irse a herejías como estas. La superficialidad de la mayoría de iglesias “evangélicas” desde hace años es la base del problema de que incluso a algunos cristianos pueda parecer extravagante la idea de leyes fundamentadas en la ley bíblica. Se ha abandonado básicamente la idea de que el estado natural del hombre es de rebeldía contra Dios. En ese estado, tanto a nivel individual, como familiar o nacional, estará en una guerra inútil pero permanente contra Dios salvo que firme la rendición con Él, aceptando Sus términos. La rendición es el arrepentimiento (y, por ende, la salvación) y Sus términos es Su Ley, aplicable a todos los aspectos de la vida del hombre. Esto es obra de Dios mediante el ablandamiento del “corazón de piedra” del hombre que le hace apto para obedecer la Ley de Dios, obrada por Él por pura gracia. Luego, la opuesto de la gracia de Dios no es la ley, como da a entender el “cristianismo” moderno, sino el castigo merecido. Lo opuesto de la ley es el anarquismo obstinado del hombre por seguir su propio camino. La Biblia no dice que la salvación nos libre del cumplimiento de la ley, lo que nos enseña es que hemos sido liberados de la acusación de la ley por nuestros pecados y su condenación a la muerte eterna (Romanos 8:1-2) y somos salvos con un propósito, para que la justicia de la ley pudiera ser cumplida en nosotros (Romanos 8:4). Aunque Jesucristo nos salva de la maldición y la condena de la ley, estamos llamados a ponerla por obra y hacer avanzar un Reino. La gracia es cualquier cosa que Dios dé a los hombre, quienes no tienen ningún mérito para recibirla. La salvación en la Cruz del Calvario es una gracia de Dios (perfectamente pudo habernos dejados a todos en la condenación eterna) como lo es también Su Ley. La Ley es un regalo de Dios a los hombres no una “penalidad” o “imposición”. Por eso han sido tan maravillosos los frutos para aquellas naciones que la han puesto por obra, ningún otro sistema de ley permite a los hombres vivir salvaguardados de la tiranía estatal o la de unos pocos, sin caer en la falsa libertad o libertinaje.

Continuaremos.

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Responses

  1. Javier:

    Estos dos últimos temas han atrapado mi atención, y estaré esperando la tercera parte. Sólo voy a comentar algunos puntos que me parecen un tanto “confusos”:

    – Dios no evoluciona, porque supondría que puede “mejorar”, algo contradictorio e ilógico; sin embargo, Dios espera a que el hombre camine por su senda para revelarle algunos misterios que tal vez no hubiera podido entender en el punto inicial, y que sólo su peregrinación puede ayudarle a entender. Durante un tiempo me intrigaba las “diferencias” que había entre el Dios del Pentateuco y el Dios que le habló a Ezequiel (sobre la responsabilidad individual) y Zacarías (la conversión de los paganos alDios verdadero), por poner un ejemplo. Las pistas vinieron de Daniel y de nuestro Señor Jesucristo. ya que en Daniel se muestra claramente que Dios dá algunas revelaciones y mantiene otras para revelarlas a los hombres del futuro, y Jesús, cuando le preguntan sobre el divorcio, dice que Dios, al ver la dureza del corazón de la gente de esa época, permitió algunas costumbres que estaban demasiado enraizadas en ese tiempo, pero que en el principio no se había establecido así.

    – Sobre la ley y la gracia: no entendí muy bien a qué te referías con que la ley no esclavizaba, pero yo entendí que si bien la ley era perfecta, el hombre es tan impío que la ley se había convertido en una carga pesada e imposible de cumplir. Tampoco Pablo obligaba a los gentiles a guardar las leyes de los judíos, salvo algunos puntos que Santiago les pidió que guardaran.

    Quisiera que explicaras el último punto.

    Saludos.

  2. Alexander:

    La enseñanza de Jesús sobre el divorcio, efectivamente, es algo fundamental, ahí explica que la ley mosaica, y las normas que regulaban el divorcio dentro de ella, llegaron a existir por la dureza del corazón de los hombres después de la caída (hay que diferenciar dos momentos: el inicial de la humanidad antes de la desobediencia y el posterior con el pecado original y un corazón caído), pero, sobre el matrimonio, la ordenación de Dios era la de una unión indisoluble entre hombre y mujer. La ley mosaica era una gracia de Dios a un mundo pecador y aún así la regulación del divorcio en Deuteronomio 24:1 se refería, al decirse que “si la mujer no hallaba gracia a los ojos de su marido” a causa de fornicación o indecencia, era un deber y una carga del marido velar, como cabeza del vínculo matrimonial, por el mantenimiento de la moralidad del mismo conforme a la voluntad de Dios, no un “privilegio” como interpretaban los fariseos.

