Posteado por: Javier | diciembre 22, 2011

El FMI ¿Organización “dictatorial” como la ONU?

El autor del siguiente artículo sobre el FMI es Alexander, un joven peruano, liberal clásico y cristiano protestante, un comentarista que algunas veces se ha pasado por aquí. El artículo fue publicado hace unos meses en la web de don Alfredo y me ha parecido que vale la pena rescatarlo por su calidad. Merece la pena perder unos minutos leyéndolo.

Por cierto, después de echar un vistazo a esta entrada, ya voy a pensar que, aparte de conexión espiritual, tengo también ciertas conexiones mentales: en las próximas horas, también quería ocuparme de Pío Moa, felizmente, ya limpiado y finiquitado de Libertad Digital, aunque eso el día de Nochebuena, un regalito navideño. Al final, claro, no lo echan por fascista, sino por sus choques con César Vidal (uno de los “jefazos”) y, en menor medida, con el decadente Losantos, y parece que la gota que ha colmado el vaso de la paciencia “vidaliana” ha sido su repugnante y embustero artículo sobre los hugonotes (en realidad, es un refrito de la peor historiografía papista), en lo que me centraré pasado mañana, aunque aquí ya le replican convenientemente y ponen a Moa en su sitio por lo que es: un “pseudo-historiador neo-franquista”. No lo echan por fascista, está claro, sino por despecho, pero esto muestra que incluso lo que algunos hacen para mal, Dios lo encauza para bien.

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El FMI ¿Organización “dictatorial” como la ONU?

Es uno de los organismos internacionales más odiados, tanto por sectores izquierdistas como derechistas, cuyas principales acusaciones son:

-Ser una nueva forma de explotación de los “malvados países desarrollados” hacia los países subdesarrollados, y donde los países pobres no están representados.

Ser una organización que impone medidas draconianas y brutales, como la reducción del gasto social y subida de impuestos.

Una organización buenista que se dedica a financiar a países irresponsables a costa de los países trabajadores.

Pero la acusación más grave sería la que afirma que el FMI, al igual que la ONU, es una especie de organización “dictatorial mundialista”, cuyo fin es imponer leyes inmorales a todas las naciones. Vemos que esa asquerosa institución llamada ONU quiere imponer leyes estúpidas, como los derechos de la mujer, de los pueblos indígenas, de las “minorías sexuales”, etc.

Soy escéptico a estas acusaciones, en especial a la última.

Antes de contestar a las acusaciones, debemos saber un poco de historia: El FMI nación en 1944, y tenía como objetivos originales la promoción de políticas cambiarias sostenibles a nivel internacional, facilitar el comercio internacional y reducir la pobreza, en respuesta a las devaluaciones competitivas que los países aplicaron durante el período de la gran Depresión, profundizando así su impacto y duración. En un principio se estableció un patrón de cambio oro-dólar, que establecía que el dólar estaba anclado al oro a un tipo de cambio específico (35 dólares la onza), y a su vez, las otras monedas quedaban ancladas al dólar, a un determinado tipo de cambio. Si algún país tenía problemas en mantener el tipo de cambio, el FMI le ayudaba con el fin de conseguir el tipo de cambio original. El problema de este sistema era que EEUU imponía las “reglas de juego” en el sistema financiero: si EEUU modificaba su política monetaria, los demás países debían seguirle. Con el tiempo este sistema se hizo insostenible, hasta que Nixon dejó que el dólar flotara libremente, y cuyo valor lo pusiera el mercado mediante la oferta y demanda. Con la era de los tipos de cambio flexibles, el papel original del FMI quedó “obsoleto”. Este último acontecimiento tiene una importancia monumental, sobretodo en los turbulentos días de hoy. Lo veremos mejor más adelante. Con estos datos, podemos responder algunas objeciones que se hacen al FMI, empezando por la acusación más grave, a mi entender.

A diferencia de la ONU, el FMI sólo aparece en escena cuando un país se ha puesto voluntariamente al borde del abismo y solicita su ayuda. Al FMI poco le importa que haya “países” como Venezuela y Somalia. No se atribuye la responsabilidad de “corregir injusticias”, lo que le importa en realidad es mantener de alguna forma el sistema financiero estable, pero mientras el país en problemas no se “humille”, el FMI NO puede intervenir para “ayudarle”, aún en contra de su voluntad. Con esto, podemos descartar cualquier teoría “conspirativa” respecto al poder del FMI.

Sobre la nula representación de los países débiles: no es una conspiración por parte de los “malvados” países desarrollados. La representación ante el FMI, al igual que las compañías privadas, se consigue por la cantidad de “acciones” (llamado cuota en el FMI) que tiene cada país. Si EEUU tiene el 16,74% de representación, es porque da al sistema el 16,74% de sus recursos. Si un país “pobre” quisiera tener más representación, “bastaría” con aumentar sus cuotas al FMI, o buscar respaldo de otras naciones “pobres” (muchos pequeños pueden hacer un gigante). Además, muchas de las decisiones del FMI necesitan el 70% de los votos.

Sobre las medidas brutales que impone el FMI: Tal vez si los países fueran más prudentes en el manejo de su economía, no tendrían que pasar por la humillación de dejar su política económica en manos de un organismo “extranjero”.

Sobre el supuesto subsidio o regalo que se dan a países irresponsables: el FMI NO es una asquerosa ONG. El FMI hace PRÉSTAMOS, no regala dinero. Busca recuperar el dinero prestado con un interés (aunque esto último puede omitirse de acuerdo a las circunstancias). Es por ello que el FMI impone medidas durísimas (como reducir el gasto social y aumentar los impuestos), con el objetivo de asegurarse de que el país en problemas cumpla con sus obligaciones.

He tratado de resumir lo más posible la historia y la labor del FMI. Alguien podría objetar: “¿Es necesario el FMI en nuestros días, o es un organismo innecesario?”

El FMi y su papel en las economías emergentes

Después de que Nixon abandonara la convertibilidad del dólar en oro, el sector financiero experimentó un crecimiento extraordinario, fruto del tiempo en que le tocó vivir (estanflación, embargo del petróleo). Todo esto, unido a la decadencia del bloque comunista, el abrazo del libre mercado por parte de nuevos países (principalmente los asiáticos) y los avances tecnológicos, permitió que los capitales pudieran trasladarse con enorme facilidad de un país a otro.

Muchos latinoamericanos piensan que la llamada “década perdida de Latinoamérica” fue una enorme conspiración creado por el “imperialismo yanqui”, quién les prestó dinero y después les exigió intereses impagables, con el fin de “dominarles”. Lo que pocos saben es que el dinero que recibimos vino en realidad de los países árabes, quienes depositaron sus crecientes ingresos provenientes del petróleo en bancos occidentales. Éstos, al no tener suficientes sujetos a quiénes prestar, empezaron a prestar a los países latinoamericanos, creyendo esa premisa que dice: “los estados nunca quiebran” (hasta ahora no aprenden). Estos bancos prestaron a una baja tasa de interés, así que cuando subió, muchos países latinoamericanos no pudieron cumplir con sus obligaciones. Es cuando el FMI aparece, e impone una serie de medidas destinadas a recuperar el préstamo (o al menos, parte de él). Las medidas fueron durísimas, pero Latinoamérica pudo cosechar los frutos de estas medidas durante la década del 90 y el 2000. Gracias a las políticas macroeconómicas ortodoxas del FMI, muchos países latinoamericanos disfrutan de una relativa calma en medio de la crisis de hoy, que amenaza con hundir a muchos países desarrollados.

También vemos que durante las décadas de los 80 y 90 un crecimiento increíble por parte de los llamados “tigres asiáticos”: Indonesia , Tailandia, Malasia, Filipinas, encabezados por los “dragones” (los que llegaron al primer mundo): Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong.

