Posteado por: Javier | noviembre 20, 2011

¿Cómo sé si soy un creyente?

Buenas tardes y bendiciones a todos.

Hoy, jornada electoral en España, pero no voy a hablar de política ni de las elecciones, hasta mañana.

Lo que voy a recomendar es abrir la Biblia e irnos a 1 Juan 1:5 a 2:6:

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

Una de las peores cosas del moderno “evangelismo” es la célebre “oración del pecador”.

Imaginad que, andando por la calle, nos encontremos con un tipo y le preguntáramos: “Oiga, caballero, ¿sabe usted que es pecador?”. 

Lo más normal será que ese individuo ponga cara de poker y se marche pensando “¿De dónde habrá salido este loco?”. Pero también puede suceder que nos responda: “Sí, claro, todos somos pecadores”.

Ahora vendría la segunda pregunta: “¿Quiere ir al Cielo?”. Seguramente, nos contestará: “Pues sí, ¿quién no quiere ir al Cielo?”.

Podríamos empezar a pensar “¡Bien! ¡El Señor está obrando!”, y le digamos “pues, entonces, incline la cabeza, repita una oración conmigo y deje a Cristo entrar en su corazón”.

“¿Durará mucho?”.

“No, no, solo un par de minutos”.

“¡AH, bueno, entonces sí!”

Y, si repite la oración, le despedimos, diciéndole: “Eres salvo, enhorabuena por la elección que has hecho de aceptar a Cristo como Salvador personal”.

Esto es UNA MENTIRA. Una soberana mentira. Una persona no se salva por medio de una oración, una persona se salva por medio de ARREPENTIRSE Y CREER EN EL EVANGELIO.

Si alguien nos dice que sabe que es pecador, ESO NO QUIERE DECIR NADA. Satanás sabe que es pecador. Es el primer pecador, pero no es salvo.

Ni en el Evangelio ni en el libro de Hechos encontraremos a una sola persona que fuese salvada por repetir con su boca un oración. Todo aquel que fue salvo, lo fue por arrepentirse de su pecado y creer a Cristo. Y la evidencia de ese creer es la santificación, no que hiciste una elección de palabra en una momento de tu vida.

La salvación de una persona es una obra muy poderosa de Dios, más aún que la creación del mundo. El mundo fue creado de la nada, pero la salvación es la creación de una nueva persona en la que, poco a poco, se irá reflejando la imagen de Cristo, a partir de una materia corrupta. La conversión y la salvación no es exactamente “actuar como”, sino “ser como” Cristo, cada vez un poco más. No es una lista de actos ni de propósitos que cumplir, como los deseos de Año Nuevo, sino un cambio en nuestra naturaleza esclava del pecado, la que teníamos antes de convertirnos en cristianos. Da igual actuar aparentemente como Cristo, si no SOMOS COMO Cristo, pues la salvación no depende de nuestras obras, la obra es de Dios, quien cambia nuestro corazón.

El llamado de Dios es que todo hombre debe arrepentirse de su pecado y creer en el Evangelio, y la evidencia de ese creer es una nueva vida que produce frutos de arrepentimiento.

El arrepentimiento es darnos por vencidos y dejar de luchar por salvarnos nosotros mismos por nuestras propias obras y pasar a descansar solo en Cristo y en Su obra perfecta. El arrepentimiento no es cosa de un momento, es algo que perdura y se perfecciona a lo largo de toda una vida. El hacer tal o cual cosa no es lo que nos hace pecadores, sino el hecho de que todos nacemos con una tendencia al pecado, somos pecadores antes incluso de que hagamos nada, como hijos de Adán que somos, por eso necesitamos ayuda de fuera, por nosotros mismos no podemos liberarnos de la esclavitud del pecado.

Creer no es solo creer “intelectualmente” que Jesús vivió realmente, predicó, fue crucificado, murió y que, al cabo de tres días, Dios le levantó de entre los muertos. Satanás también cree en eso y no es salvo. Creer es andar en todo momento bajo el señorío de Cristo. Es andar según Su palabra. Si dices que crees en algo, pero no asientas en ello tu vida, es una incongruencia total. Jesús no solo es Salvador, también es Señor y da mandamientos. Si dices que crees y no obedeces sus mandamientos, es mentira, TÚ NO CREES.

