Posteado por: Javier | septiembre 12, 2011

Diez años después, ¿qué balance hacemos?

Se cumplieron ayer diez años del 11-S, el mayor macro-atentado terrorista de la historia y el mayor ataque sufrido por EEUU desde Pearl Harbour, en diciembre de 1941. Tres mil muertos y la caída de dos de los símbolos del poder financiero estadounidense, las Torres Gemelas del WTC, junto con los daños en el símbolo de su poder militar, el Pentágono, fueron el resultado.

Diez años después, gracias a la tenacidad de EEUU y sus aliados, el Reino Unido sobre todo, unido a otros como Australia (cómo no), Polonia, Bulgaria y otros del Este de Europa, Dinamarca, etc…, pese a deserciones vergonzosas, como aquella a la que ZP-atético abocó a España (no hay que olvidar que hubo otra, puede que incluso más patética, como la de Filipinas, cuando el gobierno de este país asiático cumplió una orden directa y rotunda de los yihadistas), y la cobardía condescendiente euro-peda de Francia y Alemania, Al Qaeda está descabezada, numerosos de sus gusanos secuaces encerrados en Guantánamo, Bin Laden muerto y sus líderes diezmados en Irak, así como el régimen talibán es historia, al igual que el de Saddam Hussein.

Bush prometió que no se pararía hasta encontrar a Bin Laden, hicieran falta 10, 20 ó 30 años, y Obama, finalmente, cumplió con el compromiso, el 2 de mayo de este año, cuando el apátrida de origen saudí fue destruido y arrojado al Océano Índico para servir de comida a los peces (posiblemente, las mejores horas de Obama como Presidente norteamericano). Gracias a las medidas de seguridad adoptadas, se abortaron atentados en EEUU, como el secuestro simultáneo de varios aviones de línea entre éste país y el Reino Unido, en agosto de 2006, o el coche bomba de Times Square, en 2009. También hubo uno como el del nigeriano que pretendía volar por los aires un avión en vuelo a Detroit, y que se quemó sus nobles partes, después de guardarse material inflamable en la bragueta, antes de las navidades de 2009, fracasó que se debió a la incompetencia del terrorista, y otro como el de Fort Hood, un mes antes, que no pudo evitarse y acabó con la muerte de 13 soldados norteamericanos. EEUU no anda en sus mejores momentos pero, no obstante, y aún así, en estos diez años ha demostrado la capacidad de hacer grandes cosas: de buscar y castigar a los responsables del atentado allí donde se encuentren, de derrocar a los regímenes que les den sostén,… incluso de construir un buque de guerra con acero sacado los restos de las Torres Gemelas, el USS New York, con el que ir a la búsqueda y eliminación de los terroristas.

Siguen operativas, no obstante, algunas de las franquicias asesinas de Al Qaeda, sea en el Norte y el Cuerno de África, en el Cáucaso, en la Península Arábiga o en Pakistán, recaudando fondos, construyendo campos y bases de entrenamiento en Yemen, Sudán, Somalia, etc…, y atacando de vez en cuando en estas mismas zonas. La pacificación de Irak y Afganistán todavía continúa, pese a los progresos. Aparte de la reducción de la operatividad de los terroristas en Irak, en Afganistán han habido importantes mejoras en los ámbitos de la educación y de la salud, progresos en el desarrollo de instituciones y en la construcción de infraestructuras, e impulso socioeconómico. Y desde luego queda mucho por hacer, sobre todo en el ámbito de la seguridad, pero ello no impide el pensar que luchar por la libertad donde sea merece mucho la pena. Normalmente, al hablar del país centroasiático, se olvida cuál era la situación bajo los talibanes. Irak también ha sido decisivo, aunque no tal y como se esperó. En principio, allí no se iba a luchar directamente contra Al Qaeda pero, sin embargo, fue la propia red terrorista la que acudió al llamado de la presencia de las tropas de EEUU y sus aliados, sufriendo una humillante derrota, con el apoyo de la población local (aunque la progresia, una y otra vez, llamase “resistencia iraquí” a los terroristas de Al Qaeda autores de salvajes atentados en Bagdad y otras ciudades del país).

Como dije en mayo, hay que felicitar a Obama por tomar el testigo y cumplir el compromiso de eliminar a Bin Laden, pero hay cosas inquietantes para la seguridad no solo de EEUU sino también de Occidente. Ha sido muy eficaz la red antiterrorista que empezó a montar Bush de la nada a los pocos días del atentado, heredada por Obama pero, no obstante, las FFAA son fundamentales para perseguir a los terroristas en el territorio en que se refugian, de modo que no ocurra otro 11-S y que no surja otro Bin Laden para atacarnos, sin embargo, poco antes de la muerte del líder de Al Qaeda, Obama había solicitado que se hicieran recortes presupuestarios por 400.000 millones de dólares, afectando a unas FFAA que ya no dan más de sí y menoscabando su papel constitucional de proteger EEUU. Las FFAA no pueden estar infradotadas mientras se multiplican los compromisos en el exterior.