Si bien ya no existía un tipo de cambio fijo respecto a un determinado activo físico o divisa, en la práctica la influencia de Estados Unidos era tan fuerte en el comercio internacional, y su mercado tan grande, que muchas economías emergentes decidieron anclar sus monedas al dólar, a un determinado tipo de cambio (el que creyeron más conveniente para poder competir en el mercado). Si algún inversionista quería convertir el bath (moneda tailandesa) al dólar, el gobierno tailandés le cambiaba sus baths por determinados dólares. Muchos países asiáticos no tenían suficientes dólares para respaldar el tipo de cambio que habían fijado; sin embargo, la confianza en sus monedas locales y sus gobiernos era tan grande que muy pocos inversionistas se preocuparon por ello. Se han escrito bastante respecto al éxito de las economías asiáticas, pero lo que no se puede negar es que tuvieron brillantes dirigentes con visión de futuro, que se preocuparon por construir las condiciones adecuadas para el engrandecimiento de sus naciones. La teoría decía que una nación emergente, al recibir capital extranjero, obtendrían un déficit en su balanza de pagos, mientras que la nación que daba el capital obtendría un superávit. Si bien en esa época las economías asiáticas obtuvieron un déficit enorme, las oportunidades de crecimiento futuro eran tan grandes que se suponía compensarían la deuda, y además se obtendría una ganancia. Con estas garantías, los capitales extranjeros inundaron estos países, y parecía que sólo había un camino: el crecimiento perpetuo. Nunca antes se había visto un crecimiento de igual magnitud en la historia. Tanta gente abandonando la pobreza, e insertándose con enorme rapidez en el competitivo mercado internacional. El éxito del sistema capitalista pareció incluso superar lo que la teoría económica liberal y sus defensores prometían. Parecía que sólo bastaba con dar más libertad a las fuerzas de mercado, y con reducir al mínimo la intervención de los estados para llevar a la mayoría de la humanidad hacia una prosperidad duradera.

Pero algo estaba fallando dentro del sistema…

Los primeros “síntomas” de debilidad se vieron en el llamado “efecto tequila”: una serie de eventos adversos en México hizo que los inversionistas extranjeros huyeran del país, dejando a México al borde de la suspensión de pagos. El presidente Clinton pidió a su nación ir en ayuda de México, dándole junto con el FMI y otras instituciones un crédito de emergencia, con el fin de estabilizar su economía. También salió en ayuda de los inversionistas, quienes estaban al borde de la quiebra. Muchos pensaron que se había creado un peligroso precedente, ya que parecía que se premiaba la irresponsabilidad tanto del gobierno mexicano como de los “malvados inversionistas”, quienes en un mercado libre deberían pagar por sus errores. Pero el caso es que México se recuperó, y la discusión se quedó en el aire. Pareció ser sólo “un mal sueño”.

Pero otra crisis de mayor magnitud estallaría unos tres años después: en 1997 la economía tailandesa experimentó una ligera caída en sus exportaciones. Esta ralentización hizo que los inversionistas se pusieran nerviosos y exigieran la convertibilidad del bath a dólares de forma masiva. El gobierno tailandés no pudo devolver los dólares a todos inversionistas y anunció que iba a dejar flotar libremente su moneda. Ya no iban a convertirlo a un determinado tipo de cambio, sino que dejarían que el mercado pusiera el valor del bath en dólares, lo que hizo que el bath se hundiera todavía más respecto al dólar. Por ejemplo: si antes el gobierno cambiaba un dólar por 4 baths, con el abandono del tipo de cambio fijado, el dólar se cambiaba en el mercado por 15 baths. Con el hundimiento de Tailandia, los inversionistas de los demás países asiáticos abandonaron precipitadamente a esa región; no les importaba que Tailandia no era Corea, ni Taiwán, ni Hong Kong, ni Indonesia; para ellos, todo estos países eran igual de riesgosos. Pasó lo que muchos “antiglobalización” esperaban: hundimiento de las economías, las estructuras sociales, el empleo, etc. La crisis no se limitó al sudeste asiático: países como Rusia, hasta Sudáfrica y América Latina sintieron la dureza del impacto.

Nadie esperaba que una nación insignificante como Tailandia provocaría una CRISIS GLOBAL. Los países se dieron cuenta de que se había liberado fuerzas que no eran capaces de entender usando la “ortodoxia económica”. De repente, era visible lo enormemente conectados y dependientes que ya estaban las economías del mundo, unidos en una especie de “circuito en serie”, donde basta que un eslabón, por más pequeño e insignificante que sea, funciones mal para amenazar a todo el sistema financiero (hoy lo estamos viendo con Grecia, una “república bananera” que ha puesto de rodillas a la UE, y a la recuperación económica mundial).También se vio que no se podía dejar a los mercados en total libertad, ya que los gobiernos tuvieron que intervenir para salvar a la economía mundial.

Los países emergentes aprendieron de manera brutal y fulminante lo frágil que eran en realidad sus economías, ya que al endeudarse en una moneda diferente a la suya, no pueden asegurarse en obtener de manera segura una cantidad determinada de dólares a un determinado tipo de cambio.

Por ejemplo, si en un futuro su moneda se devaluaba con respecto al dólar, le sería imposible devolver el préstamo en el tiempo fijado. Krugman llama a este dilema como “pecado original”. Para coberturarse de éste escenario, los países emergentes están obligados a tener en “caja chica” una enorme cantidad de dólares como reserva; de tal forma de que en un escenario adverso, ellos sean capaces de cumplir sus obligaciones de una forma tranquila y ordenada. Así, los inversionistas extranjeros verían que su dinero estaría asegurado, y desistirían en su afán de abandonar el país. muchos izmierdistas cretinoamericanos se quejan de que sus gobiernos guardan dinero porque no quieren gastarlo en “obras sociales”. o porque “el imperialismo yanqui” les obliga. Ahora ya saben porqué sus países mantienen dinero ocioso en sus bóvedas.

Como verán, en el caso de los países emergentes, la intervención del gobierno no es algo opcional: las economías de sus países dependen de las buenas políticas económicas que implementen.

Gracias a la rápida intervención del FMI, la crisis asiática no degeneró en una depresión global. Tal vez se pudo hacer las cosas mejor, pero ese instante no era el mejor momento para ponerse a debatir.

Estas crisis nos han hecho ver una cosa fundamental: la teoría puede darte una “idea” acerca del funcionamiento ideal del sistema de libre mercado; sin embargo, hay cosas que aprenderemos sólo “caminando”. Tal parece que estamos en una situación parecida a la de España en 1492: se sabe con seguridad que más allá del mar está la India con sus enormes riquezas, pero no se sabe cuánto tiempo tomará el viaje, ni la ruta correcta, ni los obstáculos que se presentarán, ni siquiera se imaginan que se puede topar con algo que en teoría no existe. Si para ellos todos estos inconvenientes no les detuvo, no veo el motivo para que nosotros nos detengamos por algunos baches.


Responses

  1. Muchas gracias Javier por haber colgado el artículo que escribí en tu blog, y nuevamente agradezco a don Alfredo por la oportunidad brindada.

    Inicialmente quería hacer dos entradas respecto al FMI, pero caí en la cuenta de que la última crisis todavía lo estamos viviendo, y que sólo haría una recopilación de los últimos acontecimientos económicos sin una interpretación coherente. Tal vez cuando finalmente haya acabado la crisis (ya no hay nada seguro en nuestros días) vuelva a analizar el papel del FMI en la actualidad, aunque creo que será un análisis más voluminoso.

    Saludos.

  2. Muchas gracias a ti por el aporte y, en fin, a ver si vemos el fin de esta crisis y las conclusiones que podemos sacar de ella.


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