Posteado por: Javier | noviembre 27, 2011

Para vivir el día bíblicamente

Como dije el domingo pasado, hoy voy a dar unas pautas sobre cómo vivir el día a día en santidad, a lo que estás llamado si eres creyente. Con lo que esta entrada, sin ninguna relación con la política, va destinada fundamentalmente a los lectores cristianos.

Qué diferentes serían nuestras vidas si siempre tuviésemos en mente estos versículos, ¿verdad?:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:5-7).

Piénsalo bien. El hombre no está en este mundo por ninguna casualidad. El hombre fue creado por Dios y para Dios, para servirle y glorificarle cada día. La Biblia dice que el mundo y todas las cosas fueron creadas, no solo por Cristo y para Cristo, sino en Cristo (Colosenses 1:16). No somos autores de nuestra propia existencia, sino que vivimos, y nuestro corazón late y respiramos cada día, gracias a la benevolencia de Dios. Sin embargo, el hombre, mientras se encuentre en su estado caído y no haya aceptado la salvación en Cristo, no puede comprender esta Verdad.

Dios creó el universo para ser un escenario sobre el cual Él pueda demostrar la infinita Gloria de Su persona y atributos, y para que Su creación pueda conocerlo, adorarlo, y gozarse en Él. Más de uno se me escandaliza cuando explico que la caída del hombre y el estado de miseria y condenación en que está toda la humanidad, salvo aquellos que eligió para la salvación en Cristo, fue fruto de la eterna voluntad de Dios.

¡Qué Dios tan “cruel”, que, en lugar de crear al hombre perfecto e incapaz de pecar, lo creó falible y, después, salva del infierno a quien “le da la gana”! Esto procede del desconocimiento total de la naturaleza de Dios y de pensar que Dios depende para algo de nosotros. Su existencia, el cumplimiento de Su voluntad, y Su felicidad no dependen de nada o nadie fuera de Sí mismo. Él es el único ser que es verdaderamente auto-existente, auto-sustentador, auto-suficiente, independiente, y libre. Todos los demás seres derivan su vida y bienestar de Dios, pero todo lo que es necesario para la existencia y perfecta felicidad de Dios se encuentra en Él mismo. El hombre no tiene nada que ofrecer a Dios que le valga mínimamente la pena. Es una criatura totalmente dependiente en su existencia y, como tal, está llamada a glorificar a Dios por ello. Aunque te mandase al infierno, a arder en sus llamas eternamente, después de morir, y no recibieras nada a cambio. El Salmo 145:3 dice: Grande es Jehová y digno de suprema alabanza: Y su grandeza es inescrutable”. GRANDE y DIGNO, en todo caso, no solo si te salva de la condenación eterna. Aunque no te salvase, tu mera existencia en este mundo demuestra Sus atributos: misericordia, gracia, y amor incondicional. Aunque vivas tirado debajo de un puente, ¿respiras? ¿Tu corazón sigue latiendo? Pues ya los está mostrando contigo, lo reconozcas o no. Pero, evidentemente, solo podemos llegar a reconocerlos y a alabar a Dios por ellos si entendemos que somos seres caídos en el pecado, que nacimos en el pecado y que hemos quebrantado, a lo largo de nuestra vida, todas y cada una de las leyes de Dios. ¿Qué significa romper todas las leyes de Dios? Pues, imagínate, TODO HOMBRE QUE HAYA ROTO TAN SOLO UNA LEY DE DIOS ESTÁ BAJO MALDICIÓN (Gálatas 3:10). ¡Y nosotros las hemos roto todas! Es solo a través de la caída y la manifestación de la maldad que el carácter de Dios puede ser conocido en su plenitud. ¿Cómo podríamos conocer estos atributos sino a través de la caída del hombre? El amor incondicional solo puede ser manifestado a hombres que no cumplen las condiciones. La misericordia solo puede ser manifestada a hombres que merecen condenación; y la gracia solo puede ser concedida a hombres que no han hecho nada para ser dignos de ella. Nuestro estado caído es nuestra culpa, por la cual debemos asumir plena responsabilidad. Pero a la vez, es en la salvación de hombres caídos donde la sabiduría, gracia, y misericordia de Dios se revelan, no solamente a los hombres, sino a cada criatura en el cielo, la tierra, y el infierno (Efesios 2:7 y 3:10).

La muerte de Cristo solo salvó a algunos de la condenación eterna, sin embargo, produjo unas bendiciones que alcanzan a toda la humanidad en su conjunto. Por eso el hombre, lo reconozca o sea un rebelde sin solución, está obligado a servir a Dios cada día.