Mucho se ha hablado de que la “Doctrina Bush” ha “sembrado el caos” estos diez últimos años. ¿De verdad piensa alguien en serio que el mundo es menos seguro hoy que unas horas antes del 11 de septiembre de 2001? Hasta entonces, más desguarnecidos, imposible. El terrorismo se consideraba como algo propio y concerniente a un terruño concreto, no algo global. Esto no se tomaba demasiado en serio, ni siquiera por parte de EEUU. Pero, el 11-S, los macro-atentados islamistas se convirtieron en una realidad. La lucha contra el islamismo radical como doctrina totalitaria ha tenido claroscuros, claro, perfecto no ha sido todo. ¿Hay que abandonar cualquier lucha contra el totalitarismo y la tiranía, entonces, porque no todo salga bien y porque en el camino se puedan producir víctimas inocentes, como ocurre en toda guerra? ¿Habría que haber abandonado la lucha contra Hitler en la II Guerra Mundial por ello?

A los pocos días del 11-S (y debieron pasarlo mal los que estuvieron callados, por una falsa “decencia”, justo tras los atentados, no pudiendo contenerse), salió a coro toda la cuadrilla basura de pseudo-intelectualoides, esa hedionda categoría mental afrancesada, que se pone como un flan cada vez que EEUU castiga y hace justicia con quienes le atacan, verdaderamente, el enemigo desde dentro. Noam Chomsky (cómo no) comparó el 11-S con el golpe de Estado de Pinochet en Chile. Susan Sontag, una de las camaradas de Chomsky, escribió en “El País”, el 28 de septiembre de ese año: “Si hay que utilizar la palabra cobarde, quizá sería más adecuada aplicarla a aquellos que matan como una forma de represalia, desde lo alto del cielo, que a aquellos dispuestos a morir para matar a otros. En lo que respecta a la valentía (una virtud moralmente neutral): independientemente de lo que se diga sobre los perpetradores de la matanza del martes 11, no eran cobardes”. Eso sí, al Chomsky y a la Sontag hubo una única circunstancia que disgustó de los atentados: “Entre los muertos no sólo estaba el personal ambicioso y bien remunerado de las industrias financieras allí instaladas; también hubo empleados humildes, porteros, mandaderos y operarios de cocina. De estos últimos, más de setenta, en su mayoría negros e hispanos, trabajaban en Windows of the World, el restaurante del último piso de las torres”. Chomsky fue más lacónico pero igualmente discriminatorio: “Las primeras víctimas, como es habitual, han sido personas de clase trabajadora: porteros, secretarias, bomberos”. Ahora bien, posiblemente, uno de los peores y más vomitivos exabruptos salió de España, el 2 de octubre de 2001, de la pluma del “justiciero togado”, el Juez Garzón, como escribió en “El País”: “Pero permanecer callado y a la espera de esta especie de teatro de operaciones en el que estamos siendo actores, porque de nuestro futuro se trata, es una omisión gravísima o una aceptación culpable de los proyectos bélicos reiteradamente proclamados por los gobernantes de los Estados Unidos, y exigidos por los ciudadanos americanos que reclaman ‘venganza’. A quien discrepa, casi se le considera traidor, y se le vigila cuando se manifiesta para que no sufra daño. La callada aceptación oficial de Occidente, esencialmente la de los países europeos, me lacera en lo más profundo del corazón y debe llenarnos de desesperación. Se oyen grandes discursos, se emiten importantes acuerdos de principio, pero se acepta e incluso se comparte la respuesta violenta. Que Estados Unidos iba a reaccionar como anuncia que lo hará, o como ya ha podido hacerlo -invasión de Afganistán, acciones bélicas de comandos, bombardeos, acciones encubiertas-, era lógico y esperado, pero la sumisión simiesca de todos no era previsible. Así, resulta preocupante que países como Francia o España no hayan alzado la voz en forma clara para decir no, para no aceptar la solución violenta como única posible, para desvelar la gran mentira de la ‘solución final’ contra el terrorismo; es lo que me ha hundido en una profunda depresión de la que apenas me recupero con la resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU de 30 de septiembre de 2001 sobre medidas contra el terror”.

Lo cierto es que, guste o no guste a los Chomskis o los Garzones de este mundo, la lucha contra el totalitarismo continúa y continuará en los próximos años, así como la expansión de las ideas liberales y democráticas (más putrefacto no puede estar el socialismo y quintacolumnismo anti-occidental que defienden, como para haber tenido que aliarse en la última década, a la desesperada y como “último cartucho”, al fanatismo islamista).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: