Posteado por: Javier | diciembre 9, 2011

Pre-Navidades en mi ciudad

Ayer por la tarde-noche, a eso de las ocho y hasta las diez, aprovechando que era día festivo, salí a dar un largo paseo por el centro de Sevilla. Iba solo, por supuesto, pues nunca he sido de esa manía mediterránea de “yo sin mi pandillita no soy nadie”, de toda la vida nunca he tenido problema por ir a los sitios solo, si no tengo más remedio, y nunca me ha preocupado especialmente que me tachen de ser un poco “bohemio” o excéntrico por cosas como esas.

Tenía interés y curiosidad por ver el famoso nuevo alumbrado navideño para este año. Yo, personalmente, la Navidad no la celebro, no como “fiesta religiosa”, al menos, puesto que no es una “fiesta cristiana”, sino la “cristianización” de una antigua festividad pagana como era el solsticio de invierno. Además de que no soy “religioso” en absoluto (lo que soy es hombre de fe, cristiano y bíblico por la gracia de Dios), en la Biblia no se nos dice en ninguna parte que tengamos que celebrarla, ni siquiera figura la fecha exacta del nacimiento de Jesús. Pero, no obstante, siempre me ha gustado el “ambiente” de las calles de mi ciudad en las fechas pre-navideñas, sobre todo ya de noche, con ese ir y venir de gente por todas partes entre la neblina de los puestos de los vendedores de castañas asadas. Siempre he sido muy nostálgico y es algo que me trae muchos recuerdos de la infancia, la verdad.

Y, todo hay que decirlo, este año el alumbrado de Navidad ha quedado bien bonito (las fotos son de la Avenida de la Constitución):

Y, por lo que parece, la nueva iluminación ha tenido buena acogida entre el “público”, sobre todo, entre los pequeños comerciantes, que andaban un poco ahogados con el anterior equipo de gobierno municipal. Por lo menos ha devuelto un poco de alegría al centro de la ciudad y las ventas han aumentado en algo más del 30% con respecto al año pasado por estas fechas. Aparte de esto, después de la derogación del nefasto “Plan Centro”, un esperpento salido de las iluminadas cabezas pensantes del PSOE, que tenía por objetivo convertir el casco antiguo en una especie de parque temático para turistas y otros guiris, al que prácticamente solo se podía llegar andando o en bicicleta. Plan que se estaba convirtiendo en una ruina no solo para muchos comercios, sino también para muchos profesionales libres que tenían sus oficinas, consultorios y despachos en esa zona. Se nota que no es un distrito pesoero, poligonero o sodomítico, sino mayoritariamente derechista. Otro gallo hubiera cantado en caso contrario.

No es que una ciudad tenga que basarse solo en las compras y el comercio consumista para sostenerse. Pero tampoco es cuestión de ahogar, como se ha estado haciendo todos estos años con muchas pequeñas tiendas sevillanas tradicionales. Eso sí, la “starbuckización” que no falten. Cada vez menos pequeños comercios, pero cada vez más “Starbucks”, con ese asqueroso café sintético que ponen por cuatro euros, cada vez más “Pans&Company”, cada vez más mega-centros comerciales, cada vez más VIPS, más Opencor o más almacenes Fenac, donde encima, no hay forma de encontrar nada, solo lo estándar, lo esterotipado, no hay variedad ninguna.

Ahora parece que los sevillanos vuelven al centro. No digo que los peperos sean algo espléndido y maravilloso, pero solo el hecho de que los individuos que gobernaban (o, más bien, okupaban) antes el Ayuntamiento, la simbiosis PSOE-IU, ya no estén, es de por sí como un soplo de aire fresco, después de tantos años, caracterizados por las subvenciones a Cuba, Venezuela y otros regímenes bananero-basurientos latinoamericanos, festivales para conmemorar el 50 aniversario de la Robolución cubana, festivales musicales de pro-etarras, ayudas a drogatas para ir allí a agasajar a esos tiranos marrones o a inmigrantes bolivianos, en forma de autobús y bocadillos, para ir a un mitin en Madrid del traficante de drogas Evo Inmorales.

Queda mucho que hacer, por supuesto. Empezar a construir un tejido industrial en condiciones, por ejemplo, puesto que tampoco quiero que Sevilla sea una ciudad solo “turística”, como cualquier paraje caribeño. Pero, por lo menos, no está mal reactivar un poco el empleo en uno de los lugares con más paro de España.

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Responses

  1. Si Javier, a mi tambien me gustan las decoraciones navideñas en las calles, ademas que con el ambiente depresivo que hay en general, por lo menos levantan un poco el animo. No digo que haya que dejarse llevar por el “espiritu de la Navidad” pero para no dejarse influir por esto habria que aislarse durante todo un mes dentro de tu casa sin salir.

  2. Ah, no, yo tampoco soy de eso de “espíritu de la Navidad”, ni en un sentido espiritual mucho menos, y, de hecho, lo que me gustan más son los días pre-navideños, cuando se encienden las iluminaciones y hay mucha gente de un lado para otro en las calles, y algo de más alegría, que la propia Navidad en sí.


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