Posteado por: Javier | diciembre 6, 2011

Lo irracional de la incredulidad

Hoy, que es día de la Constitución en nuestro país, vamos a reflexionar un poco sobre dos pasajes bíblicos:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21).

“Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: HE AQUÍ YO ME VOY A MORIR; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis 25:27-34).

En los versículos de Mateo, Jesús nos da un ejemplo práctico que tiene muchas otras aplicaciones. Como sabréis, pertenecen al Sermón del Monte, uno de los textos más manipulados y sobre los que se han dicho más tonterías de la Biblia, en el sentido de que son una especie de “proyecto de reforma social” o que acreditan que Jesús fue una especie de hippy con pelo largo y una margarita en la oreja, pamplinas dichas siempre por gente perdida, en lista de espera para ingresar en el infierno, y que no quiere reconocer que Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores a quien deben someterse. Por supuesto, tampoco quiere decir que no debamos trabajar ni ganar dinero, ni, mucho menos, que debamos dar todos nuestros bienes a desarrapados y flojos sin otro oficio ni beneficio más que estar tirados al sol fumando porros o bebiendo kalimotxo, como los “indignados” de Sol, otro mantra recurrente repetido por gente en la misma condición que quienes he mencionado antes y, “oh, casualidad”, que normalmente defienden esto para que tú les des, no porque la “solidaridad” de ellos vaya a relucir mucho. El pasaje se refiere a que debemos vivir para la eternidad, no con la vista limitada solo por lo que vemos en el compartimento estanco que es esta vida en la que solo estamos de paso, como si fuera el absoluto. Pero eso lo vamos a ver enseguida. Por otra parte, he resaltado en mayúsculas el “He aquí yo me voy a morir” de Esaú pues es una perfecta descripción del hombre perdido sin Cristo: su mira se limita al trayecto “vital” que le queda desde su presente hasta la muerte.

Si ustedes son cristianos, seguramente les habrán dicho hasta la saciedad que su fe se basa en la “irracionalidad”, en lo que dice un “libraco” escrito hace miles de años por tribus del desierto y que debieran aprender a “pensar por sí mismos”. Vamos a ver como lo irracional es justamente lo contrario: es el ateísmo lo que parte desde una premisa totalmente sentimental, emocional e irracional. En realidad, no solo el ateísmo: también se puede aceptar intelectualmente a Dios (pues negarlo es necedad) y, sin embargo, obedecer al mundo en lugar de obedecerle a Él, algo que bien pudiera ser hasta más irracional aún.

El hombre no es un ser como los demás de la Creación (digan lo que digan los ambientalistas radicales), los cuales solo tienen un cuerpo físico el cual vuelve al polvo tras la muerte. El hombre se caracteriza, ante todo, porque es una ser con tres partes: cuerpo, mente y espíritu. Lo más elevado es el espíritu. Luego viene el alma, y luego viene el cuerpo. No es que haya algo malo en el cuerpo, sino que éste es el orden relativo de acuerdo con la naturaleza que Dios le dio. No cabe duda de que, en un sentido, el don más elevado que Dios ha otorgado al hombre es el don de la inteligencia. Según la Biblia, el hombre fue hecho a imagen de Dios; y una parte de la imagen de Dios en el hombre es indudablemente la inteligencia, la capacidad de pensar y razonar, sobre todo en el sentido más elevado y en un sentido espiritual. El mayor don que Dios confirió al hombre es la inteligencia, puesto que a Su imagen lo creó. Dios es la fuente primera de inteligencia y, de esta forma, otorgó al hombre la facultad de pensar y razonar.

Su inteligencia es lo más alto que posee, sobre todo, la posibilidad de razonar espiritualmente, de percibir las cosas, analizarlas con su mente y elegir lo mejor para él y para todos.

Por supuesto, después de esta capacidad de raciocinio, el hombre también fue creado con una emotividad, unos sentimientos y una sensibilidad.

Y, finalmente, existe una tercera facultad, que es la voluntad, el poder por el cual ponemos a operar las cosas que hemos entendido, las cosas que hemos deseado como consecuencia de la comprensión.

