Posteado por: Javier | noviembre 7, 2011

Ni antinomianos, ni fariseos

Hoy aquellos lectores más “laicos” que sigan este espacio van a tener que tener un poco de paciencia, pues esta cuestión, sin ninguna relación con el liberalismo y la política, me ha venido a la mente a partir de la de ayer.

Algo que llama muchísimo la atención a muchos (y que también parece extravagante) son las leyes alimentarias del Antiguo Testamento. Hasta no hace mucho las consideraba derogadas desde el Nuevo Testamento, aunque he ido pensando, tras estudiar el tema, que podía andar equivocado. Realmente, no hay una derogación expresa en el Nuevo y Jesús mismo dijo claramente: “No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas” (Mateo 5:17-18). Jesús cumplió perfectamente la ley mosaica y, no siendo el medio de salvación la misma, sí la dejó como una guía de conducta moral.

La ley mosaica hoy día debe interpretarse a la luz del Antiguo y del Nuevo Testamento. NO ES un conjunto de normas que puntillosamente te vayan a llevar a la salvación. Si, cuando mueras, no conoces a Cristo A TI NO TE SALVA NI DIOS.

Es bueno tenerlo claro pues hay que evitar tanto el antinomianismo, la creencia de que la ley ya no está vigente, como el legalismo y el fariseísmo. Los fariseos, en tiempos de Jesús, diezmaban puntillosamente hasta la menta, el comino y el eneldo (y, ojo, no estaba mal que fueran tan rigurosos y autoexigentes en cumplir la ley bíblica, de hecho, no era eso lo que el bendito Salvador les recriminaba) pero olvidaban el arrepentimiento, la piedad y la misericordia. Comer tal cosa o no comerla no va a elevar tu calidad moral, ni te va a hacer más aceptable a los ojos de Dios, eres un pecador perdido y necesitado de arrepentimiento y de que Cristo te salve. Son principios de comportamiento conforme a la voluntad de Dios y reglas dietéticas beneficiosas (porque iremos viendo que Dios no prescribe leyes por capricho o sin un fin, Él quiere que sean una bendición para los hombres, en este caso para su salud y bienestar). Hoy día, aparte, ninguna nación es el pueblo de Dios, con lo que son leyes morales, no civiles.

Las leyes dietéticas se contienen en su mayoría en el Capítulo 11 de Levítico. La mayoría de las personas considera esta legislación como extraña, difícil y opresiva si se sigue. En realidad, las leyes mosaicas de dieta son básicas a los patrones de casi todo país que haya tenido una cierta historia y tradición cristiana. Hoy día todos, salvo que seamos muy escrupulosos, comemos y hemos comido cerdo (en España incluso se come sangre, algo que siempre me ha parecido asqueroso, dicho sea de paso), pero a nadie se le ocurre comer moscas, por ejemplo.

Dice Levítico 11:3: “De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis”. También se citan las excepciones a esta regla. Se prohíbe, por tanto, el caballo, pues no es rumiante y no tiene hendida la pezuña. Sin embargo, en países como Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo o Japón, la carne de caballo está considerada una exquisitez. A mí, desde niño, el caballo me ha parecido siempre un animal tan noble y me ha gustado tanto que no se me pasa por la cabeza comerme la carne de uno (salvo que estuviera muriéndome de hambre y no hubiera otra cosa).

Con respecto a los animales de mar, se requiere que tengan aletas y escamas, o de lo contrario el alimento se prohíbe (Levítico 11:9-10).

También, se da una lista de aves y animales voladores prohibidos, en Levítico 11:12-19: “Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el esmerejón, el milano, y el buitre según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, y la lechuza, y el loro, y el gavilán según su especie; y el buho, y el somormujo, y el ibis, y el calamón, y el cisne, y el onocrótalo, y el herodión, y el caradrión, según su especie, y la abubilla, y el murciélago”. En la actualidad, tampoco creo que casi nadie tenga por un manjar apetitoso un águila, un buitre o un murciélago, por lo menos en los países de nuestro entorno. Las aves que se alimentan de grano son las que están entre los alimentos limpios y permitidos (como, las codornices, el alimento que, junto con el maná, Dios envió a Israel en su vagar por el desierto), pero no las aves de rapiña.

