Posteado por: Javier | agosto 25, 2011

La sociedad y la libertad bajo el Decálogo (VI)

III.- NO TOMARÁS EL NOMBRE DE JEHOVÁ TU DIOS EN VANO, PORQUE NO DARÁ POR INOCENTE JEHOVÁ A QUIEN TOMARE SU NOMBRE EN VANO

Antes de empezar con este Mandamiento, algo que es interesante resaltar en torno al Decálogo es que ocho de los diez mandamientos son preceptos negativos, e incluso cuando se preceptúa la obligación de guardar el día de reposo, ello se hace añadiendo “no hagas en él obra alguna” (Éxodo 20:10 y Deuteronomio 5:14). La mentalidad modernista considera esto como “opresivo y tiránico”. Al hilo de la última entrada de esta serie, la pasada semana tuvimos otra demoledora noticia para la libertad y otro pequeño paso más para la tiranía: un profesor en Florida despedido por manifestarse contrario al matrimonio homosexual en su perfil personal de Facebook. Vemos como, a la vez que se pisotea cada vez más la ley de Dios en EEUU, este país, otrora referente liberal, se enfanga un poco más en la tiranía. Y supongo que veremos una diferencia con el Segundo Mandamiento: mientras, bajo el precepto bíblico, nunca se perseguiría a quien defendiera una posición favorable al gaytrimonio, hoy día, bajo el sistema humanista secular, en aras de no ofender a una minoría muy concreta, se despide de su puesto de trabajo a alguien, por sus opiniones.

El mejor ejemplo de ley positiva fue el principio legal romano “la salud del pueblo es la ley suprema”. Este principio ha pasado tan completamente a los sistemas legales del mundo que cuestionarlo es cuestionar una premisa fundamental del Estado. El Estado, de esta forma, puede llegar a regular y dirigir cada una de las áreas de la vida del hombre. No solamente controlará a los hombres malvados, sino a todos los hombres. El resultado de esto es la pérdida de libertad, puesto que no se supone que el Estado pueda ni deba controlarlo todo.

Un concepto negativo de la ley confiere un doble beneficio: primero, es práctico, porque un concepto negativo de la ley trata de manera realista con un mal en particular. Dice: “No robarás”, o, “No darás falso testimonio”. Una declaración negativa lidia directa y claramente con un mal en particular: lo prohíbe, lo hace ilegal. La ley entonces tiene una función modesta, siendo limitada, el Estado es limitado: su principal y más importante función consiste en luchar contra el mal, contra el crimen y contra los enemigos de la nación, no a controlar a sus ciudadanos. En segundo lugar, un concepto limitado de la ley asegura la libertad, su función es el aseguramiento de la vida y la libertad: excepto por los aspectos prohibidos, toda la vida del hombre está más allá de la ley. Por ejemplo, en relación al Tercer Mandamiento, cuando la ley prohíbe la blasfemia y el falso testimonio, garantiza que todas las otras formas de expresión tengan su libertad. El Octavo Mandamiento dice: “No hurtarás”, luego quiere decir que la ley solo puede lidiar con la apropiación ilegal de la propiedad privada ajena, no puede controlar la propiedad que se adquiere por medios lícitos.

La ley es positiva promueve un Estado omnicompetente y omnipotente, y puede llegar a devenir en un Estado totalitario. Todo llega a estar dentro de la jurisdicción del Estado, y debido a que la ley es ilimitada, adoptando una forma de “ley en blanco”, el Estado es ilimitado. Se vuelve tarea del Estado, no controlar el mal, sino controlar a todos los hombres. El hombre, para el pensamiento humanista secular y evolucionista, es como un niño en constante evolución hacia la edad adulta, en constante estado de maduración hasta la tumba, en un estado de inocencia que se extiende más allá de la niñez física y que debe ser continuamente cuidado por un Estado niñera y al que se debe evitar el amargo trance de asumir la responsabilidad por sus acciones y sus decisiones. En esa situación es normal que se pretenda que rechace su libertad a cambio de recibir cuidados paternales estatales. No son de extrañar las leyes penales que tratan al delincuente como un producto moldeado por una sociedad mala y otros condicionantes externos, pero eso es otra cuestión. La fe cristiana y bíblica, por el contrario, sostiene la creación original de un hombre maduro y bueno. El problema humano no es una naturaleza primitiva, ni infantilismo, sino irresponsabilidad, una rebelión contra la madurez y la responsabilidad. El hombre es un rebelde, y su problema no es infantilismo sino pecado, no ignorancia sino insensatez voluntaria.