Tal y como fue creado, el hombre debía analizar las cosas, decidir lo mejor y, a partir de esta decisión, poner en marcha su voluntad para llevarlas a efecto. Sin embargo, también sabemos que, desde la Caída, el hombre es un ser cuyas funciones normales están perturbadas y distorsionadas por el pecado. Ese orden y equilibrio no existe, sino que se invirtió, convirtiendo al hombre en un ser que se rige primero por la emotividad y los sentimientos y, a partir de esas impresiones sentimentales, toma todas sus decisiones. El hombre, como resultado del pecado y de la Caída, ya no se gobierna por la mente y la comprensión, sino por sus deseos, sus afectos y placeres. El hombre está en una situación terrible de no regirse ya por su facultad más elevada, sino por algo distinto, por algo secundario. No es una cuestión de que el hombre no debiera tener sensibilidad, sino de que no debiera regirse por ello, sino por la mente y la comprensión.

Por ello, es una soberana estupidez otro de los argumentos más habituales de los incrédulos: “la fe se basa en pretender dominar a los hombres por medio de la amenaza del castigo eterno en el infierno”.

El hombre perdido, aún en una situación de impiedad total, sabe, en lo más profundo de su ser, que su vida es una cuesta abajo hacia un salto al abismo que es la muerte. Muchos hombres adquieren un conocimiento razonable de la Verdad y de las consecuencias de rechazarla pero, aún así no la aceptan. No la aceptan aunque externamente profesen haber comprendido su realidad como pecadores y la necesidad de Cristo como Salvador. ¿Por qué? Jesús mismo lo dijo en Juan 3:19: “Ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. El hombre conoce la luz y las tinieblas e, intelectualmente, de eso no hay duda acepta y comprende a la perfección que la luz es mejor que las tinieblas, de eso no hay duda. Nadie razona ni motiva de una forma mediamente inteligente lo contrario, que sean mejores las tinieblas a la luz. Sin embargo, o aman solo las tinieblas o aman más a éstas que a la luz. Por mucho que pese sobre ellos la “amenaza” de un castigo por amar las tinieblas. El hombre, en lugar de ver la vida con la mente, la ve con sus deseos y afectos. Prefiere las tinieblas puesto que lo que le domina no es la cabeza, sino el corazón. Este es el efecto del pecado. El hombre debería regirse por la mente, por la comprensión.

Por eso, el hombre no regenerado por Dios se acerca siempre a la Verdad con prejuicios que nacen de su corazón. Aquel que no es cristiano no puede decir que lo sea porque piense o razone, puesto que realmente, no se rige por su mente, sino por el corazón y los prejuicios. Sus intentos por justificarse intelectualmente no son más que el esfuerzo de disfrazar la impiedad de su corazón. Trata de justificar la clase de vida que vive adoptando una posición intelectual, pero el problema verdadero es que se rige por los deseos y placeres. El incrédulo siempre trata de encontrar una razón intelectual que justifique lo que su corazón desea decir.

Por ello, dice Jesús Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. El corazón es el que desea siempre lo mundano y es el que pasa a ser la facultad que ejerce control sobre el hombre, sometiendo su comprensión y su inteligencia.

Salvo que haya sido regenerado, el hombre cree que se guía por su inteligencia y que repudia a Dios por su mente y sus facultades, por su propio raciocinio. Se ríe de la fe y de quienes se oponen a su estilo y a su visión mundana de la vida, puesto que su cosmovisión es totalmente cerrada y se limita a este mundo. El incrédulo vive para el presente y ello es lo único que cuenta. No vive para la eternidad. Esto no es muy racional, teniendo en cuenta que su vida en este mundo, tarde o temprano, concluirá. Algún día morirá y, al morir, tiene que dejar todas las cosas que ha convertido en el centro de su vida para comparecer ante el Juez de este mundo. Tiene que dejar su casa, sus seres amados, sus bienes, etc. Sin embargo, sin ellos no es nadie pues lo único que ha ansiado durante toda su vida es la riqueza terrenal, la posición y rango, que ha colocado antes que el ser heredero de Dios y coheredero con Cristo. Ha preferido ser heredero de unas cuantas cosas y minucias antes que ser heredero del mundo entero porque ha estado totalmente ocupado en las cosas inmediatas. Es el efecto del pecado, que ha arruinado y trastornado todas las facultades racionales del hombre, en el sentido de que, habiendo pasado la vida en atesorar ciertas cosas en la tierra, al final se encuentra que no tiene nada. Después de atesorar para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y hay ladrones que minan y hurtan, se encuentra frente a frente con la muerte, el adversario más poderoso de todos. Entonces este pobre hombre destrozado, que ha vivido para todas esas cosas, ve de repente que no tiene nada; está despojado de todo y sin nada más que su alma desnuda. Es la ruina completa. “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Es todo un Esaú, que prefiere un plato de lentejas porque “ayyyy, que la vida son dos días, me voy a morir y no lo voy a disfrutar más” a la herencia eterna de Dios en Jesucristo (que a él le correspondía en derecho, al ser el primogénito de Isaac).

Pero, sin embargo, cree que ese es un punto de vista racional y se autoconvence de que se rige por la inteligencia. No ve que sus facultades han quedado alteradas debido al pecado y que controla y entorpece su mente la cual, en consecuencia, ya no opera en forma libre y racional, sino que se rige por su corazón y los deseos mundanos que salen de él, por el “QUE ME VOY A MORIR”, como Esaú. Las cosas de este mundo no son malas en sí mismas. Lo bueno o malo es la posición que tengan en nuestras vidas. Dios las creó para cubrir las necesidades del hombre y para su felicidad mientras transitase por esta vida: alimento, vestido, familia, amigos, riquezas materiales, sexualidad, etc… Pero, debido al pecado, nos hemos convertido en esclavos de ellas. Nos dominan los apetitos. Dios nos ha dado los apetitos del hambre, la sed y el sexo, todo lo ha creado Dios. Tampoco son malos en sí mismos, dentro del orden de Dios. Pero en cuanto estas cosas dominan al hombre, se convierte en esclavo de ellas. Ya no sirve a Dios, sino a esas cosas. ¡Qué distorsión! Se convierte en un siervo de las cosas que Dios ha creado para que le sirvan a él y, en cambio, al ser siervo de ellas, no sirve a Dios. Se inclina delante de cosas y adora cosas que tenían que servirle. Cosas que tenían que estar a su servicio se han enseñoreado de él. Por eso, contrariamente a lo que piensan algunos atontados y pseudo-intérpretes hippies de la Biblia, ser rico o ser pobre no son cosas buenas o malas en sí mismas. No son categorías morales. Depende de donde tengas puesto tu corazón y de que la riqueza no se enseñoree de ti. Alguien puede ser pobre, hasta el punto de no tener donde caerse muerto, pero su corazón puede estar totalmente dominado por el afán de riquezas. El dinero es su señor.

El pecado convence al hombre de que es racional al negar a Dios, cuando, en realidad, lo que sucede es que lo ha convertido en una criatura de placer y deseos, cuya mente está cegada y cuyos ojos ya no son limpios. Ya no los usa para su utilidad, sino que lo esclavizan. Si alguien acepta la fe cristiana, la inteligencia vuelve a ocupar una posición central y vuelve uno de nuevo a ser una criatura racional. No hay engaño más patético para el hombre que pensar en que la fe cristiana es algo emotivo, el opio del pueblo, algo puramente emocional e irracional. Puesto que el hombre solo si de verdad comprende racionalmente su propia realidad puede aceptar que es un ser pecador, vil, inmundo y merecedor del infierno, necesitado de Jesucristo para su salvación. Si no actúa racionalmente, sino en base al corazón y los sentimientos, pensará que es un ser bueno por naturaleza, estará impregnado de un exagerado optimismo antropológico y maldecirá a Dios solo con que se le mencione el justo castigo eterno al que está encaminado por su condición. Desde su perspectiva, el injusto es Dios, no el hombre.  

Pero la Verdad se debe recibir con la inteligencia, y el Espíritu Santo capacita a la inteligencia para ver con claridad. Esto es la conversión, esto es lo que sucede como resultado de la regeneración. La mente se ve libre de la desorientación del mal y de las tinieblas y pasa a ser la que rige la voluntad del hombre. A partir de entonces, ve la verdad, y la ama y la desea por encima de todo.

