Posteado por: Javier | octubre 4, 2011

Una vida de oración

En la anterior entrada sobre la vida de devoción comenté que diría algo sobre la oración y su necesidad. Lo cierto es que es algo en lo que todos debemos aplicarnos, y yo el primero, como dije, pues lo cierto es que seguramente en ni uno solo de los días de nuestras vidas hemos sido tan aplicados como Dios merece.

El profeta Jeremías nos dice: “Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré: Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado de vosotros, dice Jehová, y tornaré vuestra cautividad, y os juntaré de todas las gentes, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice ser llevados” (Jeremías 29:12-14). Este mensaje es de una gran importancia porque Dios anuncia lo que va a hacer pero también de la forma en que lo va a hacer: a través de la oración. Cuando Su pueblo ora, Él va a cumplir lo que ya ha dicho que va a hacer. La oración es tan importante que expresamente nos dice que va a retrasar lo que va a hacer hasta que comencemos a pedirlo en oración, como dice el apóstol Santiago: “Tu no recibes, porque no pides.” (Santiago 4:2). Santiago continua diciendo que aún cuando pides no lo haces correctamente, porque buscas que tus propias necesidades sean satisfechas. Pero aquí se nos recuerda que la oración es parte del plan de Dios. Eso no quiere decir que la oración sea como un botón que tiene un efecto mágico y que Dios sea una especie de “mayordomo” listo para responder en cuanto apretemos ese botón. Mucha gente no ve respondidas sus oraciones y termina pensando que Dios no es fiel a Su promesa porque no entiende que la oración es la forma que ha establecido para que seamos involucrados en Sus planes, pero tenemos que estar dispuestos a movernos y ser Sus instrumentos. Tenemos que estar dispuestos a pasar el mar Rojo cuando nos abra las aguas, tenemos que estar dispuestos a tomar la tierra de Canaán cuando nos la ofrezca, tenemos que estar dispuestos a expulsar a los cananitas, como diría Spurgeon, cuando los ponga en nuestras manos, tenemos que estar dispuestos a dar una pedrada en la frente a Goliat y, más todavía, a cortarle la cabeza cuando esté tirado en el suelo, tenemos que estar dispuestos a tomar la fortaleza de los jebuseos, aunque nos griten “esta no la vais a tomar”, etc.

La enseñanza de Jesús sobre la oración, aparte del Padre Nuestro como oración modelo, se da en tres pasajes fundamentales, en palabras a sus discípulos justo antes de entregarse a Sí mismo a morir en la cruz. Juan 14:12-14: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”; Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”; Juan 16:23-24: “En aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre, os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo”.

Conforme a la revelación del Nuevo Testamento, lo fundamental que tenemos que saber es que ahora tenemos el privilegio de orar en el nombre de Cristo y en el poder del Espíritu Santo. MUY IMPORTANTE: EN EL NOMBRE DE CRISTO, NO ORAR A CRISTO. Algunos cristianos pueden cometer el error de dirigirse directamente a Cristo, al Hijo, en lugar de al Padre, o dirigirse al Espíritu. Debes prestar mucha atención a lo que Jesús dice en Juan 16:23: “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dará”; y a Judas 1:20: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo”. Dirigir la oración a Cristo es abandonar su mediación orando a Él, en lugar de orar por medio de Él, olvidando que Él es el mediador entre el Padre y los hombres. Dirigir la oración al Espíritu de Dios es orar al Espíritu, en lugar de orar por Él, y ello implica que hasta ese punto estamos dependiendo de nuestra propia suficiencia. La oración debe ser DIRIGIDA AL PADRE, EN EL NOMBRE DEL HIJO Y EN EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO.

La oración en el Nuevo Testamento incluye la alabanza y la acción de gracias del creyente, así como la presentación de las necesidades en presencia de Dios. La acción de gracias es la expresión voluntaria de una gratitud de corazón por los beneficios recibidos. Su efectividad depende de la sinceridad, así como su intensidad depende del valor que demos a los beneficios recibidos de Dios. En el Antiguo Testamento existían unos sacrificios específicos de acción de gracias: “Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable” (Levítico 22:29). No es una especie de “pago” de nuestra parte por los beneficios recibidos de Dios, pues no tenemos nada con que podamos “compensarlos”, sino reconocer con gratitud el hecho de que el que ha recibido el beneficio está endeudado con el dador. Tomemos como modelo a Jesús: siendo Dios, daba gracias siempre al padre por todo. Mateo 15:36: “Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud”; Marcos 8:6: “Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud”; Marcos 14:23: “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos”; Lucas 22:17-19: Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”. La acción de gracias debe ser continua. ¿Cuándo fue la última vez que diste gracias por un vaso de agua, sabiendo que es un regalo de Dios? Debiéramos dar gracias hasta porque nuestro corazón siga latiendo y el aire siga entrando en nuestros pulmones un día más.  Las acciones de gracias deben ser ofrecidas por todo, como dice el apóstol Pablo en Efesios 5:20: “Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” o en 1 Tesalonicenses 5:18: “Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotras en Cristo Jesús”. El por todo es literal, se incluye TODO, sea “bueno” según tu punto de vista o no, pues todo, cualquier circunstancia, sea “propicia” o “adversa” para nosotros, si somos creyentes, la utiliza Dios para edificarnos, incluso cuando lo que hace es disciplinarnos. Si leemos Apocalipsis 3:19: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo, sé, pues, celoso y arrepiéntete”.

En Lucas 17:11-19 se nos advierte frente al pecado de ingratitud hacia Dios, en el episodio de los diez leprosos que fueron limpiados, de los cuales, solo uno volvió para dar gracias a Jesús: “Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Nos miremos este episodio con suficiencia o altivez: ¡cuántas veces nosotros mismos somos como esos leprosos!

Tampoco debemos olvidar pedir por nuestras necesidades e interceder por los demás. Por supuesto que Dios va a actuar siempre según Su voluntad, pero Él ordenó la oración, como el medio para el cumplimiento de Su voluntad en el mundo y ha instruido a los que creen en Él para que presenten sus peticiones.

Mediante la oración, el creyente es introducido en una asociación con la obra de Dios en una manera que de otro modo no podría participar, es la manera en que tenemos que pedir el privilegio que nos regala de ser parte en Su obra. Es más aún, es la vida normal del creyente, tener una comunión con Dios de esta forma. En este sentido, el orar en el nombre del Señor Jesucristo, no solo es la condición pues sin Él no tendríamos parte con Dios, sino que atrae la atención del Padre y podemos tener la seguridad de que el Padre no solo oirá cuando se usa ese nombre, sino que se sentirá inclinado hacer lo que se le pida por amor de Su amado Hijo. Tener claro que Jesucristo es EL MEDIADOR (ni la Virgen, ni los ángeles, ni los santos ni las personas ya fallecidas, solo Jesucristo) es fundamental, pues por amor a Cristo es por lo que Dios cumplirá lo que le pidamos conforme a Su voluntad, pues esta es Su promesa. Si oramos sinceramente en nombre de Cristo, reconocemos que estamos vitalmente unidos a Él, y nuestras peticiones agradarán al Padre pues en nosotros estará viendo la persona de Cristo (por eso la oración de los inconversos es vana y no recibe respuesta).

Por supuesto, ello implica que al pedir en nombre de Cristo debes hacerlo sometido a Su señorío. El apóstol Santiago dice que “pedís y no recibís, porque pedís mal, gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:2-3). Así la oración puede llegar a ser, o una atracción para obtener las cosas del yo, o una forma de lograr las cosas de Cristo. El creyente ya no está preocupado del “yo”. Si pides por cosas que solo te interesen por codicia o por tu propio bien no vas a recibir respuesta. Mucha gente, por desconocimiento, pide “suerte” para aprobar un examen, pide un trabajo o pide “salud, dinero y amor”. No vas a recibir nada de esto si es tu interés personal lo que te mueve, aunque pueda ser muy legítimo. Pero recuerda que debes buscar primero el Reino de Dios y todas las cosas te serán añadidas después. Solo recibirás respuesta en cuanto que sean cosas ordenadas a servir a Dios y a hacer Su voluntad. Pero, dentro de la voluntad de Dios, por supuesto, hay una libertad de petición ilimitada para el que ora. Al creyente que está lleno del Espíritu Santo dice el apóstol Pablo: “De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad pues qué hemos de pedir corno conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los Santos” (Romanos 8:26-27).