    Sin la caída, evidentemente, no hubiera sido necesario que Moisés hubiera actuado como legislador de Dios. Y, eso sí, esto es otro tema, pero, en mi opinión, tanto la caída como la Cruz y la redención son el plan eterno de Dios, todos fueron predeterminados por Dios (la Cruz no fue un “plan B” ante una desobediencia del hombre que pillara “por sorpresa” a Dios).

    La revelación entiendo que es única, no hay varias revelaciones divididas en fases, simplemente, como dijo Pablo, la ley fue el “ayo”, el “guardador” hasta la llegada de Cristo, una guía para la instrucción de los hombres, los israelitas, al igual que considero que el no estar ya bajo ese “guardador” es porque en Cristo quien la cumplió perfectamente esa instrucción ha finalizado, ahora la ley es la herramienta para conocer cuál es la voluntad de Dios. Los israelitas habían estado cuatro siglos bajo el cautiverio en Egipto y era necesario instruirlos para guiarles en su relación con Él, puesto que el concepto de Dios que tenían había sido distorsionado por el politeísmo y paganismo de los egipcios. Pues de la misma manera, los cristianos, pese a haber sido redimidos en Cristo Rey, sin ningún mérito por parte de ellos, han estado durante mucho tiempo bajo el cautiverio del pecado y el paganismo de este mundo y necesitan ser instruidos para deshacerse de ello y acercarse a la santidad. Israel debía diferenciarse de los paganos de su época igual que nosotros debemos diferenciarnos del mundo. Muchísimas normas hoy día pueden parecer completamente absurdas pero hay que saber leer y entender su significado en su momento. Dios requería dos cosas a Israel: ser un pueblo distinto a todos los demás, un pueblo santificado, y que, como tal, le obedecieran, sin embargo, evidentemente, los creyentes del Antiguo Testamento también fueron salvos por los méritos de Jesucristo, no estrictamente por su capacidad de cumplir la ley. La ley era la enseñanza de Dios de amarle a Él y amar al prójimo mientras no tuvimos al Señor Jesucristo y su ministerio.

    Por eso entiendo que la revelación siempre ha sido la misma, simplemente, Dios la ha adaptado al estado del hombre caído.

    Sobre la segunda cuestión, la ley es libertadora puesto que toda sujeción al pecado es una esclavitud, realmente esclavizadora era la aplicación que daba el judaísmo en tiempos de Jesús (y ya desde varios siglos antes), no solo fijándose en la externalidad de su cumplimiento milimétrico como requisito para la salvación, olvidando que la salvación siempre había sido por fe, los creyentes legítimos siempre habían sido salvos por creer a Dios, sino también añadiendo obligaciones adicionales a lo que estrictamente marcaba la ley (algo muy similar al actual legalismo).

  3. Voy a provocar a don Javier y pido que sea franco como es habitualmente y responda con sus criterios:

    Sabemos los tres que Calvino estaba a favor de un “common law” para las patrias, pero en sus días esas leyes comunes eran LAS LEYES DE LA BIBLIA aunque muy descafeinadas por el romanismo.

    Y esta “ley en común” estaba engendrando cada vez más una nueva religión totalmente satánica: el Humanismo. Calvino quería el ESTABLECIMIENTO DE LA FE cristiana;

    ¿Debe el Estado ser un siervo de Dios, don Javier? ¿Debe el Estado ejecutar justicia? Si es así, ¿cuál?

    La preguntas es entonces: ¿Qué ley debe tener el Estado? ¿Debe ser la ley positiva, la ley de las naciones, una ley relativista?

    ¿Es posible, Javier, unas leyes estáticas, que sean válidas en todos los tiempos históricos?

    Buenas tardes

  4. Buenas, Alfredo.

    Qué casualidad, hace tiempo leí una fuerte crítica a Calvino por este concepto de la “ley común” y algún reformador sostenía que una “ley inmutable” era algo imposible.

    Descartando la “ley natural”, que es un concepto romanista, la naturaleza no puede ser “fuente de ley” pues, si no puede serlo el hombre, menos aún la naturaleza, algo que está afectado por la caída del hombre, y habiendo generado la ley positiva solamente relativismo, en un sistema cristiano sí debiera ser ley inmutable la “ley revelada”, en mi opinión. De hecho, entiendo que en la Biblia, el pacto con Dios consiste en una comisión al hombre para que sojuzgue y enseñoree la tierra bajo Su orden (en este sentido el Estado si es siervo de Dios), el humanismo surge cuando el hombre pretende establecer sobre la tierra el dominio del propio hombre, ajeno al de Dios. Si seguimos Romanos 13, que todos conocemos bien, “porque ES SERVIDOR de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”.