En Levítico 11:20-23 se prohíben los insectos que se arrastran, y, excepto por unas pocas excepciones, también todos los insectos alados. Ni moscas, ni mosquitos, ni cucarachas están entre los elementos de nuestra dieta, ni en los tiempos bíblicos ni hoy. En Levítico 11:29 y 30 se cita una variedad de animales como prohibidos: “Y estos tendréis por inmundos de los reptiles que van arrastrando sobre la tierra: la comadreja, y el ratón, y la rana según su especie, y el erizo, y el lagarto, y el caracol, y la babosa, y el topo”. El caracol forma parte de la cocina mediterránea, especialmente la española, la francesa y la portuguesa, considerado como uno de los manjares más exquisitos. También hay que decir que, al margen de estas cocinas, el consumo del caracol se considera un uso culinario extraño. Los anglosajones suelen verlo como algo raro y asqueroso, puesto que no es más que una babosa, solo que con concha propia.

Solo se permitían los alimentos de la familia de los saltamontes, aunque estos solo se comían cuando no había otra cosa. Juan el Bautista se alimentó de langostas y miel silvestre cuando estuvo en el desierto.

Muchos de estos animales no se comen por una cuestión de escrúpulos y otros porque son importantes vectores de enfermedades que pueden transmitirse a quien los coma. Los caracoles, por ejemplo, son portadores de muchos parásitos, tanto unicelulares como pluricelulares (diversas especies de nematodos) que infectan a los animales que los ingieren. Se les considera vectores de la gripe. Y, en África, en los últimos años ha habido un verdadero problema con la gripe aviar entre los avestruces, parece ser que son un buen vector de esta enfermedad. En general, se prohibían los carroñeros, entre ellos, los cerdos, los cochinos, también carroñeros en su estado salvaje y, por tanto, proclives a ser transmisores de enfermedades. Se considera que los cerdos son transmisores de más de 200 enfermedades, algunas de las más conocidas, la peste y la gripe porcina, o la triquinelosis. Aparte de esto, la grasa del cochino es intra-celular, mientras que en otros animales está fuera de la célula, en el tejido conectivo. La cantidad de grasa dentro de la célula de la carne del cerdo es bien alto. Esto se puede ver al colocar un pedazo de carne de cerdo en la sartén caliente. De inmediato suelta la grasa para fritarse “en su propia salsa”. La carne de cerdo contiene mucho azufre, otro componente no demasiado recomendable. Esto se ha comprobado en los experimentos de putrefacción y descomposición en los cuales el azufre de los tejidos se degrada, por su enorme fetidez. Experimentos diferenciados de putrefacción con carne de cerdo, de res y de carnero dieron a conocer que la que tiene el menor contenido de azufre es la de carnero. Los recipientes con cerdo tuvieron que ser retirados del cuarto a los pocos días pues su hediondez era simplemente insoportable.

En Levítico 17:10-14 (Y cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo. Porque la vida de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona. Por tanto, he dicho á los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre. Y cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogiere caza de animal ó de ave que sea de comer, derramará su sangre y cubrirála con tierra: Porque el alma de toda carne, su vida, está en su sangre: por tanto he dicho á los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado”) y 19:26 se prohíbe comer sangre. Esta prohibición regía desde Génesis e implicaba que se debía evitar el consumo o bebida de sangre. La prohibición divina a Noé explícitamente declaraba que no se debía comer sangre, como también la ley mosaica. Sin embargo, sectas como los Testigos de Jehová afirman que introducir sangre al cuerpo en cualquier forma viola esta prohibición. Lógicamente, al ser una religión falsa, la interpretación “bíblica” que hacen es nefasta.El mandamiento tiene que ver específicamente con el consumo por la boca de grandes cantidades de sangre de un animal. Esta prohibición no se deroga en ningún momento en el Nuevo Testamento, en el cual la sangre tiene un valor simbólico incluso superior como expiatoria del pecado. Por este motivo, no se permite comer el animal estrangulado, solo el degollado y cuya sangre se haya escurrido.