El Tercer Mandamiento, entrando ya en el mismo, es una prohibición contra los falsos juramentos, o maldecir y la profanidad. No hemos de tomar el nombre del Señor en vano, o profanamente. No hemos de blasfemar a Dios ni maldecirle. Durante la Guerra de Independencia de EEUU, George Washington emitió órdenes a sus tropas prohibiendo el lenguaje soez. Lo consideraba uno de los pecados más viles: el profano no invoca a Dios como la fuente de su fortaleza, sino las cosas bajas, innobles, obscenas y pervertidas de la vida – aquello que es obsceno y pervertido. Lo que uno invoca en palabra, también invocará en la acción. Los Mandamientos de Dios van a la raíz de los sentimientos morales, no se quedan en la externalidad, en la praxis de la acción realizada materialmente. Una sociedad profana es una sociedad profundamente degenerada en todos los ámbitos. Vemos las órdenes de Washington y comparemos con el estado moral actual de EEUU (y del resto del mundo occidental, no olvidemos): uno de los países en el que existe más inmoralidad, en el que se consume más pornografía y en el que el género cinematográfico que arrasa son las “comedias guarras” y obscenas de adolescentes (otro concepto humanista y evolucionista, el de la “adolescencia”, que pretende crear personas con exigencias de hombres adultos y responsabilidades de niños).

La respetabilidad de los distintos juramentos legales es otro aspecto esencial en el apropiado funcionamiento de la sociedad y las instituciones. Tales juramentos o votos descansan en el tener temor de Dios, puesto que sin esto, no hay ninguna seguridad en ningún pacto. En España, dice el artículo 434, sobre el juramento de los testigos antes de declarar en juicio, que “El juramento se prestará en nombre de Dios”, aunque, realmente, hoy día, no tenga aplicación práctica. En su “Discurso de Despedida”, George Washington preguntó, “¿Dónde se halla la seguridad para la propiedad, para la reputación, para la vida, si el sentido de la obligación religiosa abandona los juramentos, que son los instrumentos de investigación en las cortes de justicia?”. Los hombres piadosos toman los juramentos con seriedad. Sin temor de Dios los juramentos no significan nada, ya sea en las cortes de ley, en los votos matrimoniales, o por parte de aquellos en los oficios civiles que prometen levantar la ley. En los EEUU, de hecho, los tribunales de Justicia también requerían juramentos cristianos. El “Manual de Justicia de Tennessee y la Guía del Oficial Civil de 1834” dice que aquellos que administren el juramento requerirán: “La parte que tomará el juramento, pondrá su mano sobre los santos evangelistas del Dios Todopoderoso, en señal de su compromiso de hablar la verdad, y que espera ser salvo a la manera y método de salvación señalada en ese sagrado volumen; y en señal adicional, que si se desviase de la verdad, pueda ser justamente privado de todas las bendiciones de los evangelios, y pueda ser hecho responsable de aquella venganza que ha invocado sobre su propia cabeza; y después de repetir las palabras, ‘Y que Dios me ayude,’ besará los santos evangelios como sello de confirmación a dicho compromiso”.

IV.-ACUÉRDATE DEL DÍA DE REPOSO PARA SANTIFICARLO. SEIS DÍAS TRABAJARÁS, Y HARÁS TODA TU OBRA; MAS EL SÉPTIMO DÍA ES REPOSO PARA JEHOVÁ TU DIOS; NO HAGAS EN ÉL OBRA ALGUNA, TÚ, NI TU HIJO, NI TU HIJA, NI TU SIERVO, NI TU CRIADA, NI TU BESTIA, NI TU EXTRANJERO QUE ESTÁ DENTRO DE TUS PUERTAS. PORQUE EN SEIS DÍAS HIZO JEHOVÁ LOS CIELOS Y LA TIERRA, EL MAR, Y TODAS LAS COSAS QUE EN ELLOS HAY, Y REPOSÓ EN EL SÉPTIMO DÍA; POR TANTO, JEHOVÁ BENDIJO EL DÍA DE REPOSO Y LO SANTIFICÓ

En los Díez Mandamientos se establece el “Sabbath” como un día de descanso físico y espiritual. Mediante la institución de este día, Dios se remonta a la creación, cuando descansó el último día de toda su obra, bendiciéndolo y santificándolo, y señala, a la vez,  el descanso último que tenemos en Él por medio de los méritos de la obra perfecta de Jesucristo. Al observarlo hemos de recordar el orden y el reposo de la creación de Dios, en el que hemos de trabajar y llevar a efecto nuestra obra durante seis días y descansar un día, el Día del Señor. El hombre, debe trabajar y descansar como Dios lo hizo, puesto que la vida humana debe ser una “copia” de la vida divina, estamos llamados, mediante la gran comisión, a hacer avanzar el Reino de Dios y, en ello, el día de reposo es uno de sus aspectos fundamentales.