Acudamos a Dios, y confesémosle que, desde que nacimos, hemos estado sirviendo a cosas terrenales, acumulando tesoros terrenales, pongámonos en Sus manos y, sobre, todo pidámosle que nos llene con Su Espíritu, el único que puede iluminar la inteligencia, aclarar la comprensión, limpiar los ojos y capacitarnos para ver la Verdad y mostrarnos cómo librarnos de la perversión y de la contaminación del pecado, para llegar a ser hombres nuevos y renacidos, creados según la mismísima imagen de Cristo, para amar las cosas de Dios y servirle a Él sólo.


Responses

  1. Javier, en su texto no ha aportado ni un solo argumento racional o empirico que desmuestre la existencia de dios o la irracionalidad del ateismo.

  2. Ya, pero, en cuanto a la existencia de Dios, no tengo ninguna obligación de demostrarla, es imposible o absurdo pretender convencer de ello a ningún incrédulo mediante argumentación (como dije aquí https://lavozliberal.wordpress.com/2011/06/12/la-biblia-y-los-humanistas-no-hay-neutralidad/ ) y tampoco es el objetivo de la entrada.

    En cuanto al ateismo, en realidad, el irracionalismo y el emocionalismo también sería aplicable a muchos creyentes “nominales”, no solo a los ateos, es decir, gente que dice creer en Dios pero cuya vieja naturaleza no ha cambiado. Mucha gente cree en la existencia de Dios y, sin embargo, no son creyentes (aunque pueda sonar un poco ilógico, no es lo mismo “creer en” Dios que “creer a” Dios). Normalmente, son los que creen porque dicen que “hombre, después de la muerte es que tiene que haber algo” o “en algo hay que creer”, o son “creyentes” solo porque temen un castigo tras la muerte. Esa gente, en sentido bíblico, no son creyentes pues su voluntad también está fundamentada en el emocionalismo, los sentimientos y los deseos, tanto como lo pueda estar la de los ateos (la mayoría de católicos y muchísimos evangélicos modernos lo que viven y sobre lo que sostienen su fe, de hecho, es un pseudo-evangelio “romántico” o “sentimental”, no el verdadero Evangelio). A todos los efectos, creer en un “dios” que no sea el Dios de la Biblia y ser ateo es lo mismo. Los dos son incrédulos.

    ¿Irracional? ¿Le parece poco apegarse a las cosas de este mundo y hacer de ellas el ídolo de uno, en lugar de a lo eterno? La entrada ya sé perfectamente que solo es comprensible si se es un verdadero creyente (no porque sea muy complicada o difícil de leer, sino porque el incrédulo siempre confunde lo que desea que fuera con lo que en efecto es) y, lógicamente, su respuesta es esperable puesto que usted, como ateo, vive en su vieja naturaleza, la cual, al no estar renovada, no tiene capacidad de supeditar los deseos y lo sensual a aceptar y servir a Dios, que es lo racional. Salvo que se convierta a la fe cristiana, no puede ver que cuando alguien es incrédulo lo que desea y siente está por encima de la razón.

  3. Hola,

    Hombre Javier, Francisco tiene razón. Las argumentaciones que usted ha usado son básicamente fragmentos de la biblia y alusiones al pecado y a cierta visión miope del ateo. Decir que lo racional es servir a dios, lo que entiendo que quiere decir a su dios cristiano, no se basa en nada, no tiene sustento ni justificación alguna y afortunadamente va dirigido a ateos, porque si fuese dirigido a creyentes de otro credo rozaría la ofensa (¿En base a qué su dios es el verdadero y no el de los demás?).

    Como Ateo le diré que mi realidad es totalmente racional. En ateo suele nacer y crecer en una sociedad y/o una familia que tiene ciertos valores o conceptos religiosos más o menos abstractos. La idea de dios está en nuestras mentes desde el principio de nuestra existencia, así como lo está el natural miedo a la muerte, las conceptualizaciones sobre otra vida, etc.
    Cuando alguien es ateo (porque se hace ateo), ha tenido que rechazar estas verdades establecidas, estas ideas sobre dios y sobre la vida después de la muerte, y esto no se rechaza porque sí sino porque llega a esa conclusión bajo un análisis racional, y aún cuando el análisis racional está hecho y conlcuido la idea religiosa persiste en la mente porque es muy duro rechazarla.
    El ateo ha analizado las bases de la religión, y debe rechazarla. Ha analizado de forma introspectiva sus propios sentimientos e intuiciones y ha tenido que saber segregar entre lo que es miedo, mito y razón. Ha tenido que superar el miedo.

    Que más querriamos nosotros que no acabara nuestra existencia con esta vida, que existiese un dios que le diese un sentido trascendente a nuestros propios sentimientos. Pero no es así, todo muestra que no es así, y llegó un momento en que tuvimos la valentía de aceptar que eso que nos interesaba creer no era cierto y no podiamos creer en ello. Llegó un momento en que preferimos ser honestos con nuestras percepciones y razón y ponerlos antes que nuestro propio interés.

    Saludos,

  4. Hola, Pedro:

    A ver, paso a comentar algunas cosas:

    Fíjese que, indirectamente, en cierta medida, me ha dado la razón: a donde quiero llegar es que la verdadera fe solo puede aceptarse mediante la razón, no por medio de las sensaciones.

    La fe, sin razón, no es verdadera fe.

    “Hombre Javier, Francisco tiene razón. Las argumentaciones que usted ha usado son básicamente fragmentos de la biblia y alusiones al pecado y a cierta visión miope del ateo”.

    No exactamente, no me refiero a que el ateo o quien crea en algo que no sea la revelación bíblica sea un miope o que no tenga capacidad de ver y analizar, la razón y la capacidad de raciocinio la conserva, simplemente que el pecado ha hecho que su “yo” sentimental ocupe el primer lugar como “motor” de su voluntad.

    Evidentemente, esta concepción del hombre solo es asumible si se acepta la revelación bíblica y a ello no soy ajeno.

    “Decir que lo racional es servir a dios, lo que entiendo que quiere decir a su dios cristiano, no se basa en nada, no tiene sustento ni justificación alguna y afortunadamente va dirigido a ateos, porque si fuese dirigido a creyentes de otro credo rozaría la ofensa (¿En base a qué su dios es el verdadero y no el de los demás?)”.

    Se basa en los atributos de Dios y la verdad del hombre tal y como se definen en los principios que están diseminados en toda la Biblia, racionalmente, de existir un Dios, es el Dios bíblico. Sin embargo, por su propia naturaleza, de creer en algún dios, el hombre siempre creerá en un dios hecho a la medida de lo que sentimentalmente crea que debe ser Dios. Mucha gente incluso llega a creer en la existencia del “Dios cristiano” pero, sin embargo, no acepta la Biblia como verdad, al que sigue es a un supuesto “Dios” amoldado a él mismo.

    En cuanto a que “rozaría la ofensa” de ir dirigido a gentes de otro credo, fíjese, usted mismo utiliza el argumento de los sentimientos. El caso es que el hombre natural conserva capacidad de razonar pero los sentimientos son el centro de su vida. Por eso, existe una verdadera obsesión con no “herir sentimientos ajenos”. La verdad hay que hurtarla o esconderla porque puede afectar a los sentimientos de otros. Y, por eso, entre otras cosas, estoy totalmente en contra de los delitos contra los “sentimientos religiosos”. Evidentemente, defender un sistema de fe (no solo el cristiano y bíblico, cualquiera, el católico, el judío, el musulmán, etc.) implica que va a chocar con los de otras personas que pueden alegar que se sienten ofendidas por ello y eso es muy peligroso para la libertad confesional.

    “Como Ateo le diré que mi realidad es totalmente racional. En ateo suele nacer y crecer en una sociedad y/o una familia que tiene ciertos valores o conceptos religiosos más o menos abstractos. La idea de dios está en nuestras mentes desde el principio de nuestra existencia, así como lo está el natural miedo a la muerte, las conceptualizaciones sobre otra vida, etc.”

    Todos los hombres nacen con un sentimiento “religioso”, el hombre es un ser religioso por naturaleza. Pero es que la Biblia no niega eso en ningún lado: “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

    De todas formas, incluso fuera de la Biblia tenemos el testimonio de las distintas civilizaciones a lo largo de la historia de que esto es así.

    “Cuando alguien es ateo (porque se hace ateo), ha tenido que rechazar estas verdades establecidas, estas ideas sobre dios y sobre la vida después de la muerte, y esto no se rechaza porque sí sino porque llega a esa conclusión bajo un análisis racional, y aún cuando el análisis racional está hecho y conlcuido la idea religiosa persiste en la mente porque es muy duro rechazarla.”

    Bueno, pero es que el verdadero creyente también debe rechazar las ideas preestablecidas que tenga sobre Dios y la vida después de la muerte, porque son falsas, son ideas que se ha formado él mismo a partir de la idea innata de la divinidad que tienen todos los hombres, añadiéndole lo que él siente que debiera ser Dios y el hombre, y lo que él estima que debiera ser la relación entre los dos, no de lo que son ambos en la realidad.

    “El ateo ha analizado las bases de la religión, y debe rechazarla. Ha analizado de forma introspectiva sus propios sentimientos e intuiciones y ha tenido que saber segregar entre lo que es miedo, mito y razón. Ha tenido que superar el miedo.”

    Lo mismo, ha analizado las bases de la “religión” que tuviera y en la que basara su vida, no ha conocido la verdad.

    En cuanto al miedo, el verdadero creyente a veces lo tiene: miedo al autoengaño. Incluso dudas. De hecho, pienso que si el verdadero creyente no tiene en ciertas ocasiones dudas razonables acerca de si lo que cree es la Verdad y si está o no en el camino angosto, es muy dudoso que sea un creyente genuino, pues la fe verdadera consiste en estar analizando constantemente lo que se cree y cómo se vive. Razonando y racionalizando en definitiva.

    De hecho, para superar el miedo, la vía de escape no es aceptar la Biblia, sino caer en el ateismo, o en el no decantarse, el agnosticismo, como lo llaman, o refugiarse en una “religión” que ponga la primacía en las obras del hombre, que tenga una buena imagen del hombre, y no en una fe como el cristianismo bíblico, en la que el hombre no puede ganarse por sí mismo su salvación por sus propias obras.

    “Que más querriamos nosotros que no acabara nuestra existencia con esta vida, que existiese un dios que le diese un sentido trascendente a nuestros propios sentimientos. Pero no es así, todo muestra que no es así, y llegó un momento en que tuvimos la valentía de aceptar que eso que nos interesaba creer no era cierto y no podiamos creer en ello. Llegó un momento en que preferimos ser honestos con nuestras percepciones y razón y ponerlos antes que nuestro propio interés.”

    ¡Todo lo contrario! Lo cómodo no es ser cristiano, es un camino muy difícil pues hay que oponerse totalmente al mundo, vivir en enemistad con el mundo, y ser muy consciente de que se va a estar solo en ese camino. Lo cómodo y atractivo para el corazón es la incredulidad o refugiarse en religiones mundanas.

    Precisamente, otros cristianos y yo pensábamos exactamente igual que usted cuando éramos incrédulos (el modelo de pensamiento que yo tenía era clavado al suyo… con lo que, aparte, le entiendo perfectamente), por lo que le puedo dar fe de que el proceso que se sigue es justamente el contrario al que usted dice.

    Saludos.

  5. Y, abundando en lo anterior, el motivo justamente por el cual el creyente, en ocasiones, sigue pecando, pese a que racionalmente sabe que el pecado es algo feo y que hay que evitar, así como que lleva aparejado un castigo, es porque, en ocasiones, aunque ya no sean el centro de su vida, sus deseos y su sensualidad consiguen vencer a su mente y convertirse en lo que mueve su voluntad.

  6. Bueno, quisiera realizar una pequeña reflexión al respecto.
    Realmente el conocimiento que el hombre puede adquirir es limitado y cambiante y nunca completo. Aquellos interesados en la astrofísica y la física cuántica sabemos a qué nos referimos. Los conocimientos científicos (empíricos por tanto) son verdaderos únicamente dentro de un determinado contexto parcial y determinado, o sea, acotado.
    Voy a poner un ejemplo, sabemos de la falsedad de la ley de la gravedad desde la nueva física cuántica, sin embargo, los puentes y los edificios se sostienen. Eso es porque dentro de un marco muy delimitado y acotado como es este planeta en una determinada superficie dada la gravedad es “dios”, o sea, completamente cierta y, lo más importante, aplicable a nuestras necesidades. Sin embargo, en un ámbito no acotado o con unos límites superiores la gravedad es falsa (incompleta) y no se cumple.
    Hasta hace bien poco, E=mxc2, nada podía superar la velocidad del luz, ahora se ha descubierto que es falso (incompleto), en otro ámbito y con otros límites los neutrinos superan la velocidad de la luz en 8000 Km/h.