No se permite comer carroña (Deuteronomio 14:21), y no creo que a nadie por aquí se le apetezca zamparse un bicho muerto que se encuentre tirado en el campo. En contraste con esto, en muchas culturas paganas no ha habido ni reparos para la sangre ni para encontrar un animal muerto y comerlo. Tampoco se permite, por contra comer animales carroñeros. Por eso, el buitre es impuro y entre los animales marinos se incluyen los crustaceos (cangrejos, gambas, camarones, etc.). Y tampoco se pueden comer los destrozados por las bestias salvajes (Éxodo 22:31), son alimento para los perros. Los alimentos y líquidos que permanecen en recipientes sin cubierta en la tienda o habitación de un hombre moribundo o muerto también son inmundos (Números 19:14-15).

Igualmente, también la grasa animal se prescribe como prohibida (Levítico 7:23-25). El mandamiento tiene su sentido en que la grasa, o grosura, debía ser consumida por completo por el fuego en los holocaustos expiatorios, en “olor grato” al Señor. La grasa del animal era de Dios, y consumirla simbólicamente equivalía a robar a Dios. Tampoco es que sea muy recomendable para la salud comer grasa animal, salvo que queramos que nuestro culo se salga por los bordes de la silla. Si es grasa de cerdo, menos todavía, esa grasienta manteca que en algunos sitios se unta en las tostadas como desayuno. Por el contrario, los aceites vegetales no se prohíben. Y estos suelen ser sumamente beneficiosos para la salud, como el aceite de oliva.

¿Hay algo comestible?, se preguntará más de uno.

Sí. Todas las frutas, frutos secos, granos, pan, huevos, leche de vaca, cabra u oveja, queso, mantequilla, miel y legumbres son alimentos totalmente limpios. Eran además, alimentos que constituían la base de la dieta de los israelitas.

De acuerdo con Levítico, los animales prohibidos son una abominación para Dios: claramente se tiene en mente la pureza religiosa y moral, de la cual la pureza higiénica es una parte. El propósito fundamental de Dios era que Israel fuese un pueblo santo, separado de los demás: “Pues que yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo: así que no ensuciéis vuestras personas con ningún reptil que anduviere arrastrando sobre la tierra. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para seros por Dios: seréis pues santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44-45). Por este motivo, los extranjeros que morasen entre los israelitas estaban exentos del cumplimiento de estas normas dietéticas (Deuteronomio 14:31).

Tampoco se permitía cocinar al cabrito en la leche de su madre (Éxodo 23:19, 34:26 y Deuteronomio 14:21). Era un ritual culinario de los paganos cananeos, inmundo, por tanto.

¿Son todavía válidas para nosotros las leyes mosaicas sobre los alimentos limpios e inmundos? Normalmente, se ha usado Hechos 10 pero es muy forzado interpretar que la visión de Pedro consistía en una derogación de la ley mosaica sobre los alimentos y en una licencia para comer cochinos, perros, gatos, reptiles y cosas parecidas, sino que lo preparó para la llegada de los criados de Cornelio. Los gentiles debían ser recibidos en el Reino de Dios: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15). Pedro no vio el significado de la visión como un permiso para comer alimentos prohibidos. En caso contrario, no tiene sentido que después dijera: “Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:28). Es la interpretación más lógica, pues no tiene ningún encaje que se esté hablando aquí de cuestiones relacionadas con los alimentos.

En Colosenses 2:16 y 17, Pablo da la interpretación a las leyes sobre los alimentos y al día de reposo, a la luz del Evangelio y de la obra perfecta y concluida de Jesucristo: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”.

