Posteado por: Javier | enero 1, 2012

Llamados para hacer avanzar un Reino (II)

Seguimos con el tema del domingo pasado. Como la anterior, no tiene ninguna relación directa con la política ni el liberalismo, y sus destinatarios fundamentalmente son los lectores cristianos.

En realidad, más que “fundamentalmente”, sería más correcto “exclusivamente”, pues el discurso de Jesús en el “Sermón del Monte” es total y absolutamente “cristocéntrico”, con lo que va dirigido a cristianos, y sólo a cristianos. Nuestro Señor no está hablando acerca de todo el mundo. El mensaje cristiano, en realidad, no puede ofrecer consuelo y fortaleza a los que no son cristianos, con lo que se dirige sólo a aquellos a quienes se aplican las Bienaventuranzas, es decir, a los que son pobres en espíritu, a los que lloran por el sentido de culpa y de pecado, a los que se han visto a sí mismos como verdaderamente perdidos y desvalidos a los ojos de Dios, los que son mansos y por consiguiente tienen hambre y sed de justicia, dándose cuenta que ésta sólo se puede conseguir en el Señor Jesucristo. Esos tienen fe, los otros no tienen ninguna fe. Por tanto se aplica sólo a esas personas. Además, se refiere a personas de las cuales el Señor puede usar el término “vuestro Padre celestial”, algo que Jesús repite en muchas ocasiones. Dios es Padre sólo para los que están en Jesucristo. Es el Hacedor y el Creador de todos los hombres, todos somos descendientes suyos en ese sentido, pero, como dice el apóstol Juan, sólo aquellos que creen en el Señor Jesucristo tienen el derecho y la autoridad de llegar a ser hijos de Dios (Juan 1:12). Jesús, dirigiéndose a los fariseos, habló de “mi Padre” y “vuestro padre”, y dijo “vosotros sois de vuestro padre el diablo”. Lo mismo sucede aquí. No enseña una cierta doctrina vaga, humanista y general acerca de la “paternidad universal de Dios” y de la “hermandad universal del hombre”. No, el Evangelio divide a las personas en dos grupos, los que son cristianos y los que no lo son. El Evangelio de Jesucristo contiene una sola enseñanza para el mundo no cristiano: que está bajo la ira de Dios, y que no puede esperar otra cosa sino miseria e infelicidad, guerras y rumores de guerra, y que nunca conocerá la paz verdadera. Dicho en forma positiva, el Evangelio le dice al mundo que debe creer en el Señor Jesucristo, si desea la salvación y la bendición de Dios. Después vendrá lo demás, pero lo más urgente y fundamental es eso. 

En los versículos 14 a 16 del Capítulo 5 del Evangelio de Mateo leemos: Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Esta enseñanza, teniendo en cuenta el contexto, no puede ser más extraordinaria, pues Jesús, en ese momento, se estaba dirigiendo a gente totalmente humilde, sencilla y sin ninguna importancia en el mundo, sin embargo, nuestro Señor se dirige a todo cristiano, de la condición que sea, y en el lugar y tiempo que sea. Jesús enfatiza que, sea la circunstancia que sea, no hay nada más alto para el hombre que tenerle a Él como Señor. 

Si miramos el sentido negativo de las afirmaciones, tenemos que Jesús nos dice que el mundo está en tinieblas. Es algo que el Evangelio recalca constantemente. Quizá en ningún otro pasaje de la Biblia se ve este contraste marcado entre la idea cristiana de la vida y todas las otras ideas con más claridad que en un versículo como éste. 

El mundo siempre ha estado autoconvencido de su civilización. Desde el “Renacimiento”, en los siglos XV y XVI, la mayoría de pensadores creen que ese fue un momento decisivo de la historia, el comienzo de la civilización moderna. Hubo un nuevo nacimiento de la razón y la cultura, se volvió a los clásicos de Grecia y Roma, en sentido filosófico y científico, y sus enseñanzas y conocimientos empezaron a determinar la cosmovisión de muchos. 

En el siglo XVIII surgió la conocida como “Ilustración”. En este movimiento se encuentra el comienzo del ataque contra la autoridad de la Biblia, porque puso a la filosofía y pensamiento humanos en el lugar de la revelación divina y de la revelación de la verdad al hombre por parte de Dios. Esto es algo que continúa hoy día desde ese siglo. La idea fundamental en estos últimos tres siglos es el conocimiento es lo que trae luz, lo que ilustra. En muchísimos aspectos es así y sería una soberana tontería negarlo. Tener electricidad, ordenadores, internet, medicamentos, vacunas, etc., son avances que han aumentado la comodidad de los hombres y mejorado su calidad de vida. El aumento del saber acerca de los procesos naturales y acerca de enfermedades físicas y de otras muchas cosas ha sido realmente fenomenal. 

Sin embargo, sigue plenamente vigente la afirmación de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo”. Pese a todos los avances, progresos y descubrimientos, el mundo como tal está en tinieblas. La tragedia de nuestra época ha sido que nos hemos concentrado solamente en un aspecto del saber. Nuestro conocimiento ha sido conocimiento de cosas, de cosas mecánicas, de cosas científicas, conocimiento de la vida en un sentido más o menos biológico o mecánico. Pero nuestro conocimiento acerca del sentido de la vida no ha aumentado para nada. 