Por último, es importante que nos prescribamos una disciplina estricta y un horario para la oración, evitando un uso irreverente y una repetición vana de palabras que no sirven absolutamente para nada. Qué menos que al empezar el día y antes de irnos a la cama, aunque debamos evitar que en nuestros corazones esto sea como una especie de “ritualismo” legalista o una pesada carga que tengamos que cumplir. No es fácil, pero nadie dijo nunca que la vida cristiana sea fácil. Puede que, si somos sinceros creyentes, hasta podamos tener ciertos reparos al presentarnos ante un Dios Santo siendo tan inmundos. No está mal que reconozcamos nuestra miseria frente a Dios, pero, como he dicho, debemos tener confianza en que dirigiéndonos a Él en nombre de Cristo somos plenamente aceptados. La oración no el medio de salvación en sí mismo, sino Cristo, es el medio de llegar a Dios mediante su intercesión, en la cual podemos descansar confiadamente, pues Él mismo es el motivo de que estemos orando. Recuerda las palabras de Charles Spurgeon: “Recuerda pecador, que no es el hecho de que tú tengas a Cristo lo que te salva: es Cristo; no es tu gozo en Cristo el que te salva: es Cristo; ni siquiera es la fe en Cristo, aunque sea el instrumento: es la sangre y los méritos de Cristo; por lo tanto, no mires a tu fe, sino a Cristo, autor y consumador de tu fe; y si haces esto, ni diez mil diablos podrán derribarte. Hay una cosa que todos nosotros confiamos demasiado en nuestra predicación, aunque creemos hacerlo del todo sin intención, a saber, la gran verdad de que no es la oración, no es la fe, no son nuestros actos, no son nuestros sentimientos aquello en que hemos de descansar, sino en Cristo y en Cristo solo. Somos propensos a pensar que no estamos en un estado apropiado, que no sentimos con suficiente Intensidad, en vez de recordar que lo que importa no es uno mismo, sino Cristo. Permíteme que te lo suplique: mira sólo a Cristo. Nunca esperes ser liberado del yo, por los ministros o por cualquier medio, sea de la clase que sea, aparte de Cristo; no le pierdas de vista; que su muerte, sus agonías, sus quejidos, sus sufrimientos, sus méritos, sus glorias, su intercesión estén frescas en tu mente; cuando despiertes por la mañana, búscale; cuando te acuestes por la noche, búscale”.  

Esto es todo, de una forma muy resumida, pero confío que de utilidad.

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Responses

  1. Buenas noches Javier.

    Me ha gustado especialmente este articulo. Solo una matizacion: ¿la oracion de los inconversos es vana?
    No estoy tan seguro de eso… ¿puede el Señor oir las oraciones de un inconverso para demostrarle que a el tambien le oye y asi se convierta? Yo creo que si. Negar esto es limitar la potencia de Dios y El es omnipotente. Otra cosa seria un absurdo logico.

  2. Hola, Rubén:

    Lo que creo, en todo caso, es que Dios lo que sí escucha es la oración del pecador quebrantado y verdaderamente arrepentido que sinceramente quiera hacer de Cristo su Señor; hasta ese momento habrá sido un incrédulo, pero en ese momento, por fe, habrá aceptado a Cristo, y esa oración sí será escuchada.

    Por incrédulo también hay que entender quienes acepten intelectualmente la existencia de Dios pero no tengan arrepentimiento ni la fe salvadora, esas creo que tampoco reciben respuesta, salvo que Dios haya previsto hacer su voluntad a través de esa petición concreta. La diferencia con la anterior es que en esa sí hay una petición a Dios con verdadera fe.

  3. Buenos dias dios te bendiga me gusto mucho tu esplicacion . Soy una nueva creyente megustaria q. Me giee a traves de este medio .


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