El descanso físico nos vigoriza para ser más productivos en nuestros seis días de labor. El propósito del descanso espiritual es edificar nuestra confianza y seguridad en Dios, para que podamos entrar en el reposo de la redención: podemos descansar en Él y confiar en Su providencia. La Biblia enseña que el trabajo es una actividad santa y, en modo alguno, algo fastidioso que tenemos como una carga para ganarnos la vida, sino uno más de los aspectos de toda nuestra vida que estamos llamados a colocar bajo la soberanía de Jesucristo. Dios da a cada uno de nosotros talentos, habilidades y características únicas que se ajustan a nuestro propósito y llamado únicos a participar en Su obra. Nuestro trabajo es parte de nuestro llamado y es una manera fundamental en la que extenderemos el Reino de Dios sobre la tierra. Jesús siguió el ejemplo de Dios Padre de trabajar duro y el apóstol Pablo dijo que trabajaba en su llamado “más que todos ellos” (1 Corintios 15:10), puesto que ocupaba una posición de mayor responsabilidad. Mientras más alto llegues (en los negocios, la iglesia, los asuntos civiles, etc.) y mientras más autoridad obtengas, más debes trabajar. Qué decir de parte de los políticos actuales. El humanismo pagano defiende que, cuanto más alto llegas, menos debes trabajar. Incluso muchísima gente desea en lo más profundo de su corazón la riqueza para dejar de trabajar. La Biblia, por el contrario, enseña que lo poco o mucho que tengamos está siempre orientado a trabajar en la obra del Señor, quien nos proveerá de todo lo que necesitemos una vez hayamos encontrado Su Reino. Igualmente, hemos de ser serviciales para con los demás. Un político cristiano debiera dedicarse a la política no por motivos económicos, ni de interés o ambición personal, sino con voluntad de servir a Dios y a sus compatriotas.

Estados paganos, malvados, demoníacos y totalitarios, como el surgido tras la Revolución Francesa, ignoraron el día de reposo. Los revolucionarios franceses incluso implantaron una semana laboral de diez días. El respeto del día de reposo tiene como implicación, no una exigencia ceremonial o ritual como en el Antiguo Testamento, sino un símbolo evidente de que la nación, la iglesia, la familia y el individuo se sujeta a la ley de Dios como ley suprema, puesto que reconoce la obra de Dios como perfecta y redentora y el descanso que debemos tener en Jesucristo.

V.- HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, PARA QUE TUS DÍAS SE ALARGUEN EN LA TIERRA QUE JEHOVÁ TU DIOS TE DA

Sobre el Quinto Mandamiento, he ido desglosando numerosos aspectos en varias entradas de junio sobre distintos temas, así como en una de febrero sobre el gobierno cristiano. Este Mandamiento, junto con el Séptimo, el Octavo y el Noveno, establece a la familia como la autoridad fundamental en la tierra. La comisión original de Dios al hombre fue la de tomar dominio sobre la tierra (Génesis 1:26-28). Esto ha de ser llevado a cabo fundamentalmente por medio de la familia. Hemos de respetar la autoridad y el consejo de nuestros padres, incluso cuando, a nuestro entender, podamos considerar que están equivocados, salvo cuando incurran en una flagrante violación de la ley de Dios, puesto que su autoridad, como la del gobierno civil, es una delegación de la autoridad de Jesucristo como Gobernador del Universo. Al igual que en otros ámbitos, Dios es la fuente emanadora de ley.