La observancia del día del reposo ya no es ley para nosotros, sino que Cristo es el verdadero cumplimiento de ese día y reposamos espiritualmente por siempre en Él. Todos los días son de reposo espiritual en la seguridad de la gracia de Dios y de que Cristo nos ha salvado. Pero si somos cristianos coherentes, nos congregamos un día a la semana para el culto público, aunque el fallar un día ya no sea una transgresión civil o religiosa, que ahora es el domingo, el día de la Resurrección de Cristo. Pero aparte de ese día de culto, vivimos en un “sabbat” eterno. La asistencia al culto es una de las reglas por las que regimos nuestra vida cristiana, pero no es ese “sabbat” eterno.

Las leyes sobre los alimentos, igual. No son obligatorias pero nos dan unos puntos en que ejercitar la obediencia a Dios. Y, como he dicho, mucho cuidado tanto con el antinomianismo, como con el legalismo y los fariseismos. SU CUMPLIMIENTO NO SALVA, COMO NINGUNA DE LAS LEYES, SOLO CRISTO.

En Colonenses, lo que el apóstol Pablo advierte a los judíos convertidos al cristianismo es que tengan cuidado al empezar a predicar a los gentiles, que ninguno de ellos les juzgue como aceptos ante Dios en base al ritualismo del Antiguo Testamento sobre el día de reposo y los alimentos, que les juzguen por la fe salvadora en Cristo que haya en ellos. Dice al final “el cuerpo es de Cristo”: ya no hay judíos ni gentiles, pues el cuerpo de Cristo es único. Jesús derribó la barrera de separación entre judíos y gentiles. Los apóstoles, al pasar al mundo gentil, no permitieron que los alimentos fuera una barrera entre ellos y los gentiles. Si les servían cerdo o camarones, lo comían. Ellos mismos mantenían las leyes alimentarias del Antiguo Testamento como reglas de Dios para la salud y la vida. Pablo reprendió al propio Pedro, cara a cara, cuando éste se alejó de los gentiles, con quienes había estado comiendo, debido a que temió la crítica de parte de algunos “judaizantes” (Gálatas 2:9-15), quienes pretendían enseñar la ley del Antiguo Testamento como medio necesario para salvación, no como regla de conducta que la confirma.

Igual nosotros. Debemos huir del “no hay ley” del antinomianismo, el “tú hiciste tu decisión por Cristo y ya eres salvo, en 5 minutos”, pero también de los legalismos, de modo que estos no constituyan una barrera entre nosotros e incrédulos perdidos y necesitados de Cristo. Pues será señal de que, casi con toda seguridad, nosotros estaremos tan perdidos y sin Cristo como ellos, y en el precioso camino empedrado al infierno que es la religión.

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Responses

  1. No estoy de acuerdo contigo Javier. Jesus deroga expresamente en los Evangelios las leyes sobre los alimentos puros e impuros.
    En cuanto a la salubridad de los alimentos impuros, hoy en dia todos los bichos estan criados con los mismos piensos compuestos, una vaca y un cerdo comen lo mismo, asi que…

  2. Hola Rubén:

    Bueno, yo sé que esta cuestión es muy polémica, a veces hasta demasiado polémica cuando en realidad no influye en la salvación de nadie, no es algo que predicaría a un incrédulo pues puede estropear el mensaje y puedes arriesgarte a hacer el ridículo si te pones puntilloso con él en relación con la comida (que es de lo que advierte el apóstol Pablo). Yo desde luego, en esa situación NO le diría “¡NO, NO, NO, CERDO NO!”.

    En cuanto a la enseñanza de Jesús, creo que te refieres a Mateo 15:10-11: “Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”.