    ¿Dónde quiero llegar con este rollo? Sencillamente a que el conocimiento humano empírico siempre será parcial porque somos seres finitos y limitados. Por más vueltas que le doy y, a pesar de muchos, en un ámbito más amplio, el de la creación o existencia del universo, de toda la materia, las teorías científicas humanas se plantan en la hipótesis del big bang como acercamiento a la verdad supuestamente empírica. Pero siempre caeremos en el círculo vicioso, ¿quién originó el big bang? y ¿antes del big bang? ese pequeño átomo de densidad infinita (materia) ¿de donde sale? ¿por qué explosiona? Sin lugar a dudas, la única explicación para romper el círculo vicioso es (esto es origen de aquello y así hasta ¿qué es primero el huevo o la gallina?) es dar un origen o explicación infinita a algo finito (la materia, ese supuesto átomo de densidad infinita).
    Sin embargo, la ciencia sigue avanzando y, ampliando límites, cuando se pensaba que el big bang era el origen de todo ahora han surgido datos empíricos nuevos, para sorpresa de todos, la entropía efecto de la gravedad en la paralización del movimiento expansivo del universo a causa de esa “gran bang”, no se produce. O sea, después del estallido inicial, la velocidad de expansión del universo debería disminuir progresivamente a causa de la gravedad y producirse el llamado “big crunch” y para sorpresa de todos, resulta que la velocidad del universo en expansión continúa aumentando ¿?

    En cuanto al diseño genético humano ahora los científicos (ateos, por cierto) apuestan por el llamado “diseño inteligente”. Cuando Darwin enuncia su teoría de la Evolución y la selección natural no existía la genética y la biología, y bioquímica no estaban tan avanzadas. Sencillamente es IMPOSIBLE que mediante la selección natural de las especies un mono evolucione a un hombre, sencillamente porque los genes, o sea, el ADN, marca límites infranqueables naturalmente. Sólo la ingeniería genética y las mutaciones pueden modificar una cadena de ADN. Lógicamente, debemos descartar la manipulación genética por lo que sólo nos queda la mutación. Pero la mutación no se produce por “selección natural” sino por una energía externa que rompe cadenas de ADN y une otras, esta energía es la radiactividad. Lo que ocurre es que sabemos empíricamente que las mutaciones radiactivas no son para mejorar sino para empeorar la vida. O matan al individuo o le producen grandes deformaciones o graves enfermedades. Por otra parte, en un planeta sin una fuente potente radiactiva como la producida por el hombre, ¿de dónde surge la radiactividad? Algunos apuntan que la Tierra, al ser un “planeta radiactiva” a causa de minerales como el uranio y otros, esta radiación natural podía afectar en pequeñísima escala durante millones de años no a un individuo sino a toda una especie logrando mutaciones. Sin embargo, los hombres llevamos millones de años recibiendo radiación natural y seguimos teniendo 2 manos y dos piernas, no hemos evolucionado a nada. Además que esta elucubración “a priori” es incorrecta porque para producirse una mutación debe ser sobre UN individuo, no una especie, en una especie podrían acumularse sucesivas mutaciones sobre individuos particulares, y para producirse esa mutación por “radiación natural” el individuo en cuestión debe recibir una determinada dosis de ésta. Y desde luego, la radiación natural no afecta a los individuos particulares ya que podemos observar que a nosotros no nos afecta. Sencillamente los datos y las explicaciones empíricas no cuadran.

    Simplemente dejo aquí esta reflexión para que cada cual saque las conclusiones que desee.

  7. ¿Dios existe? Cualquier cosa que exista debería tener un efecto en la realidad. Dios parece no tenerlo. Los experimentos indican que, no importa cuanto se rece, el rezar no tiene ninguna influencia en el desarrollo de la enfermedad.

    Suponiendo que existe, y es como lo plantea el cristiniasmo, y se lo voy a decir con todo respeto, me parece sumamente psicópata. Nos castigó a una vida de sufrimiento porque desobedecimos sus órdenes, o bien, si no acepta las interpretaciones literales de la biblia, porque empezamos a distinguir al diferencia entre el bien y el mal. Qué tiene eso de malo no lo sé.

    Si dios creó a todas las criaturas, como indica la biblia, no me explico por qué creo gusanos parásitos que solamente pueden sobrevivir alimentándose del cerebro de un niño.

    Noé, lo mas virtuoso que pudo rescatar Dios de la tierra, era un borracho violento.

    Jesús nunca se pronunció en contra de la esclavitud.

    Pero no se preocupe. El Nuevo Testamento fue escrito, por lo menos, 100 años después de que el mismo muriera, por distintos autores. Hoy en día hay personas que afirman que Elvis no se drogaba. ¿Entiende como puede mutar hasta lo ridículo la realidad por la vía oral?

  8. Pedro.

    Me ha parecido muy revelador esta expresión tuya:

    “La idea de dios está en nuestras mentes desde el principio de nuestra existencia”

    Y si esta idea, que según creo entender identifica como innata, está implantada en el hombre. ¿No le hace reflexionar?
    Quiero decir, el hombre, como todo animal, tiene incorporados ciertos conocimientos innatos y naturales (instintos) de característica material: el sentido de autoconservación, la reproducción, el alimentarse, etc. Todo, como se puede observar, instintos primarios para la conservación, propagación y perpetuación de la especie y el individuo (como cualquier otro animal). Sin embargo, la idea innata de Dios no responde a ninguna necesidad material o natural. No es ni básica ni primordial para la vida del individuo ni para la conservación de la especie. Si esa idea innata de Dios desapareciera, no por ello íbamos a vivir menos, a autodestruirnos o a extinguirnos.

    ¿A qué se debe entonces esta idea innata? ¿Qué y quién la ha implantado? ¿Por qué? ¿Cual es su función? ¿Te das cuenta de que rechazas conscientemente tu propia naturaleza? ¿Rechazas conscientemente comer, beber, tu autoprotección, tu reproducción, tu supervivencia, todas ellas ideas naturales e innatas del hombre? ¿Es racional rechazar conscientemente tu propia naturaleza innata?

  9. Eliseo.

    “Los experimentos indican que, no importa cuanto se rece, el rezar no tiene ninguna influencia en el desarrollo de la enfermedad.”

    Hable por vd…

  10. Rubén:

    Darwin, de hecho, aún así, ni siquiera excluía a Dios de su teoría de la evolución y la selección natural, aceptaba a Dios como autor de las leyes que según él regían la evolución, puesto que era creyente y pensaba que la evolución se debía a leyes generales impuestas por Dios. Fue con Aldous Huxley, uno de los evolucionistas más radicales, con quien la evolución se convirtió en una nueva religión e incluso en una filosofía política y social. El caso es que la evolución ni siquiera científicamente es algo indiscutible pese a que se venda como un dogma. Hay científicos que opinan que el evolucionismo no es posible, pues la evolución, en todo caso, sólo se da dentro de una especie, pero no es posible el paso de una especie a otra. Son muchos los que rechazan el evolucionismo darwinista, como el bioquímico Wilder Smith, Sir Fred Hoyle, Richard Milton, Michael Danton, o el biólogo y matemático Jorge Salet, quien dice aún cuando el origen de la vida hubiera tenido lugar, como se cree, hace 3000 millones de años, no habría sido suficiente tiempo para que la primera célula viva evolucionase hasta el hombre, pues el número de probabilidades es del orden de diez elevado a menos cien. Es decir una probabilidad tan mínima, que para los científicos es prácticamente imposible.

    Por eso la ciencia es útil en cada momento y en cada lugar determinado pero sus descubrimientos no se pueden elevar al carácter de verdad absoluta. Cada cierto tiempo se descubre algo o se elaboran nuevas hipótesis que refutan lo anterior.

    ———————————-
    Eliseo:

    Sí, es complicado que en bufones circenses como usted tengan algún efecto.


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