Esto en España es algo bastante chocante, y lo sé, pues la mayoría de supuestos “cristianos”, realmente son católicos de los denominados “no practicantes”. E, incluso, esto de “católicos no practicantes” es un absurdo. No se puede ser “católico” sin ir a la iglesia y participar en los ritos de la Iglesia Católica. Casi nadie conoce la Biblia y lo que es el cristianismo bíblico. Nadie sabe que la diferencia fundamental entre el catolicismo romano y la fe cristiana y bíblica, que son dos “religiones” totalmente distintas, dicho sea de paso, es que el primero distingue entre vida eclesiástica y vida laica, mientras que, en la segunda, TODA LA VIDA ES CRISTIANA, desde que te levantes de la cama por la mañana hasta que te acuestes por la noche. En tu trabajo, en tu casa, en la calle, hasta cuando te bebas un vaso de agua. Todo es actuar bíblicamente o antibíblicamente, pues, como he dicho unos párrafos más arriba, el mundo fue creado EN Cristo. Por tanto, o andamos cada día en Cristo o no estamos en Él. Cada cosa que hagas al cabo del día se puede valorar bíblica o antibíblicamente. ¿Entendemos ahora por qué es tan importante conocer la Biblia?

¿Hasta en el dormir? Sí, hasta en el dormir. Duerme lo que necesites. Que no se te peguen las sábanas. Que el tiempo de tu sueño se corresponda con tu salud y trabajo, y no con el placer perezoso. Acuérdate de Dios nada más levantarte de la cama (ya has visto lo que dice Deuteronomio 6:5-7), levanta tu corazón a Él para agradecerle el descanso disfrutado por la noche y pídele que te ayude a conságrale este día. Recuerda que el que hayas podido descansar viene esa noche es un regalo de Dios. Piensa en que muchos han pasado esa noche en el infierno. Y no solo eso. Muchos otros en prisión o tirados en la calle sin donde recostar la cabeza. Algunos incluso se murieron mientras dormían y, si no han tenido a Cristo en sus vidas, se han llevado una sorpresa muy desagradable justo después de morir, al tener que comparecer ante Dios.

Como dije en una entrada anterior, es la mañana y la noche, antes de ir a la cama, los momentos óptimos para la oración. En realidad hay más, pero son dos buenos momentos. Y muy importante: orar al Padre, en el nombre de Jesucristo. EL ÚNICO MEDIADOR es Jesucristo (“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”, Juan 14:6). Ni a María, ni a los ángeles, ni a los santos ni a las personas ya fallecidas; si eres católico, manda esa enseñanza de tu iglesia a mandar puñetas, es falsa: esas oraciones, Dios no las escucha, sino que rebotan contra el techo, te caen encima y Satanás se ríe de ellas. Al Padre en el nombre de Jesucristo. Es fundamental, pues por amor a Cristo es por lo que Dios cumplirá lo que le pidamos, conforme a Su voluntad, para el nuevo día.

Algo que debes tener muy claro, ya sea en tu día de trabajo o en la actividad que hagas, es que estás en este mundo para hacer avanzar el Reino de Dios, para poner todo lo que puedas poner bajo Su voluntad. No hagas nada que no glorifique a Dios. No hagas nada que desagrade a Dios y que estropee tu comunión con Él. Busca siempre, en cualquier cosa, la gloria de Dios: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Dedícate a la tarea para la que te haya llamado Dios (seas abogado, médico, conductor de autobús, albañil, agricultor…, lo que sea) de manera cuidadosa y diligente. Así darás testimonio de que no eres perezoso ni siervo de tu carne y podrás crucificar todos los deseos y pasiones carnales que son alimentados por la facilidad y la holgazanería. Estarás más cerca de obedecer a Dios, al contrario que las personas ociosas, quienes constantemente incurren en pecados de omisión. No es bueno estar completamente desocupado. Si alguno me leía ya en agosto, veréis que en verano escribo una barbaridad. Una mente desocupada es una mente que está divagando sobre como burlar a Dios, pues nuestro corazón está totalmente inclinado a eso. Además, si pierdes el tiempo en vagancias y en tonterías, en lugar de en finiquitar todo lo que sean tus obligaciones, menos tiempo tendrás para los deberes santos, para orar y para leer la Palabra de Dios.

Vives en el mundo pero ya no eres como el resto de gente mundana. Examínate a ti mismo. Es importante que sepas cuáles son tus debilidades pues el diablo siempre está rondando como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Es importante que sepas cuáles son las tentaciones que te pueden venir con mayor facilidad y las cosas que pueden corromperte. Vigílalas e intenta mantenerte apartado de ellas todo el día. Vigila los pecados dominantes de la incredulidad: la hipocresía, el egoísmo, el orgullo, la complacencia de la carne y el amor excesivo por las cosas terrenales. Ten cuidado de ser arrastrado hacia la mentalidad mundana y a las preocupaciones excesivas, o de planes codiciosos para despuntar en el mundo solo para tu propia gloria. En los negocios que hagas, evita el egoísmo, el fraude o la injusticia. Cuidado con las conversaciones frívolas. Cuando hables con aduladores, mantente vigilante contra la altanería, y si hablas con quienes te desprecian o te odian, contra el orgullo vengativo: ya hará Dios justicia algún día con ellos.