    En realidad, la “ley común” generó humanismo, a mi entender, por el mismo motivo que he venido diciendo el humanismo no es en absoluto neutral, es un sistema de ley excluyente, como cualquier otro, y a través del cual, deben canalizarse otros credos y religiones (la cristiana incluida, el humanismo pretende obligar al cristianismo a manifestarse a través de canales humanistas). Igual que en un sistema cristiano, la revelación sería la fuente de ley, no otras “religiones”, aunque se tolere la libertad confesional, ideológica y de conciencia.

  5. Javier:

    Me ha satisfecho tu respuesta. En efecto, un cristiano puede vivir en culturas totalmente ajenas al judaísmo, y es por eso que necesita tener como guía al Antiguo Testamento. Por lo demás, yo veo la historia de Israel como el modelo de vida de los cristianos, a nivel individual. Israel era una nación insignificante, que podía ser borrada de la faz de la tierra por alguna potencia extranjera; sin embargo, eso no ocurrió; ésto y el anhelo de encontrar un lugar de “descanso final” cobra sentido en la vida misma del creyente de toda época: no importa si tú estás solo en medio de lobos, el Señor SIEMPRE estará junto a tí para protegerte, mientras deposites tu fe en Él..

    No había podido comprender lo que quería decir Pablo en realidad con “carga pesada” hasta ahora.

    Sobre la revelación: tsl vez lo entendí mal, pero yo más bien me refería a las pistas que había dado el libro de Daniel, refiriéndose a “sellar las palabras” de ese libro hasta el tiempo del fin. Confundí tal vez profecías con revelación.

  6. Sobre el tema que ha traído Alfredo:

    Lo inmutable es la doctrina, a mi entender, pero las leyes podrían ser adaptadas según la época y la cultura en que uno vive. Algo que me llama la atención fue la exigencia que hacían los judíos a los gentiles por cumplir las leyes judías. Al ver este dilema, Pedro y Pablo regresaron a Jerusalén, donde se pusieron de acuerdo en dejar en libertad a los gentiles mientras observen algunos puntos básicos. Jesús pudo hablar directamente a los apóstoles, pero “permitió” que ellos, con la ayuda de Dios, dieran un veredicto, según las nuevas circunstancias. También cuando Pablo exhorta a las mujeres a usar el velo, termina diciendo: “De todas formas, si alguien quiere discutir de este tema, sepa que ésa no es nuestra costumbre”. Tal vez preveía que el velo no sería usado en el futuro, o en otras culturas.

  7. Alexander:

    Pues, sobre el Antiguo Testamento, en la historia del pueblo de Israel, tengo una opinión muy similar. El Antiguo muestra en la colectividad de Israel las distintas etapas por las que pasa la vida del creyente en este mundo: la esclavitud, la salida de los israelitas de Egipto, los Diez Mandamientos, el vagar 40 años por el desierto, hasta pasar el Jordán y llegar a la tierra prometida que para un no creyente solo serían una historieta pero que para el creyente pueden transmitirle mensajes de lo que es la vida cristiana, como la elección divina de Su Pueblo, una vida anterior en la esclavitud del pecado, Dios te salva de esa esclavitud sin ningún merito por tu parte, escribe su ley en el corazón, vagas por esta vida intentando llevar un camino hasta la santidad (…”y seréis santos porque yo soy santo”…) y pasar la línea del Jordán, de abandonar esta vida, a la salvación. Y, aún así, hay no pocas caídas en el camino de la santificación, como muestran todas las veces que los israelitas se rebelan en Egipto, las idolatrías y apostasías cuando ya están establecidos en Canaán, etc…, sin embargo, Dios siempre es misericordioso cuando existe un arrepentimiento sincero, como se muestra en el libro de los Jueces.

    Sobre la segunda cuestión, creo que Pablo se refería a las externalidades rituales de la ley mosaica, todo el rito sacerdotal, ese, evidentemente, ya estaba derogado, al haberse ofrecido Cristo mismo como sacrificio sin mancha, había cumplido perfectamente las leyes sacerdotales.

  8. […] el siglo XVIII surgió la conocida como “Ilustración”. En este movimiento se encuentra el comienzo del ataque contra la autoridad de la Biblia, porque […]


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