La gracia de Dios es libre, la reparte como quiere y las obras no cuentan para ello, pues, si te da la gracia, es porque te ama tal y como eres. Aunque, igual que te ama tal y como eres, por ello mismo, no te va a dejar tal y como eres, va a comenzar un proceso en ti por el cual te va a santificar poco a poco. Lógicamente, no serás santificado por completo hasta después de tu muerte, cuando resucites con un cuerpo glorificado. Sin embargo, aunque el Espíritu Santo se una a ti, sigues viviendo en un cuerpo de carne y hueso que tiene todo tipo de debilidades y que puede sufrir todo tipo de tentaciones, y vendrán muchas, pues Satanás no suele perder el tiempo con los incrédulos (para qué si ellos ya le siguen gustosamente) sino que a quienes no para de intentar dar “guerra” es a los creyentes, metiéndoles en tentaciones para intentar que caigan en el pecado y eso les cree dudas sobre su propia salvación. Dios sabe perfectamente en qué pecados caerás en el futuro y no te va a rechazar por ellos, no le pillan “desprevenido”, sino que seguirá haciendo su obra, aunque sí es cierto que te pueden crear dudas. Yo mismo las he tenido algunas veces, como las han tenido todos los creyentes, y es probable alguna vez volveré a tenerlas en lo que me quede de vida pues soy humano, evidentemente. Lo que diferencia si la salvación es segura o si estabas engañado y en realidad no eras salvo es si, después de ese momento, sigues adelante o te desistes.

Evidentemente, seguiremos teniendo deseos mundanos y carnales, solo que, según avancemos en conocimiento de Dios, cada vez más desearemos que todo sea dentro del orden de Dios. Un putero, un mentiroso compulsivo, un ludópata o un borracho, por un suponer, es dudoso que pueda ser cristiano, pues está completamente controlado por su vicio, ama el pecado que práctica. Un cristiano sí puede tener alguna vez un deseo apasionado, o un deseo momentáneo pero fuerte, de satisfacer sus impulsos mundanos y carnales (y Satanás estará detrás para acusarle de “no ser cristiano”). La diferencia es que intentará disciplinar su pensamiento y no caerá voluntariamente en el pecado, pues en su nueva vida ya no ama ese pecado. Ahora posee un corazón puro, es “árbol bueno”, que normalmente no desea el pecado en su vida, y eso irá a más durante toda su vida. La vida espiritual madura en todas sus áreas y vendrá a medida que ande fiel y continuamente delante de Dios, no será cosa de un día para otro. Esto no quiere decir que por ello afloje y piense que con una “moralidad mínima” le basta, sino que debe perseverar, por mucho que al principio no se sienta cercano a una “santidad perfecta”, sabiendo eso sí que, igual que es Jesús y no tus méritos quien te ha salvado de la condenación por el pecado, es el poder de Dios y no el tuyo el que te está limpiando.

Por eso, el apóstol dice en 1 Juan 2:6: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”. El apóstol se refiere a que hemos de andar como Cristo, obviamente. ¿Lo haremos perfectamente? Nunca, en esta vida jamás. Y menos todavía cuando llevamos poco tiempo nacidos de nuevo en la fe. Incluso si llevas mucho tiempo en la fe sigues viéndote múltiples fallos si te comparas con Cristo. Es como el niño de un año y poco que intenta andar como su padre. Lo más normal es que tropiece y se caiga, pero se levanta e intenta andar de nuevo. No importa si tienes un tropezón y te caes, levántate y sigue andando. Persevera, pues EL QUE EMPEZÓ EN TÍ LA BUENA OBRA, LA TERMINARÁ.

¿Los cristianos son perfectos? NO.

¿Los cristianos pueden caer temporalmente en carnalidad? SÍ.

¿Los cristianos pueden caer temporalmente en inmadurez? SÍ.

¿Los cristianos pueden vivir siempre en carnalidad e inmadurez? ABSOLUTAMENTE NO. No existe tal cosa como el “cristiano carnal”.