Posiblemente, tengas algún “pecado acosador”. No sé cuál será el tuyo, pero todos tenemos o hemos tenido algún vicio que es difícil quitarnos de encima. Seguramente, ese pecado acosador se planta delante de ti, blasfemando el nombre del CRISTO VIVO, como Goliat se plantaba delante de David, maldiciéndolo por sus dioses horrendos y paganos. ¿Vas a dejar que ese pecado acosador siga blasfemando el nombre del Señor? Coge una piedra de tu zurrón, lánzasela y húndesela en la frente. Pero no te quedes en eso, ¿qué hizo David con el malvado gigante filisteo? Le cortó la cabeza para asegurarse que no se levantase más. Haz tu lo mismo con tu pecado acosador. Sé RADICAL y elimínalo de tu vida.

Si, a pesar de todo, caes en cualquier pecado además de las fallas habituales, laméntalo inmediatamente y confiésalo a Dios, ARREPIÉNTETE. No pienses que tus fallas habituales son una tontería, confiésalas a Dios, pídele ayuda y lucha contra ellas cada día. Pide que te arme con Su armadura y Su escudo (Efesios 6:10-20).

Busca siempre la pureza en el lenguaje. ¿A qué me refiero con esto? No, no son las palabrotas. Tu lenguaje debe buscar también la gloria de Dios. A eso debe tender siempre. También debes buscar la pureza en la doctrina que prediques. Si molesta a otros, que moleste. Esto no es cuestión de que les suene muy bonito, sino de que se salven. No necesitan “autoestima”, necesitan conocimiento de Dios, y saber que son unos pecadores perdidos necesitados de Jesucristo.

En cuanto, al lenguaje en sí, seguramente, habréis visto la cantidad de improperios que suelto a algunos de los macarras y la gentuza que, de cuando en cuando, se pasa por aquí. Me podréis decir que Jesús no usaba palabrotas. Pues mira, puedes tener muy buenas palabritas y un lenguaje muy pulcro y, sin embargo, ser un demonio con cuernos y rabo, camino del infierno. Alguien puede llevar una vida muy pulcra externamente y, sin embargo, tener el corazón lleno de inmundicia y estar perdido sin Cristo, así es, es lo único que nos justifica, no que nuestra apariencia externa y forma de expresión sea como un paño limpio recién lavado. En cuanto al lenguaje de Jesús, desde luego, los Evangelios no pretenden ser una biografía, solo darnos lo que necesitamos saber para salvación, como dijo Juan, y recogen que con los fariseos no se andaba con exquisiteces, llamándolos “hipócritas” o “generación de víboras” o “hijos de Satanás”, y eso, como digo, es lo que recogen, no sabemos si incluso pronunció palabras más duras en lo que no se recoge en el relato evangélico, lo cual no sería raro y de extrañar, pues Jesús y sus discípulos venían de un contexto rudo y rural. No es que haya que estar soltando palabrotas por el mero hecho de soltarlas, pero, sí, si tienes que rechazar a un endemoniado, seguramente, uno de los medios que te ha dado Dios es una lengua y una boquita.

Aprovecha cada momento de tu tiempo. Si tienes un rato libre, piensa en la bondad y la perfección infinita de Dios, en Cristo, en la redención, en el Cielo, en lo inmundo e indigno que eres y como, en lugar de ir allí, donde hubieras merecido acabar es en el infierno, de no ser por el amor eterno de Dios. Cuanto más seas consciente de lo miserable que eres y de cómo, a pesar de ello, Dios te amó desde la eternidad, más serás tú capaz, a tu vez, de amar a Dios y de apartarte de las cosas que Él detesta.

Come y bebe con moderación y agradecimiento por la salud, no por placer sin provecho. Come para vivir, no vivas para comer. Evita las comidas y bebidas que sean propensas a perjudicar tu salud. Recuerda lo que dijo el profeta Ezequiel sobre el pecado de Sodoma. Allí la sodomía no era lo único ni tan siquiera lo principal, sino la cúspide de muchísimos otros: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas” (Ezequiel 16:49).

Y, por supuesto, antes de irte a la cama, repasa todo lo que has hecho durante el día, las bendiciones que hayas recibido de Dios, por pequeñas que parezcan, para que puedas estar agradecidos por todas las misericordias especiales y humildes por todos tus pecados. Comprueba si estas creciendo en gracia.

Y poco más tengo que decir. Espero que sea de ayuda. E incluso que también me sirva a mí, puesto que la entrada también va dirigida a mí mismo (“Médico, cúrate a ti mismo”, Lucas 4:23). Pero, con eso y con todo, no olvides que no son ni ritos milimetricamente cumplidos ni tu propia moralidad lo que te salvará, sino confiar en que la obra perfecta y concluida de Cristo en la Cruz es lo único que tienes para evitar la condenación eterna. No es tu labor y tu desempeño lo que debe ser tu regocijo (eso es idolatría, darte culto a ti mismo), sino la obra perfecta y concluida de Cristo.

Buen domingo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: