Posteado por: Javier | octubre 10, 2011

El origen del gobierno representativo: un respeto al calvinismo, por favor

“¡Qué malvados y antipáticos estos calvinistas!”, piensan seguramente muchos y no es necesario ir a mirar entre los incrédulos (en España, el 99% ni sabrán qué es un calvinista), incluso algunos creyentes nominales, sin rechazar expresamente el calvinismo lo ven altamente impopular, por más que sea un sistema teológico basado en la verdad bíblica. ¿Qué “clase de Dios” es ese que, antes incluso de su nacimiento, “sin ningún mérito o demérito por su parte”, ha ordenado eternamente a unos para salvación y a otros a condenación (la realidad es que, estando todos, en principio, muertos y perdidos en sus delitos y pecados unos son rescatados y otros dejados en la rebelión y la culpa en que ellos mismos se han precipitado)?

¿Importa cuál es el credo y la base filosófica sobre la que un pueblo sustente su vida y su sistema de gobierno? ¡POR SUPUESTO!, de ello depende su libertad o su esclavitud.

En este sentido, digan lo que digan, el calvinismo fue revolucionario y una bendición de Dios para aquellas naciones en que se propagó, ya que enseñó la igualdad absoluta de todos los hombres ante el Creador (o sea, ante un Dios Santo, Santo y Santo, todos, sean ricos o pobres, reyes o plebeyos, altos, guapos, feos, blancos, negros, amarillos,…, todos son unos miserables y perdidos pecadores encaminados a la condenación eterna en el infierno, sin capacidad de mérito u obra alguna para evitarla, salvo por la gracia de Dios otorgada a algunos por Su sola misericordia), y su tendencia esencial ha sido la de destruir toda distinción de rango y toda presunta superioridad basada en riquezas y en privilegios adquiridos. Por su amor a la libertad, el calvinista se ha convertido en luchador contra aquellas distinciones artificiales y aristocráticas que en los últimos siglos han colocado a algunos hombres por encima de otros. Puede estar cualquier calvinista muy orgulloso de su tradición histórica (sí, esa tradición puritana “tan mala”): allí donde ha estado un calvinista, siempre ha estado un luchador por la libertad y un azote para los tiranos.

Por algo una de las principales luchas del calvinismo fue la expansión de la educación entre las clases populares, sin limitarla a determinados privilegiados.

Comprender el sistema teológico calvinista precisaba cierta preparación intelectual, al apelar de manera contundente a la razón humana e insistir en que el hombre debe amar a Dios no sólo con todo su corazón, sino también con toda su mente. Mientras el romanismo se encerraba en la idea de que el conocimiento de la fe era “cosa de sacerdotes” y no del “pobre pueblo ignorante”, Calvino sostenía que “la fe verdadera tiene que ser una fe inteligente” y, por ello, culminó su labor en Ginebra con el establecimiento de la Academia, donde miles de alumnos de la Europa continental y de las Islas Británicas se sentaron a sus pies, llevando luego las doctrinas aprendidas allí a todos los rincones de la cristiandad. John Knox, el fundador de la iglesia presbiteriana, regresó de Ginebra completamente convencido de que la educación del pueblo era el baluarte más poderoso del protestantismo y el más firme fundamento del Estado. Por eso, muchas familias calvinistas en Escocia, Inglaterra, Holanda, y Norteamérica estaban dispuestas a someterse a grandes estrecheces económicas a fin de poder dar una educación a sus hijos y, por eso, los puritanos fundaron las tres universidades más importantes de las tierras americanas: Harvard, Yale y Princeton. La instrucción y la alfabetización creó pueblos más libres. “Curiosamente”, en el sur de EEUU, allí donde el calvinismo no tuvo tanta implantación, fue dónde no hubo una instrucción de carácter público hasta después de la Guerra de Secesión, a la vez que más analfabetismo y más esclavismo (algo que es lo que gustará los agro-anarkas confederados: aquello era una sociedad “liberal”, no como la sociedad puritana, educada y democrática del norte de EEUU, que sería “totalitaria” y “facha”).

El calvinismo ha sido la principal fuente de inspiración del republicanismo (ya vimos esto hace unas semanas) frente al absolutismo monárquico. El historiador americano John Fiske escribió que: “Sería difícil sobreestimar lo que la humanidad debe a Juan Calvino. El padre espiritual de Coligny, de Guillermo el Taciturno, y de Cromwell, debe ocupar el primer lugar entre los adalides de la democracia moderna… La promulgación de esta teología fue uno de los pasos más grandes que la humanidad jamás haya dado hacia la libertad individual”. Emilio Castelar, el líder de los liberales españoles en el siglo XIX dijo que “la democracia anglosajona es el producto de una teología severa aprendida en las ciudades de Holanda y Suiza”. Alexis de Tocqueville definió el calvinismo como “una religión democrática y republicana”. La realidad es que la relación del calvinismo con la libertad procede del propio carácter liberador que tiene el Evangelio para todos los hombres. La base de la libertad política que defiende el calvinismo se encuentra en la propia libertad y democracia eclesiásticas.

Cada congregación calvinista tiene el derecho de elegir a sus propios órganos de gobierno y de dirigir sus propios asuntos. Fiske la considera “una de las escuelas más efectivas que jamás haya existido en el entrenamiento de hombres para la administración de gobierno autónomo local”. Esta libertad en cuanto a los asuntos eclesiásticos fue la que llevó a que prefiriesen un gobierno representativo y a resistir todo gobernante civil despótico. El republicanismo calvinista está basado en varios principios:

– La voluntad del pueblo es la única fuente legítima del poder de los gobernantes.

– El poder es delegado por el pueblo a sus gobernantes por medio de elecciones.

– Ninguna alianza o dependencia mutua, o cualquier otra relación definida, debe existir entre la iglesia y el Estado.

– Quien se encuentra, eso sí, separada del Estado es la iglesia, no Dios quien ejerce Su soberanía sobre el gobierno civil. Dios, como el Gobernador supremo de toda la Creación, es soberano, y  cualquier autoridad que tenga el hombre es debido a que ella le había sido conferida por delegación de Dios.

Este último principio es fundamental: la soberanía de Dios sirvió también como una poderosa defensa de las libertades de los ciudadanos contra gobernantes despóticos. Cuando los gobernantes hacían caso omiso a la voluntad de Dios, menospreciaban la libertad de los gobernados y se hacían abusivos, los ciudadanos, en vista de su responsabilidad para con Dios, el Soberano supremo, tenían el privilegio y el deber de rehusar obediencia y aun, si fuere necesario, destituir al déspota mediante las autoridades o magistrados menores establecidas por Dios para la protección de los derechos del pueblo. Es lo que ocurrió en Inglaterra con la rebelión de los parlamentarios cromwelianos. Y, de aquí, otro interesante principio: al no tener ningún gobernante poder inherente en sí mismo, cualquier poder o autoridad que ejerza es poder y autoridad derivados del Dios Todopoderoso, el Gobernador y Legislador Supremo (como vimos este verano), con lo que, en términos estrictos, el “poder” no es exactamente lo que corresponde a los gobernantes, sino la justicia, y justicia que proviene de la Fuente eterna de justicia, Dios. Pero, partiendo de ahí, el gobierno es un servidor de Dios, un ejecutor de Su justicia, y por tanto, todos los gobernantes, como hombres falibles y mortales que son, están en un mismo plano con sus súbditos; y en ningún sentido pueden considerarse superiores. Su misión es servir a Dios y a sus gobernados, no servirse a si mismos. En modo alguno son una “casta privilegiada”, ni mucho menos. ¡¡Qué bien vendría un Oliver Cromwell en el Congreso de los Diputados poniendo orden y echando de una patada en el culo a tanto delincuente!!

Evidentemente, la irrupción del calvinismo puso en jaque el concepto medieval del derecho divino de los reyes y los decretos papales. Nadie tenía obligación de postrarse ante ellos, sino que éstos, exactamente igual que cualquier hijo de vecino, tenían la obligación de postrarse ante el Señor Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores. Pero, entre hombres, se reconocía la igualdad de todos los hombres ante la ley, puesto que ninguno tenía ningún privilegio especial ante Dios. El calvinista no rinde pleitesía a nadie más que al Dios Todopoderoso, no cree en la grandeza terrenal (por algo en EEUU, desde su fundación, no han existido los títulos nobiliarios). De nada sirve a  la orgullosa aristocracia su linaje, transmitido a través de generaciones de antepasados de alta alcurnia, puesto que mucho mejor es tener tu nombre escrito en el Libro de la Vida, que registra la más noble concesión de derechos decretada desde la eternidad por el Rey de reyes, la nobleza celestial, años luz por encima de la nobleza terrenal, la cual, una vez muertos y criando gusanos, de nada servirá a sus titulares si en vida no han tenido a Jesucristo.

La contrapartida es el aristocratismo del romanismo y el arminianismo.

El arminianismo, nació en la mente de Jacobo Arminio, un teólogo holandés que vivió en la segunda mitad del siglo XVI, quien elaboró su doctrina como respuesta a la predestinación calvinista. Para los no iniciados o no conocedores, es una teología bastante curiosa, puesto que sustenta la salvación en la fe, pero no en la gracia de Dios, en el sentido de que el hombre perdido, pese a la corrupción del pecado original, conserva, sin embargo, algunas facultades de obedecer a Dios y aceptar la salvación por decisión propia. Para el arminianismo, además, la fe puede perderse aunque se haya sido, en principio, salvo. Si el cristiano pierde la fe, pierde la salvación, en parte, pues, ésta dependería de Dios y, en parte, también del hombre. No acepta, por tanto, que algunos estén predestinados para salvación y otros predestinados para perdición. Otra de las ideas curiosas del arminianismo es la consistente en que, pese a que el hombre puede perder la salvación por sus propios actos, por su propia culpa, no obstante, desde antes de la Creación, Dios sabe quiénes serán salvos y quiénes no, pues sabe quiénes van a aceptar a Jesús como salvador y quiénes no (y ahí que entender que, entonces, sabrá también quién perderá la fe y quién no). La teología arminiana fue desarrollada, tras la muerte de Arminio en 1610, en un documento de cinco puntos titulado “Remonstrants”. Estos puntos arminianos fueron tomados y estudiados por los seguidores de Calvino, quienes los refutaron con otros cinco puntos, que fueron llamados “los cinco puntos del calvinismo”(o Doctrinas de la Gracia), recogidas en los “Canones de Dort”, los cuales han sido la base para las denominaciones reformadas.

Es un sistema, el arminianismo, que pone énfasis en la decisión humana de aceptar la fe, en buena medida, se basa en el mérito, el honor y la gloria de la salvación que depende del hombre. Por supuesto, quien haya aceptado la salvación de Dios, en el sistema teológico arminiano, tiene un especial “mérito” por su parte sobre otros. Forma parte de un linaje celestial por mérito propio, según la visión arminiana. Así encontramos la explicación de la tendencia aristocrática del arminianismo, en contraste con las tendencias democráticas y republicanas de la fe reformada y calvinista. En las iglesias presbiterianas y en las reformadas el anciano vota en el Presbiterio o Sínodo o Asamblea General en completa igualdad con su pastor. En las iglesias arminianas, en cambio, el poder está depositado en gran medida en manos del clero y es muy poca la autoridad del laico. El sistema episcopal tiene un sistema jerárquico de gobierno. El arminianismo y el catolicismo romano (que es semipelagiano, un sistema similar en algunos aspectos al arminianismo, también enfatiza la posibilidad de pérdida de la gracia de Dios por parte del creyente) florecen fundamentalmente bajo un gobierno monárquico absolutista, aunque automáticamente no haya sido así en todos los países, es lo habitual. El arminianismo y el romanismo son desfavorables a la libertad y el calvinismo es desfavorable al despotismo.

Por favor, aunque no seas creyente, si crees en la libertad, un respeto al calvinismo.

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Responses

  1. ok ok ok, bla bla bla pero ¿por qué borraste tu antiguo blog? Contesta.