Si una persona verdaderamente se ha arrepentido y ha aceptado a Cristo como Salvador, puede estar segura al 100% de que es salva pues tiene la promesa de Dios, y Dios nunca incumple una promesa.

Hay varios puntos que determinan si una persona es salva, aunque no los lleve a la práctica a la perfección y tenga caídas ocasionales en el pecado. A lo largo de su vida, la obra que Dios ha hecho en él hará que todo el tiempo intente andar en ellos:

1. El convencimiento de que Dios es nuestro Padre Celestial.

2. La oración, sobre todo, saber qué debemos decir a Dios, dar gracias por su salvación y pedir que nos haga más capaces para vivir según su voluntad. Es algo fundamental.

3. Una nueva capacidad para comprender la Biblia. El creer viene por el agua de la Palabra de Dios, como dijo Jesús a Nicodemo, el fariseo que debía volver a nacer. Si la Biblia antes te sonaba a chino al leerla, cada vez, cuanto más la leas, la estudies y la medites, más cosas te dirá y te revelará Dios a través de ella. Sé de lo que hablo, pues en mi época como incrédulo me gustaban las “historietas” bíblicas, las de los israelitas, sobre todo, pero era incapaz de captar ninguno de sus mensajes.

4. Un nuevo sentido de la fealdad del pecado. Como he dicho, sigues en un cuerpo que tiene toda clase de apetitos y sufre toda clase de tentaciones, pero Dios te ha cambiado y lo que deseas ahora normalmente será el bien y la justicia.

5. Amor y compasión por los incrédulos. Jesús era verdadero Dios y verdadero hombre, y en su naturaleza humana sentía una gran compasión por los incrédulos y perdidos. El cristiano, normalmente, ora por la conversión de aquellos de su círculo que no conocen a Cristo y por otros que haya conocido ocasionalmente y que puedan estar en esa misma situación

6. Amor por los salvados, los hermanos en la fe. Siempre que pueda, intenta congregarse y reunirse con ellos, disfruta con ellos de la hermandad en Cristo, sean de la raza, sexo, posición social o condición que sea, y en caso de que no pueda siempre tiene ese deseo en su corazón, intenta darles consuelo cuando están afligidos, ayudarles cuando tienen necesidad, ser serviciales con ellos, etc.

7. Como dice Pablo en Gálatas 5:22-23: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”, normalmente, en esas características del carácter de Cristo andará. “Negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirle”: lo que quiere decir que, aunque conservamos nuestra libertad para tomar decisiones en la vida, aceptaremos que aquello que nos suceda forma parte del plan de Dios para nuestra vida y no nos desesperaremos ni perderemos la fe por ello, el control de nuestra vida es de Dios, no nuestro.

Estas son, en general las características de la vida de un cristiano, es un estilo de vida, y no tanto, una serie de actos puntuales o ceremoniales, y que tengamos que cumplir como un rito, pues la libertad que Dios nos da es para andar según su voluntad. Fallar, fallaremos ocasionalmente incluso en todos los puntos, perfectos no seremos nunca, pero siempre intentaremos andar en ellos, no por un “ay, tengo que hacer esto”, como una tarea o una losa pesada que tengamos que cargar, sino porque es el deseo que saldrá de nosotros.

La próxima semana, escribiré algo sobre como vivir el día bíblicamente, como un cristiano.

Buen domingo.


Responses

  1. Todos los cristianos que aceptan a Jesucristo como su Señor y Salvador personal y han sido perdonados sus pecados estarán en el cielo. Sin embargo, no todos los cristianos que han sido salvos serán la Novia de Cristo. Solamente aquellos creyentes que aman a Dios con todo su corazón, mente, alma y fuerzas, que crecen hacia la madurez espiritual y que hacen la perfecta Voluntad de Dios en sus vidas serán el sacerdocio real de Dios y la Novia de Cristo. La Novia de Cristo es un sacerdocio real. Este es el alto llamamiento de Dios para cada creyente que acepta a Jesús como Mesías. ¡Que todos seamos hallados dignos!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: