Posteado por: Javier | diciembre 28, 2011

El “derecho” de secesión

Recientemente me han cuestionado por mail sobre mi opinión sobre el “derecho” de secesión, a partir de una entrada anterior (https://lavozliberal.wordpress.com/2011/05/20/abraham-lincoln-y-sus-revisionistas-neo-confederados-ii-la-confederacion-una-secesion-ilegal-e-ilegitima/).

Por supuesto, sigo pensando lo mismo, la interpretación constitucional de Lincoln fue correcta, los estados del sur de EEUU, no podían declarar por las buenas la secesión, no porque en sí misma no pueda ser algo legítimo, sino por su ilegalidad en ese caso. Ya di las razones y están en esa entrada con lo que no tengo porqué extenderme más reiterando lo mismo. La Constitución estadounidense no menciona el “derecho de secesión” para los estados de la Unión, sino que menciona una “Unión más perfecta” aún que en los términos en que lo hacía el primer documento constitucional useño, los ARTÍCULOS DE LA CONFEDERACIÓN Y LA UNIÓN PERPETUA de 1777, y, en 1869, el Tribunal Supremo zanjó la cuestión en la conocida sentencia de White vs. Texas. El Juez Principal Chase, hablando en nombre de Tribunal, dijo:

“La unión entre Texas y los demás estados fue tan completa, tan perpetua y tan indisoluble como la unión entre los Estados originales. No hay posibilidad de reconsideración o revocación, excepto a través de la revolución o el consentimiento de los Estados”.

Ahora bien, ¿en todo caso es algo excluido? ¿Cómo exactamente puede ser llevada a cabo la secesión? ¿Debería ser unilateral o deben todas las partes estar de acuerdo, tanto las que se van como las que se quedan? ¿Qué unidad es la apropiada? ¿Un estado? ¿Una porción de un estado? ¿Una comarca? ¿Un poblado? ¿Una familia? ¿Un individuo?

Para todos los neo-confederados actuales, las opiniones de referencia son las de Lysander Spooner y la Von Mises, quien se refería así a la cuestión:

“El derecho de autodeterminación en lo que concierne a la cuestión de la pertenencia a un estado significa: cada vez que los habitantes de un territorio particular, aun cuando se trate de un simple poblado, todo un distrito, o una serie de distritos adyacentes, haga saber, por medio de un plebiscito libremente realizado, que no desea más permanecer unido al estado al cual pertenecía en ese momento, pero que desea, o bien constituir un estado independiente o juntarse con algún otro estado, sus deseos deben ser respetados y acatados. Este es el único modo factible y efectivo de prevenir revoluciones civiles y guerras internacionales. Sin embargo, el derecho de autodeterminación del cual hablamos no es el derecho de autodeterminación de las naciones, sino más bien de los habitantes de cada territorio suficientemente grande para formar una unidad administrativa independiente. Si hubiese alguna manera de otorgar este derecho a la autodeterminación a todas las personas individuales, debería hacerse. Esto es impracticable sólo en razón de consideraciones técnicas que nos constriñen y que hacen necesario que una región sea gobernada por una sola unidad administrativa, y que el derecho a la autodeterminación sea restringido a la voluntad de la mayoría de los habitantes de áreas suficientemente grandes como para ser tenidas como unidades territoriales en la administración del país”.

Especialmente alocada era la argumentación de Spooner:

“La Constitución no tiene autoridad u obligación inherente. No tiene autoridad u obligación para nada, a no ser como un contrato entre hombre y hombre. Ni siguiera pretende ser un contrato entre personas actualmente existentes. A lo sumo, significa un contrato entre personas que vivieron hace ochenta años. Y puede ser vista sólo como un contrato entre personas con años de discreción como para celebrar contratos razonables y obligatorios. Además, como sabemos por la historia, sólo una pequeña porción del pueblo entonces existente fue consultada sobre el particular, o le fue requerido o permitido expresar su consentimiento o disenso de una manera formal. Aquellas personas que sí dieron su consentimiento formal están todas muertas ahora. La mayoría de ellos murió hace cuarenta, cincuenta o sesenta años. Y la Constitución, en la medida en que fue su contrato, murió con ellos. No tenían poder natural o derecho para hacerla obligatoria a sus hijos. No es sólo lisa y llanamente imposible, en la naturaleza de las cosas, que ellos pudiesen haber atado a su posteridad, sino que incluso nunca intentarlo atarla. Es decir, que el instrumento no persigue ser un acuerdo entre ningún cuerpo que no sea ‘el pueblo’ entonces existente; no asegura, ni expresa ni implícitamente, ningún derecho, poder o disposición de su parte, para atar a nadie sino a sí mismos”.

Que Jefferson hubiera podido suscribir enteramente. Jefferson creía que ninguna generación tenía el derecho de atar a otra y que los contratos mueren con quienes los hacen (generalmente después de diecinueve años, basándose en la expectativa de vida en los tiempos en que Jefferson hacía esta observación):

La cuestión de si una generación de hombres tiene el derecho de atar a otra no parece haber sido nunca abordada en éste o el otro lado del Atlántico. Es una cuestión de tantas consecuencias no sólo como para merecer una decisión sino para ser puesta, además, entre los principios fundamentales de cualquier gobierno… Yo sostengo sobre esta base lo que supongo es evidente de suyo, “que la tierra pertenece en usufructo a los vivos”; que los muertos no tienen ni poder ni derecho sobre ella. La tierra pertenece a los vivos no a los muertos. La voluntad y el poder de un hombre expiran con su vida, por ley natural… Podemos considerar a cada generación como a una nación distinta, con un derecho, por la voluntad de la mayoría, a obligarse a sí misma, pero de ninguna manera para obligar a la generación siguiente, tanto más que a los habitantes de otro país… A diecinueve años, pues, de la fecha del contrato, la mayoría de esos contratantes está muerta y su contrato con ellos”.

Ante estas opiniones extremas, que prácticamente legitiman la secesión unilateral y extensible casi hasta los individuos (sin defenderla expresamente, es innegable que podemos llegar a ello, pues cualquiera puede alegar no sentirse “atado” a una Constitución aprobada hace décadas), la postura más razonable y mesurada viene del liberalismo español del siglo XIX, de Francesc Pi i Margall. A su opinión hizo referencia Andrés Álvarez en un artículo de hace algún tiempo:

“En la voluntad descansan los contratos y no se anulan y rescinden por la de uno de los contratantes. Por el mutuo consentimiento se formaron, y sólo por el mutuo consentimiento se disuelven cuando no se ha cumplido el fin para que si hicieron ni los afecta ninguno de los vicios que los invalidan. Otro tanto sucede con las confederaciones, que no son más que pactos de alianza. Podrían disolverse por el mutuo consentimiento de los que las establecieron, no por el de uno o más pueblos. Están así en su derecho cuando caen espada en mano contra los Estados que por su sola voluntad intentan separarse. Como el primero y más importante de sus deberes es sostenerse a sí mismas, esto es, mantener unidos los pueblos confederados.

Para Pi el derecho a la secesión en ningún caso podía ser ejercitado libremente, es decir, de forma unilateral. Como la Constitución es en cierto modo un contrato entre los estados federados que deciden instituir un gobierno común, sólo el conjunto de los estados integrantes de la confederación o de la federación pueden decidir a través de la regla de la unanimidad si un estado parte puede separarse definitivamente. Es un criterio con presupuestos ciertamente exigentes, pero al menos Pi no caía en el error que Mises cometió al teorizar de forma feliz sobre el derecho de secesión”.

Más que de “derecho a la secesión” prefiero hablar de “posibilidad de secesión” en una federación en la que su documento constituyente permita esa posibilidad por acuerdo de todas las partes constituyentes, pues en este caso sí estaríamos dentro de la legalidad. Cierto que, hasta hace años, solo Yugoslavia y la URSS lo habían reconocido, y en ambos casos era papel mojado pues el poder central comunista nunca iba a consentirla (la implosión de estos dos estados solo se produjo, precisamente, tras la caída del comunismo).

Por otro lado, no creo que sea un ejemplo para el independentismo, no es lo que me preocupa, pues no es un caso análogo al nacionalismo en España. Lo del “España se rompe” creo que es una tontería, el derecho de secesión no se contempla en la Constitución Española, no estamos ante un caso como aquel Estado que duró solo 3 años, Serbia y Montenegro, cuya constitución sí contemplaba un referéndum de disolución de la especie de “unión blanda” que tenían, el que se celebró en 2006 y finiquitó ese país.

En otros casos, cuando la constitución de un país no haya previsto esta posibilidad, hay que ser muy cuidadosos con este “derecho a la secesión”, pues es algo que ha hecho correr verdaderos ríos de sangre, sobre todo en Europa.

¿Puede haber “casos excepcionales”?

La Declaración de las Naciones Unidas sobre descolonización de 14 de diciembre de 1960, tras sentar que la sujeción de los pueblos a la dominación extranjera constituye una denegación de los derechos fundamentales, afirma sin paliativos que “todo intento dirigido a destruir total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los fines y principios de la Carta”. La Declaración de Relaciones Amistosas de 1970 señala que ninguna de sus disposiciones debe interpretarse en el sentido de autorizar o fomentar cualquier acción dirigida a destruir o menoscabar total o parcialmente la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que actúen conforme al principio de igualdad de derechos y de libre determinación de los pueblos antes descritos y, por tanto, tengan un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivos de raza, credo o color.

No es que yo sea un “fanático defensor” del derecho internacional, pero, siendo consecuentes con este texto, ¿puede decirse que el gobierno serbio respetaba esto para los albano-kosovares en el propio territorio donde vivían, en 1999?

Hay que recordar que la idea de Kosovo como “la cuna de Serbia” no era más que una leyenda, la emigración eslava no empezó hasta el siglo VI y, aún así, la región no fue anexionada por el Imperio Serbio hasta 1346, cuando ya los serbios llevaban varios siglos colonizando el territorio. Pero, aunque esa leyenda fuera verdad, negar las libertades individuales a los habitantes actuales de una región por el hecho de que pertenezcan a una etnia concreta, albaneses en este caso, te convierte en un criminal. El dictador serbio no solo atacó la autonomía de Kosovo, sino que prohibió a los kosovares albaneses sus escuelas y toda representatividad pública, y, pese a constituir el 90% de la población, los convirtió en ciudadanos de segunda respecto al 10% restante, la minoría serbia. En 1989, Milosevic había establecido la ley marcial en la provincia de Kosovo, limitando su autonomía e iniciando una limpieza étnica, con el objetivo de convertirla en un territorio 100% serbio, obligando a los albaneses a emigrar a Albania o Macedonia.

No sé hasta qué punto Kosovo es viable, sin necesidad de una importante ayuda económica occidental, pero el caso es que la legitimidad sobre un territorio se puede perder por un proceder delictivo. Es cierto que un proceder de un gobierno, pero los serbios no parecían estar nada descontentos con las actuaciones de Milosevic.

Pueden haber casos excepcionales, pero, más allá de ellos, solo es legítima y legal esta posibilidad de secesión por mutuo acuerdo de las partes integrantes, previsto constitucionalmente.


Responses

  1. Hola, Javier!!!

    Pasaba por aquí para desearte un buen año 2012.

    Deseo que Dios nos bendiga a todos y que nos ayude a cumplir con nuestras responsabilidades y conseguir nuestras metas.

    Un saludo!

  2. Muchas gracias, igualmente, que tengas una buena entrada de año y la bendición de Dios, es el Único a quien siempre tendremos de nuestro lado y que no nos dejará ni nos desamparará.

    Saludos.

  3. no me preocupa tanto las intenciones de los secesionistas, como la complacencia del resto de españoles. Si tenemos una constitución, habrá que respetarla o de lo contrario, ¿quemarla o cumplirla?
    en fin, votaré caso de un referéndum en virtud de la pregunta que se nos pueda hacer. quiero recordar en en Canadá, tambien tienen su grano en el culo con QUEBEC y cada vez que hacen una consulta, SUBE EL PAN.
    por mi, pueden celebrarlo cuanto antes, ahora bien: QUE LA PREGUNTA
    SEA BIEN CORTA Y PRECISA, QUE NO HAYAN DUDAS LUEGO.
    (pues de lo contrario) agur-adeu-byby expaña.


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