Por esto el mundo está en semejante estado hoy día. Nuestro saber es mecánico y científico. Pero cuando pasamos a los problemas fundamentales de la vida, del ser y existir, ¿no está claro que la afirmación de nuestro Señor sigue siendo verdad, que el mundo está en un estado de tinieblas horrendas? Muchos hombres de gran saber y conocimientos en muchos terrenos, fracasan completamente en su vida personal, son un verdadero desastre. En el campo de las relaciones de unos con otros, vivimos en una época de tantos problemas morales y sociales que tenemos que multiplicar la creación de asociaciones e instituciones que instruyan a la gente en lo que antes no había que instruirlas. Por ejemplo, los cursillos de formación matrimonial. Antes la gente se casaba sin necesidad de esto, que ahora parece imprescindible y esencial. En esta época, en la que tanto hablamos y nos vanagloriamos del saber y de la cultura, el mundo está en un estado de tinieblas completas respecto a numerosos problemas vitales y fundamentales.

En el “Sermón del Monte”, una vez descrito al cristiano en las Bienaventuranzas, lo primero que dice luego es, “Vosotros sois la sal de la tierra” y, después, “Vosotros sois la luz del mundo”. Esto es así para cualquier cristiano ordinario, no solo para algunos en concreto. Jesús también dijo “Yo soy la luz del mundo”. No se pueden separar estas dos afirmaciones, ya que el cristiano es “la luz del mundo” sólo por su relación con Aquel que es “la luz del mundo”. Jesús dijo que había venido a traer luz y que “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Ahora, sin embargo, se dirige a los cristianos diciendo “vosotros sois la luz del mundo”. Por tanto, Él y sólo Él nos da esta luz. El cristiano recibe su luz de Jesucristo, y, más aún debe convertirse en un “transmisor” de luz a un mundo que anda en tinieblas. La naturaleza de Cristo entra en nosotros a fin de que seamos, en un sentido, lo que Él es. Por el Evangelio recibimos luz, conocimiento e instrucción, pero, además, se convierte en parte de nosotros, no es algo de lo que somos meros oidores, sino que es algo que reflejamos en nuestra vida diaria, Cristo nos hace partícipes de la naturaleza divina. La luz que es Cristo mismo, la luz que es en último término Dios, es la luz que hay en el cristiano. En Juan 14-16, Jesús dice: “La consecuencia de su venida será ésta; Mi Padre y Yo moraremos en vosotros; estaremos en vosotros y vosotros estaréis en nosotros”.

El primer efecto del cristiano en el mundo es negativo, como vimos hace una semana, contener hasta donde pueda la degeneración y corrupción de este mundo, ser algo distinto al mundo aunque esté en el mundo, ser “la sal de la tierra”. Después viene el segundo: actuar como luz. Allá donde tú o yo estemos, debería verse “algo distinto” a otros hombres. Y eso debiera llevarles a preguntarse qué es eso “distinto” y a plantearnos cuestiones. Hay es donde debemos empezar a ser “luz” ¿Vemos cómo es exactamente el orden que planteó Jesús? Nuestra vida debería ser siempre la primera en hablar pero, por desgracia, siempre ha habido y habrá personas que proclamen el Evangelio de palabra, pero cuyas vidas lo nieguen.

¿Qué hace la luz? Lo primero es poner de manifiesto que antes lo que había era oscuridad, tinieblas. Cuando Jesucristo vino al mundo y anunció el Evangelio, el primer efecto es que puso de manifiesto las tinieblas de la vida del mundo. Por eso causó tanto rechazo. Y esto es lo que debiera manifestar cualquier persona santa. La mejor manera de revelar una cosa es por contraste. Esto hace el Evangelio, y todo cristiano lo hace. El Evangelio saca a la luz toda la miseria del mundo y del hombre. El cristiano muestra un estilo diferente de vida, y esto de inmediato pone de manifiesto la verdadera índole y naturaleza de la otra forma de vivir. En el mundo, por tanto, es como una luz que se enciende, y de inmediato la gente comienza a pensar, a maravillarse, a airarse, a burlarse o a sentirse avergonzada. Nadie queda en la indiferencia. Pone de manifiesto el error y el fracaso de la forma de pensar y de vivir mundana del hombre. 

Pero la luz no sólo revela lo oculto de las tinieblas, sino que también explica la causa de las tinieblas. La única causa de los problemas del mundo actual, desde el nivel personal al internacional, no es nada más que la separación del hombre respecto a Dios. El hombre fue hecho de tal forma que no puede vivir de verdad a no ser que tenga una relación adecuada con Dios, quien lo hizo, y lo hizo para sí. Y Dios ha establecido ciertas normas en su naturaleza y en su ser y existencia, y a no ser que se conforme a ellas va a equivocarse y a tropezar continuamente, ya sea a nivel de individuo, de familia, de iglesia, de comunidad o de nación. Esta es la causa del problema: el hombre no acepta esas normas de Dios y anda siempre en el relativismo y dando palos de ciego. En Juan 3:19 leemos: “Esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Somos más cultos, tenemos más educación, más conocimientos médicos y científicos que hace tres siglos, mejor alimentación, más higiene, más tecnología, y mucha más experiencia sobre los males a los que puede llevar la insensatez y estupidez del hombre, pero seguimos cayendo una y otra vez. ¿Qué nos pasa? Intentamos siempre refugiarnos en la “sabiduría” humana en lugar de en la sabiduría de Dios. El hombre caído por naturaleza todavía ama “más las tinieblas que la luz”. La consecuencia es que, a pesar de que sabe qué es justo, prefiere el mal y lo hace. 

El evangelio le molesta porque les dice “las verdades del barquero”: “TÚ AMAS MÁS LAS TINIEBLAS QUE LA LUZ, Y LO TIENES QUE RECONOCER”. Este es el problema, y el Evangelio es el único que lo dice a las claras. Cualquier otra doctrina o filosofía, si lo hace, no lo hace a las claras, por pesimista que sea, antropológicamente hablando, deja campo a una natural “bondad del hombre”. Y, encima, no da la solución, no da la cura. No enseña la luz. Por supuesto, ha habido doctrinas humanistas que han señalado la maldad y corrupción del hombre. Pero no han sido más que enseñanzas que a lo único que han terminado llevando a sus seguidores es al cinismo, la desesperación y la autodestrucción.

La luz del Evangelio no sólo pone de manifiesto las tinieblas: presenta y ofrece la única salida de las tinieblas. El cristiano, antes de ser salvado por Jesucristo, era un ciego más que andaba en las tinieblas y seguía por el camino ancho de este mundo. Pero ahora sabe lo que el hombre necesita para amar la luz, una vez que la ha visto y le ha puesto de manifiesto su miseria: “NACER DE NUEVO”. Si el hombre no ha nacido de nuevo, NO PUEDE VER EL REINO DE DIOS. 

El hombre tiene en el Evangelio toda la luz que hay, no hay más luz que esa, lo que necesita es una nueva naturaleza que ame la luz y odie las tinieblas. El hombre necesita volver a Dios, pues fuera de Dios no hay vida. No basta decírselo, porque, si fuera así, lo dejaríamos en un estado de mayor desesperanza. Nunca encontrará el camino hasta Dios, por mucho que lo intente. Pero el cristiano está para decirle que hay un camino hasta Dios, un camino muy sencillo. Es conocer a Jesús de Nazaret. Él es el Hijo de Dios y vino del cielo a la tierra “a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Vino para traer luz a las tinieblas, para poner de manifiesto la causa de las tinieblas, para mostrar el camino nuevo para salir de ellas e ir a Dios y al cielo. No sólo ha cargado con la culpa de esta terrible condición de pecado que nos ha causado tantos problemas y sufrimientos a lo largo de la historia, sino que nos ofrece una vida y naturaleza nuevas. No sólo nos da una enseñanza nueva o una comprensión nueva del problema, no sólo nos procura perdón por los pecados pasados. También nos hace hombres nuevos con deseos nuevos, aspiraciones nuevas, perspectiva nueva sobre la vida y orientación nueva. Él nos da una nueva vida que ama la luz y odia las tinieblas. 

Tú y yo vivimos en un mundo que ama las tinieblas y odia la luz. Piensa que la luz es buena, no niega que las tinieblas sean malas… pero, no solo en la práctica, en su corazón, lo que ama son las tinieblas, pues su naturaleza es amar las tinieblas. Si no es a través de nosotros, en ningún otro sitio verán luz ni sabrán qué se necesita para amar esa luz. Nosotros no fuimos llamados para vivir como el resto, sino para hacer avanzar un Reino, el Reino de Dios, para que el resto vean en nosotros y en nuestras vidas que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores y para dar a los hombres una naturaleza nueva y una vida nueva, y para hacerlos hijos de Dios. 

Buen domingo y feliz año nuevo a todos.

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Responses

  1. Sagradas Escrituras (1569) Mas vosotros sois el linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que mostréis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.

  2. Padre, te damos gracias por tu palabra que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Gracias por el privilegio de poder ser iluminados con la luz de tu palabra y contigo mismo Señor, que eres luz. Nos has hecho real sacerdocio, nación Santa, pueblo adquirido por Ti para anunciar Tus virtudes. Nos has llamado de las tinieblas a tu luz admirable, mas si nuestra luz se apaga ¿cómo podríamos alumbrar al mundo?

  3. le falta la experiencia directa en meditación y su fanatismo y cerrazon con el tema alien,que niega,ya demostraba una gran empanada.

  4. […] Primero, y en lo que nos vamos a centrar en estas dos entradas, Jesús habla estrictamente de los CIUDADANOS DEL REINO (versículos 5:12–16), del Reino de Dios, o Reino de los Cielos, describiendo su carácter y bienaventuranza (versículos 2–12), su felicidad por el hecho de serlo, y su relación con el mundo (versículos 13–16). Son sal de la tierra y luz del mundo (como vimos en estas dos entradas: AQUÍ y AQUÍ).  […]


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