    A mi entender a lo que se refería, en el contexto de los fariseos que le recriminaban que sus discípulos no se lavasen las manos para comer, según la “tradición”,

    Si comemos nuestros alimentos sin lavarnos las manos, no nos contaminamos, lo máximo que nos puede pasar es enfermarnos del estomago, pero con ir al baño se soluciona, o con medicamentos (por eso añade “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, fornicaciones, los hurtos, los faltos testimonios, las blasfemias. Pero al comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”), aquí el Señor Jesucristo, en ningún momento nos dice que no debemos de ser aseados ni limpios al tratar la comida, sobre todo con las manos, a El lo que le molestaba es que habiendo, cosas mas importantes que enseñar y hacer, como por ejemplo tener misericordia, con el prójimo, los fariseos tenían rituales o costumbres, que en vez de acercar mas a las personas a Dios lo que hacían era alejarlas mas, algo similar a lo que decía el apóstol Pablo de la relación de los judíos convertidos al cristianismo con los gentiles, no había que alejarlos por cuestiones alimentarias.

    El tema de los alimentos, en todo caso, puede ser una forma de obedecer y agradar a Dios, pero, evidentemente, si no es con un corazón arrepentido, no sirve absolutamente de nada.

    En cuanto a los alimentos que comen los animales, a mi me gusta la carne, pero a veces prefiero ni pensar en las porquerías con que los habrán engordado, siempre que puedo busco cosas que sean naturales, dentro de lo posible en estos tiempos, que no son muchas.

  3. Si Javier, precisamente a esa cita de Mateo me referia.
    No obstante, no le veo ninguna utilidad hoy en dia a esas leyes. Si no tienen poder de salvacion, su unica utilidad practica es la sanitaria. De hecho, eran unas leyes muy prudentes y sabias para aquellos tiempos. No es que fueran una ocurrencia de Dios cualquiera, no comas cerdo porque no y ya esta, sino que entonces tenia una utilidad practica en cuanto a la salud del hombre, p.ej. el cerdo tenia triquinosis y era una enfermedad muy peligrosa para ek hombre. Hoy en dia, con todos los controles medicos que hay, etc, realmente todo esta muy controlado asi que estas leyes carecen de sentido practico.
    Asi que: no salvan, no tienen una aplicacion moral para la sociedad, su vigencia sanitaria practica ha caducado, entonces ¿cual es su utilidad?

  4. Pero ten en cuenta que en la Biblia hay otras cosas que no salvan, porque está claro, lo único que salva es Cristo, si pensamos en ellas tampoco es que estrictamente tienen una finalidad práctica y, sin embargo, están ahí, como los sacramentos, aunque estos sean signos externos del nuevo nacimiento y la fe, sin embargo, puede darse el caso de que alguien sea salvo y no haya participado de los sacramentos por cualquier circunstancia (aunque normalmente un cristiano coherente lo hará).

    No comparo esto con los sacramentos, ojo, ya que son símbolos de la fe, solo son ejemplos de cosas sin una utilidad práctica evidente y en las que no está la salvación, solo digo que, no estando expresamente derogados en el Nuevo Testamento, como lo que han quedado es como una forma más de “ejercitarnos en la piedad” o en la obediencia, sabiendo claramente que ahí no está la salvación, cuyo incumplimiento evidentemente ya no es una infracción civil, como no lo es no guardar un “día de reposo” a la semana.

    Eso sí, también hay que tener en cuenta 1 Timoteo 4: “Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos alguno apostatarán de la fe escuchando á espíritus de error y á doctrinas de demonios. Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia. Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios crió para que con acción de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad”.

    Hoy día hay sectas como los Adventistas o los Testigos de Jehová que enseñan esto u otros mandamientos de hombres como un medio de salvación, al igual que no fumar o no tomar ni una gota de alcohol, hay que tener cuidado con eso.

    Incluso la Iglesia Católica tiene como una regla de fe estricta el no comer carne en Cuaresma, como si nosotros pudiésemos reproducir de alguna forma en nuestros cuerpos los 40 días de privación de Cristo en el desierto, cuando fue tentado por Satanás.


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