  2. Aulet, no te hagas el tonto que Javier ya lo dijo. Todos tenemos un pasado y su vida cambio cuando recibio a Cristo en su corazon.
    No importa de donde venimos, importa a donde vamos.

  3. Este “Aulet” será el que seguramente estaba el otro día quejándose de que por “culpa del neoliberalismo” y bla, bla, bla, bla, solo tenía un trabajo a tiempo parcial, el tal “palmaditas”, solo que ahora enmascarado detrás de otro nick.

    En el sitio desde el que escribe la cosa no está muy bien para encontrar empleo y, encima, el muy tarado, en lugar de ponerse en la cola de la oficina del INEM más cercana a su casa, se dedica todo el día a analizar como un lunático las web de Alfredo y la mía.

    No hay que darle mayor importancia.

    Así que soymuyguapoyfollo@hotmail.com… ¿de qué? ¿De chapero?

    Ah y es el último comentario que le voy a permitir, los demás serán borrados inmediatamente. Esto NO ES CENSURA, por supuesto, censura sería no permitirle opinar algo sobre el tema u otra cosa, pero yo no tengo obligación de aguantar que me pringuen los hilos con excrementos pringosos y nauseabundos, pues la web quien la mantiene soy yo, no ese moco.

  4. AULET:

    IDIOTA — ¿tú de verdad te crees el bulo ese que dice que DON JAVIER borró su bitácora porque quería ocultar cosas? Te cuento, gilipollas: DON JAVIER dejó BIEN CLARO que iba a CERRAR SU ANTIGUA BITÁCORA PORQUE LE GUSTABA MÁS WORDPRESS — porque no le gustaba el formato de BLOGSPOT — tal es así que lo advirtió durante DIAS que iba a borrar su bitácora y abrir este que es nuevo.

    ¿Qué pretendes descubrir tarado? ¿No serás el mismo iluminado del Instituto Juan de Mariana que va por ahí diciendo que me gustan los duelos a pistola? ¿Tú qué te has creído que eres, baboso? Eres un auténtico “stalker” como dicen los yanquis y se te ve que tienes indicios de ser todo un violador de manual o pervertido en todo caso.

    Ah, así que con que “soymuyguapoyfollo”, ¿dice el mendas este que es su email? Ya sabe el refrán — dime de lo que presumes…y te diré de lo que careces. En todo caso aunque fuera cierto lo de “y follo”, no te hace nada destacable. Follar mucho hasta los perros lo hacen, es lo fácil que es. ¿Te crees importante por eso? Es como si alguien presumiera de respirar…vaya “logro” chaval. Folles mucho o no, en unos años serás un estropajo total y arderás en el infierno. Como ya te ha dicho DON RUBÉN — lo que importa es el destino, no de donde venimos ni tan siquiera necesariamente el viaje — tú no sabes ni vas ni vienes. Cállate la boca ya mariposa y deja de reventar hilos —

    Javier:

    Este tipejo ya me intentó reventar el hilo hoy — me ha mandado vídeos pornográficos. ¡Como si eso fuera “expresión”!

  5. ¿Videos pornográficos? Y éste es el que presume de que “folla mucho”: un pajillero que tiene que desfogarse encerrado en el retrete para que sus papás no lo pillen y con el portátil encima de las rodillas mientras está sentado en el WC.

    Lo que ocurre es que si esa babosa no hubiera estado tan ocupada con las pajas, sabría que, en efecto, me pasé a wordpress y me ha gustado mucho el cambio, pues es mucho mejor, pero dejé la de blogger con un aviso en la última entrada de que a partir de septiembre de 2010 continuaba en wordpress. De hecho, la vieja bitácora ha seguido en red hasta hace pocas semanas, cuando ya prácticamente no tenía visitas y los lectores habituales me seguían ya en wordpress. Lo que ocurre es que, como digo, tan ocupado él, no ha caído en ello. Eso es lo que le ha pasado a “Aulet”.

    Eso sí, una precisión: en realidad, no está mal que ahora nos lea mucho, por lo menos, así leerá algo decente, aparte de revistas porno.

  6. […] Octubre. El origen del gobierno representativo: un respeto al calvinismo, por favor […]


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