El Estado, en la actualidad, le ha arrebatado a la familia mucho de la autoridad, incluyendo el tomar dominio o gobernar sobre la tierra. No solo ocurre esto. El Estado pretende robar a los padres la potestad y obligación bíblica de disciplinar a sus hijos, en España lo vemos en la reforma del Código Civil que ha eliminado la posibilidad de “corregir moderadamente” a los hijos menores. En España tampoco se permite el “homescholing”, la posibilidad de que padres cristianos eduquen a sus hijos en casa, libres de las raciones y toneladas de humanismo secular que reciben en los colegios públicos. Se aprueban leyes que pretenden crear un estado de opinión sociológico favorable a los matrimonios homosexuales, leyes de impuestos que benefician el que dos personas solteras no casadas vivan juntas, o leyes de beneficencia por las que se paga a las madres para que no vivan con el padre de sus hijos, o por las que se paga por el mero hecho de tener un hijo, fomentando la inmoralidad sexual sin consecuencias ni responsabilidades, y haciendo un llamado a que cada vez haya más madres solteras. El Estado arrebata cada vez más autoridad a la familia, abrogándose la potestad, no solo de instruir, sino también la de educar. La excusa es la “neutralidad” de la educación pública estatal, la falsa neutralidad del humanismo secular. El Estado actual incluso limita cada vez más el control de la propiedad por parte de las familias través de impuestos sobre la propiedad, impuestos progresivos sobre los ingreso, regulaciones  que cada vez dificultan más el uso de la tierra o el uso del patrimonio familiar para el establecimiento y apertura de nuevos negocios, los impuestos sobre las herencias, etc. El Estado socialista actual deja de ser el marco para el desarrollo de la libertad, el castigador del malvado y el defensor de la vida de sus ciudadanos, definido por el apóstol Pablo en Romanos 13, para convertirse en un nuevo “padre” para una gente que vive en una permanente adolescencia e inmadurez. Un “padre”, encima, incapaz de proteger la vida de aquellos a quienes ha acogido bajo sus alas cada vez que algún malhechor les ataca, todo un “padre” verdaderamente amoral. Esta diarrea legislativa en que incurre el Estado en su afán de controlar todo degenera en la perdida de libertad.

Este Mandamiento contiene una promesa. Cuando honras a tu padre y a tu madre, tus días serán prolongados en la tierra que Dios te da, y “te irá bien” (Deuteronomio 5:16), serás bendecido. Un ejemplo de la bendición a la obediencia de este mandamiento de Dios se ve en la vida de George Washington. Cuando George tenía 14 años tenía planes de irse al océano y dedicarse al mar como su forma de vida y trabajo. Sin embargo, su madre se opuso a esto y cuando ella se lo expresó George la honró y permaneció en casa. Este solo acto de obediencia no solamente resultó en la bendición del joven George, sino que afectó la libertad de los EEUU y del mundo.

Este Mandamiento también es aplicable a las relaciones trabajador-empresario, individuo-gobierno y a cualquiera que ocupe una posición jerárquica de rango superior. Estos superiores, en correlación a la obligación de respeto hacia ellos, tienen la de cumplir la ley de Dios y ejercer esta superioridad jerárquica sobre nosotros con equidad y justicia. Existe una total igualdad bíblica de todos los individuos ante la ley:  “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo” (Levítico 19:35). Debemos pagar los impuestos, obedecer los reglamentos y leyes, mostrar respeto a los gobiernos, etc. Si no lo hacemos, en ultima instancia estamos mostrando falta de respeto a Dios, porque es Él quien ha puesto a ese gobierno sobre nosotros, para bien o para mal.

El gobierno puede ser despótico pero la sedición siempre conduce al caos y a un nuevo gobierno despótico que venga para reordenar ese caos (como en Francia) o a sustituir una tiranía casi directamente por otra (como en Rusia). Hasta puede ser un gobierno contrario y ofensivo a Dios y ahí individualmente, eso sí, sería una obligación desobedecerlo, pero debemos aceptar las consecuencias de esa desobediencia. Cristo, por ejemplo, nunca cuestiona la legitimidad de Pilatos para juzgarle conforme a la leyes romanas, es más, le dice que no tendría ningún poder sobre Él si no le viniera desde arriba, afirma que su autoridad emana de Dios.

Igual con los empleadores, hay que cumplir sus instrucciones y mostrarles respeto (por cierto, no solo la Biblia, en España, el Estatuto de los Trabajadores también recoge esta obligación del trabajador), al igual que este debe ejercer con responsabilidad su posición de superioridad jerárquica con su empleado y retribuirle puntual y justamente por su trabajo. El trabajador debe ser remunerado de acuerdo con su productividad, ni más ni menos.

Constituir un sindicato o afiliarse y participar en sus actividades siempre que no violen las leyes es y tiene que ser plenamente legal, forma parte de la libertad de asociación. La Biblia no menciona las huelgas expresamente, y es lógico, pero sí condena cualquier clase de ociosidad y abandono del trabajo. Si las ordenes del empresario chocan con las convicciones cristianas del trabajador no debiera obedecerlas, pero ser consciente de que el empresario legalmente, de acuerdo con las normas laborales del país en que viva o el reglamento interno de la empresa, puede sancionarle. Como esto es aplicable tanto a empleador, como autoridades o padres, Pablo, al redactar la Carta a los Romanos, estaba preso por Nerón, había violado las leyes del Imperio Romano por seguir su fe, pero en ningún momento llamó a la sedición de los cristianos.

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